Título: My soul, your beats
Pairing: Harry/Draco con menciones de Albus/Scorpius.
Warnings: Theodore/Draco
Género: Slash
Clasificación: NC-17 o M
Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc.
Quizás los personajes estén un poco OOC, aunque intentaré que eso no suceda :)
Autora: Sui Felton (sui_tan)
Beta: Cydalima Faëlivrin (motoko_cydalima)
Scorpius observó a su padre, Theodore Nott, con preocupación. Ese día se le veía un poco pálido y aun cuando los sanadores le habían pedido que guardara reposo, su papá se negaba a pasar el día en cama; eso había provocado un gran enojó en su otro padre, Draco Malfoy, quien había salido de la casa sin decirle nada a nadie; seguramente para evitar tener otro enfrentamiento frente a él.
―Papá… ―murmuró Scorpius desde el marco de la puerta, observando el semblante cansado de su padre ―. Papá, por favor ve a descansar ―dijo suplicante mientras se acercaba al piano, donde su padre hacia algunas anotaciones en una partitura.
―No te preocupes, mon petit ―dijo Theodore con una sonrisa mientras extendía una mano hacia su pequeño, instándolo a acercarse―. Ven aquí.
Scorpius sonrió y se acercó un poco más, aceptando la mano de su papá, quien lo ayudó a subir al asiento para que observara de cerca en lo que estaba trabajando. El pequeño observó con atención las partituras, llenas de rayones y anotaciones de distintos colores, marcando cada uno de los acordes.
―Nunca había visto esta sonata, papá ―dijo el pequeño rubio mientras fruncía el ceño, desconcertado.
―No, claro que no ―el joven hombre sonrió y apoyó un codo sobre las teclas, haciendo que estas emitieran un fuerte sonido que llenó la habitación―. Dime, Scorpius, amas mucho a papá Draco, ¿verdad? ―su hijo afirmó con un ligero movimiento de cabeza―. Entonces también quieres que sea muy feliz, ¿verdad?
―Por supuesto que sí, papá ―contestó el pequeño mientras se cruzaba de brazos, después bajó la mirada, apenado―. Ahora parece estar triste, no me gusta verlo así. Ya no toca el violín.
Theodore alzó una mano y revolvió los platinados cabellos de su pequeño, logrando que éste se sonrojara un poco.
―Entonces, tengo un favor que pedirte, mon petit ―le susurró, confidente, entre risas divertidas.
Scorpius lo observó por unos momentos, sin entender de qué hablaba y después sonrió, contagiado por la risa de su padre.
My Soul, your beats
Capítulo 6
Harry se frotó el puente de la nariz con tanta fuerza que los nudillos de sus dedos quedaron completamente blancos por la falta de circulación. Respiró con calma, inhalando y exhalando profundamente, tratando de que el oxígeno llegara a su cerebro y así poder salir de esa alucinación lo más pronto posible.
Un bufido de exasperación lo sacó de sus pensamientos. Alzó la mirada y se encontró la figura traslucida de Theodore Nott y a Scorpius cruzados de brazos, con el mismo gesto en el rostro: la ceja izquierda alzada y un ligero mohín en la boca. Suspiró y se tapó el rostro con ambas manos, para ser una alucinación, era demasiado real.
―Por el amor a Merlín, Potter ―dijo Theodore con diversión mientras flotaba con gracia hacia él ―. Qué impresionable eres.
La burla en ésa voz lo sacó rápidamente de sus pensamientos, alzó la mirada hacia él y frunció el ceño con molestia.
―Eres demasiado creído para ser un fantasma cualquiera, Nott ―escupió Harry con enojo.
El rubio se limitó a sonreír aún más mientras se encogía de hombros. La puerta de la cocina se abrió nuevamente, dejando pasar a un sudoroso ―y un poco sucio― Albus Severus, quien se quedó en el marco de la entrada, paseando los ojos verdes entre cada uno de los presentes de la habitación.
―¡Albus! ―exclamó el pequeño Scorpius con una radiante sonrisa mientras se acercaba al otro niño, tomó sus manos y lo jaló hacia el centro de la habitación ―. Quiego pgesentagte a mi papá.
Albus caminó despacio hasta quedar justo frente a Theodore, quien le observó con detenimiento. Harry miró todo en silencio, su hijo ya sabía sobre los fantasmas y apariciones, pues eran muy comunes en el mundo mágico pero a pesar de ello, no podía evitar sentirse un poco nervioso, pues esta era la primera vez que su pequeño se encontraba con un fantasma de frente.
―Encantado de conocerlo, señor Nott ―dijo Albus mientras hacía una pequeña inclinación con la cabeza, con un tono quizá demasiado serio para un niño de su edad. Sus pequeños ojos verdes relampagueando con curiosidad.
―El placer es todo mío, dulzura ―contestó Theodore con una amplia y radiante sonrisa, la cual parecía brillar por si sola ―, espero que Scorpius no te esté dando muchas molestias.
Harry boqueó, incrédulo. ¡¿Quién demonios era ése?
―Para nada, señor ―afirmó el pequeño con decisión mientras observaba al hombre―. Scorp es muy amable conmigo, me ha enseñado un montón de cosas.
―Ya veo ―dijo Nott con una sonrisa y dirigió una aprobadora mirada hacia su hijo―. Mon petit, ¿podrías dejar que el señor Potter y yo habláramos a solas? ―Scorpius frunció el ceño e hizo un ligero puchero, obviamente no le agradaba la idea de ser excluido ―, estoy seguro que el pequeño Albus te llevará gustoso ante el piano de su casa.
La boca de Harry cayó hasta el suelo, observando cómo su hijo llevaba a Scorpius de la mano; los dos habían quedado fascinados con la idea. ¿Cómo sabía Nott que ellos tenían un piano? No era como si algún miembro de su familia supiera tocarlo, por eso estaba prácticamente abandonado en la biblioteca, donde Kreacher lo limpiaba de vez en cuando.
Ambos hombres guardaron silencio hasta que los pequeños y apresurados pasos de sus hijos se perdieron en la distancia. Harry observó el medallón que tenía en las manos: aparentemente era mucho más que sólo una reliquia familiar. Entrecerró los ojos y alzó la mirada hacia Theodore, quien parecía muy cómodo flotando de un lado a otro.
―Vamos a mi estudio ―gruñó Harry mientras se cruzaba de brazos ―, es bastante molesto ver cómo flotas por mi cocina, Nott.
Theodore lo observó con ojos llorosos y una expresión de dolor tan falsa como la vida sexual de Dolores Umbridge. Harry rodó los ojos y caminó rumbo a su pequeño despacho, siendo seguido por la sonriente figura del rubio. Abrió la fina puerta, esperando a que Nott dejara de observar cada minúsculo detalle de su casa y se dignara a entrar de una maldita vez.
Momentos después, Harry se encontraba de pie junto a su escritorio, sirviéndose una copa de whiskey de fuego. Observó a Nott un momento, sin saber si debía ofrecerle algo. ¡Era un maldito fantasma, por todos los Dioses!
―Aunque me ofrecieras un trago, Potter, no podría tomarlo ―dijo Nott con sonrisa burlona mientras acomodaba su traslucido cuerpo sobre el sofá―, ya sabes, no es bueno para la salud ―y soltó una enorme carcajada.
El auror suspiró y de un trago bebió el contenido de su vaso. Cerró los ojos y dejó que el sonido del reloj fuera el único que lo alcanzara, de otra manera acabaría perdiendo los estribos y la verdad, no quería darle ese gusto a Nott.
―¿Y bien? ―preguntó Harry una vez que se había calmado mientras tomaba asiento frente al rubio―, una parte de mí me dice que eres un simple fantasma pero… ―se cruzó de brazos y alzó una ceja― contigo no hay cosas simples, Nott. Sí estás aquí es por una razón, ¿o me equivoco?
―¡Vaya! ―exclamó Theodore mientras aplaudía―. Debo decir que me impresionas, Potter ―sonrió, con mofa―. Dime más, por favor.
Harry rodó los ojos y recargó un codo en su rodilla, clavando sus ojos verdes en el rubio, quien no había dejado de sonreír; aunque su sonrisa rara vez alcanzaba sus ojos.
―El medallón que tiene tu hijo no es una simple reliquia familiar, ¿cierto? ―preguntó Harry mientras observaba el medallón con atención―. Definitivamente no está vinculado a la magia negra, puesto que las protecciones de mi casa me habrían avisado al instante y Scorpius habría sido petrificado antes de cruzar el umbral.
―Ah, ¿en serio? ―Preguntó Nott con sonrisa burlona.
―En serio. No eres el único al que le gusta proteger a su familia, Nott. ―Harry entrecerró los ojos, molesto, pues el rubio simplemente se limitó a mirarse las uñas de sus traslucidas manos con atención ―. Entonces explícame, ¿qué es lo que hace tu fantasma, espíritu o lo que sea, dentro de ese medallón?
Theodore sonrió nuevamente, esta vez sin malicia ni burla; cosa bastante rara en él.
―No soy un fantasma, tampoco un espíritu… ―dijo finalmente, alzó la mirada y la clavó en Harry.
―¡¿Entonces qué? ―Gritó Harry, perdiendo la paciencia ―. ¿Qué demonios eres? ¿Por qué estás aquí? ¿Es que dejaste algo pendiente y por eso no puedes descansar en paz?
―No me hables de asuntos pendientes, Harry Potter.
La voz inesperadamente serena y fría de Theodore descolocó a Harry por completo. Nunca antes le había escuchado hablar así; aunque no es que hubiera platicado mucho con él en el pasado después de todo. Siempre había pensado que Theodore Nott era una persona un tanto misteriosa, pues a pesar de que siempre se comportaba amable y sonreía todo el tiempo, siempre hacía una división, marcando su distancia de las personas.
―Entonces cambiaré la pregunta, Nott ―dijo Harry, esta vez mucho más calmado, aunque en realidad sentía su sangre hervir―. ¿Qué fueron todas esas cartas? Tú ya sabias de tu… ―desvío la mirada por un segundo, tratando de encontrar las palabras que necesitaba para expresar todo lo que sentía.
Sin embargo, la suave risa de Theodore lo sacó de sus pensamientos rápidamente. Harry giró levemente y se encontró con la sonrisa sincera del rubio. La primera sonrisa sincera que le había visto nunca.
―Sí, ya lo sabía ―dijo el rubio con tranquilidad, sin borrar la cálida sonrisa de su rostro―. ¿Eso en qué cambia las cosas? ―preguntó, alzando la vista hacia Harry ―. Yo iba a morir, sea como sea. Quizás unos meses antes o un año después, pero aun así: iba a morir.
―Pero eso no…
―No había nada que pudiera hacerse, Potter ―Theodore se encogió de hombros, restándole importancia a lo que decía―. Simplemente, traté de que mi tiempo aquí fuera productivo.
―¿Qué quieres decir con eso? ―murmuró Harry, apretando los puños con fuerza.
―Dios, eres tan lento ―el rubio puso los ojos en blanco y suspiró, sintiéndose, aparentemente, incomprendido.
―Oh, cómo lo lamento ― escupió Harry con veneno ―, explícame entonces.
―Lo que guardé en el medallón de mi hijo, es mi voluntad ―dijo Nott con tanta tranquilidad, como si estuviera hablando del clima.
―¿Voluntad?
―Así es ―sonrió―. Independientemente de lo que creas, tuve una vida feliz. No tengo remordimientos o asuntos pendientes ― formó unas comillas imaginarias con sus dedos ―, que me aten: por ese lado puedes estar tranquilo― añadió con una sonrisa.
―¿Entonces? ―Harry entrecerró los ojos―. ¿Por qué estás aquí?
Theodore cerró los ojos y suspiró. Cuando finalmente abrió los ojos, dirigió sus ojos malvas hacia Harry, quien se sorprendió al ver una expresión tan serena en el rostro.
―¿Tienes algo que atesores más que a nada en el mundo? ―preguntó el rubio con voz suave―. ¿Tienes a alguien a quien quieras proteger de todo, incluso de sí mismo? ―preguntó nuevamente, sin dejar que Harry tuviera la oportunidad de contestarle ―. ¿Tienes a alguien a quien quieras ver feliz siempre, sin importar el costo de ello?
Harry guardó silencio por unos momentos, dejando que las palabras de Nott penetraran hasta lo más profundo de su mente y corazón. Podía contestar a cualquiera de esas preguntas con facilidad, sin embargo dudaba realmente que alguna de sus respuestas fuera la que el rubio buscaba de él en ese momento.
La realidad cayó sobre él, como una bofetada en la cara.
―Sí ―contestó Harry finalmente.
―Me alegra oírlo ―dijo Theodore con una sonrisa sincera ―. Yo… simplemente no quiero que siga huyendo de esto.
―Yo… ―Harry no sabía que decir, la situación era demasiado irreal e inaudita como para poder procesarla tan rápido.
―Pude haber escogido a alguien más ―el rubio se encogió de hombros mientras una presuntuosa sonrisa adornó sus labios―. Pero entre tú y Draco hay muchas cosas pendientes todavía.
―Pero esto no… ―el auror negó con la cabeza, no sabía que decir o que pensar. ―Han pasado demasiadas cosas, Nott, y tú lo sabes. ¡Dios, es probable que Draco me odie!
―No sólo es probable ―dijo Nott con tranquilidad ―, de hecho eres la persona a la que más desprecia sobre la faz de la tierra.
Harry jadeó, sintiendo como un enorme hueco comenzaba a ocupar el lugar en el que seguramente había estado su estómago con anterioridad. Estaba por comenzar un nuevo viaje a la tierra de la melancolía y el desamor, cuando escuchó la enorme carcajada de Theodore Nott.
―¿Es que te hace mucha gracia? ―murmuró Harry entre dientes, sintiendo cómo la rabia comenzaba nuevamente.
―La verdad es que sí ―Theodore bufó con diversión y después alzó una ceja rubia―. ¿Es que no pusiste atención a los recuerdos que te di?
―Bueno… ―el moreno se movió nervioso, causando un nuevo bufido en el rubio, aunque esta vez era de exasperación.
―Francamente, Potter, eres mucho más lento de lo que esperaba.
―Cierra la boca, Nott ―masculló Potter, completamente indignado.
―No te preocupes ―movió las manos de un lado a otro ―, créeme cuando te digo que alguien ya ocupa ese lugar en el corazón de Draco ―sonrió. ―Deberías ser capaz de sentir el vínculo que aún existe entre ustedes dos.
Harry suspiró y se frotó el rostro con ambas manos, intentando controlar la enorme tensión que no lo dejaba ni respirar. Cerró los ojos y a su mente acudió el recuerdo de la mirada de Draco, completamente indescifrable; por supuesto, su cuerpo entero reaccionó ante la cercanía del rubio, era evidente que todo su ser gritaba por poder estrechar ese cuerpo nuevamente.
―Claro que lo siento… ―murmuró Harry con voz ronca, en un pobre intento por no demostrar todo aquello que sentía frente a Theodore Nott ―. ¿Y eso qué? No es como si pudiera ir y pararme frente a él como si no hubiera pasado nada.
―¿Por qué no? ―preguntó el rubio mientras alzaba una ceja.
―¡Merlín! ¿Cuántas veces he de repetir esto? ―gimió con desesperación―. ¡Las cosas no son tan fáciles!
―Por supuesto que lo sé, Potter ―dijo Nott con voz fría―. Pero en serio, es una excusa demasiado patética, incluso para ti.
―¿Pero qué… ―Harry intentó decir algo, pero fue silenciado de inmediato por el gesto de fastidio que Theodore tenía pintado en el rostro.
―Estoy seguro de que eso es lo que siempre dices, y te puedo asegurar de que no has hecho un sólo intento por encontrarte a Draco o ponerte en contacto con él desde que fallecí, ¿me equivoco? ―entrecerró los ojos, completamente asqueado ―. En serio, pensé que serias mucho más valiente y decidido, sobre todo porque eres un Gryffindor.
Harry apretó los puños con fuerza, dejando los nudillos de sus dedos completamente blancos por la falta de circulación.
―¡No tienes ningún derecho a criticarme! ―dijo alzando la voz y levantándose del sofá― ¡Tú no tienes idea de lo que siento!
―¡Por supuesto que la tengo, Potter! ―contestó Theodore imitándolo, hasta quedar de pie frente al auror ―. ¡No debes olvidar que yo también amo a Draco!
Los dos guardaron silencio nuevamente, dejando que la habitación se llenara con los sonidos de sus agitadas respiraciones. Harry pasó una mano por sus cabellos, alborotándolos en el proceso, completamente desesperado.
―Por todos los Dioses, Nott… ―masculló el auror con un nudo en la garganta ―. ¿Tienes idea de lo que fueron estos cuatro años? ―guardó silencio, esperando a que el rubio dijera algo, cosa que no sucedió ―. Me hice a la idea de que sería feliz con sólo saber de él… me dije a mí mismo que con sólo verlo desde la distancia sería suficiente.
―¿Y es suficiente? ―preguntó Nott con tranquilidad ―. ¿De verdad estarías contento sólo con eso?
―Merlín… ―gimió Harry, desesperado ―. Por supuesto que no. ¿Cómo podría serlo? Le necesito demasiado, ¿pero qué otra cosa podía hacer? ¡Él era feliz contigo!
Theodore sonrió ante el comentario, sin poder evitarlo.
―Sí, él era feliz conmigo ― suspiró, haciendo énfasis en la palabra "era"―. Pero yo ya no estoy, Potter. Créeme que pude haber elegido a alguien más para esto, Draco tiene muchos pretendientes ― sonrió con tristeza―; pero honestamente, creo que tú eres el único que podrá ayudarlo.
―¿Qué quieres decir con eso? ―preguntó Harry con preocupación.
Unos pasos apresurados se escucharon por el corredor.
―Lo único que puedo decirte, es que desconoces muchas cosas sobre Draco― el rubio se encogió de hombros―. Mi único deseo es él sea feliz, que se libere de todo aquello que se lo impide ―clavó su mirada en la de Harry ―. Es por eso que estoy aquí: ésta es mi voluntad.
Antes de que Harry pudiera decir o preguntar algo más, las puertas del despacho se abrieron, dejando entrar a unos muy jadeantes y sonrojados Albus y Scorpius. Los pequeños se dirigieron hacia sus padres, cruzando rápidamente la habitación hasta alcanzarlos.
―Papá ―dijo el pequeño Scorpius mientras se cruzaba de brazos ―faltan sólo diez minutos paga las seis, papá Draco no ha de tagdag en llegag ―desvió su mirada un momento hacia Harry, quien frotaba los cabellos de Albus con nerviosismo―; espego que tu platica con el señog Potteg haya sido de utilidad.
―Gracias por avisarme, mon petit ―sonrió Nott con dulzura para su hijo―. El señor Potter y yo acabamos de terminar, al menos por ahora.
―¡Muero por conocer a tu otro papá, Scorp! ―exclamó Albus con emoción.
―Oh, cherie ―contestó el pequeño rubio con una sonrisa―, estoy segugo de que le vas a encantag a mi papá.
Harry observó a los pequeños, era increíble ver cómo el hijo de Draco se comportaba con su pequeño Albus; francamente no esperaba que fuera tan agradable. Claro, dejando de lado que, al parecer, el pequeño Nott había heredado muchas cualidades de sus padres.
―Entonces, ¿Draco vendrá a recogerle? ―preguntó intrigado.
―Sí, por supuesto ―contestó Theodore con una sonrisa ―, creo que está de más que te diga que él no sabe sobre esta… peculiar cualidad del medallón de Scorpius.
―¿Estás bromeando? ―jadeó Harry, incrédulo ―. Dudo mucho que a Draco le haga mucha gracia todo esto.
―Oh, en eso te doy toda la razón ―dijo Nott mientras soltaba una pequeña risa―. Nos queda poco tiempo ―clavó sus ojos malvas en Harry, quien le regresó la mirada con decisión―, por lo que veo, ya has tomado tu decisión, ¿cierto?
o.o.o.o.o.o.o.o.o
Pansy suspiró dramáticamente, al menos desde el punto de vista de Blaise, quien fumaba lenta y pausadamente, arrancando muchos suspiros y miradas anhelantes de gran parte de las mujeres que se encontraban dentro del café.
―No puedo creer que Draco nos abandonara ―masculló la mujer con indignación―, sobre todo después de que me ofrecí a acompañarlos a esa estúpida comida.
―Querida, realmente no estoy de humor para escuchar tus quejas ―dijo Zabini mientras entrecerraba los ojos.
―Claro, suficiente tienes con los cargos de conciencia, Blaise ―bufó la morena mientras hacia un puchero.
―En serio, Pansy ―suspiró el moreno ―; créeme que tengo suficiente por hoy.
Lamentablemente, su amiga no tenía la más mínima intención de hacerle caso.
―¡Es que no puedo creerlo! ―apretó una servilleta con furia, dejando que algunas lágrimas escaparan de sus ojos ―. ¡Esos infelices del Ministerio no tienen vergüenza!
―¡Oye! ―reclamó Zabini, ofendido―. ¡Te recuerdo que yo también soy un funcionario del Ministerio!
―Sabes perfectamente a qué me refiero, Blaise ―Parkinson rodó los ojos, fastidiada―. Se atrevieron a poner el talento de Draco en tela de juicio. Esos infelices pueden ir buscándose a otra diseñadora, jamás volverán a utilizar alguno de mis diseños ―escupió con veneno.
―La verdad es que no pensé que las cosas resultarían de esta manera ―dijo el moreno con voz cansada―. Entiendo perfectamente la reacción de Draco, si yo estuviera en su lugar, abría freído a crucios a esos bastardos.
Pansy no pudo contener una pequeña sonrisa ante el comentario. Suspiró también y colocó una mano sobre la de Blaise, en un gesto amistoso.
―Espero que estés consiente de que Draco va a cobrarte caro esa comida, cariño ―dijo la morena con burla, causando un mohín disgustado en su amigo―. También, espero que sepas que Draco jamás te guardará rencor por algo así. Quizás te moleste unos días ―sonrió―, pero nunca te culpara por lo que esos imbéciles le hicieron.
Blaise giró la mano con suavidad, para después entrelazar los dedos con los de la joven mujer, que no había dejado de sonreírle. Pansy lo conocía mejor que nadie, por eso sabía que decir o que hacer para fastidiarlo o, como en ese momento, para animarlo.
―Eres un encanto, amor ―dijo Blaise sin evitar contagiarse con esa sonrisa.
―Lo sé, no tienes ni por qué decirlo ―contestó la morena con diversión.
Pansy se puso de pie con toda la intención de ir al tocador, sin embargo la fuerte mano de Blaise la jalo hacia él, haciendo que quedara sentada en su regazo; causando jadeos asombrados y murmullos a su alrededor. La joven frunció el ceño y abrió la boca para decir algo pero fue silenciada de inmediato por los ansiosos labios de Blaise, quien se había apoderado de su boca casi de inmediato. Pansy gimió despacio, aferrándose a la fina chaqueta del hombre sobre el que estaba sentada, sintiendo cómo un conocido bulto hacía presencia bajo su trasero.
Blaise, por su parte, disfrutó del tacto de los hombros desnudos de su amiga, nunca alcanzaría a agradecer que Pansy fuera tan exhibicionista a la hora de vestir; la piel que adoraba siempre estaba a su alcance. Bajo suavemente sus manos hasta posar una sobre su cintura y otra sobre su cadera. Quizás ella no fuera suya por completo, pues ninguno de los dos estaba dispuesto a entregar todo de sí. Su relación era demasiado extraña como para pensar en matrimonio y esas cosas; los dos adoraban su libertad. Por supuesto, eso no significaba que no se molestara cuando algún estúpido se atrevía a cortejarla, o peor, a llevarla a su cama.
―Quiero que esta noche te quedes conmigo ―dijo Zabini con voz ronca, una vez que se separaron.
―Eso no suena a una pregunta, Blaise ―contestó Pansy con una sonrisa juguetona.
Blaise dejó un par de galeones sobre la mesa y sin decir más, desapareció rumbo a su departamento, sin soltarla un sólo segundo.
o.o.o.o.o.o.o.o.o
Draco jadeó, completamente incrédulo frente al número doce de Grimmauld Place, preguntándose si era posible que la vida fuera tan cruel y miserable con él. Aparentemente ese no era su día, pues todo acababa de empeorar de manera exponencial. Era completamente imposible, o al menos a eso quería aferrarse. De todas las personas… de todos los niños, para ser exacto, ¿podía ser que su hijo tuviera una amistad con alguno de los hijos de Harry Potter y Ginny Weasley?
Caminó nervioso de un lado a otro, completamente atónito, mordiéndose una uña sin si quiera darse cuenta. ¡Había sido un completo estúpido! Scorpius nunca había pedido permiso para ir a jugar a casa de alguien, y él, completamente confiado y aturdido con los asuntos que lo habían estado agobiando en esos días, no fue lo suficientemente inteligente como para pedir más datos a su vástago. Simplemente por el hecho de que eso que estaba sucediendo, nunca se le había cruzado por la cabeza.
Suspiró, llevándose una mano a la frente, en un intento por tranquilizarse. Quizás la Weasley había convencido a Ha… Potter, de vender la antigua mansión de los Black, después de todo habían pasado diez años. En diez años podían pasar muchas cosas, lo sabía por experiencia propia. Realmente la probabilidad de que su hijo y el de él, fueran amigos era remota. Tendría que ser una verdadera obra del destino ―o un juego cruel de una persona perversa― para ser realmente posible.
Con esa idea en mente cruzó la reja del jardín, sintiendo cómo unas fuertes barreras de magia analizaban cada parte de su ser. Que éstas tuvieran un ligero toque familiar únicamente sirvieron para ponerle los nervios de punta otra vez. Esperó frente a la puerta, sabiendo que los dueños de la casa ya eran conscientes de su presencia.
El corazón se le fue al piso, al ver una sonriente réplica en miniatura de la persona a la que no quería ver, bajo ningún concepto o circunstancia.
―¡Hola! ―dijo el pequeño niño, haciendo brillar sus ojos verdes― Scorpius está esperando con mi papá, en la sala.
Draco no pudo regresar el saludo; la inquieta mano de mini Harry había tomado la suya y ahora lo jalaba hacia el interior de la casa.
o.o.o.o.o.o.o.o.o
Harry caminaba de un lado a otro de la habitación, siendo consciente de las miradas curiosas que Scorpius le dirigía. Aparentemente todo esto le resultaba fascinante al niño, pues no había dejado de sonreír desde que su padre había regresado a ese jodido medallón. Unos pasos suaves se escucharon por el corredor, sacándolo de sus pensamientos.
Cuando alzó la mirada, Draco Malfoy estaba frente a él, de la mano de su hijo.
―B-Buenas tardes… ―saludó el rubio, aparentemente tan consternado como el mismo.
―B-Bienvenido… ―contestó Harry en el mismo tono, sintiendo cómo aquel lazo entre ellos comenzaba a tensarse rápidamente.
Ninguno de los dos se dio cuenta de que Scorpius rodó los ojos, impaciente ante la actitud de los dos adultos, quienes al parecer habían perdido el don del habla por un rato. Suspiró, levantándose del cómodo sofá en el que había estado sentado, observándolo todo y finalmente se acercó a su padre.
―Hola, papá… ―dijo el pequeño con una sonrisa, aunque realmente le estaba sonriendo a Albus, quien aparentemente no se había dado cuenta de nada, pues estaba muy ocupado admirando a su padre―. Soy tan feliz de que ya conozcas a Albus, mi pgimeg amigo en Londges.
Draco paseó su mirada entre los dos pequeños, para después pasarla a Harry y después repetir el proceso, al menos dos veces más. Se llevó una mano al rostro esperando que Merlín, Morgana y quien fuera, pudiera ayudarle a sobrellevar la situación con la mayor dignidad posible. Definitivamente tomar a su hijo y huir como un cobarde no era algo a lo que estuviera dispuesto a llegar, aunque la idea era realmente tentadora.
―Es un placer conocerlo, señor Malfoy ―dijo el pequeño Albus, dedicándole una radiante sonrisa mientras apretaba un poco más su mano―, Scorpius me ha hablado mucho de usted.
―Oh… ―dijo Draco con una sonrisa, contagiado por la alegría del pequeño; se arrodilló un poco, tratando de quedar a su altura ― el placer es todo mío, muchas gracias por cuidar de Scorpius.
Harry carraspeó, tratando de llamar la atención de los niños, pero principalmente, la de Draco quien huía de cualquier contacto visual con él. Eso le molestaba. Avanzó un paso, logrando que los tres alzaran el rostro hacia él. Albus sonrió aún más, si es que eso era posible, y jaló a Draco hasta dejarlo justo frente a Harry, a escasos pasos de él.
―Mire, señor Malfoy ―dijo el niño con una sonrisa ―este es mi padre, Harry Potter ―giró hacia Harry, fascinado ―mira papá, ¿no es igualito a Scorpius?
Draco alzó la mirada, diciéndose a sí mismo que este encuentro no tenía por qué ser algo importante, simplemente era por sus hijos. Albus había sido amable con él y con Scorpius, no tenía por qué ser grosero y desairar al pequeño que desconocía por completo la historia que él había compartido con su padre; menos aún, cuando el propio Harry Potter no recordaba nada de ello.
Cuando su mirada chocó con los ojos verdes de Harry, un enorme hueco se abrió paso en su estómago. Ahí estaba, ese extraño sentimiento que lo había atormentado cuando se habían encontrado en el ministerio, días atrás. Lo peor de todo, era que la mirada de Potter le daba a entender que él también lo sentía.
―Sí, lo es ―dijo Harry mientras sonreía y extendió la mano hacia el rubio, en un gesto bastante amistoso, aparentemente ―. Hola, Malfoy… es un placer volver a verte.
―G-Gracias… ―contestó Draco, poniendo todo de sí para no balbucear como un imbécil mientras estrechaba su mano con la de Potter―. Espero que Scorpius no te haya causado demasiados problemas.
Harry sonrió nuevamente, dándose cuenta de que Draco intentaba soltarse. Lamentablemente para él, no tenía la más mínima intención de hacerlo, al menos no por ahora.
―Para nada, por favor ni siquiera pienses en eso ―dijo el moreno con diversión, haciendo que sus ojos verdes brillaran con aun más intensidad. ― Ponte cómodo, ¿quieres algo de beber?
Draco negó con la cabeza varias veces, intentando zafarse del agarre del auror.
―Lo siento, pero esta noche tenemos un compromiso y debemos ir pronto a casa para alistarnos… ―desvió la mirada hacia Scorpius, quien alzaba una ceja de forma interrogativa ―, toma tus cosas, cherie, debemos irnos.
El pequeño obedeció, no sin antes entrecerrar los ojos. Se acercó a los adultos, notando cómo su padre se movía, completamente nervioso.
―Oh, papá ―sonrió inocentemente, ganándose una mirada aterrorizada de su progenitor―, he de decigte que Albus me enseñó su bici… bici… ―pensó por un momento, para después girarse hacia Albus.
―Bicicleta ―dijo Albus con una sonrisa.
―Oh sí, eso… quiego que me compges una, papá―giró hacia su padre, ensanchando aún más su sonrisa cuando desvió su mirada hacia Harry ―; el señog Potteg me ha dicho que puede llevagnos a la misma tienda en donde compgo la de Albus.
―¿Eh?
Fue todo lo que salió de los labios de Draco, quien había dejado de luchar por liberarse del apretón de manos de Potter. Tenía que ser una broma, ¿verdad? Lamentablemente para él, la sonrisa de Scorpius, mitad dulce mitad amenazadora, le daba entender todo lo contrario.
Para leer una versión estilizada y con ilustraciones, favor de seguir el siguiente link: h t t p : / / sui-tan . livejournal . com / 15863 . html
¡Hola a todas!
Aquí les dejo el capitulo seis, espero que les haya gustado. A mi parecer, este es el capitulo que me ha puesto los nervios de punta; miren que juntar a Harry y Theo y después de eso a Draco no fue nada fácil. Mis pobres neuronas casi se derriten orz
Como siempre, no hay palabras que expresen la gratitud que siento por mi beta motoko_cydalima :3
Mil besos a todas, tengan un hermoso fin de semana
