El siguiente fic posee pensamientos y situaciones que puedan causar incomodidad a algunos lectores, por este motivo, advierto que esta bajo la categoría M por motivos de sobra, si desean continuar leyendo, por favor tengan en cuenta esto, gracias.
Gracias a mi beta, Isis Janet, que continua trabajando con esta historia, gracias por tu paciencia.
Disclaimers: los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer.
La convivencia
"Ódiame tanto que sea en lo único que puedas pensar, que cada parte que te compone este enfocada en mis movimientos, en mis pensamientos, en mi respiro, mientras buscas la forma de matarme, de erradicarme de la tierra. Puedes maltratarme, torturarme, despedazarme, pero solo evócate hacia mí, que sea lo único que exista en tu mundo, no permitas lugar para nada más en tu vida, ya que tampoco lo hay en la mía, mientras espero morir bajo tus manos."(i.d.h.i.)
Pesaba tanto poder respirar, con cada inhalación podía sentir como sus pulmones se expandían, como los músculos se estiraban, como su caja torácica se amoldaba pero todo era en forma dolorosa; sentía sus ojos extraños, los parpados hinchados que le costaba tanto poder abrirlos, su cuerpo en su totalidad estaba molesto, cansado, derrotado y al igual que su mente que estaba todavía algo adormecida deseaba poder descansar largamente, pero dormir no sería suficiente, sino que buscaba otro tipo de relajo aunque no entendía todavía cual era. Una carga enorme percibía en su pecho, que era lo ocasionaba que le doliera respirar, su garganta estaba aplastada, jamás englobo tanta angustia, solo había un día que se le comparaba, el día que Edward le dijo que la odiaba y se marcho, pero este era un diferente tipo de dolor, mas no dejaba de ser intolerable.
Se sentía tan rota, su cuerpo estaba disperso por tantos lados y lo único que se mantenía con ella era el dolor y esa dificultad al respirar, de captar el aire en forma completa, no dejándola pensar claramente. La oscuridad absoluta la rodeaba, la envolvía como un manto, tenía miedo, le calaba los huesos esta nada, pero no podía llorar, estaba demasiado cansada como para hacerlo, mientras su mente de a poco le fue informando porque se sentía tan derrotada, tan sola en medio de la nada; su cerebro le fue recordando lo que paso, como el infierno se había desatado sobre los que más amaba, y como, su querido Charlie, había dejado de existir, había dejado de respirar, mientras que ella le costaba tanto poder seguir haciéndolo. Por que el cielo había decidido que Charlie se tenía que marchar dejándola desamparada, porque su mamá estaba herida, y era posible que también se marchase, quedándose sin amor, sin compañía, sin nada. Su garganta pareció querer ensancharse, pero realmente estaba cerrada, causando que un ligero sollozo se le escapara.
Porque todo era horrible, porque algo desastroso había pasado, porque la vida era perversa con las personas buenas y no tenía piedad alguna ¿le había dolido? ¿Había sufrido mucho antes de morir? ¿Por qué su padre tuvo que morir? ¿Qué pecado imperdonable cometió para perecer de esa manera? ¿Y que había de su madre? su madre siempre daba amor y compresión por donde quiera que iba ¿acaso Dios no se dio por enterado de ello? ¿Cómo pudo permitir tal atrocidad? Ninguno de los dos era malvados bajo ningún concepto, eran tan asombrosos y admirables en su propia forma ¿así que porque su padre tuvo que morir y su madre estaba grave? No encontraba respuestas a sus preguntas, porque su mente no le dejaba despejarse un poco, solo la oscuridad de la nada estaba con ella, porque ya no había nadie para ella, todos estaban demasiado ocupados llorando y sufriendo, para si quiera poder decirle que ella no estaría sola, que alguien estaría con ella.
A pesar del dolor que su cuerpo experimentaba, de la angustia y la desolación, se sentía cómoda, como si algo calido la estuviese protegiendo o calmando, porque deseaba tanto llorar hasta que los ojos se le secaran, gritar hasta no tener más voz y simplemente desaparecer para no seguir sufriendo, porque dormir no era suficiente, sino que necesitaba dejar de ser para poder distenderse al menos un poco; pero ese algo que ya estaba llegando hasta lo más profundo de su oscuridad para acunarla, dándole una pauta que todo estaba bien, que ese calor jamás se iría, no le permitía dejar hondar más en su dolor, solo en sentir esa afectuosidad, y el aroma, que solo pertenecía a un ser maravilloso, se fue presentado en donde estaba, entonces el contacto de algo duro en su espalda, sumado al hermoso canto de un ángel, logro que su curiosidad fuese más grande y pudo al fin abrir los ojos.
La luz tenue afecto un poco su vista, sus ojos estaban cansados, ya que había llorado hasta dormirse, pero pudo enfocar lo suficiente como para darse cuenta en donde estaba. Edward la estaba mirando, mientras que ambos estaban acostados en la cama de sus padres, la aferraba a su cuerpo, como si tuviese miedo de soltarla, de que cayese hacia algún abismo; su pequeña cabeza estaba apoyada en el brazo de él, el cuerpo de él parecía cubrirla, ya que el brazo de él la rodeaba en la cintura, posando su mano en su espalda, y aunque su cuerpo era fibroso, lleno de músculos que parecían duros como granito, se sentía tan cómoda ahí, como si ningún mal fuese jamás a tocarla, porque por más que inténtese no darse falsas e insulsas ilusiones, sabía que junto a él era su lugar, junto a su Edward todo al final estaría bien.
El escrutinio de él era tan intenso como si intentase saber que era lo que pasaba por su cabeza, descubriendo su alma y cada parte de ella, noto que él también había llorado, porque tenía los ojos rojos e hinchados, pero era tan hermoso, tan sublime, que lo hipnótico de sus ojos verdes persistía, demostrando lo espectacular y perfecto que su ángel siempre sería, ¡como amaba a ese soberbio ser! El calor de su cuerpo la reconfortaba y el aroma de su cuerpo le emborrachaba, era tan extraño todo que no pensó correctamente que era lo que sucedía. Creyendo que era una de sus tantas fantasías, porque que Edward pareciera expresar solo amor y anhelo en sus facciones más un deje de tristeza era algo sumamente irreal, y tratando de olvidarse del dolor y el abandono actuó como solo en su imaginación lo haría.
– Dime algo Bella… – le pidió, hacía casi dos horas que se había despertado y él solo se quedo observándola dormir, se estuvo quejando entre sueños, llorando mientras temblaba ligeramente, entonces él la abrazaba con más fuerza, le prometía que todo estaría bien, trato de calmarla, le dijo que él se haría cargo de eso, porque la amaba, no había un universo sin ella, nada existía sin ella, y que estuviese protegida era su única misión en el mundo, pero el monstruo siempre inoportuno, disfrutando de lo maravilloso de su proximidad, se intrometía recordándole que ahora era de él, y aunque la protegería como nadie jamás lo haría, también la haría suya, en forma completa, se fusionaría con ella, para poder amarla sin restricciones, la devoraría como siempre planeo desde que la vio. Aunque se aterro por la firmeza de la idea, también estaba tentado por esta, su parte sensata estaba anestesiada hace rato, porque su droga estaba con él y nada más importaba, la coherencia y la moral no le afectaba, solo sentir lo terso de su piel, la delicadez que siempre la caracterizaba y disfrutar de lo preciosa que era, así que solo se dedico a sentirla con él. Cuando ella abrió los ojos se quedo sujeta a su mirada, creía que sus orbes chocolates lo consumían y adoraba esa sensación, esa paz y esa unión, como había esperanza que algún día se conviertan en uno solo ser; la tristeza en ella estaba, y eso era lo que lo destruía de a poco, pero había algo más, porque de pronto ella se mordió el labio, como él algún día lo haría, y se comenzó a mover lentamente, pero sin alejarse de él – ¿Bella? – se extraño por como la determinación se marco en su rostro y como el sonrojo cubrió sus mejillas.
Ella subió sus manos hacía el rostro de él, y dejo que sus palmas recorrieran su perfección, causando que él suspirase pesadamente, y el nerviosismo y expectación le dominasen; la corriente eléctrica era lo que siempre estaría entre ellos dos, esa constante que era el resultado del contacto de sus pieles, a comparación ella estaba más tibia que él, y sintió como el paraíso lo rodeaba. Logro sin dificultad, deleitándose con su toque, levantarse para lograr poner sus rostros en el mismo nivel; y que ella se estuviese mordiendo el labio lo estaba volviendo loco. Se imagino como en el futuro mordería ese labio, en cómo podría sentir su suavidad, sentir el fulgor que era seguro que estaría cuando la cubriera a besos, ¡demonios como amaba a esa niña! Pero estaba mal sentirse así, porque ella solo tenía 9 años, y él era un adulto, y todo sobre la caricia de ella estaba mal, pero se sentía tan bien, tan perfecto, como siempre deseo. El monstruo le ordeno detenerse, que deje de pensar en lo que era debido o indebido, y que solo gozara al tenerla, ya que él no la obligo a nada sino que ella, su Bella, era quien lo palpaba, quien disfrutaba de él, y tenerla era lo más glorioso que existía.
– Edward… – le llamo, notando como los ojos de él se oscurecían mientras que la respiración de ambos se hacía pesada, sus corazones latían desenfrenadamente y el calor aumentaba; él abrió la boca un poco pero no dijo nada sino que mantuvo su agarre a la cintura de ella pero le dejo que se continuase moviendo alrededor suyo. Pasando su cara por encima, coloco su mejilla sobre la de él, y la dejo ahí, posándola y descanso un momento – te amo, te amo tanto… – le susurro cerca del oído, a lo que él gimió como si estuviese sufriendo, como si le doliese y era cierto, le dolía en el alma que ella lo amase, porque eso significaba que el monstruo tenía razón y nada podía impedir que estuviesen juntos, que la poseyera y la torturase porque la amaba tanto, que era demencial sentirse así hacia otra persona. Entonces ella le dio un beso sobre la mejilla, a lo que él tuvo que clavar los dedos del brazo que no la sostenía en la sabana para controlarse, para no hacer nada que no tenía que hacer, pero ella no le estaba haciendo fácil la tarea, porque sus labios eran tan suaves y la respiración de ella sobre él, era demasiado para que lo pudiera soportar.
Quiso moverse, detenerla, pero sus músculos estaban tensos porque ella le seguía besando la mejilla con tanta ternura mientras repetía que lo amaba, que lo amaba tanto, que comenzó a llorar, porque quería tenerla pero tenía que abstenerse de cometer una locura, mas su ángel lo seducía con cada palabra cargada de amor, con cada roce de sus labios, con su respiración, con su presencia; el monstruo estaba enardecido, porque le estaba prácticamente suplicando que actuara, que hiciera algo, porque ahí estaba ella, lo estaba besando, y él como un maldito marica no hacía nada, ella era suya así que tenía que actuar en consecuencia, pero él siguió luchando contra si mismo y lloro en silencio mientras padecía de su maravillosa Bella.
El sonido del timbre de la puerta no fue suficiente para sacarlos de su ensimismamiento, sino lo que le obligo a detenerla fueron las lágrimas que caían en los ojos de ella, causando que se moviese rápidamente, con la mano que tenía sobre su cintura la movió hacia un costado a lo que él se reincorporo sentándose, y la pudo mirar completamente, ella estaba sonrojada mientras lloraba con fuerza pero sin emitir sonido, sin levantar el rostro, negándose a enfrentarlo. Al estar sentado volvió a tomar conciencia en lo grande que era en comparación a ella, lo frágil y desvalida que se veía, y como… que siguiese llorando lo estaba destruyendo; ella se quedo enfocada en las sabanas, lo evitaba, y detesto eso, porque no sabía como ayudarla, ya que no comprendía que era lo que pasaba por su cabeza, que fue lo que intento al tocarlo de esa manera, porque fue demasiado intimo, demasiado profundo y le encanto. Mas no podía gustarle eso, porque sencillamente estaba mal, ¿acaso no tenía ni el más mínimo instinto de supervivencia? ¿No presentía lo que él era? Por que ella lo sabía, él estaba conciente de eso, ella sabía lo que en él residía; el monstruo que deseaba destruir todo, el monstruo que él era, ¿y aun así era capaz de realizar ese acto tan puro de amor con él? ¡Como iba poder cuidarla si ella misma se dirigía hacia el peligro! ¡Ah, pero como deseaba que lo tocase y lo besase de nuevo!
El timbre siguió sonando, estaba asqueado por como disfruto que ella lo tocara, estaba cansado de no poder evitar sus más bajos impulsos, y como… la carga de hacer lo correcto era más grande, casi derribaba todas sus defensas, estaba agotado de amarla y que el monstruo la deseara tanto. ¡Además ahora tenía que hacerse cargo de su tutela! ¿Era una maldita broma todo eso? Ella seguía sin mirarlo, y él respiro pesadamente para calmarse, ya ella tenía que lidiar con demasiadas cosas como para además exponerla a su carácter volátil – iré a ver quien es… – le informo, manteniendo su voz neutra, ella asintió y observo como mordía su labio con más fuerza, ¡como deseaba ese endemoniado labio! Se refregó el cabello exhausto de la mierda de hombre que era, y como su ángel parecía hacer cada acción apropósito – hay que ir a visitar a mamá, comienza a arreglarte – y sin más salió de la habitación sin dedicarle ni siquiera una mirada más, ya era demasiada presión la que tenía, y ahora tenía que enfocarse en lo importante, su madre y el funeral de Charlie, no estar pensando que ella lo amaba, o como eso hacía que cada parte de su cuerpo reaccionara, incluso el monstruo estaba eufórico de adrenalina que le gritaba que fuera y le afirmara que él también le adoraba, que le ama profundamente.
Cuando bajo la escalera noto su móvil sobre la mesa del recibidor tenía varias llamadas perdidas al igual que mensajes, lo tomo y se asusto cuando al menos tres eran de Carlisle ¿le habrá pasado algo más a su madre? ¿Se había agravado su situación? "Por favor, que no le haya pasado nada", rogó internamente, su Bella ya había sufrido bastante, y él no podría soportar perderla, porque no solo perdería a su madre sino también a su ángel, que ya estaba siendo consumida por el dolor. Logro abrir la puerta mientras marcaba el numero de su hermano, y Sam, Alec, Tanya, junto a Benjamin y Dimitri aparecieron – ¿sucedió algo con mi madre? – se abalanzo hacia Tanya y los dos últimos, desesperado, su porte estaba desarreglado, se notaba en el cansancio de su rostro, tenía ojeras oscurecidas y sus ojos rojos, todo en su conjunción hizo que Tanya quisiese llorar, llevándose la mano a su boca y a los demás se entristecerse más.
– No paso nada – se adelanto Dimitri para lograr calmarlo al verlo tan exaltado – solo venimos a ver si te podemos ayudar en algo – Edward igual siguió llamando al móvil de su hermano, pero este no atendía, así que fue hacía la cocina mientras que los demás lo seguían– tu hermano se quiso comunicar con vos, pero no atendiste, te esta esperando…–continuo, sin saber que decir realmente. Edward dejo el móvil sobre la mesa y fue hacia la heladera sin modular palabra, aunque agradecía el gesto de ellos, realmente no quería estar con nadie, solo con Bella, quedarse por siempre en esa cama, admirando su belleza y pureza, perderse en sus ojos, y escucharla susurrar que lo amaba. Pero lo cierto es que tenía que afrontar la realidad, tenía que enfrentar al mundo, y protegerla de este con todas sus fuerzas mas nada de lo que hiciera evitaría que ella siguiese sufriendo por la perdida de su padre y la gravedad de las heridas de su madre.
Saco la leche de la heladera y ninguno de ellos se movió, nadie sabía como ayudarlo, su cara de cansancio y fastidio era notable, así que prefirieron mantenerse alejados; Tanya supo que estaba por hacer y le alcanzo un tazón a lo que él ni le agradeció y lo tomo como si ella no estuviera presente, esta actitud indiferente enojo a Alec, porque aunque comprendía que este era un momento sumamente difícil para Edward, no soportaba que ellos dos estuviesen juntos, que ella, su Tanya este con él, si antes ella le había dicho que le amaba, que era el hombre de su vida, y le entrego lo que estuvo guardando celosamente, su virginidad, y aunque él lo había arruinado todo por su estupidez, tenía la esperanza que todo se solucionaría, pero entonces, Edward regreso y no hubo posibilidad para el reencuentro ¡y él la trataba como si ella fuese nada! ¡Maldito imbécil!
– Hable con Carlisle – comento Sam, que trataba de mantener la mente ocupada, porque sino se quebraría, dejaría que la desesperación y el horror tomaran lugar, porque Charlie fue su jefe, fue una figura paterna para él. Y presenciando como uno de sus mejor amigos se encontraba, desecho y quebrado, lo hacía sentir más impotente e inútil, mientras que no podía borrar de sus recuerdos a Charlie ¡por todo lo sagrado! ¡Sangró tanto! – tu mamá – Edward se estremeció ligeramente causando que Sam se detuviera momentáneamente, pero Edward continuo vertiendo la leche en el tazón, sin parecer prestar atención, como si esa preparación consumiese todas sus fuerzas y concentración – aunque todavía esta en terapia intensiva se encuentra fuera de peligro – Edward fue hacía la alacena y tomo una caja de cereales, y casi se ahoga, ya que se le hizo casi imposible respirar cuando Sam prosiguió – mañana se realiza el entierro, Billy y el viejo Ateara, se están haciendo cargo de los preparativos, además…
– Hola, cariño… – Tanya dijo hacia la entrada de la cocina dulcemente, obligando a callar a Sam, la atención de casi todos se enfoco en la pequeña niña, sus ojos grandes chocolates estaban inyectados de sangre e hinchados a causa del llanto, sus cabellos revueltos y su ropa arrugada; parecía tan frágil y sola, como si el horror y la tristeza del mundo fueran representadas por ella. Un niño jamás tendría que experimentar tanto dolor y sufrimiento, como se captaba en ella, cada uno de ellos se dio cuenta que jamás tuvieron ni alcanzaron tanta aflicción como esa pequeña niña lo hizo, y eso los dejo más descolocados y vulnerables. La hermosa doctora rubia se acerco hacia la niña, y le acaricio la cabeza, ya que todo su instinto maternal salió a flote cuando la vio, y quiso cuidarla de todo mal – ¿deseas que te ayude a vestirte? Edward te esta preparando algo para comer – Edward seguía consumido por la preparación de cereales con leche, como si fuese lo más importante en su vida, porque no podía enfrentarla, no ahora, solo desea separarse un poco de ella, para pensar claramente, ya que su droga jamás lo dejaba concretar ideas adecuadas cuando estaba cerca ¡y ahora tendría que tenerla siempre junto a él! ¡Que miseria de fortuna!
Bella se quedo callada, solo contemplándolo a él, porque necesitaba tenerlo a su lado, que le confirmara que no la odiaba, mas el desprecio de Edward era algo a lo que estaba acostumbrada, ya que cada tanto su mente aludía a lo que sucedió, como su padre se estaba congelando, ya que su cuerpo no tenía vida y su madre sufría por sus heridas, así que se quedo con lo que estaba con ella y tanto amaba, se quedo empecinada con su ángel, para que la deje tocarle un poco para ahuyentar un momento el dolor. La doctora le insistió un poco, pero Bella no la escuchaba, solo para ella Edward estaba en la habitación, pero él la ignoraba, y el hueco en su pecho, que desde que él regreso se había cerrado, fue ocupando su antiguo lugar. Edward no quería escuchar más a nadie, porque el escrutinio de Bella, tan absorbente lo estaba enloqueciendo, así que suspiro, refregándose los cabellos, y habló – ve a cambiarte – le ordeno, como si ella fuese un extraño, sorprendiendo a todos por el grado de dureza en su voz – deja que mi novia te ayude – la respiración se le corto cuando le oyó reafirmar que ella era su novia, y el hueco en su pecho se hizo más profundo y comenzó a desgarrarle el corazón, pero no lloró, no lloraría jamás, no ante él, porque él no tenía sentimiento hacía ella, solo el desagrado de tener que aguantar su presencia, porque por más que ella llorará y le reiterara que lo amaba, él jamás le tendría ni el más pequeño cariño.
No supo porque denomino a Tanya como su novia, si jamás lo hizo ante nadie, era sabido que salían pero no se jactaba de eso, la verdad es que la consideraba como una amiga, nada más, tenían sexo desenfrenado, pero no había emoción en eso, solo la necesidad de calmar sus ansías carnales con alguien, nada más, mas tuvo que establecer un límite entre ambos; porque ahora ellos dos tendrían que estar juntos, no podría huir de ella como lo hizo en el pasado, y eso era tan grandioso, que estaba tan mal. Bella formando una sonrisa tierna, que asusto a todos, por la tristeza y destrucción que tenía en sus ojos, murmuro suavemente – ojala jamás te hubiese dicho nada – y se fue corriendo hacia su cuarto. Todos se quedaron desconcertados, por la madurez de tal simple frase, no sabiendo a lo que se refería, de pronto un ruido, un sollozo les conmovió; Edward, que si supo lo que ella insinúo, se sintió consumido por el vació, porque ahora ella lo rechazaba, y por primera vez supo que fue lo que ella sintió durante tanto tiempo, y fue peor que el infierno.
No pudo contener las ganas de llorar, el dolor se concentraba en todo su cuerpo, atragantándose en su garganta las ganas de gritar, y su vista se nublo, porque no quería llorar pero no podía evitarlo, porque la amaba tanto, la deseaba tanto, pero tenía que repelerla y le dolía eso, le dolía ser tan miserable y hacer lo correcto, y que ella le haya dicho eso fue como si lo hubieren apuñalado sin piedad alguna, por siempre lo siguió a todas partes, y eso era posible que ya no se fuese a dar. El monstruo se enloqueció, porque ella era suya, ¡mierda! Si lo había besado, lo había acariciado, lo había amado, ¿y fue capaz de decirle algo tan horrible? ¿Acaso ella se había rendido ya? ¿Cómo era posible que se hubiese rendido si ella era su todo? Tenía que ir a buscarla, pedirle una maldita explicación por su comportamiento. El monstruo se quiso mover, dejando a todos esos fastidiosos ahí para que se pudrieran, pero él tenía que ir a su encuentro, y gritarle que no fuera tan maldita en quitarle lo que le había afirmado, porque eso era para lo que vivía, para amarla y ser amado. Ella no le podía quitarle algo tan preciado como su amor, era inconcebible, el monstruo renegó, y exigió para que fuese junto a ella, para que se comportara como un hombre de una maldita vez, para que hiciera algo, que la amara, que la apretara y la consuma para tenerla dentro de él para la eternidad.
Tomo el tazón entre sus manos, aforrándolas fuertemente, las lágrimas comenzaron a caer sobre la preparación, Sam trago con fuerza por el cuadro triste de todo, porque Edward estaba superado por toda la situación, por la muerte de Charlie, las heridas de su madre y como confirmo esa mañana, la decisión de Charlie en entregarle la custodia de la niña a él; pero no podía estar más alejado de la realidad sobre las causas del sufrimiento de Edward, sino que él estaba luchando por hacer lo que estaba bien y eso le hacía tanto mal, porque por primera vez coincidió con el monstruo, y se dio cuenta, que el monstruo no era parte de él, sino que era el mismo, y ahora que su ángel estaría a su cuidado, no sabía como protegerla de sus ansías de tenerla – por favor, si van al hospital le podrían decir a Carlisle que dentro de unas horas llevare a Bella – le quemo pronunciar el nombre de ella, porque ella era su fruta prohibida, y era devastador hacer lo correcto y alejarla siendo que estaba tan cerca – no sé si hoy iremos a la casa de Sue, esta muy cansada, así que no tengo –se atoró con su propia saliva, Tanya quiso consolarlo, poniendo una mano en su hombro, pero él la esquivo; no quería que nadie lo tocara, solo su ángel pero no podía hacerlo porque su tacto le quemaba la piel, lo marcaba en lo más profundo, y adoraba esa corriente eléctrica que siempre lo torturaba.
El rostro de Tanya se marco con dolor, mientras que los demás se incomodaron, porque por la actitud de Edward, fue sabido cual iba a ser el destino de la relación; el rechazo de Edward ocasiono que Alec se enfureciese, no podía hacerle algo así a ella, porque aunque no estuviese con él, estaría contento mientras Tanya fuese feliz, y en ese momento, viendo como la mujer que amaba era rechazada por su pareja, quiso golpear a Edward por ser tan imbécil, ya demasiado daño le había hecho él en el pasado como para que también su amigo la dañase, pero prefirió no demostrar su bronca, ya el joven medico estaba pasando una horrible situación – será mejor que nos vayamos – intercedió Benjamín, tratando de romper la pesadez del ambiente, era obvio que Edward quería estar solo, era extraño presenciar como el hombre que era admirado por todos lloraba, mientras temblaba ligeramente. Todos asintieron, aunque con algo de reticencia por parte de Tanya y Sam; sin hacer mayor ruido, ya que Edward estaba consumido por su dolor, se despidieron marchándose, dejándolo solo, como quería, cerca de su droga.
Se refregó los cabellos, nervioso y algo desahuciado, porque ya no sabía como actuar, que hacer para que no le doliese tanto todo, ¡Dios! ¿Qué clase de enfermo puede amar tanto a alguien que siente que el cuerpo se le despedaza cuando no lo tiene? ¿Cómo era posible que esa maldita chiquilla lo afectara tanto? ¿Cómo era posible que amara con tantas ganas a esa niña? Pero la amaba, de eso no había duda, su deseo de tenerla a cada instante era insoportable, mas nada de lo que pasaba por su cabeza era sano, porque el monstruo, o sea, él mismo no tenía ni un pensamiento cuerdo y razonable, la quería, la amaba, y eso estaba sencillamente mal, y ahora ella sería suya ante los demás. Suspiro pesadamente, calmándose, logrando detener las lagrimas, pero ese vació en su pecho se quedo, aun así fue a hablar con ella, necesitaba que le volviese a decir que lo amaba.
Se dirigió hacia la habitación de sus padres pero no llego hasta ahí ya que se la encontró en la puerta de su cuarto, con un vestido color azul, el color que le quedaba tan precioso con el contraste de su piel blanca y el cabello recogido con una hebilla. Luciendo tan hermosa en comparación a su rostro, donde demostraba la congoja que poseía; eso lo descompagino más de lo que estaba – a mamá le gusta este vestido – susurro, la voz de ella temblaba, como si quisiese llorar, pero tenía la vista fría, lejana; eso ocasiono que Edward imitara su comportamiento, recuperándose al instante, dejo de llorar y sus ojos parecieron hechos de hielo. Quería reprenderla, el monstruo se lo bramaba detrás de su cabeza; que no lo mirase así, como si no lo conociera, como si no lo amase ¡si ella se lo había dicho! ¡Maldición! ¡Que deje de mirarlo así! Pero ella con cambiaba su postura, y de poco mostraba más los rasgos de la mujer que sería, y esa autoridad y entereza de enfrentarlo, le fascino pero no lo demostró, no lo haría, porque sencillamente no podía hacerlo.
– Abajo tienes leche con cereales, como algo, que voy a arreglarme y vamos a ver a mamá – le indico, y se marcho hacia su antiguo cuarto para poder reparar un poco su semblante; no reparo más en la presencia de su ángel, aunque advertía que ella no lo dejaba de mirar, y cerro la puerta para así respirar un poco, estar en mismo lugar que ella hacía que el veneno en sus entrañas se volviese más corrosivo y modificaba su juicio. En el baño logro apreciar un poco su figura, y no era nada buena, ¿Qué dirían todas las mujeres que siempre lo acosaban si lo viesen así? Reflexiono con sorna; sus parpados hinchados, sus ojos rojos y su cabello estaban más desordenados que nunca, además de que sus ropas estaban arrugas. Se contemplo al espejo, y murmuro – eres un enfermo – suspiro pesadamente – lo sabes, eres un maldito enfermo, tienes que detenerte, tienes que hacer que funcione, tienes que cuidarla y acompañarla – se ordeno, pero una chispa extraña que fue surgiendo de sus orbes lo confundió – ella necesita a alguien, ella te necesita sin tu maldita bipolaridad – aspiro profundamente, y el olor a Fresia que ella había dejada impregnado en su ropa lo mareo un poco afectando su cerebro, mientras que el monstruo rió excitado, sonrió melancólicamente – no me lo estás haciendo fácil, Bella, jamás me lo hiciste fácil…
El viaje hacia el hospital paso sin mayor alboroto, ella lo ignoraba, mientras que él apretaba la mandíbula tentado a detener el jodido Volvo y conversar con ella, mejor dicho, criticarle su actitud infantil, aunque la verdad sabía que de los dos, él era el único chiquillo irracional. Cuando llegaron al hospital, se aseguro de pasar por las áreas menos transitadas pero no pudo evitar que los divisaran y mostraran acciones de pésame y simpatía; aunque a todos sorprendió como la niña iba a su lado, pero en ningún momento le tomo la mano ni él tampoco se la ofreció. El sector de terapia intensiva, encontraron en el pasillo a Rose, que descansaba en los brazos de Emmett, y Jasper esperando; tan pronto como vieron que ellos llegaron, Rose y Jasper corrieron hacía ellos, como la hermana mayor que era, tomo a Bella para abrazarla fuertemente, mientras murmuraba a su oído – perdón por no estar contigo, Bellita, pero mamá nos necesitaba también – se disculpo arrepentida, Bella la abrazo fuertemente, mientras que Jasper le besaba la cabeza demostrando cuando amaba a su hermanita, era tanta la devoción que tenían por la niña que eso marcaría la obstinación y odio que sentirían cuando la verdad se supiese – siento todo lo que paso, lo siento tanto – Bella apretó la ropa de su hermana para no llorar, porque no quería pensar en eso, porque detestaba todas esas circunstancias, detestaba saber que los demás sufrían y ella estaba sola, pero detestaba más saber que a Edward no le importaba en lo más mínimo.
Edward se mantuvo al margen, sintió tanta pena por sus hermanitos, pero prefirió no decir nada, solo dejar que se acompañaran mutuamente, ya que no les podía ofrecer nada a ninguno, en especial a su Bella – tu mamá esta bien – la voz de Emmett que se coloco al lado suyo le saco de su aislamiento – la vimos, esta entubada pero despertó hace un rato, no sé porque todavía tiene el tubo puesto, pero bueno –Edward frunció el ceño no comprendiendo como el niño todavía estaba ahí, por su aspecto, era notorio que se quedo toda la noche al igual que sus hermanos – el tío Eleazar me dejo quedarme – contesto ante una pregunta que no llego a formular, a lo que Edward asintió – mi esposa me necesita ahora – estableció por lo bajo, logrando que Edward agitara la cabeza sonriendo levemente, pero ambos no quitaron la vista de ellos tres que se seguían abrazando fuertemente, algo dudoso prosiguió –¿cómo esta mi cuñadita? – los ojos de Edward se vaciaron un poco momentáneamente, porque no sabía realmente como estaba Bella, le era imposible comprender que es lo que pasaba por su mente, siempre tan enigmática, tan lejana, tan suya, que le dolía no captar, como si sus pensamientos estuvieran absolutamente bloqueados para él.
– Yo te voy a cuidar, ¿esta bien, Bellita? – le aseguro Jasper, tomando el lugar de Rose para abrazarla – yo soy tu hermano mayor, ese es mi deber, cuidarte, siempre voy a estar aquí.
– Yo también – interrumpió Rose, Bella se quedo quieta sin emitir sonido, no porque no los quisiera ni les creyera, sabía perfectamente que sus hermanos siempre la cuidarían, pero no quiso pensar en eso, no quiso pensar que necesitaba a alguien más para poder seguir, porque necesitaba a su padre, y él ya no estaba, se había marchado, había muerto hace menos de 24 hrs.; y su madre, estaba herida, así… ¿cuál era la necesidad de depender de alguien más? Si cuando crees que todo estará bien, la suerte se da vuelta, y te quita de lo que diste por sentado, porque ella no necesitaba mucho para vivir, para continuar respirando, pero aquellos que necesitaba eran tan importantes, irremplazables, y ahora su mundo se quebraba, una parte de ella se murió junto a su padre, eso jamás cambiaría, ya que hay ciertas cosas que no pueden ser recompuestas, porque hay cosas que se rompen para al final ser desechadas.
– Bella – le llamó Carlisle que salio de la sala de terapia intensiva, cuando la alcanzo, una vez que sus hermanos se apartaron la tomo entre sus brazos, alzándola apretándola hacía su cuerpo, a lo que ella regreso el gesto, su padre oculto su rostro en el cuello de ella y causando que todos se quedaran quietos y más aprensivos, sollozo un poco. Edward fue hacia Rose que estaba con la mirada baja, y puso su mano sobre la cabeza de su hermanita, y sonrió tristemente cuando ella lo miró, al igual que ella; ese día fue cuando Jasper se juro a si mismo, que nada más dañaría a su familia, pero su temperamento tan calmado y salvaje en momentos decisivos no le permitirían cumplir con esta promesa, ya que sería él quien daría el primer golpe, antes de que Emmett pudiese detenerlo, causando que el monstruo que Edward despertara con furia y en busca de sangre ante las amenazas furiosas de su hermanito.
Bella le beso la mejilla para que se calmara, logrando que la tranquilidad que transmitía afectara a su padre, y sonriera, pero Edward sabía que era una mentira, toda la postura de ella lo era, porque él durmió a su lado y sus pesadillas al igual que sus gritos ahogados con gimoteos entre sueños le comunicaron más de lo que ella contaba, estaba sufriendo infinitamente, pero no compartía eso dolor con nadie, no se lo permitía, y él la odio, porque ella parecía que se había rendido con él, no le decía nada y eso era espeluznante – ¿puedo ver a mamá? – le preguntó en un murmullo, Carlisle abrió los ojos, había cierta precaución en ellos pero asintió lentamente mientras la bajaba al suelo.
– Si, mi niña, vamos a verla – sostuvo su mano mientras que la guiaba tras las puertas que dividía la sala de espera con las camas de terapia intensiva, por la edad no le hubieran dejado pasar, aunque no parecía bien tener concesiones especiales por ser doctor, Carlisle quería que su hija estuviese más tranquila al ver que su madre estaba respirando y aunque su condición no era la mejor, estaba al menos fuera de peligro, así que dejo que la pequeña lo acompañara. Detrás de ellos, los seguía Edward junto a los demás – mamá va a parecer que esta muy mal, solo esta durmiendo y tiene maquinas que le ayudan a respirar mejor, después que sepamos que ella se recupera un poco de la cirugía se la sacaremos ¿de acuerdo? – le habló lo más dulcemente que pudo para que la niña comprendiera, y Bella comprendía perfectamente, nada sería como antes, ya no más, algunos se iban para no regresar – así que no importa lo que veas, solo piensa que ella esta bien, ella va a estar bien.
Se detuvieron en frente de un cubículo que parecía un cuarto privado pero con una gran ventana que permitía admirar lo que había adentro y pudieron todos observar a Esme Cullen tendida sobre una cama, dormida; con un tubo que salía de su boca parte del equipo de respiración, varios tubos y cables salían por distintas partes de su cuerpo, era una imagen muy chocante ver como esa mujer llena de vivacidad y alegría, ahora estaba cubierta de cosas que parecían torturarla, pero realmente mantenían su organismo en funcionamiento. Bella apretó sin querer la mano de su padre, aunque nada en su rostro demostró la perturbación que lo envolvió, su padre se agacho para enfrentarla a su nivel – recuerda lo que te dije, ella va a estar bien, no tengas miedo, ella va a estar bien en poco tiempo – le aseguro mirándola pero ella no quito la vista de donde descansaba su madre.
– ¿Puedo entrar con ella? – fue más una suplica que una pedido, pero el semblante impasible de su rostro resulto mas impactante tanto para el doctor y sus hijos, Edward no sintió pena sino el enojo e impotencia se estaba apoderando de él ¿qué mierda pensaba que hacía? Estaba sufriendo en silencio para no incomodar a los demás, pero todos eran concientes de que ella estaba rota, que ella no podía más ¿acaso no sabía que hacía peor las cosas? ¿Por qué mierda no lo buscaba a él para que le ayudara? ¡Le confeso que lo amaba, que sea consecuente con eso y lo busque consuelo en él! El monstruo bramo: MÍA, ELLA ES MÍA y por eso tenía que cuidarla, hasta de ella misma, de esa actitud de acumular y ocultar el suplicio que apenas su cuerpo soportaba. Pero él fue quien la alejo, fue él quien decidió poner un límite entre los dos, pero eso no significaba que ella dejase de ser suya.
– Estúpido bipolar – murmuro para si mismo, pero Emmett llego a escucharlo frunciendo el ceño. Después de acomodar los cables que estaban desparramados por toda la cama, lograron hacerle un espacio al lado de su madre, para sentir el calor de esta, y ese calor, que significaba que su mamá estaba con ella, aunque dormida, Bella le abrazo y comenzó a tararear una tonada que siempre le cantaba su mamá antes irse a dormir, para informarle que ella estaba con ella, y que la necesitaba más que nunca así que tenía que recuperarse pronto. Dentro de la sala se quedaron Jasper, Rose y Emmett, mientras que los dos doctores se quedaron afuera para hablar en privado mientras que miraban como Bella acariciaba el brazo de su madre delicadamente, como si tuviese miedo de romperla.
Edward estaba tan enfocado en la niña, apretando la mandíbula y pasándose la mano sobre sus cabellos haciendo notable lo nervioso que estaba, que no se dio cuenta como su hermano lo estudiaba.
– ¿Cómo estas? – le demando preocupado, Edward sonrió tristemente torciendo los labios en forma pronunciada, porque el monstruo estaba molesto, lo que paso en la mañana, que ella le quitara lo que tanto buscaba, que le dijera que le amaba una y otra vez, era doloroso y la estaba odiando ¡si la odiaba! ¿Cómo podía hacerle algo tan cruel? Pero se las pagaría ¡si, se las pagaría! Tan pronto como la tenga en su control, ella sabría quien era él realmente, y eso le estaba dando tanto miedo, porque Edward tenía miedo de si mismo, de no poder controlarse, de controlar al monstruo en forma total antes de que hiciese algo que dañase a su ángel.
– Creo que debería ser yo él que te pregunte eso – suspiro pesadamente ante la mirada angustiada de Carlisle – bien, todo esta bien, ¿se recuperara? – haciendo referencia a la lesión en sus vértebras. Carlisle bajo el rostro consternado dando a conocer más de lo que diría a lo que Edward se refregó con más fuerza sus cabellos.
– Todavía es muy temprano para saberlo, aunque las cosas están mejor de lo que parecían desde un comienzo – sorpresivamente abrazo a su pequeño hermano que era más como su hijo, comprendía que el joven estaba bajo mucho estrés porque él tuvo que responsabilizarse y acompañar a su hijita cuando nadie más estaba por ella, y era más probable que lo siguiese haciendo – no te preocupes, tu madre va a estar bien, para eso estoy… para cuidarla – le aseguro confiado, logrando que Edward asintiera. Cuando se separaron un poco, continuo – me contaron lo que paso en la sala, lo que Charlie te pidió.
– Acepte – le contesto rápidamente, para que no quedara duda de nada, a lo que Carlisle asintió pensativo – al igual que mamá no vas a poder cuidarla hasta que todo se calme, ella no puede estar sola, no puede quedarse en la nada – las palabras salieron a borbotones, casi atropelladamente, pero esta vez no lo hacía por él sino por ella, porque sabía que era cierto, aunque el monstruo coincidía, su parte sensata fue la que lo guió en ese momento, ella necesitaba estabilidad, y aunque era muy triste admitir, era él el único que se la podía brindar, nadie más estaba para ella ahora, y eso era deliciosamente horrible.
– Gracias – le respondió rápidamente Carlisle, aliviado, tenía tanto miedo por como estaría la niña, sin un soporte pero Edward siempre fue el mejor y más responsable de sus hijos, era extraño que nadie jamás se diese cuenta del ser macabro que podía ser su hermano, mas lo cierto es que al igual que Jasper y Edward, Carlisle también tenía su lado oscuro y rencoroso, y se lo daría a conocer a Edward en algunos años – sé que es mucho para ti, pero si necesito que la cuides, al menos por ahora – ¡no te atrevas a quitármela, maldito imbécil! Chillo rápidamente el monstruo en la parte trasera de su cabeza, pero la ignoro lo mejor que pudo concentrándose en lo que su hermano decía – eres un gran hombre, en serio lo eres.
Edward bajo la miraba avergonzado porque nada era bueno en él, y le lastimaba que lo consideren algo opuesto a su verdadera forma, pero no hondeo mucho en eso, al menos no ahora que su ángel y su madre están enfrente suyo sufriendo era más imperante y urgente que tratar de analizarse y calmar al monstruo, que estaba cada vez más loco y descontrolado.
Se quedaron por varias horas, en donde Bella comió un poco pero en forma ausente, sus hermanos y Emmett se fueron tan pronto como Eleazar y Carmen vinieron a buscarles, ellos se quedarían por un tiempo en la casa de ellos, para darle menos trabajo a Edward que ya tenía que hacerse responsable de la pequeña niña, que a cada momento parecía más frágil casi luciendo enfermiza. Cuando se despidieron ambos el prometieron que regresarían a cuidar a su madre, que ella no tenía que preocuparse de eso, ellos dos como sus hermanos mayores se harían cargo de eso y de cuidarla también, que aunque por un tiempo no estuviesen en la misma casa, ellos siempre estarían, esa seguridad en las palabras que ellos le brindaban casi logra que ella hacerla llorar, porque la gente se muere, se va o te olvida, era algo que con su corta edad ya estaba segura.
– ¿Quieres ir a ver a Jr? – le ofreció más conciliador Edward cuando se hizo de noche, Carlisle prácticamente viviría en hospital, el amor y devoción que le tenía a su esposa no le permitía menos, así que era positivo, Edward solo estaría para ella. Bella negó con la cabeza, no podía estar con su hermanito, al menos no ahora, porque se parecía tanto a su padre , y ver como estaba su madre era mucho más de lo que podía manejar, solo quería… solo necesitaba… solo… ¡no llores! Se reprendió a si misma, cuando de la opresión en su pecho se hizo más fuerte, el ahogo en su garganta aumento y la nariz le molesto como si tuviese agua en ella, porque nadie quería verla llorar, nadie quería que ella sufriera, así que era mejor no pensar en todo eso, mañana vería a su hermanito, pero no ahora, solo tenía que calmarse y dejar de molestar a su ángel, se repitió agotada de si misma y de todo.
En el hospital Edward se encontró con Benjamín y Tanya pero un silencio incomodo los cubrió, y no pudieron hablar de nada, la mente de la doctora ya había tomado la decisión, solo iba a esperar el momento oportuno, para no darle más carga al joven, aunque sabía que Edward no la amaba, lo había confirmado mas ya tenía sus sospechas y era casi seguro que cuando ella se lo comunicara no lo disturbaría para nada. Así que después de su visita prolongada ambos regresaron en silencio hacia la casa, porque entre ellos había tanto que decir pero ninguno decía lo correcto más que nada Edward.
Cuanto entraron a la casa, ambos parecían más la sombra de lo que eran que ellos mismo, él enfadado acumulando, ira y frustración por el rechazo de ella, y ella consumida en tratar de evitarlo, para no molestarlo, ya demasiado estaba haciendo sin tener ningún sentimiento hacia ella – ¿quieres comer algo? – se dirigió hacia la cocina para prepararle algo, porque había comido tan poco, que tenía miedo por su salud, ella lo siguió dudosa, porque no sabía que hacer, él siempre era tan cambiante, tan ciclotímico que le era difícil, casi imposible seguirle el paso, ¿tenía algún sentimiento por ella? ¿La odiaba, la amaba o al menos la quería? ¿La vería como la niña que era y no como un ser que lo amaba? ¿La vería como una hermana? Esto último si que sería triste, pero al menos era algo, al menos él le daría algo y eso era mejor a la nada. Se sentó en la mesa de la cocina mientras que las palabras salieron de su boca mientras lo observaba.
– No quise molestarte hoy – se disculpo nerviosa mientras él tomaba un plato, lo cual lo enervo tensionando sus músculos ¿lo primero que se le ocurre decirle es que no quiso molestarlo cuando le negó lo que le había dicho? ¡Que tonta que era! – sé que no te gusta estar cerca mió – eso último causo que el monstruo y él se indignaran con furia.
– ¿Por qué demonios no me lo haces más fácil Bella? – casi escupió con ira cambiando su porte en forma peligrosa, alertándola de que algo oculto en él quería surgir amenazante – jamás me lo hiciste fácil, jamás – se paso los dedos por su cabello cobrizo y ella se vio consumida por sus orbes verdes que querían transmitirle algo, sin darse cuenta se fue aproximando hacia ella, sin dejar de perder la gracia que tanto lo caracterizaba pero lo que paso por la mente de Bella fue la imagen de un leopardo, que una vez vio en un documental, justo antes de atacar – ¿Qué no me gusta estar contigo? ¿De donde sacas terrible tontería? Tu…
– Pero me odias – ella admitió recordando lo que pasó antes de que él se marchara, cuando le susurró creyendo que estaba dormida, a lo que tembló por lo horrible que fue, y por el hueco en su pecho que aun le dolía demasiado, logrando que casi por reflejo ella con su mano se tocara en esa zona en señal de dolor mientras que sus facciones se contraían. Este movimiento alerto a Edward, exasperándose de preocupación al igual que el monstruo, se le acerco arrodillándose a su lado, para examinarla.
– ¿Te duele algo? – se apuro tomando la mano de ella para poder ver la zona, este acto simple, en donde él le expresaba que si había algún tipo de cariño por ella, causo que el hueco dejase de dolerle automáticamente, pero se quedo contrariada porque no lo entendía, no lograba captar lo que sentía o pensaba, su adonis era un misterio para ella y eso la acomplejaba.
– ¿Me odias, Edward? – logro articular, al tenerlo tan cerca, sus rostros estaban al mismo nivel y los ojos chocolates de ella parecían serlo todo, su piel blanca parecía tan sedosa y su labio inferior temblaba expectante. Y él no sabia que hacer ¿por qué no le dejaban hacer lo correcto? ¿Por qué su ángel no le daba un respiro? ¿Porque demonios siempre lo torturaba de manera tan maravillosa? Porque toda ella siempre era calma y paz, mientras que él era un reverendo desastre y era asombroso que ella jamás notase eso, como si todo de él fuese algo preciado y único para ella.
– ¿Por qué no me lo haces más fácil? Dime algo – cada palabra parecía que la acariciaba en lo más profundo del alma y él lo hacía inconcientemente, aunque el monstruo si tenía toda intensión de hacerlo, atrayéndola hacía él, hacía lo más hondo de la oscuridad – ¿por qué no me consideras como a Jasper? ¿Por qué no me ves como a tu hermano o tu tío? – esa pregunta siempre daba vuelta en su cabeza, ¿porque no lo ve de la misma manera? ¿Por qué ella no le daba un poco de calma? Sería mejor para ambos si ella no lo amara, porque sabría con más firmeza que todo lo que sentía estaba mal, porque lo estaba, pero ella siempre lo exponía a más tentación cuando le repetía suavemente que lo amaba.
Ella sonrió porque no había ninguna duda que jamás podría considerarlo de esa manera – porque tu eres Edward, y te amo – le respondió confiada, y él no pudo evitar sonreír feliz mientras el monstruo festejaba desaforado, porque no se había rendido, no como lo haría en unos años, mas todo eso estaba mal, era erróneo y la sonrisa se apago en sus labios, a lo que el monstruo le insulto con fuerza.
– No te odio Bella – se paro alejándose de ella, para volver a buscar que preparar para comer mientras que ella frunció el ceño confundida porque el tono de voz era triste – jamás te odiaría… me es físicamente imposible odiarte – mintió, pero él no volvió a verla a los ojos, sino que se enfoco en la mesa de la cocina – voy a ser tu tutor – ella no comprendió la palabra, pero por suerte él le aclaro – voy a ser quien te cuida, como lo hacía mamá o Carlisle, pero solo yo te voy a cuidar ahora – el rostro de ella se ilumino, ante la idea de que él se quedaría con ella, no se iría, y además no la odiaba, era lo mejor que lo podía pasar entre tanto infierno, pero él prosiguió – no me pidas más que esto Bella, porque no puedo dártelo, no te odio, pero, por favor, házmelo más fácil de ahora en más, simplemente házmelo más fácil – ella asintió enérgicamente, dichosa de estar siempre con él, ya que no entendió a lo que se refería, y él se dio cuenta de eso, pero estaba tan cansado como para aclarárselo – a veces olvido que solo tienes 9 años – dijo en voz baja.
Esa noche, porque tuvo miedo de que tuviera pesadillas además cediendo al pedido de ella, durmieron juntos como la noche anterior, Bella durmió más tranquila, sintiéndose protegida y querida por la cercanía de él, mientras que él no pego ojo, sabiendo que estaba tan mal tenerla tan cerca, y por ende, comprendía las implicancias de que ella le profanase tanto amor, mientras que monstruo ronroneaba al sentir el calor de su cuerpecito cerca de él.
La mañana siguiente partieron hacia el funeral de Charlie, el cuerpo sería velado en la reserva de La Push, que era donde vivía junto a Sue, y donde Bella pasaba los fines de semana; fue entonces cuando la realidad de que Charlie ya no volvería le perforo el alma a la niña, porque hasta el momento trato de evitar pensar en ello, pero cuando vio el rostro de su hermanito que no comprendía porque su madre lloraba desconsolada junto a otros, y el féretro que estaba a un costado de la sala consumió toda la imagen de la iglesia. Edward apretó la mano de la niña, pero ella pareció no responder a eso, sino que el color de su rostro se fue enfocado en ese lugar en particular. Jacob y Alice fueron los primero quienes lo avistaron, y se notaba que ambos habían llorado también.
– Hola, Bells – le dijo el niño, Edward que se mantenía detrás de Bella quiso golpear al mocoso, siempre sería una amenaza entre ellos, pero contuvo sus celos, no era el momento de hacerlo aflorar y el monstruo coincidió mostrando sus dientes amenazante. Alice, tomo la mano de Bella sonriéndole tristemente, pero Bella no veía ni escuchaba nada, una palabra de Edward rompería el encanto horroroso del féretro pero él no hablo así que siguió enfocada en eso; Jr estaba sentado sobre las piernas de Leah mientras que su madre sollozaba mientras hablaba con el viejo Ateara. El niño tan pronto la vio, fue corriendo hacia ella causando que Alice tragara con dificultad, sonrió con los ojos cristalinos por las lágrimas que quería derramar.
– ¿Tonde etabas?– le pregunto felizmente, Bella se desprendió del agarre de Alice para abrazar amorosamente y con fuerza a su hermanito, que era la copia de Charlie solo que con piel oscura – mam yora y yora y no che Sedh diche que papá che chue – le explico con mejor dicción, Bella le beso la frente haciendo que él riera porque le daba cosquillas.
– Char… papá se fue, Jr, pero yo voy a estar para ti – le afirmo, ella jamás dejaría a su hermano, pero comprendía que el niño siempre estaría cuidado y amada por Sue y la reserva, así que estaba más que seguro y querido.
– Pero – se mordió el labio como ella lo hacía – papá eta ahí – y le indico nuevamente el lugar donde estaba el féretro, haciendo que ella temblara – pero no che mueve ni nadam.
– Si ya sé – coincidió, y la actitud tan maternal que tenía con su hermanito, conmovió a todos, Edward se admiro de lo madura y hermosa que era su ángel, ¡simplemente maravillosa! – pero él se fue, no va a volver ahora – y se atraganto con eso último, porque su padre no iba a regresar, y el vació de la realidad le pesaba cada vez más, ¡por dios, Charlie estaba muerto! Se reitero mentalmente, y las imágenes de los momentos que compartió con su padre le bombardearon sin piedad alguna, y le dolía saber como serían las cosas sin él, sin su torpeza, sin sus quejas, sin sus silencios, sin su sonrisa; subió sus manos hacia sus cabellos, arruinando las hebillas que tenía puestas, mordiéndose el labio con fuerza porque todo le dolía demasiado, su padre murió y estaba ahí cerca de ella, pero ya había partido.
– Ta bien – respondió alegre el niño, que con su mente no comprendía las implicancias de todo esto – ¿vamo a jugarg? – y fue hacia donde se encontraba Seth que lloraba porque si sabía lo que en verdad pasaba. Como un imán que la atraía, sin escuchar los llamados de nadie, se fue hacia donde estaba su padre. Todos los presentes, se quedaron callados cuando la observaron mientras se acercaba lentamente a donde descansaban los rostros del jefe de policía. Cuando llego a donde su padre reposaba se puso de puntas, y lo pudo ver, parecía dormido pero no lo estaba, y esta sería la última vez que estaría junto a él, y los ojos se le llenaron de lagrimas.
– ¿Te dolió mucho Charlie? ¿Sufriste mucho? – le pregunto hacia el cuerpo, pasando su palma, para acariciarlo dulcemente como si este lo sintiese, pero la piel de él estaba fría y no tuvo ningún gesto; las lagrimas comenzaron a caer de poco, rompiendo la paz que la enmascaraba – yo voy a cuidar a Jr, él va a ser un buen niño, te lo aseguro – subió su otra mano para tocar su cabello algo ondulado, que siempre le incomodaba y ella sonrió al recordar como se quejaba de este – voy a ser buena, siempre seré buena, Charlie – la voz se le fue yendo porque a diferencia de su madre, su padre ya no respiraba sino que estaba tieso y lo único que quedo fue su parte corpórea, lo que tanto amaba, su esencia se había ido. Los que no lloraban, se quedaron desconsolados por la dulzura con la que se refería la niña a su padre – ¿no te vas a olvidar de mí? ¿Me vas a seguir queriendo? Yo te quiero mucho Charlie – lloro con más fuerza casi suplicándole – le voy a contar a Jr siempre de ti, ¡OH! Charlie ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué me dejaste? Te necesito Charlie, por favor, te necesito.
Carlisle tomo a su hija por la espalda para alzarla, cuando lo notó se aferro a sus brazos mientras continuaba llorando violentamente bajo el escrutinio dolido de todos, seguido muy de cerca por Alice, Jacob, sus hermanos y Emmett, que querían consolarla también. Edward, limpiándose una lagrima que le costo el alma contener, se fue porque no podía soportar verla sufrir así y no tenerla entre sus brazos para confortarla; se dirigió hacia la parte trasera de la casa que estaba toda cubierta por un hermoso campo, y apretó los puños, queriendo gritar porque su Bella no se merecía sufrir así, no podía sufrir tanto, y no podía hacer nada para cambiar esa realidad, Charlie estaba muerto y su ángel seguiría en agonía.
Inspiro profundamente dejando que el aire le ayudase a concretar alguna idea adecuada pero ¡demonios! ¡Como odiaba que sufriese! Paso su mano sobre sus cabellos ¡no podía estar sufriendo tanto! Era suya era su ángel ¡mierda! Era su todo, ella se lo dijo, ella le confeso dulcemente, ellos dos se amaban y ella seguía sufriendo, seguía llorando, mientras que él impotente no podía reconfortarla adecuadamente. "pero puedes hacer algo" le tentó el monstruo susurrándole al oído apara que él solo lo oyera, la turbación lo domino, bajo los brazos a sus costados y se notaba como algo luchaba dentro de él, el ligero temblor lo demostraba "vamos, tu sabes que es lo correcto" continuo seduciéndolo hasta que los ojos de él se fueron vaciando, entonces dejo de temblar, se estaba rindiendo. No había punto en combatir contra lo que ya estaba dado desde el comienzo, desde que la conoció, tantos años perdidos, torturándose, tratando de hacer lo que estaba bien, lo que era normal y moral; después de todo ¿a quien beneficio toda la abstinencia y combate? No a ella, que estaba desecha, sola y lo único que le pedía, que casi le suplicaba era que aceptara sus sentimientos gustosos. Y mucho menos a él le sirvió tratar de evitar tenerla, sentirla, vivirla, si solo fue puro sufrimiento desde que se distancio de ella, yendo contra todo lo que quería, lo que su cuerpo, mente y el monstruo anhelaba.
Suspiro resignado y la parte sensata de Edward se fue contaminando mientras que el monstruo ocupaba más espacio, expandiéndose, adquiriendo más fuerza, tomando el lugar que siempre le correspondió y sonriendo conforme acotaba "ya era hora que vieras las cosas a mi manera" – Edward – le llamo Tanya detrás de él, su vestido negro recatado se ceñía perfecto en sus curvas pareciendo sugestivo en la doctora, pero claro estaba que en cánones de belleza Edward ganaba todos los elogios; como en ese momento, estaba pulcro en su traje negro que parecía hecho a su medida, sus ojos verdes brillaban con algo singular, lo que desconcertó a la doctora, que, frunció el ceño y miro su cabello desprolijo, todo en su conjunto lo hacía absolutamente perfecto, pero el aura extraña que salía de él, era algo turbadora – ¿es posible que hablemos un poco? – él se quedo inexpresivo, el choque dentro suyo con lo que estaba tomando más lugar y lo que se estaba yendo, no le permitía entender todo inmediatamente, mas sabía que no quería estar con ella, era posible que si la tocaba tendría asco, ya los suaves labios de Bella se habían posado sobre su mejilla estableciendo su territorio; ningún cuerpo femenino le dio tanto placer, tanto éxtasis y sin endurecer su miembro, por lo tanto ¿Cómo sería cuando ella creciera, cuando su cuerpo se formara, cuando…? – ¿Edward?
– Si claro Tanya – trato de tener contacto con la realidad reprimiendo esas reflexiones torcidas que hacia que el monstruo disfrutase entusiasmado – ¿qué es lo que sucede?
Ella no quería tocar el tema, era una falta de ubicación pensar en su situación romántica cuando todos sufrían por la perdida de una vida, pero estaba convencida que tan pronto lo hiciese, tan pronto hablasen, se sentiría libre y dejaría de retrasarse en una relación sin sentido ni futuro. Apreciaba mucho a Edward y aunque era excelente en la cama, sentimentalmente no estaban juntos, él siempre estaba ausente, como en otro lado, a veces creía que con otra persona. Ambos se alejaron un poco pero estando a un perfecto rango de visión de la puerta de la casa. Se puso inquieta, aunque había roto muchas veces otras relaciones previamente, la última con Alec, en forma desastrosa; no sabía como hacerlo con Edward, era un joven bueno y encantador, lo malo era que ella no lo amaba y mucho menos él a ella.
– Eh, bueno – jugo con el anillo de su mano derecha nerviosa, se removió su cabello rubio quitándoselo de la cara; y lo miro fijo, Edward comprendió enseguida que sucedía y se alivio, "un problemas menos con que lidiar" sonrió el monstruo – lo que pasa es que…
– ¿Quieres romper conmigo? – le cuestiono seriamente, ella no se sorprendió por la falta de apego que tuvo con la frase.
– Si, sé que no es el momento ni el lugar para hacerlo – le aseguro pero él se mantuvo imperturbable – pero sé que tú no me amas…
– Tu tampoco me amas, Tanya – le replico tranquilo, ella abrió los ojos sorprendida ante lo seguro que estaba, mas era cierto, Edward siempre estuvo conciente de eso – amas a otro, pero no a mi – Tanya se sonrojo confirmando las sospechas de Edward y sintió pena por su amigo, ya que su egoísmo, al no contemplar nada a su alrededor, no capto como su relación con ella lo había dañado.
– Lo siento – no supo porque se disculpaba pero sintió la necesidad de hacerlo, él sonrió calmadamente, mediante la fachada de buena persona que era, para no acomplejarla.
– No te preocupes Tanya, como ya estableciste, no nos amamos – ella asintió relajada, creyó que sería más difícil pero la paz que él transmitía no lo permitió – no quise interponerme entre tu y Alec – quiso enmendar un poco el mal que había hecho, Tanya se movió incomoda refregándose el brazo ante la mención de Alec, amaba tanto al joven abogado pero le rompió el corazón, jugo con ella aun sabiendo que él era el primero y le era imposible perdonarlo ¿o no? Le tembló un poco el mentón porque quería llorar, había madurado desde que estuvo con él, y se había dado cuenta que lo que le hizo no fue tan grave como creía, pero el orgullo la cegó y termino con él sin darle una oportunidad. Sus ojos se llenaron de lagrimas, enojándose consigo misma por romper algo tan maravilloso como fue su relación con Alec, y amaba tanto a ese tonto, no importaba cuanto tiempo pasase siempre lo seguiría amando.
Edward se reclino un poco para fijarse que le sucedía cuando un fuerte dolor en parte izquierda de su rostro logro que perdiese el equilibrio, se tomo con la mano esa zona y los gritos llenos de cólera de Alec, retumbaron en su oído – ¡maldito hijo de puta! ¿Qué le hiciste? – escucho como Tanya grito y logro ponerse en defensa para evitar recibir otro golpe cuando vio que Alec levanto el puño nuevamente para golpear, por suerte, Sam lo sostuvo por la espalda deteniéndolo.
– Detente, Alec – le ordeno rápidamente, mientras que Alec trataba de liberarse entre sus brazos furioso, Edward miro todo extrañado, no comprendía como el monstruo no había reaccionado al peligro y ahí confirmo que el monstruo solo existía para ella, y nada más le interesaba.
– ¡Malparido!
– ¿Qué te pasa Alec? – le dijo desesperada Tanya que se puso al lado de Edward para examinarlo pero la piel de él no mostraba huellas del golpe, como si estuviese hecho de granito mientras que la mano de Alec si presentaba cierta lastimadura.
– ¿Qué le hiciste? ¡Contéstame! – Alec estaba enloquecido, a lo que Sam solo podía girar los ojos, era sabido que jamás comprendía que no había momentos para pelear, y mucho menos en un funeral.
– No le hice nada solo que rompí con ella – le contesto naturalmente, lo que dejo helados a todos. Alec dejo de luchar en los brazos de Sam que se había quedado petrificado, y observo hacia donde estaba Tanya que se limpiaba las lágrimas que tuvo al recordar cuanto lo amaba.
– Siempre dañas a todas las mujeres Edward – le estableció seguro Alec, a lo que Edward no se inmuto sino que acepto las palabras de reproche – siempre lo hiciste, jamás tuviste consideración por ninguna, no amas a nadie más que a ti mismo.
– Ya basta Alec – le reto enojado Sam, pero la expresión vacía de Edward no transmitía cuanto le dolía lo que le decía.
– Esa mujer que tanto te rompió la cabeza, no te va a querer – continuo exasperado, el monstruo ante la mención de su ángel resurgió molesto, nadie tenía que opinar nada sobre ella ni muchos menos si ella lo querría o no – tu no puedes querer a nadie, no eres capaz de amar ni nada.
Tanya quiso interceder pero Edward fue más rápido – tienes razón yo no soy capas de amar a nadie, jamás lo seré – "solo a ella, porque es MÍA, ELLA ES MÍA" concluyo conforme el monstruo. Los gritos de Alice llamaron su atención alarmándolo, la pequeña niña estaba detrás de ellos, hacía rato que parecía estar parada ahí, y vio como su ángel se fue alejando hacia dentro de la casa, había escuchado todo y sin perder tiempo fue tras ella.
– Vamos, Bella, abre la puerta – Carlisle estaba frente a la puerta del baño, donde se había encerrado; sus hermanos, Sue y Emmett también le pedían que saliera de ahí preocupados por ella. Refregándose los cabellos, Carlisle supo que no podía darle más vuelta al asunto y fue hacia donde estaban ellos – no sé que le paso, estaba más calmada, vino de afuera enojada y… – le comunico su hermano contrariado. Y moviendo sus hombros por la tensión de lo que tendría que hacer, hablo hacia el otro lado.
– Abre la puerta ahora Bella – su tono fue autoritario, y Carlisle estaba por reprenderlo ya que tenía que tener en cuenta que la niña estaba pasando por un horrible periodo y era necesario la compresión de todos, justo cuando el ruido del candado se escucho.
Cuando ella abrió la puerta, con su mirada parecía reprocharle por todo lo que sucedía, y era verdad, porque él era el causante que ella sufriese más de lo necesario, ya que comprendía que ella siempre se arriesgaba al amarlo, mientras que él como un cobarde no era ni siquiera capaz de pronunciar su nombre sin que le doliese, y solo exteriorizaba el odio que tenía hacia ella; porque la odiaba, de eso estaba seguro, porque ella era el foco de todo pensamiento impuro, era la causa de su maldad y enfermedad, ya que ella era su enfermedad ¡pero que gloriosa peste que era! Y aun así, por más que intentase hacer el bien, no podía, porque no podía dejar de amar a esa niña, y eso estaba mal. Ella le dejo pasar y se sentó al lado del lavado, en el suelo, esperando que descargara su ira contra ella, como siempre lo hacía, estaba preparada para el golpe, estaba lista para que le siguiera confirmando que la odiaba y que la detestaba, pero soportar su desprecio era mejor que afrontar que Charlie estaba muerto y que su mamá estaba conectada a esa maquina que hacía ruido.
Edward entró y cerró la puerta, para que nadie más entrase, para que no lo disturbasen con tonterías sin importancia, y el rostro derrotado de la niña le hizo darse cuenta que tenía que hacer algo para aminorar su carga y la de él mismo, que no le importaba las consecuencias, no cuando ellos dos se necesitaban mutuamente, y se amaban, aunque estaba seguro que ella jamás lo amaría con el grado de demencia que él lo hace, ya que él se convirtió en un monstruo que no merecía piedad alguna, y ella siempre sería su ángel, el ser que siempre lo torturaría, su cielo en la tierra. Al parecer Edward jamás considero que el cielo en ocasiones esta sobrestimado – di lo que tengas que decir y déjame sola – él frunció el ceño sorprendido por como su pequeña niña tenía tanto de adulto, suspiro pesadamente, resignado a que cometería el peor pecado del mundo, y eso ya no le significaba nada. Se puso en cuclillas en frente de ella, observándola, captando a la perfección lo emocional que estaba, y como se mordía el labio inferior ¡que hermosa era!
– Bella – pronuncio su nombre como si la acariciara, a lo que ella se sonrojo y él sonrío feliz pero con cierta tristeza, mientras que el monstruo en su cabeza se emocionaba, porque al fin lo haría, al fin, la apresaría para su placer – ¿por qué no me lo haces más fácil? – ella no comprendió a lo que se refería, creyó que era por como llamaba la atención en el funeral y como no tuvo consideración por el dolor de los demás y se sintió culpable, por no tener en cuenta que los demás estaban destruidos al igual que ella, bajo su vista avergonzada por lo tonta que era, pero de pronto, el contacto de la mano de él en su mejilla, paralizo todo en ella. Su piel se relajo, como jamás lo había hecho en su vida, el pulgar de él se quedo acariciándola tiernamente, como jamás lo había sido con ella, y su corazón comenzó a palpitar rápidamente, sonrojándose con furia, y lo volvió a enfrentar. Él seguía sonriendo, ya sentado enfrente de ella, cruzando las piernas, sus ojos verdes parecieron oscurecerse, y esa expresión que fue la que tuvo un año antes, cuando ella lo toco en el consultorio, volvió a regresar, y ella aunque no comprendía que era lo que pasaba por su cabeza a diferencia del pasado, le encanto verlo, parecía tan vulnerable y hasta deseoso de seguir tocándola.
– No me lo estas haciendo más fácil – suspiro profundamente, mientras palpaba su suave piel, y era puro regocijo, el monstruo rió con satisfacción cuando pensó, que no importaba lo que sucediera, si de todas formas iba a ir al infierno ¿por qué no hacerlo todo de una buena vez? Ella abrió los ojos en forma desmesurada, pero no se movió, dejo que la siguiese acariciando, tenía que advertirle antes de proseguir, ¿pero valía la pena hacerlo? ¿Acaso si ella lo rechazaba él la iba a dejar? ¿Y más ahora que él se haría cargo de ella? Pero tenía que al menos darle una fantasía de escapatoria, porque no la dejaría libre, jamás lo haría, aunque lo rechazase, porque era suya aunque ella no lo quisiese; pero si ella lo aceptaba, era decisión de ella y él quedaría libre de esa culpa – no soy bueno para ti, Bella – le aviso dulcemente, hipnotizándola, atrayéndola hacia el peligro, no lo hizo en forma conciente, pero no podía evitarlo, la amaba, la necesitaba y ya no había marcha atrás, la salvación de ambos quedo truncada el mismo día que se conocieron, era tiempo de afirmar y sellar lo que ambos sabían – no te puedo ofrecer nada a cambio, no…
– Solo te quiero a ti – le interrumpió desesperada, él se pasmo por un instante, porque adoro que ella le asegurase eso, pero lo cierto es que no le estaba escuchando, no le hacía caso, y tenía que darle una falsa sensación de libre albedrío en todo eso. Dejó de tocarla automáticamente, se paró y fue hacia la pared al lado de la ducha, donde se volvió a sentar, ella se quedo perpleja y afligida porque que dejase de tocarle, él sin dejar de sonreír, le indico con la mano que se colocase al lado de él. Tímidamente se levanto y algo dudosa lo siguió, sentándose a su lado, pero sin tocarlo, temiendo asustarlo, ya que sabía que siempre lo presionaba, lo ponía al límite y él intentaba hacer algo bueno, aunque ella no entendiese que era.
Se paso la mano por su cabellos cobrizos, y no supo de donde saco valor para contar un poco de su verdad – yo soy malo para ti, Bella – ella se lo quiso refutar, pero él fue más rápido, no la miro sino que se quedo estudiando el techo del baño, como si hablase consigo mismo, ya que solo así podría seguir y explayar una milésima de lo que había en su mente – no puedo cambiar lo que siento por ti – una lagrima traicionera cayo de los ojos de la niña, no quería llorar delante de él, pero no pudo evitarlo, ya que sabía que jamás la querría ni un poco. Pero lo cierto es que no existe ser más estúpido que una mujer enamorada, no importa la edad o raza, el amor siempre afecta al sexo femenino por más que lo niegue o lo evite, ya que es como una enfermedad que esta latente dentro del cuerpo y el alma esperando a encontrar el detonante correcto para contaminar a cada mujer ¡cruel destino que el cosmos le ha preparado a las féminas! No existe nada más horrible como hermoso poder enamorarse perdidamente y entregar todo solo esperando un poco de amor a cambio – pero te amo…
El corazón de ella se paralizo por un instante, porque no podía haber anunciado algo como eso, tal vez había escuchado mal, tal vez esto era todo un sueño, tal vez él estaba bromeando, y comenzó a temblar ligeramente, pero él en ningún momento la miro, sino que siguió encauzado al techo, y aunque la emoción y excitación la poseyeron, trato de negar lo que él estableció, pero la paz en el rostro de él, como si un gran peso se hubiese ido no se lo permitieron. Y al fin pudo captar la lucha interna a la que siempre se tuvo que enfrentar, y sintió pena por él – creo que antes de conocerte estuve medio muerto, o algo parecido sabes – entonces se giro, y la expresión de dulzura la conmovió, y tuvo miedo de tener tanta esperanza, porque estaba acostumbrada a que la odiara, y la posibilidad que la amara, era algo a lo que no estaba preparada; así que afectada, cansada de no entender que era lo que pasaba con su ángel, que era lo que pensaba o sentía, lloró desconsoladamente – te amo, Bella – le reafirmo, levantando sus manos para tomar su pequeño rostro, y la derrota en él fue notoria, porque todo era tan malditamente perfecto y espectacular que el monstruo fue ocupando más espacio dentro de él, y si quedaba algo bueno en él, se evaporo al confesarle que la amaba.
La corriente eléctrica fue más poderosa esa vez, ocasionando que los dos temblaran ligeramente, con sus pulgares él continuo acariciándola, a lo que ella siguió llorando pero por la forma en que se mordía el labio inferior era apreciable que no era por el dolor de las circunstancias que la rodeaban – comprendes por que esta mal lo que estoy diciendo ¿no es cierto? – la urgencia de que captara la gravedad de lo que pasaba se hizo presente, que supiera que todo lo que él establecía estaba mal, que al fin se enterase que él era un monstruo – Bella, ¿lo entiendes? – los orbes chocolates de ella, mostraron la reflexión fugazmente de que comprendía, pero no hubo miedo de ellos, sino cierta aprensión que no supo como identificar – soy un adulto, Bella, tengo 22 años y tu solo 9; ¿comprendes que lo que digo esta mal? ¿Qué no te tengo que amar? Eso esta mal ¿lo entiendes no es cierto? – le reitero algo histérico, porque ella no se movía sino que se quedo estática en su lugar, entonces él se dio cuenta que seguía acariciándola, y la soltó rápidamente, volviéndose a enfocar en el techo – voy a ser tu tutor, y debo cuidarte – se tapo con una mano los ojos, para no lidiar con lo que estaba diciendo, como si eso lo borrase de alguna manera – debo cuidarte de cualquier peligro, mamá va a estar mal por un tiempo y Carlisle la cuidará, y yo tengo que ser el adulto que te cuide, que te proteja – su voz se quebró, porque era la primera vez que era honesto con alguien, y jamás proyecto que lo sería justo con ella, con el ser que le obsesionaba, tenía tanto terror de asustarla con sus demonios, con lograr hacerle ver algo del monstruo que era – ¿cómo te voy a cuidar de mi mismo? ¿Cómo mierda voy a hacerlo? – entonces, las pequeñas manos de ella tocaron su cabello, llamándole la atención, a lo que él respondió y la miró.
Estaba parada enfrente de él, y el amor que le tenía era palpable, expandiéndose por todo el cuarto, porque todo en ella se lo afirmaba, lo amaba y no se iba a rendir fácilmente. Bajo su cabeza y le beso la frente a lo que él cerro los ojos para experimentar el puro éxtasis, el roce de sus labios, blandos y exquisitos, logro que jadeara por ser tan afortunado de tenerla solo para él; Bella sabía lo que tenía que hacer, cuidarlo de si mismo, de las inseguridades que lo poseían y el dolor que no sé iba por más que esto fuese decisión de ambos, jamás desde que se conocieron hubo posibilidad de escapar, estaban condenados a amarse y sufrir por esto, y ella quiso hacerle más ligera esa carga – ¿me esperarás? – le pregunto mientras seguía depositando calidos y amorosos besos en su frente, él la tomo entre sus brazos para acercarla hacía él, acortando la distancia, pero quiso hacer el acto más desinteresado que alguna vez realizaría y le asevero.
– Nunca más te tocaré – le apreso entre sus brazos temblando, ambos lo hacían y las lagrimas por las distancias que se imponían les dolían y carcomían, y se hicieron más violentas.
– ¿Hasta que crezca? – continuo ella, tragando con dificultad, saboreando la piel de él en sus labios, mientras lo seguía besando.
– Nunca más te diré nada dulce – él enterró su rostro en el pecho de ella, aspirando el aroma a Fresia que era característico en ella, dejando que la pureza que ella era lo rodease ¡Que maravilloso placer era sufrirla! Bella sabía lo que él quería hacer, y lo amó más por eso, si eso fuese posible, porque ambos sufrirían de ahora en más, pero al menos eso compartiría a parte de su amor mutuo.
– ¿Cuándo yo este lista? – la respiración de él en su pecho causo que se sonrojase pero lo siguió besando, la corriente eléctrica era tan potente, que creyó que podía alimentar la luz de todo el mundo. Le masajeo sus cabellos rebeldes cobrizos, sedosos como la seda.
– Nunca más te miraré como si tuviera sentimientos por ti – el hueco en el pecho de Bella se fue evaporando, pero no así la sensación de vació, los gimoteos de ambos eran sonoros pero aprovechando el momento, fue bajando sus besos por las sienes de él, a lo que él siseo desesperado.
– ¿Me besaras como a las otras mujeres? – esa acusación le paralizo, porque percibió el dolor de ella, se sentía traicionada, apretó los puños por que los labios de ella parecían serlo todo y ahora solo podría soñar con ellos, imaginarlo sobre su piel y descendió hacia un costado su cabeza para permitirle que siguiera su curso.
– No serás nada para mí más que la hija de mi hermano – ella se arrodillo en medio de las piernas de él, sin dejar de marcar su territorio en su rostro, podía sentir las lagrimas de ella sobre su piel, pero no quiso abrir los ojos, quería que lo siguiese tocando un poco más; porque ahora el tiempo pasaría mas lento que nunca, tenía que acumular todas las sensaciones posibles para poder resistir, para no volverse loco, y calmar un poco al monstruo.
– ¿Me seguirás amando? – paso por su mejilla, tomando aun más de sus revoltosos cabellos, para no olvidar la sedosidad de estos, y la caricia de las manos de él en su espalda la hizo suspirar.
– Jamás te demostrare nada – y en ese instante, él abrió los ojos para verla directamente, y la acongojada sonrisa de ella, fue un reflejo de la suya, y ambos concluyeron que ya no había marcha atrás.
– ¿Hasta que llegue el momento? – pronuncio ella con felicidad, sonriendo dulcemente, entre los brazos de él.
– Hasta que llegue el momento, mi Bella – coincidió él.
Prácticamente una hora después de haberse encerrado en el baño, Edward con unos anteojos negros puestos, salió del baño con Bella dormida entre sus brazos, el rostro de ella estaba oculto en el pecho de él; todos se quedaron callados cuando lo vieron, tan pronto como Carlisle los visualizo fue a su encuentro al igual que Alice, Rose y Jasper.
– ¿Cómo esta? – le pregunto tristemente su padre, que algo tembloroso, levanto la mano para apartarle sus cabellos y verificar como estaba su hija, pero un movimiento rápido de Edward no se lo permitió; no quería que nadie más la disturbase, quería que durmiera, como lo hizo la noche anterior entre sus brazos, que descansara junto a su cuerpo, porque de ahora en más , ellos dos estarían juntos pero separados, ya no había marcha atrás, estaba cansado de seguir fingiendo lo que no era, ella era suya, y era tiempo que los demás se diesen cuenta de esto.
Su hermano se quedo contrariado, pero Edward hablo para poder despistarlo – esta muy cansada, es mejor que no se la moleste… fue un día muy largo para ella – Carlisle asintió, pero esa sensación de inquietud y vació que sintió cuando Edward se la llevo del hospital se hizo presente molestándole en lo más hondo – será mejor que aclare unas con cosas con Alec y después nos vamos.
– ¿Bells… va a estar bien? – le pregunto preocupado Jacob, que estaba junto a Alice que estaba hipando un poco por el llanto, Rose abrazo a la niña para consolarla, pero Jasper se mantuvo al margen, sabía en parte que era su culpa que Alice estuviese triste, más cuando ella solo le intento ayudar y él solo pudo despreciarla, al igual que Edward no sabía como manejar sus reacciones y sentimientos cuando alguien le importaba mucho, cuando amaba a alguien que no era su familia. Edward controlo las ganas de golpear, de establecerle que él no tiene porque siquiera pronunciar su nombre, era un perro sarnoso, despreciable y que si pudiera lo apalearía, mas se contuvo recordando que era un niño y que como todos los demás estaba consternado por como estaba su ángel, aunque de ahora en más lo vigilaría más atentamente, todos los niños crecen al igual que su Bella y el mocoso de porquería también lo haría.
– Si ella lo estará – su forma de explayarse parecía tan tranquila pero una amenaza se calo en los huesos de Jacob pero por su edad no comprendió que fue, era un macho marcando su territorio, el niño instintivamente se movió unos pasos hacía atrás – ahora nos vamos, pueden pasar cualquier día – su sonrisa fingida fue creíble para todos, menos para Jacob que presintió el peligro. Cuando visualizo a sus amigos, Alec que estaba con la cabeza gacha mientras que Sam le decía algo, se dirigió hacia ellos, tenía que ir preparando las cosas para que se quedara con él, para que nadie se la pudiera quitar, y Alec que trabajaba para el estado como abogado civil era quien llevaría el caso de la custodia de Bella.
– Ten los documentos preparados lo antes posible, por favor, quiero que ella esta segura lo antes posible – quiso reír histérico cuando pronuncio eso, ¿segura? ¿Con él? Pero tenía que darle cierta estabilidad, tenía que hacerle entender que no vagaría de lugar en lugar, que al lado suyo siempre tendría un espacio, aunque en la realidad ella fuese todo su espacio; tenía que tranquilizar su mente, pensar fríamente, porque ahora sería una abstinencia dura y angustiosa, espera que el tiempo pasar, tratar de soportarlo y no perder la cabeza a cada instante, buscar la forma de controlar al monstruo y si podía, si es que ocurría el milagro, poder aniquilarlo. Pero ¿Cuál era el límite entre él y el monstruo? Minutos antes no fue el monstruo le que prometió esperar, que le dijo que la amaba aun sabiendo que estaba mal, así que no podía culpar al monstruo sobre eso, así… ¿cómo podía contener lo que era? ¿Cómo podía borrar lo macabro en él? ¿Cómo podía controlarse con ella? – el lunes pasare por el juzgado, y quiero que la asistente social tenga todo lo necesario para empezar el proceso.
– Edward, yo… – se quiso disculpar avergonzado Alec, fue un terrible idiota al comportarse de esa manera, ya Tanya le había explicado todo, excepto la parte de que todavía lo amaba, y se sentía culpable; cada vez le era más difícil comprender a Edward, alcanzarlo en la coraza que siempre se envolvía, ya ni siquiera Sam podía captar algo de él. Edward lo miro un rato y sintió pena por su amigo, porque no debería sentirse culpable, comprendía que actúo como un imbécil, jamás se dio cuenta cuanto lo había afectado su relación con Tanya, ya que era egoísta, siempre lo fue, el factor de egoísmo era su Bella, porque no tenía en cuenta a nadie más cuando tenía que tomar una decisión que influyera en su relación con su ángel, y al comenzar a salir con la doctora, al intentar en vano huir de ella, no considero los atenuantes, y en como sus decisiones afectaban a los demás.
– No te preocupes – le sonrió generoso, quitándole que poco de pena a Alec – yo soy el que debe decirte que lo siento – Alec, abrió los ojos sorprendido y Sam agito la cabeza orgulloso de ambos, al fin, parecía que podían ser de nuevo ellos tres como lo eran, ser los mejores amigos – jamás te tuve en cuenta, ni nada, soy egoísta y es muy posible lo seguiré siendo – reflexiono en voz alta, apretando a la niña más a su cuerpo, sintiendo el calor que emanaba, y hacía despertar a todo su ser, estaba tan tranquilo con ella, como volando por las nubes, si era cierto, su cielo estaría con él de ahora en más – pero de la misma forma que eres vanidoso y Sam se cree el jefe – bromeo causando que ellos rieran, distendiendo el ambiente.
– Yo no soy vanidoso – se defendió Alec arreglándose el cabello en forma exagerada – tendré los papeles preparados – y miró hacia la niña que dormía entre los brazos de su amigo pero tomada fuertemente del saco de él – ¿quieres hacerlo? – Edward frunció el ceño y Sam se enserio – digo, cuidarla ¿quieres hacerlo? Solo tienes 22 años, Edward, creo que…
– ¿Crees que no me darán la custodia? – se apuro algo nervioso, el monstruo comenzó a gruñir amenazante en su cabeza ante la implicancia que no se la dieran, era suya, ¡que no se atreviesen a quitársela! no tenía que dar explicaciones a nadie sobre lo que haría con ella, ese pensamiento, paralizo a Edward pero trato de no mostrar perturbación alguna ¿qué es lo que planeaba hacer con ella? ¿Cultivar su alma y cuerpo, para al final consumirlo? ¿Por qué mierda no podía pensar sanamente una sola vez con respecto a ella?
– No, Alec no quiso decir eso… – intermedio Sam, algo preocupado, porque él si noto como la aferro más a él – lo que pasa es que eres joven, soltero – a todo esto Alec asentía, y por suerte los anteojos negros cubrían los ojos de Edward, porque o sino se hubiesen dado cuenta como él odio y la ansiedad se reflejaban en estos, el monstruo se estaba enloqueciendo – y es probable que no quieras llevar esa carga, ya sabes, tienes también que pensar en tu madre y tus hermanitos…
– Mi madre va a estar bien, Rose y Jasper también van a ayudar – intento mantener su voz neutra porque estaba desesperado, y el monstruo no estaba en mejor estado, podía sentir la respiración de ella sobre su pecho, y como el corazoncito de ella palpitaba y eso le encantaba, percibirla tan viva y cerca suyo; y el solo suponer no tenerla era algo horrible y peligroso para los demás – así que no veo el problema.
– No dudo que servicios sociales te darán la custodia, pero lo que… – Alec suspiro porque era notable por el porte de alerta y lucha que puso su amigo, no iba a dar el brazo a torcer, después de todo era sabido que Edward siempre hacia lo correcto y era un gran hombre. Como engañan las apariencias ¿no es cierto? – cualquier cosa, si la asistente social se pone algo molesta, dile algo dulce, pon ese tono de voz que tantas veces te dio cosas gratis – bromeo, y los tres rieron.
– ¿Quieres decir?, ¿que yo utilizo mi voz para conseguir cosas? – le pregunto gracioso. Alec se encogió de hombros respondiendo.
– Yo solo sé que siempre recibías mayor porción de comida en el almuerzo, no digo que la cocinera lo hiciese adrede, pero siempre se le iban los ojos cada vez que le hablabas.
– Cualquier cosa que necesites estamos aquí, no dudes en llamarnos – le aseguro Sam colocando su mano sobre el hombro de él, demostrando que lo acompañarían, Edward sonrió, no pudo reflexionar que afortunado que era, porque tenía una excelente familia, amigos y conocidos, pero realmente eso no le importaba, los quería pero no le importaba mucho como creía que tendría que hacerlo, cada vez estaba más convencido que no era un ser que pudiese dar amor y ser algo más de lo que era, no tenía otra aspiración en su vida que no fuese poseerla y apresarla, que fuese suya en cada parte que la componía, y aun no sería suficiente, nada jamás lo sería.
– Gracias – la respiración de ella sobre su pecho y su pequeñez lo estaban calmando, lo estaban hipnotizando y arrastrando más a ella, y ¡como la deseaba! ¡Por todo lo sagrado, como deseaba saborearla! Se retiro y cuando llego al vehículo, la coloco en el asiento trasero delicadamente, como si fuese hecha de vidrio, porque era tan frágil y suave; el monstruo le decía que debía tener cuidado con ella, que la tendría, ya se lo había prometido y confirmado, solo debía aguardar a que creciera tan preciosa como era, en la mujer que fue creada solo para él, para que el monstruo la devore.
No se quedo más en el funeral ni tampoco se despidió, él estaba cansado al igual que ella, su Bella no necesitaba estar expuestas a las muestras de simpatía y curiosa morbosidad de los demás, mientras conducía miraba cada tanto por el espejo retrovisor hacía atrás verificando que ella siguiese durmiendo cómoda, su pequeña forma se expendía por todo el asiento, su piel estaba más pálida que nunca, cosa que le hubiera alertado pero sus facciones estaban relajadas, mientras murmuraba entre sueños palabras inteligibles. ¡Hermosa! Se repitió mentalmente, levanto una mano del volante, para pasársela por la frente, en donde ella lo había besado y contuvo la necesidad de cerrar los ojos para recordarla vividamente. El aroma a ella lo estaba nublando nuevamente, y con una mirada triste, denotando un gran sentimiento de culpa y felicidad al mismo tiempo, se miro directo a sus ojos verdes y pronunció – ¿que demonios he hecho?
Tan pronto como llego a la casa, la acomodo en la habitación de ella, sobre su cama tapándola lentamente con las sabanas, y no se atrevió a sentarse a su lado, pero sin quitar su vista de ella, se sentado en una silla que estaba en una esquina del cuarto donde tenía un panorama completo de ella – siempre intente no hacer lo que voy a hacer ahora, pero sé que me amas, que me necesitas, que crees que soy tu todo, mi Bella, pero como voy a mantener mi palabra, y desde ahora no serás nada para mí, absolutamente nada importante, pero cuando crezcas lo suficiente… – se refregó los cabellos nervioso y excitado, pero ya no podía volver a ser el que era antes, no podía seguir pretendiendo o intentándolo, solo dejaría surgir el deseo, más que nada porque ella lo había aceptado y él no tenía ganas de luchar, más cuando ya nada le impedía hacer lo que tanto deseaba – …te marcaré toda y serás mía… no podrás escapar de mi, mi ángel, porque puedo verte incluso en la oscuridad – murmuró con voz ronca.
Y se quedo ahí observándola, solo iluminado por la luz de la luna, mientras dormía, maravillado por su hermosura y fragilidad, asegurándose que estuviera protegida de todo mal, aunque el verdadero peligro era él.
Y se dijo que toda ella era de él, que ante los demás él era su cuidador, que nadie ya podía quitársela, y su parte sensata junto al monstruo celebraron la victoria, ya que ella era suya, al fin lo era. Sus labios se curvaron, mostrando una sonrisa torcida, y susurro para si, MÍA, ELLA ES MÍA. Y esta vez el monstruo, se pudo entrever en sus ojos, deseoso por al fin amarla sin restricción, así que se acomodo en su silla, ya que le sobraría tiempo mientras aguardaba el momento indicado para poseerla como siempre lo había soñado.
Espero que les haya gustado. Hasta el próximo capítulo.
