Tide of betrayal: La marea de la traición
Capítulo 6
Dolor… Mierda, el dolor…
–Duele…
Si, exacto. Duele… Esperen, ¿Alguien más estaba adolorido también? Alfred luchó para levantar su cabeza (¿Cuándo había terminado en el suelo?) y observar a la persona cuyos gemidos hacían eco en sus orejas, manteniendo el tiempo perfecto con el dolor punzante que recorría sus nervios.
–Duele, carajo… –ahí estaba ese gemido de vuelta.
–Lo sé, Alfred. Por favor, trata de permanecer tranquilo.
¿Alfred? Esperen, ¿Por qué le estaban hablando a él?... Oh. Él era el que estaba quejándose. ¿Entonces quién estaba…
–¿I-Iggy? –dijo Alfred con voz ronca, intentando ver a través del velo de oscuridad que parecía haber cubierto sus ojos. Parpadeó una, dos, tres veces, viendo el rostro pálido de Arthur nadando a la vista enfrente de él.
El Capitán Kirkland dio un sonoro suspiro de alivio ante la imagen de los ojos azules llenos-de-dolor de Alfred, sus ojos esmeraldas aún entrecerrados con preocupación.
–Maldito idiota –gruñó el pirata en voz baja– pensé que te dije que te mantuvieras fuera de peligro.
–L-lo siento, dude –susurró Alfred– ¿Q-qué pasó?
–Te dispararon, aru –dijo Yao rotundamente.
Alfred parpadeó y levantó a la cabeza un poco, sus ojos agrandándose en sorpresa cuando vio al chino parado en la esquina más lejana de la habitación, sus manos flacas cubierta con sangre seca. Alfred palideció ante la imagen de la sangre y forzó una risa débil fuera de sus labios.
–Jaja, hey, ¿Qué onda con toda la sangre, Yao? –Preguntó con cautela– ¿Te lastimaste o algo?
–¿Qué parte de "te dispararon" no entiendes, aru? –Espetó Yao con irritación– tuve que sacar la bala antes de que pudiéramos coser la herida.
–O-oh –Alfred observó su pecho desnudo, sorprendido de ver una cálida manta cubriendo su torso vendado. Y… ¿De dónde exactamente viene ésta cama? ¿Desde cuándo hay una cama en este barco?– ¿Dónde me dieron?
Yao se encogió de hombres y miró a Arthur, quien parecía tener dificultades manteniendo sus ojos en Alfred por un prolongado periodo de tiempo. Arthur suspiró y pasó una mano por su enredado cabello dorado, sus ojos esmeraldas volviéndose a Alfred.
–Ese marinero te hubiese dado en el pecho –explicó lentamente– estaba lo suficientemente cerca para que el disparo te hubiese asesinado… Por suerte, su compañera corrió hacia él y lo despojó de su objetivo. La bala salió desviada y te dio en el hombro. Afortunadamente, no hubo ningún daño permanente.
Alfred parpadeó en sorpresa, imágenes del marinero de ojos violetas apareciendo en su mente.
–¿Qué le pasó a él?
Los ojos esmeraldas de Arthur brillaron peligrosamente, sus labios apretándose en una dura línea.
–Le disparé y lo lancé por la borda del barco.
Alfred se estremeció y observó al pirata, sorprendido por la manera en que su pecho se oprimió ante las palabras del Capitán Kirkland. Qué extraño… ¿Ya sabía él que esta era la manera en que Arthur realmente era? Era un pirata, después de todo, ellos asesinaban gente.
"¿Entonces por qué estoy tan molesto de que Arthur haya matado a alguien?" Se preguntó Alfred.
"Tal vez… Es porque tenía la esperanza de que él fuera diferente… Cuando el asesina gente así… No es diferente a Francis."
–¿A-así que está muerto? –clarificó Alfred en voz baja.
Arthur se encogió de hombros y miró de vuelta para otro lado.
–No lo sé. Y francamente, no me importa. El bastardo estaba advertido, y él me ignoró.
–¿Qué hay de… la chica? –preguntó Alfred, no muy seguro si quería saber la respuesta o no.
El ceño de Arthur frunció por un segundo antes de reírse entre dientes, sus ojos esmeraldas brillando por un breve momento en diversión.
–Ah sí, Elizaveta. Ella estaba determinada en no dejar el barco e insistió en que la dejemos unirse a la tripulación. Niña necia… Kiku me convenció de que le demos una oportunidad, sin embargo. Parece que se llevan bastante bien, por alguna extraña razón…
Alfred respiró un pequeño suspiro de alivio, su ceño frunciéndose ante la mención de Kiku. ¿Qué pensaba él de Alfred ahora, después de lo que haya escuchado de Elizaveta? Más importante, ¿Le habrá dicho a Arthur?
–Alfred –murmuró Arthur, agarrando inmediatamente la atención del otro rubio– ¿Qué en el maldito infierno estabas pensando ahí atrás?
Alfred frunció el ceño en confusión y ladeó su cabeza hacia un lado.
–¿De qué estás hablando, Iggy?
El ojo de Arthur tembló ante el apodo pero continuó.
–Podían haberte asesinado, maldito wanker. Más importante, podrías haber conseguido que otros murieran o capturados por la marina. ¿O en realidad quieres ser colgado de la horca? Nunca te tomé por suicida, Alfred.
Alfred se sonrojó y bajó la vista hacia su piel vendada, sus dedos jugando distraídamente con los bordes deshilachados de la gaza.
–Yo… Yo solo quería evitar que se hirieran otras personas –murmuró– ya sabes… Porque soy el héroe y esas cosas…
Arthur gruñó y golpeó su puño contra la pared arriba de la cabeza de Alfred, sus brillantes ojos verdes penetrando los de Alfred con una intensidad aterradora.
–¿Cuándo te vas a dar cuenta de que la única persona que necesita "ser salvada" eres tú? –Gruñó– Mételo a través de tu gruesa cabeza, Jones. Mientras más intentas ayudar a otros, más terminas tú y los que amas heridos.
–¿Estás hablando por experiencia o porque nunca intentaste ayudar a la gente realmente, Arthur? –Espeto Alfred antes de que pudiera detenerse. Se congeló en el momento en que las palabras dejaron sus labios, sus ojos agrandándose cuando aumentó la furia por los ojos de Arthur. Mierda, lo había hecho realmente ahora…
Arthur se dio la vuelta, sus hombros temblando con el esfuerzo de controlar sus emociones. Al otro lado de la habitación, Yao observaba la conversación, sus cejas levantadas desinteresadamente. Pasaron varios segundos antes de que Alfred se forzara a sí mismo a hablar de nuevo.
–Yo… Capitán, lo lamento, yo no…
–Cállate, Jones –interrumpió Arthur bruscamente. El pirata tomó un hondo, estabilizador respiro y se impulsó lejos del lado de Alfred, su cabeza gacha cuando salió de la habitación– Yao, encárgate de que Jones sea tratado antes de que vuelvas con los otros pacientes. Asegúrate de que Jones no se vaya hasta que esté totalmente recuperado. Vamos a atracar en el Puerto Aegea en una semana para reabastecernos. Asegúrate de que Al… Jones esté lo suficientemente bien como para desembarque en el momento en que lleguemos ahí.
Yao asintió lentamente y esperó hasta que el Capitán haya salido de la habitación antes de observar a Alfred, sus labios convirtiéndose en una sonrisa.
–En serio eres un idiota, aru –dijo secamente.
–¿A-a qué te refieres? –preguntó Alfred, sus mejillas enrojeciéndose.
–A que probablemente esa no era la mejor manera de responder a Arthur expresando su preocupación por ti –señaló Yao– además, es obvio que sacaste un tema que era sensible para él, aru. No un buen plan realmente para conseguir que le gustes.
–Yo… Espera, ¿Quién dijo que yo quería que le guste? –balbuceó Alfred– Y-y yo acabo de recuperarme de que me hayan dis-disparado, entonces, digo, no es como que estoy pensando correctamente…
–Tal vez te creyera realmente si pensara que eras un poco mejor cuando estabas pensando correctamente, aru –replicó Yao con una risita– y contestando a tu pregunta, aru, uno no puede estar emparentado con Kiku sin saber los signos de una potencial relación.
Alfred levantó las cejas y se encontró preguntándose que tenía que ver estar emparentado con Kiku con reconocer relaciones… Luego se dio cuenta que realmente no quería saber.
–Ok… Entonces, digamos que estas… de alguna forma en lo correcto. ¿Qué propones exactamente que haga, oh sabio curandero? –preguntó sarcásticamente.
Yao rodó los ojos y sonrió.
–Oh, creo que no tienes que hacer nada, aru. Excepto tal vez amordazarte a ti mismo antes de que digas algo estúpido… Ahora quédate quieto, aru. Necesito cambiar tus vendajes.
Alfred gruñó y se reclinó contra la cama, su ceño frunciéndose cuando se dio cuenta de que todavía no sabía de dónde había salido esta cama.
–Y… ¿Dónde estoy exactamente? –preguntó casualmente mientras el chino comenzaba a remover los vendajes.
Yao lo observó, recordándole al rubio que no debía moverse.
–Estás en el camarote del Capitán, aru. Era la cama disponible más cercana, y él pensó que estarías más… cómodo en una cama real.
Alfred parpadeó en shock y observó a las sabanas de nuevo. Esta… ¿Era la cama de Arthur? Como… ¿Dónde él dormía?
Esperen, ¿Qué carajo? ¿Por qué… por qué es importante? ¿Y qué si estoy acostado donde Arth- el Capitán duerme todas las noches? No-no importa, ¿Verdad?
Dios, era malo hasta para mentirse a sí mismo.
–Listo –Yao se enderezó y le sonrió a Alfred, sus ojos oscuros brillando divertidos una vez más– ahora intenta quedarte realmente en un solo lugar, aru. No quiero tener que volver a cocerte, fue suficientemente malo cuando estabas inconsciente.
Alfred asintió lentamente y se detuvo cuando se le ocurrió otro pensamiento.
–Hey… ¿Yong Soo está bien? ¿Tú… tú lograste arreglarlo también, verdad?
Yao parpadeó sorprendido y observó a los vendajes extra en sus manos, sus ojos apretándose.
–Si… él está bien –admitió en voz baja– Li y Kiku lo están cuidando por mi ahora mismo –luego de un segundo añadió– te debo una disculpa, aru.
–Tú… Espera, ¿Por qué?
Yao se encogió de hombros, sus mejillas tiñéndose del más leve tinte de rojo.
–Te insulté, aru, dudando de tu confianza. Me equivoqué al dudar de ti. Todos lo estuvimos.
–Uh… Gracias –murmuró Alfred, tratando de ignorar la culpa que se construía dentro de él ante las palabras del otro hombre. Mierda, no se merecía esto…– ¿Qué te hizo cambiar de opinión?
–Me salvaste –explicó Yao– y salvaste a Kiku. Y trataste de de salvar a Yong Soo. No harías eso si quisieras traicionarnos, aru.
No quiero… Eso no significa que al final no lo haga.
~¡Drama!~
"Y denle reviews, reviews a mi corazón... Es lo único que les pido, por favor..." (8)
