Primero, deseo comenzar pidiendo perdón por haber escrito "Rem" En lugar de "Ren" en el capitulo anterior, nadie me lo reclamo ni me lo hizo notar, pero cuando me puse a leerlo después de publicar me di cuenta de eso; en cuanto me acuerde de como se sustituyen palabras lo corrijo.
Ahora, comenzaré por la escena donde nos quedamos, pero recordemos que este capitulo es donde ustedes deciden quien será la pareja oficial de Sakushika, así que ¡a dejar review! ^^
Sabía que la luz iba a cegarlo incluso antes de abrir los ojos, estaba tan acostumbrado a esa sensación que ya no se hacia preguntas sobre donde estaba o que había ocurrido. Pero nada de eso ocurrió sino que la luz era muy tenue apenas siendo una vela en un muro al lado de su cama. Podía distinguir ese peculiar aroma a madera y plantas verdes de su habitación, aquella donde no había estado hacia semanas desde que se mudó con Ren.
Luego se preguntó donde vivirían si escogía a Mizuki, pertenecían a aldeas diferentes y sería doloroso para ambos abandonar una. No podía pedirle a ella que dejará a su padre, y él no podía dejar a los suyos, ni a Ren, y esta vez no podía permitir que le siguiera, sería torturarlo.
Pero por otro lado no podía dejar a Ren ¿No le había exigido él mismo que nunca se atreviera a dejarlo? Jamás le perdonaría al bastardo si se atrevía morir ¡No tenía derecho a dejarlo! Intentaba inútilmente desaparecer su enojo, no podía culpar a Ren si moría, pero si a sus estupidas misiones y que no dejara esa vida tan peligrosa.
-Hola cachorro.
Giró la cabeza hacia un lado sin quitar su ceño fruncido por su todavía molestia y su amigo pareció sorprenderse y asustarse a partes iguales. Demonios, era difícil eso.
Extendió una mano hacía él para que viera que quería que lo sujetara y así hacerle saber que todo estaba bien. Ren lo tomó con cautela y Sakushika le sonrió antes de darle un suave apretón y jalarlo hacia él.
Ren se relajó y se sentó en la cama hasta inclinarse sobre él y depositar un beso en sus labios, luego dejó su cabeza sobre el pecho del menor.
-Dime se te peso o incomodo.
Oh si, era un tanto pesado, pero no lo mencionaría. Si su cuerpo era débil, pues que se jodiera, eso era lo que anhelaba su corazón y Sakushika iba a obedecerlo.
Llevó la otra mano hacia su cabeza y le acarició el cabello, siempre le había fascinado el rojo intenso de su amigo y le encantaba ver cuando pasaba los dedos entre sus mechones, deseando peinarlo él con las manos pero callándose y viendo a su amigo hacerlo.
Suspiró y se removió dando golpecitos al hombro de Ren hasta que éste se hubo levantado por completo y se apoyaba en sus manos para no aplastarlo con su peso.
-Me diste un gran susto y eso no te lo he perdonado.
-¿Yo? Has sido tú el que estaba en un ataque de histeria cuando llegue y quien casi tiene un infarto.
Sakushika cerró los ojos ¿Un infarto?
-Cierra la boca, no estamos hablando de mí.- Lo miró con leve molestia todavía.- Hablo en serio, Ren, no quiero que mueras, si lo haces juro que no sé lo que soy capaz de hacer. Pero no te lo voy a perdonar nunca, entiéndelo, nunca. Ya lo he planeado: Tú y yo vamos a morir de viejos, y como dice mi papá, yo moriré antes para no sufrir tú muerte.
-Cachorro.- Susurró Ren conmovido y Shika hizo un mojin, no quería que se conmoviera, quería que entendiera que no tenía permitido morir. Estaba estrictamente prohibido. Pero como siempre, Ren no entendía de razón y propiedad, ni seriedad, a juzgar por el recorrido de sus manos.
-No sabes lo mucho que me gusta que me toques, Ren. No logro comprender porque, pero no puedo resistirlo.
-Cachorro…
Ren volvió a besarlo, intensamente, y la luz que lo cegó nada tuvo que ver con su salud.
A partir de ahí todo fue suave y alucinante. Su piel sensible recibía cada caricia que le veneraba y él no podía seguir. Su cuerpo desnudo percibía el aire frío y la piel de caliente de Ren en un ambiente exótico.
Piel con piel y labios con labios se aferro a sus hombros cuando Ren descendió y un ronco gemido salió de su garganta al sentir el primer beso íntimo. Se llevó las manos a la boca rápido para acallarlo, avergonzado. Pero Ren lo miraba con una sonrisa tierna.
-Hacia mucho que no escuchaba ningún sonido salir de tus labios, el autocontrol que has creado es sorprendente y siempre creí que era irrompible, pero al parecer no eres inmune a mí después de todo.
Sakushika lo miró enojado, todavía con las manos cubriendo su boca, intentando decirle con la mirada que se callara o no continuarían.
-Vamos, cachorro, estoy feliz. Años de practica para tener esa capacidad de no reflejar ningún sonido, sin hacerlo incluso cuando nos acariciamos la otra noche, y ahora con un suave beso tu garganta se ha abierto para mi. Me haces sentir especial y no puedo evitarlo.
Sakushika dejó caer las manos a los lados y cerró los ojos ¿De verdad tantas emociones le provocaba Ren para que todo ese tiempo no sirviera de nada?
Ren lo volvió a besar en los labios para no dejarlo pensar y luego de unos momentos se separó.
-No me gusta que me provoques esto. No quiero, mi voz suena asqueroso.
-Cachorro, sé que odias esto, a mi también me gustaría poder oírte cada mañana, pero no ha algo que podamos hacer. Si, tus cuerdas están dañadas y no puedes hablar ¿Y eso que? No necesitamos palabras para decirnos lo que sentimos o deseamos, lo que nos disgusta o lo que nos fascina. Aunque no puedas hablar y los sonidos que salgan de tu boca sean diferentes a tu autentica voz, no importa, nada me gustaría más que oír tu placer para mi. Ya te lo dije, me haces sentir especial. Soy el primero es escucharte en años, y quiero pensar que ha sido porque las emociones te sobrepasan, sino es así, entonces déjame vivir en el engaño, es todo lo que pido.
Sakushika se levantó un poco para sujetarse a su cuello y enterró el rostro en él.
-Deja de resistirte, por favor.
Sakushika asintió y se dejó caer nuevamente sobre la cama. Sabía que sus padres debían estar en la fiesta de su tío y lamentaba que él no, ni veía a su primo tampoco, pero en lo que pensaba era en la casa sola y aun así la vergüenza.
-No sé si podré contenerme si me permito un poco de libertad.
-No lo hagas entonces, el volumen no me importa.
Ren volvió a bajar, y Sakushika no pudo más. Siguió intentando callarse al morderse los labios y cubrirse con una mano, seguro que se escuchaba mal, pero a Ren parecía enamorarle sus sonidos como si de verdad fuera un premio para el saber que aunque lo intentaba no podía controlarse.
Ren era inexperto obviamente y a Sakushika eso le gustó, porque aunque su amigo no era virgen, nunca había estado con un hombre y él era el primer y único.
Cuando terminó esa parte, respiraba agitado y exhausto, sintiéndose feliz y con más seguridad sobre que Ren no lo dejaría. Le indicó con sus manos que quería que se recostara y cuando lo hizo se colocó sobre él, besándole el pecho y bajando, haciendo a Ren jadear y cerrar los ojos.
No pasó más de eso, Sakushika quería seguir siendo virgen y Ren comprendía, pero de cualquier manera era un paso más que habían dado desde la noche cuando Ren le toco. Con cansancio se preguntó cuantas noches más pasarían antes de que no pudiera resistirlo más y se entregara por completo.
Por el momento, ambos se encontraban satisfechos y Ren un poco más juguetón que de costumbre, pues al ver casi dormido a Sakushika, decidió que no era suficiente y volvió a atender a su amigo, despertando por completo a su cachorro para escucharlo una vez más. Sonriéndole cuando después del nuevo orgasmo Sakushika le miró simulando enojo y le sacó la lengua.
Se recostaron abrazados, sin pensar ya en nada.
Despertó un par de horas después cuando su cansancio había pasado un poco. El otro lado de la cama estaba vacío y no le sorprendió a juzgar por el ruido que se escuchaba abajo, quizá habiendo despertado ya a un vecino.
Decidió no bajar y parar la comida de Ren, a pesar de ser de madrugada. En lugar de eso, se puso la ropa interior y prendió la luz de su habitación, extrañando la lamparilla de noche que lo había acompañado desde que era un niño en sus incontables noches de lectura y escritura, pero ese era uno de los objetos que se había llevado consigo al mudarse con Ren.
Luego, rebuscó entre los mubles que estaban ahí algunas hojas de papel, que no fueron difíciles de encontrar ya que tener papel y tinta eran un placer que sus padres siempre se ocuparon de satisfacer.
Se sentó frente a su antiguo escritorio y justo antes de escribir la primera línea un ruido fuerte lo estremeció, seguido de unas palabras subidas de tono. Sonrío pensando en el par de golpes de su amigo y continuó en su mar de ideas. Escribiendo, como si fuese otra persona, la que acabara de pasar por las experiencias vividas hacia poco. Y ciertamente, acababa de vivir mucho. Si fuera un chico un poco más reservado se sonrojaría de solo pensar en la cara de su amigo entre sus piernas, o la suya propia entre las de Ren.
Pero no era tímido, ni mucho menos de mente cerrada, así que rememoró cada uno de los detalles mientras los plasmaba en papel. La historia se trataba de un joven que recién terminaba sus estudios y dejaba a su familia para viajar en busca de su propia vida, al llegar a una nueva cuidad se hospedaba en un viejo hotel y el encargado de las rondas nocturnas era casualmente un joven gay, un gay muy orgulloso y fornido, de esos que le quitaban el aliento al joven, y una noche después al visitar un club, lo encontraba despachando las bebidas, pero cual era su sorpresa al descubrir que vendía su cuerpo. Sin trabajo ni mucho dinero, él le ofrecía su cuerpo cuando quisiera como pago por una noche de él.
Sakushika sabía que no era de sus mejores trabajos, ni remotamente parecido a uno de sus hermosos poemas, pero de momento le bastaba y cuando llegó a la escena en las escaleras-porque decidió que a la historia le quedaba mejor un lugar público que una cama en privado- su imaginación voló hacía donde él no se lo había permitido hacer a su propio cuerpo.
Claro que era un borrador pues la historia estaba relatada en escasos tres párrafos y la escena sexual era la única relatada a detalle. No porque no le interesara, sino porque en ese momento, sólo quería descargar sus deseos en papel.
Terminó antes de que Ren subiera así que decidió bajar a ayudarlo, sorprendiéndose de que su madre no estuviera ya de regreso en casa para ver como seguía. No que fuera una exagerada, sólo que siempre estaba al pendiente de él y se le había vuelto normal tenerla cuidándolo cuando algo así le sucedía. Pero probablemente su padre estuviera haciendo enormes esfuerzos por retenerla en la casa de su tío. Quizá hasta se hubieran quedado a dormir ahí, confiando en que estaba seguro con su amigo.
Cuando vio a Ren comiendo directamente de una lata y el desastre en la cocina que le derrotó, decidió que su amigo necesitaba clases aún más intensas de cocina.
Entre bromas y las miles de loqueras de Ren terminaron de recoger todo y pasadas las cinco de la mañana, cuando ambos descansaban semidormidos en el sillón, con una manta cubriéndoles y restos de comida en la mesilla de noche, la puerta principal se abrió y antes de reaccionar ya tenia a Temari sobre él revisándole que su temperatura fuera normal.
-Te dije que estaría bien.
-No molestes, como no eres su madre no sabes lo que se siente.
-Soy su padre, lo que viene siendo lo mismo.
-Detalles, detalles.
Sakushika rodó los ojos y Ren a su lado le sonreía como apoyo. Después entró Mizuki, que luego de dejar un beso en su frente fue a sentarse en las piernas de su hermano y abrazarlo por el cuello al cerrar los ojos como si fuere una niña pequeña que quiere dormir en el regazo de su padre luego de cansarse de tanto jugar.
-¿Es que nadie piensa en verme a mi?
Sakushika casi salto al reconocer esa voz y alzó la vista sobre el respaldo del sofá, donde en el marco de la puerta podía ver a ese mismo chico de sus veintitrés años aproximados porque no recordaba bien su edad, con su alborotado pelo rojo encendido en cualquier dirección y aquellos chispeantes ojos verdes, aquel mismo joven que en su juventud les había hecho tantas bromas a Ren y a él, metiéndolos en más de un problema y abandonándolos a la hora de afrontar los regaños de sus padres, fingiendo demencia y no conocerlos.
El mismo demente que era su adorado primo.
-¡Eri, hermano!- Ren, saltando sobre el sillón, corrió a abrazar a su amigo, tirandolo casi al suelo, no que Eri fuera pequeño, pero Ren si era muy alto y musculoso, justo como el barman de la historia de Sakushika. Casualidad, claro.
Eri, el hijo único de Gaara, era no otro sino una combinación perfecta de su padre y abuelo, hermoso, fuerte, de estatura algo más alta que la promedio y con un perfecto cuerpo al que le había sacado provecho con más de una aldea de jovencitas, siempre y cuando las chicas no pertenecieran al país de la Arena, no quería ofender al país que su propio padre gobernaba. Había una sola cosa que a Eri no le agradaba, y era precisamente su rostro; él mismo reconocía que era muy apuesto ¿Para que ser modesto cuando todos sabían que era casi un semidios? Pero no deseaba parecerse a su abuelo ni tan siquiera un poco, no después de conocer la historia de la infancia de su padre. No le guardaba rencor a su abuelo, ese era un sentimiento demasiado cruel para su, travieso, aventurero, bromista, escandaloso, pero también noble corazón.
Nunca nadie le había dicho que se parecía a su abuelo, pero había suficientes monumentos a los Kazekages para que él mismo se diera cuenta. Afortunadamente, el hijo que mayor se parecía a su abuelo no eran ni su padre ni su tía, sino su tío Kankuro, por lo tanto, si se sentía mal por descubrir una minima facción parecida a la de su abuelo, siempre podía decir que el parentesco era para con su tío. Cosa que no pasaba muy frecuentemente, pues Eri, realmente era como Gaara, y su cabello, era aún más rebelde si es posible.
Algo que distinguía a Eri y por lo que era inevitable reconocerlo como el hijo de Gaara, era por su peculiar tatuaje en la frente. No decir "amor" como el de su padre, y obviamente no había nacido con él, pero cuando se graduó de ser ninja, su manera de demostrarle su amor a Gaara fue tatuándose, aunque para los aldeanos no era sino un símbolo de solidaridad, pero sólo importaban su padre y él, junto con el kanji "familia" que lo representaba todo.
Se podía decir que hasta entonces Sakushika contaba como único amigo a Ren porque la verdad era que Eri no había convivido gran tiempo con ellos, después de todo era alrededor de cinco años mayor que él y sus estudios eran más avanzados, provocando que gran parte de sus misiones fueran fuera del país y se fuera de casa desde muy joven, razón por la cual cuando visitaba a la Arena, el Kazekage era extrañamente más relajado y paciente.
Pero de cualquier forma, Eri también era un buen amigo y primo, aún más cercano a él que la hija de su tío Kankuro.
Lo que lo detuvo de ir a abrazar a su primo era que Ren y él parecían haberse enfrascado en una lucha de fuerza, y el hecho de que como Mizuki haba perdido su almohada humana, tomó las piernas de Shika como descanso.
-Debe estar cansada.- Murmuró Temari mirándola con cariño, obviamente su madre prefería a ella que a Ren para su hijo, no porque fuera especial, a decir verdad, le tenia más aprecio a Ren por ser más cercano a Sakushika, pero la joven podía hacerla abuela.
Las adopciones en la Arena eran permitidas para parejas homosexuales, si, pero siempre y cuando el niño o niña tuviera más de trece años y comprendiera que quizá en algún momento de su vida se enfrentaría a burlas de sus compañeros por tener padres o madres del mismo sexo. Si el niño se sentía preparado para eso y de verdad tenia un cariño por las personas que lo querían adoptar, entonces podía ser.
Y Temari deseaba ser abuela de un bebé de preferencia antes que un semiadolescente ya.
-La subiré al cuarto de huéspedes.- Shikamaru hizo ademán de acercarse pero Sakushika negó con la cabeza y la arropó con la manta que lo cubría a él. Shikamaru sonrío y alzó la mano como despedida al tiempo que Temari dejaba un beso en su mejilla y juntos se retiraban a su habitación.
-Pequeño bastardo ¿No vas a saludarme?- Eri tomó la cabeza de Shika con un brazo y con el puño de la otra le restregó la coronilla. Riendo alegre.
Esa noche los tres se quedaron platicando en la sala, de manera baja para no despertar a la hermana de Ren, pero lo suficientemente animados como para no dormir el resto del día. Sakushika sentado en el sillón y acariciando el cabello de Mizuki que dormía tranquilamente, Ren estaba sentado de espaldas recargadas a sus piernas con una cerveza en la mano y Eri caminaba de un lado a otro relatándoles mil y un historias y amoríos, hasta caer en el trágico final de haberse enamorado de su actual compañera de misiones, quien sabiendo su gusto por las mujeres, no lo miraba siquiera.
Pero esa mañana, Sakushika fue particularmente feliz.
Perdón por el retraso, y porque no incluyera la escena de Sakushika, Ren y Mizuki, pero estaba quedando demasiado largo y eso no era apropiado.
Espero que les gustara.
