Hola a todos, ya sé que me tarde pero aquí les traigo un nuevo capítulo. Debo advertirles que a algun s no les agradará mucho lo que sucederá pero ni modo, es parte de la historia y debe suceder hahaha. De aquí en adelante la clasificación será M. ¡Que disfruten el capítulo!
Ps: Me he dado cuenta de que han leído más el capítulo de "La princesa del destino" que los demás ¿Les ha gustado más?
Manipulación
La taberna de Telma, dos semanas antes
Mis días como el "guardaespaldas" personal de Zelda eran estresantes y agobiantes. Desde que tuve esa conversación con Zelda hace casi una semana, ella empezó a actuar como una cría y se arriesgaba sin medir consecuencias a la vez que me tentaba forzando contacto entre nosotros –Joder, esta misión terminará por volverme loco-me dije-. Gracias a las Diosas existía la taberna de Telma, pero tenía la sensación de que si Zelda seguía con su juego terminaré por buscar otra forma de desestresarme.
Era la primera vez que visitaba la taberna de Telma para beber y para mi sorpresa ahí mismo se encontraba el afamado General Dario Maxius y dos capitaes, rodeados de mujeres hermosas y bebiendo. No le presté más atención y fui directamente a la barra.
- Una pinta de cerveza negra, por favor –Le pedí a la chica pelirroja del turno de la noche y no se tardó más de un minuto en servirme-
- Vaya, vaya –Escuché una voz grave detrás de mí y supuse que provenía del general porque venía desde la dirección donde estaba su mesa- ¿Pero qué tenemos aquí? Un mocoso ha venido por su primera pinta –Dijo el general y a juzgar por el tono de su voz, típico de un borracho, seguramente tenía ya varias pintas encima- Haz oídos sordos, Link- me dije-
- Mirad cómo se estremece con la voz del General –dijo uno de los capitanes que lo acompañaban- Creo que orinará sus pantalones –Las chicas y los otros dos hombres soltaron una sonora carcajada-
Me limité a ignorar sus burlas y provocaciones y me apuré a terminar mi pinta de cerveza negra –Joder, ni siquiera puedo disfrutar mi cerveza- pensé-. Cuando vacié el tarro, pagué a la chica pelirroja y le dejé una generosa propina para después levantarme de mi asiento y dirigirme a la salida, pero los dos hombres acompañantes del general, bloquearon mi salida.
- ¿Pensáis iros tan pronto, "Lord comandante"? –Preguntó el general que se encontraba justo detrás de mí-
- ¿Tenéis algún problema conmigo, Milord? –Le pregunté al general, plantándome frente a el-
- No es nada personal, solo me desagradan los mocosos engreídos que no merecen estar en presencia de su majestad –Contestó el general-
- Podéis ir con su majestad a manifestar vuestro descontento, Milord –Le sugerí, manteniendo la compostura y tratando de ignorar la ira provocada por sus palabras- Ahora, ordenad a vuestros hombres que se retiren para que yo pueda salir de aquí.
- ¿¡Quién creéis que sois para darme órdenes!? –Dijo al tiempo que intentaba tomarme del cuello pero yo predije su movimiento y lo esquivé- ¡Enfrentadme como un hombre, mocoso! –Rugió al tiempo que tomaba su hacha con ambas manos-
- Si así lo queréis, anciano –Repliqué y cedí a su petición, desenvainando mi espada- No seré responsable de vuestra muerte.
- ¡Mocoso engreído, no sois rival para mí! ¡Os rebanaré con mi hacha de un solo tajo!
Rugió el general y dejó caer su pesada hacha sobre mí, pero rechacé su poderoso golpe con una estocada de mi espada. Los movimientos del general eran rápidos y poderosos pero les hacía falta precisión debido a su estado de ebriedad, así que no tardé mucho en desarmarlo. Aun desarmado, Dario no retrocedió y cuando levanté mi espada para herirlo, me tomó del brazo y me desarmó. Dario me dio un par de golpes en el abdomen, me estrelló contra la pared, me tomó del cuello con una sola mano y me levantó del suelo.
- ¿Alguna última palabra, mocoso? –Preguntó Dario, seguro de su victoria y apretándome el cuello-
- Sí –Le contesté y alcancé a patearlo con fuerza en sus partes nobles, provocando que me soltase y se echara al suelo sin aliento y le propiné un par de patadas en la espalda- Sois vos quien no merecéis estar en presencia de su majestad.
- ¿Qué sucede aquí? –Entró en escena el capitán Mikran, acompañado de cinco soldados-
- Nada, el general Maxius necesita que lo lleven a su residencia –Contesté al mismo tiempo que tomaba mi espada y me iba del lugar-
Pensé que todo había acabado pero la noche siguiente en que visité la taberna de Telma me volví a encontrar con el general. Esta vez pidió hablar conmigo en privado, claro, sus compinches me tomaron desprevenido, me amordazaron y me llevaron a un callejón donde esperaba el general.
- ¿Ahora qué queréis, general? ¿No os conformasteis con la paliza que os di la noche anterior? Adelante, esta vez os rebanaré.
- Ignoraré lo que acabasteis de decir, granjero, pero debo agregar que ésta vez no os desarmaré ni os golpearé porque por si no os habéis dado cuenta, el capitán Mikran nos vigila –Contestó y me hizo una señal para que volteara hacia un guardia bien armado que nos vigilaba desde la esquina del oscuro callejón- No imagináis cuantas ganas tengo de arrancar esa cabeza hueca de vuestro cuerpo con mi hacha, pero cualquier pelea que se suscite entre nosotros terminará por llevarnos al calabozo.
- Está claro que queréis terminar con lo que empezamos y yo también, general, pero ¿cómo vamos a destrozarnos si el capitán lo impedirá?
- Os propongo algo, quien beba más en la taberna se queda con la reina.
- ¿Qué? Esperad, a ver si os entiendo ¿decís que toda esta locura es porque estáis interesado en la reina?
- Vuestra suspicacia me abruma –dijo el general con tono sarcástico- Si yo gano, renunciaréis al puesto de Lord Comandante de la guardia real y volveréis a vuestra granja; Si vos triunfáis, dejaré mi puesto de general y me iré a servir a otro reino –Terminó de decir y extendió su mano para sellar el acuerdo-
La propuesta de Dario era descabellada, pero si la rechazaba seguramente me molestará siempre que me viera en La Ciudadela o en la corte, además, tendría la oportunidad de alejarlo de Zelda.
- Tenemos un acuerdo, Milord –Dije y estreché su mano-
Desde esa noche nos veíamos en la taberna y teníamos varios espectadores esperando a ver cómo el gran Héroe del Crepúsculo y el Gran General Dario Maxius se emborrachaban. Al mismo tiempo en que empezábamos a beber la primera pinta, nuestros espectadores comenzaban a cruzar apuestas. Dario Maxius parecía un barril sin fondo y juntos acabábamos con más de tres barriles de cerveza, pero desgraciadamente siempre había empate, terminábamos embriagados y posteriormente arrastrados por nuestros sirvientes hasta nuestras camas para la siguiente noche volver a repetir la misma rutina. Gracias a las diosas, que existía la gelatina de chu roja, porque sin ella no habría podido soportar la resaca de la mañana siguiente; creo que el general no conocía el remedio porque se le veía demasiado cansado y cada empate lo frustraba más.
Dos semanas después
Durante esas dos semanas no me comuniqué con el Héroe del Tiempo porque siempre llegaba "ahogado" a mi cama y además, Talyk empezaba a quejarse del hedor a ebrio que despedía y me sermoneaba – Le diré a la reina que cada noche os embriagáis en la taberna hasta perder el conocimiento!- me amenazaba pero jamás cumplía. De ahí en más, no tenía tiempo a solas; siempre acompañaba a Zelda y lidiaba con su nuevo comportamiento (que me estaba volviendo loco).
Hoy, después de cabalgar, Zelda se dirigió a una reunión con el consejo real y como siempre me quedé esperándola fuera de la cámara del consejo. Llevaba ahí casi tres horas y me estaba quedando dormido de pie cuando el estruendo de las puertas de la cámara del consejo al ser abiertas con violencia hizo que mi somnolencia se esfumara y casi me da un ataque al corazón. –Joder- musité al tiempo que buscaba la causa del estruendo hasta que descubrí que era Zelda y que se alejaba rápidamente por el gran salón. El general Maxius salió tras ella justo después que yo, pero nos perdió de vista en los corredores del laberinto. Me costaba seguirle el paso a Zelda por el peso de mi armadura –Tengo que entrenar- me dije- pero por fin llegamos hasta un jardín enorme y hermoso.
Solo diré que lo que ahí sucedió fue producto del deseo que Zelda había despertado en mí con sus flirteos y leves caricias; siempre me dejaba con ganas de más y ésa vez fui por más. La besé y me perdí en sus labios suaves y carnosos, en su piel tersa, en su estrecha cintura y en la turgencia de sus pechos. Quería tomarla ahí mismo y lo iba a hacer pero ella me detuvo y me devolvió la cordura. Nos fuimos del jardín antes de que sucediera algo que probablemente ambos lamentaríamos después, pero no pude dejar de pensar en cómo sería de haber sucedido. –No quiero que las cosas cambien entre nosotros- dijo- Y aunque yo le dije que no sería así, yo sabía que debían cambiar. Decidí traer el tema cuando Zelda estuviera más tranquila.
Después nos topamos con Dario y el muy imbécil le dijo a Zelda que yo no merecía el puesto de Lord Comandante de la guardia real –Maldito cobarde- pensé- además, también se atrevió a decir que él era más apto para tal tarea y todo terminó en un altercado que sacó de quicio a Zelda y nos despidió del lugar.
Me alejé de ahí lo suficiente para que Zelda se despreocupara que fuera a darle una golpiza a Dario y se encaminara a sus habitaciones. Cuando desapareció tras las puertas del Palacio, corrí para alcanzar a Dario pero él ya se había esfumado. ¿Qué carajo se traía entre manos? –me pregunté mientras caminaba hasta el Palacio de los invitados. Iba ensimismado en mis pensamientos cuando apareció flotando frente a mí un fuego azul –Un poe?- musité y desenvainé mi espada para rebanarlo justo cuando apareciera. Cuando vi que empezaba a tomar forma, lancé una estocada que solo traspasó la silueta del Héroe del Tiempo.
- ¿¡Qué os pasa!? ¡De haber sido de carne y hueso me habríais matado! –Dijo indignado y molesto-
- Lo siento! Pensé que erais un poe –Me excusé- ¿Por qué habéis aparecido sin que os llamara?
- ¿¡Sin que me llamarais!? ¡Por supuesto que me habéis llamado! –Dijo molesto-
- ¿Qué? ¿Cuándo? –Pregunté confundido-
- ¿Os estáis mofando de mí, Héroe del Crepúsculo?-Preguntó molesto-
- No… Esperad –Recordé que había tocado el canto del héroe justo después de haber terminado de tocar la melodía de Makiare- Joder, lo hice sin querer –Musité- Entonces, ¿Habéis visto todo lo que pasó?
- Ha pasado un mes desde que os pusimos al tanto de lo que sucede con Zelda, no os habéis comunicado y lo primero que hacéis es seducirla ¿Que no recordáis bien lo que el Héroe de Hylia os dijo? –Dijo molesto y evadiendo mí pregunta-
- ¡Yo no la he seducido! Fue totalmente lo contrario –Me excusé- además, he hecho lo que me habéis dicho, no me he separado de ella. No tenéis idea de la tortura que es eso –Agregué-
- Heroe del Crepúsculo, no discutiremos más sobre eso y solo os pediré que recordéis lo que os dijo el Héroe de Hylia. Recordad que no debéis dejar que os manipule ¿está claro? –Dijo ya con voz más calma y yo asentí- Bien, me alegra que me hayáis convocado (aunque no haya sido vuestra intención) porque así puedo informaros que estamos cerca de localizar uno de los manantiales donde antaño la diosa Hylia se purificó.
- ¿De verdad? ¿En dónde está? –Pregunté animado-
- Creemos que está en las montañas, cerca del Dominio Zora pero necesitamos el espíritu de la Reina Zora para poder entrar a ese lugar, pues ese lugar está sellado con magia de los Zora ¿Sabéis qué ha sucedido con ella?
- La Reina Rutela fue asesinada por Zant y la última vez que la vi fue en la Villa Kakariko, me dijo que estaría cuidando de su hijo, el Príncipe Ralis.
- Es una pena, seguramente la reina Rutela sigue en el mundo físico, por eso no la hemos visto en el reino espiritual y por tanto, a nosotros no nos será posible comunicarnos con ella. Debéis ir a donde ella está y preguntarle sobre ese manantial.
- ¿Y cómo lo haré si no puedo alejarme de Zelda? Si lo que me habéis dicho sobre ella es cierto, la oscuridad la consumirá, además ¿Qué tal si Dario trata de aprovecharse de ella en mi ausencia? Tampoco puedo dejarla sola con ese esbirro rondándola.
- Zelda estará bien, no debéis preocuparos si solo os alejáis un día de ella. A mí me dio la impresión de que ese Dario es leal y confiable, más bien tenéis miedo de que la conquiste en vuestra ausencia.
- Claro que no, solo que al contrario de vos, pienso que el anciano no es de fiar –Dije a modo de excusa pero si me preocupaba lo que dijo el Héroe del Tiempo, que soltó una risa sardónica-
- Estamos conscientes de lo que sentís por Zelda, Héroe del Crepúsculo, no podéis ocultármelo porque por si no recordáis vos albergáis nuestros espíritus y cuando nos convocáis podemos ver, sentir y escuchar lo mismo que vos –Dijo, contestando la pregunta que había evadido- Si tanto es vuestro miedo, llevadla con vos –Agregó-.
- Ah sí, claro, llegaré y le diré: "Hey Zelda, os llevaré conmigo al dominio Zora porque debo hablar con el fantasma de una muerta y no puedo dejaros sola con Dario" –Dije molesto-
- Bueno, cómo vayáis a hacerlo no es asunto mío, es vuestra misión buscar la manera de hacerlo –Dijo-
- ¡Se supone que estáis aquí para guiarme! –Dije exasperado-
- Os he dado una opción y habéis respondido sarcásticamente, Héroe del Crepúsculo. Mi misión no os ayudaros a conservar a Zelda y alejar a sus posibles consortes. Mi consejo es que os olvidéis de lo que sentís por Zelda por el momento para que os concentréis en vuestra misión –Dijo con voz calma y suspiré exasperado por sus palabras-
- Está bien –Dije resignado y luego recordé la ceremonia de coronación de Zelda- Creo que no será necesario viajar al dominio Zora porque seguramente el príncipe Ralis vendrá a la ceremonia de coronación de Zelda, ahí aprovecharé para preguntarle.
- Perfecto –Dijo complacido- Ah y otra cosa, dejad de embriagaros de una buena vez, eso también afecta vuestra misión.
- Eso no, no pienso perder la apuesta –Dije y el Héroe del Tiempo suspiró al tiempo que masajeaba su frente en signo de molestia-
- No tengo más que deciros, con vuestro permiso, me retiro. Hasta la próxima, Héroe del Crepúsculo –Se despidió y desapareció-
Me quedé parado en ese lugar y pensé que si volvía a mi habitación en el Palacio de los invitados, Talyk estaría esperándome para sermonearme porque pensaba ir a embriagarme de nuevo a la taberna de Telma. No estaba de humor para eso, así que di media vuelta y me dirigí a la taberna de Telma, después de todo solo faltaba una hora para las apuestas y el bochinche.
Para cuando llegué a la taberna de Telma, el lugar ya estaba abarrotado de hombres con mujeres (probablemente prostitutas) en su regazo, preparando sus apuestas para el espectáculo de ésta noche. Tenía hambre pero no cené porque seguramente terminaría vomitando la cena al final de la noche. Dario llegó puntual y el espectáculo comenzó. Esta noche bebería con más ánimo para olvidarme de lo que sucedió hace algunas horas y después del segundo barril de cerveza no tuve consciencia de lo que sucedía, solo estaba consciente de que debía beber más que el general. Tampoco supe cómo volví a mi habitación en el Palacio de los invitados, solo que habíamos terminado en empate de nuevo.
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A la mañana siguiente, después del sermón de Talyk (enojado, porque la noche anterior llegué más embriagado que nunca) me dirigí a las habitaciones de Zelda, donde recibí un citatorio en el Salón de Audiencias a las 10am. Estaba ansioso esperando a que Zelda saliera a cabalgar como siempre, pero no lo hizo. Si la resaca no me mataba lo haría la desesperación por verla porque me desperté pensando en ella y en lo bella que seguramente hoy se vería, pero ella me hizo esperar.
Cuando casi era la hora de mi audiencia, se abrieron las puertas de las habitaciones y salió el motivo de mi ansiedad. Joder, se veía más bella que nunca –Más bella que la diosa Nayru- pensé al mismo tiempo que la miraba perdido en su belleza etérea, tanto así que olvidé darle los buenos días y reverenciarla, hasta que ella me saludó.
Dario también estuvo en la audiencia; Zelda se había enterado de nuestras noches en la taberna de Telma. Después del sermón, Zelda me ordenó esperar fuera del Salón de audiencias para hablar a solar con Dario y, aunque estaba renuente, obedecí. Joder, ¿Qué tan importante y secreto era lo tenían que hablar que yo no podía escuchar? Tal vez se quedó a solas con Dario porque le atrae. Maldito Dario y sus artimañas, mil veces maldito –Maldije en mi mente mientras esperaba apostado en las puertas cerradas del Salon de Audiencias-
Pasaron treinta minutos y Zelda salió del Salón de Audiencias, noté que sus rizos estaban ligeramente alborotados mientras caminaba tras ella y parecía molesta -¿Qué habrá pasado? ¿A caso Dario se atrevió a tocarla? Si lo hizo, lo haré pedazos, lo juro por las diosas -Pensé-. Seguimos caminando hasta llegar a la biblioteca principal, Zelda tomó un libro de un estante y se sentó en una mullida silla.
- Alteza ¿sucedió algo? –Me atreví a preguntarle y ella levantó la vista de su lectura-
- No –Contestó y noté en su tono de voz que efectivamente sí estaba molesta-
- Entonces ¿Por qué estáis molesta? –Pregunté-
- No lo estoy, solo que aún no me he recuperado de la impresión que me dio la confesión del general, misma de la que vos ya estabais enterado, sir. –Dijo con voz calma-
- Si estáis hablando de que el general está interesado en vos, sí, lo sabía, pero no me correspondía a mí decíroslo –Dije-
- Qué pena, de haberme enterado hace tres años... –Dijo sin terminar la frase y volvió a la lectura-
- ¿Qué? Si se os hubiera confesado hace tres años ¿qué hubiera sucedido?
- Me habría desposado con él y ahora él sería mi consorte –Contestó sin quitar la vista de la lectura- Siendo un hombre taaan atractivo, no me habría atrevido a rechazarlo.
- ¿Por qué no lo aceptasteis hoy, entonces? –Pregunté sin dejarle notar mis celos y ella me miró extrañada-
- Porque estoy comprometida con el Príncipe de Vanerya –Contestó y cerró el libro-
- ¿¡Qué!? –Pregunté sin poder creer lo que estaba diciendo- ¡Por las diosas! esto no puede ser posible- Pensé-
- ¿Cómo es posible que no estuvierais enterado? Todo Hyrule lo sabe –Dijo-
- Más bien ¿Cómo es posible que hicierais lo que hicisteis conmigo? –Pregunté molesto- No puedo creer que a sabiendas de que estáis comprometida aun así coqueteabais conmigo –Agregué y los sirvientes de alrededor empezaron a echarnos miradas curiosas-
- ¡Ssshhh, bajad la voz! –Dijo Zelda bajando su voz- Fue vuestra culpa, os dije que dejarais de perseguirme y no me escuchasteis, tenía que hacer algo para hacer que desistierais de vuestra absurda idea –Susurró- Es mejor que vayamos a otro lado a hablar de esto.
Zelda se puso de pie, empezó a caminar y supuse que me guiaría a la cámara secreta donde habíamos hablado hace un mes; No me equivoqué. Volvió a repetir lo mismo de la vez anterior; me cubrió los ojos, abrió la entrada y nos metimos a la cámara.
- Ahora sí, podéis gritar todo lo que queráis –Dijo despreocupada-
- ¿Qué diablos habéis estado haciendo conmigo todo éste mes? –Pregunté colérico porque en ella no se veía ningún signo de preocupación-
- Ya os lo dije, fue para alejaros de mí pero resultó algo que no esperaba –Contestó-
- ¡Entonces, habéis estado jugando conmigo todo este tiempo! Ni siquiera debisteis haber considerado esa idea estando comprometida.
- No entiendo por qué tanto escándalo por eso, Link. Quedamos en que nos olvidaríamos de lo que sucedió ayer y que actuaríamos como si nada hubiese pasado –Dijo con frialdad y me acerqué a ella, la tomé de los hombros y la miré a los ojos -
- ¿Estáis diciendo que cuando os toqué y besé no sentisteis nada? –Pregunté y ella desvió la vista hacia otro lado sin contestarme- No tenéis idea de lo que habéis causado en mí, Zelda –Agregué y ella volvió a posar sus ojos en los míos-
- Si lo sé, me lo habéis dejado muy claro ayer y, por tal motivo, debo poner un alto. Os diré lo mismo que le dije a Dario: Sois un hombre atractivo y hay muchas doncellas en la corte que desean ser desposadas por vos, aunque no seáis de alta cuna vuestra fama os precede –Dijo en tono serio-
- Entonces ¿No habéis sentido nada ayer? –Le pregunté, atónito por lo que había dicho-
- Link, por favor, sabéis que está prohibido.
No sé por qué quiero continuar con esto a pesar de que ya había decidido ponerle un alto.
- Decidme que no habéis sentido nada y os dejaré tranquila –Dije esperando que su respuesta fuera lo que yo esperaba-
- Lo que sucedió ayer fue un error, Link. Olvidaos de lo que pasó, por vuestro bien y el mío. Tengo un compromiso y no os puedo corresponder, dejad de insistir por favor –Dijo aun mirándome a los ojos-
Zelda se negaba a decir que no había sentido nada y eso solo quiere decir que sí lo había sentido. La tomé del mentón y la besé con dulzura. Zelda, aunque renuente al principio, correspondió mi beso y envolvió mi cuello con sus brazos. Podría haberme quedado así, besándola por siempre pero ella se separó de mí y sus ojos se llenaron de lágrimas. Tal vez me arrepentiría de decir lo que iba a decir a continuación pero ya no podía ocultarlo más.
- Os amo, me habéis hechizado en cuerpo y alma –Le dije volviéndola a tomar del mentón y secando las lágrimas que apenas empezaban a salir de sus ojos-
- Yo también os amo, pero no hay nada más qué hacer –Dijo con un nudo en la garganta y se alejó de mí para encaminarse a la salida-
Debía decirle algo que la hiciera quedarse conmigo, no podía permitir dejarla escapar.
- Si no podéis deshacer el compromiso con el príncipe, huid conmigo –Me atreví a proponerle y ella volvió a mirarme directamente-
- No puedo abandonar a mi pueblo a su suerte, Link, no puedo huir con vos –Dijo después de una pausa-
- Entonces seré vuestro amante, lo que sea que vos queráis que sea –Dije, desesperado-
- No puedo haceros eso, Link, podríais perder la cabeza si alguien se enterase y seríais repudiado. Hacedme caso y elegid a una doncella para desposarla, solo así podréis ser feliz.
- Perdería la cabeza una y mil veces con tal de estar con vos. No quiero a otra, me niego a reemplazaros con otra –Dije con terquedad-
- Link, solo quiero lo mejor para vos no quiero arriesgar vuestra vida. Pensad bien en lo que os he dicho y olvidaos de lo que pasó entre nosotros.
Con eso dicho, se dio media vuelta y abandonó el lugar. Joder ¿Tan desesperado estoy? Pensándolo bien Zelda tenía razón, podría ser feliz con otra que no fuera ella y sin arriesgarme a perder la cabeza pero el problema es que no quería, Zelda se me había metido bajo la piel y se había convertido en mi obsesión. Debía lidiar con eso y con verla en brazos de otro mientras terminaba mi misión, espero no volverme loco para entonces.
Salí de la cámara secreta y de las habitaciones de Zelda sin que nadie me viera. Las noches en la taberna de Telma habían terminado por órdenes de Zelda y debía encontrar otro lugar dónde ahogar mis frustraciones. Llevaba mucho tiempo acariciando la idea de ir a La casa del placer y por fin me decidí a ir a ése lugar para olvidarme del rechazo de Zelda. Esa noche no dormí en mi habitación en el Palacio de los Invitados.
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Los días que antes habían sido de pláticas amenas y bromas entre Zelda y yo se convirtieron en la típica relación noble-guardia, en la que el noble impartía órdenes y el guardia obedecía. Yo seguí visitando La casa del placer, siempre con discreción, donde me enteré que Dario ya no visitaba el lugar porque pretendía a una doncella de nombre desconocido y también me daba el lujo de coquetear con las doncellas de la corte.
Llegó el día de la coronación de Zelda que, aunque Lord Arthos predijo que sería una ceremonia sencilla, había sido un gran festejo de plebeyos y nobles tanto como nativos y extranjeros (me alegró ver que el príncipe Ralis se encontraba entre los invitados porque así no tendría que viajar al Dominio Zora). Aposté trescientos guardias de La guardia real en un radio de trescientos cincuenta metros alrededor de Zelda, manteniendo a los mejores más cerca de ella. Zelda se veía hermosísima en su vestido dorado, su largo cabello color castaño claro suelto. Cuando el sacerdote de las Diosas puso la corona de diamantes sobre la cabeza de Zelda, los nobles gritaron al unísono –"Larga vida a la reina!"- al igual que los plebeyos fuera del palacio cuando Zelda salió al balcón a presentarse.
La ceremonia de coronación fue en el Gran Salón del Palacio Real y ahí mismo recibí mi nombramiento como nuevo Lord Comandante de la Guardia Real, aunque ya cumplía las funciones del mismo. Me gustaba mi nueva armadura dorada y la espada que Zelda me regaló durante la ceremonia, era una espada muy parecida a la Espada Maestra pero más pesada y robusta, con un lobo de plata en la empuñadura de oro negro. Una vez se terminó la ceremonia, Zelda, antes de retirarse a sus habitaciones, me ordenó quedarme para que celebrara junto con mis nuevos compañeros y subordinados soldados de élite, pero solo podía pensar en encontrar al príncipe Ralis fui a buscarlo para preguntarle sobre el manantial del que había hablado el Héroe del Tiempo; No tardé mucho en encontrarlo rodeado de sus guardias Zora y noté que el niño se había estirado unos cuantos centímetros. La cara del niño Zora se iluminó con una sonrisa de alegría al verme.
- ¡Link, os felicito por vuestro nuevo título! –Dijo al tiempo que me tomaba de la mano para sacudirla- ¡Me alegra mucho veros de nuevo y de que vos y la reina están sanos y salvos!
- A mí también me alegra veros, alteza pero antes de continuar debo hablaros de un asunto muy importante y urgente –Dije y el príncipe cambió su cara de alegría por una de preocupación-
- ¿Ha sucedido algo malo, milord? –Preguntó preocupado-
- Es mejor hablarlo donde nadie pueda escucharnos, alteza. Seguidme por favor.
Todo el palacio estaba atiborrado de nobles menos el cementerio, así que lo guie hasta ahí. Ninguno de los guardias puso objeción porque ahora yo era Lord Comandante. Una vez dentro del cementerio y de asegurarnos que nadie nos había seguido, le conté lo que sucedía con Zelda y sobre el manantial que custodiaba su tribu.
- Si, hay un manantial pero es muy peligroso ir hasta allá. El lugar está en el punto más alto de la montaña y aún hay monstruos por esos lares. Solo yo puedo abrir las puertas de ése manantial y quisiera poder ayudaros pero no puedo ir solo, así que vos debéis acompañarme. Haré una invitación a la reina Zelda para que no os alejéis demasiado de ella, sir.
- No tenéis idea de cuánto os agradezco, alteza. Estaré siempre en deuda con vos –Dije aliviado porque no tendría que dejar sola a Zelda-
- Vos habéis salvado mi vida, sir, desearía poder hacer más por vos. Cuando esté de vuelta en mis dominios, enviaré la invitación, solo os pido paciencia porque como sabéis, el Dominio Zora es lejano.
- Estaré pendiente, alteza.
Acompañé al Príncipe Ralis al río, pues debía volver lo antes posible al Dominio Zora y viajar río arriba no era cosa fácil y rápida. Nos despedimos y el príncipe Ralis, acompañado por sus guardias, saltaron al río. Me apresuré a volver al Palacio y después de asegurarme de que la celebración estaba tranquila y sin altercados me encaminé al Palacio de los Invitados.
Varios nobles de los reinos vecinos habían venido a Hyrule para presenciar la coronación de Zelda, por lo cual el descomunal Palacio de los Invitados ya estaba habitado, aunque aún quedaban varias habitaciones desocupadas. Cuando entré al gran salón, varias doncellas extranjeras que conversaban mientras bebían vino fijaron su atención en mí y solo una de ellas se atrevió a dirigirme la palabra. Era una mujer muy bella que, a diferencia de todas las doncellas que la acompañaban, llevaba suelto su largo cabello ondulado y negro que dejaba caer libremente en sus hombros desnudos y su espalda también desnuda, pues su vestido amarillo dejaba mucho al descubierto. Se aproximó a mí con gracia y noté que sus caderas y pechos le daban a su cuerpo la forma de reloj de arena.
- Así que vos sois el afamado Link, Héroe del Crepúsculo y Lord comandante de la guardia real –Dijo a modo de saludo, extendiendo su mano-
- Para serviros, Milady –Dije al tiempo que la reverenciaba y tomaba su mano para depositar un beso ligero en el dorso-
- Soy la Princesa Draela de Vanerya, he venido en representación de mi hermano Draaknir, el Príncipe y heredero al trono de Vanerya. Hemos escuchado mucho sobre vos, Milord, y me atrevo a decir que es verdad lo que dicen las doncellas de la corte real de Hyrule –Dijo con un dejo de coquetería en su voz-
- Es un placer conoceros, alteza. Espero que lo que os hayan dicho no haya sido nada negativo–Dije, decidiéndome entre coquetear con ella o no-
- Todo lo contrario, Milord –Dijo con una sonrisa coqueta en sus labios carnosos y pintados de rojo-
- ¿Y qué es lo que os han dicho? Si me permitís preguntaros, claro, alteza –Pregunté, fingiendo ignorancia-
- Bueno, además de vuestras grandes hazañas, que sois un hombre muy bien parecido y…-Hizo una pausa mientras acercaba sus labios a mi oído- todo un tigre en la cama –Me susurró-
Ese comentario me tomó por sorpresa porque, que yo recuerde, nunca he yacido con ninguna doncella de la Corte Real a menos que una se haya hecho parar por una prostituta de La casa del placer y yo no me haya dado cuenta. No pude evitar ruborizarme ante el comentario atrevido de la hermosa princesa Draela.
- Siéndoos sincero, princesa Draela, dudo que las doncellas de la corte real lo sepan con seguridad así que probablemente os han mentido –Dije-
- Entonces, tendré que comprobarlo por mí misma algún día –Dijo con una sonrisa y una mirada atrevida en su bello rostro-
Esta mujer no se anda con rodeos –Pensé-
- Me halagáis, alteza –Me apresuré a decir mientras pensaba en una manera educada de rechazar su oferta, no iba a arriesgar mi cabeza por una mujer que apenas conozco y que a juzgar por sus modos atrevidos, era una mujer fácil- pero dudo que lo queráis si os digo que soy un plebeyo –Draela se echó a reír cuando terminé la oración-
- Milord, todas las nobles lo han hecho con un plebeyo por lo menos una vez en sus vidas, solo que jamás hablan de eso –Terminó de decir y bebió un sorbo de vino- Estoy segura de que la reina Zelda, siendo tan bella y deseada por todos, lo ha hecho ya con varios.
Draela era una mujer muy bella, pero su último comentario hizo que me molestara, nadie, ni siquiera una princesa puede hablar mal de Zelda frente a mí. Draela, en vez de ganarse mi aprecio se ha ganado mi desprecio.
- Alteza, os pido con todo el respeto que merecéis, que no habléis mal de la reina en presencia de sus súbditos. La reina Zelda es una mujer respetable y jamás se atrevería a traicionar a vuestro hermano –Dije recordando el rechazo de Zelda, abogando que su compromiso con el príncipe de Vanerya era primero que nada-
- Vuestro sentido de la lealtad es abrumadora, Milord –Se burló la princesa- No habéis hecho nada por Vanerya pero si algún día lo hacéis y, si queréis ser Lord Comandante de la guardia real vaneriana, también podéis venir a mi cama para ganaros el título –Agregó con una sonrisa engreída-
Su insinuación me provocó deseos de llamarla ramera y decirle que las mujeres de La casa del placer tenían más categoría que ella, que aun siendo una princesa se me ofrecía libremente y sin decoro demostrando su baja moral. Esta mujer de lengua viperina me asqueaba.
- Sois muy amable, alteza, pero debo declinar vuestra indecorosa proposición pues mi moral me lo impide y además me atrevo a deciros que no sois de mi gusto –Dije con una sonrisa engreída y fue tanta su molestia que su estúpida sonrisa se borró de su rostro y echó sobre mi cara lo que le quedaba de vino, lo que me provocó una risa burlona- Con vuestro permiso, me retiro – Hice una reverencia y me encaminé a mi habitación-
- ¡Sois un estúpido! –Gritó mientras me alejaba caminando y todas las doncellas nos miraron a ambos, preguntándose qué había sucedido-
Una vez en mi habitación tomé un baño para quitarme el vino de encima y limpié mi armadura. Cuando me fui a la cama no pude evitar pensar en las palabras de Draela que solo significaban una cosa: que los rumores que corrían aquí en Hyrule sobre Zelda y yo habían llegado a oídos del Príncipe de Vanerya. No sé en qué vaya a resultar pero dudo que sea algo bueno. Tenía que contarle a Zelda lo que había sucedido con la Princesa Draela en cuanto amanezca.
A las 5am del día siguiente ya estaba en las puertas de las habitaciones de Zelda y toqué pero nadie abría, de seguro Zelda aún descansaba. Esperé media hora y volví a tocar pero esta vez una de las puertas se abrió, revelando a una somnolienta Zelda detrás.
- Buen día, alteza –Saludé haciendo una reverencia- Hay algo urgente que debo hablar con vos.
- ¿No puede esperar? –Preguntó, bostezando- Es que no estoy presentable –Mujeres…-pensé-
- Me temo que no, alteza –Contesté y ella me indicó con una seña que podía pasar, así que entré y ella cerró la puerta-
- ¿Qué es tan importante, sir? –Preguntó aun somnolienta, se veía tan linda en su camisón de lino y su cabello alborotado-
- Sucedió algo con la Princesa Draela anoche y para no aburriros os resumiré lo que me ha dicho: me insinuó que mi título me lo había ganado acostándome con vos y a partir de lo que me dijo, deduje que vuestro prometido está enterado de los rumores que corren en la corte real de Hyrule –Terminé de decir y Zelda se sentó en el sofá y cruzó la pierna-
- No me sorprende que el príncipe lo sepa, Link. De igual manera no hay pruebas de que los rumores sean ciertos, así que no os preocupéis de eso, la princesa Draela no tiene ni voz ni voto así que lo que diga o piense no le importa a nadie –Dijo despreocupada-
- No quiero sonar como un chismoso, alteza, pero creo que os empezará a importar cuando os diga que también dijo que sois una cualquiera –Dije-
- ¿¡Qué!? –Se levantó de su asiento, indignada y molesta-
- Os lo he dicho porque me dio la impresión de que la Princesa Draela no os estima y debéis cuidaros de ella.
- Naturalmente, gracias por decírmelo Link ¿hay algo más que queráis decirme? –Preguntó y yo pensé en las intenciones de la Princesa Draela antes de que empezara a atacarme verbalmente y decidí omitirlo-
- No hay nada más, alteza –Mentí-
- Entonces podéis regresar a vuestros deberes. Por cierto, en caso de que Lord Bazir o Talyk no os hayan puesto sobre aviso, el Palacio de los invitados ya no será vuestro alojamiento; de ahora en adelante os alojaréis en el cuartel de la Guardia Real. Tendréis los mismos sirvientes y una habitación más amplia aunque no con los mismos lujos –Dijo aun despreocupada por lo que le he dicho-
- Está bien, alteza –Hubo un breve silencio entre nosotros, no dejé de admirar lo bella que se veía Zelda sin todos esos adornos que siempre llevaba encima, aun con su cabello alborotado. Me acerqué a ella como si una fuerza magnética me atrajera y ella se mantuvo de pie sin alejarse, hasta que Makiare entró a la habitación-
- Buen día, su majestad, Lord Link –Saludó haciendo una reverencia- ¿Os he interrumpido? De ser así, puedo esperar afuera –Agregó-
- No, Makiare, Lord Link ya estaba por retirarse ¿No es así, Milord? –Asentí incómodo por como ambas mujeres se dirigían a mí-
- Sí, alteza, el deber me espera. Con vuestro permiso, alteza, Lady Makiare –Hice una reverencia a modo de despedida y salí de la habitación- Espero que Zelda se haya puesto en alerta porque estaba seguro que la Princesa Draela era una mujer peligrosa -pensé-
Ahora que ya era oficialmente el Lord comandante de la Guardia Real, no era mi deber ser el guardia personal de la reina; tenía el poder de asignar guardias pero claro que no podía hacer eso por obvias razones. Este día lo dedicaría a asignar nuevos puestos de vigilancia a los miembros de la Guardia Real de acuerdo a sus habilidades, reclutar y entrenar, afortunadamente mis días estarían más ocupados y no me daría tiempo de pensar en Zelda ni de ir a La casa del placer (espero). Así se me pasaría más rápido el tiempo, esperando a que el príncipe Ralis hiciera lo suyo.
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Me dolía tener que rechazar y alejar a Link pero debía ser así, los rumores sobre nosotros solo nos traerían problemas, especialmente a él. Lo que ha dicho la Princesa Draela era prueba de ello y ahora temo más por su vida ahora que estaba próximo el día en que el Príncipe Draaknir vendría a Hyrule.
Ya había pensado en una forma más pacífica de conquistar un reino sin tener que movilizar el ejército pero aun así habría que tomar algunas vidas en el proceso; era hora de planearlo con Dario, así que arreglé una reunión privada con él de la misma forma que lo hice con Link.
- Mi reina –Saludó Lord Dario, besando mi mano y reverenciándome-
- General Maxius, he pensado en vuestra propuesta pero he hecho algunas modificaciones, tomad asiento –Dije al tiempo que me sentaba-
- ¿Y cuáles son esas modificaciones? –Preguntó-
- Como bien lo sabéis, mi compromiso con el príncipe Draaknir no puede ser roto así que contraeré nupcias con él como ha sido acordado por mi padre y el fallecido Rey de Vanerya. No será necesario movilizar el ejército para conquistar el reino de Vanerya una vez concebido el heredero al trono, solo será necesario que asesinéis al rey –Dario soltó una risa saldónica cuando terminé de hablar y claramente le escuché decir "No pienso verla en brazos de ese hijo de puta" pero no vi que sus labios se movieran para pronunciar esas palabras ¿A caso puedo escuchar lo que piensa?-
- Os habéis olvidado de mis condiciones, majestad. Si no es como yo os lo he propuesto, me temo que no me queda más que declinar –Dijo-
- No, Milord, me parece que vos os habéis olvidado de que el soberano de Vanerya tiene dragones y que podrían acabar con el ejército hyliano con solo soplar fuego una vez ¿A caso queréis perder vuestra vida? Una vez muerto el rey, los dragones, el reino entero y sus riquezas serán nuestros sin tener que luchar.
- La respuesta sigue siendo no –Dijo sin rodeos- "No os compartiré con nadie, Zelda"-Le escuché decir de nuevo-
- Seréis mi nuevo consorte ¿No es eso lo que queréis? Es cuestión de paciencia, si no queréis verme con otro podéis iros de viaje a algún lugar hasta que se llegue el día de cumplir vuestra misión –Esta vez Dario se quedó pensativo, considerando lo que le había dicho- Solo así podremos estar juntos, Dario –Agregué al tiempo que me acercaba a él- Solo así podré ser vuestra –En su mente, Dario comenzaba a titubear-
Rocé su cuello con mis dedos y cuando él sintió mi caricia, me tomó del brazo con fuerza y me colocó en su regazo. Me tomó de la nuca y me besó, hambriento. Mientras nos besábamos pude escuchar sus pensamientos y supe que él ya había aceptado mi propuesta. Dario me colocó sobre la mesa, acarició mis piernas mientras subía la falda de mi vestido hasta dejar al descubierto mis muslos y dejó caer sobre mí su cuerpo pesado y musculoso. El general se deshizo de la parte superior de mi vestido para tocar y besar mis pechos, todas sus caricias eran rudas como si quisiera desgarrar mi piel. Cuando se cansó de mis pechos volvió a besar mis labios e introdujo su lengua a mi boca, misma que yo recibí con la mía mientras acariciaba su cabello y su espalda. Podía sentir el roce de su rígida hombría entre mis piernas hasta que él se incorporó e introdujo su mano bajo mis pantaletas para acariciar mi entrepierna, causándome contorsiones de placer. Sentía que me faltaba el aire y respiraba tan agitadamente como él que luego de acariciarme lo suficiente me introdujo dos de sus dedos para comprobar que ya estaba lista para recibir su hombría dentro de mí.
- Os haré mía de una vez, no puedo esperar –Dijo entre respiraciones agitadas y al ver que desabrochaba su cinturón supe que era tiempo de parar-
- Aun no, Dario –Dije, incorporándome para vestirme- Debo seguir siendo doncella para el príncipe. Si me tomáis ahora, nuestros planes habrán sido arruinados –Lo besé- Debemos esperar.
- ¡Maldición! –Gritó exasperado, me dio la espalda y se quedó en silencio un par de minutos, los cuales aproveché para vestirme- Está bien, acepto vuestra propuesta.
Como me dijo una vez mi abuela: "El poder de una mujer reside entre sus piernas" –Recordé y no pude suprimir mi sonrisa triunfal, pues Dario era el único capacitado para matar a un rey; Link también, pero no iba a arriesgar a mi amado de esa forma. El pobre Dario pensaba lo que yo quería que pensara: que sería mi rey y que reinaría a mi lado. No podría estar más equivocado.
Zelink fans, no me vayan a asesinar ¡acuérdense que Zelda está reaccionando a la oscuridad dentro de ella! Durante el capítulo me encargué de explicar por qué Dario si y Link no, aun así pueden preguntarme si tienen dudas. Comenten sobre el capítulo por favor, así me dan ánimos de seguir escribiendo ésta historia porque a veces pienso que no les está gustando =( y me desanimo. Sin más, me despido y hasta la próxima.
