Hola, jeje, si quieren una explicacion por el cambio de nombre les ruego porfis que vayan al cap 5, ahi expliqué el por qué del cambio, y este capitulo es un poquito más largo espero que lo disfruten.

CAPITULO 6

A última hora del viernes por la tarde la nieve no había dejado de caer. El domingo empezó a remitir el temporal, pero la altura alcanzada por la nieve hacía imposible prácticamente cualquier actividad, entre otras llevar a los niños al colegio, por lo que las clases quedaron suspendidas.

Aburrida y sin la posibilidad de salir al jardín a jugar, Emma estaba cada vez más inquieta. Para tener un rato de tranquilidad durante el que ocuparse de organizar el papeleo y los recibos de la casa, Kagome la envió arriba a recoger su habitación.

Un rápido vistazo hizo comprender a Emma que su habitación estaba lo suficientemente recogida y fue directamente a ver a Inuyasha.

Lo encontró en la cocina, tumbado de espaldas bajo el fregadero, murmurando imprecaciones respecto a las cañerías y los desagües.

-¿Inuyasha? –Emma se acuclilló junto a él para tratar de escuchar lo que decía-. ¿Con quién estás hablando?

-¿Hmm? Con nadie, Em. Sólo murmuraba.

-¿Qué estás haciendo? –Emma trató de meter la cabeza bajo el fregadero para comprobarlo personalmente.

-Trato de arreglar una junta que gotea. ¿Recuerdas que mamá te dijo que iba a ocuparme una temporada de los trabajos de mantenimiento del hostal?

-Sí. ¿Por qué gotea la junta?

-Si lo supiera no tendría la cabeza metida aquí abajo y no estaría utilizando palabras que a tu madre no le gustarían.

-¿Qué clases de palabras?

-Da igual –murmuró Inuyasha-. ¿Emma?

-¿Sí?

-¿Quieres ser mi ayudante?

-¿Tu ayudante? –repitió Emma, emocionada -. ¿De verdad?

-De verdad –confirmó Inuyasha con una sonrisa-. ¿Ves esa vieja caja de herramientas?

Emma miró a su alrededor.

-¿Te refieres a la caja de metal que hay en es suelo?

-Sí. ¿Puedes darme la llave inglesa que hay adentro?

Emma se acercó a la caja a mirar.

-No sé qué es una llave inglesa.

-Es grande, tiene el mango rojo y la parte de arriba plateada. ¿Sabes cuál es el color rojo?

Emma dejó escapar una risita mientras empujaba las gafas sobre el puente de su nariz.

-No soy un bebé. Claro que lo sé. Sé todos los colores y el alfabeto y también sé leer.

-Buena chica. Y ahora¿puedes tomar la llave inglesa con las dos manos para que no se te caiga y traérmela?

Emma se mordió el labio mientras se concentraba en hacer lo que Inuyasha le había dicho.

-Gracias, cariño –dijo él cuando le entregó la llave.

-¿Inuyasha?

-¿Sí?

-¿Cuántas horas faltan para Navidad?

Aún asombrado por la imparable curiosidad y las preguntas de Emma, Inuyasha sacó la cabeza de debajo del fregadero para mirarla.

-¿Horas? –repitió-. No estoy seguro. Muchas horas –pensó un momento-. Es mas fácil pensarlo en días y semanas. ¿Sabes si tu mamá tiene un calendario?

-Sí. Hay uno en la nevera. Tiene un foto de un perro. Mamá lo compró en el veterinario y apunta ahí todo lo que tenemos que hacer. ¿Por qué quieres saberlo?

-Ve por él y ahora te lo explico. Y trae también un lápiz rojo.

Emma se levantó y fue hacer lo que Inuyasha le había dicho mientras éste se secaba las manos.

-Esto es lo que hay que hacer –dijo él cuando tuvo el calendario-. ¿Ves qué día es hoy?

Emma entrecerró los ojos tras sus gafas y miró el calendario.

-Hoy es domingo¿verdad?

-Eso es –Inuyasha volvió a meterse bajo el fregadero y masculló una maldición cuando se golpeó un codo con una cañería.

Emma se llevó una mano a la boca para disimular una risita.

-Has dicho una palabra mala.

-Lo sé, Em. Una palabra muy mala –Inuyasha alzó la cabeza para dedicarle un guiño-. Pero no vamos a decírselo a tu mamá¿de acuerdo? No quiero tener problemas con ella.

Emma volvió a reír.

-De acuerdo. No se lo diremos –miró el calendario-. ¿Qué tengo que hacer?

-Busca el domingo día cinco en el calendario y así podrás calcular cuántos días faltan hasta Navidad.

Emma frunció el ceño.

-¿Cómo?

-Navidad es el día veinticinco. ¿Ves esa fecha en el calendario?

Emma asintió, excitada. La Navidad le gustaba más que nada en el mundo.

-¡Ya la veo¡ya la veo! Mamá ha pintado un gran corazón para que no nos olvidemos de ese día.

-De acuerdo. Ahora cuenta cuántos días faltan desde hoy hasta ese día.

-¿Contar?

-sí, contar.

Emma contó en alto.

-Si no contamos hoy, sólo faltan veinte días para Navidad –dijo, orgullosa.

-Exacto. Y ahora te voy a decir lo que puedes hacer. ¿Tienes el lápiz rojo?

-Sí.

-De acuerdo. Pinta una X sobre la fecha de hoy.

Emma frunció el ceño.

-¿Por qué?

Inuyasha rió.

-Para que puedas ver que ese día ha llegado y queda un día menos para que llegue la navidad. Cada día que pase puedes tachar una fecha del calendario y así siempre sabrás cuántos días faltan para la Navidad.

La expresión de Emma pareció iluminarse cuando comprendió.

-¡Qué bien! Entonces, cada mañana antes de ir al colegio podré contar cuántos días quedan hasta la Navidad.

-Exacto.

-¿Inuyasha?

-¿Sí, cariño?

-He estado ahorrando dinero para la Navidad.. tengo casi un dólar u sesenta centavos y voy a hacerle un regalo a mamá.

-¿En serio¿Y qué vas a comprarle?

Emma frunció el ceño.

-No sé. Ella suele decir que lo único que necesita es tiempo, pero no sé dónde comprarlo. ¿y tú?

Inuyasha rió. Era lógico que una madre sola y ocupada valorara por encima de todo el tiempo, especialmente Kagome que, además de Emma, Jimmy y la casa tenía que ocuparse del hostal. Su admiración por ella y por su capacidad de trabajo no hacían más que aumentar. Kagome era una mujer increíble... y preciosa, pensó con una sonrisa, consciente de que más valía reservar aquella opinión para sí mismo.

-Lo siento, Em, pero no tengo ni idea de dónde se puede comprar tiempo.

-También voy a comprarle algo a tío Jimmy...

-Emma Marie –interrumpió Kagome desde el umbral de la puerta de la cocina-. ¿Por qué estás molestando a Inuyasha mientras trabaja¿No tuvimos esta misma conversación ayer y el día anterior? –preguntó a la vez que alzaba una ceja y trataba de no mostrarse exasperada-. ¿Y no te he dicho antes que subieras a tu dormitorio?

Emma se puso de pie.

-Mi dormitorio ya está recogido y no estoy molestando a Inuyasha. En serio –protesto con un puchero a la vez que miraba a Inuyasha en busca de apoyo -. Le estoy ayudando.

-¿Ayudándolo? –repitió Kagome con expresión escéptica mientras entraba en la cocina.

A pesar de lo mucho que se había esforzado no había logrado evitar que su hija persiguiera a Inuyasha como un cachorrillo perdido para obtener su atención y aprobación. E Inuyasha, que sin duda debía tener la paciencia de un santo, parecía disfrutar con la devoción de la niña. No le había visto irritarse en ningún momento con ella. Se tomaba su tiempo para hablar con ella y la trataba como si fuera una persona, no sólo una cría.

Debía admitir que aquel hombre la impresionaba más y más con cada día que pasaba. ¿Pero a qué madre no se le ablandaría el corazón por un hombre que se mostrara tan paciente y atento con su hija?

Desesperada por mantener sus defensas alzadas. Kagome miró a Inuyasha, que seguía tumbado tratando de arreglar algo con las manos bajo el fregadero.

Apretó los diente y cerró los ojos un momento, tratando de no pensar en su magnífica musculatura. Aquel hombre podía tentar a una santa, pensó mientras se esforzaba en no mirarlo.

-En serio, mamá. Pregúntale a él –imploró Emma.

-Tiene razón, Kagome –dijo Inuyasha mientras salía de debajo del fregadero.

Tras lavarse las manos miró a Kagome y sintió una repentina oleada de deseo que casi lo dejó sin sentido. Tenía un aspecto magnífico, pensó con una sonrisa. Vestía una sudadera verde que, a pesar de ser bastante amplia, hacía muy poco por ocultar las femeninas curvas de su belleza.

Llevaba el cabello sujeto en una cola de caballo alta que casi le hacía parecer una adolescente. Unos mechones sueltos enmarcaban su rostro, totalmente carente de maquillaje y tan suave que Inuyasha tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para no alzar la mano y acariciárselo. Pero había evitado escrupulosamente tocarla desde el último beso que se habían dado. Le había afectado tanto que había comprendido que necesitaba distanciarse para recuperar la perspectiva...aunque aún no estaba seguro de haberlo logrado.

-Le he pedido a Emma que sea mi ayudante –miró a Emma y sonrió mientras sentía que su corazón se derretía. Aquella niña había capturado su corazón con una facilidad asombrosa. Se encogió de hombros y siguió lavándose las manos, consciente de que Kagome lo observaba atentamente, algo que no había dejado de hacer desde que había entrado. Antes o después acabaría dándose cuenta de que no tenía nada que temer de él-. He pensado que, ya que no tiene que ir al colegio puede ser mi ayudante y ganar algo de dinero para Navidad –guiñó un ojo a Emma, que le dedicó una sonrisa radiante-. Sólo faltan veinte días¿verdad, Em?

Emma abrió los ojos como platos.

-¿voy a ganar dinero por ayudarte? –preguntó, emocionada.

-Por supuesto Inuyasha a la vez que tiraba afectuosamente de una de sus coletas -. Cuando se trabaja se cobra. Es un plan sencillo pero efectivo –explicó, y volvió a mirar a Kagome sonriente-. A mí siempre me ha funcionado –se acuclilló junto a Emma para mirarla a los ojos-. Una de las cosas que necesitas aprender si vas a ser mi ayudante es que siempre hay que volver a guardar las cosas donde estaban cuando has acabado de utilizarlas.

-¿Quieres decir que tengo que colgar e calendario y guardar el lápiz rojo ya?

-Eso es, cariño. Así, mañana, cuando quieras contar los días que faltan para Navidad, sabrás donde está el calendario y el lápiz y no tendrás que perder el tiempo buscándolos –Inuyasha miró a Kagome-. Le he enseñado lo fácil que es contar los días que faltan hasta Navidad utilizando un calendario.

-Buena idea –dijo Kagome, nuevamente impresionada. Aquel hombre estaba lleno de sorpresas-. Siento que no se me ocurriera a mí –dijo, pensando que Emma le había hecho aquella pregunta casi a diario.

-Mi abuelo se hartó de que le hiciéramos constantemente esa pregunta cuando mis hermanos y yo éramos pequeños y se le ocurrió el método del calendario y el lápiz rojo. Cada uno teníamos uno en nuestro cuarto y podíamos contar los días que faltaban cada vez que queríamos hacerlo.

-Parece que tu abuelo es un hombre muy sabio –dijo Kagome con una sonrisa.

Inuyasha rió.

-Lo es, pero no se te ocurra decírselo, o será imposible aguantarlo.

-Voy a guardar mis cosas – Emma se agachó para recoger su lápiz y el calendario del suelo. Luego alzó la mirada hacia Inuyasha-. ¿Aún vas a enseñarme a jugar a las damas esta noche?

Inuyasha asintió.

-Desde luego. En cuanto terminemos de comer.

Emma sonrió y luego frunció el ceño.

-Tío Jimmy dice que soy demasiado pequeña para aprender.

-¿Sabes distinguir entre el negro y el rojo? –preguntó Inuyasha a la vez que apoyaba una mano en su hombro.

Emma asintió vigorosamente.

-Sí.

-Pues eso es todo lo que necesitas saber para jugar a las damas.

-Bien –Emma miró a su madre y sonrió al ver que ya no parecía enfadada. Luego volvió a mirar a Inuyasha-. ¿Vas a necesitar que te ayude más?

-Ahora mismo no, pequeña. Yo me ocupo de guardar las herramientas –dijo Inuyasha mientras se agachaba para guardar la llave inglesa en la caja-. Tú guarda el calendario y el lápiz y luego nos vemos.

Emma asintió y salió de la cocina tras dedicar una sonrisa a su madre.

-Con la paciencia que tienes con los niños, tal vez deberías ser maestro –dijo Kagome mientras se acercaba al horno para comprobar cómo iba la carne que estaba preparando.

-¿Maestro? Puedo manejar a los pequeños de uno a uno, pero no sé cómo me las arreglaría con varios.

-Seguro que no tendrías problemas –mientras tomaba un paño para abrir el horno, Kagome pensó que nunca había conocido a nadie que se comportara con tal naturalidad con un niño.

-Creo que la gotera del fregadero ya está arreglada –dijo Inuyasha mientras sacaba del bolsillo trasero del pantalón la lista de tareas que había anotado y le echaba un vistazo. Planeaba dejarlo todo acabado antes de que empezaran los preparativos para el día de Navidad, de manera que aún tenía tres semanas por delante.

Algo llamó su atención y alzó la mirada a la vez que olfateaba el aire.

-Sea lo que sea lo que estás cocinando, huele de maravilla –dijo a la vez que se acercaba a Kagome por detrás, sin saber muy bien qué olía mejor, si la carne o ella. El afán de tocarla, de volver a besarla era una constante molestia que se esforzaba en ignorar.

-Gracias –dijo ella mientras le daba la vuelta a la carne-. Pero dices eso todos los días –se sorprendió al volverse y ver que Inuyasha estaba justo tras ella. Por un instante se quedó paralizada y o miró a los ojos.

-Un hombre podría tomarse personalmente que lo miraras con esa expresión de suspicacia y cautela que pones cada vez que se acerca –murmuró él.

Kagome se encogió de hombros, consciente de que aquello era cierto pero negándose a reconocerlo.

-Lo siento, pero no sé de qué estás hablando.

Desde que Inuyasha había llegado, cuanto más cómoda había ido sintiéndose Emma con él, más nerviosa e incómoda se había ido sintiendo Kagome. Tal vez se debía a que era consciente del poder que Inuyasha ejercía sobre ella, de lo que sus caricias y besos eran capaz de hacerle. Desde el último que se habían dado había evitado cualquier indicio de conversación o trato personal con él.

-Ah, Kagome, creo que aquí está pasando algo –dijo Inuyasha tranquilamente, y se inclinó hacia ella hasta que sus narices estuvieron a punto de tocarse.

-¿Qué? –preguntó ella, nerviosa -. No sé de qué estás hablando.

Inuyasha sonrió y deslizó un dedo por la punta de ka nariz de Kagome.

-Me parece que la nariz te está creciendo –su sonrisa se ensanchó al ver que ella fruncía el ceño-. Tiene tendencia a hacerlo cuando alguien dice una mentirilla como la que tú acabas de decir. Mentir no te sienta bien, Kagome –dijo con suavidad –. De mometo lo dejaremos así, pero no soy un hombre al que le gusta que le mientan. Simularé que no te muestras suspicaz y cautelosa conmigo. Puede que cuando me conozcas mejor te des cuenta que no tienes motivos para tener esa actitud –alzó una mano para apartar un mechón de cabello de la frente de Kagome–. Algunas personas piensan que soy un tipo bastante agradable. Puede que tu llegues a pensar lo mismo algún día.

A continuación, silbando, metió las manos en los bolsillos y salió de la cocina mientras Kagome contemplaba su espalda, boquiabierta.

------------------------------

Ay con esta mujer, pero que s epuede hacer pues, pero bueno espero que les haya gustado el cap, a y perdonen la tardanza es que en mis vacaciones estoy estudiando y tengo que hacer un monttooooo nnnnnn de cosas en mi casa, pero voy a hacer lo posible para subir los cap mas rapidos, ahora porfis, les pido que me dejen un review, no se preocupen acepto regaños, insultos, y felicitaciones, jeje.

Cuidense, bss

ELIZABETH