Perdón, creo que me demoré un poco(?)

Okay, escribí este cap en una hora o menos creo, así que perdonen faltas ortográficas y eso;;

Gracias por los favs y reviews, again. Me hacen feliz;; *le corazones*

MeliKsta: me leíste completamente la mente xD ¡Gracias por leer!

De antemano, vuelvo a agradecer por sus reviews y perdonen si no respondo algunos u.u

Ya saben las advertencias y que KNB no me pertenece blah blah.

¡Disfruten y perdón que sea tan corto!

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Muy bien, Kagami, mantén la calma y piensa.

¿Cómo carajo podía con todos los bebés llorando y los niños quejándose?

Yue, Jun y Miki no paraban de llorar, esta última alegando que le dolía mucho la cabeza.

Los gemelos y Yuka estaban a nada de ponerse a llorar también, tal vez en un gesto de imitar a sus hermanos y llamar la atención.

Kagami buscó rápidamente entre las cosas de los niños una nota o algo que le dijera que medicación toman, en que cantidad y cada cuánto tiempo. Los encontró, sí; pero ahora tenía un problema...

¿Qué papel era de quién?

Bueno, la letra de doctor de Midorima era demasiado obvia, pero no podía distinguir entre la de Kise y Himuro; caligrafía perfecta en ambos pero con instrucciones distintas.

¿Por qué el amante de los niños, aka su hermano, le dejó a sus hijos para cuidar? ¿Por qué no lo hacía él mismo ya que tanto los quería? Tal vez Kagami nunca obtendría una respuesta a esa pregunta. O tal vez Himuro quería irse de parranda por ahí sin tener que estar encima de los niños.

O que se pierden, o que rompen algo en una tienda, o que pelean con otros niños, o que se van con el heladero o ese hombre raro que siempre está ofreciéndole dulces... Dios, cuidar niños en la calle si que debe ser difícil.

En ese momento Kagami se perdió en sus pensamientos, viéndose a si mismo llevando a sus hijos por la calle con correo y bozal. Wow... Eso si que era raro.

Se sacudió la cabeza y volvió a la realidad, notó que Jun había agarrado la hoja con las instrucciones de su padre, y ahora ese pedazo de papel se encontraba entre sus pequeños dientes de bebé y lleno de saliva. El mayor se apresuró y le sacó la hoja de la boca, haciendo que vuelva a llorar.

Kagami cargó a Yue en brazos; la cual dejó de llorar enseguida, mientras sostenía con la mano libre las dos hojas, lo que estaba por hacer sería de locos pero quien sabe... Tal vez funcionaba...

-Muy bien, sobrinita.- Suspiró el mayor.- Por esas casualidades de la vida, ¿sabe cuál es la letra de tu mami?-

La pequeña lo miró a los ojos con un rostro inexpresivo como el que solía llevar siempre, luego se volteó y miró la hojas. No entendía mucho, puesto que tenía apenas tres años y todavía no sabía hablar, pero estaba segura que la de la izquierda era la letra de su mami.

El mayor suspiró de nuevo. ¿Qué cruzó por su cabeza al momento de preguntarle a una bebé? Decidió preguntar a la hija mayor de Kise, tal vez podría darle una respuesta coherente. Bajó a Yue y la sentó en el sofá junto a los otros bebés y se dio la vuelta para agacharse al lado de Yuka que estaba sentada mirando la nada en especial.

-Tú, niña.- La llamó.

-Tengo un nombre.- Le respondió. A Kagami le sonó muy a Aomine esa respuesta.

-Como sea, ¿me puedes ayudar?- La niña negó.- ¿Te duele la cabeza, o algo?- Asintió ahora mirándole de reojo.- Si me ayudas haré que pasen tus dolores, pero si no, te jodes.-

La niña suspiró y luego de la corta explicación de Kagami y su propósito, terminó diciéndole que la letra de Kise era la de la derecha ya que Kise era el único que, con veintiséis años de edad, aún usaba burbujas en vez de puntos en las "i"s. Kagami le encontró coherencia y se golpeó mentalmente por no haber prestado atención al detalle.

Separó la hojas en la mesa baja del living, mientras se arrodillaba y los demás niños miraban con atención.

-Muy bien...- Dijo para si mismo; miró la hora, doce en punto.- Jun tomó su medicina a las nueve, y tiene que tomar tres gotas cada cuatro horas. Entonces, a las una de la tarde le tocaba.- El mayor puso una alarma en su celular con el mensaje de "medicina de Jun" para esa hora.- Miki y Yuka toman tres gotas cada dos horas, la última vez fue a las diez de la mañana, así que deben tomar ahora.-

Las niñas lo miraron con cara de asco, al parecer no les gustaba tomar remedios.

-Y ustedes tres.- Señaló a los Murasakibara.- Cuatro gotas cada seis horas, tomaron por última vez a las diez, así que aún falta, pero por las dudas...-

Kagami volvió a marcar las alarmas y así no se olvidaría, todo perfecto.

-Me siento mal...- Dijo Noa mientras se sobaba la cabezita con lentitud. Kagami le tocó la frente, estaba ardiendo. Fuuma empezó a lloriquear, estaba igual o peor que su hermano.

El pelirrojo empezó a asustarse, ¿y si les pasaba algo malo a los hijos de sus amigos, aquí en su casa? ¿Cómo haría para salir corriendo de la casa con seis niños enfermos? Luego pensaría en ello, por ahora trataría los métodos que conocía y eran los más más simples para bajarles la fiebre.

Se dirigió al baño de la planta baja y buscó en el botiquín un par de termómetros, Kuroko siempre compraba todo de más por si un día había urgencias, tomó cuatro, los esterilizó y puso uno bajo los brazos de cada uno de los gemelos; otro en la boca de Jun y otro bajo el brazo de Yuka.

Luego se fijaría los demás, por ahora ellos eran quiénes se mostraban más afectados.

Los gemelos tenían la temperatura pasando los treinta y nueve grados, los demás estaban dentro de lo normal, entre treinta y seis y treinta y siete grados. Cargó a los pequeños peli morados y los llevó al baño de arriba que tenía bañera para darles un baño tibio.

Una vez en la sala, los desvistió con cuidado mientras la bañera se llenaba; tanteó el agua y los metió dentro de ella. Los niños no hicieron más que quedarse apoyados contra el frío mármol de la bañera, Kagami sintió algo que le tocó el corazón.

Era una simple fiebre, pero ver como les bajaba el ánimo a los niños tan de repente (más aún a los hijos de Atsushi, que eran un manojo de nervios) en cierta parte le sorprendía.

En otro lado de la casa, Yue se bajó del sofá y caminó hasta la cocina. Tenía hambre y ver las galletas sobre la mesa no las satisfacía para nada.

Se subió con un esfuerzo que le costó un dolor de cabeza a la silla y de ella luego a la mesa. Pudo notar que había varias cosas del desayuno; tazas, cubiertos, servilletas... Y sus amadas galletas.

Gateó hasta el otro extremo de la mesa y se sentó junto al lado de la bandeja, sin importarle las tazas ni lo demás, que fueron a parar directamente al piso, rompiéndose.

Kagami oyó el ruido y se alteró, pero no podía dejar a los niños solos en el agua, menos si estaban en estado medio-dormido (por no decir casi inconscientes). Los sacó del agua, la cual puso a desagotar, y los cubrió a ambos con una toalla; les dijo que iba a fijarse algo abajo y que volvía. Los niños asintieron, se veían mejor y a percepción de Kagami ya les había bajado la fiebre.

Cuando bajó, encontró a las hijas de Kise jugando animadamente con Jun, le alegró que por lo menos se entretuvieran con algo... O alguien.

Pero en la sala faltaba alguien, y si su "madre" se enteraba que algo había pasado con su retoño; lo mataba.

Corrió a la cocina y encontró a la pequeña morena con una galleta en la boca y una mirada de inocencia pero a la vez despreocupada que podría derretirle el corazón a cualquiera. Vio la tazas rotas y maldijo.

"La favorita de Kuroko..." Bueno, podría comprarle una nueva para las fiestas.

Se apresuró a limpiar en caso de que por casualidad se aparezcan los demás y no tengan que pisar los restos rotos, ya que podrían lastimarse. Tomó a Yue en brazos dejando que coma la galleta que tenía en manos y volvió a la sala.

-Eres una loquilla, de seguro que lo sacaste de tu padre.- Sonrió el mayor mirando a la niña. Ella sólo mantuvo su rostro inexpresivo como siempre. Kagami pensó que podría enloquecer; no hablaba, no hacía gestos. ¿¡qué rayos pasaba con esa niña!?

Suspiró y volvió arriba para vestir a los gemelos. Como era de esperar, parecían estar mejor ya que el bao era un desastre. Y justamente, encontró a Fuuma y Noa lanzándose jabones y otras cosas que había.

Volvió a suspirar, sería una tarde larga.

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Hizo el almuerzo para los niños, estos comían animadamente y Kagami le daba de comer a Jun que no paraba de escupir la comida o lanzársela a alguien.

Tocaron el timbre y el mayor se dispuso a atender.

-Buenos días, Kagami, espero no molestarte.- Saludó animadamente Kiyoshi que llevaba de la mano a Hannah.

-Buenos días, Kiyoshi, ¿vienes a dejarla aquí?- El mayor asintió, la niña le hizo un gesto como saludo y entró a la casa como si nada. A Kagami no le molestó.- ¿Y Makoto? -

-Ah, Kuroko me había dicho que hoy planeaban salir, así que le conté a Makoto y le encantó la idea.-

El pelirrojo alzó una ceja, ¿acaso hablaban del mismo Hanamiya Makoto?

–-

-Tú.- Dijo Kise mientras hacía una mueca.

-Yo.- Le respondió Hanamiya, desde el otro lado de la puerta. En sus brazos tenía un bulto color rosa que contrastaba con su vestimenta entre negros y grises.

-¿Qué no salías del loqu- del hospital a la tarde?- El rubio esbozó una sonrisa burlona, el pelinegro frunció el ceño.

-¿No me estás viendo aquí, idiota?- Le respondió.

Himuro se asomó para ver quien era y esbozó una leve sonrisa nerviosa, no debieron dejar que atienda Kise.

-¿Y mejor entran y hablamos todos?- Propuso el del lunar. Los demás no hablaron pero entraron a la casa.

Makoto se sentó al lado de Kuroko que enseguida pegó la vista al bebé que llevaba en brazos. Himuro se sentó junto con Kise en el sillón de enfrente, quedando Makoto y el rubio cara a cara.

¿Por qué tuvo que invitar en su casa? Se preguntaba Himuro a cada segundo.

-¿Y por qué estás aquí, Makoto?- Preguntó Himuro.

-Kiyoshi casi me saca a patadas del hospital, dijo que salir con ustedes me haría bien. No tuvo mucho en cuenta que tengo una bebé recién nacida para cuidar.- Suspiró.

Kise ocultó una risa burlona, pero que no pasó desapercibida por nadie.

-¿Cómo se llama?- Preguntó Kuroko.

-Mika.- Respondió el pelinegro sin darle vueltas.- ¿Quieres cargarla?- Se había percatado de la mirada del peli celeste sobre su hija. El menor asintió y Makoto se sintió aliviado, desde la mañana que la llevaba en brazos y ya le dolían tanto estos como la espalda.

Kuroko cargó a la bebé como si fuera lo más delicado del mundo, no quería que Hanamiya lo mate por hacer algo con el bebé. Con suavidad le corrió parte de la manta que la cubría del rostro, apreciando la piel nívea de la pequeña.

Dejó de prestar atención a la conversación e insultos que se mandan Kise y Makoto y se centró en el bultito de mantas rosadas. La pequeña abrió los ojos, eran enormes y expresaban tanta inocencia que hasta podría enamorar. Aún eran grises, pero las largas pestañas negras que tenía los resaltaban aún más. Mika llevó su vista a todos lados y luego la centró en Kuroko, comenzó a llorar de repente haciendo dar un pequeño salto al menor.

-Maldita consentida, ni en brazos de tu padre quieres estar.- Se quejó Makoto mientras cargaba a su hija contra su pecho, dándole palmaditas en la espalda para que no llore.

-Habías dicho que tu embarazo fue complicado, pero aún así diste a luz ayer y hoy estás aquí y encima con tu bebé.- Dijo Himuro, sorprendido por eso.

-Y yo te dije que estábamos perfectos los dos, pero solo era cuestión de estrés.- Respondió haciendo callar al otro.

-¿Quieren ir saliendo?- Dijo Kuroko antes de alguien mate a alguien. Todos asintieron.

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Nuevamente, en el nuevo auto de Kise, iban Himuro y Makoto atrás, de copiloto Kise y manejando Kuroko. No dejarían nunca más que el rubio maneje si estaban ellos a bordo.

-Asi que todos sus hijos se enfermaron...- Repitió Makoto. Himuro asintió.

-¿Hannah no está enferma, Makoto-kun?- Preguntó Kuroko.

-No que yo sepa, la vi un rato esta mañana y estaba perfecta.-

-Ah, que suertudo, Makochi.- Dijo Kise.

-No me llames así.-

-¿Por qué no?-

-No nos tenemos esa confianza.-

Himuro recordó el encuentro con Akashi, por lo menos se parecían en algo.

-¿Qué? Que cruel eres, Makochi, pensé que éramos amigos...- Kise recalcó el sobrenombre.

-Ni en sueños, rubia.- Makoto empezaba a hastiarse, en cualquier momento haria volar a Kise por la ventanilla.

-Si eres tan malo así, no me quiero imaginar el desastre de madre que serás. Por eso tus hijas son tan consentidas, pff, con la madre que tienen ¿quien no?-

Hanamiya se hizo hacia adelante con rapidez y jaló a Kise del cabello, el cual respondió llevando sus brazos hacia atrás y jalándole igual.

-De mi puedes decir lo que quieras, rubia, pero si vuelves a hablar de mis hijas así con tu horrenda boca de zorra te mataré.-

-Uuuy, que miedo, Makochi, no pensé que fueras tan malo.- Kise apretó lo dientes, que le jalen del cabello era lo peor que le podía pasar, y más del flequillo que era donde más le dolía.

-¿Qué dirías si yo digo una cosa como esta...?-

-¡Makoto, no digas nada!- Dijo Himuro que había estado tratando de separarlos todo ese tiempo. Kuroko mantenía el ceño fruncido pero no apartaba la vista de la calle.

-¿Sabías que tienes los cuernos más grandes del mundo, eh, Kise?- El rubio se sorprendió, pero no se dejaría caer, seguro que decía mentiras para hacerle sentir mal.- Oh no, Kise, no estoy mintiendo...-

-Makoto, basta.- Le advirtió Himuro.

-¿Te suena el nombre de Sakurai Ryo?- Kise ahora si abrió los ojos con sorpresa, haciendo más suave el agarre de los cabellos del pelinegro.- Oh si, a mi también me suena mucho. De hecho es el ex esposo de Imayoshi, ¿te preguntarás por qué se separaron, no?

Himuro le cubrió la boca a Makoto con una mano, haciendo que suelte a Kise, el rubio se dio vuelta en el asiento viendo la cara de satisfacción de Hanamiya, que logró soltarse del otro pelinegro ya que su agarre era débil por el asiento del bebé entre medio de ellos que le evitaba acercarse más.

-¡Yo los vi juntos, Kise! ¿Era lo que querías escuchar?- Kise sintió algo dentro suyo quebrarse.- Pero yo no fui el que le dijo a Imayoshi, heh. A que no sabes quien.-

Kise alzó la vista con profundo odio hacia Makoto, saltó de su asiento y se le abalanzó encima. Himuro cargó a la bebé en brazos para evitar que por casualidad le llegué algún golpe.

-¡Mientes! ¡Es obvio que mientes, Aominechi me ama!-

-¿Estás seguro?-

El desprevenido freno del auto los asustó a todos. Kuroko se dio la vuelta totalmente furioso.

-¡Basta los dos! ¿Cuántos años tienen? ¿Tres?- Les gritó.- ¡Dejen de comportarse como niños, ustedes son adultos! Kise te pasaste mucho, y tu también, Hanamiya. Es obvio que está mintiendo, Kise. Tú también eres un idiota de primera.-

Kise hizo una mueca y Makoto una sonrisa irónica.

-Así que ahora mueve tu maldito y rubio trasero aquí y deja de joder.- Himuro se sorprendió por la forma en la que Kuroko reaccionaba.- Y al próximo que vuelva a meterse en la vida de los demás o con su familia; lo hago bajar y se vuelve a pata. ¿OKEY?-

Kise se pasó al frente de nuevo, Himuro dejó a Mika en su asiento en el medio de él y Makoto, mientras que este de acomodaba de nuevo en su lugar.

Kuroko suspiró y volvió a arrancar el auto mientras encendía el radio y se relajaba para evitar el estrés.

"Ya me están afectando las hormonas" Pensó mientras suspiraba.

El resto del viaje fue en silencio, o Makoto y Himuro hablando de vez en cuando.

Kise solo miraba por la ventanilla del auto o habla unas muy escasas palabras con Kuroko y volvía a lo mismo. El peli celeste agradecía la paz de una manera enorme.

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Una vez que llegaron, aprovecharon que el lugar estaba casi vacío y tomaron una mesa grande, Kise y Kuroko frente a frente justo al lado de la ventana, Makoto y Himuro frente a frente, el del lunar al lado de Kise y el de cabello más largo al lado de Kuroko.

Pidieron algo para tomar, café, té, café cortado y otro amargo, ya se imaginan cual era para cada quien. Y comenzaron a hablar cosas triviales mientras esperaban a Takao.

Kuroko mientras, mandó un mensaje.

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Le besó una y otra vez, casi devorando sus labios. El menor bajo suyo soltó un suspiro mientras enredaba sus brazos en el cuello del pelirrojo.

Akashi pasó sus manos por todo el torso del castaño mientras besaba y mordía su cuello.

La tensión era enorme en la habitación pero también el deseo de amarse.

De repente alguien entró a la habitación.

-Ara ara, lo lamento Sei-chan, no sabía que estabas ocupado- Dijo Reo mientras con una mano cubría los ojitos de Ai.

-Reo.- Se quejó Akashi.- ¿Cuántas veces te dije que no entres sin tocar y menos si estás con Ai?- El pelirrojo se levantó y se puso su bata mientras que Furihata no sabía donde meterse y simplemente se cubrió con la sábanas.

Reo rió y dejó a Ai en el suelo, la cual rápidamente corrió hacia "mamá". Akashi la alzó y la niña se colgó a su cuello.

-Lo siento, Sei-chan, vine a buscar un par de camisas y Ai decía extrañarte, pero ya nos vamos.- El pelinegro pasó directamente al armario.

-¿Me extrañas, princesa?- Preguntó Akashi a su hermosa nena. Ai asintió y le dio un beso en la mejilla a su "mami". El mayor sonrió.- ¿No hay beso para Kouki?-

El nombrado se destapó hasta el pecho al oír su nombre, la niña gateó por la cama hasta el castaño; tomó su rostro entre sus manitas y le dio un beso en la punta de la nariz.

-¡Yo también quiero mucho a mami dos!- Se colgó del cuello del castaño que la abrazó también. Akashi sonrió, le gustaba que se lleven bien.

-Por cierto, Sei-chan- Dijo Reo mientras salia del armarios con un par de mudas de ropa.- Tu celular sonaba hace un rato, parece que tienes mensajes.- El pelinegro le extendió el móvil a su ex esposo.

-Gracias por decirme. Nos vemos en la noche.- Dijo Akashi mientras se despedía de Reo, este sonrió.

-Vamos, Ai, tienes clases de piano.- La niña volvió a besar la mejilla de su "mami" y fue corriendo con su padre, que la alzó en brazos y salió de la habitación.

Akashi leyó el mensaje, luego esbozó una sonrisa. Furihata se había sentado a su lado al borde de la cama.

-¿Qué ocurre, Sei?-

-Vístete, saldremos un rato, Kouki.- Dijo mientras se levantaba dispuesto a cambiarse.

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Intentaré actualizar pronto ouo

¡Gracias por leer!