Miró horrorizada como ese chico tenía en posesión su mochila y con la otra mano un paquete de harina. Bajó la mirada y ahogó un gemido de horror al ver sus útiles y cuadernos destrozados en el suelo. Volvió a subir la mirada y miró con auténtico terror como el rubio sostenía sus pertenencias con una cara llena de terror y sorpresa.
Apretó con fuerza sus puños, sintiendo una opresión en el pecho que la asfixiaba. Que le oprimía el pecho, causándole dolor. Volvió a bajar la mirada y cerró los ojos, sintiendo como las lágrimas se agrupaban en sus párpados. Pero se negaba a llorar. No lo haría. No le iba a permitir que la viera derrotada. No iba a permitir que viera que sí lograba hacerle daño.
No se iba a derrumbar delante de él.
Alzó la mirada, llena de una determinación que se podía mirar en sus perlados ojos. Caminó con pasos decididos hacia su pupitre bajo la atenta y consternada mirada de Naruto. Llegó con él y de un arrebato de valentía, le quitó de las manos con brusquedad su mochila. Naruto ante eso soltó una pequeña exclamación de sorpresa, pero no dijo nada. No cuando la situación solo apuntaba a un culpable.
Hinata se agachó, posando con suavidad sus rodillas en las frías baldosas, acomodando con una de sus manos su falda de tal manera en que no se vieran de más sus piernas. Frustrada, molesta, triste, cansada, comenzó a tomar sus pertenencias, metiéndolas en su mochila con tanta prisa que algunas cosas se caían ante la poca delicadeza de parte de ella.
— ¡Espera, yo!... — Naruto trató de ayudarla, pero el manotazo que Hinata le dio hizo que se detuviera y la viera pasmado.
Hinata no dijo nada, solo se limitó a verlo con una furia contenida. Mordiendo sus labios con fuerza para evitar llorar. Pero no podía ocultarlo todo. Sus ojos ya se encontraban cristalinos. Dispuestos y listos para comenzar a llorar en cualquier momento. Apartó la mirada de él y volvió a recoger sus cosas. Apresurándose más de lo que ya lo hacía.
Cuando terminó, se levantó y se dio la vuelta, dispuesta a irse. Pero una mano la detuvo. Consternada, giró la mirada y lo vio a él. Mirándola con una mirada cargada de súplica, tomando con fuerza, pero a la misma vez delicadeza su muñeca, impidiendo su marcha.
— ¡Suéltame! — Trató de apartar su mano de un jalón, pero Naruto lo impidió reforzando su agarre.
— ¡Por dios, solo escúchame! — Exclamó Naruto. No de manera brusca ni molesta, solo, suplicante. Causando que Hinata dejara de protestar y lo mirara ofuscada. — ¡No fui yo! ¡Yo no lo hice! ¡Por dios, sé que llego a ser un gran hijo de puta algunas veces, pero creeme que no caería tan bajo para hacerle esto a una chica! — Bufó, desesperado. Se pasó su mano libre sobre sus alborotados cabellos dorados y la miró suplicante. — Cremé, yo no lo hice. — Su tono de voz se volvió suave y dulce. Mostrando una expresión que dejó sin habla a Hinata.
Su rostro mostraba un poema complejo. Sus facciones, gestos, labios y ojos, todos mostraban cada uno algo diferente. Pero sus ojos, ¡Por dios, sus ojos eran hermosos! Nunca en su corta vida había visto unos ojos tan hermosos. De un bello e intenso color zafiro y con unos tonos de color topacio que se esparcían por el contorno de su iris. Que, curiosamente, se le hacían conocidos.
Simplemente preciosos.
Ante sus pensamientos traicioneros, se reprendió a ella misma. No era momento para detenerse a contemplar a las personas. Y menos cuando él era el culpable de tu dolor.
Tragó la saliva que había estado manteniendo retenida y lo miró temerosa.
— E-entonces… ¿Quién fue?
Naruto guardó silencio. Aún sin soltar el agarre de su muñeca. Lo vio dudar por un segundo, pero después frunció el ceño con disgusto.
— Shion. — Soltó con resentimiento. Mostrando unos ojos cargados de odio y enfado.
Al escucharlo, fue como una cachetada. Porque sabía que lo que había pasado el día anterior no se iba a quedar con simples amenazas; no, habría represarías. Sabía de antemano que Shion no se iba a quedar con los brazos cruzados. Y que ahora viera las consecuencias de su osadía, hacía que un miedo le invadiera el pecho.
Si Shion no había logrado del todo su plan, entonces esto aún no había terminado. No. Apenas era el comienzo.
Tragó con dificultad. Sintiendo de la nada que se le iba el aire de los pulmones. Sintiendo como el pánico y las ansias invadían su cuerpo.
Sino hubiera sido porque Naruto aun continuaba sosteniéndola, de seguro daba bruces contra el suelo.
— ¡Te encuentras bien! — Exclamó alarmado al verla casi desplomarse.
Hinata no contestó. Solo continúo tratando de hacer que sus pulmones se llenaran de aire. Tratando de permanecer consiente.
— ¡Estás hiperventilando! — Exclamó asustado. No sabía que hacer.
Miró con pánico por todo el lugar. Tratando de encontrar algo que lo ayudara. Pero no encontró nada, haciendo que el pánico inundara su cuerpo. Al notar como el cuerpo de Hinata comenzaba a tambalear, con lentitud, ambos se arrodillaron en el suelo. Sosteniéndola con ambas manos sus brazos, tratando de que no cayera al suelo.
— ¡Okey, inhala y exhala con fuerza! — Le mostró cómo hacerlo. Haciendo que Hinata lo imitara con dificultad. — ¡Eso, muy bien, lo estás haciendo muy bien! ¡Ahora vuelve a hacer lo mismo!
Hinata hizo lo que Naruto le estaba indicando. Inhalando y exhalando, tratando de llenar sus pulmones con aire y tratando de calmar la recién crisis de pánico. Al pasar los minutos, pudo respirar con tranquilidad y calma.
Naruto, ante el susto, soltó un suspiro lleno de alivio. Soltó el agarre de Hinata y se dejó caer. Sentándose con brusquedad sobre su trasero, apoyando con una mano su peso y con la otra tomando sus rubios cabellos.
— Que susto me diste.
— L-lo siento. — Se disculpó con dificultad. Aun tratando de tranquilizar su respiración.
Naruto la miró atento. Mirando como su figura se encontraba encorvada, sosteniendo su peso con sus manos y dejando caer su sedoso cabello sobre los lados de su rostro. Fue cuando entonces lo entendió. Y fue como un puñetazo en el abdomen. Un duro golpe bajo. Llenando su pecho de ira y rencor.
— ¿Desde cuándo? — Inquirió con impaciencia. Mostrando en sus ojos un brillo de cólera que dejaba sin habla a Hinata.
Hinata giró su rostro y lo vio de reojo. Sin entender su pregunta, lo miró dudosa.
— ¿A-a qué se refiere? — Tragó con dificultad. Mostrando un miedo ante la mirada cargada de cólera que el rubio le estaba regalando.
— Sabes a que me refiero. — Escupió con enfado.
— Y-yo… yo de verdad no lo entiendo.
— Shion. — Escupió el nombre de la chica con rencor. — ¿Desde cuándo te hace este tipo de cosas?
Lo miró pasmada, y de nuevo, sintió como el aire abandonaba sus pulmones. La pregunta no era esa, no, estaba completamente segura de que era más bien: ¿Desde cuándo todos te hacen este tipo de cosas?
Pero lo que más la descolocaba, era que él parecía ajeno a lo que ella le pasaba. Como si de verdad no supiera sobre lo que tenía que soportar todos los días. Como si no supiera que ella era el juguete de los de sexto.
Pero ahora que lo meditaba, a él nunca antes lo había visto entre el grupo de personas que le hacían la vida imposible. De hecho, era la primera vez que lo veía. Espera, no, no era la primera vez que lo veía. Él era el chico de la otra vez. El que había olvidado su teléfono en el aula y el que la había despertado la otra vez en la biblioteca.
¿Cómo lo había olvidado?
— Yo… eso… — Desvió la mirada. — Eso no es de su incumbencia. — Respondió cortante.
— Que no lo es. — Soltó un bufido lleno de mofa. — Lo es desde que nos encontramos en esta misma aula la primera vez que hablamos.
— ¡¿Por qué le interesa?! — Exclamó con la voz entrecortada. Denotando que en cualquier momento se iba a derrumbar. — ¡¿Desde cuándo alguien se preocupa por mí?! ¡¿Desde cuándo alguien siquiera se interesa por mí?! — Lo miró con urgencia. Meciendo sus cabellos sobre el aire al girar el rostro. — ¡¿Desde cuándo alguien se detiene a deparar en mi dolor?!
Las lágrimas comenzaron a surcar por sus pómulos. Derrumbándose por completo ante él. Rompiendo por fin el enorme cúmulo de sentimientos contenidos en su corazón. Liberándose por primera vez desde que empezó su infierno. Y ante sus ojos, vio como Hinata comenzaba a sollozar con fuerza.
Liberada.
Naruto se quedó estático, sin saber que hacer o qué decir. Era la primera vez que veía como una chica lloraba. La miró en silencio durante un par de segundos, cuando sin siquiera pensarlo dos veces, la tomó entre sus brazos. Rodeando su cuerpo en un cálido y reconfortante abrazo.
Hinata al sentir el contacto se tensó. Pero no lo apartó. Solo se dedicó a sentir como las manos del rubio hacían presión en su espalda. Sintiendo su cálido aliento chocar con su nuca. Sintiendo por primera vez la seguridad de estar con una persona, sentir su calidez y su humanidad.
Sin darse cuenta, ella misma afianzó el agarre. Levantó sus manos de manera lenta y desconfiada sobre el aire y después posó con delicadeza sus manos en su ancha espalda. Sintiendo con sorpresa y agrado la firmeza de su espalda. Sintiendo los músculos.
Hundió su cabeza entre el arco de su cuello. Aspirando el delicioso aroma que el chico desprendía. Uno suave, pero varonil. Potente, pero delicado. Aromático, pero no al punto de empalagar. Le gustaba. No, le encantaba.
Se había convertido en su aroma favorito.
Pasaron los segundos, en donde Naruto esperó a que la pelinegra se calmara. En que sus lágrimas se secaran y su corazón se calmara. Momentos en que le pareció eterno pero agradable. Momentos en que, por solo un instante, deseó que no terminara.
Raro, no.
De manera lenta, Hinata se apartó del cuerpo del rubio. Mirándolo a los ojos. A esos ojos que le habían encantado e hipnotizado. Naruto hizo lo mismo, solo que, a diferencia de ella, él no podía ver con claridad sus ojos por culpa de su fleco que los cubría como si se trataran del secreto más grande del mundo.
En un arrebato de valentía y curiosidad, estiró la mano y apartó de manera delicada los cortos cabellos de su rostro. Haciendo que Hinata en el proceso se tensara y cerrara los ojos, pero no se apartó.
Sintió como la mano del rubio se había detenido en su mejilla derecha, acariciando con lentitud su párpado que mantenía cerrado. Sintiendo con agrado la sensación de cosquillas que el pulgar del rubio le producía.
Abrió los ojos y lo miró al rostro. Admirando cada centímetro de su cara. Mirando con más curiosidad las curiosas marcas que él rubio poseía en cada lado de sus mejillas. Como si se tratara de un felino.
Fue sorprendente, fue fascinante, fue deleitante. Era la primera vez en toda su vida que veía unos ojos tan hermosos. De un bello color lila con pequeñas tonalidades plateadas que contorneaban su iris. Reflejando como si se trataran de una laguna su rostro. Simplemente eran hermosos.
— Yo… — Murmuró Hinata, comenzando a sentirse incómoda por la mirada que el rubio le propinaba. — M-me tengo que ir. — Apartó su rostro y se levantó de la posición en la que ambos estaban.
— ¡Espera! — Al ver que planeaba escapar, la volvió a tomar de la muñeca, impidiendo su huida. — ¡Hinata!
Al escuchar su nombre, se detuvo abruptamente. Giró la mirada y lo miró con asombro.
— Recuerdas mi nombre. — Susurró asombrada. Por lo general todos olvidaban su nombre. Y que este chico aún recordara su nombre le parecía sorprendente.
— ¿Y tú? — Hinata frunció el ceño sin entender. — ¿Recuerdas el mío?
Hinata lo meditó. ¿Qué sí recordaba su nombre? La respuesta era simple. No.
— L-lo siento. No lo recuerdo. — Lo miró apenada.
— Eso dolió más de lo que esperaba. — Naruto se puso de pie y le dedicó una sonrisa amena. Libre de enojo o molestia. — Na-ru-to. — Separó las sílabas de manera graciosa. Haciendo que Hinata aplastara una risa en sus labios. — ¡No lo olvides!
— No lo haré. — Asintió, tratando de no reírse por la acción que había hecho el rubio.
— Y bien.
— ¿Eh? — Hinata lo vio sin entender.
— ¿Cuánto tiempo planeabas quedarte callada? — Espetó.
— Y-yo…
— Hasta que te hubieras matado. — Escupió molesto. — ¡Es ahí cuando pensabas hablar, ponerle un alto a esto!
— Y-yo… — Murmuró, sintiendo la culpabilidad abordar su cuerpo. Sintiendo la opresión en su pecho al escuchar la verdad que había estado negando. Que había estado rechazando. — E-eso no e-es verdad. — Negó, sintiendo las lágrimas aglomerarse de nuevo en sus pupilas. Negando la dura y cruel realidad.
— ¡Lo es y lo sabes! — Exclamó, sintiendo la ira y la impotencia inundar su cuerpo.
— ¡Y qué esperabas que hiciera! — Exclamó, con las lágrimas en sus ojos a punto de caer. Estallando por fin. Liberando la furia, enojo, frustración, impotencia, rencor por primera vez. — ¡¿Qué es lo que esperabas que hiciera?! No importa cuanto trate de defenderme, siempre será peor la próxima vez. — Por reflejo llevó una mano a su costilla lastimada. — ¡No importa cuánto duela, a los demás no les importará! ¡No lo harán, porque no son ellos quienes lo sienten! ¡No lo harán, porque soy yo quien lo siente! — Las lágrimas comenzaron a rodar sin compasión sobre su rostro. — A nadie le importa. — Agachó la cabeza. Sintiendo la opresión en su pecho con más fuerza.
— ¡A mí sí me importa! — La tomó del rostro y la obligó a mirarlo. — ¡A mí sí me importas!
— ¿Por qué ahora? — Inquirió. Tomándolo por sorpresa. — ¿Por qué ahora y no antes? Fue porque me tienes pena. Porque te diste cuenta de la cruda realidad en el cual vives. — Se soltó de su agarre. — O fue porque por fin te quitaste la venda de los ojos.
Todas, todas son ciertas. Pero a la misma vez no lo son. Sí, sí sintió pena por ella al principio, pero no lo hace porque aún sienta pena. Sí, sí fue porque descubrió la cruda realidad en el cual él vivía, pero no lo hace porque quiera hacer de buen samaritano. Y sí, sí fue porque por fin se quitó la venda de los ojos, pero no lo hace porque se sienta culpable y quiera repararlo. No, lo hace porque quiere. Lo hace porque siente que ella ocupa su ayuda. Lo hace simplemente por deseo propio.
— No es por eso. — La volvió a tomar, solo que esta vez de ambas manos. — No lo hago porque sienta pena, no lo hago porque haya descubierto el mundo podrido en el cual vivimos. — Apretó el agarre. — Ni lo hago porque me haya quitado las vendas de los ojos. ¡No! ¡Lo hago porque quiero y deseo ayudarte, sin ningún sentimiento oculto! ¡Lo hago por deseo propio!
— No lo entiendo.
— ¡No hay nada que entender! Es así de fácil.
— No confío en ti.
— Nunca te pedí que lo hicieras.
— ¿Qué es lo que esperas? — Hinata lo miró a los ojos. Esos ojos que tanto le encantaban. Suplicando una respuesta en la cual le diera incentivos para confiar en él. Aun cuando su mente le decía que no, pero que su corazón le gritaba que sí.
— Solo que salgas de esa oscuridad en la cual tú misma te adentraste.
Su respuesta la dejó sin habla y sin aliento. Porque por primera vez alguien le dijo su verdadera realidad.
Bajó la vista, pero las manos de Naruto lo impidieron.
— Detesto que hagas eso. — Levantó su cara, haciendo que lo viera a los ojos. — Es como si te autoproclamaras inferior a los demás. — Sonrió con dulzura. — Desperdicias tus hermosos ojos.
El calor inundó sus mejillas. La vergüenza se apoderó de su mente y los latidos desbocados de su corazón aumentaron su flujo sanguíneo. Podía sentir como su respiración se había acelerado. Era la primera vez que alguien le decía que sus ojos eran hermosos. Por lo regular era todo lo contrario.
— Y-yo… — Murmuró cosas sin sentido. Sintiendo como su corazón estaba a punto de estallar.
Naruto frunció el ceño, sin entender lo que decía. La miraba curioso, sin entender su repentino comportamiento.
— ¡Me tengo que ir! — Apartó su rostro de las manos del rubio y se dio la vuelta para comenzar a correr.
— ¡E-espera! — Trató de detenerla, pero ya era demasiado tarde. Ya se había ido. — ¿Qué fue eso? — Preguntó a la nada. Tratando de encontrar una respuesta a su comportamiento repentino.
.
— ¡Hinata-sama, se encuentra bien! — Inquirió preocupado su chofer al verla llegar corriendo y con el rostro más rojo que una cereza madura.
— S-sí, solo, llévame a casa.
Sin mirarlo a la cara y ni siquiera mirar atrás para ver si el chico la había perseguido, se metió en el auto y esperó a que el chofer comenzará a manejar y la llevara a casa.
Aun así, ¿Por qué su corazón seguía latiendo con fuerza?
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El resto del día pasó tan rápido que cuando menos se dieron cuenta, ya era de mañana.
Como iba siendo últimamente, Naruto se despertó antes de que la alarma sonará, causando confusión en su padre que lo vio entrar en la cocina con mirada somnolienta.
— ¿Sucede algo? — Inquirió Naruto al ver el rostro confundido de su padre.
— Es raro que te despiertes temprano. ¿Te sucede algo?
— ¿Por qué todo el mundo me viene diciendo eso? — Irritado, abrió el refrigerador y de ahí sacó el empaque de jugo de naranja.
— ¿Es por una chica?
Ante las palabras de su padre, se atragantó con el jugo de naranja que recién había tomado. Tosiendo, lo miró con las mejillas sonrojadas y con una mirada llena de negación.
— ¡Claro que no! — Sin esperar respuesta, dejó el vaso en la encimera que tenían en medio de la cocina como si se tratara de una mesa, y se fue a paso apresurado.
— Entonces si es una chica. — Comentó divertido, pero a la misma vez contento y emocionado al por fin ver a su hijo interesado en una chica.
Mientras tanto, Naruto se dirigía a su cuarto a pasos apresurados, con un notorio sonrojo en sus mejillas y con la vergüenza presente en su cuerpo.
¿Por qué? Porque había entendido a lo que se había querido referir su padre. Y no era eso. Bueno, sí era por una chica, pero no en ese sentido. Él no estaba interesado en Hinata de esa forma. Él solo quería ayudarla, sacarla de ese capullo en el cual se había negado a salir durante tanto tiempo.
Quería que viera el mundo como una maravilla y no como un infierno.
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Sus ánimos estaban por los suelos. El día de ayer no le fue muy bien. Había llegado sumamente tarde a casa y sus padres esta vez no lo habían dejado pasar. Castigada, durante una semana. En la cual no podría salir, y el único lugar al que le permitían ir era de la escuela y de regreso a la casa. Algo que le entristeció. Si bien no era una chica que saliera todo el tiempo con sus amigas a pasear, sí que salía por su cuenta propia a pasear por la ciudad de Tokio. Le encantaba ir a los centros comerciales, al cine, a los parques de atracciones, a las plazas, a los matsuri que se hacían en la ciudad y amaba ir a los parques a disfrutar el buen clima que había y de vez en cuando, disfrutar acostarse en el pasto fresco y aromático debajo de una buena sombra y gozar el fresco y puro aire que impactaba contra su cuerpo.
Estar castigada durante una semana iba a ser tortuoso, más cuando sabía que dentro de cinco días habría un matsuri en el parque Ueno. Un desperdicio total. Pero no se podía quejar, después de todo, todo era su culpa. Últimamente llegaba tarde a casa y lo peor de todo es que no avisaba. No podía culparlos.
Llegó delante de la puerta de su aula y por extraño que parezca, esta vez no sintió miedo, de hecho, era todo lo contrario, sintió pena y vergüenza. Ya que el rostro del rubio se le vino a la mente y rememoró lo sucedido el día anterior.
— Desperdicias tus hermosos ojos.
Las palabras del rubio solo hicieron que el rojo escarlata inundara sus mejillas y que cerrara los ojos con fuerza para después llevarse ambas manos a la cara. Tratando de olvidar lo sucedido con el rubio.
— Pero mira a quién tenemos aquí.
Las palabras que se escuchaban detrás de ella hicieron que volviera a la realidad, y que la vergüenza que había estado sintiendo desapareciera y que fuera remplazada por el miedo. Temerosa, se dio la vuelta y contempló con miedo las figuras de dos chicos que conocía a la perfección.
— Bu-buenos días, Yoshino-san, Takeda-san.
Ambos chicos, al ver el perfil temeroso de Hinata, sonrieron con satisfacción. Yoshino y Takeda iban en el mismo curso que Hinata, y al igual que la mayoría del salón, molestaban y humillaban a Hinata con sus tratos y palabras.
— Hace mucho que no hablamos, verdad. — Comentó Takeda. Era un chico de cuerpo delgado y alto. Cabello castaño y unos ojos rasgados de un color almendrado.
— Ya comenzábamos a extrañarte. — Le siguió el juego a su amigo. Yoshino era un chico de cuerpo ectomorfo, de altura no tan alta, pero sí lo suficiente como para sobrepasar a Hinata. Cabello color ónix y unos ojos de un color aguamarina. Sin duda un chico atractivo, pero un desperdicio de humano.
Ante sus palabras, Hinata solo se limitó a agachar la mirada. Ya sabiendo lo que ellos dos querían. Apretó con fuerza sus puños, que se encontraban a cada lado de su cadera, conteniendo las enormes ganas de mandarlos al diablo. Porque si lo hacía, sabía que solo empeoraría las cosas. Y no quería eso, ya no quería más.
— Sabes, hoy olvidé mi billetera en mi cuarto, así que no tengo nada con que pagar mi almuerzo, pero como somos buenos amigos y eres la chica más rica del instituto, tú me puedes prestar, verdad. — Lo dijo de una manera tan pedante y sínico que sintió asco de su persona.
La presencia de Yoshino le producía repulsión, pero era algo que no le podía decir si no quería tener problemas, no cuando su novia era una de las que la molestaban al punto de hacerle daño, físico y psicológicamente.
— Y-yo… — Dudó, ya que no traía tanto dinero. Había recuperado su tarjeta de crédito, pero había descubierto con horror que Shion había gastado más de 50 mil yenes en el periodo que había tenido su tarjeta. Así que no podía gastar tanto dinero, tenía que hacer cortes a su presupuesto. Y que Yoshino le pidiera; no, le exigiera dinero, no significaba que se satisfaciera con 500 yenes. — Y-yo… bueno…
— Si tan necesitado de dinero andas, ve y pide limosna en la esquina.
La nueva voz que se les había unido hizo que los tres se voltearan y vieran con asombro al recién llegado.
— Naruto-san. — Hinata lo miró asombrada de que estuviera ahí, defendiéndola de ambos chicos.
Naruto, con la respiración pesada y con una cara cargada de rabia, miraba con hostilidad a ambos chicos. Apretando los puños y frunciendo el ceño de tal modo que intimidaría a cualquiera.
— Naru…to… — El susurró de Takeda solo daba a entender que estaba asustado y sorprendido de su llegada inoportuna.
— ¿Por qué Hinata tendría que darles dinero a unos hijos de puta como ustedes? — Escupió con mofa. Causando asombro a ambos chicos y confusión en Hinata.
— Bueno… nosotros. — Murmuró Yoshino, sin saber que excusa dar, pero más que nada, asombrado de que Naruto defendiera a Hinata. — Tú… — Lo señaló. — Y ella. — Ahora señaló a Hinata, con una cara cargada de duda e incomprensión. — ¿Son amigos?
— Si.
— No.
Ambos se vieron. Naruto sorprendido de que Hinata lo haya negado y Hinata asombrada de que Naruto lo haya afirmado.
— Como sea, si no desean perder los dientes será mejor que se larguen. — Advirtió Naruto dando un paso en dirección hacia ellos.
Ambos chicos, al ver que no había broma en sus palabras, decidieron marcharse y dejarlos a ambos.
Al ver que ya no estaban, Hinata soltó el aire de sus pulmones, aliviada y agradecida de que se marcharan. Pero poco duró el alivio, ya que ahora fue el turno de Naruto de ponerla nerviosa.
— ¡En serio! ¡Es que no lo entiendes! — Exclamó Naruto molesto.
— E-entender qué. — Inquirió Hinata sin entender.
— Tú de verdad no eres cooperativa. — Bufó y acto después, se pasó una mano por su rubia cabellera. — Si no quieres que te sigan molestando, es mejor que digas que eres mi amiga, entendido.
— Pero no lo somos.
— ¡Eh! — Lo miró sorprendido y ofendido.
— ¡Digo, nosotros jamás dijimos que éramos amigos, so-solo hablamos ayer!
Y era verdad, Naruto jamás le dijo que eran amigos ni le dio a entender eso. Más bien, solo le dijo que quería ayudarla, pero nada más. Pero para la mente de Naruto, eso era una manera de ser amigos.
— Okey, creo que en parte es mi culpa por no darme a entender bien. — Hinata lo vio sin entender. — De ahora en adelante, tú y yo. — Se señaló a ambos. — Somos amigos. Entendido.
Hinata solo se limitó a asentir. Sin entender del todo cómo habían llegado hasta esta conversación rara.
— Na-Naruto-san, yo…
— Naruto. — Hinata lo vio sin entender. — No me llames "Naruto-san", los amigos no añaden honorarios a sus nombres. — Aclaró.
— S-sí, lo siento.
— Y deja de disculparte. No todo es tú culpa.
— ¡Lo sí…! — Se mordió la lengua y solo asintió.
— Tenemos mucho por progresar. — Naruto estiró la mano y abrió la puerta. — Andando.
Hinata lo miró por unos instantes en el cual su mente abandonó su cuerpo, pero después sonrió. Sintiendo una alegría que emanaba de su corazón y inundaba su cuerpo.
Con una sonrisa plasmada en su rostro, comenzó a caminar junto con Naruto dentro del salón, en dirección a su pupitre. Pero grande fue su sorpresa cuando se sentó y Naruto hizo lo mismo aun lado de ella. Si no mal recordaba ese no era su asiento.
— Los asientos no están asignados. — Respondió su duda.
Hinata solo afirmó y guardó silencio.
.
— ¿Qué hace Naruto sentado ahí? — Preguntó Sakura a sus amigos.
— Ni idea. — Respondió Kiba.
— De la nada le dieron aires de querer aprender. — Comentó con burla Ino.
— O tan solo se volvió loco. — Comentó Shikamaru sin darle tanta importancia.
— ¡Sasuke-kun, a dónde vas! — Exclamó al ver como Sasuke pasaba de largo de ellos y se sentaba detrás de Naruto.
— Da igual. — Imitando a Sasuke, Shikamaru caminó hacia ellos y se sentó a un lado de Naruto.
— ¡Me uno! — Exclamaron al mismo tiempo Kiba e Ino, y juntos se sentaron en nuevos pupitres.
— Muévete o te muevo. — Advirtió Ino a Kiba al ver que se había sentado en el lugar que ella quería.
— ¡Aprovechas de que eres mujer! — Protestó, sin intención de moverse.
Sakura, aun sin entender del todo, caminó hacia ellos y quitó las pertenencias que estaban detrás de Hinata, para sentarse detrás de ella.
— ¡Buena idea! — Imitando la acción de Sakura, Ino apartó las cosas que estaban en el pupitre que estaba enfrente de Naruto, después tomó las cosas de Kiba y las colocó ahí. — Saca tu trasero de ahí y siéntate aquí. — Apuntó con su dedo el pupitre.
— Y si no quiero. — Retó.
— Te corto las pelotas.
El rostro de Kiba se puso azul al escucharla, porque sabía que ella no andaba de broma. Una vez lo intentó.
— Okey, tú ganas. — Se puso de pie y se sentó en el pupitre que ella le había dado.
— ¡Genial! — Exclamó, contenta de volver a salirse con la suya. Colocó sus cosas en el pupitre por el que había peleado y se sentó, después se dio la vuelta y miró con una sonrisa sincera a Hinata. — ¡Un placer, soy Yamanaka Ino! — Se presentó ante Hinata, que la miraba sorprendida y confundida.
— Mu-mucho gusto. Hyuga Hinata. — Devolvió el saludo.
— ¡No, eres una Hyuga! — Exclamó llena de sorpresa. — ¡Son la familia más rica y poderosa de todo el continente asiático!
— Yo, bueno… así es… creo…
— Ino. — Advirtió Naruto.
— Espera, ¿Ustedes se conocen? — Preguntó Sakura, interesada en la conversación.
— Somos amigos. — Respondió Naruto sin siquiera mirarla y solo concentrado en que Ino no siguiera diciendo estupideces.
— ¿Desde cuándo? — Inquirió Sakura, perdiéndose la historia.
— Desde hoy.
Ante sus palabras, todos, a excepción de Hinata, lo miraron con sorpresa. Pero no dijeron nada y solo se limitaron con presentarse a Hinata.
— Mucho gusto, Haruno Sakura. — Se presentó con una sonrisa agradable a Hinata.
— Nara Shikamaru. — La saludó con un asentimiento mano mientras bostezaba.
— Inuzuka Kiba. ¡Un gusto!
Las miradas pararon en Sasuke, que en todo momento se había mantenido al margen. Ignorando lo que pasaba, pero al ver que todos lo miraban, y ver que Hinata lo miraba asombrada, decidió presentarse.
— Uchiha Sasuke.
— Siempre tan frío Sasuke-kun. — Reprochó Ino.
Sasuke solo se limitó a ignorarla.
Hinata, al ver su oportunidad, tomó la bolsa en la cual estaba el saco de Sasuke y se dio la vuelta, mirándolo con agradecimiento.
— U-uchiha-san. — El nombrado la miró, esperando a que prosiguiera. — Y-yo solo quería darte las gracias por lo de la otra vez.
«La otra vez.» Pensó Naruto.
— Y también quería darte de vuelta tu saco. — Le extendió la bolsa y Sasuke la tomó enseguida.
— Gracias. — Agradeció viendo su contenido.
— ¿A que se refiere con la otra vez? — Indagó Sakura al no entender de lo que ellos hablaban.
— A nada. — Respondió cortante y volvió a ignorar a todos.
Mientras tanto, Naruto lo miraba con el ceño fruncido. Recordando las palabras de Shion.
«¡¿Por qué tú y él la defienden?!» Las palabras de Shion ahora cobraban sentido. Algo debió pasar entre Hinata y Sasuke. Algo que involucraba a Shion. Pero lo que más lo desconcertaba, es que la idea de que ellos dos estuvieran juntos, o que Sasuke la hubiera ayudado, le desagradaba y molestaba.
¿Por qué?
