Entró en la biblioteca, deteniéndose en la puerta. Había dudado en entrar o no, debido a que no sería bueno para su reputación encontrarse allí; pero pese a ello, lo único que le apetecía era un poco de silencio, y de calma, para estar ella sumergida en sus propios pensamientos.
Habían pasado unos días desde que Artie había decidido poner fin a la relación que ellos dos mantenían, y aunque esperaba que solo se sintiese así de mal y apenada el primer día, todos los días no podía evitar echarse a llorar, sintiendo una fuerte opresión en el pecho. Una presión que incrementaba cada vez que le veía por los pasillos, y él fingía que no la conocía, posiblemente por el temor que le causaba su presencia. No sabía si le dolía más el hecho de que la tuviese miedo, aunque eso la resarcía de alguna forma, o por la cuestión de que Artie ya no era más su pareja.
Era doloroso romper una relación. Se creaban momentos incómodos, que iban a más si tenían algún círculo que ambos llegasen a compartir. En su caso, era cierto que todo se complicaba más cuando se encontraban en el Glee club, y se veía obligada a sentarse al lado de Tina, y él se ponía en la otra esquina, escondiéndose un poco de ella, como evitando cualquier encuentro que pudiese surgir entre ellos. Era doloroso, y eso hacía que sintiese bastante rabia hacia el chico.
Por eso había decidido ir a la biblioteca. En los vestuarios de las animadoras, todas iban a estar hablando de estupideces que no le importaban a nadie, además de que se imaginaba que le iban a preguntar sobre las razones por las que su relación con el chico de la silla de ruedas, que era como se referían al castaño al desconocer su nombre, había llegado a su fin; y en el Glee club le iban a obligar a cantar sobre sus sentimientos para expresarse. Y ella no quería expresarse. Quería un poco de silencio, para estar calmada, y poder estar tranquila. Ni siquiera en su casa podía estar así, porque su madre, que era una mujer que siempre estaba pendiente de su hija, estaba preocupada por esta, al verla estos días tan apenada y ensimismada en sus pensamientos. Lo que no quería era darle razones a su madre para estar más inquieta, cuando lo que necesitaba era un poco de calma.
Dudó un momento, pero al ver a Ryder sentado en una de las mesas, lo sopesó más debidamente. Aunque habían tenido sus más y sus menos, el muchacho era agradable, y si era sincera, el hecho de que fuese jugador de fútbol hacía que, si se sentaba con él, no tendría problema alguno con respecto a su popularidad. Al contrario, tener una relación más cercana con él, como amigos, más de lo que pudiesen parecer al ir al Glee club, le ayudaría con su imagen. No se lo pensó más veces, y con cuidado de no hacer ruido, se encaminó hacia la mesa en la que estaba sentado el castaño.
Este, al notar la presencia de alguien que se acercaba, alzó la mirada y se sorprendió al ver a la animadora allí, esperando algún comentario o insulto por su parte. Además, todo el mundo sabía que Artie y ella habían dejado su relación, y se imaginaba que estaría de peor humor. Se irguió en su lugar, sosteniendo el libro que tenía en las manos, preparándose para lo que estaba a punto de suceder.
Sin embargo, no pasó nada, para la sorpresa de Ryder.
Kitty se sentó justo a su lado, dejando la mochila a un lado, y sacó un libro. Le costó al castaño reconocer el título, debido a su dislexia, razón por la cual se pasaba las tardes en la biblioteca, y por las mañanas en las horas libres. Era el libro de "Orgullo y Prejuicio", de Jane Austen. No se imaginaba a Kitty leyendo ese tipo de lecturas, pero también era cierto que no la conocía del todo como para poder saber de ella.
No sabía si preguntarle el porqué se había sentado al lado de él, aunque al sopesar lo que hacer, cayó en la cuenta de que la muchacha no se lo iba a tomar bien, incluso podría pensar que la estaba echando de allí. Se preguntó a sí mismo si la quería tener a su lado, pero también cuando lo meditó, se dio cuenta de que no le molestaba tenerla a su lado, en silencio, sumergida en sus propios pensamientos, y en su lectura.
Incluso le era agradable. Así, en silencio, Kitty tenía un aire más delicado, y angelical, que le sorprendía al jugador de fútbol. Nunca se había imaginado estar en esa situación con ella, mordiéndose el labio para contenerse y no esbozar una sonrisa. Por una extraña razón, el tenerla allí hacía que el silencio fuese más reconfortante.
Porque Ryder, al igual que Kitty, también buscaba allí un rato de silencio, donde se podía evadir de los pensamientos que le azotaban a la mente cuando estaba en su casa, donde no hacía nada, además de ayudar a cocinar a su madre, porque le apasionaba la cocina. Pero eso solo le hacía pensar en la señora Rose, y por tanto, siempre acababa pensando en Marley.
Y ahora que estaba empezando a asumir que la castaña no le iba a corresponder, quería tener el pensamiento ocupado en otras cosas, como en la lectura, que le ayudaba a mejorar su rendimiento en la escuela. Por esa razón, se ponía a leer en la biblioteca, donde nadie le iba a ver, ni le iba a preguntar. Ni tampoco iba a tener a esas chicas que admiraban su papel en el equipo, y que querían salir con él. Quería calma, y curar su corazón roto. Aún tenía una pequeña esperanza de que Marley se acabase dando cuenta de su presencia. Hasta entonces, iba a permanecer así, tranquilo, intentando ser amable y dulce como siempre.
Pero en esos momentos, mientras Kitty parecía centrada en el libro, no pudo evitar pensar en porqué Artie había dejado a la animadora. Sabía que la chica de ojos verdes tenía un carácter fuerte, pero también era consciente de que la muchacha había mostrado que de verdad sentía algo profundo por el muchacho. ¿Cómo este, que había dicho que la quería, la dejaba porque iba a conocer a otras chicas en la escuela a la que iba a ir? Porque era la razón que había comentado al resto de los chicos, que escuchaban atentos, admirando el valor del hombre para dejar a la animadora, con el carácter tan fuerte que tenía. Y en verdad, Ryder no vio ese gesto como algo de valor, sino miserable por su parte.
Pensó en sí decirle algo, en sí comentar su opinión, intentando hacerle entender que la entendía. Sin embargo, no quería que ella pensase que la compadecía; porque aunque fuese así de verdad, sabía que no sentaba bien que eso lo hiciesen las personas. Los ojos de Kitty se apartaron del libro, y se encontraron con los ojos chocolates de él, sorprendiéndole observándola.
Pero no apartó la vista de ella, sino que se mantuvo así, con las manos sosteniendo el libro. Ella se quedó en silencio, preguntándose que sería que estaría mirando él tan atentamente en ella. No sabía como fue, pero sus ojos estaban impregnados de una calidez que hacía que ella se sintiese reconfortada, apoyada, cómoda. Como aquella vez, en la que ella le hizo saber a él que no era el único que había tenido una experiencia sexual desagradable. Cuando los dos se entendieron, se miraron, y supieron que no eran los únicos, que no estaban solos. Y ahora tampoco estaban solos.
Ella sonrió de lado, bajando la vista de nuevo al libro, manteniéndose sumergida en este. Ryder también sonrió, disimuladamente, y volvió a su lectura. Sería una buena experiencia estar con ella esos días, si se decidía a volver. Pero a él le gustaría que lo volviese a hacer.
Marley se detuvo en frente de sus compañeros después de que el señor Schuester dijese que la chica iba a cantar una canción. La muchacha desvió la mirada un momento hacia Santana, que la alentaba con la vista, sonriendo con timidez ella ante los ojos oscuros de la latina, que parecía estar concentrada en la figura de su alumna.
Artie se encontraba sentado junto con Jake, el que permanecía con los brazos cruzados sobre su pecho, esperando pacientemente, atento a la que era su ex novia. Kitty estaba sentada junto con Tina, y justamente detrás estaba Ryder, el que sonrió a Marley, medio embobado, para después desviar la vista hacia la animadora, la que le observó un momento de soslayo antes de centrarse en la castaña, que les miró con curiosidad antes de centrarse en el resto de sus compañeros.
―Bueno, quería cantar una canción para expresar mis sentimientos...
La morena asintió ante sus palabras, notando la vibración del móvil. Lo sacó disimuladamente, procurando no descentrar a Marley de su tarea. Para su sorpresa, era un mensaje de Brittany, poniéndole que la extrañaba bastante. Se tensó en su asiento, irguiéndose. Después volvió a fijar la vista al frente.
―We claed, we chained our hearts in vain. We jumped, never asking why...
Comenzó a cantar, con sus ojos azules cristalinos, profundos, clavados en el rostro de Jake, que al reconocer la canción, desvió sus ojos oscuros, avergonzado. No iba a ser capaz de escuchar esa canción viniendo de ella, siendo consciente de todo el daño que le había causado a la mujer que tenía en frente suyo, que parecía que iba a darlo todo con esa canción. Respiró, hondo, manteniéndose serio.
Se sentía fatal al saber que le había causado daño a la persona que más quería en el mundo. No sabía exactamente en lo que estaba pensando para irse con la animadora esa, Bree, que ni siquiera era una milésima parte de preciosa de lo que era ya de por sí Marley Rose. Marley era esa chica que en cuanto vio, que en cuanto sus miradas se cruzaron, supo que iba a ser especial en su vida. Y eso nunca le había sucedido con nadie.
Era cierto que cuando vio a Bree, que le provocaba, que le buscaba, le pudo una necesidad demasiado primaria. Algo que con Marley no podía satisfacer, porque la chica no se entregaba a él nunca. No parecía estar dispuesto a ello, y eso le dolió. Le dolió que ella le rechazase cuando supuestamente estaba tan enamorada de él. Muchas veces se cuestionaba Jake como es que ella no había querido estar a su lado, cuando era lo que él más deseaba. Quería esperarla, pero quería sentirse correspondido, y ella se había limitado a rechazarle.
Y ahora estaban ahí los dos. Ella mirándole con esos ojos cristalinos, y él intentando por todos los medios no echarse a llorar. Porque le había roto el corazón, a Marley, a su chica, y esta no tenía pensado volver a perdonarle. No tenía pensado siquiera darle una segunda oportunidad, y solo pretendía tenerle como amigo. Y él no quería eso. No quería que fuese un adiós. El quería que fuese como fue antes.
Con sus corazones encadenados, en uno solo.
―All I wanted was to break your walls...All you ever did was wreck me.
Ryder observaba como Marley cantaba la canción, con las manos unidas, colocadas sobre sus piernas, moviendo el pie de manera constante y nerviosa. Sus pupilas de tonalidad chocolate se deslizaron a la figura de Kitty, que parecía concentrada en la canción, al igual que debería estarlo él.
Tras unos segundos, volvió a fijar sus ojos en el rostro de la castaña. Sentía una opresión en el pecho, fuerte, ardiente, que casi provocaba en su corazón un cierto escozor, debido al dolor por no tenerla; por ni siquiera poder causar en ella un poco de lo que ella causaba en él.
Desde el primer momento en el que la vio, se enamoró. Como en las películas que echaban en la televisión, y que a veces le parecían una tontería de antes, pero después de conocerla a ella, empezó a entender el significado de todas las palabras que pronunciaban los actores, de las palabras que componían las canciones románticas, y las palabras que se encontraban plasmadas en los libros.
Había entendido lo que era el amor, la esperanza, la ilusión; y a su vez, había experimentado la paciencia, la espera, el amor no correspondido, y la desesperanza. Había experimentado tanto con Marley, y a su vez, no sabía si era bueno o malo. No era capaz de pensar en sí era justo pagarlo con ella, o culparse a él solamente de estar en esa situación. Sentía que había querido enamorarla, pertenecer a su mundo, y sin embargo, no había logrado nada de eso.
Se había quedado roto.
―You let me burn and now, we're ashes on the ground...
Kitty desvió la vista de la figura de Marley, para dirigir una mirada fugada a Artie, que parecía que evitaba por todos los medios mirarla a ella. Sentía una especie de rabia en su interior cuando le veía, y a la vez, un amor profundo que ni ella misma sabía cómo describir, de ninguna manera.
Al principio, había tenido mucho miedo. El primer chico con el que experimentó algo, fue de manera forzada, cuando tenía solamente once años. Después, su relación con Jake no fue algo que le hubiese hecho sentir segura precisamente, debido al enamoramiento del moreno por Marley. También había mostrado interés por Ryder, que era guapo y atractivo, pero este estaba detrás de alguien que resultó ser una mentira, además de que también había estado enamorado de Marley, y lo seguía estando. También había estado con Puck, pero este era igual o peor que su hermano, por lo que la relación no duró demasiado.
Y apareció Artie. No era el chico más guapo, y menos perfecto. Era un poco pedante, y estaba en silla de ruedas, lo que no mejoraría su reputación en frente de las animadoras. Pero le hacía reír. Y le hacía sentir especial, como si ella fuese única en el universo. Por un momento llegó a pensar que de verdad era así para él.
Le había permitido soñar, ser única, incluso permitirse ser romántica con él. Había notado que por primera vez podía estar con alguien que no buscase solo sexo, o tener una mejor posición social. Creía que había acertado con él. Creía que Artie era especial, que lo de ellos dos era especial.
Pero eso había quedado roto, destrozado, para siempre.
―Don't you ever say I just walked away...I will always want you.
Santana se estremeció mientras escuchaba cantar a Marley, impresionada por su voz, además de fascinada. Notó la vibración del móvil, mirándolo y viendo en la pantalla el nombre de Brittany. Se quedó observando este, que además mostraba una imagen de la chica, sonriente.
La extrañaba.
Extrañaba tenerla a su lado, sentir que le podía apoyar. Echaba de menos a su mejor amiga, y a su novia. Echaba de menos a esa chica que le había robado el corazón, y le hacía ser mejor persona. Esa mujer que muchos no entendían, pero que ella sí. Se entendían, se compenetraban, estaban hechas la una para la otra.
Pero ella se había ido, mientras que la morena se había quedado. Se había quedado prendada por siempre de ella. Siempre la querría. Siempre la desearía. Siempre sería su mayor perdición, o eso era lo que pensaba y creía. Pero también se tenía que marchar. No podía estar para ella, porque entre ellas todo se había perdido.
Ya no quedaba nada. Y ella no podía estar a su lado. Y Brittany no tendría derecho a echarle nada en cara.
Colgó la llamada.
―I came in like a wreking ball, I never hit so hard in love...
Marley sintió que la voz se le iba rompiendo a cada sílaba que iba pronunciando, intentando respirar hondo. Tenía en frente al que fue el amor de su vida, Jake Puckerman. También estaba Ryder Lynn, el que había sido un gusto para ella, alguien que le agradaba y le atraía. También estaba Kitty, la que había sido su enemiga, y que ahora parecía ser su amiga. Y luego estaba Santana, su mentora, que le sonreía mientras ella cantaba.
Lo hacía con toda la fuerza de su corazón. Con toda su forma de mostrar como se sentía de verdad. Con la intensidad necesaria para transmitir el dolor que había sentido por el engaño de Jake. Porque le había roto el corazón. Porque se lo había hecho pedazos sin tener un poco de compasión por ella.
Había dado todo por ese amor. Lo había dado todo.
Sin embargo, era hora de pasar página.
Cuando terminó de cantar esa canción, decidió que ese era el final entre Jake y ella.
Marley se quedó a solas en la habitación después de que se hubiesen marchado todos. Jake salió de la habitación sin decir nada, al igual que muchos otros, que parecían algo desanimados, aunque sorprendidos por la fuerza de la voz de la castaña. Ryder fue el último en irse, quedándose en la puerta. Esperaba que él hubiese dicho algo, pero finalmente no lo hizo, marchándose. Suspiró, observando la sala con melancolía, sentándose en una de las sillas.
―Así que la artista necesita su momento a solas...
Sonrió al escuchar esas palabras, alzando la vista para encontrarse a Santana apoyada en el marco de la puerta. Se levantó, colocándose bien la camiseta azul de tirantes que llevaba, y el pantalón corto. Apartó un mechón de su cabello, de manera que Santana sonrió ante ese gesto. No le pasó inadvertido la belleza de la mujer, que la estaba observando con sus ojos azules, que estaban más claros en la oscuridad.
―Necesitaba pensar, supongo...
― ¿Estás bien? ―Se interesó Santana, acercándose más a Marley, quedando cerca de la chica.
―Sí...Ha sido algo extraño―confesó, mordiéndose el labio―. Ha sido duro, pero liberador a la vez.
― ¿Liberador?
―He podido expresar que le quiero, que no puedo dejar de hacerlo todavía pero...Pero que ya no voy a estar para él―dijo, con los ojos fijos en los de la latina, que parecía impresionada. De ese detalle se percató la joven―. ¿Te sorprende?
―La verdad es que sí...Eres más fuerte de lo que aparentas, Marley.
La aludida se sonrojó ante las palabras de Santana. La mujer no entendía la razón, pero Marley le atraía de alguna manera. Esa chica dulce e inocente, aunque pareciese genuina, era capaz de tomar una decisión difícil, que era dejar a una persona atrás, aunque no quisiese hacerlo. Y lo admiraba, porque era consciente de lo duro que podía llegar a ser todo aquello. También lo había vivido.
―No soy fuerte, Santana...Solo quiero seguir con mi vida―se encogió de hombros.
―Lo eres. Eres fuerte, por lo que quieres. Eres fuerte por la gente que quieres. Eres fuerte pese a que una persona que te amaba te hiciese daño―murmuró la morena―. Esa es una de las cosas que me gustan de ti―fue directa.
― ¿En serio? ―Preguntó la otra, nerviosa.
―En serio...
La morena se acercó un poco más a Marley, mientras esta se quedaba estática en el lugar. Notaba como la respiración de la latina chocaba contra su rostro, notando su aliento, estremeciéndose por eso. Cada vez que la sentía más cerca, como la distancia entre los dos cuerpos disminuían, notaba una especie de tensión, y a la vez, deseo de que eso sucediese. Quería notar la presión de los labios de Santana contra los suyos.
Quería saborear su boca contra la suya, para su propia sorpresa. Cerró los ojos ante el roce de ambas narices, a punto de sentir los labios presionarse contra los de ella. Permaneció así, esperando, deseando, queriendo que eso sucediese en cuanto antes, aunque la espera hacía que ese encuentro se hiciese más deseoso.
Pero nunca llegó a suceder.
En cuanto notó como había más separación entre los dos cuerpos, y que no la terminaba de besar, abrió los ojos, buscando una señal en la expresión de Santana, aunque se fuese a morir de vergüenza después por haber esperado algo que no tenía porque suceder. Sin embargo, no vio nada, quedándose con la boca entreabierta, intentando procesar lo que acababa de suceder.
Santana se había ido.
Hola, hola :3 Aquí dejo el siguiente capítulo de Martana. Creo que este capítulo ya empieza a hacer un poco de introducción en sí de las tramas en las que me voy a centrar, que es Martana, y también con Kyder. Espero que os guste, y siempre es bienvenida alguna crítica, u opinión, o sugerencia :3 Un besuco y gracias por leer :3
