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Capítulo 6:
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—Objetivo localizado —se escuchó la voz a sus espaldas dando a entender que llevaba algún tipo de teléfono móvil o transmisor encima— No se requieren movimientos, ¿debo proceder a la eliminación? —Mello, quién se había quedado paralizado, reaccionó con intensiones de morderle la mano a su captor, pero el acercamiento del mismo a su oído lo detuvo— No te muevas —le dijo en un susurro poco audible, como si no quisiera que nadie al otro lado del teléfono pudiera escucharlos.
El timbre de voz de aquella persona no tardó en ser reconocido, por lo que Mello, aún con la sorpresa reflejada en el rostro que era oculta por la penumbra, decidió obedecer aquellas órdenes, aún no demasiado conforme con ello, esperando al próximo movimiento que su captor pensara ejecutar.
—¿Eso es lo que debo hacer con el espía, señorita Takada? —¿Takada? ¿Acaso se refería a aquella mujer que tenía los escándalos con Teru Mikami?— Entendido, que el resto de la patrulla se mantenga alerta, podría haber más amenazas cerca.
Finalizada la conversación (o eso había intuido), la persona tras él lo hizo levantarse para arrastrarlo hacia la salida de emergencias. Mello no necesitó más que unos pocos segundos para notar que la fuerza con la que lo sujetaba era fácilmente contrarrestable, no obstante, no opuso resistencia alguna. Así que en la oscuridad ambas figuras avanzaron a tientas hasta que al cruzar la puerta la luz los dejó al descubierto.
—¿Se puede saber qué demonios estás haciendo —comenzó la pregunta de forma cortante, girándose hacia su captor—, Halle? —finalizó.
Frente a él, Halle Lidner lo miró con el ceño fruncido.
—Eso debería preguntarte yo a ti, no tienes idea de dónde te has metido —respondió ella antes de echar a caminar de nuevo, esperando que su hermano la siguiera.
—Claro que lo sé, ¡es Matt quien no lo sabe!
—¿Matt está espiando a quien no debe? —Mello se detuvo tras haber dado unos pasos.
—¿Cómo sabías que estaba espiando a...? —pero otro pensamiento fugaz le hizo re-formular la pregunta— ¿Con quién estabas hablando por teléfono? ¿Qué era ese rollo del "objetivo"? —inquirió expectante.
—Te lo contaré luego, ahora tenemos que salir de aquí —habló rápidamente, indicándole que se dirigieran a la escalera de emergencia.
—¿Qué diablos está pasando? —volvió a cuestionar moderando su tono de voz—. Nos están siguiendo, ¿verdad?
Halle no respondió.
Los hermanos bajaron rápidamente los escalones y, pronto, el aire frío los golpeó en la cara cuando llegaron a la salida. Mello no pudo evitar echar una mirada hacia atrás, deteniéndose aún sin poner el pie en la calle, visiblemente preocupado. Sin embargo, volvió la vista hacia su hermana, que le instaba a apresurarse.
—No puedo abandonar a Matt ahí, esa chica es...
—Estará bien —le cortó y prosiguió antes de que el otro pudiera replicar—, te lo garantizo. Está en mucha mejor posición que nosotros.
Finalmente, aunque no muy convencido, tras dudar unos segundos el chico aceptó marcharse de allí. Aún así, no entendía nada, la coherencia debía de haberse ido de vacaciones a alguna región perdida de Australia, y ellos se encontraban bastante lejos de allí. Caminando juntos, no les costó demasiado encontrar un vehículo estacionado en una de las calles cercanas. Al entrar, se sorprendió, ya que había tenido que situarse en el asiento de atrás, y Halle en el del copiloto; un hombre rubio al que no había visto en su vida llevaba las manos al volante. El coche arrancó.
—¿Te han seguido? —Lo escuchó hablar por primera vez.
—Es obvio que sí —respondió la mujer con un suspiro pesado—. Gevanni se ha quedado para hacer de distracción, si lo ha conseguido, no habrán podido vernos —añadió—. ¿Qué hay de ti, Lester?, ¿ya has logrado acceder a la base de datos?
—El virus con el que está protegida es bastante potente; se ha cargado casi todas las computadoras de las instalaciones —explicó el hombre ante ello, viendo de reojo la mueca de decepción en el rostro de la otra-, pero, ¡no te preocupes! Estamos a milímetros de conseguir esos archivos, Bullook, ya sólo quedan unas pocas cuentas para decodificarlo.
¿Bullook? Mientras escuchaba, Mello no pudo evitar preguntarse de dónde demonios había salido ese nombre. Se removió incómodo al darle vueltas, la situación ya de por sí era demasiado extraña como para que además tuviera que averiguar aquel nombre, no le sonaba de nada, tampoco era el apellido de sus padres...
—Con que éste es Keehl —el hombre interrumpió sus pensamientos mientras encendía un cigarrillo, causando que al adolescente le entrara el impulso, contenido, de abrir la ventana—. Jamás hubiera pensado que el hijo de Adalia Keehl aparecería en un lugar así...
—Lester —lo calló Halle con un tono de reproche, como si quisiera acabar con el tema—. ¿Volvemos al cuartel general? —preguntó después.
—¿A dónde si no? Aunque el jefe nos matará por esto, lo sabes —comentó observando cómo se alejaban del terreno urbano por el espejo retrovisor, entrando en las largas carreteras de una autovía.
Tras esto, el tono de llamada del teléfono de Halle se escuchó en el vehículo, causando que un silencio sepulcral se apoderara de los presentes. La mujer cerró los ojos, tratando de serenarse, y a los pocos segundos contestó la llamada mientras se llevaba un dedo a los labios para indicarle a los otros que se mantuvieran callados.
—Aquí Lidner —habló con tono de seriedad—. Objetivo cumplido, pueden decirle a Kira que la seguridad de la señorita Yagami está garantizada —Mello miró a su hermana con incredulidad ante sus palabras—. Sí, parece ser que han tenido algunos inconvenientes con uno de los espías de N —argumentó adivinando que le preguntaban sobre Gevanni—, pero mis compañeros están al cargo, ya sabe que esos vampiros son algo duros de roer, señorita Takada. Aún así no deben tardar mucho en librarse de él, yo procederé a mi misión, recibirá noticias mías —Y casi aguantando la respiración, cortó la llamada.
La mujer suspiró.
—Eres brillante, Bullook —la felicitó Lester—, pero, ¿crees que Gevanni sabrá apañárselas? Por lo que sabemos de esas víboras, podría ser peligroso.
—No te preocupes por eso, durante estos días le he mandado todas las características de mi equipo, incluso algunos son humanos como nosotros, creo que podrá entretenerlos el tiempo suficiente... —le comenzó a explicar.
Un carraspeo rompió entonces la conversación. Al mirar hacia atrás, encontró a su hermano cruzado de brazos, con el ceño fruncido, y en su rostro podía notarse la creciente confusión que no parecía tener intenciones de abandonarle pronto.
—¿Alguien puede decirme de una buena vez de qué va todo esto? —preguntó tratando de controlar el impulso de alzar la voz.
Los adultos guardaron silencio durante unos eternos instantes, restándole aún más su casi nula paciencia, hasta que finalmente Halle se decidió a hablar, despacio, como si necesitara escoger con cuidado las palabras que debía utilizar.
—Soy Halle Bullook, ex-agente de la CIA y actual miembro de una organización llamada SPK, formada hace ciento cincuenta años con el fin de parar los movimientos de una asociación terrorista de vampiros de élite. Nunca han tenido un nombre específico, lo único que sabemos es el pseudónimo del líder: Kira —había empezado a contar; cerró los ojos, tomó aire y prosiguió—: En los últimos treinta años la actividad de esta organización se ha incrementado; sus países más transitados son asiáticos, hasta donde nos han contado, el movimiento más evidente se ha efectuado en Japón, pero no tardaron mucho en dar su aparición por varios estados de los Estados Unidos, donde más operamos ahora —ladeó la cabeza hacia Mello finalmente—. No sé lo que te habrá contado nuestro jefe, pero puedo asegurarte que la magnitud de esto es...
—¿Vuestro jefe? —el adolescente no le dio tiempo a responder antes de comenzar a soltar preguntas de manera atropellada—, ¿te refieres al idiota de Near? ¿Y por qué estás trabajando ahí? ¿La CIA? —y mientras las interrogantes se amontonaban, otra pregunta las apartó durante un instante—. ¿Qué es eso de "Bullook"? Además, ¿qué es eso de —señaló a Lester con el ceño fruncido— el hijo de Keehl? ¡Papá se llamaba Johann Lidner!
Halle se mordió los labios, meditando la respuesta.
—Eso es algo... complicado de contar...
—¡Tengo todo el tiempo del mundo!
Sin embargo, la última afirmación se quedó en el aire, puesto que no había pasado ni un minuto cuando el vehículo frenó con brusquedad, causando que los presentes se tambalearan en sus asientos (¿en qué lugar se habría perdido el cinturón de seguridad?). ¿Qué acaba de pasar? Halle puso alerta sus sentidos olvidando la conversación, y entonces, Lester habló:
—Se nos han adelantado.
—Pero, ¿qué...?
No pudieron seguir hablando. El hombre abrió las puertas automáticas del automóvil y Halle salió disparada. Mientras él hacía lo propio, ella buscó a su hermano y lo agarró, tirando de él para que se diera prisa en salir. Por su parte, Mello no entendió lo que estaba pasando hasta que sintió el impacto de su propio cuerpo contra el asfalto de la carretera, cuando empezó a rodar por esta abriéndose heridas por la rudeza del acto, junto al ensordecedor sonido producto de una detonación. Abriendo los ojos con dificultad, pudo ver que parte del vehículo había quedado destrozada y, en lo que quedaba de las inutilizadas ruedas, podía notarse un brillo metálico que si hubiera estado más cerca quizás distinguiría como clavos o tornillos.
—¿Las pincharon...? —masculló mientras trataba de levantarse con lentitud, todo le dolía, y sentía como algo desagradable zumbaba en sus oídos.
—Y dejaron explosivos plásticos —añadió la voz femenina a su lado, ya en pie, jadeando por la carrera y limpiándose la sangre que tenía en la mejilla debido a uno de los tantos rasguños que ambos habían sufrido—. Ha sido una trampa —dijo después, inspeccionando la zona con la mirada en busca de posibles enemigos, pero sólo pudo encontrarse con la imagen de Lester dirigiéndose hacia ellos—. Tenemos que salir de aquí.
—¿Y a dónde diablos pretendes ir? ¡Estamos en medio de la nada! —gritó el adolescente, arrepintiéndose luego por la punzada de dolor de su oído.
En realidad, a ciudad no estaba lejos, sin embargo, no era tan simple como para ir andando. Además, la carretera estaba desierta, y eso era un problema (o una salvación, si no querían que los viera ningún civil), lo cual no le traía muy buena espina: ¿desde cuando no había gente conduciendo en Estados Unidos? ¿A dónde habían ido a parar? El tiempo había pasado, y el cielo se había estado oscureciendo progresivamente; a su alrededor podía ver cómo habían algunas fábricas y almacenes en los laterales de la autovía. Probablemente aquello fuera un polígono industrial... Pero, si había alguien trabajando allí, él por lo menos no lo veía.
—No os preocupéis, es perfecto —Lester hizo acto de presencia, le hizo una seña a Halle, y ella asintió. ¿Por qué tanto secretismo?—. ¿Cuántos crees que son? —preguntó.
—Quizás cinco, siendo optimistas —respondió la mujer—. Aún no hay noticias de Gevanni... Dudo que hayan podido con él, al menos no en tan poco tiempo.
—Bien, vamos —los instó a seguirle en tono cauteloso.
Caminaron con algo de prisa, pero sin llegar a correr, y cruzaron la vaya que separaba el terreno de circulación mirando a los lados, sin bajar la guardia. Mello no tuvo otro remedio que hacer el mismo camino mientras a cada segundo se convencía cada vez más de que debía de estar viviendo uno de esos reality shows televisivos (que de realista no tenía nada), y que pronto podría encontrar al pobre idiota que llevara la cámara por alguno de los rincones para despertar de ese sinsentido. Después ya se encargaría de asesinar lenta y dolorosamente a los autores de aquella broma pesada que estaba viviendo, empezando por el malnacido de Near, por supuesto. Seguro que ese niño retorcido tenía la culpa de todo, él debía de estar manejando los hilos para joderle la vida. No existía otra explicación.
No pudo evitar pensar que sus excusas mentales se volvían cada vez menos creíbles.
Se estaba volviendo loco.
En algún momento, los dos agentes se detuvieron frente lo que parecía ser un viejo almacén, después de haber estado andando durante unos angustiosos minutos que habían parecido una eternidad. Con la desagradable compañía de aquel tenso silencio, Lester se acercó a la puerta de la edificación, comprobando si podría abrirla. Sin hacer ruido, Halle metió la mano dentro de su chaqueta y, en un movimiento rápido, sacó una pistola sin tardarse en disparar a su derecha llamando la atención de los otros dos.
Entonces se escuchó un grito y pronto una figura humana cayó al piso comenzando a retorcerse, luchando por mantener el último aliento que le estaba siendo arrebatado por el borbotón de sangre que había empezado a brotar en el lugar donde Halle había disparado.
Empezaron a escucharse unas palmadas, convirtiéndose en un aplauso enfermizo; provenientes de una mujer que apareció aplaudiendo de entre las sombras, salida de quién sabía dónde. Sus ojos oscuros, que se habían desviado hacia la persona agonizante, se tornaron rojizos durante un instante, reaccionando al olor a sangre que había impregnado el aire. Poco después, los cerró y dibujó una expresión asqueada antes de dirigirse de nuevo a los tres humanos frente a ella. Mello no tardó en reconocer esa imagen que ya había visto antes, la misma mujer con apariencia intelectual y rasgos japoneses que salía en aquel artículo que había encontrado en su frustrada búsqueda por la red, la misma que tenía una relación desconocida con el insano que era ese tal Mikami...
—Así que tú eras el topo, Halle Lidner.
La aludida la apuntó con el arma.
—Digno de ti, Kiyomi Takada.
Las dos mujeres se observaron desafiantes, la humana tratando de aparentar sosiego mientras un sudor frío comenzaba a recorrerla; la vampiro, en cambio, con la cabeza alta, arrogante, la miraba por encima del hombro. Lester había vuelto a la cerradura del almacén, sabiendo que Takada no harían un primer movimiento debido a la pistola (que no fuera humana no significaba que un tiro en la cabeza no le pudiera resultar fatal), y concentrado en ello, consiguió abrir la puerta. Ésta chirrió con un ruido oxidado al ser empujada.
Mello paseó la vista por los alrededores, el cuerpo que ya no se movía de la persona a la que su hermana había disparado empezaba a producirle nauseas. Quiso cerrar los ojos, pero se obligó a mantenerlos abiertos, no podía permitirse ser atacado por sorpresa. Mandó a su cabeza a trabajar a máximo rendimiento: ¿cómo podían salir de la situación? ¿Por qué Halle aún no había disparado a la reportera del demonio? Apretó los puños e inspiró profundamente. Algo no cuadraba, ¿qué era?
"Escapa"
Recordó el mensaje en su teléfono y pronto la idea se le apareció en la cabeza, como si acabara de juntar todas las piezas de uno de esos estúpidos rompecabezas que solía hacer el niñato de Near en cualquier momento. La poca lógica del asunto hizo que se permitiera cerrar los ojos al fin, dibujando una débil sonrisa. Escaparían de esa. Vaya si lo harían.
—Somos sus puñeteros conejillos de indias... —murmuró antes de ordenarle a sus piernas que corrieran.
Aprovechando la distracción de la vampiro, rodeó a las dos mujeres por un lado, llamando la atención de las dos. Cuando Takada hizo un ademán de moverse, un dolor agudo en el hombro la hizo volver de nuevo la vista al frente y sujetarse la zona con la mano contraria: Halle le había disparado. Entonces el adolescente consiguió el tiempo necesario para desplazarse y, sacando las fuerzas que le quedaban después de todo lo que habían pasado, empujó a la reportera por la espalda. Entonces su hermana se apartó del camino, llegando a donde él estaba, y Takada fue impulsada hasta caer dentro del almacén tratando de protegerse de la caída con los brazos. A penas pasados un par de segundos, Lester cerró la puerta dejándola dentro.
No tuvieron tiempo ni de suspirar cuando otros tres cuerpos se abalanzaron contra ellos, corroborando la idea de por qué Halle había sido tan cautelosa a la hora de atacar a aquella mujer. No estaban solos. Nunca habían estado solos, habían encerrado a su jefa y...
Un nuevo disparo se escuchó, proveniente del exterior.
—¡¿Necesitáis refuerzos?! —exclamó el hombre que acababa de cargarse a uno de los atacantes y trataba de arreglárselas con otro que había ido contra él.
—¡Algo de ayuda no venía mal! —reprochó Halle mientras ayudaba a Lester a inmovilizar al restante.
—Tus compañeros no son tan débiles como creías, ¿sabes? —preguntó poco antes de clavar los dientes en el cuello de su enemigo. Cuando éste dejó de moverse, lo soltó y se dirigió hasta los otros, limpiándose la sangre de la boca—. ¿Dónde está tu jefa?
—Golpeando la puerta del almacén, probablemente. ¿Estás bien, Gevanni?
—Mejor que vosotros, parece ser —comentó al llegar hasta ellos, observando la lamentable apariencia que les había dejado la explosión—. No sé cómo esa mujer no se os tiró encima, el olor a sangre que destiláis es impresionante —suspiró un poco, ignorando sus propios instintos ante aquel hecho—. Lester, ¿te ha avisado ya N de cuánto tardará en llegar? —preguntó entonces, dirigiéndose al otro.
—Probablemente no más de veinte minutos, aunque el transmisor se rompió con la explosión. No sabíamos que nos pondrían una bomba. Kira debe tener contactos en la sección de artificieros del cuerpo policial.
Lo sabía.
Mello miró a los tres compañeros con el ceño fruncido. ¿Realmente lo estaban utilizando? ¿Su propia hermana lo había estado utilizando? Se llevó la mano al oído cuando el zumbido de antes volvió. Lo había olvidado por el subidón de adrenalina, pero estando al fin a salvo (aunque tampoco es que pudiera permitirse dejar la guardia baja, ¿quién sabía si aún quedaba algún vampiro medianamente inteligente escondido?), la percepción del agotamiento de su cuerpo había vuelto con más fuerza.
—Halle —se había acercado a ella, llamando su atención—, ¿todo esto estuvo planeado desde un principio?, ¿cómo sabíais que estaría allí? —inmediatamente, su charla con Naomi Misora se pasó por su mente, ¿lo había delatado?
—En realidad, no lo sabíamos —ella suspiró y miró a su hermano—. Nuestro objetivo era secuestrar a Sayu Yagami —le dijo después. Mello la miró incrédulo—, pero cuando nos cruzamos contigo tuvimos que contactar con nuestro jefe y acabamos cambiando de planes. Al parecer pensó que serías un buen cebo para atraer a los subordinados de Kira, y como parte de mi equipo de vigilancia te vio siguiendo a Yagami, nos ordenaron quitarte de en medio —le explicó tratando de tranquilizarse—. El procedimiento a partir de ahí fue algo parecido, aunque, nuestro rehén es alguien diferente a quien esperábamos... —añadió entonces echando un vistazo al almacén donde mantenían encerrada a Takada.
Las explicaciones no duraron mucho más. El adolescente trataba de encajar toda la información en su mente, pero la sobrecarga de la misma parecía querer que su dolor de cabeza se intensificara. Si ordenaba las cosas por puntos, no lograba entenderlas. Aún tenía demasiadas preguntas, y las respuestas tan sólo le generaban más. ¿Por qué Halle estaba trabajando con esa panda de locos? ¿Por qué nunca había sabido lo que estaba pasando a su alrededor? ¿En qué consistía esa realidad? No pudo evitar pensar que si Teru Mikami nunca lo hubiese atacado, él seguiría al margen de ese mundo, sin saber nada, viviendo tranquilamente. La forma en la que una simple decisión entre salir o no podía cambiarlo todo... Realmente era aterrador.
—Buen trabajo, chicos —Y si se hubiera quedado en casa, nunca hubiera tenido que escuchar la desagradable y calculadora voz de Near junto a su imagen que destacaba en medio de la oscuridad con aquel estúpido pijama blanco—. Vamos a tener que sedarla para llevarla con nosotros, y tengan cuidado... no sabemos si ya habrá contactado con Kira —añadió el chico con un deje de reproche ante la falta de precauciones, era probable que la vampiro llevara encima un teléfono móvil—. Con respecto a ti —le hablo entonces a Mello, dignándose por fin a dirigirle la mirada—, creo que vamos a tener mucho que hablar, Mello Lidner, o mejor dicho... —hizo una pequeña pausa mientras retorcía uno de los mechones de su cabello albino— Mihael Keehl.
Cruzaron sus miradas.
Notas finales:
¡No me matéis! Ah, se suponía que subiría este capítulo rápido y, ¿qué me pasa? ¡Problemas y más problemas! ;_; Siempre tengo problemas cuando debo actualizar esto, ¿por qué? Algo en el cielo debe odiar esta historia (?). Pero no os preocupéis, no tengo intenciones de abandonarla, es un proyecto que tengo desde hace bastante... Gracias por vuestro apoyo.
He intentado hacer un capítulo dinámico, la acción no se me da muy bien, así que espero que no haya quedado demasiado extraño, si es así, podéis tirarme tomates (?).
Ah, y en respuesta a Dramaqueen, la clasificación seme/uke es algo que no existe en mis historias, me parece difícil desarrollar un personaje si tengo que encasillarlo en ello (aunque para mí todo el mundo es suke, bueh...).
