El triunfo del amor.

VI

La sorprendió descubrir que se había dormido. No se había sentido cansada cuando Annie y Finnick le habían insistido en que se tumbara, pero había obedecido simplemente porque sus últimas palabras con Peeta la habían dejado sin fuerzas para resistirse. Miró el reloj y vio que era más de mediodía. Se había quedado dormida dos horas.

Amodorrada, con los ojos casi cerrados, Katniss fue al cuarto de baño para echarse un poco de agua fría en la cara. El susto se le había pasado, pero la cabezadita la había dejado más cansada que fresca. En el fondo, sentía una profunda vergüenza: vergüenza de haber salido corriendo, aterrada, a la vista del cadáver; vergüenza por haberse lanzado desesperada en brazos de Peeta y haber sido rechazada. Todavía notaba esa sensación de dependencia… y absoluto rechazo.

Nunca más, se prometió Katniss. Debería haberse guiado por la cabeza en vez de por el corazón. Debería haber imaginado que no podía esperar nada bueno de un hombre como él. Un hombre así no tenía nada que ofrecer. Era lógico encontrar el infierno si miraba al diablo. Y, sin embargo…

Y, sin embargo, había sido a Peeta a quién había necesitado y en quién había confiado; había sido con él con quién se había sentido a salvo al sentir que la abrazaba. Grave error, se dijo Katniss, mientras se miraba en el espejo que había sobre el lavabo. Todavía quedaba algún rastro del impacto: las mejillas seguían pálidas y los ojos desorbitados; pero iba recobrando las fuerzas.

-No lo necesito –dijo en voz alta para oír las palabras-. No significa nada para mí.

Pero le había hecho daño. Alguien que le diera igual no la habría podido herir.

No permitiría que volviese a hacerlo, se prometió Katniss. Porque no volvería a confiar en él. No volvería a acudir a él, pasara lo que pasara.

Dio la espalda al espejo, salió del baño y bajó las escaleras.

Al entrar al vestíbulo principal, oyó el sonido de una puerta que se cerraba y unos pasos. Giró la cabeza y vio a Cato.

-¿Has descansado? –le preguntó éste mientras se acercaba. Luego le agarró una mano en gesto lleno de cariño, apoyo e interés.

-Sí, me he quedado dormida. Me siento como una tonta –dijo y Cato enarcó una ceja-. Marvel ha tenido poco menos que subirme aquí en brazos.

Cato rió, le pasó un brazo alrededor de los hombros y la acompañó al salón.

-Las mujeres estadounidenses siempre tan fuertes e independientes…

-Siempre lo he sido –contestó Katniss. Luego se recordó en brazos de Peeta, lloriqueando y suplicándole que no la abandonara. Enderezó la espalda-. Tengo que serlo.

-Y te admiro por ello. Pero no creo que estés acostumbrada a tropezarte con cadáveres –comentó Cato. Se fijó entonces en la palidez de sus mejillas y añadió con suavidad-: Perdona, no debería habértelo recordado. ¿Te preparo otra copa?

-No, no… ya he bebido suficiente –Katniss acertó a esbozar una pequeña sonrisa y se apartó de Cato.

¿Por qué le ofrecía un hombro para apoyarse todo el mundo menos el único que quería? Pero no, en realidad no quería nada de Peeta, se recordó. No podía permitirse que Peeta le importara, y no necesitaba el hombro de nadie.

-Te noto tensa. ¿Prefieres estar sola?

-No –Katniss negó con la cabeza y miró a Cato, que la miraba con calma. Siempre transmitía calma, pensó, y lamentó no haberse encontrado con él cuando corría espantada por la mañana. Se acercó al piano y deslizó un dedo sobre las teclas-. Me alegra que el capitán se haya ido. Me ponía nerviosa.

-¿Snow? No creo que debas preocuparte por nada. No creo ni que el asesino tenga que preocuparse por nada –dijo Cato soltando una risilla-. La policía de Mitilini no es famosa por su eficacia ni por su inteligencia –añadió mientras sacaba la pitillera.

-Lo dices como si te diese igual que no atrapen a la persona que ha matado a ese hombre.

-Será un ajuste de cuentas. No me preocupa –contestó él-. Me preocupa más la gente a la que conozco. Y no me gusta pensar que estás preocupada por Snow.

-No me preocupa. Pero no me gusta el modo que tiene de mirar –respondió con el ceño fruncido mientras Cato se encendía un cigarro. Katniss notó algo inquietante, como si supiese algo importante que no lograba recordar. Vio la columna de humo que salió de cigarro de Cato y preguntó-: ¿Dónde están todos?

- Annie está con Finnick en su despacho, Delly ha salido a dar esa vuelta en lancha.

-Ah, sí, con Peeta –Katniss bajó la vista hacia las manos y la sorprendió encontrarlas cerradas en puño. Las abrió-. Debe de ser difícil para ti.

-Necesitaba escaparse. Estaba muy nerviosa con lo del cadáver.

-Eres muy comprensivo –dijo ella. Algo la hacía sentirse incómoda y, de pronto, notó que le dolía la cabeza-. Yo no creo que lo fuese… si estuviese enamorada –añadió tras acercarse a la ventana.

-Soy un hombre paciente y sé que Peeta no significa nada para ella. No es más que un medio para conseguir un fin –Cato hizo una pausa antes de continuar-. Algunas personas no tienen capacidad de sentir emociones… ni de amor ni de odio.

-Qué vacío –murmuró ella.

-¿Tú crees? –Cato sonrió-. Para mí que todo sería más sencillo.

-Sencillo puede que sí, pero… -Katniss dejó la frase sin terminar al darse la vuelta. Cato se estaba llevando el cigarro a los labios. De pronto, recordó, con total claridad, haber visto la colilla de un cigarro de esa marca cara en la arena, a pocos metros de cadáver. Un escalofrío le recorrió la espalda.

-¿Te pasa algo? –le preguntó Cato y ella pestañeó, despertando de su ensimismamiento.

-No… supongo que todavía no me he recuperado del todo. Pero puede que me anime a esa copa después de todo.

No quería beber, pero necesitaba un momento para serenarse. Una colilla no tenía por qué significar nada, se dijo mientras Cato iba al mueble bar. Cualquier isleño podía haber pasado por esa cala un millón de veces.

Pero era una colilla reciente, recordó Katniss. Sólo estaba medio enterrada y estaba entera. Los pájaros no la habían picoteado. Si alguien hubiera estado tan cerca del cadáver, lo habría visto seguro. Lo habría visto y habría ido a la policía. A no ser…

No, esa idea era absurda, se dijo mientras controlaba un ligero temblor. No tenía sentido pensar que Cato pudiera estar involucrado en el asesinato de aquel hombre. Ni Cato ni Finnick, se dijo mientras el olor dulce del cigarro.

Ambos eran hombres civilizados y los hombres civilizados no se dedicaban a ir apuñalando a otros por la espalda. Los dos eran amables y educados. ¿No hacía falta cierta semilla de malignidad, algo fría e implacable para matar? Se acordó de Peeta y negó con la cabeza. No, no quería pensar en él en ese momento. Sería mejor concentrarse en ese punto concreto y llegar a una conclusión.

Resultaba descabellado considerar que Cato o Finnick pudieran ser los responsables del asesinato. Eran hombres de negocios, con cultura. ¿Qué tejemanejes iban a tener con un pescador de la isla? Pero, por más que le pareciera ridículo, Katniss no conseguía librarse de la inquietud que la atenazaba. Tenía que haber alguna explicación lógica, insistió. Siempre había una explicación lógica para todo. Simplemente, seguía aturdida, nada más. Estaba haciendo una montaña de un detalle sin importancia.

¿De quién eran los pasos que oyó en la playa aquella primera noche?, insistió una vocecilla dentro de su cabeza. ¿De quién se escondía Peeta?, ¿o a quién estaba esperando? Aquel hombre no había muerto por un ajuste de cuentas entre isleños. No lo creía, como en realidad tampoco había creído que hubiese muerto accidentalmente. Asesinato… contrabando. Katniss cerró los ojos y tembló.

¿Quién llegaba del mar cuando Peeta la había retenido oculta bajo los cipreses? Peeta le había ordenado a Haymitch que lo siguiera. ¿Habría sido Finnick?, ¿Cato?, ¿el hombre que había muerto quizá? Katniss dio un respingo cuando Cato le acercó la copa.

-Sigues muy pálida. Deberías sentarte –le dijo.

-No… es sólo… supongo que todavía estoy un poco nerviosa, -Katniss agarró la copa con ambas manos, pero no bebió. Le preguntaría, nada más. Le preguntaría sin rodeos si había estado en la cala. Pero al mirarlo a lo ojos sintió miedo-. La cala… estaba preciosa. Parecía como si no la visitara nunca nadie. ¿Va… sabes si va mucha gente por ahí? –añadió y recordó que había muchas conchas hundidas por pisadas de personas.

-No puedo hablar por los demás –arrancó Cato-. Pero supongo que la mayoría de los isleños están demasiado ocupados pescando o en los viñedos para pasar mucho tiempo recogiendo conchas.

-Sí –Katniss se humedeció los labios-. Aún así, es un sitio realmente bonito, ¿verdad? –añadió sin dejar de mirarlo a los ojos.

¿Se lo estaba imaginando o Cato la miraba con recelo?, ¿sería un efecto del humo que se interponía entre los dos?, ¿sus propios nervios?

-Yo no he ido nunca. Supongo que es como un estadounidense que no ha subido al Empire State Building –contestó él con desenfado. Katniss siguió los dedos de Cato mientras éste apagaba el cigarro en un cenicero-. ¿Te pasa algo?

-No, no -aseguró ella-. Supongo que es la tensión, que me está afectando, como a Delly.

-No es de extrañar –contestó Cato esbozando una sonrisa amable-. Has pasado un trago muy duro, Katniss. Pero ya está bien de hablar de muertos, vamos al jardín. Hablaremos de otra cosa –le sugirió.

Estuvo tentada a negarse. No sabía por qué, pero no le apetecía estar con él. No en ese momento, y a solas. Estaba intentando encontrar una excusa razonable cuando Annie apareció.

-Katniss, tenía la esperanza de que seguías dormida.

Aliviada por la interrupción, Katniss dejó la copa de coñac sin haberla probado y se levantó.

-Ya he descansado suficiente –contestó y advirtió síntomas de tensión en la cara de su amiga-. Pero a ti sí te vendría bien echarte.

-Echarme no, pero me apetece tomar un poco de aire.

-Justo le estaba proponiendo a Katniss salir al jardín –Cato puso una mano sobre un hombro de Annie -. Anda, salid y relajaos. Finnick y yo tenemos que resolver unos asuntos.

-Sí –dijo Annie -. Gracias Cato. No sé qué habríamos hecho hoy sin ti Finnick y yo.

-Tonterías –contestó él antes de darle un beso en la mejilla-. Vamos, tratad de olvidaros de todo esto.

-Sí. E intentad hacer lo mismo Finnick y tú.

-Cato –dijo Katniss avergonzada. Había sido todo amabilidad con ella y se lo había pagado sospechando de él-. Gracias.

Cato enarcó una ceja, sonrió y le dio un beso en la mejilla también a ella.

-Sentaos un rato y disfrutad de las flores –añadió antes de marcharse.

-¿Quieres que pida un té? –le preguntó Annie a Katniss mientras iban hacia el jardín.

-No. Y deja de tratarme como una invitada.

-¡Dios!, ¿lo estoy haciendo?

-Sí, desde que…

Annie miró a Katniss cuando ésta dejó la frase en el aire. Luego puso cara de fastidio.

-Vaya faena –dijo antes de dejarse caer sobre un banco de mármol. Rodeadas de la fragancia y el colorido del jardín, aislados de la casa y del mundo por los viñedos, ambas fruncieron el ceño-. No sabes cuánto siento que hayas sido tú la que lo ha descubierto. No, no te encojas de hombros como si nada. Nos conocemos hace mucho y de sobra. Me imagino lo duro que tiene que haber sido para ti lo de esta mañana. Y sé cómo debes de estar sintiéndote en estos momentos.

-Estoy bien, Annie. Aunque reconozco que no volveré a salir a por conchas durante una temporada –trató de bromear, pero Annie seguía molesta-. Por favor, no os hagáis esto. No os podéis culpar porque yo haya descubierto el cadáver. Ha sido… una terrible coincidencia: yo me he acercado a la cala y había un hombre muerto. Alguien tenía que encontrárselo.

-Pero no tú.

-Finnick y tú no sois responsables.

-Mi lado práctico lo sabe, pero…- Annie suspiró, se encogió de hombros y consiguió sonreír un poco-. Pero no me gusta que te haya pasado esto estando en mi casa –añadió al tiempo que encendía un cigarro y se levantaba para dar un paseo.

Un cigarro negro, observó con ansiedad Katniss. Había olvidado que Annie había tomado la costumbre de fumar tabaco de su marido de vez en cuando.

Miró el rostro ovalado de Annie, de corte clásico, y cerró los ojos. Tenía que estar volviéndose loca para considerar durante un instante, que Annie podía estar envuelta con temas de contrabando y asesinatos. Conocía a esa mujer desde hacía años, habían vivido juntas. Si había una persona a la que conocía tan bien como a sí misma, sin duda que era a Annie.

Pero ¿hasta dónde estaría dispuesta a llegar por proteger al hombre al que amaba?

-Tengo que reconocer que, aunque me sitúe a la altura de Delly, ese policía me ponía nerviosa –continuó Annie -. Era demasiado… respetuoso –añadió tras detenerse en busca del adjetivo preciso.

-Sé a qué te refieres –murmuró Katniss. Tenía que dejar de darle vueltas a la cabeza, se dijo. Seguro que en cuanto dejara de pensar, se sentiría mucho mejor.

-No sé qué esperaba averiguar, interrogándonos de ese modo – Annie hizo un gesto brusco con el brazo y el anillo de casada relució en su dedo.

-Estaría siguiendo el procedimiento normal en estos casos, supongo –dijo Katniss sin apartar la vista del anillo. Un anillo que simbolizaba sus votos de amar, honrar y respetar a su marido.

-No sé, ha sido muy desagradable –insistió Annie-. Además, ni siquiera conocíamos a ese Chaff Stevos.

-El capitán ha dicho que era pescador.

-Como tantos otros en la isla.

Katniss dejó que el silencio las envolviera. Hizo un esfuerzo por reconstruir con detalle la escena del salón horas antes. ¿Cómo había reaccionado cada uno? Si no hubiese estado tan abotargada por el coñac y el susto, ¿habría reparado en algo en especial? Había una persona más a la que había visto encender uno de aquellos cigarrillos caros.

- Annie, ¿no crees que Delly se ha puesto demasiado nerviosa? –Preguntó con cautela-. ¿No ha protestado mucho por un par de preguntas?

-Delly es muy exagerada –contestó Annie con desprecio-. ¿Has visto cómo coquetea con Peeta? No sé cómo la soporta.

-A él no parece importarle –murmuró Katniss. Pero no, todavía no era momento para ocuparse de ese tema-. Es una mujer rara. Pero esta mañana… y ayer… Ayer, cuándo hablé del contrabando, me pareció que estaba asustada de verdad.

-¿Asustada de verdad? No creo que Delly tenga sentimientos auténticos –contestó Annie -. Ojalá se olvidara Finnick de ella.

-Es curioso: Cato ha dicho lo mismo más o menos –Katniss miró una rosa distraídamente. Era en Delly en quién debía centrar sus sospechas. Si alguien podía hacer algo ruin y letal, era Delly-. Yo no la veo así.

-¿A qué te refieres?

-Delly, yo sí creo que tiene sentimientos –respondió Katniss, devolviendo la atención a su amiga-. De hecho, diría que tiene demasiados sentimientos. Puede que no saludables, destructivos quizá; pero tiene mucha agitación.

-No la soporto -resumió Annie -. Es un incordio. No sé cuanto tiempo y dinero ha gastado Finnick en ella. Y lo único que saca son groserías y muestras de ingratitud.

-Finnick tiene un sentido del deber muy fuerte hacia la familia –dijo Katniss-. No puedes protegerlo de…

-Puedo protegerlo de lo que haga falta –atajó Annie con vehemencia al tiempo que tiraba la colilla del cigarro al suelo. Katniss la miró espantada-. Maldita sea, estoy dejando que esto me afecte demasiado –añadió más calmada.

-Todos estamos nerviosos –dijo Katniss-. No ha sido una mañana fácil.

-Lo siento, Katniss. Es que Finnick está muy disgustado con todo esto. Y por más que me quiera, no es la clase de hombre que comparte todas las cosas con su mujer. Sus problemas… sus negocios… es demasiado griego – Annie soltó una risilla y sacudió la cabeza con resignación.

- Annie, si pasara algo… quiero decir, si algo te preocupase de verdad, me lo dirías, ¿verdad?

-Venga, no empieces a preocuparte por mí ahora. Pero es que es frustrante querer tanto a una persona y que no te dejen ayudar. A veces me vuelve loca cuando se empeña en mantenerme alejada de los aspectos menos gratos de su vida.

-Él te quiere –murmuró Katniss.

-Y yo a él.

- Annie… -Katniss respiró profundamente antes de decidirse a preguntar-: ¿Finnick y tú paseáis a menudo por esa cala?

-¿Qué? –Respondió distraída Annie antes de reaccionar-. Ah, no, la verdad es que preferimos pasear por el acantilado… cuando consigo sacarlo del despacho. No recuerdo la última vez que estuve en esa cala… Pero ojalá hubiese estado contigo esta mañana –añadió con suavidad.

Abochornada por la dirección que habían tomado sus pensamientos, Katniss desvió la mirada.

-Me alegro de que no estuvieras. Finnick ya tiene trabajo de sobra con una mujer histérica.

-No estabas histérica –corrigió Annie -. Para mí estabas hasta demasiado calmada cuando Marvel te trajo a casa.

-No he llegado a darle las gracias –dijo Katniss, obligándose a dejar de desconfiar de todo el mundo-. ¿Qué piensas de Marvel?

-Es un hombre muy dulce. Parecía a gusto en el papel de caballero de la armadura –comentó Annie sonriente, aparcando también ella sus preocupaciones-. Yo diría que le gustas.

-Mira que eres casamentera –dijo Katniss de buen humor.

-No, Marvel está bien para entretenerte, pero es del lado pobre de la familia de Peeta –respondió Annie -. Preferiría verte con alguien mejor acomodado. Claro que… podrías pasarlo bien… un rato.

Como si supiese que estaban hablando de él, Marvel apareció en el jardín.

-Hola, espero no molestar.

-¡En absoluto! –aseguró Annie, dedicándole una sonrisa radiante-. Los vecinos poetas siempre son bienvenidos en esta casa.

Marvel esbozó una sonrisa entre tímida e infantil con la que ganó varios puntos a ojos de Annie.

-Quería saber qué tal va Katniss –dijo justo antes de mirarla-. Ha sido una mañana horrible. ¿Estás mejor?

-Estoy bien –Katniss le apretó una mano cariñosamente-. Le estaba diciendo a Annie que no te he dado las gracias por todo lo que has hecho.

-Sigues blanca.

-Me da que eso es por el invierno de Nueva York –respondió sonriente.

-¿Empeñada en hacerte la valiente? –preguntó Marvel de buen humor.

-Empeñada en no ser tan cobarde como esta mañana.

-El caso es que me ha gustado cómo te abrazabas a mí –comentó y se giró hacia Annie-. Quiero robártela una tarde. ¿Me ayudas a convencerla de que necesita divertirse un poco?

-Cuenta conmigo.

-Venga, ven conmigo. Cenaremos juntos –dijo, dirigiéndose a Katniss de nuevo-. Daremos una vuelta por la isla. Un poco de licor de anís, buena compañía… ¿qué más puedes pedir?

-¡Qué buena idea! –Exclamó Annie -. Es justo lo que necesitas, Katniss.

Era verdad. Necesitaba salir de la casa y olvidarse de todas sus dudas.

-¿A qué hora quedamos? –le preguntó sonriente a Marvel.

-¿A las seis te parece bien? Te enseñaré los sitios más bonitos. Peeta me ha dejado su Fiat mientras esté aquí, así que podemos movernos con tranquilidad.

Katniss notó que estaba apretando los dientes y se forzó a relajarse.

-A las seis entonces.

-§-

El sol brillaba en lo alto del cielo cuando Peeta arrancó la lancha motora. La puso a toda velocidad, deseoso de sentir el azote del viento contra la cara.

¡Maldita mujer!, pensó en un nuevo arrebato de frustración. Apretó los dientes y tiró una colilla a las olas. Si se hubiera quedado en la cama en vez de andar dando vueltas por la playa a horas intempestivas, nada de eso habría ocurrido. No se quitaba de la cabeza el recuerdo de su voz suplicándole que la abrazara, el espanto de su mirada. Todavía podía sentir la desesperación con que se había lanzado contra su pecho.

La maldijo una vez más y aumentó la velocidad otro poco.

Decidió aparcar el tema y concentrarse en el hombre muerto. Chaff Stevos, se dijo con el ceño fruncido. Conocía bien a aquel pescador, qué cosas pescaba de tanto en tanto, así como el número de teléfono de Atenas que había encontrado en el bolsillo de su pantalón.

Stevos había sido un hombre codicioso y estúpido, pensó Peeta con frialdad. Lo que había acabado costándole la vida. ¿Cuánto tiempo tardaría Snow en dejar que la noticia se extendiera por toda la isla? No lo suficiente, decidió Peeta. No le iba a quedar más remedio que zanjar las cosas un poco antes de lo que había previsto.

-Peet, ¿por qué tienes tan mala cara? –le preguntó Delly, alzando la voz por encima del ruido del motor. Automáticamente, Peeta suavizó la expresión de su rostro.

-Estaba pensando en el montón de papeles que tengo en la mesa del despacho –dijo antes de apagar el motor y dejar la lancha flotando en el agua-. No debería haber dejado que me convencieras para tomarme la tarde libre.

Delly se acercó a donde él estaba sentado. Llevaba un bikini pequeño y le brillaba la piel, pegajosa de aceites. Le ofreció el escote. Tenía un cuerpo bonito, con curvas, firme y excitante. Pero Peeta no sintió el menor deseo.

-Vamos a tener que hacer algo para que te olvides del trabajo –dijo ella sentándose sobre el regazo de Peeta.

Éste le dio un beso fugaz en los labios. Sabía que, con el champán que había bebido, Delly no se enteraría. Pero se quedó con un regusto desagradable. Pensó en Katniss y volvió a besar a Delly, esa vez con más fuerza.

-Vaya, parece que ya no te preocupan tanto esos papeles –dijo ella, ronroneando como una gata-. Dime que me deseas. Necesito un hombre que me desee.

-Tendría que estar muerto para no desearte –contestó Peeta mientras le acariciaba el pelo-. ¿Quién podría resistirse a una mujer como tú?

-Un demonio –dijo con risa floja. Echó la cabeza hacia atrás y medio cerró los ojos, mareada por el champán-. Hazme el amor, Peeta. Aquí, bajo el sol.

Y quizá llegara a hacerlo, pensó con náuseas. Para conseguir lo que necesitaba. Pero antes le sonsacaría la información que pudiese, aprovechando su estado de ebriedad.

-Dime –murmuró al tiempo que le daba un beso en el cuello y ella le desabrochaba los botones de la camisa-, ¿qué es lo que sabes del contrabando entre Lesbos y Turquía?

Peeta notó que se ponía tensa, pero sus resistencias estaban bajo mínimos debido al alcohol. Con suerte, no le costaría que se le fuera la lengua. Llevaba días a punto de explotar. Paseó la lengua por su cuello a conciencia y la sintió suspirar.

-Nada -contestó deprisa mientras peleaba nerviosa con lo botones de Peeta-. Yo no sé nada de esas cosas.

-Venga, Delly. Sabes mucho –murmuró él en tono seductor, convencido de que, entre el champán y el sexo, lograría hacerla hablar-. Como hombre de negocios, me interesa sacar beneficios. ¿No irás a negarme unos pocos dracmas?

-Unos pocos millones –Delly le agarró una mano para enseñarle lo que quería-. Sí, sé muchas cosas.

-¿Y vas a contármelas? –preguntó- . Venga, Delly. Entre tu mano y esos millones, estás consiguiendo excitarme.

-Sé que al hombre que esa estúpida encontró esta mañana lo han matado por avaricioso.

-Pero no es extraño ser avaricioso cuando hay tanto dinero en juego –dijo Peeta mientras ella se tumbaba-. ¿Sabes quién lo asesinó? –preguntó. Tenía que darse prisa o se quedaría dormida bajo los efectos del alcohol. Peeta la besó de nuevo para reanimarla.

-No me gustan los asesinatos, Peet. Y no quiero volver a hablar con la policía –dijo arrastrando las palabras-. Estoy harta de que me utilicen. Puede que vaya siendo hora de cambiar de aliado. Tú eres rico, Peet. Y a mí me gusta el dinero. Necesito dinero.

-¿Y quién no? –contestó él siguiéndole el juego.

-En otro momento. Ya hablaremos en otro momento –dijo antes de besarlo- Peeta trató de fingir un mínimo de pasión. Necesitaba una mujer. Su cuerpo se lo estaba pidiendo a gritos. Y necesitaba a Delly. Pero no hizo nada por evitar que perdiera la consciencia.

Más tarde, mientras ella dormía bajo el sol, Peeta se apoyó en el lateral opuesto de la lancha y encendió un cigarrillo con la colilla de otro. No sabía si estaba furioso o asqueado. Iba a tener que utilizar a Delly, dejar que Delly lo utilizase… si no esa vez, en algún momento. Tenía que complacerla para averiguar lo que necesitaba. Era una cuestión de seguridad… y de salirse con la suya. Lo segundo siempre le había parecido más importante que lo primero.

Si tenía que acostarse con Delly para conseguir lo que pretendía, se acostaría con ella. No significaba nada. Peeta dio una calada al cigarro. No significaba nada, se repitió.

De pronto, sintió que necesitaba una ducha, larga, algo que le quitara una sensación de suciedad que no lograba despegarse. Años de suciedad y mentiras. ¿Por qué nunca lo había molestado hasta entonces?

Peeta recordó la cara de Katniss. Ésta lo miraba con frialdad. Lanzó el cigarro al mar, se levantó y puso el motor en marcha.

Continuará…

Pobrecita Katniss sospechando de todos…

¿Ustedes quien cree que sea el verdadero asesino?

Pobre Peeta tener que seducir a Delly para sacarle información.

Espero que les haya gustado el capitulo aunque no hubo encuentros entre Katniss y Peeta, pero no se preocupen que ya habrán mas, se los prometo.

Agradecimientos:

Everllarkglee4ever: Me temo que no sera la ultima vez que Katniss de un paseo por la

JekaMellark: Si lo se yo también odie a PEETA en ese momento... Katniss en verdad se sintio muy mal al sentirse rechazada y desconsolada despues de lo que le paso, la verdad es que Peeta si se porto muy mal pero ya veran que despues se arrepentira de como hizo sentir a Katniss

Katri Wishart: Tienes razón también me lo pensaría dos veces antes de viajar si supiera que me van a pasar todas esas cosas, aunque todo eso no importaría así como tu dices porque estaría PEETA ahhhhhhh es tan lindo.

Juliper22: WOW creo que Peeta perdió una admiradora, pero ya veraz que en los próximos caps te vuelves a enamorar de él estoy segura. Y me alegro de que a pesar de que Peeta fue un poco brusco con Katniss sigas leyendo el fic Gracias.

Angiiee7: Ya veremos quien fue realmente el asesino, por lo pronto tendremos que esperar.

THG-TributoPrim: Creo que 50 ya son demasiados hijos, nah que importa si todos son de Peeta. Y si su actitud con Katniss fue muy fría pero ya veras que el le pide perdón.

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