Seeley Booth llegó a su apartamento con un montón de ideas abrumadoras en la cabeza.
Se despatarro en el primer sillón de la estancia, las luces estaban apagadas y la única luz se colaba por la ventana.
Jamás había tenido tantas cosas en que pensar, tantas preocupaciones, pero tampoco se había sentido tan...orgulloso de sí.
Había descubierto que una niña de quince años era su hija, pero lo peor de todo era que se lo habían ocultado.
Recordó vagamente el rostro de Aimeé, como su ceja se arqueba cada vez que algo le parecía interesante, como cuando sonreía se le marcaban dos hoyuelos, como cuando sus miradas se encontraban el veía sus mismos ojos con expresión inteligente. Se sentía totalmente fascinado por cada movimiento de esa pequeña miniatura suya.
Exactamente: ella era suya. O al menos, eso quería creer.
Sí a él lo hubieran dejado habría sido el padre perfecto para esa niña, pero aunque no lo dejaran, estaba dispuesto a hacer lo mejor posible.
El mundo le daba vueltas y nada parecía tener el menor sentido.
Existia la posibilidad, aunque él no quisiera sopesarla, de que ambos tuvieran un buen vínculo padre-hija que, al final, resultaría más decepcionante para ambos al finalizar el mes, cuando ella volviera a California.
No quería pensar que solo tenía treinta días para aprovecharlos al máximo antes de tener que decir adiós a su hija que, en realidad, era poco más que una extraña para él, y aún así, deseaba poder estar con ella.
Sin contar que el regreso de Temperance había puesto patas arriba su mundo en menos de un día.
La antropóloga ni siquiera parecía interesarse en él en lo más mínimo, como si esa amistad que los había unido se hubiera disipado.
Pero, para él, ni su amistad ni mucho menos el amor que le profesaba habían desaparecido, al contrario, al volver a verla ese sentimiento protector y el amor que sentía por ella se había intensificado.
Mas había asuntos importantes que atender ahora que Temperance había vuelto, asuntos demasiado importantes como para dejarlos pasar.
¿Seeley?-una voz provenia desde la habitación al final del pasillo-Sé que eres tú. ¿Porqué aun no has pasado?
Booth ni siquiera tenía ganas de levantarse del sillón en que se había dejado caer cuando llegó, quería seguir sumido en sus pensamientos para ver si, por fin, podría poner un orden en su vida.
Caminó pesadamente por el corredor, guiado por la tenue luz que llegaba desde la habitación.
No volteó a ver nada, simplemente se tumbó boca abajo sobre la cama, hundiendo su cara en la almohada.
A ti te pasa algo, ¿Porqué no me lo cuentas?-una mano se deslizó con parsimonia sobre su espalda.
Él no respondió, ésa era la última persona con la que quería hablar.
No creo que entiendas, por el momento quiero estar solo-la voz sonaba ahogada por las gruesas almohadas.
Creo que puedo tratar de entender-insistió.
Claire, te agradecería mucho si en este momento me dejaras solo y guardaras silencio-ella solo asintió, sin hacer ningún ruido.
Tal vez había herido sus sentimientos. No le importaba, honestamente. Sería hipócrita si se levantara y le pidiera perdón.
Con mucho esfuerzo, se quedó dormido, sumido totalmente en un sueño intranquilo del que quería despertar, sin mucho éxito.
Al día siguiente Booth se despertó tarde, no había alcanzado a escuchar el despertador.
Desayunó a la carrera, tomó una ducha rápida y se vistió como pudo, todo en menos de veinte minutos.
Manejaba su SUV sin poner mucha atención en el camino.
Tenían que atender un caso bastante importante, el mismo por el cual habían mandado llamar a Temperance.
Cuando llegó al Jeffersonian vió a Ángela dibujando distraída en una hoja, a Zach haciendo ecuaciones con un marcador sobre un cristal y a Aimeé sentada en silencio, leyendo con atención un grueso libro.
Hola a todos-saludó cuando estuvo más cerca, todos respondieron a su saludo con entusiasmo.
Brennan salió de detrás de la plancha metálica, donde sin duda había unos huesos bajo la manta blanca.
Sus miradas se encontraron, la antropóloga sintió una especia de descarga eléctrica, con lo que consiguió que sus mejillas se pusieran de un brillante tono rosáceo, cosa que hacía años no le ocurría.
Ninguno rompió el contacto visual, era como si el tiempo se hubiera detenido y solo existieran ellos dos en un instante perfecto.
Más los momentos perfectos no duran eternamente.
¡Seeley!-una voz bastante aguda había roto el silencio que se había formado, y también había roto su pequeño instante.
Buenos días señorita Donovan-saludó Zach ante la mirada de la chica, él rodó los ojos, no le agradaba para nada esa mujer.
Claire...¿¡Qué haces tú aquí!?-Booth se sentía enfadado, indignado, molesto, avergonzado, sin palabras.
Ayer no estabas especialmente entusiasmado para hablar y hoy saliste tan apresurado, pensé que era buena idea venir a verte-abrió desmesuradamente los ojos.-Espero que no te moleste-se acercó y le dió un beso rápido.
Sólo se escuchó el estallido de un cristal.
Brennan había apretado una bandeja con tanta fuerza que la había partido en pedacitos.
Temperance no podía sentir el cristal que tenñia incrustado en la palma de la mano, ni la sangre que le escurría entre los dedos.
Sólo podía sentir una oleada de celos y furiosos ramalazos de ira.
Temperance tenía ahora un nuevo objetivo. Tenía que quitar de su camino a Claire Donovan.
Bones: Kathy Reichs, FOX.
