Capitulo 6.

- Debes tener mucho cuidado con esa criatura, Dean. Puede que ahora este jugando contigo, pero es imposible saber cuando se aburrirá y te atacara en serio.

- Lo se, Bobby. Descuida. ¡Es que me tiene de los nervios con sus estúpidos jueguecitos!

Dean había aprovechado un descanso entre la comida y la limpieza de los establos para alejarse lo suficiente de la casa y sus habitantes y poder llamar a Bobby para ponerse al día con él. Cuando ya estuvo bien seguro de que ahí nadie le iba a interrumpir por sorpresa, le contó las dificultades en las que le estaba poniendo la criatura y su incapacidad para permanecer armado frente a ella. Ni que decir tiene, que aquello le hizo mucha gracia al viejo cazador.

- Te advertí que no eran como los otros. – comentó Bobby, riendo. Dean masculló un insulto.

- Si… si fuera uno de los otros, ya estaría de vuelta en la carretera y no quitando mierda de caballo y correteando detrás del maldito animal. ¡Y ni siquiera se todavía si solo hay uno con seguridad! Todos tienen pinta de serlo.

- Tranquilo, hijo. – y Dean casi podía verlo quitarse la gorra y rascarse la cabeza antes de volver a colocársela. – Solo necesitas dedicarle algo más de tiempo… o volver aquí, antes de que la cosa se descontrole.

- ¿Y dejar la cacería a medias? ¡Ni hablar! – Bobby bufó al otro lado de la línea. – El que no haya sucedido nada raro desde que estoy aquí, no significa nada. Pueden estar esperando a que me vaya.

- Ten cuidado… y no hagas ninguna estupidez para resolverlo antes.

- No, claro. – masculló cerrando su móvil. – Aunque es algo tarde para eso.

- Sinceramente, Jensen, si estas tratando de conquistar a este chico, lo estas haciendo de pena.

Jensen dirigió una mirada torcida a Tom, que estaba cortando verduras para la cena de ese día. Era fascinante ver la rapidez y eficacia con que lo hacia. Casi hipnotizante.

- El quiere. No se donde esta el problema. – contestó el ranchero, enfurruñándose como un crío.

- El no sabe lo que quiere y le estas confundiendo. – repuso Tom pacientemente, echando con cuidado las verduras cortadas a la sartén. – Lo estas haciendo mal tratándolo como uno de nosotros. No lo es. Es humano y las cosas no se hacen así en su mundo.

- ¡Es un tío! – casi chilló frustrado Jensen.

- ¿Y?

- ¡Muy bien, genio! ¿Cómo lo harías tú? – Tom solo sonrió.

- ¿Vamos a ir a "La Guarida"?

Jensen se rascó incomodo la nuca al notar todas las miradas de la mesa clavadas en él. Todas menos la de Tom, que seguía comiendo su cena casi atragantándose por tratar de aguantar la risa.

- Si, bueno… es sábado y pensé que seria buena idea ir al Yukón y relajarnos con unas cervezas, pero si no os apetece…

El coro de voces interrumpiéndole le hizo sonreír divertido al comprobar lo predecibles que eran sus amigos. Pero la idea de Tom era buena. Llevaban todos más de una semana encerrados en el rancho y Dean probablemente se relajaría en un sitio público y con alcohol. Tal vez tuviera una oportunidad de poder acercarse al hombre de una vez.

Unas horas más tarde, todos ocupaban una mesa en "La Guarida", uno de los pubs más conocidos del Yukón. Dean llevaba ya varias cervezas y empezaba a sentir el dulce aturdimiento del alcohol en su cuerpo, relajándose lo bastante para participar en las conversaciones y bromas del grupo. Jugó varias partidas al billar con James, al que tuvo que llevarse David cuando le pidió la tercera revancha, antes de que se arruinara. Dean se dejó caer de nuevo en la mesa, sentándose junto a Jensen.

Tan relajado estaba que no notó que Chris y Steve se estaban poniendo de lo más cariñosos hasta que el ruido de sus besos le alertó. Resultaba ser un espectáculo de lo más excitante ver a esos dos hermosos hombres besándose de manera tan intima y para cuando Jensen colocó una mano en su muslo y le besó en el cuello, apoyándose en su cuerpo, ya estaba medio duro.

- ¿Te gusta lo que ves? – le ronroneó Jensen al oído. Dean gimió al notar la mano en su entrepierna. Sería el alcohol, pero estaba cansado de pelear contra la atracción que sentía por ese hombre.

- Puede… - el cazador cerró los ojos, suspirando cuando el otro le dio un mordisquito en el lóbulo de la oreja.

- ¿Por qué no vamos a un sitio más tranquilo a hacer nuestro propio show? – Dean le besó, un beso largo y profundo que los dejó temblando de ganas a los dos. Para el ranchero no había una vista más hermosa que el hombre que tenia frente a él, mirándole con los ojos oscurecidos y ligeramente desenfocados.

- Me parece buena idea.

- Ok. Sígueme entonces.

Los dos salieron rápidamente del local, dejando atrás el calor y el ruido que había dentro para esconderse en uno de los laterales. Jensen le empujó hacia la pared, comenzando a besarle apasionadamente, separándole las piernas con la rodilla. A pesar de lo fría que estaba aun la noche, Dean sintió que les sobraba la ropa a ambos y que había poca piel para tocar, así que coló las manos bajo la camisa del otro y suspiró satisfecho en el beso al sentir por fin la piel tibia en sus dedos.

Las manos del mismo Jensen tampoco se estaban quietas, encargándose de desabrocharles a los dos los vaqueros y bajarlos lo justo para liberar sus miembros. Con mano firme, les sujetó a ambos y empezó a masturbarles a la vez, sacándole más de un gemido de placer al cazador. Dean deslizó las manos por el pecho del ranchero, casi arrancándole la camisa y movió las caderas para adaptarse a las caricias del otro. El nombre de Jensen se le escapó de los labios cuando este le mordió duro en el cuello, haciéndoles venir a los dos casi a la vez.

Jensen tuvo que sujetarlo y ayudarle con la ropa porque el fortísimo orgasmo le había dejado sin fuerzas. Aun estaba recuperando el aliento cuando un par de voces borrachas y desagradables les interrumpió.

¡Mira ese par de maricones! ¡Se lo están montando en nuestro bar! – los dos tipos se les acercaron amenazantes, uno de ellos llevando una navaja en la mano, cuya hoja brilló siniestramente bajo la débil luz de una farola.

El ranchero reaccionó primero, empujando a Dean a su espalda y dirigiéndose hacia ellos como si no estuvieran armados y tuvieran las dimensiones de un par de armarios. Antes de que alguno de los dos pudiera añadir algo más, les golpeó con tal fuerza y rapidez que se deshizo de ellos en menos de cinco minutos.

Dean trató de intervenir en la pelea, preocupado por la seguridad de Jensen, pero este le apartó bruscamente en todas las ocasiones, insistiendo en ponerle tras él, como si fuera alguien indefenso que necesitaba protección.

Eso le enfureció, su orgullo herido. El era un cazador. Llevaba defendiéndose solo desde que tenía uso de razón, haciéndose cargo de su familia desde el mismo tiempo, usando armas desde que tenía once años. No necesitaba protección de ninguna manera. El que Jensen le hubiera tratado como una damisela en apuros, le hizo sentir humillado.

Su enfado, mezclado con el alcohol que aun tenia en su sangre, fue lo que le hizo coger a Jensen de la camisa y estrellarlo contra la pared cuando este terminó de echar a los matones.

- ¿Qué demonios estas haciendo? – le gruñó el ranchero, bajo y peligroso. El tampoco estaba del mejor de los humores, después de que esos dos estúpidos le hubieran estropeado la noche.

- ¡No vuelvas a hacer eso! – el siseo de Dean le sorprendió, al igual que la ira que podía ver en sus ojos. - ¡No soy ninguna mujer para que me protejas!

- ¡Solo estaba cuidando lo que es mío!

- ¡No soy tuyo! ¡Métete eso en la cabeza! ¡No te pertenezco! – y sin añadir nada más, Dean le soltó y se dirigió hecho una furia hacia el bar a reunirse con los demás.

Jensen se dejó caer al suelo, frotándose la cara cansado. ¿Qué demonios había hecho mal ahora?

Continuara...