Esta historia está llegando a su final. Ha tenido menos revuelo que la primera vez pero aún así sigo muy orgullosa de ella.
Disclaimer: Bleach y sus personajes son propiedad de Tite Kubo (a quien le estoy agradecida por Bleach TvT). La historia es mía y los derechos sobre la personaje OC los comparto con MikoBicho-chan.
El arcoíris color rosa
Capítulo 6: Variedad de color
Bajo aquel pesado panorama oscuro, donde el viento y la nieve en vez de dar una suave vista blanca daban la clara mirada a una tormenta gris. Dentro de una estación de servicio, que parecía aislada de la acostumbrada ciudad, donde solo transitaban un par de autos; un joven albino veía con alivio a la persona que creía haber perdido en más de una ocasión, aunque solo podía notar su cabello y sus manos que aparecían tras la enorme campera que portaba.
—Momo— susurró dejando la bebida olvidada sobre la barra, apresurándose a ir hacia ella.
—El parecido es extraordinario, pero hace mucho no me considero tan joven— la voz de esa persona le hizo detenerse y avergonzarse de sí mismo, sobretodo cuando esta se quitó esa estorbosa capucha.
Si bien Okami Hinamori era idéntica a su hija, o mejor dicho, su hija era idéntica a ella; era más que obvio que había diferencia de edad, la cual se gravaba en su rostro.
—Dicen que las arrugas son signo de sabiduría— mencionó burlona la mujer, sentándose en donde antes él estaba y le sonrió. — ¿Sabías eso, Toushiro-kun?
Una sonrisa que no había visto se formó en los labios de la madre de su amiga, todo el lugar quedó en una perturbarte pausa en donde ambos trataban de descifrar y controlar la futura acción del otro. En ese momento podían desembolsar el famoso dicho: "como en los viejos tiempos".
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Aún era de noche cuando Ishida se ofreció a llevarla a casa, ella sabía que él vivía para la dirección contraria pero seguramente su casa se sentiría vacía por la ausencia de Hinamori, por lo que accedió. Jamás fue egoísta pero ahora quería serlo ¿era tan malo querer algo para ella alguna vez? ¿Era mucho pedir no tener que sonreír por un momento?
Al lado de aquella depresiva mujer Ishida caminaba sosteniéndola con su brazo y mirando seriamente hacia el frente. Golpearía a Kurosaki por hacerla sufrir. Porque solo le bastó una noche para enamorarse de ella, considerarla la gran persona que era y enterarse a duras penas que su "rival" era el eterno amor de la joven de cabellos naranja, pero era sabido que esa no era la oportunidad que buscaba, puesto que simplemente sería aceptado sin ser correspondido en aquel afán de la chica de buscar aprecio en alguien. Lo mejor para que un amor sea duradero es que este tenga bases fuertes, y justamente era eso lo que ella necesitaba en ese momento: una base donde estabilizarse, en otras palabras, un amigo.
—Es aquí— informó suavemente la chica, no podía alzar la voz, había gritado tanto para desahogarse que su garganta se sentía muy rasposa.
El de cabellos azules asintió y ambos subieron hasta el apartamento de Inoue. Donde todo quedó en penumbras al cerrar la puerta que daba al pasillo. Al percatarse que ella no se movería, Ishida buscó con lógica el interruptor de luz, encontrándolo donde creía.
—Vamos, Inoue-san, debes dormir un poco— dijo él tratando de quitar a la joven de enfrente de la puerta.
— ¿Con qué sentido?— preguntó ella sintiendo las lágrimas acumularse en sus ojos nuevamente y escurrirse por sus mejillas —Kurosaki-kun no me amará hoy, ni mañana, ni nunca. Rukia-chan al parecer no le importó que yo lo amara y…y me lo quitó— sollozó con la voz quebrada, frunciendo el ceño con furia contenida al decir lo último.
— ¿Cómo te van a quitar algo que nunca fue tuyo?— las palabras que parecían crueles la hicieron entrar en razón — ¿Qué acaso Kuchiki no merece ser feliz?— antes de que ella pudiera contestarle, continuó —Los conocí a ambos de pequeños, fuimos un grupo de tres por mucho tiempo y siempre supe que estaban enamorados, aun cuando ellos no lo sabían. Si él te aceptaba, Inoue-san ¿no hubiese sido peor? Si Rukia no lo golpeaba ¿seguiría siendo tu amiga? Tú dijiste que Rukia dejó de ser amiga de Kurosaki en cuanto él no correspondió tus sentimientos, tú hiciste que ellos se volvieran a juntar ¿por qué lo hiciste si no querías que ellos estuvieran juntos?
Al alzar la vista, Uryuu observó como la chica fruncía su ceño pronunciadamente y al apretar sus dos ojos fuertemente sus cejas cambiaron de posición, esta vez se fueron hacia arriba justo antes de que se acercara para abrasarle.
La respuesta era obvia, ella también había visto esos sentimientos pero no quería creerlos, ella nunca quiso que ellos pelearan y al ver que ambos andaban tristes decidió juntarlos, aún a costa de su propia ¿felicidad?, no, la verdad la palabra que más convenía era conveniencia. A ella no le convenía que Rukia e Ichigo fueran amigos pero sin Rukia él ya no era Kurosaki-kun; sin Ichigo, la Kuchiki ya no podía ser ella misma. Tal vez con la relación que Rukia llevó con Renji quiso convencerse de que la de cabellos negros no sentía nada y no era una amenaza en su amor hacia el Kurosaki. Pero el destino no puede romper los lazos que ya se formaron, si ya estaba escrito que ellos pudieran estar juntos entonces no había nada que hacer…eso fue lo que siempre creyó y ahora no quería ni pensarlo.
— ¿Por qué me duele Ishida-kun?— lloró, reflexionando sobre el joven que se había convertido en un buen amigo, tal vez por ser tan amigable era que todos se aprovechaban de ella ¿pero qué tenía de malo confiar en la bondad de los corazones? — ¿Por qué no puedo alegrarme por ellos?
Los orbes azules miraban esa brillante cabellera, no hay explicación para las cosas del corazón, solo suceden y ya. Blanco, negro; limpio, sucio; alto, bajo. No hay término medio. Gris, pasable y regular, son solo los consuelos que la propia gente se da. Ahora todo lo que podía hacer por ella era consolarla y recibir sus lágrimas. Tal como el amigo en el que se había convertido haría.
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Llegó a su casa solo para encontrarse con la soledad, que fastidioso capricho que tenía la gente, el que la dejaran sola cuando los necesitaba, era detestable. ¿Pero en verdad quería a alguien a su lado en ese momento? Si lo único que las personas podrían tenerle en esa situación era lástima por lo desdichada que era. Y aun así, con esa desdicha y con las dudas en su corazón sentía que lo merecía, por haberse rendido con Toushiro justo cuando debía pelear con más fuerza. Porque fue cuando se rindió que conoció a Grimmjow, y jugando todas sus cartas se decidió a salir con él, amarlo y darle todo de sí, terminando sin nada.
— ¡No siempre vendrá por ti!
Cerró sus ojos y suspiró con tristeza al tiempo que llevaba una mano a sus ojos, tapándolos, y con la otra sostenía la perilla de la puerta por la que había entrado, recargándose en esta. Esa chica tenía razón, Toushiro siempre estuvo para ella, antes de conocer a Grimmjow, estando con este y ahora se había tomado la molestia de enseñárselo.
Él siempre estuvo para ella, siempre iba a buscarla y la perdonaba por dejarlo plantado en más de una ocasión. No estaba en derecho de enojarse ahora, de sentirse dolida o traicionada, menos humillada. Después de todo, Shiro-chan había hecho todo por ella, para demostrarle que él podía hacer hasta las cosas más ilógicas por ella, que podía cambiar…por ella. Sonrió. Su mano no se corrió de su lugar pero pronto se sintió mojada, justo antes de que sus lágrimas corrieran por sus mejillas.
Tras unos momentos así quitó su mano de sus orbes, y con estos aguados observó el interior de esa casa. Estaba en la cocina con las luces apagadas, y así podía ver en la ventana cómo dos niños entraban con un perro lleno de lodo y mojado por la ventana. Eran sus recuerdos, que vivían en el interior de ese lugar. Todos, y cada una de sus memorias fueron con él.
No quería que eso cambiase.
Dejando todas sus dudas de lado, se decidió por hacer lo que su Shiro-chan siempre hizo por ella: ir a su encuentro.
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Rukia estaba acostada en la cama de Ichigo, siendo abrazada por este, pero no podía dormir. En su insomnio observaba el armario del chico, tantas cosas locas que hicieron. Recordaba que cuando huía de su casa y justo estaba peleada con Inoue, él siempre la acogía y la dejaba dormir en ese armario sin que su familia supiera. Pasaban la noche hablando hasta quedarse dormidos. Jamás creyó que algún día ella estaría en los brazos del Kurosaki, en una misma cama, y seguramente con Isshin y Yuzu del otro lado esperando escuchar lo que hacían ¿pero qué esperarían oír? Si Ichigo era un caballero, un hombre que pocas encuentran y las que lo hacen, no deben dejar ir.
— ¿No piensas dormir?
La voz de su novio le hizo pegar un pequeño brinco, sintiendo como él la abrazaba con más fuerza para quitarle el susto que le causó al haberla tomado por sorpresa.
—No puedo— aclaró ella quitándose el brazo del de cabellos naranja de encima para sentarse en la cama y tirar su cabello hacia atrás —Estoy preocupada por Orihime— confesó mostrando aquella preocupación y algo de tristeza en su voz, cosa que el Kurosaki pudo notar.
—Tranquila— le susurró él en su oído, abrazándola por detrás, colocando su mentón sobre el hombro de ella —Ya se le pasará, yo te amo a ti ¿qué remedio hay para eso? No puedo enamorarme de ella sólo porque me lo pida…o me lo pidas— aclaró antes de que la rara mente de su novia entrara en acción.
—Yo también te amo— dijo ella acariciando el rostro de Ichigo con el propio —Mañana hablaré con ella, eso será lo mejor— trató de auto convencerse, deteniendo su acto para depositar un pequeño beso en los labios de Ichigo, quien correspondió el acto y frunció su ceño al ver que su novia esquivaba su devolución para recostarse.
Rukia ni lo había notado puesto que tras tomar esa decisión y saber que no había marcha atrás o mejor cura que el tiempo se decidió por dormir, junto a la persona que amaba y que siempre la apoyaría, rogando a su vez que su amiga de cabellos naranja encontrase a esa persona, para que así ambas pudieran sentir la felicidad que sólo te puede dar esa persona.
Al acostarse se sintió rara, pensándolo desde otro punto de vista –ahora que ya no pensaba mucho en el tema de Orihime-…Ichigo la estaba abrazando, Ichigo…Ichigo Kurosaki tenía un brazo arriba de su cintura y su respiración en su nuca…estaba con su perfecto torso marcado con abdominales en los que podría lavar la ropa, al descubierto, a unos centímetros de ella…con esos musculosos brazos…al pensarlo así no era rara su futura acción.
— ¡¿Qué demonios te sucede, enana?!— gritó Ichigo quitando su brazo de encima de la chica para llevarlo a su estómago, en ese momento Rukia notó que él estaba con una remera, ¡pero aún estaba el tema del abrazo!
— ¡No me digas enana, imbécil!— le retó sin voltearse para no mostrarle su sonrojo —Quiero mi espacio para dormir— se excuso, para luego escuchar como Ichigo bufaba y le daba la espalda — ¡Oye no me quites la sábana!— dijo tironeando aquel pedazo de tela que la protegía de la brisa fresca de la noche.
—Consíguete la tuya— protestó Ichigo sintiendo como ella se la quitaba, para que él hiciera lo mismo y ambos comenzaran a tironearla, pelear por ella y por los insultos que ambos se propinaban.
Porque ellos eran Ichigo y Rukia, su relación era así cuando amigos: llena de peleas, gritos e insultos, y ahora no cambiarían. Pero siempre se quisieron, se protegían, apoyaban, amaban, y muchas cosas que terminan en "ían y aban". Sobretodo el "peleaban" y el "discutían", las dos palabras que siempre definiría su relación, unidas por la más importante en esos momentos "amaban".
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En medio de aquella tormenta de nieve, oscura para esta altura de la noche, una chica corría a lo que más le daban sus piernas. Sus lágrimas ya no existían y en vez de eso tenía el ceño fruncido y la respiración agitada, la cual acompañaba su corrida. Estaba cansada, sabía dónde encontrar a Toushiro pero no quería que él ya no fuera por ella, por lo que no podía detenerse, por temor a que él se vaya en el tiempo que tomara un respiro.
En dicha estación de servicio a la que Momo se dirigía su madre hablaba con el joven prodigio…o por lo menos hacía el intento.
—No seas infantil, dale su espacio, deja de estar persiguiéndola de aquí para allá…ya perdiste tu oportunidad, qué le vas a hacer— psicología a la inversa, menuda forma de hacer rabiar al chico de cabellos blancos para que de una maldita vez se levantara y fuera a donde su hija.
—Voy al baño— dijo secamente al levantarse, ya estaba harto que la madre de Momo tratara de manipularlo como si fuera un títere.
La mujer suspiró pesadamente y miró hacia afuera con frustración — ¿Dónde estás Momo-chan? mi yerno es difícil de manejar— se quejó como si fuera una niña y se dejó caer sobre la barra.
Desde hacía…exactamente ocho años que trataba de juntarlos ¿sino por qué habría de darle permiso a ese niño para que se llevara su hermosa hija a Tokio?
Los padres de Hinamori Momo inspeccionaban de pies a cabeza a Toushiro, lo criaron desde que tenía unos doce años y ahora con tan solo quince quería mudarse a Tokio para estudiar en la más prestigiosa escuela donde había conseguido una beca por haberse graduado muchísimo antes de la secundaria. Arquitectura, no les sorprendía, Toushiro siempre estaba construyendo algún que otro mini edificio, claro, siempre haciendo un plano antes. Pero eso no venía al tema…
— ¿Por qué te quieres llevar a mi hija?— preguntó el padre de la chica clavando sus ojos chocolate en el chico que no se inmutó, rodando sus ojos turquesa a la mencionada antes de hablar.
—No es que sea tan así el caso— prácticamente se quejó Hitsugaya cruzando sus brazos tras su cabeza, mientras Momo sólo atinó a sonrojarse, cosa que no pasó desapercibida por su madre, a quien le salieron estrellas de los ojos.
—Mi amor ¿puedo hablar contigo a solas?— los tres presentes se mostraron algo horrorizados por la sospechosa aura que Okami despedía.
Tras largo rato peleando con su marido ambos concordaron que la pequeña Momo se mudara a Tokio, ellos les costearían los gastos lo mejor que pudieran pero como al señor Hinamori no le gustaban los vagos Toushiro debería trabajar para mantener a Momo, y él no se quejaba mucho.
Primero recibía puras llamadas de su hija diciéndole lo bien que la estaba pasando y después escuchaba cómo Toushiro le decía que solo le complicaba la vida. Pronto, esos comentarios fueron cambiando…
Golpeó la barra y dio un pequeño grito de desesperación —Ah, qué tanto tardan para enamorarse esos dos— se quejó oyendo cómo la puerta se abría y por ella entraba su única hija, con la respiración agitada, un claro rastro de haber estado llorando, y sus mejillas y nariz sonrosadas por haber sido golpeadas por la tormenta. — ¡Momo-chan te enfermarás!— le retó preocupada su madre acercándose a ella.
—Shiro-chan…— susurró la de orbes chocolate buscándolo sin resultado— ¿Dónde está Shiro-chan?— le cuestionó a su progenitora con un poco de desesperación.
—Él se fue…— dijo seriamente la mujer, ocultando su mirada tras su cabello pero tras escuchar el sollozo de su hija elevó su mirada sonriente — ¡…al baño! Vuelve en unos minutitos.
La Hinamori menor se sintió aliviada y hasta se vio con la libertad de reír con la broma poco graciosa que su madre le había hecho. No podía evitar no sentirse feliz, ¡ahora solo restaba esperar!
Se revolvió nerviosa entre esa incómoda cama, trató de acomodarse pero no encontraba posición, sin embargo el cálido ambiente la estaba obligando a querer dormirse más logró ganarle abriendo sus ojos. No entendía qué tanto hacía en el interior de un auto, lo único que veía a través de la ventanilla era cómo pequeños copos de nieve caían y por reflejo abrió la puerta para salir.
En cuanto el frío la golpeó recordó absolutamente todo. Rogaba porque Hit ahora estuviera pidiéndole a Mori que sea su novia o por lo menos besándola. Un segundo… ¿¡Se estaba perdiendo aquellos momentos!? Sin pensarlo dos veces, la chica pelirroja se metió al auto a buscar su cámara para luego ir hacia su objetivo como si fuera una espía.
—Bien, allí está Mori y alguien muy parecida a ella— se dijo a sí misma —¿pero y Hit?
— ¿Qué se supone que haces?— preguntó una voz a su espalda haciéndola pegarse el susto de su vida. —Deja de jugar, nos vamos. No quiero que…— pero antes de poder terminar sus orbes turquesa se clavaron en una delicada figura, que si no se equivocaba era la de ella.
—Kya— Lily dio un gritillo claramente emocionada, quedándose fuera para no interrumpir o que su preciada cámara no fuera rota por su amigo.
Hitsugaya no podía creer que Momo había vuelto. Sus pies se movieron solos e ingresó al lugar del que había escapado por una muy pequeña ventana en el cuarto de baño, con una sola idea en la mente. La pequeña campanilla que colgaba a unos centímetros de la puerta sonó al ser tocada, y ese simple sonido bastó para que ambas mujeres apellidadas Hinamori voltearan.
El corazón de ambos jóvenes latió con presura y Hinamori también se encaminó al encuentro de él. Parecía que se movían por instinto, como si fueran dos muñecos sin voluntad que son manejados para acercarse al otro. Toushiro no lo pensó, no tenía por qué, si ella había llegado hasta allí quería decir que lo entendía. Por impulso o razón el joven prodigio posó una mano en la mejilla de la chica durazno y la acercó hasta que los labios de ambos se unieron en un dulce beso. Uno que hacía tiempo ambos estaban esperando, el de la fiesta no contaba porque había terminado mal.
Hinamori cerró sus ojos al tiempo que sentía los labios de su primer amor sobre los suyos. Por reflejo apoyó sus manos sobre el pecho de Toushiro, para después tomar su chaqueta entre sus dedos y apretarla, con temor de que él se separara de ella. Y por nada del mundo él haría eso, ese era un momento que quería recordar y no dejar terminar. Sus labios unidos no transmitían palabras pero sí un sentimiento. Diciéndose lo que sentían, perdonándose, agradeciendo el estar juntos. Sin necesidad de palabras, simplemente aquel dulce beso que no pasaba a ser posesivo ni apasionado, simplemente reflejando aquel amor que ambos sentían por el otro y que por temor, y luego rencor y dolor, no habían dicho antes.
—Mi bebé…— lloriqueo la señora Hinamori antes de cambiar su expresión por una gran sonrisa —Ya era hora ¿verdad?— habló dirigiéndose a Lily, quien sonreía abiertamente.
Estaba dolida, ya había acabado, más por esa misma razón era por la que estaba feliz. Había terminado.
— ¡Vayan con cuidado y no olviden visitarme!— gritó Okami con su mano en alto en forma de despedida.
Antes de volver a lo que eran las ruinas de su compañía, Toushiro se había ofrecido a dejar a su suegra en su casa. Era muy raro referirse de esa forma a esa mujer pero…se acostumbraría, parte de él temía al creer que no podía llamarla de esa forma.
— ¡Adiós mamá, gracias por todo!— gritó Momo sacando medio cuerpo por la ventanilla, sosteniéndose con una mano y todo su otro brazo lo usaba para sacudirlo en forma de despedida. Estaba feliz por la ayuda que les había dado y le parecía descortés irse pero su progenitora había insistido. —La extrañaré— dijo al entrar y sentarse correctamente, sintiendo cómo una mano masculina la despeinaba.
—No te preocupes, vendremos de visita de vez en cuando— la consoló el joven prodigio, sonriéndole con confianza.
Los orbes chocolate brillaron al verlo así, hacía tiempo que no lo veía sonreír de esa forma. Aquella sonrisa que sólo era para ella. Apartó su mano y se secó acomodó sus cabellos mientras sonreía y asentía convencida.
Toushiro volvió a su estado serio pero sonrió de medio lado en la parte que ella no podía ver. Estaba feliz porque la tenía a su lado aún sabiendo que le esperaba comenzar de cero al regresar a Tokio pero no le preocupaba, no le importaba más bien, después de todo no le hubiese gustado quedarse y salvar su compañía a costa del amor de Hinamori.
La chica de cabellos negros violáceos se sintió nerviosa allí dentro, debido al aura de preocupación que Toushiro estaba transmitiendo, a mitad del camino no pudo aguantar el preguntarle ¡es que se preocupaba por él! Más simplemente recibió un "no es nada", claro…no era nada. Y ella aún era una niña que se conformaba con un "ya veremos", sin embargo decidió no insistir. Se veía muy concentrado en sus pensamientos como para prestarle atención y contarle todo de lo que se había perdido, ya se pondría al día y así podría ayudarle.
Bufó cansada, ya eran las cuatro de la mañana, sí que se le había ido el tiempo volando, de todos modos no tenía de qué arrepentirse. Giró sus ojos para encontrarse con la imagen de la chica pelirroja dormida en el asiento trasero, con la cabeza pegada a la ventanilla derecha.
—Shiro-chan— llamó sin apartar su mirada del espejo lateral del vehículo.
—Ya te dije que todo está bien, no es nada— le cortó la posible pregunta a Momo, no era que no le tuviera paciencia solo…estaba preocupado y no quería preocuparla, ella solía hacer eso por todas las personas que quería y como ya se daría cuenta cuando llegasen a la empresa no quería amargarle el camino. Ya se imaginaba que se estaría echando la culpa.
—No— Toushiro giró su rostro al escuchar esa respuesta inesperada, la miró fugazmente para luego volver su vista al camino.
— ¿Entonces?— cuestionó frunciendo un poco su ceño, algo dentro suyo le decía que no le gustaría lo que oiría.
—Lily-chan… ¿Qué le sucedió?— preguntó clavando la vista en Toushiro quien frunció aun más su ceño al recordarlo —Dime, Shiro-chan ¿Por qué se ve que estuvo llorando?
El chico hizo una mueca de desagrado con su boca. No sabía si decirle, no quería esconderle nada o que creyera que no confiaba en ella, pero la vida de su amiga no era de incumbencia de Hinamori. Aunque…sería una equivalencia ¿verdad? Después de todo, Lily ya se conocía hasta la infancia de la chica de cabellos negros violáceos.
Todo el camino en el que la chica de orbes verde jade durmió, la pareja estuvo hablando sobre ella. Más bien, Momo estuvo escuchando puesto que no se atrevía a acotar. Al finalizar la historia ya estaban cerca del lugar de trabajo del joven arquitecto, pero ni él ni su acompañante decían alguna palabra. Absortos en sus pensamientos, cada uno analizaba esa situación desde una postura muy diferente. En ese tema, Toushiro sabía que se había metido en un gran lío ¡seguramente los padres de la chica pensaría que él le había lavado el cerebro y la secuestró! Por su parte, Momo pensaba en cómo se sentía la chica –aún no analizaba la parte en la que su novio estaba- tanto sufrimiento que habría sentido al ver morir a alguien tan importante frente suyo, tenía tantas ganas de cruzarse para los asientos traseros y llorar con ella, ayudarla a descargar ese dolor que seguramente no terminaba y que no terminaría hasta que no se perdonara a sí misma.
— ¿Ya llegamos?— Hinamori se llevó una mano al pecho para no pegar un salto al ser tomada por sorpresa, mientras que Toushiro solo cerró sus ojos e inhaló una buena cantidad de aire para no mostrarse sorprendido.
En ese instante el de cabellos blancos recordó por qué estaba manejando hacia su trabajo a esa hora de la mañana. Se detuvo en un semáforo en rojo y descansó su frente sobre el volante, sacar sus cosas en una caja y abandonar el lugar por el que tanto había trabajado era algo que no quería hacer pero que aceptaba.
Pero al observar a su edificio unos metros adelante se mostró confundido. Sorpresa, sorpresa. La vida siempre nos las trae. Las dos pasajeras del auto y el conductor del mismo observaron que el único edificio que mantenía las luces encendidas era el de Toushiro, quien no se reprimía de preguntarse qué demonios sucedía. Después de todo, esperaba ver cómo los últimos empleados se retiraban con una caja llena de sus pertenencias, sin embargo no era así. Y cuando una botella salió disparada por una ventana abierta, suerte que estaba abierta, y se estrellaba en el suelo, junto a otras cinco, no pudo evitar reprimir su anterior silenciosa pregunta, solo que más audible.
— ¿Pero qué demonios?— cuestionó en voz alta.
— ¿Qué sucede, Shiro-chan?— llamó una confusa Momo, no entendía…si todo estaba como recordaba.
Y precisamente ese era el problema, todo estaba como él lo había dejado. Claro está que el que a esa hora volaran botellas era un claro acto de que Matsumoto había hecho una de sus fiestitas en la oficina. Pero ese era el caso, si ya estaba arruinada la compañía ¿a qué se debía la fiesta?
—No es nada— volvió a repetir esa respuesta que desesperaba a la de orbes chocolate, quien no se tragaba ese cuento.
El joven de orbes turquesa estacionó su auto en el estacionamiento subterráneo, cosa que casi nunca hacía pero que ahora era necesario porque era muy probable que su rubia secretaria lo usara para practicar tiro al blanco. Pronto, se encaminó junto con las féminas hacia el elevador para averiguar la respuesta a su pregunta.
Una vez los tres arriba del ascensor, el de orbes turquesa presionó el botón número veinte, no sabía qué sucedía pero lo averiguaría. Antes de que la puerta se cerrase se pudo apreciar la imagen de una chica de cabellos negros violáceos confundida; una chica pelirroja con la mirada perdida; y por último al joven de cabellos blancos en medio de ellas, reflejando seriedad en su rostro y cruzado de brazos.
Más aquellas posturas fueron perturbadas al llegar al piso solicitado, puesto que lo que se encontraron no era lo que se esperaba de una empresa con aquel prestigio. El joven de orbes turquesa no sabía si salir o no del elevador, más bien tenía la mente en blanco ¡¿qué demonios estaba sucediendo allí?! Antes de poder contestar esa pregunta, uno de sus empleados, Hisagui Shuuhei, se apareció enfrente de ellos, con el claro signo de haber estado bebiendo más de lo que su cuerpo soportaba.
—Bue…hip…fiesta…hip…jefe…buena…hip…Soi…matar…hip…yo…borracho…— el morocho perdió el equilibrio y cayó desmayado al suelo al tener el efecto del alcohol encima. Aunque todavía balbuceaba alguna que otra incoherencia.
Ante esa escena Hinamori no pudo evitar dirigir su mirada hacia el joven prodigio, llevando instintivamente sus manos a sus oídos, siendo copiada por la estadounidense, debido al tic en la ceja de Toushiro además de la sonrisa tétrica que aparecía en sus labios. Pronto el joven cerró sus ojos y frunció su ceño a más no poder, sus dientes se apretaban con fuerza en aquella sonrisa que asustaba y sin poder contenerse gritó a los cuatro vientos el nombre de la única persona que podía haber hecho tal lío en su empresa.
— ¡Matsumoto!
Todos los empleados que se encontraban sobrios, en vez de de temblar como siempre ante el grito del joven prodigio, se acercaron a él y lo tomaron de los brazos para llevarlo ante la rubia y por la sorpresa Hitsugaya se quedó quieto. Hinamori iba sonriente por detrás de su novio y de los que lo estaban cargando pero pronto se dio cuenta que faltaba alguien y al voltearse pudo comprobarlo. En la puerta del ascensor la chica pelirroja estaba cabizbaja, muy concentrada en quién supiera qué. La chica durazno miró primero a Toushiro quien ya estaba gritando con Rangiku por lo que se escabulló para poder hablar con la joven.
—Lily-chan— llamó suavemente estando a su lado, haciendo que esta la mirase — ¿Quieres hablar?
La joven estadounidense notó enseguida que aquella mujer sabía algo, además de su edad ¿o es que acaso Mori miraba a los adultos y los trataba como si fueran niños? Odiaba esa reacción, Hit también había cambiado a esa actitud cuando se enteró de su edad, tampoco que tuviera diez años ¡tenía diecisiete! De todos modos a comparación no era lo mismo. Saliendo de sus vacilaciones observó a la chica, no parecía enojada ni nada y se alegraba por aquello, algo menos de lo que preocuparse; negó con su cabeza y tomó su mano antes de volver a sonreír, sin saber que se notaba lo falso que lo estaba haciendo.
—Vamos a la fiesta— dijo cantarinamente, arrastrando a Hinamori quién la miraba preocupada.
Si seguía ignorando el tema, si no le hacía frente…jamás podría comenzar a cicatrizar.
A unos metros de ellas dos jóvenes las observaban sorprendidos esa escena. La chica que las miraba no pudo reprimir su alegría, después de todo aquella ridícula situación en la que se había metido su amigo ya la había hartado.
— ¡Al fin!
—Karin-chan no deberías gritar así o todos creerán que ya te pasaste de copas— acotó sonriente el joven a su lado, pasando un brazo por sus hombros para no ver la fulminante mirada que esos dos hermosos zafiros le estaban dando.
—Cállate, Sojiro…si tú también querías que llegara este día— retrucó la chica cruzándose de brazos y mirándolo de costado molesta. Recibiendo un dulce beso en su mejilla, lo cual la hizo sonreír más bufó fingiendo molestia. —No me callarás con eso— aseguró tranquila cerrando sus ojos y recibiendo ahora un pausado beso sobre sus labios.
Ahora las que tenían la mandíbula contra el piso eran Hinamori y Johnson. Es decir, se lo esperaban pero tampoco creyeron que lo verían el mismo día en que otra pareja se había formado. A saber la de Momo y Toushiro. Ahora la que comenzó a tironear fue Momo quien prefirió darle espacio a la pareja para que hiciera sus cosas en paz, estaba feliz por ellos aunque aún quedaba el detalle de cómo había sucedido. No tanto por Kusaka sino por Karin, no eran las mejores amigas del mundo, pero sí eran amigas y quería que intercambiaran historias.
—No, no, no, no, espera…— suplicó la de orbes verde jade tratando de sacar su cámara con una sola mano, lográndolo y cuando justo estaba por sacar la foto…su cámara se apagó, saltando un pequeño cartelito que anunciaba que las pilas habían muerto. —Mierda.
Hinamori no se detuvo aunque en su mente comenzó a circular la pregunta de qué habría querido decir la chica con fuck. Recordaba haber escuchado esa palabra en algún lado y/o en alguna película.
A unos metros de donde se encontraban había una gran multitud de empleados reunidos, quienes haciendo un círculo observaban como su jefe golpeaba a un tipo con cara de zorro por X motivo para ellos. Más para los tres involucrados, Toushiro, Gin y Rangiku, estaba muy claro. Puesto que el joven prodigio quería mucho a la rubia porque esta siempre estuvo para él, nunca dejaría que nadie se aprovechara de ella y eso fue lo que creyó ver. Además de que conocía los viejos sentimientos de la voluptuosa mujer por aquel tipo.
—Jefecito lindo, enserio...hip…Gin…hip…no se aprovechaba de mí— dijo una tambaleante Matsumoto en uno de los costados del círculo, viendo como su jefe y su novio se golpeaban. Oh, sí, leyeron bien. Gin Ichimaru se había convertido en el novio de Rangiku Matsumoto.
Tras varios minutos de pelea los habían separado para que hablaran como los dos adultos que eran. Ambos con los brazos cruzados y el ceño fruncido auto atendían sus heridas con un poco de hielo que se les había dado. Hitsugaya aún fulminaba a ese idiota cara de zorro con su mirada, mientras que este, al notarlo, sonrió y corrió su cara.
—Yo la amo, yo soy Shinso.
Ante esa confesión Hitsugaya se mostró sorprendido, tanto que su boca quedó un poco abierta y la bolsa de hielo ganó más peso que su mano. Eso era imposible, si él era Shinso entonces… ¿a quién demonios había golpeado en América? Gin se dispuso a hablar pero ambos notaron cómo la mujer de orbes celestes se acercaban por lo que se miraron con los ojos chispeantes hasta que el joven prodigio cerró sus ojos y siguió colocando hielo al moretón que tenía en su mentón, diciéndole con eso que guardaría silencio.
La mujer se acercó y primero asfixió a su jefe quien no pudo reaccionar a tiempo y fue atrapado por esas dos trampas mortales, momentos después esta lo dejó para sentarse en las piernas de su novio.
—Lo sé, pero…hip…lo siento— la mujer pegó sus manos y cerró sus ojos como concentrándose y al abrirlos ya parecía la de siempre —No es lo que creía, yo le pedí que seamos novios y bueno, él aceptó… ¡soy tan feliz! Tal vez cuando madure lo entienda— canturreó pellizcándole una mejilla al joven de cabellos blancos.
—Suéltame— dijo este quitándose la mano de encima —Y sí lo entiendo— agregó en tono comprometedor, haciendo que la rubia se pusiera nerviosa…si Gin llegara a saber estaba perdida.
—No le cuento lo que pasó— dijo la rubia uniendo sus manos en un puño y sacando estrellas por sus ojos. Claro estaba que solo lo hizo para cambiar de tema.
Matsumoto estaba que se comía las uñas, ya habían pasado más de dos horas en las que Kusaka estaba dentro del cuarto tratando de convencer a los empresarios para que firmaran el contrato. Era muy difícil que lo lograra más no imposible por lo que le mantenía algo de esperanza. Es decir, era el que le seguía en calidad a su querido jefe…no podía ser tan malo, ¿o sí?
Estaba en el proceso de medio arrancar sus cabellos de la desesperación cuando vio a la amiga más joven de su jefe pasar por el pasillo que se veía en el umbral de la puerta a unos metros de ella. Dejó su dramatismo y decidió ir en su búsqueda, después de todo no podía estar ahí preocupándose por algo en lo que no podía ayudar. Cruzando el primer pasillo se metió al que Karin había transitado, encontrándola en su escritorio aparentemente esperándola.
— ¿Sucedió algo, Kurosaki-chan?— preguntó llamando su atención, se veía muy distraída.
—Vi el auto de Kusaka abajo, necesito hablarle ¿dónde está?— directa como siempre, Karin no tardó en exigir el paradero del chico que quería.
—Está en una reunión— canturreó haciendo que la chica se mostrara confundida pero luego la vio sacudir su cabeza —Quise decir Kusaka, no Toushiro— espetó algo molesta al creer que se había confundido de nombre.
—No, no, querida— dijo restándole importancia con su mano —Yo le pedí que asistiera en una reunión de mi capitán porque él se fue en busca de Hinamori-chan— contó de lo más feliz, contagiándole la alegría a la chica, a la que le brillaron los ojos y por un momento se olvidó de lo que buscaba.
— ¿En serio?— preguntó prácticamente saltando del escritorio-silla para tomar las manos de Rangiku y entrelazarlas con las propias — ¡Dime como fue, no te creo que al fin Toushiro dejó todo su jueguito y fue por ella!
Otra hora pasó en la que Rangiku contó todo con lujo de detalle, claro que lo de su jefe solo duró unos cinco minutos puesto que el resto era su propia historia, no había que olvidar que ella también tenía vida personal y que esta estaba disputada por dos hombres pero que en realidad era con uno.
—Entonces me dices que sigues amando a Shinso pero el despertar en lo de Ichimaru te hizo recordar tus sentimientos anteriores— resumió la chica de cabellos negros, sentada enfrente de su amiga en el suelo de la oficina de su amigo de orbes turquesa.
La rubia asintió de cabeza, estaba con el ceño fruncido y los ojos cerrados, mientras que sus brazos se cruzaban por debajo de su abultado pecho.
—Y tú me dices que te recorriste medio mundo para encontrar a Kusaka y decirle que le amas...
— ¡Lo con…!— un sonriente Kusaka entró en la habitación de golpe, justo cuando la rubia había dicho aquello, y por la impresión este calló de cara al suelo —…seguí— articuló desde este, abriendo sus ojos y encontrándose con el rostro de la chica enfrente suyo.
Rangiku se fue como una luz del cuarto ¡ya había metido la pata! Pero también se fue con algo de envidia puesto que todos ya estaban con alguien y ella era la única que faltaba. No era justo. Con aquel pensamiento tomó su celular y marcó velozmente un número que ya sabía.
—Ran-chan, que sorpresa.
—Gin, ¿quieres salir conmigo? Digo, como novios, sino funciona allá veremos pero…
—Acepto.
Toushiro quedó medio perplejo al ver a su secretaria tan sonriente, ella siempre fue de toques románticos e historias de telenovela y lo que le acabada de decir…primero que no venía al caso puesto que estaban hablando de Kusaka y Karin, y segundo que aquella forma de comenzar a salir no era muy de ella. Pero si así era feliz no tenía objeción. Se recargó en la silla donde estaba y echó su cabeza hacia atrás aclarando con voz ronca que no le interesaba lo que estaba escuchando. Matsumoto lo miró tiernamente, él siempre trataba de que nadie notara su preocupación hacia sus seres queridos pero ella sabía que a él sí le interesaba lo que le acababa de decir ¡por algo había golpeado a Gin!
Toushiro volvió su cabeza hacia enfrente y fue hasta un hidrante de agua a conseguir un vaso de ese líquido, su secretaria continuó en su lugar hablando con Ichimaru. La verdad que no le importaba mucho todo ese tema, es decir, Matsumoto ya era grande para poder tomar sus propias decisiones, el que se hubiera metido la última vez…bueno, ni él sabía por qué había sido pero preocupado por ella no estaba. En cuanto todo el líquido del vaso se acabó este quedó entre sus dedos, y sus ojos turquesa comenzaron a recorrer el lugar en busca de alguien.
En el lugar se podía observar a algunos trabajadores que estaban sentados sobre sus escritorios, otros dormían sobre el piso, Hisagui tenía su cabeza siendo golpeada por el ascensor que quería cerrarse y al parecer a nadie le importaba, pero la mayoría se encontraba acumulado en la barra que Matsumoto había montado en la oficina del hombre con tatuaje sesenta y nueve en su rostro. Su ceño se frunció al no poder divisar a Hinamori, tan solo la había dejado un par de minutos. Una rara sensación se apoderó de su pecho al no hallarla y ya estaba desesperándose, sin embargo su corazón se tranquilizó al reconocer las suaves manos que taparon sus ojos.
—Casi me hiciste salir a buscarte, Hinamori.
—Wow, eres muy bueno en este juego, Shiro-chan— dijo Momo bajando sus manos de los ojos del chico hasta su cuello para entrelazarlos y así tenerlo abrazado. — ¿Por qué creciste?— se quejó al tener que estar de puntas para realizar la anterior acción.
Toushiro se sintió orgulloso pero decidió mantener su temple serio, tantas sonrisas no iban con él. Hinamori le restó importancia a aquello y esta vez fue hacia enfrente de él para colgarse de su cuello con más facilidad, sintiendo a la vez como este aprovechaba y le robaba un corto beso ¡todo lo que habían perdido por sus tontas dudas!
—Vaya, vaya. Los tortolitos aparecieron finalmente— Karin apareció de entre la multitud con un solo propósito: avergonzarlos. Pero ellos ni se inmutaron, Hinamori no podía dejar de sonreír como una enamorada después de aquel beso y Hitsugaya estaba con su temple serio, ignorando a la Kurosaki. —Oh, vamos Toushiro, sabes que solo estoy jugando— desistió la chica de su anterior misión para poder sacar algo de información.
La mirada de la pareja no cambió cuando vieron quién se acercaba como león por su presa y finalmente la capturaba de una muy literal tacleada, solo que antes que la chica tocara el suelo él la sostuvo. Karin se quejó de lo bruto que era Kusaka y este solo atinó a apretujarla mientras ella trataba de liberarse y al final lo dejó ser.
— ¿Rangiku-san te contó todo?— preguntó Kusaka a su amigo quién parecía muy concentrado en Momo como para darse cuenta que había un mundo a su alrededor.
—No me importa— contestó seco haciendo que su amigo callera de rodillas a su lado, estirando una mano hacia él y dejando caer cataratas de sus ojos, una forma muy dramática como para decir que el comentario le había dolido. —No somos mujeres.
— ¡Yo si lo soy!— aclaró Hinamori soltándose y prácticamente saltando hacia Karin — ¿Me cuentas?
— ¡Claro que sí! Pero tú también deberás contarme— sentenció Kurosaki señalándola con el ceño fruncido haciéndola ver ruda, en cuanto Momo asintió relajó su ceño y tomó su mano — ¡Nos vemos, vamos a buscar a Lily y Rangiku…!
Cuando las chicas desaparecieron, Kusaka y Hitsugaya se quedaron como piedras ¿ni un beso? ¿solo un nos vemos? Toushiro trató de restarle importancia, tampoco era para ser un chicle…pero Kusaka parecía sacado de una película de drama ese día puesto que se recubrió con un aura negra y su cabeza gacha y su brazo apoyado en al pared le daban el último toque que faltaba. Tras varios minutos de conversación amena, sobre cómo el de cabellos negros había conseguido cerrar el contrato, Ichimaru se apareció para reclutar a alguien para desmantelar la barra que su novia había hecho y Kusaka se fue con él.
Él también iba a ir pero recordó el detalle que el idiota cara de zorro le estaba alivianando el trabajo a esa floja y definitivamente eso era algo que él jamás de los jamases haría…sí, claro. Si siempre terminaba haciéndolo. Antes de que pudiera ir a ayudar una persona que no esperaba ver en ese lugar, a esa altura de la mañana, se apareció frente suyo. Como siempre apareciendo de sorpresa y… ¿al revés? Miró con preocupación su bebida ¿qué clase de agua era esa?
—Oh, Hitsugaya. Felicidades por sacar a flote tu compañía— le saludó un rubio muy conocido, solo que en una bolsa colgado de los pies al techo y con sus cabellos con el efecto de la gravedad, es decir hacia abajo.
—Hirako— le reconoció al instante, puesto que este era su mayor accionista —Gracias, pero el crédito es para Kusaka Sojiro— le informó, llegando a ser las últimas palabras que le diría antes de que la rubia esposa de este lo tironeara, ahora ya no era tan rara esa situación.
— ¡Shinji!— gritó rabiosa, el joven de cabellos blancos sudó frío y negó de cabeza. Ese hombre sí que había metido la pata, mira que casarse con una mujer así — ¡¿Dónde diablos estabas, no ves que ya es tarde y tengo antojo de comida italiana?!— le retó la mujer golpeando su frente contra la nariz de su marido, rompiéndola en el proceso.
— ¡Hiyori, deja de maltratarme!— lloriqueo el rubio antes de liberarse y tomarla en brazos —Mejor sí maltrátame, que así te quiero más— finalizó antes de robarle un beso, y sufrir las consecuencias por aquello…
Hitsugaya se apartó de esa escena, Hirako Hiyori, la mujer de aquel accionista, era de por sí agresiva y con su embarazo parecía que esa agresividad se aumentaba en un doscientos por ciento, y no estaba exagerando. Suspiró cansado al ver su reloj y notar que ya casi eran las cinco treinta de la mañana, es decir que la jornada laboral ya estaba allí y todos los vagos parecían querer seguir de fiesta. Además que Matsumoto ya se encontraba perdida, bien, no había nada más por hacer que poner manos a la obra.
— ¡Todos a trabajar que se acabó la fiesta!— gritó haciendo que todos dieran un general "Oh…" y comenzaran a sentir la pesadez de la fiesta. — ¡Ya que tienen mucha energía para continuar la fiestita, no creo que les moleste limpiar!— volvió a hablar en voz alta y otro "Oh…" se escuchó pero esta vez cargado con más desgano. —Holgazanes— susurró molesto antes de ir a ayudar a Ichimaru y Kusaka, después de todo, las féminas estaban en su lugar de trabajo.
Lily se encontraba sentada en la oficina de su amigo, el único lugar pacífico allí. Escuchaba cómo la silla hacía un suave ruido con cada vuelta que daba, sus pies contra el suelo parecía resonar en todo el lugar. Se detuvo. Quedando con su vista en el gran ventanal, sus ojos se mostraron tristes y a la vez felices al ver un avión atravesar la imagen de la luna blanca. Debía volver. Sus cavilaciones fueron interrumpidas por la puerta abriéndose y para su sorpresa no era Hit el que entraba, sino Karin, Mori y Ran.
—No sabes lo que te tenemos Lily-chan— dijo Rangiku corriendo a abrazarla, sabiendo que ella era la razón por la que su jefe estaba con su amiga — ¡No sabes cuánto te quiero niña!
Gin llegó a la aparente fiesta que su ahora novia estaba dando, si bien Rangiku le había ahorrado todo el tema de conquistarla sabía que a ella le gustaba lo romántico y cliché. Pero él era como una serpiente, fría y libre, y lo que tenía en su mano no era muy eso. Y aún con eso subió hasta el veinteavo piso para entregárselo.
— ¡Es precioso Gin!— gritó Rangiku tomando el ramo de rosas rojas que su ahora novio le ofrecía —Me encanta, sabía que elegí bien— dijo guiñándole un ojo para dejar las rosas encima del escritorio.
La rubia sintió como él la abrazaba por detrás y respiraba su cabello. Cerró sus ojos y recordó lo que Gin siempre le hacía a su corazón ¡era increíble que un hombre a miles de kilómetros de distancia con solo palabras se le pareciera! Pero…si debía elegir y él aceptaba lo elegiría una y mil veces. Después de todo, Gin era palabras y hechos.
El cara de zorro la volteó delicadamente y la besó apasionadamente, justo como ella siempre soñó y tal cual él lo había planeado. Tanto jugar con ella le había lastimado porque la de orbes celestes se había enamorado de él, le había dado la seguridad que necesitaba pero…ella no lo sabía, nunca supo que Shinso era él, y por poco la perdía. Por un estúpido juego. Y ahora, teniéndola en sus brazos, besándola con pasión y amor, podía finalmente sentirse tranquilo ¿y para qué ocultarlo? También se sentía feliz.
—Y nos estuvimos besando por uff…— dijo moviendo su brazo hacia atrás moviendo su mano para asegurarles que si contaba no terminaría más, todas las presentes rieron ante el relato y se alegraron por ella. Aunque la curiosidad de saber cómo había hecho para olvidar tan rápido a uno y salir con otro las estaba carcomiendo más se limitaron a preguntar.
— ¿Qué no te gustaba Shinso?— Karin y Momo cayeron de costado al mejor estilo anime e hicieron exagerados movimientos con sus manos tratando de ocultar lo que Lily había dicho más la rubia pareció tomarlo muy bien.
—Un clavo saca a otro clavo, querida— aclaró serena, antes de poner cara de pervertida y ventilarse con una mano —Y qué clavo…
— ¡Creo que es mi turno!— tapó esa parte de la historia la Kurosaki, sonrojándose por lo dicho, no era tímida ni nada de eso pero le incomodaba un poquito soltarse a hablar como Rangiku. —Pues, como saben, Rangiku nos dejó cuando Sojiro quedó en el suelo…
Kusaka se levantó hasta quedar recargado sobre sus codos y ella al verlo se decidió por sentarse a su lado. Los dos se mantenían serios porque sabían lo que venía. La decisión la tenía ella ya que él había puesto en claro lo que sentía la otra vez en la universidad. Pero una buena sensación lo recorría por lo que estaba tranquilo, algo le decía que todo marcharía bien.
—Te quiero, iré como la capitana de ese grupo pero…te quiero, y sé que si nos esforzamos sacaremos nuestra relación adelante porque…— Karin estaba llorando, jamás creyó que lloraría por un tema como este pero es que no podía evitarlo ¡ella siempre quiso estar con él y ahora no podrían estar todo el tiempo que quisieran juntos! ¡era una injusticia!
—Lo sé, yo también quiero. Te prometo que siempre te visitaré—dijo suave Sojiro tomando el mentón de la chica para elevar su rostro y besarla. Dulce y profundamente. Acompasando sus bocas en una pelea donde no importaba el ganador porque ese puesto lo tenían los dos.
Hinamori tenía sus ojos con estrellitas y Matsumoto sonreía gatunamente mientras se acercaba a su amiga picaronamente, esta sabía lo que la rubia estaba pensando por lo que decidió aclarar que el tiempo que pasaron demás en esa oficina fue solo para hablar de cómo harían para verse con todo lo que debían cumplir. Pronto siguió el relato de Hinamori que sacó más sonrisas que ninguna otra por todo lo que esta llevaba detrás, la historia que involucraba a cada persona en ese cuarto. Las risas no tardaron en resonar allí dentro cuando comenzaron a soñar con sus futuros más callaron al darse cuenta de que una persona no estaba feliz.
—Nosotras te queremos Lily-chan, el amor que una amistad te da ¡es inigualable!— dijo Hinamori acercándose para abrazarla y acariciar su cabello maternalmente, la estadounidense simplemente lo dejó ser. Lo necesitaba.
—Siempre nos tendrás, aunque no me llegaste a conocer bien yo te considero una gran amiga— habló Rangiku secundando a Momo.
—Somos como una familia, así que si vuelves te hospedarás en mi casa— acotó Karin señalándose y guiñándole un ojo.
La pelirroja las miró sorprendidas y no pudo evitar sonreír, otra familia ¡tenía otra familia! Y que linda que era, llena de afecto y comprensión. Sintió sus ojos llenarse de lágrimas y sin poder evitarlo comenzó a llorar ganándose un abrazo por parte de las otras tres féminas. Al fin, había encontrado una clase de amor, un nuevo color de aquel arcoíris que aparece en la lluvia, el color rosa de este pertenecía a la familia. El rojo al amor. El verde a la esperanza. El amarillo a las oportunidades. Y al final pero no menos importante estaba el azul que simbolizaba la amistad.
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Ya era un nuevo día y como tal, siendo día de semana, había clases. Dentro del salón marcado como tercero segunda, un chico castaño esperaba a su mejor amigo y pensaba si cierta chica se encontraba bien, hacía unas horas que no sabía de ella, si había ido siquiera a la escuela…pero ya lo corroboraría en el receso, o en su defecto se escaparía para ver si estaba bien. Kon salió de sus pensamientos cuando vio ingresar a quien esperaba lleno de moretones y vendajes.
— ¿Y a ti que te pasó?— preguntó Kon con un deje de burla en su voz al ver a su mejor amigo todo golpeado, cosa extraña porque Hanataro siempre huía de las peleas.
—Es…— el de cabello negro miró hacia afuera, notando la llegada de Yachiru y Nozomi entre otros, sonrió —Una larga historia.
Estaba en la puerta de la casa de la chica de cabellos rosas que le sacaba el sueño, nunca se había imaginado que se enamoraría de alguien y no sabría cómo decírselo pero…ahí estaba, ella le había dado la oportunidad que él siempre perdía. Pero no esta vez.
Vestido casualmente, con un ramo de flores y una caja de dulces, Hanataro veía nervioso la puerta de madera enfrente suyo, del otro lado estaba Kusajishi Yachiru. Su mirada se veía concentrada y decidida más no podía mover su mano para dar a conocer su llegada.
— ¡Hana-Hana-senpai!— gritó Yachiru desde la ventana de su cuarto, asomada en el mismo desde hacía media hora, esperando a que el futuro médico siquiera se moviera, sin resultado, por lo que decidió que debía intervenir…además ¡su padre quería conocerlo! — ¡Espera allí que ya abro!
El pobre y cobarde Hanataro solo pudo sonreír nervioso y ver cómo la chica desaparecía, suspiró derrotado y se sintió frustrado ¡ella había visto lo patético que era! Ni siquiera podía tocar la puerta, pero no, en cuanto ella abriera la puerta él le demostraría el hombre que era.
Aunque la vida no es siempre como te la esperas, siempre trae gratas sorpresas. En cuanto la puerta se abrió el chico extendió el ramo de flores y vio como este era cortado a dos, junto a un par de sus cabellos. En este caso, decir "gratas" no es correcto, porque para Hanataro eran escalofriantes sorpresas. Las pupilas azules se dilataron hasta llegar a ser puntos, mientras que mecánicamente elevaba su rostro para ver a un hombre muy robusto y musculoso, con un parche en uno de sus ojos, una katana, y sonriendo tan sádicamente que lo hizo temblar; en el hombro de aquel hombre la joven Kusajishi aparecía colgada con una gran sonrisa.
—Él es mi papi— prácticamente lo cantó la chica.
—E-Es un pla-pla-placer señor— dijo entrecortado Yamada tragando grueso y extendiendo su mano.
El hombre torció su sonrisa disgustado por lo gallina que aparentaba ser y por lo debilucho que se veía, pero siempre las apariencias engañaban así que le daría una oportunidad. Volviendo a sonreír como asesino serial, Zaraki invitó al joven a pasar y sin tener alternativa este entró a la residencia.
—Ten, Hana-Hana-senpai— dijo la de cabellos rosas extendiendo una katana de mango rosa —Yo prepararé algunos aperitivos para estudiar, tu diviértete con Papi Keny— después de decir aquello la chica desapareció dejando a Hanataro algo confundido.
Confusión que desapareció cuando la mesita que estaba a un costado suyo se partió a dos, giró un poco asustado y por instinto aferró sus manos a la katana, mirando con miedo y temblando ante el padre de la chica que le gustaba. Un momento, su padre, ¡eso! Si él demostraba que podía mantenerse ante su padre seguramente Yachiru lo aceptaría…mala idea.
Como acto de caridad y amor a su hija, y al ver que ese flacucho era un terrible miedoso, dejó su katana de lado, comenzando a tronarse los nudillos.
—Vamos a divertirnos, mocoso.
Para esa parte de la historia Hanataro no estaba con el pecho inflado de orgullo y un pie subido al banco, como pirata contando su más grande hazaña, no, Hanataro estaba con su brazo derecho encima de sus ojos, de los cuales dos cataratas disparadas a los costados aparecían.
—Después comenzamos a pelear y yo terminé inconsciente, Yachiru me llevó a su cuarto y cuidó de mí pero su padre dijo que jamás aceptaría que su hija salga con un debilucho como yo— lloró tristemente a lo que Kon quedó algo confundido ¿entonces por qué estaba feliz cuando llegó? —Pero…— agregó el chico calmando su llanto para quitar su brazo y sonreír —Ella me besó— primero el castaño lo miró sin creerlo pero cuando el de ojos azules llevó su mano a su mejilla el chico de orbes negro cayó al suelo de costado, su amigo era patético.
Aunque pensándolo bien, al menos Yamada había recibido un mísero beso en la mejilla, mientras que él sólo recibía puros "No te me acerques, pervertido", ahora el que lloraba a cataratas era Kon, ¡la única chica que quería enserio no le hacía caso!
Yachiru y Nozomi estaban llegando sobre la hora al instituto pero no le tomaban mucha importancia, jamás las clases empezaban puntuales en ese lugar. La chica de cabellos rosas iba hablando sobre el nuevo novio de su prima Rukia mientras que Nozomi hacía lo que mejor le salía: escuchar. Sin embargo, ambas pudieron observar que en una de las ventanas del segundo piso las figuras de dos chicos se asomaban.
Yachiru saluda efusivamente y después dice desilucionada que Hana no la ve, habla con Nozo y cuenta la historia de lo que pasó mientras Hana estaba inconsciente.
—Espera— le llamó a su amiga, colocándose rápidamente sus zapatos de escuela para guardar sus zapatillas en su pequeño casillero de zapatos.
Presurosa fue y colocó una pequeña notita en el casillero que le pertenecía a Kon, se sonrojó al ver lo que había hecho pero no se dejaría vencer por aquel pudor. Ella diría todo de frente. Y con aquel pensamiento y firmeza dio media vuelta para ingresar a los pasillos con Yachiru, quién no entendía qué había ido a hacer.
"Kon, ven a verme en la parte trasera de la escuela antes de la hora de salida.
Es importante.
Atte: Nozomi"
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El instituto Kawasashi era enorme y no era para menos puesto que cumplía casi con la función de una universidad solo que los títulos que allí dentro podías conseguir eran simples terciarios. Pero a ella no le importaba, después de todo estaba haciendo lo que le gustaba. Siempre le gustó la tela y el coser y estaba segura que no se arrepentiría por seguir aquello. Además así podría estar cerca de su hermana, por lo menos así lo pensó en un momento.
Yuzu miró hacia las hojas del gran árbol donde estaba sentada, la luz se filtraba a través de esas pequeñas hojas verdes. Esa luz parecía ser el único brillo en sus ojos porque a pesar de sonreír, a pesar de ser positiva y dulce la chica castaña era muy solitaria, después de su experiencia en la niñez no había podido volver a confiar en nadie más que en su familia. Y ahora que Karin se iba del instituto ¿Dónde quedaba ella? debería pasársela todo el tiempo sola –ya que Ururu se vivía enfermando o faltando a clases porque se le daban las cosas muy bien y necesitaba cubrir el trabajo que su amigo no hacía en Urahara's Shop-. Suspiró con tristeza, estaría sola.
— ¿Yuzu?— un pelirrojo que pasaba por allí tras el receso de diez minutos de su clase, concentró sus orbes negros en la delicada figura de la chica castaña, quién ni se dignó a mirarlo — ¡Oye tonta te estoy hablando!— sus mejillas se sonrojaron en extremo al verla observarlo, se retó mentalmente ¡así no se trataba a las chicas!
La Kurosaki parpadeó confundida al ver que Jinta Hanakari estaba de cuatro patas en el suelo dramatizando vaya a saber uno qué. Su preocupación se hizo presente y se levanto de su lugar para ir a ver al chico notando una cosa que había pasado por alto, ella no estaba sola allí.
—Jinta-kun, ¿estas bien?— preguntó con su tono de siempre, haciendo que toda la espina dorsal del joven se pusiera rígida y se parara como un soldado al tenerla tan cerca — ¿Jinta-kun?
— ¡Sí!— afirmó antes de observarla con nerviosismo pero al verla agachar su mirada triste su expresión cambió a una seria — ¿Qué tienes tu? ¿Acaso perdiste una muñeca?— nuevamente en su posición anterior Jinta maldecía a Ururu por existir ya que con ella fue que se acostumbró a hablar así de cruel.
La chica castaña comenzó a reír al verlo en ese estado ¡era muy gracioso! además de amable y considerado ¿quién diría que aquel chico de aspecto mafioso sería así de bueno?
—Ya estoy bien— aseguró ella con voz tierna, haciendo que él la mirara sin creerlo más una sonrisa lo hizo desistir.
Levantándose del suelo el chico sacudió sus ropas y encaró a la chica sobre algo que ya había pensado desde hace mucho —Yuzu…chan— ante aquella forma de ser llamada la joven se mostró confundida y lo observó temerosa ¿qué sucedía? —No quiero ser tu amigo— los orbes castaños se abrieron tan grande que parecía que fueran a salir e inevitablemente varias lágrimas corrieron por las mejillas de aquel ángel, conmovido, Jinta se acercó a ella y secó sus lágrimas con sus manos, atrapando así el rostro de ella —Eso me lastima, la posibilidad de que te enamores de alguien porque solo me consideras un amigo…
No entendía, no entendía que pasaba allí, ¿qué eran esas palabras? si él no quería ser su amigo entonces ¿por qué era tan dulce con ella? sin embargo sus dudas fueron calladas al sentir un beso, más bien un roce, que él había comenzado sin quitarle los ojos de encima. Al finalizar Jinta la abrazó protectoramente, impidiendo que ella pudiera escaparse.
—No quiero ser tu amigo, porque te amo. Quiero que seas mi novia.
Silencio. Jamás creyó que el ruido del viento sacudiendo los árboles lo podría lastimar tanto. Pero él era directo cuando se decidía, ya no quería guardar ese sentimiento que ocultaba, no quería que ella creyera que estaba sola cuando él podía estar allí para ella. Al diablo su pasado, la tonta de Ururu tenía razón, no tenía por qué importarle eso si quería compartir su futuro con ella. Ahora la pregunta era, ¿ella quería compartir su futuro con él?
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En un parque prácticamente desierto para ese hermoso día una chica de tez blanca y vestido blanco con mangas y de largo hasta las rodillas, se encontraba sentada en lo que vendría a ser el borde de una pendiente. Sus piernas colgaban de aquel lugar mientras que sus cabellos y ropa se revolvían con el viento, elevó su vista antes oculta tras el sombrero de paja que llevaba, para observar el paisaje que se desenvolvía enfrente suyo. Tal vez Tokio podía ser un mundo de concreto, pero seguía siendo hermoso si lo veías desde aquel lugar puesto que podías observar las copas de los árboles de sakura y demás árboles pintados de un lindo tono amarillento y anaranjado por el otoño.
— ¿Querías verme, Rukia?— llamó una voz detrás de ella, haciéndola voltear rápidamente y así perder su sombrero, que voló con la fuerte brisa y se fue perdiendo en la vista que antes apreciaba.
El sombrero no le interesó mucho, podía conseguir otro, pero se sintió dolida al ver a su mejor amiga mirándola con desprecio. Y aun así no desvió su mirada y la intensidad de esta no disminuyó. No iba a renunciar al amor de Ichigo por ella, si en verdad era su amiga lo entendería y si en verdad quería que Ichigo fuera feliz, aunque sonara egoísta y engreído, debía dejárselo.
—Lo siento Inoue, pero si sigues así creo que lo mejor es dejar de ser amigas— pronunció directamente observándola decidida. Le dolía, sus palabras la llevaban al punto de aguar sus ojos pero no se rendiría. —Yo lo amo, y a ti te quiero mucho pero todo esto…yo no puedo renunciar a él.
—Lo sé— dijo Inoue firme, dolida por las palabras de su amiga pero sabiendo de antemano que aquello vendría —Yo también te quiero, lo mejor sería alejarnos un tiempo y mantener nuestra amistad ¿no lo crees?— a ese punto la Kuchiki estaba sorprendida de que la de cabellos naranja no estuviera llorando, agachó su mirada y sonrió por ella, al fin demostraba lo fuerte que era.
Asintió de cabeza antes de que Orihime se despidiera de mano y saliera disparada de allí, se sintió mal por ella pero es sabido que el tiempo cura las heridas. Patrañas. El tiempo solo ayuda a la herida a cicatrizar pero esta nunca se puede sanar, para el pensamiento de Rukia aquello de las heridas y el tiempo era como el cáncer y la quimioterapia. Se trata pero nunca desaparece.
— ¿Cómo te fue, enana?— preguntó Ichigo apareciendo de detrás de unos árboles, la Kuchiki lo observó molesta pero antes de que pudiera replicar por el apodo notó algo diferente en él.
—Ichigo, ¿qué te pasó?— articuló al tiempo que se estiraba y tomaba la cara del chico para moverla de un lado a otro, observando que solo en un lado de su rostro había un magullón parecido al que te queda luego de un golpe.
—El idiota de Ishida apareció— dijo señalando hacia adelante haciendo que Rukia volteara como por cuarta vez en esos escasos minutos. La pareja pudo notar cómo Inoue era abrazada por el chico de gafas. Los orbes violeta se vieron sorprendidos antes de volverse a Ichigo. — ¿Y no me vas a contestar?
—No— sentenció tomando su brazo para ayudarse a trepar la reja de concreto donde antes se encontraba sentada, luego de subirse comenzó a hacer equilibrio con sus brazos para no caer e Ichigo metió sus manos en sus bolsillos al tiempo de caminar juntos —Creo que Inoue al fin encontró a esa persona, aunque aún no lo sepa— creyó propio agregar lo último y su novio la miró incrédulo.
— ¿Ishida?
—No, tú— contestó sarcástica, era el colmo con el de cabeza de zanahoria —Claro que Ishida, idiota.
Para esa altura del camino habían pasado el acantilado y ahora estaban en la zona más verde y con una pequeña fuente, los árboles eran rodeados por rejas negras y la cerca de mármol aún bordeaba el lugar, el cual Rukia recorría por encima de él. Por supuesto que ahora se estaban peleando, "como cualquier pareja"…
— ¡Deja de decirme raro teñido, enana endiablada! ¡Mi cabello es natural!
— ¡Natural el pasto, estúpido!— ante ese último comentario y el enojo del chico, sin olvidar la fuente, Rukia calló por un "pequeño" y "cariñoso" empujoncito al agua. Pero no fue sola. — ¡Mi ropa, mira lo que hiciste idiota!— renegó al tiempo que trataba de despegar su vestido de su cuerpo.
Pronto Ichigo salió de debajo del agua para respirar el muy necesario aire y mirarla de mala gana, ella debía caer sola no llevárselo a él también. —Uh, la señorita se mojó la ropa, que tragedia, llamen a las fuerzas armadas para que le traigan otra muda ¡y que sea en talle para gnomos!
— ¡Maldito, ahora te voy a quitar la tintura!— dijo ofendida hundiendo la cabeza de Ichigo en el agua antes de seguir gritándole improperios.
Una vez que el de orbes miel logró volver a respirar le siguió a su novia con los gritos. Los pocos transeúntes que había en ese lugar se le quedaron mirando raro, es que casi nunca ves aquello en un parque tan tranquilo como lo era ese, claro, hasta la llegada de esos dos. Sin embargo más se sorprendieron todos cuando luego de unos veinte minutos de disputa el muy maleducado sacaba a la señorita no tan educada de la fuente y se iban de la mano como si nada hubiese pasado. Quién los entendiera.
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Como lo habían acordado en el receso Kon esperaba paciente a Nozomi detrás de la escuela, no le molestaba esperar pero ya habían pasado unos quince minutos del horario acordado ¿lo habría olvidado? Se levantó con la clara intención de irse pero fue en ese momento que la vio. Nozomi iba corriendo hacia él, rogaba que la suave brisa se volviera en un incontenible torrente que le levantara la falda…en esos momentos, deseaba que su boca no se abriera para decir la estupidez que se le había ocurrido.
— ¿Por qué te sangra la nariz, pervertido?— preguntó Nozomi con su ceño fruncido, seguramente estaría pensando algo de pervertidos.
Kon hizo señas exageradas con sus manos y se volteó para parar el derrame nasal que lo estaba invadiendo ¡simplemente perfecto el momento en que su mente decidía en hacerle pensar esas cosas! Después de unos cinco minutos Kon ya estaba con los brazos cruzados y con dos tubos de papel metidos en cada orificio de su nariz, esperando a que la chica hablara.
—El divorcio al fin terminó— comentó algo alegre la chica, pero aún estaba tentada a reírse por cómo estaba el castaño en esos momentos —Quería que fueras el primero en saberlo, después de todo, me ayudaste mucho…Yachiru-chan también pero…— se calló y negó de cabeza, ya se había perdido el hilo —Gracias, pervertido.
El ambiente se suavizó cuando los rayos del atardecer se posaron sobre ellos, sin embargo lo suave solo estaba en la imagen porque cada uno en su espacio personal se estaba muriendo. Aunque de por sí los tubos de papel que Kon tenía en los orificios de la nariz hacían que no fuera algo tan serio, dándole un toque de comedia al asunto. Y aun así, ninguno se atrevía a verse. Nozomi apretaba su falda como si esta le hubiese hecho algo horrible, y Kon estaba más rígido que un soldado. Ninguno tenía idea de cómo empezar lo que ambos querían…
—Yo…— rieron al notar que ambos habían hablado al mismo tiempo — ¿Qué?— dijo Nozomi vendo como Kon negaba rotundamente con sus manos.
— ¡Las damas primero!— si no fuera por el tinte rosa y los tubos de papel de color rojo la chica de cabellos verde no se hubiera atrevido a hablar.
—Es…algo complicado, mejor di tú— el castaño negó esperando una respuesta, la chica de orbes rojos esquivó su mirada y se sonrojó en extremo ¿por qué no podía decírselo? Ella no era ninguna tonta enamorada que no podía admitirlo ella quería a Kon, más que un amigo —T-te…te quiero— susurró muy bajo como para que él lo escuchara. Un paso, al menos las palabras salieron de sus labios ahora solo era cuestión de decirlo más fuerte.
Pero quien conociera al chico con fama de pervertido y mujeriego, y además tachado de león de felpa por el disfraz que usó en la fiesta y que Yachiru había publicado; sabría que él tenía un oído sumamente especial. Escuchaba lo que quería escuchar. Y por primera vez, creía haber escuchado bien, por lo que Kujo no tuvo tiempo de elevar su voz ya que sus labios se vieron atrapados en segundos por los del chico de orbes negro. Los ojos rojos se abrieron desmesuradamente al sentirse presa del chico pero lentamente se fueron cerrando y correspondió el para-nada casto beso que él le propinó…al menos como pudo ¡era su primera vez qué no pidiera mucho!
Desde unos arbustos cercanos una chica de cabello rosa con un broche de dos huesos cruzados decorando su pelo, junto con un joven de cabellos negros observaban la escena. Hanataro se sonrojo un poco por el atrevimiento de su amigo, pero ya lo conocía por lo que sonrió y se sintió feliz por él…si tuviera el mismo descaro seguramente ya estaría besando a la Kusajishi. Al pensarlo giró sus ojos azules hacia la chica, quien para su sorpresa tenía su mirada rosa fuerte sobre él. Seria ¡jamás la había visto seria! Por lo que comenzó a sudar frío y reír nervioso.
—Ya…Ya…Yachi…Yachiru-chan, ¿qué…qué…qué….qué sucede?— logró articular finalmente, reprochándose y llorando internamente ¡era patético, debería olvidarse de esa hermosa chica! ¡no la merecía!
— ¡Te quiero, Hana-Hana-senpai!— gritó la efusiva chica, tan alto que la pareja que continuaba besándose se separó abruptamente y miraron a donde ellos.
Hanataro abrió sus orbes desmesuradamente, tanto que hasta le hizo competencia a Nozomi hacía unos momentos. Sintiendo un casto beso por parte de la chica, prácticamente un roce, para después ver como la chica se separaba y le sonreía esperando a que él también se lo dijera. Más el chico se puso prácticamente bordó y cayó al suelo desmayado con sus ojos vueltos espirales, susurrando que Yachiru Kusajishi le había besado.
Yachiru vio su reacción preocupada, no porque pensara que él estaba mal sino porque su novio no podría soportar a su papi…bueno, seguramente con un poco de práctica con Bola de billar y Hombre pluma estaría listo para demostrarle a su padre que valía la pena para su hija, o sea ella. Ahora que lo pensaba, debía conocer a los padres de Hana-Hana-senpai, sabía que su madre era una gran y terrorífica médica pero nada más. Ya le preguntaría.
Kon y Nozomi se acercaron, él sosteniéndola por la cintura y ella sosteniendo la mano con que él la rodeaba; y miraron la peculiar escena. Al parecer Yachiru no tomaba en cuenta que Hanataro estaba prácticamente en un proceso de shock ya que seguía en su mundo pensando quién-supiera-qué…al menos, ellos no serían la pareja que más llamaría la atención en el instituto.
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Sintió un calor raro en su interior, como una llama encendiendo su corazón y obligándolo a latir con fuerza, jamás había sentido eso y no sabía qué nombre ponerle, su respiración era irregular y mariposas parecían volar en su estómago. Todo era muy confuso pero…no quería que esa confusión se fuera. Temerosa por ser lastimada pero con la esperanza y confianza suficiente para seguir, llevó sus brazos a la espalda del chico, correspondiendo aquel abrazo que la hacía sentir segura.
—No sé qué siento por ti Jinta-kun— dijo con la voz algo temblorosa por su anterior susto y posterior llanto —Pero quiero averiguarlo— agregó sonriendo ampliamente y sintiendo como él se separaba de ella para sonreírle y acomodar su cabello antes de besar dulcemente su frente.
—Gracias…
En la tarde, cuando el cielo se pinta de rojo y sus luces le dan otro aspecto a cualquier paisaje todos los estudiantes del instituto salían a sus casas. Algunos acompañados y otros solos. Ella, Kurosaki Yuzu, ya no era uno de esos últimos. Jinta tomó una piedra y se la lanzó a una de los pájaros ruidosos que estaban realizando sus últimos cantos del día.
— ¡No!— gritó la chica tirando su bolso y corriendo a ver si el ave estaba bien — ¡Jinta-kun lo lastimaste!— este rodó sus ojos y tomó el bolso de la chica, el pájaro había comenzado con su insistente y molesto canto.
— ¿Qué haces?— preguntó algo extrañado al verla levantar al animal —Ah, no…ni creas que te llevarás ese bicho a tu casa— se quejó el chico sin moverse al ver que ella pasaba de largo con una expresión molesta en su rostro.
La chica castaña se volteó y aún con el ceño fruncido le sacó la lengua antes de gritar — ¡Claro que no, vivirá con Jinta-kun!
— ¿Y qué te hace pensar que aceptaré?— tal vez, debería conseguir más pájaros para derribar.
Porque tras esa pregunta Yuzu se acercó con velocidad y lo besó castamente en sus labios, antes de separarse sonrojada pero con una cara tan tierna que derritió el aspecto de malo del Hanakari —Por mi— dijo cantarina la chica antes de que él asintiera y tirara los bolsos al suelo para capturar su rostro entre sus manos y propinarle un profundo beso, el cual no pudo durar mucho.
— ¡Maldito bicho!— espetó molesto viendo cómo su novia reía y abrazaba al animal que no hacía más que estar tranquilo en sus brazos, Jinta solo pudo fulminarlo con sus ojos y suspirar resignado.
No tenía opción, por ella haría cualquier cosa. Hasta se podría decir que había cambiado un poquito. Yuzu comenzó a correr dejándolo atrás y él solo pudo observarla y escuchar esa angelical risa. Se veía hermosa a la luz del atardecer, su ida parecía la perfecta pintura para un cuadro, para una obra de arte…bueno, para lo que fuera que estuviera catalogada alguien como ella y un pintor. Sonrió como casi nunca hacía y levantó los bolsos para comenzar a correrla.
Porque en lo que ella había encontrado era mejor no dejar ir, quería correr con todas sus fuerzas para no perder lo que sin saber siempre estuvo a su alcance.
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Hitsugaya se volteó para ver como Hinamori aparecía de entre la multitud, sonrió burlón, no les podía seguir el paso. Pero no era por eso que sonreía, sino por el simple hecho de verla con él le hacía sonreír.
— ¡Shiro-chan tu deberías darme la mano y caminar a mi lado como buen novio!— se quejó Momo acercándose pero guardando distancia con el chico de cabellos blancos.
— ¿Hu? Somos novios pero tampoco eres una niña para que deba llevarte de la mano— retrucó él mirándola sin mucho interés, riéndose interiormente por la reacción infantil de Momo.
Antes de que la chica durazno pudiera replicar algo más vio como la sonrisa que Toushiro guardaba interiormente se materializaba y él extendía su mano. Sonrió también, por más que le dijera lo que le dijera él seguía siendo su Shiro-chan que quería consentir todos sus caprichos, porque como siempre, el de orbes turquesa era distinto solo con ella. Hinamori extendió su mano y tomó la de Hitsugaya, ambos sonriendo, sintieron que todo alrededor no existía, claro, hasta que cierta chica rompió la atmósfera.
—Kya…— dio un gritito de emoción la pelirroja, llamando la atención de los otros dos ¿les había tomado una foto?
La pregunta quedó contestada cuando la de orbes verde esmeralda les enseñó su cámara, rápidamente ambos se voltearon, tal como la imagen mostraba había un arcoíris detrás de ellos. La fotografía consistía en ellos dos sonriéndose como ella había visto en pocas personas, le sonreían al otro con tal grado de amor que le hacían desear eso para ella; ambos con las manos tomadas pero alejados del otro, cada uno en el extremo opuesto del arcoíris que se había formado en el cielo y que los grandes ventanales del aeropuerto dejaban contemplar.
Hitsugaya rechistó mirando hacia otro lado, esas tonterías que le gustaban a su amiga no las entendía, además de que lo avergonzaba. Por su parte Hinamori tenía sus ojos brillando de emoción, jamás creyó tener la prueba de que Toushiro era un ser humano y no un robot sin sentimientos en una fotografía.
— ¿Me la envías a la dirección de e-mail que te di, Lily-chan?— pidió la chica de cabellos negros violáceos a la pequeña amiga de su Shiro-chan.
—Claro, Mori-chan— la verdad ella no entendía muy bien todo eso de –chan, -kan, -sun, o como fuera la verdad creía que solo tenía bien la idea de –chan.
"Última llamada para el vuelo a California de las siete, pasajeros favor de abordar por puerta cuatro". La chica pelirroja sintió que un nudo en su garganta se formaba, no quería irse, la estaba pasando muy bien allí, había encontrado un amigo genial y al fin había visto lo que era el poder del amor. Se volteó sonriéndoles y cuando vio como Hinamori estaba al borde del llanto no pudo contenerse y se tiró contra ella para que ambas lloraran juntas, mientras Toushiro suspiraba cansado y esperara a que terminaran toda la escena.
—Gracias Lily-chan— le susurró Hinamori en verdad agradecida por todo lo que la joven había hecho, si no fuera por ella no podría estar ahora con su amado Shiro-chan.
—Gracias a ti— le devolvió el susurro, pero Momo no llegó a entenderla, sin embargo no pudo preguntar puesto que tras decir aquello la chica pelirroja salió corriendo en dirección a la puerta que la llevaría al avión — ¡Espero que sean muy felices! ¡Cuídense y llámenme!— gritó volteando a ellos, se veían bien juntos — ¡Gracias Hitsugaya-sun!— gritó nuevamente desde la entrada donde una aeromoza le indicó que entrara y ella dejó de agitar su brazo frenéticamente para después abordar.
Hinamori miró curiosa a Toushiro quien negó con la cabeza. Lily se había aprendido su apellido pero el "sun" había arruinado la despedida ¿quería decir "kun"? Salió de sus pensamientos al sentir que su brazo derecho tenía peso extra, al mirar hacia el mismo notó que era lo que sucedía ¡Hinamori se había aferrado a él! Sonrió para tomar el rostro de la chica y hacerle mirarle para luego plantar un suave beso en esos perfectos labios. A decir verdad, él era quien debía darle las gracias a la joven Johnson.
— ¿Y eso por qué fue?— preguntó Momo algo perdida, Toushiro no era de dar muestra de afecto públicos ¡ni siquiera le había querido dar la mano! Como respuesta él simplemente se encogió de hombros.
— ¿Acaso no puedo besarte, Moja-camas?— dijo con toda normalidad haciéndola sonrojar.
—Claro que sí— contestó después de un corto lapso de tiempo, dedicándole una de las sonrisas que a él tanto le gustaban. — ¿Crees que pueda dormir en tu departamento? Ahora que vas a mudarte a uno más grande supongo que quepo.
—Por supuesto, no deberías preguntar.
Ambos comenzaron a charlar mientras se retiraban del lugar, ya nada los retenía allí puesto que el avión que llevaría a la de orbes verde esmeralda ya estaba partiendo. Iban, Momo aferrada del brazo de Toushiro, apoyando su cabeza contra el hombro del chico; mientras que él iba con ambas manos en sus bolsillos, mirando hacia adelante, sintiendo que lo que estaba viviendo era lo que siempre debió ser.
— ¿Sabes que te amo? Porque ahora que lo pienso yo lo di por sentado y nunca te lo dije— habló de repente el arquitecto, mirando curiosamente a Momo, quien le sonrió cálidamente.
—Sí, lo sabía. Yo también te amo— le devolvió ella, acercándose para darle un cálido beso en su mejilla.
En el avión Lily revisaba todos los recuerdos que se llevaba en su cámara, había estado en los rincones más oscuros tomando fotos o grabando a las parejas que según ella tenían futuro. Se sorprendió y luego de un momento sonrió divertida, se había olvidado de esos dos, una chica de cabello castaño claro y un chico pelirrojo con aspecto de matón, les había tomado una foto en la fiesta por que sí pero al verla de cerca se podía notar lo avergonzado que estaba él porque ella intentaba darle un dulce en la boca.
Pasó a otra foto ¿cómo olvidarse del príncipe y la conejita? Esa, según se había enterado, era la compañera de departamento de Mori, Ino…Ino…Ino. Rió al pensar en los graciosos y difíciles nombres que tenían en Japón. Dejando eso de lado siguió con su visado, el vampiro y la súcubo peleando con al parecer un par de tragos encima ¿qué otra explicación para que se estuvieran corriendo con intención de matarse?. Karin y Kusaka, le hubiera encantado ayudarles pero no le veía necesario, se notaba que se llevaban bien y que pronto descubrirían sus sentimientos, o si ya lo habían hecho ya se los confesarían al otro.
Se mostró molesta al ver que la batería se había agotado pero ya lo revisaría en su casa. Su casa…miró sin emoción las nubes pero pronto un peculiar brillo se mostró en sus ojos, ella lo haría ¡reconstruiría lo que dejó en cenizas! Como un fénix, ella lograría renacer de las cenizas y ayudar a su familia. O lo que quedaba de ella, no fue muy grato saber que en tan poco tiempo su padre se había vuelto a casar, seguramente su madre se sintió devastada y ella no estaba ¡era un desastre! Pero lo arreglaría, no sabía cómo pero sin duda lo haría.
Cuando el avión descendió estaba temerosa de bajar, tanto le asustaba que esperó hasta ser la última pasajera, supo aquello por la aeromoza diciéndole que solo restaba ella. Asintió sin alegría y tomó su valija para bajar, el pasillo se hizo tan corto, su corazón latía con temor y se le formó un nudo en su garganta. Más las palabras de aliento de Hit la trajeron devuelta, la amistad que había formado con Ran, Karin, Mori. Sobretodo con esta última, la hizo seguir adelante. Después de todo, sabía que tenía otra familia a la que podía acudir si necesitaba ayuda.
El final de aquel pasillo que la conducía hacia su futuro la esperaba con los rayos del Sol, haciéndolo muy brillante. No se apuró, porque en la vida no hay que apurar las cosas; caminó firme, porque no debemos tambalear ni dudar si queremos seguir adelante; lloró, porque es la mejor forma de descargar los pesares y a veces es una rara forma de demostrar que estás feliz; y sobretodo sonrió, porque si bien la vida nos da muchas cosas por las que sentirnos tristes, pruebas que nos hacen caer, cosas que nos quieren obligar a cambiar…ante todo eso, no hay que desanimarse porque lo que ganas se llama experiencia.
—Mamá— llamó Lily desde el umbral del pasillo, la mujer que sostenía un cartel con su nombre fue hasta ella y lloró por haber creído que la había perdido. —Lo siento— articuló con la voz algo quebrada —No quería preocuparte— la abrazó como todos sus amigos la habían abrazado para darle fuerzas.
—Hija, me alegra que hayas vuelto— la mujer la abrazaba fuertemente mientras derramaba un par de lágrimas —Gracias por volver, sé que lo de tu hermano fue difícil pero juntas lo superaremos ¿está bien?— preguntó separándose y limpiando las lágrimas de la chica —Te quiero, me alegro verte, me alegro poder tenerte.
—Yo también te quiero, mamá.
Lo más bueno de equivocarse es que aprendes, al aprender uno crece. No importa el error, si es en el amor o algún otro ámbito, siempre se puede enmendarlo. Solo, no hay que bajar los brazos ni perder la esperanza.
El arcoíris color rosa.
Fin.
¡No mentira! jajajajajaja
Continuará…
Hola! Bueno como no se darán cuenta XDD el próximo capi es el final :3 ¡Nos vemos en el final! Gracias por leerme aunque tarde añares en actualizar ToT Lo sé, horrible el final es que no me salía mejor frase :/
¿Me dejan un review? :3
¡Ja-ne!
