Hola sempais. Bueno, he de decir que quería esperar a que hubiera más reviews, ó al menos, que la inspiración me llegara para mis otros fics, pero por alguna razón me quede trabada con ésta continuación especialmente. Creo que de cierta manera es bueno, porque hoy, Mary no los hizo esperar demasiado, ¿Verdad? owo.

Igual, espero que sigan disfrutando de la historia y que les guste este capítulo. Queridos leectores, este es mi forma de desquitarme por mi propio masoquismo ¬w¬, aunque creo que se ha quedado corto ^^U, me ha gustado. Y espero que a ustedes también.

Sin más que agregar, les dejo la conti, sempais :D


6.

((~*~¿LA NOCHE Ó EL DÍA?~*~))

"No importa si mi corazón se marchitará ó si debo respirar mi pasado en un final podridamente feo, quiero ver el mundo que estábamos viendo, aunque sea solo en ese instante final" Futarigoto, Radwimps.

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Apenas había mediado palabra con el marionetista, pero en realidad, a Itachi no le importaba. El atisbo de sonrisa que había mostrado desde que se despertó —e incluso en parte de la noche— no se había desvanecido. Creía que tal vez debía de tomarle la mano a Sasori, pero el pelirrojo no había hecho ademán de querer eso y se limitaba a caminar a su lado, en un silencio inquebrantable pero que igual parecía agradarle. El simple hecho de recibir un segundo de su compañía, hacia que Itachi se sintiera feliz. Desgraciadamente, aquellos pensamientos se vieron interrumpidos al pensar en lo estúpido que sonaba aquello. Su opinión sobre el amor no había cambiado, pero por alguna razón no querría nunca interrumpir esos instantes.

Nunca había terminado de leer una sola novela de amor —se preguntó cuántas habría leído Sasori, pero inmediatamente trató de concentrarse—, así que no sabía qué ó cómo tenía que actuar a esas alturas. Cuando saludo al pelirrojo se limitó a agachar la cabeza ligeramente, de manera respetuosa y Sasori sonrió para hacer lo mismo, aunque no sin cierta burla en los movimientos. Quizá había esperado que lo besara, y por eso ahora no le hablaba. ¿Se habría enojado? El silencio que antes se le había antojado algo cómodo y natural, ahora le produjo una sensación horripilante, como si estuviera a punto de vomitar.

Abrió la boca para decir algo que ni siquiera había pensado, e inmediatamente la cerró. ¡De nuevo! ¿Cómo podía él, que siempre sabía qué decir, haberse quedado sin palabras? Vaya, desde ahora se sentiría avergonzado de su habilidad en la escritura, porque cuando en la vida real quería decir algo, ¡zaz! No salía nada.

El Uchiha lanzó un suspiro.

—¿Qué te pasa?— le preguntó Sasori de repente e Itachi se giro a mirarlo —¿Te estás aburriendo?

Itachi se apresuró a negar con la cabeza.

—No— contestó con aparente indiferencia, bajó la mirada y luego la desvió hacia el otro lado de donde estaba Sasori. El pelirrojo arqueo una ceja —Es que… No lo sé. Para mí, esto es extraño.

—¿A sí?— preguntó Sasori, entre burlón y complacido porque Itachi admitiera primero lo que él había estado pensando durante aquellos últimos minutos —Creo que yo también lo estoy sintiendo un poco peculiar. Pero, ¿qué le vamos a hacer?

—No lo sé— contestó Itachi deteniéndose y mirando a Sasori con cierto recelo. El pelirrojo también se detuvo —Para empezar… ¿Qué somos exactamente?

—Pues…— empezó Sasori, pero ya no supo qué decir a continuación. Tragó saliva, dispuesto a arriesgarse con la sugerencia que estaba a punto de hacer: —¿Tú qué dices? ¿Novios?

El moreno pareció consternado con la sugerencia y Sasori se arrepintió de haberlo mencionado siquiera. ¡Por supuesto! ¿Cómo podía esperar que alguien como Itachi fuera admitir que era gay ante las demás personas? Miró de un lado a otro, donde algunas chicas cotilleaban y miraban con recelo a cualquiera de los dos. Sasori se preguntó cuál de los dos sería el más cotizado. Lanzó un suspiro un poco cansado, en realidad, eso no le importaba. Miró a Itachi con la ceja arqueada, esperando su respuesta.

—¿En serio?— preguntó Itachi, un poco sonrojado y algo nervioso. Hasta ese momento, Sasori se dio cuenta de que su corazón había empezado a latir con fuerza y que, además, se había puesto rojo —¿Ya somos… eso?

—No tiene nada de malo que lo digas en voz alta— terció Sasori, un poco molesto por el recato de Itachi, aunque en el fondo, agradecido —Y, yo lo decía, suponiendo lo que habíamos pasado anteriormente.

Itachi también echó un vistazo a su alrededor, como si quisiera asegurarse de que nadie lo iba a escuchar. Después bajó la oscura mirada al suelo y se mantuvo quieto, sopesando la sugerencia del pelirrojo, Sasori creyó que se lo pondría más fácil a Itachi, pues a todas vistas, el Uchiha se lo pensaba demasiado. Antes que sentirse ofendido, decidió que él tampoco quería dejar a público su relación con Itachi. Al menos, por el momento.

—No sé exactamente qué fue eso, pero…— dijo Sasori, con un repentino tono afable —Creo que yo tampoco me sentiría cómodo sin tratarte primero como una especie de amigo, y en vez de eso, nombrarte inmediatamente mi novio. ¿Eso es lo qué te perturba a ti también? Comprendo eso. Es que… ¿no deberíamos de…?— Sasori hizo un gesto con la mano, señalándose a él y a Itachi repetidas veces, pero al final dejó caer el brazo a los costados, resignado —Soy realmente malo para estas cosas.

—Ya lo creo— dijo Itachi, con aparente tono burlón. Pasaron unos segundos, en los que Itachi suspiro y se lamió los labios, pensando —Yo también lo soy— admitió con una sonrisa casi imperceptible —¿Qué te parece ir por un buen café, platicar un rato y luego quizá ver una película? Podemos comprar primero los boletos. Aquí cerca hay una plaza.

Sasori miró a Itachi con cierto recelo.

—Creí que decías que no sabías qué hacer en estas situaciones— comentó, con una media sonrisa. Itachi se encogió de hombros.

—No lo sé. Es lo que normalmente hace Tobi con sus amigos.

—Pero tú y yo no somos solo amigos, ¿verdad?— le recriminó el pelirrojo, con la intención de molestar al Uchiha. Itachi se sintió como si estuviera frente a un problema de matemáticas que no sería capaz de resolver nunca.

—Eso depende de ti. ¿Qué tan amigo mío puedes ser?

—Lo suficiente como para que me des un beso, quizá.

El corazón de Itachi empezó a latir con fuerza, aunque en sus ojos apareció un destello de emoción. El pelirrojo parecía impaciente porque el Uchiha chocara sus labios con los suyos. El moreno lanzó un suspiro de exasperación, porque él también lo quería. Sin embargo, el hecho de que Sasori lo hubiera mencionado tan deliberadamente —como si lo único que hubiera querido fuera molestarlo—, le había causado un deseo de hacer lo mismo. Sonrió orgulloso y extendió la mano hacia el pelirrojo, que se quedo ligeramente aturdido con aquello.

—¿Quieres que te de un beso?— preguntó Itachi, con burla. Sasori frunció el ceño y chasqueo la lengua.

—No— respondió mientras caminaba al lado de Itachi, con aparente indiferencia. Hizo un ademán con la mano, restándole importancia al comentario del Uchiha, aunque interiormente se molestó bastante con la resistencia de Itachi —Eso es algo que nunca te pediré.

Itachi sonrió ligeramente antes de tomar la mano de Sasori y atraerlo hacia sí. La espalda del pelirrojo chocó con su pecho y lanzó un suspiro. Le agradó la tan cercana presencia del pelirrojo. Sasori miró el suelo, esperando que Itachi levantara su mentón y lo besara. ¡Detestaba esperar! Cuando Itachi le plantó un beso en la cabeza, hundiendo la nariz en sus cabellos, se sonrojo y una corriente eléctrica recorrió todo su cuerpo. Sin embargo, eso no era lo que había esperado que pasara y sintió ganas de empujar a Itachi lejos. Desgraciadamente, consideró que la espera valdría la pena.

—Descuida. Yo tampoco pediré permiso— le dijo Itachi al oído, mientras Sasori se estremecía y se separaba del Uchiha, nervioso y con el corazón martilleándole en el pecho.

El Uchiha comenzó a reír, y antes de que Sasori se enfureciera se quedo completamente idiotizado por la grave y melódica risa de Itachi. Su cabeza le dijo que lanzara un comentario sarcástico e ingenioso contra aquel que claramente se burlaba de él, pero, igual que anteriormente ya le había pasado, sus labios formularon unas palabras muy distintas.

—Es la primera vez que te oigo reír de verdad— dijo, en apenas un susurro quedo. Itachi lo miró, parando de reír —Tú… tienes una risa muy hermosa, ¿lo sabías?

Itachi se quedo quieto, indagando entre el comentario del pelirrojo y cómo se relacionaba con él. Considero que posiblemente se tratara de una nueva especie de burla hacía él. Pero Sasori estaba tan rojo que en realidad, Itachi dudaba que su sonrojo fuera provocado adrede. Su sonrisa desapareció inmediatamente, aunque luego volvió a hacer acto de presencia —pero esta vez, era la de siempre: un tanto frívola, seca— y cerró los ojos.

—¿Te parece?— preguntó Itachi, abriendo los ojos y perforando con la mirada a Sasori. El pelirrojo lo miró, un poco molesto.

—No voy a repetirlo— sentenció. Itachi se acercó a él, acortando la distancia que había dejado Sasori entre ambos y lo miró de una manera enternecida y seductora. El pelirrojo sintió que las piernas le flaqueaban y con la voz ronca, tuvo que añadir ante el silencio en que lo estaba sumiendo el Uchiha —¿Qué?

Itachi elevó una de sus manos hasta el mentón de Sasori, mientras que éste último notó como sus oídos zumbaban con demasía, impidiendo escuchar cualquier cosa que no fuera la voz de Itachi. El moreno le puso dos dedos en los labios, haciendo que el pelirrojo suspirara quedamente, cerrando poco a poco los ojos.

—Es increíble que tu voz pueda construir tantas otras— dijo Itachi, en vez de besarlo, mientras con la otra mano acariciaba la mejilla de Sasori —Se me antoja muy interesante.

Sasori abrió los ojos. Había tenido que levantar la cabeza lo más que podía para que Itachi se agachara, y si decidía acabar con aquel suplicio, lo hiciera con solo pocos centímetros de diferencia. Sin embargo, Itachi parecía dispuesto a pasarse otro tiempo más como el masoquista. Al pelirrojo se le ocurrió que quizá no lo había besado porque solo estaba jugando con él. Eso sería una burla definitiva, mucho mejores —y siempre más crueles— de las que él pudiera lanzarle en toda una vida.

Ante aquella idea hizo que su corazón se encogiera y sintió unas extrañas ganas de patear a Itachi y alejarse de ahí. Notó por el rabillo del ojo que muchas personas lanzaban exclamaciones mientras Itachi le removía los cabellos con los dedos.

—Sasori…— susurró Itachi y el pelirrojo volvió toda su atención al moreno —Olvidémonos del café. Vamos directo al cine.

Y entonces se separó de Sasori y se fue caminando a la plaza. El pelirrojo parpadeo, entre aturdido y confundido. En seguida molesto y luego indiferente. Con el ceño fruncido y las manos metidas en el pantalón, siguió a Itachi.

Durante el trayecto, Sasori se hizo a la idea de que Itachi parecía un poco distante cuánto más se acercaba a él por instantes. Se sentía desilusionado al recordar la marca casi negruzca que tenía en el cuello por la mordida que le había dado Itachi y se sonrojo, llevando en un reflejo la mano al cuello. Cómo habría querido regresar el tiempo y revivir ese momento, pero esta vez, teniendo el valor de ser quién le arrebatara un beso al Uchiha. Suspiró. No quería admitir lo ansioso que estaba porque Itachi lo besara y se frustraba entre más tiempo pasaba, porque aunque él quería hacerlo, cuando estaba frente al Uchiha no tenía el valor de hacer nada, y es más, apenas sí se podía mantener de pie. Estaba consciente de lo absurdo que eran esos pensamientos, y lo falaces que resultaban de acuerdo a su carácter. Pero, de nuevo la realidad golpeó su rostro y se burló de él por no ser más valiente.

¿Y sí estirara la mano y tomara la de Itachi? Eso sería un buen paso. Frunció el ceño en el instante, sinceramente, lo que había dicho anteriormente era en parte verdad. Habría querido tratar a Itachi más tiempo antes de sucumbir al deseo, pero resultaba un poco escalofriante lo abierto que se volvía en su presencia.

Cuando llegaron a la plaza, en el cine, examinaron la cartelera. Itachi se fijo bastante en las de Acción y Aventura, mientras que a Sasori le venía dando igual. Itachi volteó a verlo.

—¿Te gustaría entrar a ver Resident Evil 4?— preguntó el moreno de repente. Sasori lo miró y arqueo la ceja.

—¿En serio? ¿En nuestra primer cita me invitas a ver una película de zombis?— preguntó, incrédulo. Itachi sonrió de lado y Sasori arqueo las cejas, añadiendo sarcásticamente: —¡Qué romántico!

Itachi ignoro a Sasori y se formó para comprar dos boletos a la película. El pelirrojo dio un respingo. Cuando Itachi regreso y le ofreció su boleto, lo tomo de mala gana y se dio media vuelta para irse a la sala —la película tardaría solo cinco minutos en empezar—. Itachi, que no se ofendió en ese instante, lo siguió encogiéndose de hombros.

—¿No quieres algo?— le preguntó Itachi, al pasar al lado de la dulcería. Sasori prescindió de su oferta y siguió caminando. Itachi torció la boca, al parecer, Sasori no había entendido el chiste de ir al cine.

Se sorprendió del poco recato que le quedaba cuando estaba con Sasori —en especial porque no sabía cómo jugar. Se guiaba principalmente por las anécdotas de su primo y su hermano menor—. Para empezar, jamás habría ido tan seguido al condenado teatro, tanto que a veces, las personas lo saludaban más como un compañero de juegos que como el escritor que odiaba estar con la gente. ¡Era desagradable estar en lugares llenos de personas!

Mientras observaba cómo Sasori le entregaba el boleto al dependiente de manera déspota sonrió un poco. A él tampoco le venía muy bien mirar la de Resident Evil en su primera cita, pero la película llevaba varios días —quizá un par de semanas— en cartelera y eso significaba que la sala estaría casi sola. Además, en caso de que Sasori continuara con sus moños, Itachi tenía curiosidad de ver la película, pues Sasuke se la había recomendado.

Recordó a Tobi, como tembló y no pudo dormir durante las noches, cuando pensaba que los zombis vendrían a por él. En sus labios se formó una sonrisa aún más amplia al pensar en Sasuke, disfrazándose una noche de zombi para meterle un susto a Tobi. Itachi le había dicho "niñato ridículo" pero Sasuke se encogió de hombros. "Por no traerme las manzanas" le había dicho. Su hermano era condenadamente vengativo. Casi se lanza una fuerte carcajada cuando recordó que intrigado —e incluso debía admitir que ansioso— observó la venganza de su hermano. Nunca podría olvidar como al espantar a Tobi en la oscuridad, el buen chico sujeto una pistola de agua desde debajo de su almohada —que había guardado para "defenderse"— gritando "¡Ah, un zombi! ¡Muere zombi, no te comerás a Tobi, porque Tobi es un buen chico!" y mojo a Sasuke, después lo empujó y Sasuke, que no había podido mantener el equilibrio, resbalo con la patineta de su primo y cayó de espaldas, golpeando con la cabeza el buró y dejando que una máscara de Tobi que estaba ahí cayera y le cubriera la cara con ojos como espirales.

Sasori había entrado a la sala donde se proyectaría la película e Itachi apretó el paso, ahogando su risa mientras le daba el boleto al joven dependiente que los recibía, y que miraba con cierto desagrado hacia Sasori. Probablemente, pensó el moreno, Sasori lo había insultado de la manera en que solo él sabía hacerlo.

Su sonrisa se volvió más suave y sus ojos adquirieron un brillo de expectación mientras entraba a la sala y caminaba hacia donde Sasori se sentaba en las filas de en medio y recargaba su cabeza en la mano, con aparente enojo. Itachi se le acercó un poco.

—Aquí no— le dijo, en un tono más que nada autoritario. Sasori lo miró y frunció el ceño, las luces todavía no se apagaban y aún no se proyectaban siquiera los comerciales.

—¿Qué?— preguntó Sasori, con cierto coraje en la mirada. Sonrió con sorna —¿A caso aquí también tienes tu nombre grabado en el respaldo de una silla?

Itachi no contestó y se limitó a mirarlo con su sonrisa inmutable, aunque ahora ésta contenía un toque pedante.

—En las filas de atrás se ve mejor— argumentó el Uchiha, en su defensa. Sasori respingo la nariz y se giro a ver la pantalla en blanco.

—Pues no. Yo quiero estar aquí.

Itachi frunció el ceño y miró de reojo la poca gente que había en tan amplio lugar. Atrás, hasta el fondo no había sentada ninguna persona. Miró a Sasori y lo sujetó del brazo para enseguida jalarlo con la suficiente fuerza para ponerlo de pie. Sasori lo miró con odio poco disimulado.

—¡Oye! ¿Qué crees que estás haciendo?— gruñó mientras intentaba (sin éxito) zafarse del agarre del Uchiha, que lo llevaba a rastras hasta los últimos asientos. La gente los miraba con extrañeza —¡Suéltame, Itachi!

Itachi por fin encontró unos asientos que le fueran formidables y obligó a Sasori a sentarse. El pelirrojo volvió a gruñir adolorido mientras Itachi se sentaba a su lado y se acomodaba.

—Eres un maleducado— le reprochó Sasori mientras intentaba ponerse de pie, pero Itachi lo agarró de la manga de la camisa y lo atraía nuevamente hacia el asiento. El pelirrojo lo miró con desagrado, al parecer, a punto de soltarle un golpe de lo lindo —No quiero estar contigo, idiota. ¡Esto es lo que me sacó por esperar mucho de alguien como tú!

—Cierra la boca. Nos están viendo— contestó Itachi, afablemente, como si le hablara a un niño pequeño.

—Y encima te atreves a decirme que cierre la boca— se quejó el Akasuna mientras lo miraba con el ceño tan fruncido, que sus cejas prácticamente se tocaban. Itachi subió el brasero de los asientos que lo separaba de Sasori —¿Qué haces ahora?

Itachi en realidad, no sabía lo que hacía. Se limitó a pensar que tal vez, de ser Tobi —ó Sasuke, con una de sus novias— pasaría el brazo sobre los hombros de su acompañante. Miró en rededor, esperando que las miradas de las personas ya se hubieran apartado. Sintió como el pulso se le aceleraba y como quizá también, comenzaban a sudarle las manos. Sasori también se había quedado tenso, intuyendo lo que pensaba —ó intentaba hacer— al ver como estiraba lentamente la mano.

—Esta película te aburre, ¿no es así?— preguntó Itachi, con la voz ligeramente ronca. Sasori dejó de mirar la dirección de los brazos del Uchiha para fulminarlo con la mirada —Quizá…

Y entonces, segundos antes de que empezaran a pasar los comerciales y apagaran las luces, Itachi había sujetado a Sasori de los hombros y lo atraía con cierta bravura hacia él, para que se recargara en su hombro. Escuchó la exclamación ahogada que lanzó Sasori y su respiración se acelero, de una manera que solo podría catalogar —de ahora en adelante y por siempre— como la más placentera que había sentido hasta ahora.

Los comerciales empezaron a correr, pero, mientras eso pasaba, lo único a lo que Itachi le ponía atención era a las manos de Sasori, que lentamente lo abrazaban por la cintura. Itachi elevó la mano hacia los cabellos de Sasori y los movió un poco con las yema de sus dedos, como si le hiciera cosquillas. Piojito, creo que así le dicen los ridículos enamorados. Pensó en ese momento, mientras fruncía el ceño, extrañado de lo fácil que había resultado tener a Sasori más cerca que anteriormente.

La película empezó sin que nadie más entrara a la sala. El silencio en que se habían sumido las demás personas era solo interrumpida por la canción de fondo mientras la gente en la pantalla caminaba, y mientras una chica de cortos cabellos negros miraba a todos como pérdida, desubicada. Cuando ella rugió y comenzó a morder a un hombre en el cuello, casi ni se sorprendió. Sasori, por otro lado, dio un profundo suspiro, mientras se acurrucaba más en su cuerpo y él se sonrojo violentamente. ¡Daba gracias a Kami porque las luces estuvieran apagadas y nadie viera su rostro encendido!

Conforme la película fue avanzando, notó que Sasori se estaba poniendo incómodo en aquella posición y no lo detuvo cuando éste se sentó y se enderezó. Se preguntó si se habría quedado dormido. Durante unos segundos Sasori permaneció mirando la pantalla antes de recargarse en el asiento, cerrando los ojos y suspirando quedamente. El Uchiha frunció el ceño, sopesando que quizá habría sido mala idea entrar a ver esa película con Sasori. Miró la pantalla también, en ella, un sujeto le disparaba a otro mientras buscaba la manera de escapar. Itachi torció la boca y también se recostó en el asiento, sin dejar de ver la película.

Unos minutos después, miró el rostro tranquilo de Sasori. No logró concebir la idea de que él pudiera morir pronto, y supo que sentía terror y pánico de una manera que nunca lo había sentido. En realidad, cuando Itachi escribía sobre la muerte, en los únicos que pensaba eran en personajes… Muñecos de sus historias. No es que el tema le resultara llamativo, sino que, había escuchado que cuando repetías una palabra muchas veces, ésta dejaba de tener significado. Por eso odiaba el amor, porque en realidad, eran solo falaces promesas —al menos siempre había supuesto que uno de cada pareja debía de mentir—, y la muerte, tantas veces la había descrito que creía que de pensar ó perder a otra persona más, no lo sentiría. Pero ahora se daba cuenta de que eso era una mentira. Si perdía a Sasuke, a Tobi ó a su tío Madara, le dolería. Y si muriera Sasori… Se le ocurrió una escena en la que él mismo, yacía pálido en el suelo.

Si Sasori se moría, él no soportaría la vida.

Respiro profundamente, y con la mano temblorosa, la fue acercando a la de Sasori, que descansaba en su propio regazo, ajena al deseo que Itachi tenía por estrecharla en ese preciso instante. El sonido de los disparos hizo que Itachi mirara el rostro del pelirrojo, esperando que éste abriera los ojos sorprendido, pero apenas sí los abrió ligeramente, para ver qué pasaba en la película. Itachi se armó de valentía y por fin, alcanzó la mano de Sasori y se la estrechó.

Sasori se tensó completamente e incluso abrió los ojos de par en par, como si aquello le hubiera sorprendido más que el zombi que atrapó a la muchacha, pero no apartó la mirada de la pantalla mientras Itachi entrelazaba sus dedos con los suyos, y tampoco giró a mirarlo. Itachi, sin embargo —y pese a la oscuridad— notó el rubor que se extendía sobre sus mejillas y la sonrisa complacida.

Itachi también se sintió bien. Inseguro ante la perspectiva de cuánto tiempo podría —no solo en esa cita, sino en toda su vida— tomar la mano de Sasori con tal ligereza y confianza, incluso. Se atrevió a sonreír, mientras Sasori volvía a recargar la cabeza en su hombro y no soltaba su mano.

Casi al final de la película, Itachi se sintió vacío. Su cabeza había empezado a formular mil maneras en las que podría perder a Sasori —entre ellas incluyó que para el pelirrojo esto solo se tratara de una aventura—, y se sintió apocado. También deseo estar fuera del cine y lejos del pelirrojo. Pensó en la antigua decisión que había tomado de no volver más nunca al teatro. En lo que cabía, había cumplido su promesa, pero no había dejado de ver a Sasori —incluyendo en sueños y cavilaciones mientras estaba despierto—. Suspiro resignado.

Pensó en la insuficiencia cardíaca que tenía Sasori, y en un arrebato de algo parecido al miedo, sujetó del hombro a Sasori, atrayéndolo a sí con fuerza y clavándole las uñas. El pelirrojo pareció disgustado de la fuerza que usaba, porque repentinamente se enderezo y fulmino a Itachi con la mirada.

—¿Qué te pasa? Eso me ha dolido— susurro, por debajo del ruido de la película. Itachi se sintió un poco avergonzado —Itachi.

El pelinegro miró a Sasori, el brillo de la pantalla era el suficiente como para que pudiera entrever sus finos rasgos, contorsionados por el malhumor que había adquirido durante aquellos segundos. Itachi bajó la mirada, pensando que decir la verdad sería como una especie de punto a su favor, pero la fulminante mirada de Sasori le hizo pensar que en realidad, cualquiera que fueran sus palabras, Sasori no respondería de manera afable. ¿Y si le decía que la película lo había tomado desprevenido y se había espantado?

—Lo siento— se disculpó Itachi, apenas con la voz audible —Es que, me entro un pensamiento horrible.

Sasori pareció —al contrario como pensaba Itachi— satisfecho con aquella respuesta y luego de advertirle con la mirada volvió a acomodarse sobre su hombro, con cierta tranquilidad que parecía imposible corromper en esos momentos. Sasori volvió a abrazarlo y lanzó un suspiro. Itachi no se atrevió a volver a abrazarlo, porque si aquellos pensamientos volvían a acosarlo, seguramente volvería a clavar sus uñas en Sasori, y decididamente, no quería eso.

Agachó la cabeza y hundió la nariz en los cabellos del pelirrojo, aspirando su aroma. Una súbita ola de placer le recorrió desde la cabeza hasta la punta de los pies, seguido una corriente eléctrica que le hizo estremecerse ligeramente.

—Sasori— lo llamó en un susurro.

—¿Hum?

—¿Estaría bien…si yo…— comenzó a susurrar, poniendo las manos en los hombros de Sasori y apartándolo un poco, y luego levantando su mentón —…te besó, ahora?

Sasori abrió los ojos de par en par y se quedo quieto. Por la poca luz, Itachi logró observar que Sasori tragaba saliva ruidosamente. Intentó no pensar en nada, en ninguna negativa. Sasori sonrió de lado.

—Idiota…— susurro y su aliento golpeo el rostro de Itachi —Llevo esperando que digas eso desde el primer momento en que te vi…

Itachi habría querido decir algo ingenioso, pero al parecer se había quedado corto de palabras —aunque a esas alturas ya no le sorprendía—, e incluso de pensamientos. Comenzó a acercarse a Sasori con cierta lentitud. Esta vez, no se pondría de masoquista para jugar a que él era más resistente que el pelirrojo. Solo quería terminar con aquel sincero malestar que le producía no estar cerca de Sasori ó no besarlo. Ya había pasado mucho tiempo imaginando cómo sería hacerlo, pero, al momento en que sus labios se iban a juntar, ya no se atrevió a continuar. En realidad, Itachi nunca había besado a nadie en los labios, mucho menos habría querido dejar que sus instintos le hicieran besar a un hombre. Eso, en lo que concernía a la familia Uchiha, estaba mal. Bueno, Tobi no le daba importancia a las reglas, y además, siempre se encaprichaba por cualquiera y Madara nunca lo reprochaba. En cambio, Itachi estaba seguro de que Fugaku se retorcería en su tumba.

—Itachi— susurro entre dientes Sasori —¿Vas a besarme algún día ó te vas a detener a condenados…?

Pero Itachi ya había tomado una decisión y se había adelantado, chocando sus labios con los del pelirrojo, elevando sus manos hasta la nuca de Sasori y jalándolo para que el pelirrojo no se alejara ni un momento de él. Sasori había lanzado una exclamación por la sorpresa y había abierto los ojos. Itachi se acomodo entre los asientos y atrajo a Sasori hacia sí, prácticamente tumbándolo sobre él.

Si la gente había volteado a mirarlos, no le importaba. Al principio tanto el uno como el otro parecieron volver a la realidad y recatarse un poco, suavizando el beso en vez de convertirlo en aquel movimiento salvaje. Pero qué más daba, al final, se quedaron besándose con cierta violencia y ansiedad. Como si, toda su vida, hubieran esperado poder hacerlo. Ó, que su vida estaba a punto de acabar, y así era la única manera diga de terminarla.

No se separaron sino por falta de aire, y en cuanto más o menos lo recuperaron, volvieron a besarse. Esta vez, la ansiedad había desaparecido, y era como si siempre lo hubieran hecho. Una rutina que no dejaría nunca de ser lo más placentero que hubieran experimentado.

Y ahí va otra vez: Me equivoqué. Hasta ahora no había sentido nada tan genial como esto— pensó Itachi mientras sujetaba con más fuerza a Sasori.

0*0*0

Pensar en un pasado no tan lejano, donde Sasori creía que podría vivir en paz sin la continua presencia de Itachi en su vida, le hizo sentirse un completo idiota. ¿Cómo no se había dado cuenta antes ó cómo había podido resistirse y rechazar la idea que tan grabada estaba en su mente?

Itachi se separó de Sasori luego de besarlo durante un buen rato, ya en la puerta de la casona detrás del teatro. El pelirrojo lo miró de manera cómplice, saboreando los últimos instantes. Después de todo, ambos eran las víctimas de la misma tentación.

—Me divertí bastante— confesó Sasori y sus ojos adquirieron una extra intensidad. Itachi lo abrazo de la cintura y sonrió, asintiendo con la cabeza —¿Estarás libre mañana? Creo que me vendría bien ver otra película.

—Lo dudo. Solo te quedarás sin dinero y no te enteras de nada— le reprochó Itachi, mientras lo soltaba y le sujetaba el rostro con ambas manos —Pero quizá mañana puedas darte una vuelta a mi casa. Ya tengo parte del libro escrita y me agradaría que me dieras tu opinión respecto a ciertos…

—No— le cortó Sasori, con el ceño ligeramente fruncido. Itachi se sorprendió un poco ante la negativa. El pelirrojo sonrió y elevó sus manos hasta su rostro, donde descansaban las de Itachi —En realidad, quiero que lo hagas tú con todos los detalles que seas capaz de poner. Quiero que sea una sorpresa.

Itachi permaneció en silencio un par de segundos.

—Está bien— dijo, en un quedo susurro. Cerró los ojos y besó la frente de Sasori —Pero sí irás a mi casa mañana, ¿verdad?

En realidad, la sugerencia de Itachi no era tanto una invitación como una orden y Sasori sonrió asintiendo, mientras el sonrojo en sus mejillas iba en constante aumento.

—Por supuesto. Y tomaremos el té— le dijo, medio en broma. Itachi se separó de él y asintió —¿A qué hora?

—A las dos de la tarde está bien. Pero yo vengo por ti…— hizo una pausa —Quizá podrías traer a Deidara contigo, si está con el suficiente humor.

—¿Deidara?— repitió Sasori, como si ya se hubiera olvidado de la existencia del rubio, aunque en realidad le extrañaba la sugerencia de Itachi —¿Para qué?

Itachi no sabía si debía de admitir lo que Tobi le había contado en la mañana, pero decidió encogerse de hombros. Sasori frunció un poco el ceño, estaba consciente de que Itachi sabía cuánto parecía Deidara detestar a ambos Uchiha, en especial a Itachi, aunque, ignoraba por qué exactamente.

—Le diré, pero no estoy seguro de que quiera ir— le prometió e Itachi asintió, en silencio admitiendo que ya lo sabe —Entonces… nos vemos mañana.

Itachi sonrió y luego de darle otro pequeño beso en los labios se fue caminando. Sasori se quedo parado en el umbral de la puerta durante indeterminados segundos, observando a Itachi hasta que desapareció. Entonces, pareció despertar de sus ensoñaciones y entró a la casa, con el corazón latiéndole con fuerza y una sonrisa en el rostro que muy probablemente no borraría durante horas.

En realidad, habría querido saber de antemano que en esa última suposición, se había equivocado.

La casa estaba sumida en un extraño silencio que le hizo extrañarse un poco, ya que en realidad, Deidara acostumbraba a tararear canciones ó poner música para hacer sus obras de arte. Camino con cierta cautela, advirtiendo el peculiar ambiente. Todo estaba aparentemente normal, pero Sasori intuía que algo malo estaba por pasar. Desdeñó aquel sentimiento de recelo y sin dejar de sonreír camino hasta la sala. Ahí había un par de cobijas y los zapatos de Deidara. Inmediatamente, el pelirrojo sintió un nudo en el estomago, Deidara nunca dormía en el sofá, decía que era muy incómodo.

Últimamente ambos habían tenido más disputas de las que se acostumbraba y notaba a Deidara de un constante mal humor que nunca le había visto. Al principio quería pensar que se debía a que Deidara no encontrara nada qué hacer durante el día, y luego lo atribuyó a que los días nublosos lo deprimían. Dejó en el sillón su saco y miró alrededor. Y entonces lo notó. La lámpara que siempre estaba al lado del sillón no estaba y además, los girasoles —magullados y con menos pétalos— se encontraban dentro de otro florero. Puso más atención y se percató que los libros que Deidara había ordenado del más pequeño al más grande —de izquierda a derecha— ahora estaba perfectamente ordenados pero del más grande al más pequeño.

—¿Deidara?— llamó el pelirrojo. Estaba, en lo que cabía, acostumbrado a que el rubio lo recibiera inmediatamente luego de salir, porque así siempre había sido, fueran a donde fueran. Pero el día de hoy, no sucedió así —¡Deidara! ¿Estás en casa?

El silencio fue todo cuánto le respondió. Con el mal presentimiento todavía latente, el pelirrojo fue hasta el taller de Deidara, donde a pesar de tocar repetidas veces, nadie le respondió. Cuando abrió la puerta, se percató de que Deidara no estaba ahí, además de las figurillas de arcilla, no había nadie. Con un suspiro resignado camino hasta el cuarto del artista y repitió la llamada, pero nuevamente, tuvo que abrir la puerta sin encontrar a nadie dentro. Cuando pasó por el jardín notó que en el bote de basura yacían los pedazos de la lámpara. Un poco molesto se fue a la mesa donde sabía que sí Deidara había salido de la casa, encontraría una nota — reprochándose a sí mismo por no recordarlo antes—, pero no había nada. Entre el coraje y la desesperación, se fue al cuarto donde estaba el piano, pero no había nadie. Examino la cocina, los baños —cada vez acelerando más su paso—, llamando a Deidara una y otra vez. Incluso se fue al teatro, donde cuando Deidara quería estar definitivamente solo se iba a sentar en la tarima, él creía que imaginando que podría un día mostrar su arte.

Se alivio un poco al acertar: Deidara estaba sentado en la tarima, mirando a la nada los asientos rojos con una concentración que Sasori creía que no era usual en su alumno. Mientras avanzaba hacia la tarima, esperaba que el rubio se percatara de su presencia y se disculpara por su falta de atención ó al menos del susto —que había de admitir que se había llevado— que le provocó al desaparecer así nomás. Sonrió un poco, dispuesto a hacer un comentario para con su alumno.

—¿Qué sucede, mocoso?— le preguntó, casi al borde de la alegría recuperada por su día. Sin embargo, su sonrisa se fue borrando al ver que Deidara no le dirigió una mirada siquiera. Segundos después, Sasori trató de volver a iniciar conversación —Si no quieres que te regañe por la lámpara hubieras corrido a comprar una mejor. ¿Sabes? De todos modos ya te iba a pedir que buscaras una a tu gusto…

—Ah sí— interrumpió Deidara a su maestro, sin mirarlo. Sasori frunció el ceño cuando el rubio rodó los ojos como lo haría con cualquiera… del que realmente despreciara su compañía —¡Una lámpara a mi gusto! Por supuesto, Sasori. Eso suena alucinante.

Sasori abrió los ojos de par en par, primero porque no había agregado el danna a su nombre, y luego cuando se percató de que Deidara no había utilizado tampoco su palabra de artista. Antes de poder replicarle algo, el rubio se puso de pie y se dio media vuelta, avanzando hacia el lado contrario de donde estaba Sasori.

—¡Hey, mocoso!— gritó, un poco ofendido —¿Qué te traes?— y viendo que el rubio lo ignoraba añadió: —¿A dónde vas?

Deidara se detuvo justo a la mitad de la tarima. Sasori alcanzó a pensar que sería perfecto inmortalizar también la belleza de Deidara convirtiéndolo en una marioneta. Su alumno se volteó, mirando con más atención las filas de asientos, y perdiendo la mirada en la distancia, muy lejos de donde estaba Sasori parado, estupefacto e incluso con incordia.

—Quiero ver algo— dijo Deidara con un tono amargo en la voz —¿Dónde lo veía usted siempre? Yo creo que justo en las de en medio, ¿verdad? Luego de que viniera con Tobi y regresara solo se sentaba en esas sillas de allá— el rubio sonrió casi imperceptiblemente, a Sasori le corrió un escalofrío —¿Le gustaba verlo, Sasori?

—No sé de qué me hablas— mintió Sasori, enrojeciendo. Deidara lo miró por primera vez, con el ceño fruncido y los ojos llameando de ira.

—Sí— contestó, exasperado —Usted no tiene idea de lo que hablo, porque piensa que lo único que atino a saber es a decir tonterías, ¿no?— cerró los ojos y suspiro, lanzando una especie de risotada que resonó en todo el teatro —No se preocupe. Yo no me ofendo.

—Mocoso…— empezó a decir Sasori, perdiendo súbitamente el buen humor.

—¡Deja de llamarme mocoso!— gritó Deidara, haciendo que Sasori abriera los ojos con sorpresa ante la violenta contestación del rubio y en especial, percatándose del horrible gesto de odio con el que lo miraba a él… A él que nunca había visto de otra manera que como un buen amigo, con respeto, con cariño —¡Tengo un nombre, Sasori! ¿Ó te gustaría que todo el tiempo yo te dijera viejo? ¡Si me llevas por solo un año y medio! En todo caso, yo no soy menos mocoso que tú.

Sasori parpadeó rápidamente, contrariado por la sorpresa. Abrió la boca para responder, pero Deidara daba largas zancadas hacia él, y bajaba de la tarima con un salto bastante ágil. Sasori pensó con amargura, que él no podría hacer ni remotamente algo parecido a eso. Pero poco le fue importando cuando Deidara se le acercó violentamente a él y tuvo que retroceder un par de pasos, un tanto asustado. Nunca, nunca había retrocedido frente a nadie, ni siquiera frente a Itachi.

—¡Deja de hacerte el maduro, porque tus acciones son más infantiles que las mías!— le gritó el rubio, señalándole con el dedo. Sasori se plantó con bravura, no dispuesto a retroceder ni un paso más y observando a Deidara con el ceño fruncido.

—No te atrevas a seguir hablándome así— le recriminó, con la voz convertida en una señal de amenaza. Deidara sonrió de lado, cínicamente.

—¿Ó qué?

Sasori volvió a abrir los ojos de par en par, y sintió que el alma se le fue a los pies.

—¿Qué te pasa ahora, Deidara?

—Pasa que ya me cansé— contestó el rubio casi inmediatamente, luego apartó la mirada de Sasori y se dio media vuelta, alzando los brazos con exasperación. Fue entonces que Sasori se percató de los rojizos nudillos en la mano del rubio, y que el cabello de éste no se hallaba peinado con su usual media coleta —¡Eres una persona caprichosa, engreída y pedante! Y ya me cansé.

—¿De qué estás hablando?— gritó Sasori —¡No te he hecho nada!

—¡Es lo que no has hecho lo que me molesta!— refutó el rubio mientras se daba media vuelta con violencia, para encarar al sorprendido pelirrojo.

—¿Lo que no he hecho?— repitió Sasori y arqueo la ceja —¿Y según tú qué no he hecho yo por ti? ¡Te he llevado conmigo para que perfecciones tu arte, para que lo muestres! ¿No te he acogido?

—No me hables como si de entre los dos, yo fuera el cachorro nacido en mal barrio y tú te apiadaste de mí.

—No te estoy hablando así— se defendió Sasori, molesto.

—Bah— soltó Deidara, luego de chasquear la lengua y cruzarse de brazos —A otro perro con ese hueso, danna.

—Deidara— dijo entre dientes el pelirrojo, notando el tono burlón que el rubio había usado anteriormente con el honorifico. Peor el rubio no pareció inmutarse un poco siquiera y lo fulmino nuevamente con la mirada.

—Tú eres realmente el perro que yo recogí en la calle medio muerto de hambre— exclamó molesto el rubio, observando con repulsión a Sasori —Tú eres el que tuvo que venir a mí para no caer y morir.

—¿Eso crees, mocoso?— reprochó Sasori. Su pecho empezó a dolerle bastante, mientras más latía su corazón con dolorosa fuerza —¡Eres un perfecto estúpido! No estoy dispuesto a aguantar tus niñerías, mejor, ve cuando estés más tranquilo y dispuesto a razonar.

Y diciendo eso, el pelirrojo se dio media vuelta. Dispuesto a hacer una salida digna y triunfante. Como siempre, incluso aunque su pecho le doliera y su respiración fuera cada vez más rápida.

—Lo que usted llama razonar en realidad lo quiere llamar resignación de mi parte, ¡para anotarse otra victoria! A lo que yo llamó razonar en esa oración suya, es a ocultar mis sentimientos para servirle y esperar que algún día se dé cuenta de que lo amo y no se haga de cariñitos con un escritor de mierda que apenas si conoce.

Aquellas palabras, las últimas después de "lo amo" no fueron ni siquiera recibidas por su mente. Solo aquellas dos se repetían y lo habían congelado en su lugar. Quiso dar media vuelta y encarar a Deidara para decirle algo y herirlo, pero no logró siquiera darse la vuelta.

—¿Qué? ¿Va a fingir que nunca se dio cuenta?— continúo con un tono ponzoñoso el rubio —Porque entonces usted es en realidad, el único que será la burla de todos los demás. ¡Qué tonto! ¿De verdad pensaba que yo hacía todo eso por qué era muy amigo? ¡Jopetas! Qué estúpido ha resultado ser usted en realidad.

Sasori se giro a verlo, molesto.

—No me llames…

—Usted lo es y ambos lo sabemos. Pero descuide, en algún lugar se ríen más de mí que de usted— soltó con amargura —Seguramente ese escritor de quinta lo hace. ¡Cómo si se pudiera amar a alguien como usted por solo pasar un rato! Se necesitan años para comprenderlo, y se necesita más que de veinte minutos ó un poco de aventura para amarlo de verdad. E Itachi no ha hecho ninguna de las dos cosas. Usted ha de ser solo otro de sus personajes, lo que equivaldría para usted seguirme tratando como una marioneta. ¡Va a tener lo que merece luego de hacerme todo lo que me hace! Y, ¿Sabe qué? Me importa un maldito bledo mí jodido arte, si tengo que seguir a su lado, haciéndole creer que realmente lo necesito para ello. Si yo me he quedado aquí es porque lo amo, no porque usted sea la escalera que necesito para hacerme artista. ¡Y encima, las personas que vienen a ver sus obras, como el estúpido del Uchiha, no lo hacen porque creen que las marionetas son arte, sino, solamente porque usted es hermoso! ¡Nada más!

—¡Cierra la boca, bastardo!— gritó Sasori, fuera de sí —¡Mis marionetas son arte!

—¿Lo ve?— reprochó Deidara —¡Le he dicho que lo amo y lo único que atina a reclamarme es que no llame arte a su estúpido trauma por tener a sus padres al lado construyéndolos con madera! ¡Yo podría darle amor de verdad, el calor que necesita y…!

Harto de todo lo que estaba gritándole su alumno, Sasori dijo algo que ni remotamente quería decir:

—Si así fuera, te habría buscado a ti y no a Itachi, idiota— le dijo, en un tono casi burlón. Deidara abrió los ojos y se quedo en silencio —¿No te das cuenta, Deidara? ¡Tú no eres ni remotamente lo que quiero tener! ¡No eres el indicado para hacerme sentir nada!

Se quedaron sumidos en un profundo silencio. Deidara, que respiraba un poco agitadamente ya no sabía qué más reprochar a su maestro y en realidad, le dolía tanto lo que le había dicho que ya no le importaba decir nada más. Sasori, se quedo callado, analizando las palabras que salían de su boca hasta apenas unos segundos atrás. Ambos sabían que se tenían que disculpar, pero no querían hacerlo. Su orgullo siempre sería tan igual al prejuicio de aquellas palabras, para nada ciertas.

—No lo hago sentir nada— dijo Deidara, con la voz quebrada —Usted me hace sentir todo— la gélida risa que lanzo el rubio, apoco completamente a Sasori —Creo que hemos llegado a un impasse.

Sasori no dijo nada. Y el rubio bajó la mirada, comenzando a reír un poco de manera maniática.

—¡Eso es lo que más odio de ti!— gritó Deidara, furioso, mirando a Sasori con algo parecido a la locura —¡Siempre quieres tener la razón y me ves por debajo de todos!— al pronunciar la última palabra, el rubio hizo con la mano un movimiento peculiar de abarcar su alrededor en un ademán —¡Por un día quisiera que lo admitieras!

—¿Admitir el qué?— preguntó Sasori, haciendo una sonrisa burlona y lastimera, en lo que a Deidara concernía —No importa cuánto pase, yo no podré verte como algo más, mocoso. Porque tú no puedes serlo. Nunca lo serás.

Deidara tuvo un tic en su ojo mientras observaba a Sasori con recelo.

—Ni siquiera lo considerarías— dijo, luego de unos segundos —Sasori…danna…— hizo una pausa larga, observando a Sasori —Yo en verdad me preocupo por ti, en verdad quiero verte feliz… quiero hacerte feliz. ¿Ni siquiera intentarías darme una oportunidad?

El silencio de Sasori fue su respuesta. Deidara sonrió y asintió.

—Vale. Lo comprendo— dijo, agachando la mirada —Lo siento…

Y diciendo esto, empezó a caminar. Cuando cruzó al lado de Sasori, el pelirrojo sintió como entre ambos se había formado un profundo bloque, separándolos. ¿Y si lo que dijo Deidara era verdad? ¿Y si Itachi lo tratara como un juego?

¿Y si… en realidad, fuera mentira lo que dijo él respecto a que Deidara no le hacía sentir nada?

El escaso segundo que Deidara pasó a su lado se le hizo tan eterno como una hora. Deidara ni siquiera voltearía… El corazón de Sasori se oprimió con fuerza, sintió la visión borrosa y durante un segundo creyó que iba a desmayarse, pero sintió las lágrimas correr por sus mejillas, y eso solo le hizo sentir impotencia y coraje…

~~FLASH BACK~~

Su pálido rostro, estaba seguro que nunca lo podría olvidar. Había sostenido su mano en los últimos segundos de su vida, pero ahora no la podía soltar. Chiyo, que lo había cuidado desde pequeño, se había ido y lo había dejado solo. La oscuridad se ceñía sobre él y el dolor lo apedreaba en todo el cuerpo, provocando que la fuerza se extinguiera y quisiera caer en el suelo.

No lloraría. Lo había prometido, y quería ser fuerte, justo como su abuela lo había sido. Daba gracias porque Kami le hubiera prestado tanta vida, aunque lo odiaba por arrancársela de al lado. No había tenido el tiempo suficiente para enseñarle lo que podía hacer ahora. Con la voz quebrada la llamó un par de veces antes de entender que no volvería. Y le dijo que estaría bien, que ahora descansaba, que ahora no le dolería nada.

Y las lágrimas empezaron a aflorar de sus ojos, pero las resistió y las guardó en su interior. Le ardían enormemente los ojos y la cabeza le punzaba a tal grado que creía que le explotaría. Y entonces lo sintió, una mano en su hombro que lo despertó de sus tristes pensamientos. Giro la cabeza y por encima del hombro se encontró con los ojos de Deidara, que desprendían lágrimas a borbotones, como si la pena de perder a Chiyo fuera más suya que la de él. Deidara se hincó a su lado.

—Lo siento— le dijo, con la voz quebrada —Vine en cuanto mi madre me dijo… hubiera querido estar aquí… contigo, hum.

Sasori quería decirle que habría sido inútil. ¿De qué habría servido que estuviera él ahí? De todos modos, iba a pasar.

—No entiendo por qué la gente se disculpa por cosas que no son culpa suya…— susurro, con una amarga sonrisa. Deidara lo miró largo rato, con el ceño fruncido.

—No guardes todo eso, Sasori— le dijo —Por favor, solo te harás más daño, hum. Si no lo sacas ahora…

—Ella… Ella tenía que ver lo que había logrado. Mi sueño, ahora será realidad, y ella no lo verá…— susurro Sasori, inclinando su cabeza y besando repetidas veces la mano de su abuela, la sintió tan fría… Ya no sentía nada… —La muerte…

Deidara no se alejo de él y solo se acercó para abrazarlo y hundir su cabeza en el cuello del pelirrojo, compartía su dolor como nunca lo había hecho con otra persona. Sasori, no se sorprendió, pero agradeció aquel contacto cálido y agradable. Lo necesitaba, lo quería, lo añoraba.

Ella verá todo su éxito, danna— le dijo entonces, y su aliento le cosquilleo a Sasori con agradable ligereza —Ella…siempre estará contigo. Lo sabes, y ella también, hum. Estará bien, ya no le duele nada, y si lo ha dejado ahora es solo porque sabe que usted estará bien. Es fuerte y logrará sobreponerse a esto…

Sasori negó con la cabeza. Y Deidara lo abrazó con más fuerza, hasta el punto de que aquella caricia le soltó por fin las lágrimas al pelirrojo, aquellas que había estado guardando durante lo que le pareció una eternidad.

—Claro que lo hará. Yo sé que usted es el mejor, hum. Es un verdadero artista, y no dejará de luchar. Triunfará, por usted y por ella…que nunca habría querido ser quién derrumbará sus sueños, hum.

Sasori se dejó hacer, abrazando a Deidara, llorando y gritando, descargando todo su dolor… Y pidiéndole que fuera con él.

~~ FIN DEL FLASH BACK~~

Sasori apenas se dio cuenta de que había girado y tomado la mano de Deidara y que lo atraía hacia sí con fuerza para abrazarlo. Y, casi sin darse cuenta… para tomar su rostro entre las manos —sintiendo las lágrimas que había derramado el rubio por la tristeza y sintiéndose un completo imbécil por haber sido quien las causara— y besarlo en los labios.

El contacto con los labios de Deidara fue algo distinto al que se produjo con Itachi, un poco más necesitado y tranquilo. Parecía como si siempre hubieran estado hechos para hacerlo el uno con el otro. Deidara gimió su nombre y luego rodeo el cuello de Sasori con los brazos, mientras el pelirrojo lo estrechaba a través de la cintura.

No quería que aquellos castillos de hielo se formaran entre ambos y los separaran, porque muy en el fondo sabía también que amaba a Deidara. Y lo necesitaba. Era lo único que le quedaba. Era lo único seguro en su destruida vida.

Apenas pensó en Itachi, se deshizo de la idea. Aun sintiéndose culpable, la sensación de probar los labios de Deidara le produjo una paz interior mucho mayor que la de besar a Itachi. Aquel había tenido emoción y ciertos disturbios en su interior, más confusión y éxtasis que aquella dulce caricia que compartía ahora con su alumno. Se dio cuenta de que mucho tiempo atrás había deseado hacer eso mismo.

—Te amo, Sasori— dijo Deidara entre un beso y otro, aparentemente falto de aire. Sasori lo aferró más a su cuerpo.

No te alejes— susurro Sasori, besándolo con más ansiedad.

—Nunca…hum.

0*0*0

La tasa se rompió en el instante en que tocó el suelo e Itachi se maldijo por su torpeza. Sasuke lo miró con cierta extrañeza, no acostumbraba a ver a su hermano tan distraído. Sonrió de lado.

—¿Te ha pasado algo, hermano?— le preguntó con cierta burla en la voz —¿Has tenido un día placentero?

Itachi lo fulmino con la mirada. En todo caso, su hermano no tenía por qué suponer que su día había sido agradable —aunque era cierto—.

—¿Y tú qué sabes?— preguntó con cierta displicencia en la voz mientras se levantaba y con un trapo recogía los pedazos de la tasa negra que antes, había estado sobre la mesa. Limpió también el té que se había desparramado y ensuciado la madera —¿Por qué supones que ha sido así?

—Bueno— dijo Sasuke, llevándose a la boca una papa a la francesa y haciendo una especie de pausa dramática, cuando tragó bocado continúo: —Lo primero que me indica eso, es que has estado sonriendo estúpidamente desde que llegaste de tu visita a la biblioteca, y ahora, lo corroboró porque has dejado caer la tasa, significa que estás distraído. ¿Andas en las nubes, hermano?

—A las nubes te mandaré de un golpe si no te quedas callado— murmuro Itachi con una sonrisa fraternal en el rostro. En realidad, nunca le haría daño a su tonto hermano menor, luego, añadió con la voz más alta, para que esta vez, Sasuke sí pudiera escucharle —Sí. He tenido un buen día. Me encontré con un libro llamado Erebos. Me ha resultado tan interesante que, ansío volver mañana para leerlo.

—¿En serio?— preguntó Sasuke, aparentemente cayendo en la coartada de su hermano —¿De verdad te ha resultado llamativo?

—Muy emocionante.

—Eso ya es decir mucho— comentó Sasuke con una media sonrisa, mientras volvía a llevarse otra papa a la boca.

Itachi termino de limpiar su desastre y se fue directo a su cuarto. En el camino se encontró con una agradable música, proveniente del estudio de Tobi. La música de violín se alzaba. Tuvo cierta curiosidad —cosa que no pasaba nunca— por saber qué se traía entre manos su primo. No le mencionaría que quizá Deidara fuera a la casa al día siguiente, porque si el rubio no aceptaba, las esperanzas que se hubiera hecho Tobi se verían destrozadas.

—Tobi— le llamó y Tobi interrumpió la canción para mirarle y sonreírle. Itachi notó, que su primo parecía de un repentino buen humor, que incluso superaría a su buen ánimo cotidiano —Hola… eh… ¿cómo estás?

—¡Mucho mejor, Itachi san!— exclamó el buen chico, con una sonrisa —¿Sabe? Hoy he ido a ver a Deidara.

La confesión de Tobi le dio cierto sosiego al Uchiha mayor, porque por la sonrisa que su primo enmarcaba, estaba claro de que había pasado un buen rato. Sin embargo, la mirada de Tobi se ensombreció un poco.

—Creo que pronto seré un amigo suyo— agregó con una sonrisa un tanto triste. Itachi no se atrevió a preguntar qué había pasado, posiblemente mañana tendría tiempo de hablarlo con el pelirrojo —Pero…— la mirada que le dirigió en ese momento hizo que Itachi se tensara completamente —¿Usted se encontró, de casualidad, con Sasori san en la biblioteca?

El silencio los dejó sumidos a ambos durante varios segundos. Tobi sujetaba el violín y el arco, a los costados, mirando a Itachi y esperando pacientemente su respuesta. Itachi dudó de contarle cualquier cosa.

—Eh…— susurró. Por fin decidió que sería mejor admitir que en la biblioteca, ambos se habían encontrado, por casualidad —Sí. ¿Por qué?

Tobi frunció el ceño.

—Itachi san, ¿usted y Sasori san son amigos…— el buen chico hizo una pausa —…ó más que eso?

El corazón de Itachi dio un vuelco antes de golpear con fuerza en su pecho. Miró a su alrededor, esperando que ni su tío ni su hermano hubieran escuchado eso. Se alivio cuando —al menos superficialmente— no parecía haber escuchado nadie. Itachi miró a Tobi antes de sonreír burlonamente.

—Por supuesto que no— contestó, de antemano sabiendo que Tobi quizá pudiera intuir el fuerte sonrojo que sentía que tenía en las mejillas ó que podía escuchar los acelerados latidos de su corazón —¿Cómo se te ocurre decir eso?

Tobi hizo una pausa, dejando el violín —con extremo cuidado— sobre el banco del piano de cola.

—Deidara san está muy destrozado porque Sasori san ya no le presta atención. Cree que…quizá, si usted y Sasori se afianzan más terminará por ser una especie de cero a la izquierda.

Itachi frunció el ceño. ¿Qué podía querer el rubio ese con su novio? Casi se habría burlado de haber conseguido primero el amor de Sasori. En otras circunstancias —pensando claro, que él tuviera esa misma atracción hacia Sasori y Deidara le hubiera arrebatado al pelirrojo— seguramente estaría igual. Se dio cuenta de que la burla que había lanzado, era más bien una risa mental de puro alivio. Tenía a Sasori, y eso era lo único que importaba.

—¿Sí?— preguntó, con las cejas arqueadas. Indicando de cierta manera, que aquello le traía sin cuidado.

—Desgraciadamente, Itachi san— interrumpió Tobi, con la voz triste —Creo que Deidara está realmente enamorado de Sasori san.

Itachi frunció el ceño y apretó los dientes. ¿Y qué si el rubio estaba enamorado de Sasori? El Akasuna ya lo había escogido a él, así que el rubio podía irse dando media vuelta, y alejarse de ambos. Sonrió de lado, de una manera egocéntrica. Pero, antes de poder decir lo que pasó por su mente instantes antes, se vio atajado por Tobi.

—Si para usted Sasori san es un capricho, debe dejarlo— sentenció Tobi, de manera adusta. Itachi abrió los ojos de par en par.

—¿Qué dices?

—Lo siento por la horrible manera en la que se lo estoy pidiendo— se disculpo Tobi, bajando la mirada, avergonzado —Pero es en serio. Si usted no quiere realmente a Sasori san, debe de terminar con eso.

El Uchiha mayor miró a Tobi con el ceño tan fruncido que sus cejas se tocaban. ¿Qué se creía Tobi?

—Sasori no es un capricho— dijo con total seguridad, sintiendo como el admitir en voz alta que se sentía atraído por Sasori un estremecimiento le corría dentro de todo el cuerpo —Yo en verdad lo quiero.

Tobi alzó las cejas, sorprendido.

—Pero Itachi san— dijo el buen chico, tratando a menguar la tensión que se podría palpar entre su primo y él —Usted apenas lo conoce…

Itachi arqueo una ceja, y sonrió de lado, fulminando a Tobi con la mirada. En ese instante, el buen chico se dio cuenta de que, lo recién dicho, había sonado muy estúpido proviniendo de sus labios.

—Mira quién lo dice— soltó Itachi, con amargura —Tú te encaprichaste por Deidara desde el momento en que lo viste. En todo caso, esto es tu culpa. De no haberme llevado al teatro ese día…

—¡No me eché la culpa!— gritó Tobi, consternado.

—Pues es tú culpa, Tobi. Piensa que, de no haberme llevado al teatro yo no habría conocido a Sasori y Deidara vivirá feliz.

—¡Eso no es algo que venga al caso, Itachi san!— gritó Tobi, cada vez más enfurecido contra su primo, y contra él mismo.

Itachi se quedo callado durante varios instantes.

—Lo siento, Tobi— dijo Itachi, con serenidad —Pero Sasori no es un capricho. Es ridículo, y yo mismo me recrimino por mi estúpida debilidad, pero en serio no puedo...Desde el primer momento en que lo vi…

—No siga— lo interrumpió Tobi —Es que… usted es…— hizo una pausa y señalo a Itachi a cuerpo entero —Siempre lo imagine cubierto de una barrera inquebrantable… donde nadie podía entrar. Tú no puedes querer a nadie…

El moreno se sorprendió y ofendió por aquel comentario. Además, sintió como si de repente, algo dentro de él se quebrara. ¿Cómo podía pensar así su propia familia de él? Sintió que una especie de monstruo se retorcía en su interior en aquel momento. A su garganta llegaron unas infames palabras, muchas de ellas, palabras que estaba seguro que después de saber lo que significaban, no las iba a usar jamás. Se dio cuenta de que ahora, las palabras fluían en su mente como si se hubiera desatado un torbellino con ellas, ahora no le faltaban las palabras, como sucedía en presencia de Sasori.

—Con que, no puedo querer a nadie. ¿Se me está vetado esa opción? ¿Soy una especie de roca u objeto inanimado?

—No, Itachi san… yo…

—Cierra la boca, Tobi— atajó Itachi, con creciente mal humor en su interior —No me interesa una mierda lo que puedas decirme.

Y con eso, se dio media vuelta y camino hasta la puerta del estudio. Abrió la puerta con cierta violencia y se detuvo, girando a ver a Tobi por encima del hombro.

—Sasori es mío y no lo dejaré ir solo por ese idiota. ¿Me entendiste? Aún si no puedo sentir nada…— sus ojos parecieron nublarse ante aquel comentario. Tobi abrió la boca para decir algo, pero no se atrevió a hacerlo —No te atrevas a mirarme siquiera Tobi. Te odio.

Y se fue sin nada más que decir, azotando la puerta detrás de sí.

Ahora más que nunca, deseo estar en la oscuridad. Ni siquiera se le pasó por la cabeza imaginar que Sasori estaba a su lado, porque, en realidad, lo que le había dicho Tobi le dolía. ¿Cómo podría alguien quedarse sin sentimientos? Bien aquello podría ser lo mejor, es lo que Itachi habría querido hacer desde el momento en que conoció a Sasori, desde que su mundo se vino abajo.

Se sorprendió al sentir una lágrima cayendo por su mejilla cuando se había acostado en su cama —encerrándose con seguro en su habitación a oscuras—, se la talló con fuerza, molesto de sentirse tan débil por aquellas palabras.

Al parecer, el Akasuna había desencadenado más que solo pasiones y afectos… También le había dejado la puerta abierta al dolor. Ó quizá ésta hubiera estado abierta siempre —no quería pensar que realmente, antes de conocer a Sasori, había sido una roca sin sentimientos— y solo hasta ahora se diera cuenta. En cierto modo, ¿qué no era eso una señal? Sasori… El pelirrojo lo había enamorado realmente y lo había hecho más humano de lo que fue nunca.

Quiso sonreír, pero no le quedaron fuerzas.

Con trabajos logró conciliar el sueño a la madrugada, por esperar ansiosamente al día siguiente, para ver de nuevo a Sasori.

0*0*0

La noche se extendía entre toda su belleza. Aunque los faroles iluminaban las calles e impedían que tropezara, el pelirrojo —divagando en miles de pensamientos y sentimientos que solo lo dejaban aturdido— iba dando traspiés cada seis pasos. No había apartado la mirada del suelo, esperando que de pronto, éste se abriera y lo tragara entero, no dejando tras de sí ningún indicio de que hubiera existido siquiera.

—¿Qué hice?— susurraba una y otra vez, mientras recordaba el beso con Itachi, e inmediatamente después, surgía como un destello el que se había dado con Deidara —No puedo creerlo. Estoy metido en un lío grueso.

Por fin decidió sentarse en la banqueta y quedarse quieto, escondiendo la cara con las manos. ¿Cómo había sucedido eso? ¿Por qué le había pasado a él?

Hasta ayer, la mayor atracción que había sentido nunca había sido Itachi. Él era… Él era…

Es que no sabría decirlo.

—Y tiene mucho sentido, estúpido— se dijo a sí mismo, separando sus palmas del rostro y observándolas como si aquellas fueran las formas más asquerosas que hubiera visto en su vida —Apenas lo conoces.

Sin embargo, no podría negar nunca la atracción que le hacía sucumbir cuando de repente, sus pensamientos se iban a aquel rostro. El moreno ejercía una especie de control sobre Sasori, y, tenía que admitir a regañadientes, que eso le daba un poderoso miedo, acompañado con una clase de placer que no tenía idea de dónde venía. Sí, Itachi le gustaba. Y mucho.

Pero ahora, ¿Deidara? El rubio había estado con él ya bastante tiempo. Aunque no lo pareciera, se había dado el tiempo suficiente para conocer, apreciar y acostumbrarse a sus mañas. Lo que era más, creía que eran acordes con las suyas. Simplemente, jamás había querido admitir que Deidara lo complementaba. Aquel pensamiento, se había convertido en prohibido, porque no quería perder al rubio.

Yo lo amo. Las palabras que dijo Deidara anteriormente hicieron eco en su cabeza. El pelirrojo sopeso la información y la degusto con una extraña combinación de alegría y coraje. Si Deidara nunca hubiera hablado…

Si el rubio nunca hubiera dicho nada, ¿qué? ¿Habría estado con Itachi para siempre? La sola idea le parecía absurda y se sintió patético. Él no era de los que creían demasiado en las personas, y la confianza que se había tomado con Itachi en pocos minutos le causaba un pavor indescriptible. ¿Por qué habría de amarlo de verdad?

Estaba dudando ahora como no lo hizo al besarlo, al sentir el roce de sus labios contra los suyos. ¿Se podía cambiar tan rápido de sentimientos?

La calle estaba tan solitaria que ningún ruido interrumpía el hilo de sus pensamientos. Sasori y Deidara solo se habían besado, nada más. Después de un par de minutos de no separarse, Sasori se había alejado y dicho que tenía que pensar las cosas. Desde entonces no había regresado al teatro. Seguramente, pensó entristecido, Deidara ya había tomado aquello como una mala señal.

Sacó su teléfono celular y revisó la hora. Eran las diez de la noche. Llevaría más de cuatro horas dando vueltas, reconociendo cada uno de los callejones por los que antes no había circulado. No temía que alguien se le acercara a intentar robarle ó algo así. De hecho, quizá le hiciera un favor.

Lanzó un largo y pesado suspiro; Siempre se había jactado de ser conciso en sus decisiones. Pero se había equivocado. ¿Qué era lo que sentía ahora realmente? ¿Con quién quería estar? ¿Deseaba realmente quedarse en Inglaterra, ó le diría a Deidara que se olvidaría del estúpido teatro y se irían a viajar, como siempre? Un momento, ¿es que alguna vez había considerado quedarse en ese pueblo para siempre? ¿Por Itachi?

El pelirrojo se sobó las sienes. No podía haberse enamorado realmente de cualquier fulano —aunque eso era incorrecto, en el caso de Itachi— que se le atravesara en el camino. De cualquier manera, la idea de alejarse de Itachi le resultó de todo, menos correcta. Quedaba implícito entonces, que si se decidía por Itachi, perdía a Deidara. Al rubio nunca le gustaba ser el segundo plano de nada. Sin embargo. Estaba acostumbrado a ser el centro de atención, ya fuera por su amigable carácter, ó por la luz que irradiaba en medio de una estancia solitaria.

Intentó ver a ambos en perspectiva. Fingió que su corazón se trataba de un cuarto, y se concentró primero en poner la imagen de Deidara dentro. ¿Qué, sino una luz agobiadora, resplandeció en ese momento? Deidara era una luz hermosa, que Sasori siempre había dado por sentado estaría con él para siempre. Si lo escogía a él, ¿se quedaría para siempre a su lado? ¿Qué clase de pregunta era esa? Ahí había estado cuando murió su abuela, lo consoló y fue el único amigo que tuvo y —estaba seguro—, que tendría. Significaba mucho para él: le daba seguridad, paz y también felicidad.

Hizo lo mismo con Itachi, y se dio cuenta de que era ilógico quererlo. Y, aunque la habitación oscurecía cuando el Uchiha se portaba indiferente, cuando lo imagino sonriendo, su corazón palpito con tanta fuerza que creyó que volvería a sufrir uno de esos ataques por su enfermedad. Era claro que tanto él como Itachi, nunca sabrían demostrar abiertamente sus sentimientos. No estaban hechos para hacerlo. Pero de cualquier manera, la atracción y la emoción que le causaba verlo, era distinto a todo cuanto había experimentado en toda su vida.

¿Qué le gustaba más: La noche sin estrellas ó el día claro y soleado? ¿A quién escoger? ¿Al artista efímero y las explosiones ó al shinigami de la escritura?

No por primera vez en toda su vida, Sasori deseó ser una marioneta sin emociones ni conflictos; Por primera vez en toda su vida, deseo que su enfermedad acabara con él en ese mismo instante, para ahorrarse el caos que cansaban esos dos en su interior.

De haber sabido que además del caos, el dolor podría no considerarse merecedor de todo lo que ocurriría después, Sasori habría llegado a la conclusión de que no decidiría, habría intentado alejarse de ambos sin importar cuánto le importara uno y cuánto deseara al otro. De eso, habría estado seguro.

TO BE CONTINUED.


Uf, no tienen idea de lo que ha sido para mí tener que abandonar la escritura cuando la inspiración me venía a los cinco ó diez minutos de tener que irme a la escuela ¬¬U. Pero al final, esto es lo que ha quedado de mi esfuerzo owo.

¡No puede ser! D: ¿Sasori danna ha besado a Itachi y además a Deidara? Creo que el debatirse entre cuál escoger es todo un problema grueso, ¿ó me equivoco? (Quien diga que no, hay que darle muerte ó de perdida llevarla al psícologo, porque estaría loca u.u). ¿Itachi ó Deidara? ¡Mi Jashin! Si hasta yo que nada tengo que ver con ellos, no sabría a cuál de los dos. ¿Ustedes sí?

Se habrán percatado de cuánto amo hacerlos sufrir ¬w¬...[se escucha el canto de los grillos] Sí, ya sé. La que debería ir al psícologo soy yo ._.UU, pero no lo haré si a ustedes les ha gustado el capítulo y dejan review para una continuación o3o. Así que ya saben, ó dejan review, ó a Mary se la llevan y no podrá escribir más nada en este fic OoO.

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°Tengo una remota idea de cómo podrían integrarse los otros Akatsuki, pero todavía no se desarrolla del todo bien, así que lamento si alguien los esperaba en este capítulo los he decepcionado.

°Nuevamente, quien deje review puede pedir un Akatsuki prestado.

°Sino dejas review, se te manda una maldición JashinIggirisu por parte de Mary, da~ ^o^

Mary is a good girl y se despide por hoy . Matta ne~, sempais :D