Como siempre, lamento el hiatus en que había caído la historia. Y como siempre, ya saben que mi compromiso es terminar mis historias, aunque sea a paso lento.
Capítulo 5. Después del ataque
Los días después del ataque consistieron en un tedioso encierro en La Madriguera. Con las protecciones reforzadas, era poco o nada lo que podían hacer y dejarse ver en público simplemente era un intento de suicidio. La paranoia comenzó a sentirse en todos. Los que salían de sus casas eran porque tenían la necesidad de presentarse a trabajar, aunque la mayoría de establecimientos comerciales permanecían casi desiertos.
El ataque fue bien planificado y causó la muerte de varias personas que se encontraban haciendo compras antes de que sus hijos regresaran al colegio. El Ministerio se vio sobrepasado, no solo porque tenía que responder a la emergencia, atender heridos, niños perdidos y sofocar negocios en llamas; sino porque las explosiones fueron tan fuertes, que causó alarma entre los muggles de los alrededores, quienes a su vez llamaron a las autoridades para reportar las explosiones y los incendios, llenando la zona de policías y bomberos.
Además de los aurores, el Departamento de Accidentes y Catástrofes en el Mundo de la Magia trabajó al completo, sobre todos los Desmemorizadores y el Comité de Excusas para los Muggles, que fueron distribuidos varias cuadras a la redonda del callejón y lograron con éxito que todo el alboroto fuera considerado por los muggles como una broma de mal gusto.
Dos días después, una lechuza desconocida llegó a La Madriguera. Todos estaban en el salón, pues terminaban de almorzar y recién se habían levantado de la mesa. La carta era inofensiva, puesto que había pasado las protecciones colocadas por Bill para evitar ser agredidos a través de la correspondencia.
Ron y Harry prácticamente se precipitaron sobre el ave, causando que todos les vieran con sospecha. El pergamino iba dirigido a Ron y el chico pudo sentir como su amigo exhalaba un suspiro abatido.
Desató la carta con manos un poco temblorosas y todos se quedaron pendientes de la reacción del pelirrojo, quien solo se la guardó en el bolsillo. El ave tenía instrucciones de no esperar respuesta, porque recibió un trozo de tocino y alzó el vuelo saliendo por la ventana de la cocina.
Bajo la atenta mirada de sus padres, Ron se disculpó y se fue a su habitación. No reconocía la letra, pero cuando abrió el pergamino, otra carta más minuciosamente doblada se desprendió de su interior. Y entonces, sí reconoció la caligrafía de la remitente.
Ron,
Me encuentro bien. Daphne es de confianza. Por favor, respóndeme a través de ella. No podrá enviarme tus cartas, es muy peligroso, pero sí podrá hacerme llegar tus mensajes. Debemos ser muy cuidadosos, pues mi padre colabora directamente con Quien Tú Sabes. Ha cedido la mansión para uso de los mortífagos. Yo no he buscado adónde irme porque no quise dejar sola a mi madre y a él le puede parecer muy sospechoso. Trataré de irme a otro lugar en unos días, cuando salga a un supuesto viaje de negocios. ¡Estoy muy asustada! Lo único que me sostiene y me hace seguir adelante eres tú. No me dejes sola.
P.
Si bien Ron estaba aliviado de saber que Pansy estaba bien, le preocupó muchísimo que ella no firmara la carta con su nombre. Significaba que le temía lo suficiente a su padre como para tomar esas protecciones.
Pasados unos minutos, unos suaves toques sonaron en la puerta. Eran Harry y Hermione.
—¿Todo bien? —preguntó Hermione.
—Digamos que sí. Ella se encuentra bien, pero vive junto al enemigo —respondió.
—¿Su familia colabora con Quien Tú Sabes? —preguntó Harry con interés.
—Su padre es colaborador directo—explicó con desaliento y Hermione abrió sus ojos con sorpresa—. Está esperando que él salga de viaje para poder irse a casa de unos amigos.
—Debes ser muy cuidadoso con las cosas de la Orden, Ron —le recomendó Hermione.
—¿Por qué? ¿Crees que puede traicionarnos? —le increpó sin poderlo evitar.
—¡Yo no he dicho tal cosa! —Se exaltó a su vez Hermione muy ofendida—. ¿No ves que entre más cosas ella sepa, la colocas en más riesgo? ¿Qué crees que sean capaces de hacerle si se dan cuenta que posee información valiosa? ¡Son especialistas en Legeremancia!
—¡Lo sé, Hermione! Es solo que me siento tan impotente…
—No solo tú, colega —afirmó Harry—. Al menos ya sabes que se encuentra bien.
Ron palmeó a su amigo en la espalda a modo de silencioso apoyo. Sabía que Harry también estaba a la espera de noticias y por la manera ansiosa que se comportaba, su situación era bastante similar a la de su pelirrojo amigo, la única diferencia era que se trataba de un chico.
Esa noche, Ron y Harry fueron despertados por un picoteo en la ventana. Era una lechuza desconocida y en cuanto la dejaron entrar, se fue directa a donde estaba Harry. Por mera precaución, le lanzaron un par de hechizos para comprobar que no tuviera ninguna maldición ni nada por el estilo. Y solo entonces, el chico se dispuso a abrir el pergamino.
Lo leyó con avidez.
—Está a salvo —le reveló aliviado. Viendo salir a la lechuza por la ventana, era obvio que le habían dado instrucciones de no esperar una respuesta. Por precaución, Harry quemó el pergamino.
—Me alegro —dijo Ron, regresando a su cama—. Ahora ya podrás dormir tranquilo.
—Eso quisiera, Ron. Pero él también se encuentra en una situación comprometida, quizás mucho más que tu chica.
—No se lo digas a Hermione, ya viste como se puso esta mañana cuando hablé de su familia.
—Lo sé…—respondió con un poco de desaliento a la sugerencia de su amigo, mientras cerraba la ventana de la habitación. Se quedó viendo un momento hacia la oscuridad.
—No quiero sonar desleal, sabes que no es así, ¿pero estás seguro de que no se trata de una trampa de Quien-Tú Sabes?
Harry regresó a su cama en completo silencio y se acostó de nuevo. Tan callado y pensativo estaba que Ron pensó que lo había ofendido con su pregunta, decidiendo mejor no insistir en el tema. Si Harry le hacía algún reclamo, tendría que comprender que no podrían ayudarlo si estaban en completa ignorancia de la relación, al menos debían saber lo básico.
—He hecho mis averiguaciones, Ron, de manera muy discreta —le confesó al fin—. Y, ¿sabes qué? Voldemort jamás habría hecho un encargo de esa naturaleza.
—¿Cómo puedes estar tan seguro? Lo que quiere es deshacerte de ti. Y para alguien de su calaña, el fin justifica los medios.
—Estoy convencido de que no es una trampa porque descubrí que es el mayor homofóbico que te puedas imaginar —afirmó y Ron se asombró tanto con la declaración que se sentó de nuevo en la cama y se volvió para encarar a su amigo—. Eso para comenzar. Y en segundo lugar, porque nadie sabe que yo prefiero hombres. A excepción de mi… bueno de él, Hermione y tú.
—Un momento, ¿cómo demonios sabes eso de Voldemort? —cuestionó Ron y Harry le vio con una sonrisa irónica pintada en el rostro.
—Lo sé porque he puesto atención a los detalles y aunque Hermione piense que no es así, he aprendido a leer a fondo el periódico y no me refiero solo a leerme las noticias. ¿No te parece que es mucha casualidad que de la gran mayoría de las personas asesinadas por mortífagos fueran homosexuales? —le preguntó Harry a su vez. Ron se sentía cada vez más perdido con esta conversación y sentía que no estaban llegando a ninguna parte.
—Pero todos los atentados han sido contra Miembros del Wizengamot o contra altos puestos dentro del Ministerio —exclamó.
—De acuerdo, Ron. Pero, ¿por qué no escogió a algún miembro de Wizengamot que fuera hetero? Hay muchos que no están de acuerdo con sus ideas de la purificación de la sangre.
—¿Cómo lo descubriste?
—Leyendo los obituarios —le confesó y cuando vio la expresión escéptica de Ron, exclamó—: ¡Es en serio!
Entonces se levantó, tomó su mochila del piso y sacó una carpeta llena de recortes de periódico. Los extendió sobre su cama ante la atenta mirada de Ron, quien pudo comprobar que lo que decía Harry era verdad. Más de la mitad de las personas que los mortífagos habían matado o desaparecido en esa última temporada tenían pareja de su mismo sexo. Incluyendo la bomba del Callejón Diagón, pues era de todos conocidos que Madame Malkin tenía una esposa, quien por cierto era pariente cercana de Ernie McMillian.
—Mierda.
—Sí, mierda. Lo mismo dije yo cuando me di cuenta. Al principio pensé que estaba viendo cosas de más y lo que hice fue buscar los obituarios de los primeros asesinatos. En todos era lo mismo: la mayoría tenía pareja era del mismo sexo.
—Creo que es conveniente que se lo comentemos a Hermione. Puede sernos de utilidad más adelante
—Sí, tienes razón —convino Harry. Se quedó en silencio unos segundos como pensándose si debía o no desahogarse más con su amigo. Luego añadió—: Él me preocupa muchísimo, ¿sabes? No sé que pueda pasarle si Voldemort se entera. El solo hecho de ser gay puede ser su sentencia de muerte. Y gracias a Merlín que es muy bueno en Oclumancia.
—¿Tan cerca está del Señor Tenebroso? —preguntó Ron un poco sorprendido por ese detalle. Pensaba que la pareja de Harry estaba en peligro pero no se imaginó que pudiera ser un mortífago de la segunda generación. Su amigo le vio como pillado en una falta muy grave.
—Sí —confesó.
—Espero que sepas en lo que te estás metiendo.
—Ron, ya les expliqué que los dos estábamos igual de aturdidos al darnos cuenta de la atracción mutua.
—Dime, ¿es ya un mortífago activo?
—Sí. Está marcado desde las vacaciones de Navidad.
—Mierda, Harry… —Ron no sabía qué decir porque ahora que conocía ese detalle, sentía que la relación de su amigo era un gran desatino, aunque también sabía por experiencia que uno no decidía de quién enamorarse—, la verdad no sé qué decirte, solo que tengas muchísimo cuidado, no sea que esto se vuelva en tu contra.
Luego de esa revelación, los chicos decidieron volver a dormirse.
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A la mañana siguiente, los dos bajaron tranquilos y se sentaron a la mesa a la espera del suculento plato de desayuno que siempre les servía Molly. A ambos les extrañó ver a Dumbledore y a Remus en La Madriguera a esa temprana hora. Los saludaron con alegría porque siempre eran bienvenidos a la casa de los Weasley y la mesa era lo suficientemente grande como para incluir más comensales.
En La Madriguera todos se levantaban temprano, así que los chicos habían bajado a desayunar a la misma hora en que lo hacían Arthur y los hijos mayores que estaban por marcharse a sus respectivos empleos. La mesa estaba llena de gente. Incluso Hermione y Ginny ya estaban allí ayudando a Molly a alimentar a todos los que allí estaban.
Todos conversaban de forma amena. Sin embargo, Ron comenzó a ver que Dumbledore, Remus y su padre intercambiaban miradas constantemente. Aparentaban estar tranquilos y joviales, pero algo extraño comenzaba a sentirse en el ambiente. Y era algo que todos notaron. Más pronto que tarde, los hermanos mayores se despidieron para despejar el ambiente y al final solo quedaron los jóvenes junto a los tres hombres. Molly también estaba en la cocina.
—Ayer, las protecciones nocturnas se activaron a causa de una lechuza desconocida —comenzó Dumbledore. Los cuatro jóvenes, incluida Ginny, permanecieron impasibles, sin dejar pasar nada por sus rostros—. Es obvio que no transportada nada peligroso, puesto que pudo pasar, pero creo necesario reiterarles que estamos en una situación muy difícil. No debemos ser irresponsables…
—No creo que desear estar comunicados con nuestros amigos nos convierta en irresponsables —rebatió Ginny con decisión.
—¡Ginny! Esto es muy serio —la reprendió su madre.
—¡Y yo lo sé! La guerra no es ningún juego, sin embargo creo que protección no debe ser igual a aislamiento —replicó cruzándose de brazos de manera obstinanda.
—Ginny, querida, los jóvenes a veces no saben medir las consecuencias de sus actos —habló Remus en un tono tan condescendiente, que los cuatro jóvenes fruncieron más el ceño sin poderlo evitar ni disimular—. Los mortífagos no perderán ninguna oportunidad de atacarlos, sobre todo a Harry.
—Eso no es algo nuevo para mí —dijo a su vez Harry, bastante molesto con la situación—, lo he vivido desde que tenía año y medio. Aunque creo que ese no es el asunto principal de esta conversación, ¿creen que podemos dejar de perder el tiempo y nos preguntan lo que realmente quieren saber?
Los tres hombres le miraron sorprendidos y Molly tragó grueso. El tono de mando en la voz de Harry era incuestionable. El joven nunca había sido irrespetuoso, ni mucho menos impertinente, pero era obvio que ya no era un niño al que pudieran manipular con facilidad.
Albus Dumbledore exhaló con lentitud.
—Harry, queremos saber a quién pertenecía el mensaje y quién era el remitente.
—Eso en invasión de privacidad —afirmó Hermione con vehemencia.
—Estamos en una guerra, tenemos el derecho a saber si están metidos en una relación que pueda causar problemas en el futuro —le refutó Arthur.
—Ya veo, lo que en realidad quieren saber es si yo estoy en alguna relación con alguien —concluyó Harry.
—¿Y lo estás? —preguntó Dumbledore con interés.
—No —mintió con aplomo.
—¿Estás seguro?
—¿No cree que yo estaría enterado si tuviera una relación sentimental, señor? —Dumbledore tuvo la decencia de parecer un poco azorado.
—Bueno, sabemos que ayer Ron recibió una carta y Hermione está en una relación con Bill, por lo que no debe escribir a nadie fuera de esta casa —enumeró Arthur—. Entonces, por eso asumimos que quien recibió la lechuza fuiste tú, Harry.
—Pues se equivocaron —afirmó Ginny—, porque la lechuza me buscaba a mí.
—¿Estás segura, Ginny? —preguntó Arthur suspicaz con la reacción de su hija.
—Por supuesto, papá. ¿Es que solo los chicos de esta casa están supuestos a recibir correspondencia?
—Tú estás muy joven como para iniciar una relación seria.
—Tengo casi los diecisiete años, mamá. Por supuesto que ya estoy crecidita para tener una relación. A mí edad, papá y tú ya casi estaban comprometidos, no veo dónde está ahora el problema.
—¿Con quién te estás viendo, Ginny? —preguntó Dumbledore. Lo hizo con amabilidad pero se notaba que estaba un poco molesto por no haber podido sonsacar más a Harry.
—Con Dean Thomas, señor. Él ha estado escondido desde el ataque del callejón y no había recibido ninguna comunicación de su parte porque estaba en el mundo muggle cuando sucedió el ataque.
—¿Y cómo se encuentra?
—Ya está a salvo en la casa de Neville. Finalmente pudo llegar ayer y la abuela de Neville accedió a esconderlo, al menos hasta saber si podremos volver a clases o no. Su familia decidió no arriesgarse y se cambió de ciudad. Ayudarles a resolver cosas de la mudanza hizo que se tardara en buscar un refugio en el mundo mágico.
Ron estaba preocupado por Harry, aunque la verdad Ginny había hablado con bastante convicción. Su historia era coherente y hablaba con tal seguridad, que su hermano estaba convencido de que su historia era verdad… a excepción del pequeño detalle que la lechuza nocturna no había sido para ella. Dumbledore y Remus estaban en silencio. Sin embargo, era obvio que el director no estaba del todo satisfecho con la confesión de su hermana y que investigaría que todo lo dicho por ella fuera verdad.
Pero Ginny había logrado su objetivo, que era desviar la atención de sus padres y del resto de adultos que estaban en la cocina de La Madriguera.
Los días siguientes fueron bastante incómodos para Harry, porque notaba las miradas de todos los adultos sobre él. Nunca antes había puesto tanto empeño en la oclumancia como entonces y notó con cierta satisfacción cómo sus amigos cerraban un estrecho círculo a su alrededor, neutralizando cualquier intento de injerencia en su vida personal.
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Las cosas en casa de Pansy parecían sostenerse con precarias pinzas. Su padre andaba exaltado y emocionado por el ataque del Callejón y el consiguiente inicio de la guerra. Todo lo que hacía giraba en torno a su trabajo bajo las órdenes de Voldemort. Era algo escalofriante. Las habitaciones sociales de casa eran un continuo ir y venir de mortífagos, y su padre no cabía de orgullo porque su Señor lo había nombrado encargado de la logística. Se sentía como si tuviera un rango superior al resto.
En las habitaciones privadas el ambiente era otro. Su madre estaba preocupada y en varias ocasiones se la encontró cuchicheando con Lipsy. Ambas se callaban en cuanto Pansy ponía un pie en la habitación, cosa que le incomodaba pero en realidad poco podía inmiscuirse en los tejes y manejes de su madre. No podía negar que Sarah había sido muy hábil para mantenerse con vida y por ello confiaba tanto en su sentido común para manejar a su marido como en su secretismo para organizar las cosas.
Fue gracias a su madre que pudo escribirle a Daphne y por consiguiente a Ron, pues mandó las cartas a través de la elfina. Todas las lechuzas de la mansión eran meticulosamente revisadas al entrar y salir. Si no hubiera sido por su madre, Pansy habría quedado completamente incomunicada desde ese primer ataque.
Pasada una semana, cuando parecía que todo comenzaba a calmarse, Sarah la mandó llamar de urgencia a sus habitaciones. Ella entró diligente.
—Madre, ¿te encuentras bien? —preguntó preocupada. Le era imposible imaginarse lo peor cuando se dirigía a las habitaciones de Sarah.
—Sí —respondió y a renglón seguido añadió—, ¿tienes preparada la maleta de viaje y tu baúl de Hogwarts, así como te lo pedí?
—Sí, madre.
—Entonces es el momento de que te vayas a la mansión de los Greengrass.
—Pero, mamá...
—No me cuestiones, Pansy. Sé por qué te lo estoy pidiendo. Tu padre ha salido hoy de viaje y es imperativo que te vayas de la mansión. Corres mucho peligro aquí.
—¿Estás segura?
—Lipsy espía todo lo que puede de los mortífagos para mí y no me gusta la tentación que supones para ellos. Sin tu padre, no hay mayor control y no quiero que te suceda nada —le explicó. Sarah sabía de las intenciones de Voldemort pero decidió no decir nada en ese momento para no preocuparla de más. Por su parte, Pansy no pudo evitar estremecerse por las palabras de su madre. La verdad es que esa posibilidad nunca se le había cruzado por la cabeza.
—Espero que no tengas problemas con mi padre.
—Después de casi 20 años, creo que he aprendido a manejarlo un poco, querida. Despreocúpate y ponte a salvo, eso es lo único que me interesa.
Pansy dio un beso a su madre y salió de la habitación. Allí ya la estaba esperando la elfina. Tomó sus cosas y se fue de allí.
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Dumbledore no puede evitar se un metiche, y me cae gordo por eso. Espero que les haya gustado el capítulo.
