Capítulo 6

POV Edward

Me gustaba la compañía de Bella, casi siempre hablábamos de temas banales; hasta este día, en el que ambos nos confesamos algunas de las cosas que nos tenían pensativos y tal vez, preocupados. Era bueno hablar con ella, me refiero a que, tenía un aire comprensivo y además mostraba atención por lo que escuchaba acerca de mí… Era muy diferente a hablar con Rosalie o incluso con Jasper. Solo éramos ella y yo: "Confidentes", si así podía llamarlo.

Ya ambos estábamos en el restaurante, ella reía de mis anécdotas más raras siendo taxista, tomó su copa de vino y la llevó hasta sus labios; sentí que mi celular vibraba y lo saqué de mi bolsillo, en la pantalla se leía "Jasper", inmediatamente pensé en mi hija – ¿Cómo me pude olvidar de ella? – contesté.

– Jasper ¿Qué pasó? ¿Ella está bien? ¿Dónde están? – Pregunté tan rápido que ni siquiera respiré y tampoco pude dejar que Jasper me contestara – Habla, Jasper.

– Cálmate, tranquilo. Ella está bien, estoy cumpliendo muy bien mi papel de niñero – Se quedó en silencio por unos segundos – Pasó algo, sí, creo que te importa… Al recoger a Vera en el preescolar, ella me pidió fervientemente que la llevara a ver a su abuelita Esme, no me pude negar porque casi llora y terminé haciendo lo que ella quería. Esme y ella jugaron por unas horas.

– ¿Cómo dejaste que eso pasara? – Pregunté furioso.

– Vamos, Edward. Tú sabes que tu hija es una manipuladora de primera, casi se pone de rodillas ante mí, tuve que llamar a Rosalie para que me diera la dirección, porque sabía que no me la ibas a dar – Bufé y él continuó – Ella… mmm… Tu mamá, preguntó cómo estabas.

– Ella no es mi mamá – Rugí entre dientes – Aspiré un poco de aire para calmarme – Como sea ¿Dónde están?

– En tu casa, Rosalie me dio la copia de la llave y… espera, Vera quiere hablar contigo – No me dejó responder porque inmediatamente escuché la voz de mi hija.

– Hola, papi.

– Hola, cielito ¿Cómo estás? – Una gran sonrisa se desplegó en mi rostro.

– Muy bien, papi: Hoy fui a la casa de mi abuelita Esme y jugué con ella, mi abuelito Carlisle no estaba, pero me había comprado muchas muñecas. Ahora estoy con mi tío Jasper en la casa.

– Me alegro mucho, bebé – Oculté muy bien la furia por el hecho de que mi hija había ido a visitar a esos traidores que se hacían llamar "Mis padres".

– Oye papi ¿Cuándo vas a venir? – Preguntó con voz adormilada.

Miré mi reloj de pulsera e hice una mueca – Tal vez en unas horas más ¿Me esperas, nena?

– Si, papito; me quedaré jugando con mi tío hasta que llegues – Soltó una risita y en el fondo escuché que Jasper decía "Edward, más te vale llegar temprano".

– Ok, hermosa, nos vemos más tarde, te amo – Sonreí aún más cuando escuché a Jasper, me olvidé de todo por un segundo, en ese segundo solo existía mi hija.

– También te amo, papi. Adiós.

Terminé la llamada con una sonrisa en mi rostro, rogaba para que se llegara la hora de ver a Vera, no la había visto en todo el día y la extrañaba demasiado, esas palabras en nuestra conversación fueron como una brisa pura y fresca para mí. Guardé el celular en mi bolsillo y me percaté de que ya había terminado con mi comida, solo me quedaba un par de sorbos a mi vino.

Tomé la copa entre mis dedos y di el primer sorbo para terminar, alcé mi vista y eso fue como volver a la realidad: Yo no estaba solo, Bella estaba conmigo, ella tenía una mueca rara en su rostro y su vista estaba perdida mientras jugaba con la copa de vino entre sus blancos dedos. La miré con expresión de incógnito, ella antes estaba muy feliz – ¿Qué le pasaba ahora? – No tenía ese algo en su rostro que hacía que todo a su alrededor brillara. No me atreví a preguntarle, ella estaba tan sumida en sus pensamientos que temí ser un impertinente por indagar lo que pasaba por su cabeza y solo me resigné a la idea de que estaba recordando algo malo o muy triste para ella.

Se acabó el silencio cuando llegó el mesero a recoger los platos y Bella le pidió la cuenta, ese fue el único momento en el que ella habló mientras estábamos en el restaurante, hasta que salimos.

– ¿Te llevo a tu casa? – Pregunté con las manos en los bolsillos, mientras temía que me dijera algo malo o peor, que no me respondiera; esa fría indiferencia que estaba mostrando me hacía sentir como si yo hubiera hecho algo malo.

Ella negó con la cabeza – No, tú tienes cosas que hacer y yo no soy nadie para impedírtelo, también tengo cosas que hacer – Hablaba de forma fría.

Fruncí el ceño – ¿Qué cosas tengo que hacer? – Inquirí desubicado.

Ella se encogió de hombros – Nos vemos mañana – Y sin decir ni una sola palabra más, se dio la vuelta y empezó a caminar rápidamente en línea recta por la calle.

Me quedé viéndola sin entender muy bien qué era lo que le pasaba, ella no se comportaba así hace mucho tiempo; desde que ella me dijo que en realidad no era la mujer fría y déspota que aparentaba ser, no se comportaba así conmigo. No sabía qué le pasaba; automáticamente, la seguí a paso veloz sin importarme nada y cuando estuve cerca de ella, tomé su muñeca procurando no hacerle daño.

– ¿Qué te pasa? – Preguntó sin verme a los ojos.

– Eso es lo que pregunto yo – Hice que me mirara de frente procurando ser lo más delicado posible – No es posible que cambies tu actitud de un momento a otro.

– No fui yo la que cambió – Dijo casi en un susurro – No importa… Yo… tengo que ver a Emmet… Antes de que él llame a la policía – Me mostró una pequeña sonrisa.

– Claro, pero antes… Me gustaría mostrarte… Algo – Le sonreí y la halé suavemente hasta mi taxi.

Ella no dijo nada, se dejó guiar (O algo así). Encendí el motor y puse en marcha el taxi, el lugar que le quería mostrar a Bella era… Demasiado, no iba allí desde hacía mucho tiempo porque revivía recuerdos dolorosos de mi adolescencia; de igual manera, no le iba a confesar nada, solo quería mostrarle el lugar por algún motivo que yo desconocía, solo sabía que, muy en mi interior, necesitaba que alguien me acompañara y lo viera – ¿Quién mejor que ella? – Pensé apresuradamente.

A medida que pasaba el tiempo, las calles se estaban haciendo tortuosas y más oscuras, sentí cómo una nerviosa gota de sudor recorría mi frente, aparte de que una lágrima luchaba por salir; no podía dejar que nada de eso pasara, todo era parte de mi pasado y lo recordaba con mucha agonía. Pronto, llegamos a un lugar que carecía de iluminación, solo la necesaria para poder entrar al sitio que me era tan agotador (emocionalmente hablando). Estacioné el taxi porque sabía que habíamos llegado, solté un suspiro pesado.

– Llegamos – Anuncié lo obvio.

No vi el rostro de Bella – Aquí no hay nada – Ya me la imaginaba frunciendo el ceño; sin embargo, salió del taxi al mismo tiempo que yo lo hice.

La invité a caminar por un callejón: Era algo raro, tomé su mano para guiarla, sentí como temblaba y no la culpaba en lo absoluto, este lugar era siniestro y fúnebre; de hecho, temía que se fuera corriendo pensando que yo le haría algo malo, la violara, robara, secuestrara o algo por el estilo.

Antes de que se terminara el callejón había una puerta, estaba tal y como la recordaba, tal vez más vieja y agrietada, con algo de musgo encima del pomo; la abrí, todo era oscuridad allí y Bella comenzó a hiperventilar.

– Tranquila, no te voy a hacer daño, no va a pasar nada malo. Solo… quiero mostrarte algo, algo importante para mí.

Ella aspiró y expiró el aire que contenía, asintió levemente con la cabeza y yo tomé eso como una afirmativa a que se quedaría sin que yo tuviera que forzarla (Cosa que nunca haría). Todavía recordaba el viejo interruptor que había en lo alto de la pared, ya estaba viejo y tenía telarañas, como todo lo que nos rodeaba; no creí que hubiera electricidad luego de tanto tiempo, pero me equivoqué y las luces iluminaron todo el antiguo y raído teatro en el que crecí: Contaba con algunos instrumentos en su mayoría descompuestos, las cortinas rojas rasgadas, las paredes podridas por la humedad, un escenario tan viejo y antiguo como todo lo que nos rodeaba y el piso de madera desgastado tanto o más que la puerta principal.

Otra vez, Bella dejó salir el aire que estaba en sus pulmones y al fin habló – ¿Qué es esto? ¿En dónde estamos? – Preguntó mientras detallaba cada silla y luego posaba su vista en el escenario.

– Este teatro pertenecía al orfanato dónde crecí – Caminé lentamente por el pasillo vertical que separaba las filas de sillas. Pasé mis dedos por una de ellas y sonreí levemente – En el orfanato no había mucho qué yo quisiera hacer, no me gustaba el deporte y mucho menos estudiar, no era muy sociable que digamos, la mayoría de mi tiempo lo pasaba aquí… tocando el piano – Levanté mi vista hacia el escenario y recordé quién había sido el que me inspiró a aprender de música. Esta vez, mi sonrisa se tornó melancólica y volví mi vista a Bella quién parecía deslumbrada.

– ¿Tocas el piano? – Me vio con los ojos abiertos.

Asentí – El piano, el violín, la guitarra, la batería y un poco la trompeta… No me gusta mucho eso último – Me rasqué la nuca sintiendo la mirada intensa de Bella – Por esa mirada es que no hablo de eso, suena presumido para alguien de mis recursos económicos – Ella me interrumpió.

No me di cuenta en qué momento ella se subió al escenario, tenía una sonrisa – No es presumido, parece que tenías bastante talento y tiempo libre ¿Por qué no me muestras? – Deslizó hacia atrás una cortina para mostrarme el piano negro de cola que yo tocaba hace años con devoción, como si ese fuera mi único salvavidas y a la vez fuera la más excitante aventura que yo estaría dispuesto a tener… Ese fue el último instrumento que toqué y que no había vuelto a tocar desde el trágico accidente que cambió mi vida.

Caminé lento hasta llegar a su lado – No sé… Tal vez he olvidado algunas cosas, tal vez no tenga la misma destreza de antes – Bajé mi vista hacía las teclas y las acaricié por encima para quitarles algo de polvo y telarañas.

Bella me miraba con ojos suplicantes, solté un suspiro y me senté en la banca, segundos después ella estaba sentada junto a mí. Solté el aire de mis pulmones dándome completamente por vencido. Con mis dedos empecé a acariciar cada tecla tan delicadamente que casi no se escuchaba nada, me dejé llevar hasta que me sentí bien y vivo; por primera vez en muchos años sentí que me independizaba de una gran carga y la música invadió mis oídos, mi cuerpo y mi alma me pedían más, estaba extasiado, yo quería seguir liberándome de todos los problemas que me atormentaban; era algo inexplicable, amorfo pero definitivamente muy tranquilizante y me llevaba a la plenitud.

Terminé la melodía con pequeñas, lentas y casi inaudibles notas, las comisuras de mis labios se alzaron levemente: De todos los instrumentos que sabía tocar, el piano definitivamente era mi favorito, era algo clásico y su sonido era mágico.

– Fue… Perfecto – Dijo Bella, luego de un par de minutos, tenía la respiración entrecortada.

Suspiré – Si, lo fue… Hace años que no hacía esto, ni siquiera miraba un instrumento de música por… temor – Me quedé pensativo – Si, supongo que era temor de revivir mi adolescencia.

Bella frunció el ceño sabiendo que no era solo mi adolescencia la que me torturaba, pero no me dijo nada al respecto – ¿Cómo se llama la sinfonía que tocaste?

– Love Story, de Beethoven – Dije sin pensar, estaba sumido en mi propia burbuja. Luego de vuelta a la realidad, me percaté de lo que había dicho y hecho – Es la canción que más recuerdo, las otras son solo sombras – Dije para salvarme, ni yo mismo sabía por qué, de todas las canciones que conocía en piano, tuve que tocar aquella.

– Oh, es hermosa.

La miré y me encontré con la sorpresa de que sus ojos marrones estaban puestos en los míos, exhalé un poco de aire, bajé un poco mi mirada para darme cuenta de que ella tenía los labios entre abiertos.

– Si, es realmente hermosa – Concedí.

El sonido de la canción "Boulevard of Broken Dreams" que Bella tenía como tono en su celular, hizo que nuestras miradas se apartaran; casi al mismo tiempo que dejé de mirarla, sentí que mi celular vibraba dentro de mi bolsillo. Miré la pantalla y era un mensaje de Rosalie, me apresuré a leerlo mientras Bella contestaba su llamada.

*¿Dónde carajos estás metido Edward Masen? Llegué hace una hora y no te veo por ningún lado, Vera está preguntando por ti y dice que no se va a dormir hasta que llegue su papá. Por si no lo recuerdas, TIENES UNA HIJA y yo tengo que ir a trabajar y no puedo pedirle a mi hermano que se quede toda la noche cuidando a Vera ¿Qué demonios te pasa? Tu turno en el trabajo terminó hace rato y no hay señales de ti por ningún lado, más te vale que aparezcas en menos de una hora ¿Me entendiste?*

¡Waooo! Leí el mensaje cerca de cinco veces, estaba terriblemente sorprendido y hasta un poco asustado porque Rosalie nunca se había comportado así conmigo, nunca me había hablado de mala manera y sí, sabía que tenía un carácter explosivo pero nunca lo había mostrado ante mí. Tal vez ella había cambiado conmigo a través del tiempo o tal vez ella siempre fue esa mujer que ahora, por alguna razón, se dejaba ver con más ímpetu.

Lo que me encontraría al llegar a casa no sería nada agradable: Primero, estaría Jasper mirándome desde cualquier parte de la sala; segundo, supongo que Vera se lanzaría a mis brazos y me sacaría la única sonrisa que tendría esa noche en mi casa y tercero, estaría Rosalie mirándome como si me quisiera matar de dolor… Sin embargo, no dejaría que Vera notara esto, una vez dejáramos a nuestra hija dormida en su cama y nos despidiéramos de Jasper, Rosalie desataría toda su furia contra mí o quizá me miraría con indiferencia y dejara de hablarme por un buen tiempo. Inclusive, no creo que esas dos opciones alcanzaran a abarcar lo que pasaría esta noche, Rosalie se había convertido en alguien genuinamente impredecible.

Zanjé mis pensamientos en cuanto escuché unos pequeños sollozos que provenían de la boca de Bella.

– Dime que no pasó otra vez – Decía tratando de no llorar – Yo… Te lo juro, no sé cómo pasó – Apoyó su cabeza en las teclas del piano haciendo que éste hiciera ruido, pero al parecer no le importó. Escuchó a su esposo a través del teléfono y pasó el dorso de su mano por sus ojos – No, yo estoy bien… Llegaré pronto y veremos qué hacer… No te preocupes, tomaré un taxi y estaré allí tan rápido como pueda… Adiós – Terminó la llamada y soltó un suspiro.

No sabía qué decir, estaba preocupado por Bella, no había levantado la cabeza desde que la apoyó sobre las teclas del piano, sus manos estaban en su regazo y su cabello estaba esparcido, eso último me dificultaba ver su rostro. Ya estaba empezando a escuchar pequeños sonidos de dolor, luego sollozos liberales leves que trataban de salir.

Puse mi mano en su hombro – Todo va a estar bien – Comenté sin estar muy convencido, no tenía ni la más remota idea de lo que le pasaba y yo estaba haciendo promesas que no sabía si iba a poder cumplir.

Ella negó con la cabeza y luego la levantó, tenía pequeñas lágrimas regadas por sus mejillas y la punta de su nariz estaba empezando a tornarse roja – No lo creo, Edward ¿Podrías llevarme a casa? Necesito ver a Emmet, tengo que hablar con él.

Asentí sin decir ni una sola palabra y la guíe hasta la salida del teatro con pasos lentos y dejando todo como lo habíamos encontrado. Ya llegando al taxi, sentí que ella no tenía fuerzas ni para mantenerse en pie; así que, la ayudé abriéndole la puerta y tendiéndole mi mano para que se acomodara en la parte de atrás del taxi, su tacto estaba frío, miré su rostro para cerciorarme de que estuviera mejor de lo que yo pensaba: no sabía si era bueno que ya había dejado de llorar, porque en su expresión llevaba la carga de una inmensa tristeza, fácilmente se veían los rastros de las lágrimas que ella había derramado.

A medida que pasábamos las calles de Nueva York en el taxi, estaba empezando una lluvia recia, la cual se volvía más intensa con el paso de los lentos minutos. Bella seguía pensativa en su lugar viendo las calles por la ventana, aunque me atrevería a decir, que su concentración estaba puesta en las gotas que resbalaban por la ventana; de vez en vez, gemía silenciosamente, como si quisiera decir que esas gotas de agua representaban sus lágrimas saladas cayendo sobre la desgracia de alguien.

Callé todo el tiempo, creí que era lo mejor que podía hacer; ella no necesitaba un recordatorio de lo mal que la estaba pasando y tampoco estaba de ánimos como para reírse. Al menos me quedaba el consuelo de que si ella me pedía compañía o consideración, yo estaría allí dispuesto a dársela y apoyarla en todo.

Aparqué a la entrada de su casa, ella seguía en ese estado catatónico que la caracterizó durante todo el recorrido.

Al bajar del taxi tenía la cabeza baja – Adiós, gracias por traerme. Tal vez, mañana no vaya a ningún lado; así que, si no te molesta, te estaré llamando – Se ajustó su gabardina y comenzó a caminar hacía su casa.

Marqué mi tarjeta en la empresa, es de suponerse que todo estaba oscuro y casi cerrado, tuve que escabullirme para poder entrar y también salir sin que se dieran cuenta de mi presencia. Cuando llegué a casa, todo fue como lo predije: Jasper estaba en el sofá hablándole a Vera para que se fuera a la cama y no veía a Rosalie por ninguna parte, así que supuse que ya se había ido a trabajar. En cuanto Vera me vio, saltó a mis brazos y me mostró una bella y somnolienta sonrisa, Jasper se despidió y se fue a su apartamento, yo fui a acostar a mi hija en su cama y en el momento que le di el beso de buenas noches, apareció Rosalie en el marco de la puerta sonriendo tiernamente, por supuesto esa sonrisa era dirigida a Vera, estaba seguro de que a mí me degollaría en cuanto nuestra hija se durmiera.

Salimos a la sala, Vera no se dio cuenta del enfado de Rosalie; pero yo sí, a veces me mandaba miradas envenenadas o ignoraba lo que yo decía.

– Espero que no desaparezcas en la madrugada y dejes sola a TU hija – Dijo recogiendo su bolso.

– Es nuestra hija ¿Qué demonios pasa contigo? – Pregunté exasperado.

– Estoy cansada de que otros cuiden a Vera y estoy cansada de ti, de tus malditos reclamos y que discutamos a toda hora – Me dio la cara por primera vez en toda la noche.

– No discutiríamos tanto si tú me dijeras la verdadera razón por la que ahora no quieres ni verme, yo también estoy cansado, Rosalie; pero no es de ti, estoy cansado de no saber quién eres; porque definitivamente no eres la mujer de la que me enamoré hace ocho años. Has cambiado y no sé si fue porque yo hice algo mal… quiero que me digas que pasa – Terminé suavizando mi tono tratando de acercarme.

Ella se dio la vuelta repentinamente – Voy tarde al trabajo, te veo luego – Me zanjó de manera súbita y se fue.

Me quedé en la sala mirando la puerta como un idiota, siempre me dejaba así cuando yo le hablaba del tema y en serio, quería entenderla; pero me era imposible si cada vez que le preguntaba, ella salía corriendo con alguna excusa – ¿Qué quería? ¿Qué yo leyera su mente para saber cómo debía comportarme? – Ya nuestra relación estaba pasando de castaño a oscuro, lo peor era que no sabía qué hacer para salvarla y Rosalie tampoco quería cooperar. Me senté en el sofá, estaba frustrado; las discusiones con Rosalie aumentaban, cada vez que estábamos solos terminábamos discutiendo y siempre eran los mismos temas: Que ella quería cuidar a Vera y que yo, por algún motivo, tenía la culpa de todos los problemas en la familia.

Suspiré pesadamente y me dirigí a la habitación de mi hija para asegurarme de que no se había despertado y por consiguiente, no había oído nada de lo que habíamos dicho Rosalie y yo hace un momento. Confirmé que ella estaba en un profundo sueño y me fui a mi cama, solo Dios sabe todas las veces que me pregunté ¿Qué era lo que estaba yendo mal en mi matrimonio? Y por causa de eso no pude dormir en toda la noche, solo hasta que el reloj marcó las tres de la madrugada, yo pude conciliar el sueño… Dos horas de "descanso", esperaba que eso no afectara mi trabajo.

Llegué a la empresa para marcar tarjeta y sin querer tropecé con mi jefe, no hice nada extraño, solo un asentimiento de cabeza como saludo y me fui hacía el parqueadero a recoger mi taxi y comenzar mi día.

Fue algo raro que Bella no estuviera en el asiento de atrás, ya estaba empezando a preocuparme porque generalmente, esta era la hora en la que tomaba el taxi. Ella estaba realmente mal cuando la dejé en su casa y quería saber si todo se había solucionado, más no me atreví a llamarla porque me sentí como un intruso si lo hacía. De todos modos, hasta ahora empezaba el día y ella me dijo que me llamaría si me necesitaba, solo tendría que esperar y seguir con toda mi rutina.

La mañana fue algo extraña sin Bella, había estado transportando pasajeros de un lado a otro, hoy había demasiado trabajo y mis clientes eran tan variados que se podía ver la diferencia a metros: tanto adultos como jóvenes; algunos con dinero y otros sencillos; otros que sacaban tema de conversación solo con ver el color de los autos, muchos callados mirando siempre su celular; por último, dos de mis pasajeros me hicieron recorrer grandes distancias y de allí recogí a unos pocos que solo querían ir a unas calles más cercanas. Sí, se podía decir que tuve una mañana productiva y con muy buenas ganancias.

Ya en la hora del almuerzo, estaba cerca a la empresa y decidí almorzar allí; compré un sándwich y un café. Llevé mi bandeja a la mesa recordando que no sabía nada de Bella y… Bueno, puede que suene imprudente pero quería saber de ella a como diera lugar, saqué el teléfono de mi bolsillo y cuando lo desbloqueé, sentí que me estaban mirando, giré mi cabeza en la dirección que sentía la mirada y me encontré con Carlisle y su esposa – Claro, lo que me faltaba – pensé mentalmente mientras me pasaba una mano por toda la cara y luego por el cabello. No podía tener la suerte de que ellos se quedaran dónde estaban e hicieran de cuenta que yo era un desconocido más… No, ellos vinieron a mí como si yo los hubiera llamado. Esme se veía más pálida, tenía ojeras igual que su esposo y no estaba esa sonrisa cálida que tanto la caracterizaba, en cambio, había una sonrisa apagada que no llegaba hasta sus ojos, tenía su mano envuelta en la de Carlisle mientras este último trataba de hacerse el fuerte, aunque yo dudaba mucho que lo estuviera logrando.

– Hijo… – Dijo la señora Cullen sentándose a mi lado.

Yo la interrumpí y me alejé de ella – No sabía que tenían un hijo, estoy en mi hora de descanso si no les importa – Tomé mi bandeja y traté de irme a otra mesa.

– Por favor, Edward, tienes que escuchar lo que te queremos decir – Dijo Carlisle poniendo una mano en el hombro de su esposa, quien estaba empezando a llorar.

– ¿Por qué tendría que escucharlos? – Le di un mordisco rápido a mi sándwich y tragué – Yo soy un empleado más de la gran empresa de taxis de Carlisle Cullen, ustedes no me deben una explicación y yo tampoco la quiero, dejé de quererla hace años, créanme – sonreí sínicamente – Además ¿Por qué querría escuchar la razón por la cual mis supuestos padres me dejaron en un orfanato durante mi niñez y parte de mi adolescencia?... Tal vez fue porque no me querían lo suficiente – Alcé una ceja y ambos iban a decir algo pero los interrumpí de forma abrupta – Yo no tenía ni una moneda en el bolsillo cuando nació mi hija, aun así no renuncié a ella; ustedes creerán que su ayuda fue algo indispensable para mí, pero aunque no la hubiera tenido, yo no hubiera dejado a Vera en un sitio como el que ustedes me dejaron – Me quedé pensando – ¿Saben? Yo amé a mi hija desde el día en el que Rosalie me dijo que estaba embarazada y para ese momento, mi mejor amigo era mi jefe y la que yo podía considerar como una figura materna era la esposa de mi jefe, hasta que me enteré de la verdad y nunca los volví a ver de la forma en la que lo hacía antes – Me encogí de hombros – Pero todo se supera, yo espero no ser una carga constante para ustedes, algún día tendré que presentarles la carta de renuncia e irme… Desgraciadamente, no será tan fácil sacarlos de mi vida porque mi hija los ama por alguna extraña razón y yo no quiero romper su corazón como lo hicieron ustedes conmigo, cuando mantenía la esperanza de que volvieran por mí.

– No eres una carga para nosotros – Dijo Carlisle.

– Y nos duele mucho saber todo lo que tuviste que pasar antes de conocernos – Agregó Esme.

Bufé – Sí, claro. Solo les voy a pedir un favor, lo detesto, pero tengo que hacerlo – Suspiré pesadamente – No quiero que Vera se entere de esto, ustedes harán la figura de abuelos pero no le dirán que son mis padres y… por favor, no la vayan a dejar de un momento a otro: Eso la lastimaría mucho y no quiero ver sufrir a mi hija por nada en el mundo – Terminé empacando la parte del sándwich que no me había comido.

– No nos alejaremos de nuestra nieta – Dijo Esme ofendida.

– Y… en realidad queremos que nos escuches, Edward – Comentó Carlisle en tono bajo volviendo al tema que los había traído aquí.

Miré mi reloj y bufé – Se acabó mi hora de almuerzo, tengo que volver al trabajo – Me levanté de mi puesto – Hasta luego, señor y señora Cullen.

Di media vuelta, hice oídos sordos cuando escuché la voz queda de Esme cuando me llamaba para que volviera, el tono de su voz se iba desvaneciendo a medida que yo me alejaba con paso rápido. Ya basta de eso, era hora de dar vuelta a la página, no quería hablar de eso y menos con ellos, lo mejor era dejar las cosas tal y como estaban, no era muy difícil de entender y además, no sé para qué quieren hablar si con eso no van a cambiar nada, no me van a devolver nada de lo que perdí.

A parte de eso, tenía muchas otras cosas en las que pensar, como en Rosalie, en Vera o la universidad que iba a empezar la semana siguiente… Y, Bella… Ella no había llamado, no me daba buena espina porque la noche anterior se veía muy mal y en verdad quería saber cómo estaba.

X.X.X

HASTA QUÍ EL CAPÍTULO DE ESTA SEMANA ¿QUÉ TAL LES PARECIÓ? ¿MEREZCO AL MENOS UN REVIEW? UNA VEZ MÁS LES AGRADEZCO A TODAS LAS QUE SIGUEN LA HISTORIA, EN EL PROXIMO CAPÍTULO VAMOS A VER UNA REVELACIÓN, EMMET ESTÁ POR HACER SU GRAN ENTRADA… SE ESTÁ TOMANDO SU TIEMPO EN APARECER EN LA VIDA DE EDWARD PARA AGREGARLE OTRO "PROBLEMA". OK, NO LAS ABRUMO MÁS… NOS LEEMOS LA OTRA SEMANA O QUIZÁS ANTES CUANDO PONGA UN PEQUEÑO ADELANTO DEL SIGUIENTE CAPÍTULO EN MI GRUPO EN FACEBOK (LINK EN MI PERFIL).