Desprotegido
- Qué callado te lo tenías¿eh? – le dio un codazo Ichigo. – Lo admito, estaba equivocado. – se dirigió a sus amigos. – Lo siento, chicos.
La "chica" de Renji se aproximaba a ellos caminando muy despacio y ligeramente inclinada hacia un lado, a punto de tropezarse con sus propios tacones. La amplia falda de su vestido se ondulaba con cada movimiento, como si fuera una bailarina. Keigo y Mizuiro siguieron sus pasos con los ojos desorbitados y la mandíbula desencajada, examinándola de arriba abajo. A Renji se le pusieron los pelos de punta.
- ¡Vaya, es bastante alta! – la admiró Mizuiro.
- ¡Qué cuerpazo! – agregó Keigo. – No es como las demás, tiene un puntito de misterio... Oh, pero no alcanzo a verle la cara...
La chica, que poco a poco iba cogiendo el truco a caminar con los zapatos, cuyo tacón debía superar los cuatro centímetros de altura, sonreía enseñando la blanca y cuidada dentadura, sumergido el resto del rostro en la sombra del sombrero. Una oportuna ráfaga de viento estuvo a punto de mostrar su cara echando el sombrero hacia atrás, pero ella lo advirtió a tiempo de sujetarlo con una mano y correr torpemente hacia Renji, apretándose contra su pecho y dando la espalda a los otros chicos.
Renji no daba crédito a lo que estaba viendo. Estaba tan impresionado que ni siquiera había sentido la fuerza con la que "su chica", es decir, Byakuya, había arremetido contra él en un intento desesperado por no delatarse. ¿Cómo había logrado dar un cambio tan radical en tan poco tiempo¿Acaso lo tenía ya preparado para una "emergencia"? Pensándolo fríamente, era una idea completamente absurda y disparatada.
- Ji, ji... – soltó una aguda risita, tímida, obviamente fingiendo.
Ichigo, que se había fijado en la evidente anchura de sus hombros y los notablemente desarrollados músculos de sus brazos, intentó verla mejor por encima del hombro de Renji, pero la chica bajó la cabeza. Ichigo se rascó la cabeza, pensativo. Renji tragó saliva y Byakuya respiró hondo, nervioso.
- No será un tra... – sugirió Ichigo, pero antes de que terminara la frase sus amigos le taparon la boca con las manos.
- ¡Ichigo, por favor! – le reprobó Keigo, moviendo la cabeza de un lado a otro. - ¡Si es una ricura!
- ¡Sé más cortés con ella! – le exigió Mizuiro. - ¡No puedes ofender así a una dama de buenas a primeras!
Renji sintió cómo el cálido aliento de Byakuya se pegaba a su piel, atravesando las fibras de su camiseta de algodón. Lo observó y comprobó que estaba muy tenso. Mantenía los ojos cerrados con fuerza y el sudor recorría sus mejillas, resbalando desde su frente. Renji trató de darle seguridad y apoyo rodeándole con un brazo.
«Esto no está bien.» pensó Renji. «No es seguro, no podrá soportar la situación largo rato. Es muy arriesgado quedarse con ellos.»
- Y dime, princesita¿cuál es tu nombre? – se le acercó inesperadamente Keigo.
La chica dio un respingo y se aferró con fuerza a la camiseta de Renji, casi temblando. Luego carraspeó ligeramente y levantó la mirada hasta encontrarse con los ojos de Renji, quien decidió intervenir tras captar la indirecta.
- Es... es muy tímida. – aclaró. – Se llama Bya... – alarmado, cerró la boca para evitar el error, y después prosiguió. – Se llama Bianca.
- ¡Oh, qué nombre tan bonito! – exclamó Mizuiro, apartando a Keigo de un empujón. Bianca, asustada, se refugió aún más en los brazos de Renji. - ¡Hola, Bianca¡A mí puedes llamarme Mizuiro¡Si lo deseas, puedes añadir un cariñoso "-kun" al final!
- Ho... – Bianca se aclaró la voz para lograr el tono agudo de antes. – Hola...
- ¡Kawaiiiii! – chillaron Keigo y Mizuiro al unísono. El suelo pareció temblar por un segundo. - ¡Préstanosla¡La trataremos con cuidado¡Por favor¡Haremos lo que tú quieras!
A Byakuya se le había acelerado la respiración, y Renji notaba su pecho hinchándose y deshinchándose con cierta dificultad. Lo soltó un poco para que pudiese coger más aire, pero aún así la presión era excesiva. De cualquier forma, no podían permitir ningún descuido que desvelara su mentira.
«Mierda, tengo que sacarlo de aquí. Ha ido demasiado lejos, y estos dos son como viejos verdes... Además, por ahora está dando el pego, pero Ichigo no se lo termina de creer. Nos descubrirá...» reflexionó Renji.
- ¡Oh, no! – se lamentó dramáticamente, echando un vistazo a su muñeca. – Tendréis que disculparnos. ¡Llegamos tarde, Bianca! – echó a correr, tomando a Byakuya de la mano. Éste tuvo que apoyarse en las puntas de los pies para no caer de bruces al suelo. - ¡Hasta otra, chicos!
- ¡Hey, esp... ¡ - gritó Ichigo, dispuesto a ir tras ellos.
- ¡Déjales, déjales! – se apoyó Keigo en su hombro, suspirando. – Al fin y al cabo, teniendo una novia tan guapa como ella, lo normal es querer estar a solas...
- ... los dos juntitos, cogidos de la mano... – continuó Mizuiro, en el otro hombro de Ichigo. – susurrándose palabras de amor, besándose...
- ¡Qué desgraciado soy! – lloriqueó Keigo.
- ¡Y yo soy igual que tú! – lo compadeció Mizuiro.
- ¡Eh, qué me estáis jodiendo la camisa! – gruñó Ichigo. - ¡Vale ya de llorar, me la vais a llenar de mocos!
- ¡Busquemos unas Biancas para nosotros! – señaló Keigo al frente, levantando la cabeza.
«Lo cierto es que esa chica me resultaba familiar.» comentó Ichigo para si mismo. Sus amigos abordaban a unas chicas desconocidas, intentando halagarlas con palabras bonitas, aunque lograban el efecto contrario. «Ese pelo negro, el tono de la piel, la voz... ¿de qué me suena?»
Cuando cayó en la cuenta, sintió el impulso de pegarse una bofetada para comprobar que no estaba soñando.
Renji esperó con los brazos cruzados sobre el pecho mientras Bianca volvía a ser Byakuya en los lavabos. Tardó menos de lo que Renji esperaba, y en unos tres minutos estaba a su lado, colocándose el cuello y las mangas de la camisa. Renji se desprendió de la chaqueta del traje y se la devolvió. Byakuya la aceptó sin decir nada. Después se alejaron poco a poco de la feria, perdiéndose por unas calles que desconocían. Renji, sin decir ni una sola palabra, se comportaba como si estuviera solo, todavía de brazos cruzados. Byakuya lo contempló mientras paseaban, buscando algún indicio que le permitiera averiguar qué sucedía.
- ¿A qué viene esto? – habló, caminando de espaldas frente a él. Renji desvió la mirada. – Mírame y dime qué te sucede.
Los faros delanteros de un coche envolvieron la calle en un resplandor amarillento, y después volvieron a estar a solas con la luz de la luna. El cielo estaba ligeramente más despejado que unas horas antes. Algunas estrellas asomaban en puntos aislados.
Renji se llevó las manos a la cabeza y exhaló aire pesadamente, con la vista fija en el suelo, sin dejar de andar.
- Esto no es un juego. ¿Te das cuenta de lo que acabas de hacer? – se lamentó con voz grave.
- No te preocupes. – sonrió Byakuya, y sus dientes brillaron con la luz nocturna, tenue y azulada. – Puedes reírte si te apetece, no te voy a hacer nada. Sé que ha sido gracioso. Yo mismo he estado a punto de dejar escapar alguna que otra carcajada con lo de...
- ¡No es eso, Byakuya! – gritó Renji, perdiendo los nervios y parándose en medio de la acera. - ¡No me hace ninguna gracia, joder!
- Renji¿por qué te pones así por esta tontería? – arqueó las cejas Byakuya.
- ¿Qué por qué¿No te das cuenta? – Renji levantó la cabeza y Byakuya se estremeció al ver una película acuosa cubriendo sus ojos. - ¡Yo tampoco quiero perderte! – chilló de manera atropellada, apretando los puños. – Byakuya... – dio unos pasos al frente y posó las manos sobre sus hombros. – No quiero que pongas tu imagen en peligro. Sabes que yo...
- Sí, lo sé. Sé que no puedo utilizar este disfraz constantemente. Es degradante, y me he sentido ridículo, pero estoy harto. – Renji pestañeó, confundido. – No me he vuelto loco. Sigo siendo el mismo Byakuya de siempre, sobrio y reservado, pero por un día ha sido agradable cambiar y no huir cuando alguien conocido nos ve juntos.
- Pero ha sido una imprudencia. – sentenció Renji, aún molesto. – Quién sabe si...
- Creía que tú eras el impulsivo. ¿No crees que ha sido brillante? Y encima lo he hecho en el momento justo. – bromeó Byakuya. Renji abrió la boca y cogió aire para decir algo. - ¿Piensas que podrían haberme descubierto? Bueno, hay peligro en todo lo que hace un capitán. Aunque admito que ésta ha sido de mis peores misiones.
- No deberías haber hecho nada de esto. Todavía no estamos preparados... – Renji se llevó una mano a la cara y se masajeó el puente de la nariz con el índice y el pulgar. – Vuelve a la Sociedad de Almas, y vete a casa. Yo me encargaré de que se olviden de Bianca.
- No.
- ¿Qué dices?
Renji retrocedió un paso hacia atrás y despegó la mano del hombro de Byakuya.
- Que no. – repitió Byakuya, girando la cabeza hacia un lado. – No me voy a ir. He sido demasiado difícil preparar todo esto.
- Pues me iré yo. – le advirtió Renji. - Disfruta del resto de la noche tú solo. Ten cuidado.
Pasó junto a Byakuya rozándole levemente con el hombro, y comenzó a subir una cuesta muy empinada en cuyas baldosas se dibujaban las sombras de los árboles plantados junto al camino. Su propia sombra se hizo más larga a la luz de una potente farola que alumbraba la zona superior de la cuesta.
- Te necesito. – se oyó la voz quebrada de Byakuya. Renji se paró a medio camino. – Ya te lo he dicho. No te vayas.
- Nos van a perseguir, y te verán. – dijo Renji, dándole la espalda.
Byakuya se dio la vuelta y se caminó sigilosa pero rápidamente hasta situarse detrás de Renji.
- Entonces estarás ahí para protegerme, como lo hiciste antes. – apoyó la cabeza en la espalda de Renji, quien suspiró. – Me cubrirás con tu cuerpo, evitarás que me vean y, si dicen que soy Kuchiki Byakuya, lo negarás hasta que se te seque la boca. Lo sé.
- No te puedo proteger de todo. – discrepó Renji, inclinando la cabeza hacia atrás, entrecerrando los ojos para soportar la luz directa de la farola.
- Si estás junto a mí, está todo solucionado. No tengo miedo.
- Pero no siempre...
- Ya, ya sé que nunca podrás estar ahí, como también soy consciente de que llegará un día en el que no podamos ocultarlo por más tiempo y estallará el escándalo. Es inevitable, los secretos así no pueden ser eternos.
- Te juegas demasiadas cosas.
- Eso es cierto. Pero contigo no pienso jugar.
- Todo es muy complicado: nuestro rango, tu posición, el resto de shinigami... podríamos perderlo todo, y no nos dejarán vivir en paz.
- Todas esas cosas no me importan, si te tengo a ti. De alguna manera podremos...
- Será mejor que no te arriesgues más así. No te pido que lo dejemos, solo quiero una promesa.
Byakuya permaneció en silencio y respiró hondo, a la espera de las palabras de Renji.
- Prométeme que no volveré a ver a Bianca.
En principio, Byakuya pensó que era una broma, pero el tono serio de Renji indicaba lo contrario. Lo consideró unos instantes y decidió que él tenía la razón. No lo había meditado lo suficiente.
- Perdóname. – se disculpó. Renji se giró y lo abrazó. – No lo volveré a hacer. Tienes toda la razón, no he sido prudente. Un noble no debería actuar así.
- Idiota. – Renji besó su pelo. – No lo decía por eso. Aunque, pensándolo bien... – Byakuya se sintió reconfortado al percibir de nuevo el tono desenfadado de Renji. – Estabas realmente sexy, Bianca.
- ¡Cuidado con lo que le dices a tu capitán! – le regañó Byakuya, estrechando sus mofletes con una mano. - ¿Y no decías que no querías que me volviese a disfrazar de mujer?
- No en público. – declaró Renji, con los labios deformados y salidos hacia fuera.
A lo lejos se oyó una pequeña explosión, y ambos miraron al cielo, como hipnotizados. Por unos instantes, la calle pareció cobrar vida.
¡Muchas gracias por leer!
¿Qué tal el capítulo? El próximo ya es el último :)
Espero que os haya gustado, y mil gracias por las reviews que me dejáis, así da gusto ;D
Mata ne!
