Nota: Para Nan (Nanita L), no tiene nada que ver con lo que te pasa, cielo, pero es lo único de lo que soy capaz por ahora de darte como consuelo. Ánimo, que no es fácil aunque quieras aparentar que sí.
Nota 2: Últimamente me he demorado tanto en entregarle las viñetas que decidí actualizar ya, para ver si me siguen amando. Aunque es tan corto que van a llorar. En fin...
Tabla Simbólica
Escencia de Jazmín
10# Marioneta
En realidad ella no quiere, debe seguir estudiando. Porque a Diana le gusta estudiar, porque aprende y porque sí. Porque cuando se concentra se olvida del mundo y especialmente, se olvida de Sirius Black. Sí, él.
Ése chico que la mira y la desconcentra, que se sienta a su lado y que la abraza, que juguetea con las puntas de su cabello y a veces, contadas veces, le susurra en el oído mientras le acaricia la mejilla.
Es un cabrón. Ya lo sabe. Pero aún así la vuelve totalmente loca y aún así tiembla cuando él le habla al oído.
Y toca Adivinación (materia inútil, pero materia al fin) pero ni Sirius Black, ni Diana Hopkins están (tampoco James Potter y Lily Evans, pero eso ya es normal). La profesora alza las cejas al ver los puestos vacíos y luego niega con la cabeza mientras murmura que ya lo sabía todo, al tiempo que los alumnos sueltan risitas nerviosas o hacen gestos sucios.
Mientras, en la Sala de Requerimiento Diana Hopkins le ruega a Merlín poder salir de esto totalmente vestida y con la frente en alto, a poder ser, sin temblar como una mocosa enamorada y sería realmente perfecto que siquiera hubiera ido ahí.
Pero es que en el desayuno le ha dicho en un susurro Sala de los Menesteres, Adivinación y ella ya había entendido perfectamente lo que iba a suceder. Lo peor es que no tenía ninguna intención de frenarlo, de hecho, lo quería apresurar. Además, siempre ha odiado Adivinación, es un total fraude.
La puerta se comienza a formar otra vez y Diana no puede evitar odiarse a sí misma. Porque ha vuelto a caer pero sabe que le encanta caer, le encanta que se revuelvan entre sábanas y que se quede dormido en su pecho, con una mano en su cabello, y le encanta observarlo y de alguna manera lo sabe aunque no se lo ha dicho. Que la quiere. Y eso le fascina, se siente llena, se siente estupendamente.
-Hola, Diana –saluda él, con una sonrisa de seductora satisfacción. Porque ha venido, porque sigue bajo su encanto.
Y es que ha costado. Antes ni siquiera le miraba. Después comenzó a insultarle. Gracias a una tarea se llevaron decentemente. Él la salvó de morir ahogada en el lago por culpa de algunos Slytherin (que misteriosamente amanecieron colgados en los aros del campo de Quidditch). Y un día, sin más, la besó. Ni un hola ni nada. Así de golpe, la atrajo hacia él y la besó.
No pudo haber hecho nada mejor en su vida es la opinión compartida de los dos.
-Hola. ¿Qué sucede? –y Diana siempre hace la misma pregunta porque odia sentirse una marioneta que Sirius controla a voluntad, y guarda la esperanza de que algún día le responda con un sí a esa pregunta.
-No –el sonríe caninamente. Es un chulo elegante que la vuelve loca con esos andares despreocupados y esa sonrisa ladina. Pero es que la quiere, y eso a Diana le gusta muchísimo más que cualquier otra cosa-. ¿Quieres que pase algo?
Ella respira hondo, como siempre. Está intentando resistirse aunque sabe que no podrá, porque Sirius ya se ha acercado y ya está rodeando su cintura con sus brazos fuertes de tanto golpear bludgers. Le susurra cosas al oído que no entiende porque el simple tono de su voz la derrite y le apaga el cerebro.
No es conciente de nada, sólo que de pronto está acostada en una cama de sábanas negras, y está desnuda y está gimiendo un nombre que le sabe como el de Sirius, le acarician hasta el alma y ella cierra los ojos, agradada.
Es difícil de entender, pero a veces adora ser la marioneta de Sirius Black.
