CORRE

«Tu, libreto de siempre, tan repetido.
Ya no te queda bien » Corre ~ Jesse&Joy


Capítulo 6

La cena había sido una total agonía.

Bella no podía soportar vivir la rutina de Jessica y Edward como espectador principal. Además, ella era la mejor amiga, debía seguir actuando en las apariencias de estar feliz por ella al tener un esposo tan perfecto.

Y la envidia y la culpa le carcomían por igual.

Envidia por desear ser ella la que le quita los mechones su cabello broncíneo de sus ojos y que él sonriera cerca de ella, y luego acercarse y besar esos labios tan apetecibles.

Culpa por tener esos pensamientos y saber que ya lo había hecho en la oscuridad de la noche y en su propia cama.

—¿Quieres una taza de café, Bells?

Bella levantó sus ojos a la sincera mirada de cariño de Jessica.

Ella siempre había sido la bonita. Sus grandes ojos azules y su cabellera rubia y lacia producían aquel efecto que los hombres en girar su cabeza cuando ella iba pasando. ¿Bella? Jamás había llamado la atención de nadie. ¿Quién podría, teniendo a Jessica a su lado?

Pero Edward lo había hecho…

Lo miró de reojo y él le estaba mirando intensamente. Edward tomó un trago de su vino tinto y carraspeó después de tragar.

Todo en él era erótico, incluso algo tan nimio como parpadear.

—¿Bella?

—¿Uh? Eh, no, gracias. De todas formas debo volver a casa a ver a Perro.

Jessica dejó salir su característica risa musical.

—No puedo creer que le pusieras ese nombre al pobre animal. ¿No podrías haber sido más creativa?

—Perro es el perfecto nombre para un perro —sonrió Bella.

—Ah, claro —ironizó Jessica, arrugando la nariz—. ¿Y como llamarás después a tus hijos? ¿Niño? ¿Peque?

La sonrisa de Bella se congeló ante las palabras de su amiga. Por inercia bajó su mirada al vientre plano de Jessica y pensó cómo le pondrían al bebé que venía en camino.

¿Se llamaría Edward como su padre? ¿Quizás Anthony como el abuelo de Edward? ¿O inventarían un nombre perfecto entre ambos?

Tragó con fuerza y parpadeó varias veces para ahuyentar las lágrimas que amenazaban con salir.

—No planeo tener hijos, Jessy.

—Ah, quizás no ahora… —dijo con diversión y le guiñó un ojo— ¿Pero qué pasará cuando conozcas al hombre de tu vida? Te aseguro que tu mundo dará un vuelco inesperado y todo lo que creías será un vago recuerdo… —esta vez Jessica hablaba mirando a su esposo, y éste le sonrió en aquiescencia.

No podía seguir un segundo más así.

—Yo… me tengo que ir, Jess. ¿Nos vemos otro día?

—Claro, Bella, no te preocupes. ¿Edward? —llamó— Cariño, ¿podrías ir a dejar a Bella?

Bella abrió los ojos con pánico.

—No, no te molestes… yo puedo…

—Tonterías, Bella, a Edward no le molesta. ¿Cierto, cielo?

—Para nada.

—Así que está dicho. Nada de excusas, señorita.

Bella le sonrió a Jessica y asintió, aceptando que la tortura al parecer aun no había terminado.

Se despidió de ella en un abrazo y la promesa de volverse a ver pronto, y caminó en silencio al lado de Edward hasta la puerta principal.

Su casa con la de Bella quedaba a unos cinco minutos a pie, así que ella no se había molestado en coger su coche. Al parecer Edward pensó en lo mismo, porque no hizo ningún intento en ir al garaje hacia su Volvo.

Caminaron en silencio todo el camino, y a pesar que ambos sentían la vibración que fluía entre ellos cuando sus manos se golpeaban al andar, jamás se tocaron intencionalmente.

Ya en la puerta del departamento de Bella, Edward se atrevió a romper el silencio.

—Quiero que nos veamos mañana.

Ella tembló al escuchar su voz ronca y jugó con sus llaves mientras sopesaba lo que él le estaba pidiendo.

Su sentido común le decía que era lo último que debería hacer en esos momentos.

Su corazón le gritaba que le diera una oportunidad para explicarse.

—Yo… no lo sé, Edward. Deberíamos dejar de vernos… por el bien de todos…

—Sólo quiero hablar, Bella —suplicó, y cuando ella vio sus ojos sintió que se desmoronaba por dentro—. Una simple conversación y nada más. Jamás haría algo que no quisieras… ¿Me crees? ¿Confías en mí, amor?

—Jessica…

—Me encargaré de ella mañana. Dime que sí y yo me preocupo de los detalles. Una hora, Bella, y dejo de molestar.

Jamás molestarías, pensó Bella.

Ese era el problema de todo.

Tenía deseos incontenibles de decirle que sí y abandonarse a sus instintos más básicos. Escucharlo y aceptar todo lo que él expusiera. Pero muy dentro de ella sabía que nada de lo que él dijera podría solucionar el embrollo en el que ambos se habían sumido. Dejaron avanzar demasiado la situación y la única salida que les quedaba era dar un paso al lado y dejar que la vida continuara sin que nadie supiera lo que ellos pasaron juntos. Especialmente Jessica.

¿Qué diría su amiga si se enterara de todo lo que ella hizo con su marido?

¿La miraría con despecho? ¿Furia? ¿Decepción?

Su labio inferior tembló y la culpa barrió el deseo que estaba sintiendo por Edward al tenerlo tan cerca.

Debía haber sido más fuerte. Haberse negado a los avances de Edward. Jamás comenzar algo que nunca debía haber sido.

Pero ahora era demasiado tarde y no podía arriesgarse a dejar cabos sueltos, y por más que temiera aquella conversación, era necesario tenerla.

Así que con un suspiro resignado y con la garganta quemante, Bella carraspeó y habló en un susurro.

—Mañana a las ocho en mi casa.

Le dio la espalda a Edward y entró a su casa arrepintiéndose apenas cerró la puerta.