Bueno, mil perdones por la tardanza. Estuve de exámenes finales, el insomnio causó que tenga que acostarme más temprano y encima redescubrí este verano los juegos de ordenador, y los tres factores juntos han causado mi retraso. Sin embargo, procuraré acelerar y tener listo el capítulo seis lo más pronto posible.


En el mutismo de la madrugada, sólo interrumpido por la múltiples maldiciones del ya desamordazado Helping Minion al llegar a la seguridad de la comisaría, Restraining Chain abrió las puertas de la sala de las celdas del edificio. A un gesto, todos entraron a pesar de la resistencia del unicornio, y Restraining Chain sonrió tras encontrar la celda que buscaba.

―Aquí, en la celda de máxima seguridad ―informó tajante el policía, mientras empujaba a Helping Minion al interior de la celda de aislamiento―. Debe estar incomunicado durante todo el tiempo que dure el proceso contra él y hasta que lo traslademos a Canterlot. Para que luego digan que el absolutismo no tiene ventajas ―se mofó Restraining Chain, mientras cerraba la puerta de la celda y dejaba al unicornio sumido en la más absoluta oscuridad, salvo por la escasa luz que entraba a través de una rendija en el centro de la puerta.

―¡Putas fuerzas represoras! ―le dio tiempo a gritar al unicornio antes de que le introdujeran en la celda.

Cuando al fin estuvo en el interior, Helping Minion. Casi al instante, se lanzó sobre la puerta y la aporreó y coceó con todas sus fuerzas para comprobar su resistencia, y esta soportó impertérrita todos los golpes. Fuera de sí, Helping Minion se puso a soltar golpes, aunque algún tiempo después se calmó. Así no ganaría nada. Era mucho mejor intentar huir que caer en la desesperación.

Con aquella resolución en mente, el mafioso trató de observar todo aquello que le rodeaba para poder huir, pero la trémula luz de la medianoche se lo impedía. Sin darse aún por vencido, tanteó todas las paredes, el techo y el suelo, buscando alguna clase de fallo de seguridad que le permitiera abrir una vía de huida. Tras la infructuosa búsqueda, se convenció de que no había ninguna manera de escapar que no fuera la puerta. Molesto con la policía, ¿cuándo habían construido una celda de máxima seguridad en Ponyville?, pero decidido a huir, Helping Minion se decidió a emplear la madrugada en estudiar los turnos de guardia para saber si había alguna posibilidad de huida.

Cuando pasaron tres o cuatro horas, se dio cuenta de que estaba muy bien vigilado: dos policías montaban guardias de una hora y sólo cambiaban el turno si ya había llegado el relevo, montando ambos guardia durante cinco minutos conjuntamente, hasta que el primer cuerpo de guardias se iba, dejando al segundo para hacer el siguiente turno. El único escape consistía en una ventana abierta en la puerta en la cual, horadada, estaba la rendija de la noche anterior. El unicornio supuso que por la ventana le servirían la comida y por la rendija le vigilarían, por lo que se decidió a taparla lo más rápido posible. El aire se renovaba a partir de un pequeño conducto de ventilación situado en la parte superior, demasiado pequeño como para que pasara un parasprite por él.

Encoraginado, trató de usar la magia, pero la energía concentrada en su cuerno se disipó antes de poder lanzar ningún ataque. Frustrado, golpeó el suelo con sus cascos: también estaba reforzada contra la magia. Tendría que aceptar el hecho de que él, Helping Minion, estaba en prisión. Y todo era por culpa de Broke Home.

Todos sus males le venían de Las Pegasus, pensó el unicornio mientras golpeaba con furia el suelo de la cárcel. Broke Home, Scootaloo, Lucky Chip… Ese mamarracho se estaría carcajeando de él desde sus casinos. Casi podía oírle desde su celda… Las voces llegaron a él.

No, no podía volverse loco, no todavía. Tenía que permanecer leal a Rarity. ¿Dónde estaría Lazycop retenido? ¿Y cómo podía haberse todo producido a espaldas de la jefa? La secreta era inteligentísima… más de lo que habría imaginado.

¿O todo había sido un ataque de mala suerte? Sí, eso debía ser, pensó para evitar tener que echarle las culpas a nadie. Era imposible que la jefa se hubiera equivocado en algo.Todo no era sino un fatal infortunio, desde la detención de Scootaloo a la suya propia. Si no hubiera tenido tanta mala suerte, podría estar en el club con la cocaína y Deepsea, sus dos grandes amores. Iracundo, golpeó el suelo con los cascos. Aquello era como para colgarse de un árbol. Pero él confiaba en las capacidades de Rarity. Tardara una semana, un mes o un año, estaría fuera de la cárcel, y el policía muerto.

Sin embargo, en algo había que mantener ocupada la mente para no dormirse y poder seguir estudiando la manera de escaparEl sueño comenzaba a vencerle, pero aunque los párpados se le cerraran involuntariamente, tenía que poder seguir esperando su oportunidad para salir de allí.

Conteniendo un bostezo, Helping Minion abrió los ojos por efecto de la penetrante luz de la mañana que se colaba en la celda a través de la hendidura y que incidía directamente en sus ojos. Extrañado, se levantó para comprobar que delante de sí había una bandeja con lo que parecía ser un parco desayuno. El unicornio tardó un instante en comprender, pero cuando al fin lo hizo, pegó un pezuñazo que mandó su comida al extremo opuesto de la estancia, molesto consigo mismo. Se había quedado dormido.

Al instante, la idea de la fuga pasó de nuevo por su cabeza, pero la descartó al considerar mucho más práctico oír hablar a los guardias, para así averiguar si había alguna suerte de fallo de seguridad. Por lo tanto, se acercó a la ventanilla horadada en el marco y comenzó a escuchar.

―¿Estás segura? ―preguntó la voz de Restraining Chain, con un evidente tono de duda en la voz―. ¿No se escapará?

―Imposible, señor ―confirmó una voz femenina que él creía haber escuchado un par de veces antes, aunque no estaba seguro de dónde―: La estancia tiene una serie de hechizos que bloquean la magia, por lo cual no se puede utilizar ninguna clase de conjuro. Sin embargo, esto tiene una limitación.―Aunque la que hablaba trató de bajar la voz, Helping Minion logró oír todo o que decían—. Un conjuro lanzado desde fuera puede afectar a lo que hay dentro. Asimismo, si esta celda se abriera, se podrían realizar hechizos sobre el exterior; excepto el teletransporte, completamente bloqueado. ―El unicornio adivinó un gesto de alivio del policía, la voz prosiguió―: Las paredes, al estar reforzadas, resisten los conjuros, por lo que son indestructibles. Yo misma lo he comprobado con mi propia magia.

―Tu capacidad mágica es sorprendente, Twilight. No me extraña que te hayan nombrado princesa ―halagó el policía, y Helping Minion creyó ver que Restraining Chain hacía un gesto de deferencia ante la Princesa―. Si tus deberes reales no lo impiden, me gustaría solicitarle que envíes esta carta a Celestia. En ella, le informo del asunto de las desapariciones y le comento que es posible que estén relacionadas con la mafia. Espero que lo tenga en consideración.

―La princesa Celestia siempre le ha tenido en consideración ―comentó Twilight, tomando la carta―. Para eso es usted líder de la policía secreta. Con su permiso, me retiro ya.

Meditabundo, Helping Minion se sentó en el suelo de la celda, mientras reflexionaba. Aquello era todo lo que necesitaba oír. Y si bien ya estaba claro que no podría escapar de la celda mientras estuviera cerrada, cuando estuviera abierta podría usar la magia, y él no recordaba haber visto a ningún unicornio durante la detención. Más sonriente, comenzó a cargar magia en su cuerno. Qué sorpresa se llevarían en el momento del interrogatorio.


Sentada en el salón de su casa, Rarity estaba en estado de duermevela. Había pasado así toda la noche, preocupada porque Helping Minion no venía con el dinero. Al oír un ruido en la puerta se levantó sobresaltada, pero al comprobar que no era él, sino el Snipershot, sonrió.

―Ah, Snipershot… ―saludó Rarity con confianza, esperando que el sicario le diera la noticia de la muerte de Restraining Chain—. ¿Qué quieres decirme?

―Jefa… ―jadeó, temeroso de darle la noticia a Rarity.

El gesto del mafioso le convenció de que algo no iba bien. Alarmada, inquirió:

― ¿Eh? ¿Qué pasa? ¿Por qué no respondes? ¿Por qué sudas tanto? ¿Y por qué tienes esa cara? ¿Ha pasado algo? ¡Habla!—gritó cada vez mas nerviosa, al ver que Snipershot no reaccionaba.

― Estaba en el tejado… —balbució por los nervios. Sabedor de que no continuar sería peor para la organización y para él, continuó tras tragar saliva—: Restraining Chain ha detenido a Helping Minion…

Casi inmediatamente, el sicario se agachó suplicante para que Rarity no le hiciera nada, mientras la mafiosa le miraba con gesto desencajado. No, aquello no podía ser en absoluto cierto. Era imposible que alguien hubiera asaltado su guarida. Pero el gesto del sicario lo decía todo. No estaba en una pesadilla. Aquello era muy real.

―¡¿Cómo?! ―preguntó Rarity, completamente fuera de sí. Aquel golpe no se lo esperaba. Que un inútil de la secreta capturara a su número dos podía ser mortal para ella―. ¡¿Helping Minioon detenido?! ¡De todas las cosas malas que podían pasar, esta es sin duda la peor! —chilló, echándose sobre su sofá; pero al instante, se levantó y su cuerno resplandeció—. ¿¡Cómo ha sido!? ¡Contesta!―ordenó, usando su magia para empotrar al pony en la pared, completamente histérica.

―No… no lo sé…Scootaloo estaba encadenada… con él… Déjeme, que me asfixio…―suplicó él, con el rostro morado debido a la falta de aire.

—¿Scootaloo? ¿Pero cómo ha podido ser?—reflexionó Rarity. Al fin, su rostro se iluminó y gritó, mientras soltaba a su sicario—: ¡Pues claro, Broke Home!—La unicornio se pegó un golpe con el casco en la cabeza y prosiguió—: ¡Seguro que nos ha delatado como venganza! ¡Ve a por ese traidor y acaba con él, RÁPIDO!—chilló, en un último arrebato de furia, mientras estampaba los cascos contra la tierra.

Snipershot besó el casco de Rarity y se aprestó a cumplir la orden de su jefa, mientras ella salía de la boutique Carrusel corría hacia la comisaría, alarmada. Aquel golpe podía ser mortal para su mafia. Como segundo, Helping Minion conocía todas las estructuras de su organización, y si le obligaban a confesar, le torturaban o directamente le drogaban, estaba perdida. Espoleada por el miedo a ser descubierta, trotó hacia la comisaría, mojándose con los charcos formados por la lluvia, ensuciándose los cascos y perdiendo el glamour, pero nada de eso le importaba. Lo único que deseaba con todas sus fuerzas que aún no hubieran hecho nada a Helping Minion y estuviera a tiempo de salvar a su subordinado.

Una vez llegó a la comisaría, usó su magia para intentar averiguar dónde estaba Helping Minion, y finalmente, le detectó. Más calmada, cargó un halo mágico e intentó aplicar un conjuro de teletransporte, que, ante su sorpresa falló.

La unicornio, que no se creía que su magia no hubiera funcionado, pensó que su histeria le estaba pasando una mala jugada; de modo que respiró hondo para asegurarse de que nada interfiriera en sus poderes y volvió a cargar el conjuro de teletransporte. De nuevo, éste falló. Totalmente perpleja, Rarity tanteó las pareces de la celda, pero algo la bloqueaba. Al instante, soltó un quejido de ira. Si la magia no le funcionaba, es que la propia celda estaba hechizada. Rarity golpeó la tierra con los cascos con toda la fuerza que logró reunir. Estaba claro que la secreta no dejaba ningún cabo suelto.

Decidida de todos modos a actuar como fuera posible, su ingenio espoleado por la urgencia, Rarity se decidió a adoptar de nuevo el papel de amiga afligida que había asumido el día que había ido a denunciar la desaparición de Fluttershy. De nuevo, respiró hondo, contó tres veces hasta tres y se decidió a entrar en la comisaría. Para que aquello fuera convincente, recordó cuando habían ingresado a su hermana y le habían dicho que saldría adelante para que se le saltaran las lágrimas, y finalmente se introdujo en el edificio.

―¿Restraining Chain? ¿Restraining Chain? ―preguntó con voz afligida, mientras miraba a todos lados en un intento de parecer nerviosa―. ¡Quiero saber dónde está Restrining Chain! ¡Necesito hablar con él!―chilló a la primera pegaso que encontró.

—Señorita, sentimos mucho no poder atenderla, pero el jefe está ahora mismo en un proceso muy importante ―informó Support, mientras trataba de zafarse de Rarity―. Hemos detenido a un criminal que podría ser de vital importancia para la resolución de este caso y el jefe se dispone a interrogarlo en este mismo instante.

Rarity se quedó petrificada de espanto un instante, que Support aprovechó para intentar escapar y correr hacia la sala de interrogatorios donde Restraining Chain la esperaba. Sin embargo, Rarity no estaba dispuesta a dejar pasar la ocasión de obtener más información, así que la retuvo y le gritó al rostro:

―¿En este… un criminal de lo más importante? ―comenzó, pero al instante se retuvo y preguntó a voces―: ¡Yo te diré yo lo que es importante! ¡Uno de los portadores de los Elementos, y mi mejor amiga, está desaparecida desde hace días, y ¡NADIE! ¡HACE! ¡NADA! ―concluyó, mientras se dejaba caer sobre la silla de la sala de espera.

―Lo sentimos mucho, pero esto es imprescindible para la seguridad de todo el país―zanjó la policía―. Le ruego se vaya a su casa.

Rarity miró a la pegaso, frustrada. Estaba visto que no iba a colaborar. De repente, Lazycop se le vino a la mente, y la mafiosa sonrió.

―¿Y el policía del otro día? —preguntó inocentemente.

―No ha llegado aún. Pero llegará pronto. De todas maneras, es muy posible que sea detenido por complicidad con organización criminal.

La unicornio retrocedió un par de pasos, amedrentada. Sabía que, si bien Helping Minion era completamente de fiar, Lazycop no lo era. Y seguramente, a la primera que amenazaran con torturarlo, confesaría hasta su marca favorita de chocolate sin dudarlo.

―¿Cómo? ―preguntó, pálida como la cera, y al darse cuenta, disimuló―: ¿Lazycop colaborador con mafiosos? ¡Qué vergüenza de policía! ¡Deberían permitir la humillación pública!

―En Canterlot será privada ―indicó Support, divertida.

Rarity no pudo evitar retroceder un par de pasos antes de detenerse. Si bien Helping Minion aguantaría con entereza, si se llevaban a Lazycop a Canterlot podía olvidarse de todo. A la primera tortura, largaría todos los secretos de la mafia. Debía evitarlo a toda costa.

―¡No es divertido! ―cortó Rarity―. ¡Si ustedes no me ayudan, yo misma lo haré! ¡Adiós!―concluyó, haciendo como si se envolviera en una bufanda, y abandonó la comisaría.

Una vez fuera de la comisaría, Rairty pateó la tierra con los cascos, totalmente fuera de sí. No sólo habían detenido a Helping Minion, sino que había perdido control sobre la comisaría. Y eso quería decir que había perdido el control sobre Restraining Chain. Y aquello significaba que ya no lo tenía todo controlado… La unicornio tuvo que contenerse para no romper a llorar en aquel mismo instante. Una sombra pasó junta a ella y le puso el casco en el hombro.

―Jefa, Broke Home se ha fugado ―indicó Snipershot delicadamente, tratando de no sacar más de sus casillas a su jefa.

―¡AH! ¡¿Desde cuándo estás aquí?! ―gritó asustada la aludida―. ¡También van a detener a Lazycop, y tenemos que quitarnos de en medio a ese imbécil de una vez y por todas!—concluyó, golpeando la tierra con los dos cascos delanteros.

―Ahora ya es imposible, jefa ―afirmó el sicario, serio―. Si le matamos, eso sólo motivará a la secreta para seguir investigando.

― Si le matas tú a la manera tradicional sí, Snipershot —dijo ella con suficiencia—. Pero no he pensado hacer eso. Si logramos que Restraining Chain "sufra un accidente", y éste resulta natural, la secreta permanecerá algún tiempo descoordinada mientras Celestia designa sucesor, se presentan los informes y tal. Y nosotros pescaremos en río revuelto, rescatando a Helping Minion y blindándonos —explicó en tono burlesco mientras el sicario le miraba gravemente, tratando de comprender—. Para cuando le estructura de la secreta se haya reorganizado, nosotros no habremos dejado ningún cabo suelto del que eso, lo que nos conviene es que salga mucho y se exponga. ¿Me entiendes?

El sicario pensó unos instantes en lo que decía su jefa. Era cierto que si le mataba con su cerbatana, la secreta les iba a investigar. Por otra parte, sabiendo cómo era su jefa, no le quedaba otra que obedecer, a menos que quisiera hundirse.

―Sí―afirmó con un gesto militar.

―Muy bien, ve a la base. Yo tengo otras cosas que hacer ―ordenó Rarity. La unicornio comenzó a andar y Snipershot le siguió a poca distancia―. Cuando yo llegue, tenemos que empezar a pensar soluciones.


Como todos los días, Lazycop se dirigía hacia la comisaría. Si bien sospechaba desde el día anterior que Restraining Chain había comenzado a unir cabos, pronto lo había desechado por imposible. Pero el esfuerzo mental que le había supuesto había causado que se quedara dormido del cansancio y que no escuchara el despertador. Conteniendo un bostezo, continuó andando. No podía llegar tarde… Un pony le derribó, y antes de que pudiera darse cuenta, estaba en el suelo en posición vulnerable.

—¡Jefa! ¿Se puede saber qué hace? —preguntó Lazycop, sorprendido de ver a su jefa sobre él.

—No vayas a comisaría, te la advierto —siseó Rarity en tono amenazante—. Han detenido a Helping Minion y lo que me falta ahora es que encima te detengan a ti también.

—Per… ¿A Helping Minion? Ju, ju, ju…ese tío es mejor de lo que nadie se imaginaba —comentó divertido para sí mismo, antes de preguntar a Rarity en su tono normal—: ¿Le ha obligado a desembuchar?

—No sé, la verdad. Pero seguro que algo soltará, y sea lo que sea, me temo que será suficiente para él. Así que, antes de que te coja a ti y la líes, nos vamos a la Boutique Carrusel. Allí nos reorganizaremos.

—Un momento, un momento… que no comprendo bien. ¿Le ha contado algo sobre mí y por eso pretende detenerme?

Rarity se pegó un pezuñazo en la cara. ¿Cómo podía haber encomendado la primera línea de defensa a aquel inútil? Así estaban como estaban.

—No, idiota. Es que no cuesta mucho deducir tu relación con nosotros una vez han demostrado que todos los informes de los últimos años son falsos —explicó ella, sin saber realmente qué era lo que había llevado a Restraining Chain a dictar una orden de detención contra Lazycop—.

Pero jefa, ¿qué voy a hacer? ¿Y si me encuentran? —inquirió el policía temeroso.

—Para eso nos vamos, para que no te encuentren, idiota. Si quieres, puedes ir a entretener la vista un rato al Club. Lo importante es que no estés en la calle y no te puedan pillar. Si lo hacen, sí que estaremos perdidos.

—Si usted lo dice… Nunca se ha equivocado desde que es jefa—dijo él para acabar con aquella conversación tan incómoda.

—Ni nunca. Vamos.

Aunque tratara de parecer tranquilo, el jefe de policía sudaba de pánico mientras seguía a su jefa a través de las calles de Ponyville. Aunque se había asegurado de destruir cada uno de los verdaderos informes de actividades irregulares relacionadas con la mafia, podía ser que alguna se le hubiera escapado. Y muy seguramente, podrían detenerle y ejecutarle. Preocupado, su mirada volvió por última vez a la comisaría, y se preguntó qué ocurriría en ella a partir de aquel momento.


—Bueno, Support, es la hora del primer interrogatorio—murmuró Restraining Chain, mientras observaba concentrado la puerta de metal que se encontraba delante de ambos ponys.

—Sí, señor. Es hora de comenzar a averiguar cuál es el alcance de lo que pasa en este pueblo—afirmó ella en el mismo tono empleado por su superior.

—¿Tienes algo que decir? ¿Qué faceta debemos utilizar?—consultó el jefe de la policía

La pegaso lo reflexionó durante unos instantes y contestó:

—Para mí debe usted entrar como si fuera un rival, presumiendo y chuleando todo lo posible. Dado su carácter, seguramente quiera quedar por encima y acabe revelando información confiencial imprescindible para resolver el caso.

El policía no pudo sino reconocer que Support tenía razón. Durante la detención habían incautado cocaína al unicornio, y seguramente su estado mental no diera para mucho. Y, pasito a pasito, podrían ir subiendo peldaños y deteniendo a gente cada vez más importante. Ahora que tenían un preso de la mafia, no pensaba dejar que ocurriera algo como con Charming Dawn. Tras una señal, ambos abrieron la puerta y se dispusieron a interrogar al unicornio.

―Muy bien, Helping Minion, vamos a… ―comentó Restraining Chain, poco antes de que una silla proveniente del exterior se abalanzara sobre él. Dos unicornios pegados a la puerta la detuvieron e inmovilizaron al unicornio con magia, mientras el policía se acercaba al prisionero pidiéndole calma con el casco―. No hagas eso. Tengo aliados y ahora controlo el pueblo. Si sabes lo que te conviene, no harás nada.

―Me estoy empezando a hartar de ti y de tus aires de justicia personificada ―aseguró Helping Minion con gesto aburrido―. ¿No crees que si se mueren por consumir cocaína, o maría, ellos se lo han buscado?

―Y si yo te detengo, es porque te lo has buscado, ¿no? ―aseguró Restraining Chain, irritado por aquel argumento tan tonto―. Es exactamente el mismo razonamiento.

―¿Eres mi madre para decirme lo que tengo que hacer con mi vida? ―preguntó Helping Minion, quien también se estaba empezando a enfadar.

―No, soy la justicia de este país. Me temo que soy algo más que tu madre.

―No me digas… ¿La justicia de una monarquía absoluta? ¿No es un poco… contradictorio? ―preguntó el unicornio, con una gran sonrisa en los labios.

Molesto, Restraining Chain sotó un gran bufido. No sólo le planteaba los argumentos más absurdos del mundo, sino que además se atrevía a poner en duda a la monarquía y a su propia función. El policía trató de serenarse para no soltarle un pezuñazo y murmuró para sí mismo:

―¿Desde cuándo un jefe mafioso va a intentar reírse del jefe de la secreta?

―Desde que te he descolocado con mis razonamientos, mamarracho ―aseguró Helping Minion, quien parecía haberse enterado de aquel comentario―. Por mucho que preguntes, no me vas a sacar nada de la jefa.

El policía sonrió. Al parecer, Support estaba en lo cierto y Helping Minion iba a empezar a largar cosas sin darse cuenta.

―Pues por lo pronto, ya sé que es una yegua, ¿no? —afirmó Restraining Chain divertido, sin poder contenerse.

Completamente descolocado, Helping Minion se mordió la lengua. Al parecer, acababa de soltar algo de información. Molesto, se mordió la lengua y miró al policía con desdén. Había que rehacerse por Rarity.

—En realidad lo he dicho para que te lo creas —le vaciló Helping Minion, con uno de sus gestos de chulería.

—No te creas que me puedes engañar —comentó Restraining Chain, jovial. El mafioso debía estar muy desesperado o tener muy pocas luces para usar esa táctica—. Soy jefe de la secreta y he interrogado a cientos de sospechosos. Todos ellos se sorprenden, sus pupilas se dilatan, e intentan esconder su mentira bajo una capa de falsa serenidad… ¿No estoy en lo cierto? —concluyó, con una sonrisa en los labios.

Segundo golpe. No había podido engañarle. El unicornio exhaló con fuerza. Bueno, había cientos de yeguas en aquel villorrio de provincias y no había motivos para sospechar de Rarity entre todas las yeguas de Ponyville.

—Bueno, ¿y qué me dices de los desaparecidos? Ellos fueron los que me trajeron a Ponyville. Desde luego, no sois eficientes a la hora de esconder vuestros crímenes, ¿eh?

—Muy al contrario, mamarracho. De hecho, todos los crímenes que hemos cometidos están ocultos. Y a menos que vayas preguntando casa por casa preguntando quién falta en el pueblo, y os aseguro que no dirán nada por temor a nosotros, no averiguarás nada. Además, yo no sé nada. ¿O no sabes acaso que siempre tenemos a quien se manche las manos por nosotros, como cuando hubo que matar a Charming Dawn?

Restraining Chain sonrió para sus adentros. Si conseguía el nombre de aquel sicario, y conseguía hacerle hablar, tenía medio caso resuelto.

—¿Ah, entonces me confirmas que fuisteis vosotros? Ya lo sabía de todas maneras—dijo él, para después inquirir—: ¿Quién lo hizo?

El unicornio, que sabía que ya había hablado de más, decidió morderse la lengua en aquella ocasión, creando en la sala un silencio sepulcral. Restraining Chain, nervioso, comenzó a aporrear suavemente el suelo con los cascos. Quizá no debía haber sido tan directo y haber efectuado otras preguntas. Seguramente, si iba poco a poco, acabaría cometiendo otro fallo.

Muy bien, pasemos a otra pregunta más fácil…—dijo el policía, mientras se volvía de nuevo a Helping Minion—. ¿Por qué utilizábais a una potranca como camello?

—Es muy fácil —aseguró Helping Minion con una sonrisa. Aquellos datos no le servirían de nada al policía y le permitirían presumir de la grandeza de la mafia ante aquel mamarracho—. Su padre la había apostado en nuestros casinos —Restraining Chain ya lo sabía, pero pretendía saber si las pequeñas preguntas podían llevarle a algo más grande—; y legalmente nos pertenecía. ¿Alguna vez te lo hubieras imaginado?

—Sí, de hecho, una de mis ilusiones siempre ha sido ir a Las Pegasus a hacer una redada, pero mientras no se descubra nada por allí…

Al oír aquello, Helping Minion estuvo a punto de darle la dirección y lista de crímenes de Lucky Chip al caballo que le miraba con ojos inquisitoriales. Sin embargo, decidió guardarse aquella información por el bien de la mafia y decidió desafiar a Restraining Chain una vez más.

—Ni lo descubriréis nunca —aseguró, acomodándose como le permitía la magia que le aprisionaba—. Si me has pillado, madero, es porque has tenido la suerte de que yo recogía el dinero de Scootaloo. Si no hubiera sido por eso, tú nunca hubieras capturado al capo de Ponyville.

Restraining Chain y Support contuvieron un gesto de victoria antes de revelarle a Helping Minion lo que acababa de decir, pero ambos intercambiaron una mirada cómplice que escamó al mafioso. Ya no necesitaban al sicario, ni detener a nadie más. Allí estaba todo lo que necesitaban: uno de los miembros más importantes de la mafia.

—La segunda en la frente —indicó el policía ante la expresión aterrorizada del mafioso, que se había dado cuenta de que la había liado una vez más—. No sólo eres uno de los más importantes de la mafia, sino que además eres capo de esta ciudad. Asimismo, me has indicado que la mafia que hay aquí es de la misma rama que Las Pegasus.

Desesperado, el mafioso se mordió la lengua hasa que el sabor metálico de la sangre inundó su boca. Le había dado información clave, y si antes a lo mejor le dejaban escapar para buscar a un pez más grande, ahora estaba seguro de que nunca le soltarían. Incapaz de hacer sotra cosa, soltó un largo bufido y se decidió a ayudar a la mafia en lo que pudiera. Con un poco de suerte, Rarity le rescataría en poco tiempo.

—¿Y por qué no te vas allí a por la jefa? —inquirió, en un intento de desviar la atención de los P.R.I.M.O.S de Ponyville.

—No hace falta que digas esas cosas para despistarme, Helping Minion —dijo el policía, mirándole a los ojos—. Tú nunca me dirías la localización de tu jefa si no fuera para despistarme. Además, ¿qué pintaría una jefa de la mafia en una ciudad tan claramente criminal como Las Pegasus? Vive aquí —aseguró con contundencia.

—¿Y Moonchaser? ¿No vivía en Manehattan? —preguntó Helping Minion, pasando a la defensiva.

—Sí, pero Manehattan es una ciudad en la que puedes vivir anónimamente. Las Pegaus es una ciudad en la que se puede detectar rápidamente quién está en todo lo alto. En un pueblo como éste, todos son habitantes anónimos. Es perfecto para esconderse, ¿no?

—No, no lo es —rebatió el mafioso, esperando convencer al policía.

—Te has vuelto a delatar —aseguró el policía, escrutando su expresión facial—. Vaya, parece que al final te va a gustar eso de contribuir, ¿no?

Helping Minion intentó pegarse un cabezazo contra la pared de pura frustración, aunque el hechizo le retuvo en su sitio, y pensó que cada vez que hablaba subía el pan. No hacía otra cosa que pasarle información importante al policía intentando ocultársela. Una vez más, tendría que poner cara de póker y fingir que no había pasado nada.

—Yo no contribuyo por gusto, mamarracho —dijo Helping Minion, amenazante.

—Ohh, lo haces tan bien que creía que sí, ¿sabes? —le vaciló el policía, con expresión de superioridad.

Bueno, aquello ya era el colmo. Si el unicornio ya estaba suficientemente enfadado consigo mismo, aquello no hacía más que cabrearle más y más. Si no hubiera estado retenido por la fuerza, hubiera despedazado al policía que le sonreía sarcásticamente y hubiera acabado con sus ayudantes, para después ofrecerle sus cadáveres a Rarity como sangriento trofeo.

—Muy bien, creo que puedo irme de rastreo sin necesidad de otros interrogatorios—afirmó Restraining Chain, levantándose con elegancia—. Voy a comprobar si hay alguna yegua que pueda ser jefa de la mafia. Estaré de vuelta para el segundo interrogatorio a las seis de la tarde. Cuídate.

Escoltado por Support, el pony se retiró de la prisión tras dar algunas órdenes a los carceleros que el mafioso supuso de vigilancia para evitar un posible suicidio. Una vez Restraining Chain estuvo fuera de la comisaría, Helping Minion se lanzó contra las paredes, golpeándolas con furia y destrozándose los cascos. No sólo le había sacado muchísima información, sino que encima le iban a vover a interrogar. Y si no andaba con cuidado, podía resolverle el caso a su peor enemigo. Ahora tendría que hacer mucho más para redimirse a ojos de Rarity. Si no, estaba perdido.


—¿En qué piensas, Support? —preguntó el policía mientras andaban por la calle. Por mucha información que les hubiera dado el preso, era evidente que datos sueltos no iban a llevarles a ninguna parte, y tal vez la opinión de su segunda sobre el siguiente paso que debían dar pudiera ayudarle en algo. No sería la primera vez que pasaba.

—En Helping Minion… —confesó Support con voz cansada—. Aunque nos haya dado toda esa información, nos va a ser difícil averiguar quién es el culpable. Hay miles de yeguas en este pueblo, y no se sabe quién de ellas es la culpable. Además, en realidad no tenemos ninguna referencia real. Sólo datos sueltos.

Restraining Chain, quien ya esperaba esa contestación, se limitó a seguir su camino, observando con ojo analítico a todos los ponys con los que se cruzaban. Pero no estaban solos: en una cornisa cercana, Rarity y Snipershot, invisibles desde la calle, vigilaban todos y cada uno de los movimientos del policía. La jefa ordenó al sicario callarse, y no pudo evitar patear la cornisa con un casco tras eacuchar la conversación.

—"Así que han sonsacado información a Helping Minion"—pensó Rarity, preocupada.

—Jefa, no creo que Helping Minion nos haya traicionado… —comentó Snipershot, que intentaba descifrar los pensamientos de Rarity a través de su expresión facial—. Simplemente se habrá ido de la lengua en un descuido.

—No he dicho eso, Snipershot. Nunca dudaría de su lealtad —aseguró, mirando severamente a su ayudante—. Pero tienes razón… Simplemente habrá dicho algo y lo habrán extrapolado. Sólo es que él es muy descuidado…

—Tiene razón, pero ya da igual. Ahora mismo lo importante es lo que hagamos con Helping Minion ¿Tiene algo en mente?

—No —confesó Rarity, evidentemente frustrada, mientras sus ojos escrutaban el paraje en busca de algo con lo que acabar con el policía de una vez y por todas. De repente, sus ojos se fijaron en un canalón inestable que se encontraba en el tejado de una de las casas, y sus ojos se iluminaron como platos—. ¿Y ese canalón? —indicó, mostrándoselo al sicario—. ¿Y si lo desequilibro para que se caiga sobre su cabeza?

—Buena idea, jefa—murmuró Snipershot, mientras calculaba las distancias entre el policía y el canalón. Finalmente, comprobó que el plan podía funcionar, hizo un gesto afirmativo y murmuró—: Es cuestión de hacerlo bien…

—¿Y crees entonces que en realidad debería ser fácil sonsacarle el negocio? —preguntó Restraining Chain, ajeno a la conversación que se mantenía en el tejado de uno de los edificios, mientras escrutaba las calles en busca de potenciales amenazas.

—Sí —informó la asistente—. Si esta jefa mafiosa blanquea dinero con otros negocios, como suele pasar por otra parte, debería ser fácil sonsacarle la tapadera. A partir de ahí, ya caerá todo.

—Tienes razón —murmuró Restraining Chain meditabundo—. Pero en este pueblo no hay muchos grandes comerciantes, y es posible que el control que ejercen sobre la policía haya causado que en realidad no necesiten esconderse. Pero de todas maneras, ese tipo de cosas se notan. Ya sabes: facturas infladas, compras que no se corresponden con los verdaderos negocios, tiendas vacías que reportan a sus dueños ganacias millonarias… —explicó Restraining Chain mientras se perdía en sus deducciones.

—Últimamente, por ejemplo, han llegado muchas entregas a una tienda llamada el Sugarcube Corner… —dijo Support, por si servía de algo para la investigación

—No creo que haya nada malo allí, Support. Son gente honrada —indicó el policía, que intentaba parecer sereno para no mostrar el temor que sentía hacia la posibilidad de encontrarse de nuevo con Pinkie Pie.

—Es posible que tenga razón —murmuró Support—. Pero aunque los propietarios sean los Tarta, es posible que la tal Pinkie Pie lleve a cabo actividades delictivas sin que lo sepan…

—Es difícil algo así, a menos que se lleve a cabo en un edificio anexo. Ya sabes: sótanos, trastiendas, edificios específicos… —comentó el policía, mientras pasaba por debajo de la fatídica tubería.

—¡Ahora! —gritó Rarity, mientras sus ojos se iluminaban con la magia que fluía por su cuerno.

Con un fuerte crujido, la tubería cedió al fin y cayó con enorme estrépito hacia el policía que se encontraba debajo. No obstante, el policía pudo oír la tubería y apartarse a tiempo antes de que le aplastara. El objeto asesino impactó en el suelo y levantó una enorme polvareda. Restraining Chain tosió por efecto del polvo, y Support se quedó mirando.

—Eso podría haberme matado… —murmuró Restraining Chain sin aliento mientras miraba el objeto asesino estúpidamente, al mismo tiempo que la adrenalina fluía por sus venas.

—Sí… —susurró ella, tan nerviosa como su jefe—. Esta casa se cae a pedazos —observó Support, que al ser una pegaso era incapaz de detectar el hechizo.

Sobre la azotea, la mafiosa se desesperaba. No había contado con el entrenamiento físico que la policía secreta exigía a todos aquellos que quisieran entrar a la organización, y por tanto, no había previsto cómo aquel error podía provocar que todo se hubiera ido al traste. Y, para colmo de males, no tenía su sofá para echarse dramáticamente sobre él.

—No se desanime, jefa. Tengo un nuevo plan —aseguró Snipershot, en un intento de consolarla.

—¿Cuál? —preguntó Rarity, vivamente interesada.

—Si les llevamos a la casa derruida de las afueras, tendremos multitud de oportunidades para poder quitárnoslos de en medio. Y todos creerán que han sido los fantasmas. Qué suerte de pueblo inútil….

La unicornio lo pensó unos instantes y contestó:

—No. Twilight siempre ha sospechado de esa casa, y yo sé que ella está del lado de Restraining Chain, que está del lado de Celestia —explicó Rarity, mientras Snipershot la observaba con interés—. Qué le ven a la princesa, es algo que nunca terminaré de entender.

—Ya se sabe que ese tipo de personas necesitan estar del lado de algien grande para creerse también grandes, señora —indicó el sicario para pelotear a su jefa.

—Lo mismo se os podría aplicar a vosotros. En fin, tengo un plan mejor. Ve a por Derpy, y encárgale que lleve un paquete pesado.

—Jefa, no siempre se puede recurrir a tirar cosas a los que quieres matar, más sabiendo cómo acaba de fracasar este plan…

—Mmm —farfulló la unicornio mientras pensaba. Snipershot tenía razón: acababan de fallar con esa misma estrategia. Además, a fin de cuentas, él era el sicario—. Sí, tienes razón. Vamos a probar otra cosa, y si no, probamos mi plan.

Pero necesitaban un plan alternativo, pensó Rarity mientras observaba al pony dorado. Seguro que a Snipershot se le ocurrirían miles, simplemente no estaba inspirado. Pero los necesitaba tan desesperadamente…

—¿Y si hacemos que le atropelle un carro? —sugirió el sicario.

Rarity sopesó por un instante la idea de su subordinado, y recordó el instante en que ella misma estuvo a punto de ser atropellada por un carro el día de Corazones y Cascos. Una enorme sonrisa cruzó su rostro hasta entonces habitado por la preocupación.

—Muy buena idea. Snipershot. Venga, vamos.


—¿Se te ocurre alguna manera de que cante la raza de su jefa? —preguntó Restraining Chain, mientras paseaba por las plazas de Ponyville, escrutando todo aquello que pudiera tener relación con su caso.

—Pues no… ¿Ve algún negocio importante que pueda ser utilizado como tapadera? —inquirió Support mientras analizaba todos los rincones con la vista.

—Pues no… la verdad es que no —reconoció Restraining Chain frustrado—. Pero sigue buscando ese negocio, Support.

—Puede que ni siquiera exista. —Su jefe le miró con interés, pero Support hizo un gesto negativo con el casco—. Disculpe; he dicho una tontería. Pero de todas maneras, una casa de estas podría ser el lugar en el cual viva la jefa de la mafia de Ponyville —indicó la policía, mientras observaba con aire sospechoso todas las construcciones—. ¿Dónde vivía Moonchaser?

—Moonchaser era un miembro de la nobleza más importante y tenía un palacio en Manehattan. Allí vivía. ¿Quién iba a sospechar de él? Y eso que su familia tenía dinero… Pero la codicia y el ansia de poder le perdieron. Supongo que son las consecuencias de ser un segundón —reflexionó, mientras Support analizaba la información.

—¿Y dónde tenía el laboratorio? Que yo sepa, no lo detuvieron en su casa.

—No, tenía empresas. Y aunque los negocios no funcionaban en absoluto bien, seguía manteniendo su tren de vida, si es que a lo que llevaba se le puede llamar tal —explicó el policía—. ¿Sabes? Al principio me mandaron a averiguar si Moonchaser era un conspirador, porque suelen pagar a gente con influencia en la corte para revelar secretos de Estado. Pero pronto pude ver que había algo más. Al final resultó ser una mafia, justo como aquí. ¿Por qué no podrán llevar vidas honradas?

Snipershot, para quien ser un sicario era su vida, trató de tomar la justicia por su mano, pero Rarity le detuvo a tiempo. Calcularon los tiempos, le dieron al conductor la dirección, y cuando se aseguraron de que el policía iba a pasar por allí, dijeron al conductor que acelerara.

Un carro a toda velocidad salió de la esquina que iban a doblar los dos agentes de la secreta. Al contrario que la ocasión anterior, el policía no pudo reaccionar a tiempo y la carreta chocó contra él, mandándole a volar. Support, asombrada, tuvo un reflejo de policía y tomó la matrícula, y al instante se lanzó a por su jefe mientras la carreta desaparecía por una de las calles laterales.

—¡Jefe! —gritó desesperadamente, mientras contemplaba al caído policía—. ¡¿Le ha pasado algo?! ¡Conteste!

—Agh —murmuró el policía, mirándola a los ojos—. No me ha dado completamente de lleno, pero eso ha dolido. Menos mal que lo que me ha dado ha sido el carro, y no el caballo que lo conducía. Si no, no lo cuento.

—Menos mal…—comentó ella, con voz aliviada—. ¿Está bien? ¿Podremos seguir la investigación?

El caballo se puso en pie para comprobar el alcance de los daños. Tenía una astilla bastante grande clavada en el flanco que le había causado un desgarrón, y le costaba caminar debido a la contusión, pero había un brillo de determinación absoluta en sus ojos que hizo pensar a la pegaso que, pese a las dificultades, debían proseguir.

—Sí, claro. Vamos a seguir un rato, y luego volvemos a interrogar a Helping Minion. Tenemos que resolver este caso —respondió, con el mismo brillo de determinación en la mirada.

Lejos de allí, frenado ya el taxi, Rarity se desesperaba por completo. No podía creer que, a pesar de haber atropellado al policía, sólo hubiera escapado con una contusión y algunas heridas menores.

—¡¿Cómo es posible!? ¡Esto no puede estar pasando! ¡RESTRAINING CHAIN TENDRÍA QUE ESTAR MUERTO!—preguntó Rarity fuera de sí, mientras golpeaba las paredes del carro asesino.

—No lo sé —indicó el sicario, tan intrigado como su jefa—. Lo único que se me ocurre es que no le hayamos dado de lleno, y que sólo le haya tocado alguno de los laterales. El daño que se llevaría sería el del golpe, por eso está perfectamente.

—¿Se puede saber a qué clase de sicario has contratado? —demandó Rarity con furia, mientras taladraba a Snipershot con los ojos.

—¿Le recuerdo que el único sicario del pueblo soy yo? —afirmó el sicario con orgullo, mientras hinchaba el pecho—. Usted nunca ha necesitado a otro.

—Recuérdame que cambie eso cuando nos deshagamos de él —ordenó la mafiosa—. Aunque tú seas el mejor, necesito más por si alguna vez no estás disponible.

—Yo me basto solo —dijo él altivamente—. Lo que más me preocupa es que el taxista nos esté oyendo y nos denuncie después —susurró con cautela.

—¿Y con lo que has dicho en voz alta hasta ahora no tiene pruebas suficientes para incriminarnos a los dos? —inquirió ella. Ante la expresión de terror de Snipershot, ella explicó calmadamente—: No, le he aplicado un hechizo para asegurarme de que no oía ninguno de nuestros planes. Pero la próxima vez debes ser más cauteloso. Menos mal que soy unicornio… —murmuró Rarity.

Aunque durante un instante Rarity pareció estar más calmada, la unicornio se revolvió, soltó un golpe y se tumbó sobre la carreta, dándole vueltas a la cabeza. Restraining Chain iba a terminar pronto su ronda y a irse a la comisaría. Y si dejaba a Helping Minion en comisaría mucho tiempo, seguramente acabaría revelando todos los secretos de la mafia.

¿Y si se servía de algún conjuro para acabar con el policía antes de que acabara la ronda? No, mejor que no. Los conjuros eran muy fáciles de detectar y con un único unicornio en las filas de Restraining Chain se descubriría todo el pastel. No, únicamente podía servirse de aquellos planes que estaban llevando a cabo.

—Jefa… ¿tiene algún plan? —preguntó Snipershot, inquieto ante la actitud de su jefa.

—Sólo el de Derpy —musitó finalmente la mafiosa—. Y va a ser el último que tengamos, así que tiene que salir bien.

Snipershot lo pensó unos instantes. Rarity debía estar verdaderamente desesperada para recurrir a aquel plan tan malo, pero probablemente fuera su única vía de salvación. Tras mucho pensar, finalmente comentó:

—De acuerdo. Vamos.


—¿Qué queda por hacer? Yo quiero volver ya… —indicó Support, alicaída, mientras trotaba suavemente—. Ya hemos registrado el pueblo de punta a punta…

—Nada. Ya hemos terminado la ronda por el pueblo. Volvamos a comisaría—comentó Restraining Chain, que parecía ligeramente ofendido—. Debo hacer un par de gestiones.

—¿Referentes a qué?

—A los desaparecidos. Ahora que tenemos un prisionero, podemos cotejar las desapariciones con su experiencia.

—"Como le dé por investigar a Fluttershy estamos listos"—pensó Rarity con nerviosismo mientras se mordía suavemente el labio inferior.

—Jefa, ya le he dado el paquete a Derpy. Pronto podremos proceder—aseguró Snipershot, que se encontraba en otra cornisa, mientras hacía un gesto de aprobación.

—Bien, bien… Veamos… —murmuró Rarity para sí misma, mientras hacía un rápido esquema mental—. Cuando estén en la calle principal que da a la comisaría, Derpy pasará para entregar mi paquete a Applejack, cuya casa queda por allí, obligándola a sobrevolar la calle principal. En la calle principal, el paquete se le caerá al chocar contra esa nube, en su cabeza si hay una sincronización adecuada. Y si no, el rayo le matará de todas maneras.

—Es nuestra última oportunidad. Mira que dejársela a Derpy…—se quejó Snipershot, mientras estudiaba el movimiento de la pegaso por el cielo para asegurarse de que no se salía de la trayectoria marcada.

—Es la única que nos puede salvar de este problema. Vamos—se dijo, contando los segundos mientras la expectación y el nerviosismo crecían a cada segundo que pasaba—. Diez… nueve… ocho… siete… seis… cinco… cuatro… ¡tres!… ¡dos!… ¡uno!

Una sombra gris sobrevoló descuidadamente la casa que en la que los mafiosos vigilaban al jefe de la secreta. Con su habitual estilo patoso, Derpy sobrevoló la calle, y justo cuando estaba sobfre los policías, una chispa resplandeció en los ojos de Rarity mientras su cuerno se iluminaba. Una nube que había escasos metros más allá se abalanzó sobre la descuidada pegaso, que chocó, dejando caer la caja al mismo tiempo que soltaba un grito de sorpresa.

Alarmado por el grito, Restrainig Chain miró hacia arriba, y al ver el paquete, hizo un intento de saltar, pero se resintió de su herida y no pudo. Al verlo, Support saltó y le apartó de la caja. El objeto asesino cayó al suelo como lo hubiera hecho la tubería, mientras Restraining Chain, jadeante, y Support, de los nervios, miraban con ojos analíticos el objeto con la misma idea en la mente: todo aquello no podía ser casual.

Finalmente Restraining Chain se levantó, miró a Support fijamente y comentó:

—Bueno, pues me parece que te debo otra.

—Para eso estamos los segundos, para llegar a donde no llega el primero —afirmó ella con modestia, para después asegurar en un tono mucho más frío—. Todo esto no puede ser casual.

–Tienes razón, Support —dijo él con el mismo tono seco—. Veamos… —murmuró, mientras escrutaba cada rincón del paquete, hasta que finalmente dio con la clave—. Aquí dice que viene desde la Boutique Carrusel, con dirección a Sweet Apple Acres. ¿Te suena alguno de esos nombres?

—No, soy nueva en el pueblo. Pero sí he oído hablar de la sidra de Sweet Apple Acres. Cuando estábamos en la academia, no corríamos unas juergas con ella…—reconoció la pegaso, azorada.

—No te pienso juzgar por ello, pero que sepas que el alcohol acaba por calcificar las neuronas, lo que disminuye su capacidad para transmitir información —afirmó Restraining Chain—. Me lo enseñó un médico del cuerpo.

—A mí también me lo dijeron, por eso decidí dejar de beber —aseguró ella—. Pero, volviendo al tema, no creo que sea casualidad que nunca nos haya pasado nada y ahora nos ocurra todo. Debe haber alguien detrás de todo eso.

Restraining Chain también sabía que todo aquello era muy difícil que pasara de casualidad. Tal serie de catastróficas desdichas no podía ser sólo fruto de la casualidad, pero durante toda su vida en activo habían pasado cosas más raras. ¿Por qué no ahora?

—Todo puede ser casual… pero lo cierto es que no me había pasado nada hasta que encarcelamos a Helping Minion. ¿Crees que la dueña de la Boutique Carrusel podría ser la jefa de la mafia? —preguntó Helping Minion a su ayudante.

—No lo sé, pero no creo que fuera tan imbécil como para poner su nombre en un paquete asesino, lo que es casi indicar quién es la asesina. Los mafiosos tienen siempre a su disposición mecanismos para evitar que les relacionen con los crímenes.

—"Maldita sea, hay que intervenir"—pensó Rarity, mientras se disponía a saltar sobre los policías—. "Pero si aparezco ahora pensará que le he estado espiando, y eso me puede traer problemas…"—reflexionó, y deshizo lo andado—. " Y parece que puedo salir indemne de esta…"

—¡Culpa mía, choqué contra un nube!—gritó Derpy inocentemente, mientras hacía un gesto de disculpa con el casco.

—¿Tú llevabas el paquete? —inquirió Restraining Chain, lanzándole una mirada asesina.

—Sí, soy la repartidora oficial del pueblo… Pero ¿qué le digo ahora a Rarity?

—¿Es ella la que te ha enviado? —preguntó Support.

—Sí, al parecer Rarity envía madera y dinero a Applejack para que arregle su tejado, así que se lo llevaba…

La unicornio resopló, aliviada. Aunque hubiera fallado, por lo menos no se había delatado. Su plan funcionaba a medias. Pero Restraining Chain seguía vivo, y le podía investigar. Un escalofrío le recorrió la espalda. Esa sensación de peligro acechante… La odiaba. `

Si aquella crisis hubiera surgido unos años atrás, cuando estaba constituyendo la mafia, no habría tenido ningún problema en solucionarlo. Pero hacía años que no sabía qué era ser perseguida y estar al borde del abismo, debatiéndose por poder continuar. Y aquello, evidentemente, la bloqueaba y le impedía pensar. Rarity se sacudió para eliminarla y, tras pensar un instante en el siguiente paso que debía tomar, comentó:

—Vamos. Tenemos un par de cosas que hacer.


—Menos mal que he podido llegar vivo a la comisaría… —comentó Restraining Chain, mirando con desconfianza a través de la ventana.

—Si hubieran querido matarle directamente usted no estaría aquí ahora —aseguró Support, más calmada.

—Lo sé, pero la verdad es que no creo que me intente matar directamente. Piensa como un delincuente, Support, que se te da bien. Mira, si yo fuera un delincuente, lo que haría sería quitármelo de en medio por un accidente. Entonces, mientras el segundo toma el cargo de primero y todas esas cosas, yo me reorganizaría. Es psicología simple —explicó Restraining Chain.

Era evidente que el policía tenía razón. Aunque todo podía ser casual, era demasiada casualidad que todo hubiera ocurrido en ese mismo instante.

—Jefe, no quiero alarmarle, pero es posible que tengamos un topo en la comisaría.

Restraing Chain miró a Support con curiosidad. Desde la detención de Scootaloo, el policía estaba seguro de que Lazycop tenía alguna clase de conexión con la mafia. Para cerciorarse, observó el reloj. Sobre las dos. Era tarde hasta para que él llegara. Evidentemente, se había dado a la fuga.

—¿Quién falta, Support? —preguntó el policía con serenidad, como si las amenazas de muerte que pendían sobre su cabeza no le afectaran.

—Lazycop —asintió con seguridad Support. El policía hizo un gesto afirmativo que Support entendió a la perfección, y tras unos segundos de reflexión preguntó— : ¿Qué vamos a hacer ahora?

—Ya no podemos hacer nada con Lazycop. De todas maneras, sólo era un estorbo. —La asistente sonrió y Restraining Chain prosiguió—: Tengo que darle la noticia de lo de su padre a Scootaloo, y después, liberarla. Según Ström, nos la ha dejado Broke Home y las leyes afirman que ahora nos pertenece. ¿Qué hago con ella? Su vida es Ponyville, y yo no vivo aquí. Y no tenga capacidad ni ganas de cuidar de una potranca.

— ¿Podemos mandarla a vivir con alguna de sus amigas? —sugirió Support.

—Sí, es una posibilidad. A la niña le vendrá bien el afecto de alguien que la quiera de verdad y con quien pueda formar una verdadera familia. Un hogar está donde está el corazón… y no tengo claro que ella lo haya tenido en su casa desde que no está su madre.

—Qué bonito, jefe… —dijo ella con ojos soñadores.

—No era mi intención —aseguró el policía fríamente. Los ojos de Support volvieron a la normalidad y Restraining Chain añadió—: Vamos a la celda. ¿Tienes las llaves?

—Claro, siempre —dijo ella mientras las agitaba el el aire, produciendo un tintineo semejante a campanillas.

—De acuerdo. ¿Sabes qué falta ahora para animarnos? Que venga Lazycop—bromeó el policía, divertido.

—Sí, pero no lo hará —afirmó ella con una sonrisa en los labios—. Venga, abro.

Scootaloo, completamente aburrida, daba patadas a un fragmento de cemento que había logrado desprender de una de las viejas losas mientras murmuraba algo contra los policías por haberse olvidado de dejarle algo para entretenerse. Su cara, que reflejaba a la perfección sus sentimientos de odio y desesperación, cambió completamente cuando oyó la llave dar dos vuelas; y en sus ojos mustios apareció un brillo de ilusión que bailó en sus ojos hasta el momento en el que entraron los policías. Con todas sus fuerzas, saltó y se mantuvo en el aire un momento aleteando antes de caer frente a los dos ponys.

—Ay —se quejó Scootaloo antes de darse cuenta de que había entrado Restraining Chain, y al verlo, se rehizo con orgullo, se lanzó de nuevo sobre el policía y gritó—: ¡Hola, poli! ¿Ya habéis capturado a mi padre?

Ambos policías se miraron con gesto serio. Sabían muy bien que darle aquella noticia a Scootaloo iba a ser muy duro para ella, pero no había otra solución posible para aquello. Mentirle sólo la mantendría en una situación que acabaría por descubrirse y causarle aún más daño.

—Scootaloo, voy a decirte la verdad —musitó el policía en tono serio con ojos mustios—. Tu padre ha escapado de las autoridades.

Ante esta revelación, las rodillas de la pegaso fallaron, y, presa del llanto, cayó al suelo, completamente devastada. Aquello no podía ser. ¿Cómo había escapado Broke Home? No era justo que alguien tan perverso como él no recibiera su castigo. En los cuentos que le leía su madre, los malos siempre acababan perdiendo y recibían su merecido…

—No, no puede ser… —logró articular la potrilla, con los ojos cegados por las lágrimas.

—No te preocupes —murmuró Restraining Chain dulcemente—. Hemos enviado una fuerza de P.R.I.M.O.S que partió ayer por la noche. En tres días, le tendremos con nosotros. Y en todo caso, una vez haya terminado esta misión, Celestia publicará un bando en el que se le declarará fugitivo y se ofrecerá recompensa por él. Broke Home no tiene escapatoria —aseguró en tono fiero para animar a la potrilla.

Las pupilas de la pegaso volvieron a dilatarse de ilusión, y se abrazó al policía, que se ruborizó. Support rio por lo bajo, y, para romper aquella situación incómoda, informó:

—Tu padre…

—No lo llames así. No es mi padre —aseguró ella con desprecio, escupiendo al suelo.

—Bueno, perdón —comentó Support, sorprendida por el rechazo que sentía hacia su progenitor—. Broke Home nos encargó que nosotros te cuidáramos. Pero somos de Canterlot, y estamos permanentemente de aquí para allá, en alguna misión de la muchas que nos encarga la Princesa Solar, y no podemos cuidarte. —El semblante de la pegaso se tornó mas serio, y preguntó—: Por tanto, ¿qué quieres hacer? ¿Te quedarás con nosotros? ¿O prefieres quedarte con alguna de las familias del pueblo?

—¿O prefieres lo de Rain… Rainbow… como se llame? —apostilló Restraining Chain, sabedor del amor que le pegaso sentía hacia Rainbow Dash—. Decídete pronto, por favor.

Difícil decisión. Si se le hubiera planteado una semana atrás, hubiera elegido a su hermana adoptiva sin dudarlo ni un instante. Pero ahora… Las cosas se habían retorcido tanto que no sabía si estaba soñando o todo era real. Si subía a Cloudsdale podría estar con Rainbow Dash, era cierto… Pero la noche anterior no había caído en que la pegaso trabajaba ahora para las fábricas del Arco Iris; y si subía, iba a tener difícil volver a Ponyville… y perdería a sus únicas amigas. Pero por otra parte, si se quedaba en tierra, estaría con Apple Bloom y Sweetie Belle, pero perdería a su hermana adoptiva… Scootaloo batió las alas, enfurruñada. Estúpido trabajo nuevo de Rainbow Dash.

—¿Qué decides?—inquirió él con urgencia.

—Yo… No sé qué hacer… Quiero quedarme con Rainbow Dash, pero no quiero perder a mis amigas…—murmuró la potranca con indecisión.

—Comprendo…—afirmó Restraining Chain en tono reflexivo—. Pero necesitas un sitio en el que quedarte mientras acaba toda esta crisis. Cuando termine, intentaré que trasladen de nuevo a Rainbow Dash a Ponyville —cedió el policía.

—Jefe… Le consiente todo… —susurró Support, asegurándose de que Scootaloo no le oía.

—Es mejor así. Necesita recuperarse del shock —susurró el aludido en el mismo tono de voz, para después dirigirse a la potranca—. Pero no vas a quedarte aquí, ¿no? Necesitas un sitio en el que quedarte, y tu casa no es lugar seguro. ¿Qué prefieres?

Aunque todavía no tenía claro qué hacer, pronto pensó que, cuando se enterara de aquella situación, Rainbow Dash bajaría a verla, y le convenía quedarse en tierra para presenciar la caída de Broke Home. Por tanto, debía quedarse con una de sus amigas. Pero, ¿cuál? Apple Bloom y ella tenían una relación más pedregosa, pero no podía estar con Sweetie Belle, no de momento… Con lo patosa que era, seguro que fastidiaba por completo el operativo de captura de su padre, o iba cotilleando por todo el pueblo y llamando la atención de la mafia. No es que quisiera menos a su otra amiga, sino por una cuestión práctica… O al menos eso era de lo que intentaba convencerse.

—Creo que de momento me quedaré con Apple Bloom, señor —decidió ella finalmente.

—Perfecto —dijo Restraining Chain, poniéndose en marcha. Todos salieron de la celda, el policía la cerró y después prosiguió mientras salía de la comisaría—: Te llevaré allí, pero me tienes que indicar el camino, porque no me lo sé. Además, así aprovecho para hacer un par de preguntas a la tal Applejack. Porque con esos nombres están relacionadas, ¿no?

—Sí, son hermanas —explicó Scootaloo.

—Perfecto. Entonces, vamos.


El sol poniente iluminaba con sus rayos Ponyville, a pesar de que tan sólo eran las tres de la tarde. Pronto, muy pronto, Luna elevaría el astro de la noche. La princesa Twilight, que caminaba en dirección a su casa de biblioteca, sabía muy bien que los días de invierno el sol se ponía más temprano, y aunque nunca se había logrado explicar porqué y la Princesa Celestia no le había dado más que explicaciones vagas, sabía que habría una razón de peso subyacente. Quizá cuando fuera princesa durante más tiempo se lo explicarían.

—¡Hola, Twilight! —chilló Pinkie Pie, saltando desde detrás de un arbusto y tirando serpentinas.

—¡Ahh! —gritó la princesa con espanto—¡Pinkie Pie! ¿Qué te he dicho de no asustar a la gente así como así?

—Lo siento—dijo ella avergonzada—. Pero tenía que decirte una cosita…

Por la expresión del rostro de Pinkie Pie, era evidente que no era uno de esos secretitos tontos a los que ella daba una extrema importancia y que iba contando por ahí como si fuera un plan secreto para acabar con las princesas. Tampoco era uno de sus fantásticos y alocados planes de fiestas. Ni siquiera era la presencia de Cheese Sandwich; entonces tendría otra expresión. Y su melena no era lacia, por lo tanto no podía ser un problema de amistad.

—¿Qué pasa, Pinkie?—inquirió ella con preocupación.

—Verás…—dijo ella, como temiendo comenzar—. Había decidido organizar una pequeña fiesta para Fluttershy, porque creo que dentro de poco es el cumpleaños de Angel. ¿O no lo era? —se preguntó con expresión de duda—. ¡Bah, da igual! —se dijo ella despreocupadamente, para después recuperar su expresión consternada—. El caso es… que fui a buscarla a su cabaña… ¡y no está! —La pony comenzó a hacer pucheros, y sollozó—: ¡Le ha pasado algo, estoy segura! ¡Algo horrible!

—¿Por qué piensas eso, Pinkie? —preguntó Twilight Sparkle, mucho más calmada—. A ella no le habrá pasado nada. Seguramente haya ido al bosque, o a comprar algo, y tú no la has visto. La encontrarás en otro momento.

—Pero no es eso —la dicharachera pony se enjugó las lágrimas y prosiguió—: Daba la impresión de que los animalitos no tenían comida, y no estaba Angel… Esas cosas no son normales en ella, Twilight.

Twilight se alarmó al oír las últimas palabras de Pinkie. Era evidente que aquello no era lo normal. Al instante, una lucecilla se le encendió en el cerebro. Algunos días atrás, Fluttershy había dicho que ascendería a Cloudsdale a visitar a sus padres. Aunque eso no encajaba con el resto, era lo que quería pensar.

—Fluttershy me dijo que iba a Cloudsdale. Y seguro que se ha llevado a Angel con él. Los animalitos están bien alimentados, te lo aseguro.

—¿De... verdad? —balbució Pinkie, sorbiendo.

—Sí, de verdad.

—¡Oh, me dejas mucho más animada! —chilló ella con un gran salto y una expresión de felicidad radiante.—¡Es que me había preocupado mucho por Fluttershy porque le tengo que dar su fiesta y claro entonces creí que no podía dársela y eso me dio mucha pena porque somos super amigas!¡Pero ya está todo solucionado! ¡Muchas gracias, Twilight! ¡Hasta luego! —gritó, desapareciendo.

Con un suspiro, Twilight prosiguió su camino. Había algo que no le encajaba en toda aquella historia. Y la posibilidad de que Fluttershy hubiera desaparecido la preocupaba, sabiendo cómo era todo aquel asunto de las desapariciones. Con paso lento y mirada fija en el sol del atardecer, rogó con todas sus fuerzas para que su amiga estuviera bien y todo fueran imaginaciones suyas.


—¿Quién es? —preguntó con desconfianza una voz senil desde el interior.

—¡Abuela Smith, soy Scootaloo! —respondió la potranca desde la puerta—. ¿Está Apple Bloom?

—Sí, un momento… —La anciana abrió la puerta, y miró con cara de sorprendida al caballo que escoltaba a la pegaso. Incapaz de contenerse, preguntó—: Oye, Scootaloo, ¿quién es este señor que te acompaña?

—Restraining Chain, de Canterlot —saludó el policía sin esperar a que Scootaloo le presentara—. Mucho gusto en conocerla, señora.

La abuela Smith observó analíticamente a los dos ponys que se encontraban en su puerta. Scootaloo siempre venía sola. Muchas veces se preguntaba por qué sus padres no la acompañaban nunca, pero jamás se había atrevido a preguntar por qué. La presencia de aquel canterlotiano no era sino más sospechosa; pero si era amigo de Scootaloo, no podía ser mala persona.

—El gusto es mío, señor —saludó ella a su vez.

Restraining Chain, a su vez, también tanteaba a la anciana. Debía encontrar la mejor manera de resolver todo el asunto de Scootaloo y la investigación a Applejack sin despertar sus sospechas. Las viejas solían ser muy cotillas, y aquello podía echar al traste toda su investigación.

—Verá, sé que no nos conocemos —empezó él, tratando de encontrar las palabras adecuadas—; pero, si no le importa, me gustaría hablar con usted y su familia acerca de un par de asuntos.

—De acuerdo —murmuró la matriarca de los Apple, intentando no mostrar su desconfianza—. Scootaloo, Apple Bloom está en la cabaña del árbol. ¿Por qué no te vas a jugar con ella?

—¡Vale! —gritó ella con alborozo, y se fue a la cabaña del árbol.

Cuando Scootaloo desapareció al fin en el huerto, Granny Smith hizo un gesto para que el policía le siguiera y Restraining Chain entró en la rústica casa de la familia Apple. Tras atravesar un par de estancias de estilo campestre, la anciana llegó a una mesa y ofreció un puesto al desconocido, que, agradeciendo el gesto, se sentó en el sitio que le ofrecían. Una vez la abuela estuvo sentada, Restraining Chain le comenzó a hablar, aún calculando las palabras que debía pronunciar.

—Buenas tardes, señora —comenzó, midiéndose y tratando de estudiar el efecto que sus palabras tenían en la anciana—. Siento interrumpirla de esta forma, pero la pegaso Scootaloo se ha quedado recientemente huérfana, y ha manifestado su intención de residir con Apple Bloom mientras esta situación se mantenga. Por lo tanto, solicito que le permita habitar en su casa hasta que el problema generado se resuelva.

La abuela Smith apretó sus labios con fuerza, y por un instante pareció que una lágrima iba a aparecer su rostro. Una buena manera de resolver el problema de la residencia de Scootaloo, pensó Restraining Chain mientras calculaba cómo sonsacarle información sobre Rarity.

—¿Scootaloo huérfana? Qué desgracia tan grande… —dijo ella con ojos consternados, pero mirada firme—. Pero la verdad es que se veía venir. Oh, qué pena de chiquilla, huérfana con tan pocos años e incapaz de salir adelante… —murmuró la señora Smith, cerrando los ojos y reflexionando por un instante.

—¿Usted conocía a Broke Home? —preguntó el policía, vivamente interesado. Podía hacerlo pasar por una pregunta por Scootaloo y a lo mejor le proporcionaba pistas sobre su paradero.

—Sí, alguna vez venía a recoger a Scootaloo cuando terminaba de jugar con sus amigas. Pero sólo alguna vez, porque la mayoría de las veces volvía sola a su casa. Yo veía en su mirada que no era un buen padre, pero ¿qué le iba a hacer yo? Seguramente eso le hubiera causado muchos problemas, y yo no tengo derecho a meterme en las vidas ajenas.

—Si usted es testigo de un crimen, debería ayudar a solucionarlo —afirmó él por impulso. La abuela Smith le dirigió una mirada cargada de preguntas, y él para disimular preguntó—: ¿Tiene usted alguna idea de cuál podría ser un lugar al que se dirigiera, o de dónde es?

—No, la verdad es que no lo sé —dijo ella, aún intrigada por aquella reacción—. Como le he dicho, sólo le veía cuando venía a por Scootaloo. Una vez le pegó un bofetón por cualquier tontería, yo le reprendí y él me empujó al fango. Bueno, eso es agua pasada. No me alegro porque haya perdido a su padre, pero pienso que no era el mejor que podría tener… Espero que pueda encontrar a alguien al que verdaderamente pueda llamar padre —afirmó ella con serenidad.

—Tiene usted mucha razón —afirmó Restraining Chain—. Dudo mucho que el ambiente en el que sospechamos se ha criado Scootaloo le convenga. De todas maneras, necesitamos que ella sienta que tiene un hogar y una familia. ¿Está verdaderamente dispuesta a permitir que viva con ustedes?

—Por supuesto que lo haré. A fin de cuentas, ayudar a los demás a solucionar sus problemas es la mayor recompensa que puedes esperar de un gesto altruista.

El policía tamborileó con los cascos. El asunto del alojamiento estaba definitivamente resuelto, pero no así el del paquete. No sabía cómo preguntarle sin causarle un infarto, por lo que simplemente comentó.

—Es usted muy amable al permitir que Scootaloo se aloje con ustedes. Sin embargo, deberían tener cuidado de no contárselo a nadie, porque aún no sabemos adónde es capaz de llegar Broke Home —advirtió, mientras estudiaba qué decir a continuación.

—De nada. No se preocupe, así lo haré —dijo ella con sencillez, para después pasar al ataque—. Usted es policía, ¿verdad?

Restraining Chain se quedó completamente fuera de combate. Él sólo le había dicho que era de Canterlot. ¿Cómo podría haberlo averiguado? No le había enseñado la placa, y no creía que allí llegaran noticias de Canterlot. Es más, no creía que allí llegaran noticias. Sorprendido, sólo pudo preguntar:

— ¿Eh? ¿Por qué lo dice?—El policía puso cara de póker y aparentó una naturalidad que estaba muy lejos de sentir, mientras buscaba alguna manera que le permitiera salir airoso de la situación.

—Porque cada vez que le doy una respuesta usted pone unos ojos que delatan que está analizando todo lo que le digo. Además, ¿por qué iba a acudir ella a un perfecto desconocido cuando tiene en el pueblo a muchos ponis que la apoyarían? —La expresión de sorpresa que había puesto Restraining Chain ante aquellas deducciones hizo pensar a Granny Smith que estaba en lo cierto, y con mucha más confianza, pero también más cautelosa, siguió preguntado—: No creo que mienta respecto a Scootaloo, pero usted no ha venido sólo por eso, ¿no?

—No, señora, lo reconozco. También vengo por otro asunto. Verá, estoy investigando un caso, y hoy me ha caído encima un paquete que se dirigía a esta granja. No quiero ser desconfiado… pero pienso que se trata de un atentado.

La abuela Smith retrocedió, pero Restraining Chain estaba demasiado centrado en sus cálculos como para darse cuenta. Si aquella familia estaba implicada en el complot para acabar con su vida, tenía que sacar a relucir sus instintos policiales. Quizá no esté todo perdido, pensó. Sólo tenía, como antes, que estar atento.

—¿Le han intentado matar? Pobre, pobre…—afirmó consternada—. ¿Le apetece una tarta de manzana?

—No gracias. Simplemente, ¿ustedes esperaban algún paquete?

—Sí—dijo ella, extrañada de la poca importancia que parecía darle a estar al filo de la muerte—. Con las últimas nevadas se ha hundido el techo del granero; y Rarity, una amiga de mi nieta Applejack, nos ha mandado herramientas y madera. ¿Por qué?

La expresión de la anciana revelaba a Restraining Chain que no mentía, y el hecho de que no tuvieran dinero para arreglar el granero permitía a Restraining Chain descartar a aquella familia. Pero eso significaba que estaba en el mismo sitio que antes de venir…

Una idea se comenzó a formar en su cabeza, y los ojos le brillaron; y es que todo parecía confirmarla: el granero, Fluttershy, a la que encima subían los precios un trescientos por ciento… La tal Rarity parecía nadar en dinero. Según lo que había oído, era simplemente una costurera, y dudaba que alguien así tuviera muchos beneficios. Necesitaba interrogar a la tal Applejack, y rápido.

—De acuerdo. Sólo por verificarlo—afirmó fríamente—, ¿puedo hablar con su nieta Applejack?

—¿Applejack? No, lo siento, señor. Dentro de nada será la temporada de cosechas de las manzanas zap, y necesitamos todos los cascos posibles para que nos ayuden. Pero por la noche sí podrá hablar con ella.

Discutir con la anciana no le traería ningún beneficio, y lo más probable es que si lo hiciera todo acabara en cotilleos de fuente. Además, seguro que interrogar a Helping Minion le daría más información y más fiable que la de Applejack.

—De acuerdo, no se alarme. Simplemente, quería interrogarla sobre las reparaciones…

—Oh, esas reparaciones —comentó ella—. Verá, generalmente tenemos mala suerte con el granero y Rarity, una amiga de mi nieta, nos ayuda siempre. Es de lo más generosa… ¿Por qué lo dice?—preguntó la abuela Smith

—No, nada —aseguró él para no despertar sus sospechas—. Simplemente es que… tengo una corazonada.

—Los ojos del corazón son los que ven de verdad, pero no va a presentarlos delante de los jueces. Necesita pruebas sólidas.

—Lo sé, señora —aseguró, mientras se ponía en pie—. Ha sido un placer. Me tengo que ir ya. El trabajo de la comisaría no se va a hacer solo.

—De acuerdo —comentó la abuela Smith, mientras se ponía también en pie y acompañaba al policía a la salida—. Muchas gracias por la visita, y tenga suerte en su caso. No se preocupe, nosotros nos encargamos de Scootaloo.

Finalmente, el policía salió de la casa y se despidió de la anciana, y una vez estuvo fuera, trotó por Sweet Apple Acres en dirección a la comisaría bajo la luz de la luna, con una total expresión de concentración en su rostro. Llegaba tarde al segundo interrogatorio, que tenía que ser el definitivo. Por ello, debía llevarlo preparado y ensayado por adelantado.Y es que, aunque su visita no hubiera sido del todo infructífera, la anciana tenía razón: por mucho que su corazón hubiera creído reconocer ya al culpable, no le iba a ser fácil encontrar pruebas que le incriminaran.


Con trote suave para que nadie les viera, y ocultándose en las sombras que la Luna había sembrado por todo el pueblo, Rarity y Snipershot se aproximaron a la comisaría. Un ligero hechizo sobre la pared bloqueado permitió a Rarity identificar cuál de las celdas de la comisaría era la de máxima seguridad. Con una sonrisa nerviosa, la magia del cuerno de Rarity se desvaneció, y el sicario se acercó con pasos inseguros.

—Jefa… ¿seguro que lo que usted va a hacer no es demasiado arriesgado? ¿Qué van a pensar si la ven estar en frente de la celda de Helping Minion?—susurró Snipershot casi sin atreverse a hablar.

—No lo sé, pero no creo que sospechen de mí —afirmó con voz temblorosa, sin creérselo ella misma—. ¿A ti se te ocurre un método mejor para saber qué dice Helping Minion?

—No… —dijo, consciente de que la única alternativa era penetrar en la comisaría, y eso implicaría la identificación de todos los mafiosos.

Rarity, que sabía muy bien que el mayor peligro para un sicario era estar nervioso, suspiró y contempló la expresión consternada de Snipershot, y para ella fue muy fácil distinguir los surcos que dejaba el sudor que recorría todo su cuerpo.

—Mira, si te quedas más tranquilo, súbete a ese tejado y dispara si alguien intenta hacerme algo, ¿vale? —le propuso la mafiosa para ver si aquello ayudaba en algo.

—De acuerdo… —cedió él.

Enormemente preocupado, aunque tratara de no demostrarlo delante de Rarity, el sicario siguió las instrucciones de su jefa. Todo aquel plan implicaba demasiada exposición, demasiado estar al aire abierto, y además aquello era un trabajo demasiado importante para fracasar; y es que en su corazón era un sicario y su trabajo le impelía a ocultarse en las sombras y a esconderse siempre. Eso de tener que realizar las operaciones a cielo abierto le parecía un crimen, pero si la jefa lo decía, no se equivocaba. Las gotas de sudor que surcaban su cuerpo acabaron por caer en su cerbatana, e hizo un gesto para eliminarlas. De nuevo apuntó, y por primera vez en muchos años, prácticamente desde sus primeros crímenes, su pulso tembló.

Rarity, por su parte, había logrado engañarse a sí misma y ocultar su nerviosismo e inseguridades tras una capa de seguridad, y conjuró un hechizo para poder oír todo lo que pasara en la sala. Un sonido seco y regular entró en su campo de audición, y la unicornio supo que era su propio corazón. Antes de que aquello pudiera hacer aflorar sus miedos, se escuchó un nuevo ruido en la estancia: cuatro golpes regulares que entraban en la celda de Helping Minion. Rarity enterró de nuevo sus preocupaciones y aguzó su oído al máximo: Restraining Chain había entrado en la sala.

—¿Qué, recapacitando? —preguntó el policía.

Rarity se extrañó de aquella respuesta, ya que suponía mayor seriedad, y entonces recordó el carácter difícil de Helping Minion y no pudo evitar sonreír. Seguro que le había sacado de quicio en el primer interrogatorio.

—No, planeando tu muerte —respondió secamente, y Rarity sonrió: aquel era Helping Minion.

—Qué pena que no vaya a ocurrir —vaciló Restraining Chain—, y Rarity suspuso que Helping Minion rechinaba los dientes—. Te pregunto otra vez, ¿quién es tu jefa?

Al escuchar aquella revelación, la audición de la unicornio fue interrumpida por los rápidos latidos de su corazón que bombeaba la adrenalina a toda velocidad. ¿Cómo se le había ocurrido decir que quien estaba a la cabeza de la organización era una yegua?

—Celestia abdicará antes de que te lo diga —aseguró, con la rabia enturbiando su voz.

—Con lo bocazas que eres, no me extrañaría que pasara, ¿sabes?

—Eso espero. No sé qué piensas de ella. —Restraining Chain aguzó el oído por si a aquel sinvergüenza se le ocurría atacar a la monarquía, y el criminal prosiguió—: No es perfecta; es más, tú eres tan sólo un instrumento de su represión. Y mientras tú estás aquí temiendo por tu vida, ella está cómodamente sentada en su trono comiéndose una tarta. Explícamelo porque no lo entiendo: ¿prefieres ser una marioneta a un pony libre?

Rarity esperaba escuchar un bofetón como respuesta a aquellas afirmaciones, pero por algún motivo nunca se produjo. Por el contrario, cuando el policía habló, lo hizo con la voz más calmada que logró encontrar.

—Verás —Rarity imaginó que ardía por dentro, pero evidentemente se estaba controlando muy bien—. ¿Sabes por qué hay una monarquía, actualmente diarquía? Es porque, sin alguien en el poder, la escoria como tú puede medrar sin control, amparándose en la libertad para cometer las más horribles atrocidades. Un Rey encarna al estado, y por ello deben los ciudadanos obedecerle. ¿Quién iba a ejercer si no el poder, vosotros? —Ignoró un comentario de Helping Minion, y prosiguió—: Sin un poder fuerte, nos sumiríamos en la anarquía más absoluta. Celestia es la garante de que la estructura social no se venga abajo y afloren los más bajos instintos de los ponys. Levanta el Sol cada día, incluso si hay quien como tú que no merece más que las tinieblas. Y, por todas estas razones, es mucho más digno servir a la ley que al dinero, marioneta —devolvió Restraining Chain—. Y ahora, si no te importa… ¿Me puedes contar alguno de tus negocios?

Rarity imaginó que Helping Minion se habría muerto de aburrimiento durante aquel afectado discurso, y su mente comenzó a divagar. No, no debía hacerlo. Le había hecho una pregunta a Helping Minion, y el unicornio era capaz de liarla otra vez. Casi sin darse cuenta, rogó que aquello no ocurriera.

—No, imagino que no. Puedes chivarte a mamá Celestia, que me castigará como al niño malo que soy. ¿Es tan infantil como he dicho tu visión del mundo?

—Mi visión del mundo no es infantil, sino madura. Cada cual debe asumir sus responsabilidades y hacer lo correcto —dijo él irritado. Estaba claro que aquello no iba a ninguna parte, y el policía decidió cambiar de táctica. Con voz insegura, comentó—: Pero me parece que sí voy a tener que ir a ver a Celestia, porque si no resuelvo el caso, me relevarán…

Ni lo resolverás nunca, mamarracho—dijo él con una enorme sonrisa—. ¿Y sabes por qué? Porque ocultamos las drogas muy bien. Nunca cogerás un cargamento, es más, cuando tú estabas aquí, nos llegó un cargamento de coca, y ni lo oliste. Así que mala suerte. Quizá la próxima vez… ¡Ah, no, espera, que te largan por inútil!

Fuera de la comisaría, la desesperación de Rarity comenzaba a traducirse en gestos y coces. ¿Cómo podía Helping Minion ser tan tonto como para caer en esa?

—No me creo que fuerais más listos que Moonchaser —comentó el policía, siguiéndole el juego, seguro de que así podría sonsacarle más datos—. Él ocultaba bien sus ganancias ilícitas, pero vosotros no tenéis la excusa de que vuestra jefa ya es rica, ¿no?

—No, pero lo ocultamos en un negocio —dijo, antes de cambiar completamente su expresión facial ante la sonrisa de victoria de Restraining Chain—. Joder, lo que he soltado—murmuró, golpeándose contra la mesa.

Completamente presa del pánico, la unicornio comenzó a pegarse cabezazos contra la pared. Aquella afirmación acababa de eliminar de un plumazo a la mayoría de los habitantes de Ponyville de la lista de sospechosos, y acababa de meterla de lleno en ella. De nuevo, los latidos de su corazón que la impelían a actuar de una vez y entrar a aquella comisaría para liberar a Helping Minion entraron de lleno en su mente. Sin embargo, se contuvo mentalmente y se dispuso a esperar. No podía hacer nada mejor.

Contrariamente a la opinión de Rarity, Restraining Chain sabía que en realidad aquello no le había resuelto nada. Habiendo localizado al criminal en Ponyville, se había hecho evidente que el dinero de la mafia debía ser blanqueado en algún negocio. Pero aquel estado de inseguridad de Helping Minion le convenía, por lo que decidió picarle un poco más.

—Bien, bien. No está mal. Algo más para la investigación. Si sigues así, te daré beneficios carcelarios —ironizó el policía.

—Y yo los aprovecharía bien—dijo él con chulería.

—¿Ah, sí? ¿Te irías a hacer concursos de magia con la jefa? —inquirió Restraining Chain.

El corazón de Rarity se paró por un instante, y la unicornio rogó que no revelara nada. Una unicornio que tuviera una tienda en Ponyville reduciría muchísimo las posibles opciones que Restraining Chain podría seleccionar. Es más, estaba segura de que ella era la única. Enormemente angustiada, comenzó a cargar un pulso másgico en el cuerno.

—¿Qué concursos? —Restraining Chain ocultó la cara de fracaso tras una máscara de atención y siguió escuchando. Por su parte, Rarity expulsó todo el aire acumulado en sus pulmones en un enorme suspiro de alivio, disolvió la magia de su cuerno e hizo lo mismo que el policía—. Estaría con Deepsea, una yegua como nunca has conocido, seguro.

De nuevo, un escalofrío de terror recorrió la columna vertebral de la mafiosa hasta el extremo de su cola, y la tensión acumulada en su cuerpo volvió a aflorar en forma de nervios y sudor. Aquello era casi tan importante como la afirmación anterior. Una vez en el Club Carrusel, bastaba explorarlo a fondo para hallar los pasajes secretos y entrar tanto a su despacho como a la propia boutique, además de a las habitaciones de las ilegales y Suri Polomare. Y como descubriera a Lazycop y lo interrogara, sí que estaba completamente perdida.

—¿Tienes novia? —inquirió Restraining Chain, ajeno a los temores de Rarity—. Vaya, vaya, parece que es cierto eso de que los tíos duros ligan más.

—No, no la tengo. Deepsea es una furcia del club…

Aquello era todo lo que Rarity necesitaba oír. Una lágrima rodó por su mejilla mientras cargaba un pulso mágico en el cuerno. De todos los que podían morir… todos menos Helping Minion. Había sido el capo y segundo más fiel que se pudiera imaginar. Pero si dejaba que siguiera hablando, revelaría los secretos de la mafia uno por uno, y no podía permitir que eso ocurriera. La mafia estaba por encima de las vidas, pero aquello… Las lágrimas que recorría en su mejilla se unieron a los charcos que se habían formado la noche antes, produciendo ondas que murieron en la orilla. Aunque él moriría por ella, matarlo no era tan fácil. Un suspiro precedió a la última frase.

—Helping Minion… ¿Por qué tú?—murmuró finalmente, liberando el conjuro asesino.

—¿Un club?—inquirió el policía. Estaba claro que había hecho bien al preferir interrogar a Helping Minion por delante de Applejack: ¡Aquel unicornio era una mina! Seguramente, con un tercer interrogatorio ya habría sacado todos los datos posibles—. Sí, ya mencionaste algo de eso cuando te detuvimos. ¿Es un club de criminales o de carretera?

—El club… ¡Ugh! —exclamó Helping Minion, llevándose los cascos al corazón.

—¿Qué pasa?—gritó Support alarmada, mientras se lanzaba sobre el prisionero.

Helping Minion no dijo nada más. Con un rictus de dolor en el rostro y los cascos firmemente asidos al pecho, cayó de lado, chocando contra el suelo con un ruido sordo. Pronto, el insoportable dolor que se concentraba en su corazón se extendió a su pata delantera izquierda, y pronto al resto del cuerpo. Las voces de los policías que se arremolinaban en torno a él se convirtieron en no más que sonidos indistinguibles unos de otros, mientras el dolor se iba adueñando de su ser. Y en su interior, supo que estaba sufriendo un infarto, y que había sido Rarity quien se lo había causado.

—¡Maldita sea, reanimadlo!—gritó Restraining Chain, mientras se lanzaba sobre el pecho del unicornio en un último intento de evitar que el unicornio muriera—. ¡Es un sospechoso que posee información confidencial!

Con la soberbia que había caracterizado todos los días de su vida, el unicornio observó divertido los frenéticos e inútiles intentos de los policías por reanimarle, e incluso se permitió esbozar una última sonrisa altiva que murió en un gesto de dolor mientras la muerte se iba adueñando de su cuerpo a pasos agigantados. Antes de cerrar los ojos por última vez, una última punzada de adrenalina recorrió su poderoso cuerpo, soltó una risotada sarcástica y pensó, antes de morir como había vivido:

—"Rarity…muero por ti. No nos falles"

Una última convulsión producida por la adrenalina recorrió al unicornio, antes de que sus ojos, anteriormente llenos de energía y que demostraban su arrogancia e impasibilidad, se volvieran grises y fríos, completamente muertos y se cerraran. Los dos policías se miraron horrorizados, intentando resistirse a la realidad y redoblando sus esfuerzos por salvarle, pero ya no había nada que hacer. Helping Minion había muerto.

Rarity, que había escuchado los últimos momentos de Helping Minion desde su cómoda posición, soltó un amortiguado grito de dolor cuando oyó el corazón del unicornio latir por última vez. Al instante, su llanto se redobló, y en un gesto reflejo, apartó la mirada y detuvo el hechizo que le permitía oír todo lo que ocurría en el interior de la celda. Ya había hecho todo lo que debía hacer. Había salvado a su organización, pero aquello para ella estaba en el segundo plano. El capo de Ponyville, y su segundo, estaba muerto. No, ella había matado a Helping Minion.

—¿Por qué esto ha tenido que ocurrir así? —pensó Rarity, mientras se alejaba llorando de la comisaría—. Tú no merecías morir… Tú no debías hacerlo… Tú no…

—Está muerto —cercioró Support, completamente estupefacta, mientras le tomaba el pulso al unicornio—. Nuestros esfuerzos han sido en vano

—Maldita sea, maldita sea… —murmuró el policía, antes golpear la pared de la celda con fuerza. Como poseso, comenzó a pegar coces a la celda, para después gritar a pleno pulmón—: ¡Esto no tenía que ocurrir así! Ahora nuestra fuente de información está muerta. ¡Muerta!—gritó a Support. La pegaso se limitó a mirarle serenamente, mientras el policía proseguía—: ¿Dónde vamos a encontrar una fuente de información semejante? La resolución del caso ¡se acaba!, ¡de!, ¡desvanecer!—chilló, con una última patada.

—Lo sé. Pero nos ha dado mucha información útil, por lo cual esto no ha sido del todo infructífero —dijo ella para intentar sobreponerse—. Ahora que está muerto, lo único que podemos hacerle es darle un buen funeral.

Aún incrédulos, los dos policías sacaron el cuerpo de Helping Minion oculto en un carro y se dirigieron al cementerio próximo, donde lo enterraron con cuidado y siguiendo todas las fórmulas necesarias. Si bien los criminales eran deleznables, todos merecen un último descanso digno, pensaron mientras cubrían el cuerpo. Una vez terminaron, pusieron una señalita en la que se indicaba quién estaba allí y se dirigieron a trote rápido a la comisaría para interrogar a Applejack. Si había que señalar algo positivo de todo aquello es que el capo les había ofrecido información inestimable para resolver el caso. Pero su muerte era un precio demasiado elevado para todos.


—Tranquilícese. Esto no nos va a llevar a nada —intentó decir Snipershot, antes de que Rarity le tumbara con magia.

—¿Que me tranquilice? ¿¡Que me tranquilice!? —gritó la unicornio, completamente fuera de sus casillas. De nuevo, levantó a Snipershot con su magia, le empotró en la pared y le espetó con el rostro arrebatado—: ¡He tenido que matar a Helping Minion! ¡De todas las cosas malas que podían ocurrir, esta es sin duda la PEOR! —gritó, olvidándose del sicario, cayendo sobre su sofá y sumergiéndose de nuevo en el llanto.

Sinpershot cayó aparatosamente al suelo una vez se interrumpió el caudal mágico que emanaba del cuerno de Rarity, y solo se puso en pie una vez comprobó que no había afectado a su cerbatana. Preocupado, pero cauteloso, se acercó a Rarity para tratar de calmarla. Si aquella situación se mantenía demasiado tiempo podía destruir la mafia.

—Por mucho que usted llore, sus lágrimas no nos van a devolver a nuestro capo. Así que le ruego que recapacite y reorganice nuestras defensas. ¿Por qué no seguimos intentando matarle?

—Nuestras defensas están completamente rotas —hipó la unicornio entre dos sollozos—. Helping Minion ha revelado muchos de nuestros secretos, y ya no sirve de nada intentar eliminar a Restraining Chain. Por mucho que intentemos reorganizarnos, nuestra caída es sólo cuestión de tiempo. Debería habele matado antes… No, no me hubiera atrevido antes…

De nuevo la unicornio rompió a llorar, y los torrentes salados que manaban de sus ojos comenzaron a formar un charquito en la lujosa alfombra de Rarity, que comenzó a amenazar con estropearse. Por su parte, Snipershot comenzó a había visto así a Rarity, y su corazón comenzó a latir a gran velocidad. Quizá la jefa tuviera razón y estaban perdidos.

—¿No tenemos ningún otro sistema de defensa? —inquirió él, nervioso, mientras tragaba saliva.

Al oír aquello, Rarity miró fijamente a Snipershot, tanto que el sicario temió haber dicho algo inadecuado y se encogió para evitar los golpes de la modista. Pero Rarity se limitó a observar pensativa algún punto del infinito, se levantó y dijo con voz temerosa:

—Lo hay… Pero es tan radical que hasta a mí me da miedo usarlo, máxime en la situación tan vulnerable en la que estoy. E implicaría muchas pérdidas, y riesgos para todos los miembros de la mafia… Lo reconozco, no quiero usarlo.

—Pero es necesario hacerlo—afirmó Snipershot con firmeza, mirando fijamente a los ojos a Rarity—: Si es necesario, moriré por usted.

Aún con los ojos llenos de lágrimas, Rarity se fijó en Snipershot, y su mente comenzó a procesar aquella información. En todo el tiempo que llevaba sirviéndola, Snipershot siempre había demostrado una lealtad y una adhesión absolutas a la mafia, nunca había desobecido ninguna orden y era completamente leal a la organización. En momentos de urgencia, si ella le dejaba claras las órdenes que debía seguir, podía ejercer perfectamente de segundo.

—Snipershot, muchas gracias—dijo ella dándole un abrazo, lo que provocó que el sicario enrojeciera—. Por tu fidelidad a la mafia, te voy a enseñar algo que nadie, salvo Helping Minion, sabía. Ven aquí. Es la hora de activar el protocolo Fénix.

Azorado por aquella confianza tan súbita, Snipershot siguió a la unicornio a través de los numerosos pasillos que componían el complejo subterráneo que yacía bajo la boutique. Sin embargo, había algo que le inquietaba aún más: ¿qué podía ser el protocolo Fénix? Y más aún: ¿Por qué había dicho antes que se negaba a activarlo?

—Jefa, ¿en qué consiste el protocolo Fénix? —inquirió, incapaz de contenerse más.

—Verás, Snipershot—comenzó a relatar Rarity con un suspiro—: Cuando la mafia comenzó a extenderse y a ganar notoriedad, empezamos a temer que la propia Princesa se fijara en nosotros, como ya había ocurrido con anterioridad con Moonchaser. Sabiendo que los efectivos de Celestia eran mucho mayores y que no podíamos hacer nada para luchar contra la monarquía, ideamos un plan mucho más sencillo: quemarlo todo para empezar de nuevo en otro sitio.

Snipershot tragó saliva. Desde luego era un plan bastante definitivo.

—Pero aunque se deshaga de todo, lo lógico es que la identificaran, ¿no?

—No —afirmó ella vehementemente—. Si todo ha desaparecido, la ley no permitiría identificarnos con el club y las drogas, porque no tendrían pruebas contra nosotros. Por eso se llama operación Fénix. Quemarlo todo para empezar de nuevo.

Aunque Rarity parecía estar muy segura de sí misma, Snipershot pensó que a lo mejor todo era una fachada en la que se ocultaba el miedo que realmente sentía hacia el fracaso. Espoleado por este pensamiento, comenzó a buscar fallos en aquel plan mientras Rarity seguía relatando:

—Pero todo se complicó con la historia de los Elementos de la Armonía—murmuró Rarity conteniendo la rabia, mientras pegaba un fuerte golpe con el casco en el suelo—. Soy un personaje público y sería muy raro que no volviera nunca a Ponyville. De todas maneras, este método sigue siendo efectivo si se hace bien. Es indemostrable que soy una mafiosa sin pruebas materiales.

—Pero jefa…—indicó Snipershot con inquietud—. Todos sabemos que los P.R.I.M.O.S pasan por encima de las leyes. Al más mínimo indicio de problemas, la encarcelarán.

—No, porque soy el Elemento de la Generosidad. Es absolutamente imposible que la Princesa Celestia se arriesgue a alertar a toda Equestria.

—¿Y entonces por qué huye?—inquirió Helping Minion poco convencido.

—Porque no sé el alcance de las investigaciones de la secreta, y estoy convencido de que mi contacto en Canterlot me puede ayudar a detenerlas. Venga, vamos. Es hora de que te diga lo que debes hacer.

Todavía poco convencido, pero con confianza ciega en su jefa, Snipershot siguió a Rarity a través de las múltiples galerías que componía el entramado subterráneo del Club Carrusel, tratando de memorizarlas para poder sellarlas todas o atrincherarse en caso de urgencia. Mientras, Rarity reflexionaba sobre lo que debía ocurrir el día siguiente, y trataba de encontrar un plan alternativo por si fracasaba el suyo. En un momento dado estampó el casco con fuerza en la tierra. Debía poder lograr que la mafia sobreviviera.

Finalmente, la unicornio abrió una puerta y ambos ponys observaron a vista de pájaro una amplia sala en la que se podían distinguir una barra de bar, barras americanas y yeguas y caballos que bailaban.

—Como sabrás, este es el club. ¿Has estado alguna vez aquí? —preguntó la mafiosa.

—No, yo tengo novia y le soy fiel —reconoció el pony, azorado.

—Perfecto, no te digo que no —aseguró Rarity con tono indiferente en la voz—. Pero verás, esta es nuestra principal fuente de ingresos y lo primero que va a encontrar ese —comentó con el tono más despectivo que encontró—. Por tanto, si sospechas que van a encontrar este sitio, mata a todas las furcias y entierra este sitio, para que nadie lo encuentre nunca. ¿De acuerdo?

—Sí—afirmó el sicario mientras hacía un gesto militar con el casco. Aunque prefiriese con mucho matar con su cerbatana, siempre podía hacer aquello otro.

—Perfecto. Siguiente paso: el laboratorio de drogas —enunció la unicornio, mientras llevaba al pony de pelaje dorado a otro lugar—. Es otra de nuestras fuentes de ingresos principales. En caso de que lleguen a este lugar, lo que tienes que hacer es sellar la puerta, quemar todo el género y trasladar a nuestros científicos a otro lugar. Los cuerpos bonitos son reemplazables. Las mentes brillantes, no.

El sicario trató de memorizar todos los datos que le decía Rarity y de asimilar el protocolo Fénix, que aún no terminaba de convencerle del todo. Al instante, recordó un dato que Rarity le había dicho una vez y rápidamente inquirió:

—Tiene usted razón, pero si no me enteré mal, hay una prostituta a la que usted salvaría la vida, ¿no?

Rarity, con todos los problemas internos, se había olvidado completamente de Fluttershy. Descolocada, miró al sicario antes de decir:

—Sí, es verdad. Es una pegaso con el cuerpo amarillo y el pelo rosa. Sus ojos son azules y su marca son tres mariposas. Si nos hundimos, adormécela y mándala a las Pegasus con nuestros científicos. Nos reconstruiremos desde allí. Para este caso, en la sala anexa a mi despacho hay una "cápsula de escape" que preparamos Helping Minion y yo. —Una lágrima surcó su rostro al recordar a su segundo—. Es un garaje en el que hay varias carretas que supuestamente vienen a comerciar desde Las Pegasus. Si es necesario, huye. ¿Sabes quién es Lucky Chip?

—Sí, señora. Lo vi cuando venía a las reuniones anuales.

—Perfecto. Huye si es necesario, no te arriesgues demasiado. Una última cosa. Aunque no es imprescindible, haz todo lo que puedas por salvar mis vestidos de élite. Si puedes enviarlos a un lugar seguro, mejor. Las ilegales también serán ejecutadas e incineradas sin dilación. No puede quedar rastro de nada.

Al parecer, la unicornio lo había planeado todo a la perfección. Snipershot se preguntaba por qué lloraba si era evidente que todo estaba perfectamente planeado.

—¿Y Lazycop?

—Haz lo que quieras con él. Por mí como si le ejecutas —afirmó ella indiferentemente—. En realidad, todo este plan pasaba porque él nos avisara con tiempo, pero como ese inútil no lo ha hecho, vas a tener que apañártelas solo.

El sicario asintió con la cabeza y Rarity procedió a darle las últimas instrucciones:

Me tengo que ir a Canterlot para quemar el último cartucho que nos queda. Si fracaso, te enviaré una carta a través de mi confidente para que actives el protocolo Fénix, pero de momento limítate a cerrar el Club. Si me ocurriera algo…—una lágrima postrera recorrió su mejilla antes de decir—: Lucky Chip será el nuevo jefe.

—No le va a pasar nada, jefa—aseguró el sicario, tratando de contener sus propias lágrimas.

—Nunca se sabe. Bueno, voy a hablar con Account, a inventarme alguna justificación para Sweetie Belle y luego a acostarme. Necesito reponer fuerzas para mañana. Adiós, Snipershot —se despidió la unicornio, dándole un suave beso en la mejilla al sicario. Confío en ti.

—Adiós…—dijo él embobado.

Snipershot permaneció algunos momentos en aquel lugar, demasiado impactado como para moverse. Pero después se introdujo en el despacho de Rarity, cuya puerta cedió sin hacer ningún ruido, con sumo cuidado para no romper ninguno de los carísimos objetos que decoraban la sala y tomó asiento en el suelo porque no se atrevía a sentarse en la silla de Rarity. Todavía no podía creerse todo lo que había ocurrido aquella tarde: la muerte de Helping Minion, su ascenso a segundo —aunque fuera de modo provisional y con toda seguridad hasta que Rarity nombrara a alguien mejor— y la activación del protocolo Fénix, que probablemente implicara la destrucción de la mafia. Un súbito cansancio se apoderó de su dorado cuerpo y el pony se tumbó, completamente agotado. Aún debía cerrar el Club e irse a su casa. Y sin embargo, a pesar de que sabía que el día siguiente sería mucho más peligroso, tenía la impresión de que ya le había pasado todo lo que debía de pasar en su vida.


Restraining Chain miró por tercera vez con aspecto taciturno a la brillante luna que se alzaba en el cielo, y sin poder evitarlo, sus pensamientos se dirigieron a la Princesa Luna. Seguro que la resolución de aquel caso era una de las prioridades de la familia real, y por un momento, Restraining Chain se sintió orgulloso de ser un engranaje tan importante de la maquinaria que permitía a los ciudadanos de Principado de Equestria ser felices y vivir en paz. Qué sería de ellos son la policía.

Pero aquel caso no se resolvería si Applejack no aparecía de una buena vez, pensó el jefe de la secreta mientras volvía sus ojos a la ventana. Se estaba retrasando bastante, y su instinto de policía le indicaba que probablemente le hubiera pasado algo. ¿Y si estaban vigilando a Scootaloo? ¿Y si todo era una maniobra de la mafia? No, estaba haciendo una montaña de un grano de arena.

—¿Se puede? —preguntó una vez femenina desde el interior, a lo que Restraining Chain respondió ordenando a la yegua del exterior que entrara. Internamente, se tranquilizó. Al fin había llegado Applejack.

La yegua entró con aire descuidado, pero a la vez firme. Cuando la vio, Restraining Chain abrió un poco los ojos y su mente comenzó a trabajar a gran velocidad. Estaba claro que aquella yegua había estado durante la fiesta de Pinkie Pie. Y más importante aún: sabía que tenía un negocio. Tenía que andarse con mucho ojo.

—Mi abuela, la señora Smith, me dijo que usted quería hacerme unas preguntas. ¿Qué quiere de mí?—preguntó la granjera con educación.

Bueno, la pony se había pasado toda la tarde recolectando manzanas y no podía haber hecho nada. Además, ninguna jefa de la mafia necesitaría pedir dinero prestado para arreglar el granero. Debía dejar abierta aquella posibilidad, pero no era obligatorio tenerla en cuenta. Había otra mucho más probable.

—Claro—dijo él, poniéndose derecho y observándola con interés —verá usted, si no le importa, me gustaría que me explicara la relación que tiene usted con la señorita Rarity.

La pony miró extrañada al pony que tenía enfrente. ¿Por qué hacía aquellas preguntas tan raras? ¿Es que acaso creía que mantenían relaciones y aquello estaba penado por la ley?

—Bueno, las dos somos muy buenas amigas—comenzó ella, midiendo sus palabras para no acabar en la cárcel por algún delito del que no tenía constancia—. Como sabrá, somos Elementos de la Armonía, y nuestra gran amistad ha salvado muchas situaciones peligrosas para Equestria. Aunque nuestra relación no sea de mejores amigas, es muy sólida, hasta el punto que ella suele pagarme las reparaciones. ¿Por qué? ¿Ocurre algo?

Restraining Chain sonrió un poco y dirigió su mirada analítica directamente a los ojos de la granjera, que le devolvió la mirada. Ambos se escrutaron, y tras unos instantes el policía volvió su mirada al cuaderno que tenía sobre la mesa; y, sin mirar a Applejack, preguntó:

—Entonces, suele pagarle las reparaciones del granero, ¿no es cierto?

—Sí—afirmó ella, sin saber muy bien aún de qué iba todo aquello—. Entre usted y yo, ella es bastante rica, hay quien afirma que aún más que el señor Rich, pero ella es muy generosa. —Hizo una pausa para tomar aire, y después continuó—: A fin de cuentas, ella es el elemento de la Generosidad. También suele ayudar al resto de habitantes de Ponyville. ¿Qué ocurre?

—Nada, en serio. No se preocupe—aseguró el policía, mientras apuntaba aquellos datos junto con una anotación que rezaba "las piezas comienzan a encajar"—. Y, si no le importa, ¿puede decirme algo sobre la relación de Rarity con Fluttershy?

A pesar de que la abuela Smith le había dicho desde muy joven a Applejack que no había que mentir —aquella enseñanza le había valido su Elemento—, a Applejack le entraron ganas de hacerlo en aquel instante. Era incapaz de ver el sentido de todo aquello, y temía que aquel no fuera en realidad un policía, sino alguna clase de enviado de un villano.

—Son las mejores amigas. Ella siempre le está pagando todo y ella la ayuda cuando puede en la Boutique. Siempre van al spa los martes. Y ahora, si no le importa, ¿puede decirme de qué va todo esto?—cuestionó Applejack, plantando los cascos sobre la mesa.

Restraining Chain sonrió, y no pudo evitar pensar que a él le gustaban las yeguas directas como ella. Pero una granjera nunca pegaría con él, por lo que se sacudió la cabeza y se limitó a indicar:

—Estoy llevando a cabo una investigación en este pueblo. Le hago las preguntas que considero necesarias para avanzar. Siento si la incomodo, pero este interrogatorio es imprescindible. Y ahora, una última pregunta. —La pony le miró, mientras Restraining Chain preguntaba— ¿Y alguna vez Rarity ha exigido el pago de una deuda? ¿Fluttershy podía afrontarlas?

—¿Pero qué se ha creído usted? —preguntó Applejack con indignación, pero Restraining Chain no mudó su expresión de curiosidad—: ¿Está sugiriendo que nuestra Rarity está haciendo… haciendo…? —Ella no sabía qué era exactamente lo que sospechaba el policía, así que se limitó a decir—: ¡Lo que sea que piense de mi amiga!

—No, no pienso nada. Tranquilícese. No pasa nada. El interrogatorio ha terminado. Por favor, siga ese camino que está por allí y salga a la calle sin hacer ruido. Muchas gracias por su colaboración.

Aún extrañada por aquella sucesión de preguntas a las que no veía ningún sentido, la pony naranja se dirigió a Sweet Apple Acres. Ya era muy tarde y seguro que Apple Bloom estaba preocupada. Pero, a la mañana siguiente, debía contárselo todo a la abuela Smith y a Rarity, a ver qué pensaban.

Por otra parte, Restraining Chain se quedó en la semipenumbra, bañado sólo por la luz de la luna que entraba con el ventanal, con una sonrisa que no presagiaba nada bueno. Terminados sus apuntes sobre el interrogatorio que debía mostrar a Support, había dejado de reflexionar, toda su mente concentrada en terminar un puzle en cuyo centro había colocado ya a Rarity. Como frase lapidaria en una esquina del papel, estaba escrito "Podemos estar equivocados. Pero todo encaja".


Account se sorprendió mucho al oír abrirse la puerta y ver a Rarity entrar sin pedir cita previa, pero mucho más le sorprendía su estado: su serenidad y orgullo habituales estaban completamente arrebatadas por la decepción, la tristeza, la ira y el llanto. La pony, ante aquellas señales, decidió que era mucho más juicioso no hacer ningún comentario al respecto y esperar a que Rarity le diera la noticia que fuere.

—Account —comenzó Rarity, pero pronto se frenó. Sin embargo, logró sobreponerse y decir con firmeza—: Necesito que me hagas unas cuentas.

—De acuerdo —dijo ella con tono neutro, para asegurarse de que Rarity no reaccionara negativamente. Tomó la pluma y los folios, y preguntó—: ¿Qué quiere calcular?

—El coste del protocolo Fénix—dijo con resolución.

Si Account no comprendía lo que pasaba, aquella afirmación le despejó completamente las dudas. Aquel nombre y aquellos gestos solo podían indicar que el protocolo Fénix era uno de autodestrucción. Era evidente que Rarity debía haber pasado mucho tiempo pensando en aquello, y que era la última solución.

—Jefa… Antes de calcularlo, debo preguntarle en qué consiste exactamente el protocolo Fénix—dijo ella humildemente, tanteando a su jefa.

—Consiste en la destrucción de todo lo que tiene la mafia: la droga, los laboratorios, las prostitutas, las ilegales, los edificios, todo. Se basa en que la ley no permitirá encarcelarme sin pruebas —dijo ella ceremoniosamente, pero intentando contener las lágrimas en el interior—. Quemar todo el sótano y mis dependencias con todo dentro, y después enterrarlo para que nadie lo encuentre jamás. ¿Cuánto cuesta eso?

Account imaginaba que el protocolo Fénix involucraba algo así, pero lo extremo de sus planteamientos le sorprendió incluso a ella. Era evidente que la policía secreta tenía que haberla puesto contra las cuerdas con la detención de Helping Minion, que ella había conocido unas horas atrás. Lo único que debía hacer en aquel instante era hacer las cuentas. Seguro que Rarity le acababa contando más cosas mientras.

—Yo no quería… —sollozó Rarity, incapaz de contener ya las lágrimas, que casi cayeron sobre el papel mientras Account pasaba rápidamente su pluma—. Yo pensaba que sería fácil quitarme de en medio a la secreta… y que todo se arreglaría fácilmente… —El torrente de lágrimas que brotaba de sus ojos duplicó su caudal, y siguió—: Mi estúpido orgullo le ha costado la vida a Helping Minion… Sólo soy una estúpida que no merece ser jefa ni de su propia tienda…

La contable tuvo que corregir dos errores y seguir haciendo cuentas mientras Rarity seguía lamentando el estado de cosas y criticándose. Account se sorprendió mucho ante la noticia de la muerte de Helping Minion, y más aún al saber que la secreta, ayudada por la propia inutilidad del unicornio, había forzado a Rarity a acabar con su vida. Así que, ahora mismo, la mafia de Ponyville estaba sin cabeza… Las cosas estaban mucho peor de lo que podía haber imaginado nunca.

Pero ella no podía hacer nada, pensó. No tenía ninguna intención de realizar la sucesión, y si ella estaba allí era solo porque le permitían trabajar con números, le daban mucha libertad y mucho dinero. Además, siempre pasaba algo interesante. La pony suspiró y terminó sus cuentas. Seguro que ya había sucesor.

—El coste total del protocolo Fénix será de pérdidas millonarias —anunció Account. Rarity lo esperaba, pero quería saber el coste exacto—. Sólo la droga y equipamentos, sabiendo que las remesas son casi nuevas, nos costará unas dos millones setecientos sesenta y cinco mil monedas. La inactividad de las prostitutas significará, en una semana, pérdidas de unas veinte mil monedas, y eso sin contar la muerte de las ilegales y quemar las ropas. Por lo menos—dijo seriamente— tiene usted dinero para renacer en Las Pegasus.

Ante aquella noticia, Rarity soltó un grito y cayó al suelo, llorando, pataleando y asegurando que aquello era lo peor que podía pasar. Account suspiró y guardó todos sus papeles. Desde luego no pensaba dejarse matar, y era muy probable que todo hubiera terminado para la unicornio.

—Piense usted que es mucho mejor perder millones de monedas que perder la vida. Además, todo no ha terminado. Seguro que ya tiene alguna solución. ¿Me equivoco?

—No, la tengo—dijo ella, limpiándose las lágrimas—. Pasa por ir a Canterlot a hablar con un contacto… pero no sé si saldrá bien.

—Seguro que sí lo hará. Yo misma le reservaré un billete en clase VIP a su nombre para que no tenga que salir a la calle hasta mañana muy temprano. Y ahora, si me disculpa, debo marcharme —afirmó ella, cogiendo la carpeta y largándose ante la mirada atónita de Rarity—. En el caso de que todo fuera mal, no pienso dejar que me incriminen como responsable de todo esto. No, en absoluto. Me retiraré a la granja de uno de mis familiares en Appleloosa, donde no hay mafia. Si todo sale bien, mándeme una carta y volveré enseguida. —La pony escribió su dirección de Appleloosa en un pequeño fragmento de papel y después se lo entregó—. Un placer servirla, Rarity. Espero que consiga salvar los muebles—se despidió finalmente, mientras abría la puerta.

Sin mirar por última vez a su despacho, la pony tomó la puerta y acabó saliendo de los dominios de Rarity, y sólo una vez estuvo en la calle, echó un último vistazo a lo que había sido su vida durante algunos años. Iba a echar de menos el lugar, el trabajo, el dinero y el Club, donde empleaba esas noches aburridas con los caballos y yeguas —como a ella le gustaba decir, podía escribir a lápiz y a pluma—que trabajaban allí. Y, aunque nunca se lo hubiera creído, iba a echar de menos a la mafia.

Por su parte, Rarity seguía contemplando la puerta estúpidamente. Sabía muy bien que aquella pony era muy independiente, pero nunca imaginó que llegaría a despedirse delante de una de las ponys más poderosas de Equestria. Seguro que era porque sabía que estaba en una situación muy delicada… Las ratas siempre abandonan el barco, pensó con ira y desprecio. Pero, en su interior, ella sabía que cuando volviera la volvería a contratar. A fin de cuentas, era la mejor en su trabajo.


—Chicas, hoy el club va a cerrar antes de tiempo debido a asuntos internos. Por lo tanto, no habrá más clientes ni hoy ni mañana —informó Snipershot. Tras asegurarse de que la puerta estaba sellada y bien sellada y que las prostitutas tenían un mínimo aporte de aire, Snipershot desapareció en dirección a su casa.

Fluttershy, tumbada sobre su cama, soltó un tímido "yay" al enterarse de la noticia. Alegre, saltó sobre el suelo enmoquetado, antes de detenerse súbitamente. La cabeza. Aunque el dolor había disminuido paulatinamente desde la mañana, seguía doliéndole bastante.

— ¿"Me golpearía un cliente con la cabeza y ahora no me acuerdo"? —pensó la pegaso, mientras recapacitaba sobre lo ocurrido la noche anterior.

Decidida a averiguarlo, se pasó un buen rato concentrada, tratando de recordar cualquier cosa, aunque fuera el más mínimo detalle, que le permitiera conocer alguno de los sucesos del día anterior. Pero finalmente debió desistir, al no encontrar ninguna solución. Y entonces, su mente comenzó a crear alternativas.

¿Podría haber tenido otra vez a Helping Minion? No, se acordaría. ¿Y si simplemente alguien la había forzado? Aunque ya había pensado aquella alternativa, cuanto más lo pensaba, más lógico le parecía. Total, todo el que pasaba por el club la maltrataba… Con una lágrima en la mejilla, la pegaso se echó sobre su cama. Ella no quería estar allí. Aquel no era su sitio. Su lugar era su cabaña, con sus animales y su adorado Angel. Aunque en el fondo, allí, como en todos sitios, la trataban como a un trapo…

Con más lágrimas, pensó en sus padres. La rechazarían, probablemente. Solo era una prostituta en un club de carretera, no una amable cuidadora de animales. Cómo cambiaban las cosas… Ella no quería seguir así.

—¡Noc, noc! ¿Se puede? —preguntó una voz femenina desde la puerta.Y, por algún motivo, el tono de aquella voz hizo que a la pegaso se le pusieran los pelos de punta.

—¿Eh? —respondió la pegaso, amedrentada. Acostumbrada a recibir desprecios de todos, se acurrucó en su cama, se cubrió la cara con los cascos y gimió en tono suplicante—: Sí, imagino que sí… ¿Qué queréis? No me hagáis nada, por favor…

—No te preocupes, no queremos hacerte nada —la tranquilizó una de las ponys que habían entrado en la habitación, de un azul profundo como el color del mar—. Solo queremos felicitarte, eso es todo.

—¿Fe… felicitarme? Si hoy no es mi cumpleaños… —afirmó Fluttershy extrañada, para después murmurar desconsolada—: Os queréis reír de mí, ¿verdad?

—No, de verdad, no seas así —dijo ella en tono diplomático, para después afirmar con malicia—. Ayer comprobamos que a ti también te va la fiesta. ¿No es verdad, Fiery Ruby?

—Claro, Deepsea —coincidió la otra prostituta, y se puso más cerca de Fluttershy, llegándola a coger de un casco—. ¿No quieres venir a tomar un vodka, o quizá dos? —añadió, guiñándole el ojo.

Extrañada, Fluttershy miró inocentemente a las prostitutas que la rodeaban y la incitaban a beber. ¿Por qué al principio ni siquiera se fijaban en ella y ahora se empeñaban en que las acompañaran? Ella era simplemente incapaz de procesar todo aquello, por lo que limitó a afirmar cándidamente:

—Pe…pero papá me prohibió el alcohol… Dice que te hace hacer cosas malas…

—Pues anoche poco te importó, cariño —añadió Deepsea, avanzando lentamente hacia Fluttershy y mirándola con aire de superioridad—. Incluso escandalizaste a todo el bar porque no querían darte más.

No, aquello simplemente no podía ser verdad. Ella no se atrevía a moverse de su esquina y no iba a armar un escándalo, menos por no poder beber.

—¡Mi…mientes!—replicó la dulce pony—. ¡Yo nunca tomaría eso!

Deepsea sonrió. Era completamente evidente por su reacción que ya la tenía dominada y que romperla iba a ser lo más fácil del mundo. Ya sólo tenía que demostrarle quién estaba por encima para consumar su venganza.

—Mírame a los ojos —indicó la prostituta, asustando aún más a Fluttershy—. Sí lo hiciste. ¿O es que me quieres dejar por mentirosa, Putashy?

-N…no —tartamudeó Fluttershy, encogiéndose—. P…pero….

La pobre pegaso retrocedió, amedrentada ante la mirada inquisitorial de Deepsea. Por mucho que la amenazara y le gritara, Fluttershy sabía que ella no podía haber bebido. Nunca lo haría. Sus padres pensaban que emborracharse era de malas personas, y, por mucho que ahora no fuera la hija que deseaba, nunca bebería. Ella sólo bebía agua y zumos de frutas, y nada más.

—¿O no me crees? Sí, eso es más factible. Pero lo hiciste, créeme. Y no sólo eso, sino que hiciste el mejor baile erótico que he visto en mucho tiempo. Parce que al final vas a ser una de nosotras, ¿eh?

No, eso sí que no. Existía una posibilidad muy remota de que hubiera bebido, pero no de que hubiera bailado. Exponerse a todos aquellos caballos, a sus miradas lascivas, a sus insinuaciones, y finalmente, acostarse con ellos no cuadraba en su naturaleza. Por mucho que Rarity la hubiera engañado y forzado a prostituirse, ella no se iba a exponer como un trozo de carne. Desafiante, miró a Deepsea.

—No…no puede ser verdad. Yo nunca haría eso.

—Ya te he dicho que lo hiciste, ¡y cómo lo hiciste! —La pony hizo un pase con el casco y aseguró sonriendo—: Encandilaste a toda la audiencia, sobre todo cuando hiciste como si tuvieras unas esposas, ¡y eso por no hablar de cuando fingiste violar a uno! Yo creo que el momento culminante fue cuando te quitaste al final toda la ropa… Sí, ese fue.

— ¡Y no olvides cuando se llevó a cuatro a la cama a la vez!—apostilló una de detrás, deseosa de ayudar a Deepsea—. ¡Va a resultar que Putashy es la más guarra del lugar!

—¡No, no lo soy!—exclamó angustiada, mientras trataba de encontrar algo que demostrara que no podía ser así—. Yo soy una buena chica, ¡no como vosotras!

Si Deepsea se sentía agraviada por el insulto, no lo demostró. Ella sabía muy bien que la situación estaba dominada y que le quedaba muy poquito para consumar la venganza de la noche anterior. Una sola afirmación bastaría para romperla. En cambio, se acercó todavía más a Fluttershy, con una sonrisa siniestra en la boca y le murmuró al oído:

—¿Sabes qué? Dicen que el alcohol revela cómo son las personas en realidad. Lo que a ti te pasa es que te has construido esa faceta de chica buena para ocultar que en el fondo eres la puta entre las putas, capaz de competir conmigo en horas altas. Si fuera tú, me cambiaría el nombre, Putashy —espetó al final.

La pegaso se encogió. Vagos recuerdos de la noche anterior comenzaban a aflorar en su psique, y todos ellos corroboraban lo que había dicho la pony que le miraba con odio. Las lágrimas afloraron al mismo ritmo que los recuerdos, y, cuando finalmente llegó a la parte más oscura de la noche anterior, Fluttershy no pudo evitar soltar un grito de horror de sí misma. Deepsea tenía razón. Era despreciable. Era un trozo de carne. Era Putashy.

—¡Basta!—gritó una de las trabajadoras, de melena y ojos violetas, que había ido allí a curiosear—. ¿No ves que la has roto mentalmente?

—No lo he hecho —aseguró la pony azul, mirando a la pegaso con una sonrisa de superioridad—. Sólo la he ayudado a conocerse mejor. ¿No es eso cierto, Putashy?

La dulce pegaso se limitó a sollozar y a murmurar algo ininteligible, antes de volver a gritar y acurrucarse en posición fetal, con los ojos bañados en lágrimas.

—Te has pasado, Deepsea. A diferencia de ella, yo sí puedo defenderme sola, y como no dejes a Fluttershy en paz, te mando hacia Las Pegasus sin necesidad de magia.

—Ohh, ¿Las Pegasus? ¿Quieres que también "eduque" a tu hija? ¿O es tan guarra como su madre? Oh, sí que lo es, ¿verdad, Gallant Wing?

Aquella afirmación sublevó a la pegaso. Podía muy bien meterse con ella, pegarle si quería. Pero no pensaba consentir que aquella golfa agraviara a su familia por defender a Fluttershy.

—¡No te metas con mi famila! —gritó la pegaso, mientras se lanzaba al cuello de Deepsea.

—¿¡Qué haces!? ¡Ven a por mí! –respondió Deepsea, poniéndose en posición de pelea.

Completamente ajena a la pelea que se desarrollaba fuera, Fluttershy lloraba desconsoladamente. Aunque ella hubiera pasado toda su vida creyendo que era nuna buena chica, no lo era. En su subconsiente, sólo era un trozo de carne, igual que Deepsea.

No. Ella era mucho peor. Ella se había mentido a sí misma y a sus padres.

Ellos la rechazarían, y toda la razón del mundo que tendrían. ¿Quién iba a querer tener a alguien tan asqueroso como ella a su lado? No merecía tener a sus amigas. De hecho, no merecía ni siquiera servirlas. ¿Y sus mascotas? ¡Cuidadas por una ninfómana peligrosa! Angel la odiaría toda la eternidad, porque era un conejo decente y digno de un ama mejor. Debían revertirse los papeles en todo caso. Ella por debajo, lo que se merecía.

Una idea comenzó a formarse en su cabeza, lenta como una serpiente, sigilosa como un lobo. Si la podía concretar…no, mejor que no la llevara a la práctica. Lo que ella merecía era quedarse en aquel Club.

Para siempre.