Cap. 6. CUANDO UN PRÍNCIPE DESPIERTA:
Sentado frente a su escritorio, en su recién estrenado despacho como Jefe del Cuerpo de Aurores de Gran Bretaña, Harry Potter pensaba en su aún convaleciente protector. Habían pasado cuatro años desde la Gran Batalla de Hogwarts, que le valió a él más fama y más reconocimiento del que nunca quiso; pero sucede que El Niño que Vivió Dos Veces, era ahora un hombre. Un hombre con un silencioso compromiso con aquel que puso su vida en riesgo para garantizar su bienestar y seguridad, todo por un amor no correspondido y un inmenso remordimiento de conciencia.
¡Vaya que entendía a Severus! Él mismo estaba experimentando sentimientos similares hacia su antiguo benefactor, y al igual que su maestro, había llegado hasta renunciar al amor de una muy bella, pero igualmente caprichosa Ginny Weasley que lo había abandonado definitivamente. Aun así, él era un Gryffindor y tenía una deuda de honor con Severus Snape, hacie quien luego de haberlo odiado con toda su alma, ahora sentía un profundo respeto y admiración como hombre, como mago y como maestro; además, se había jurado mantener el secreto, pues quedaban mortífagos prófugos y seguramente desearían vengarse del que los había engañado por toda una vida y los había traicionado; por eso era vital que nadie más aparte de los autodenominados Guardianes del Príncipe, supieran la verdad acerca de la suerte de Severus Snape.
Ironías del destino, su proclamado mayor enemigo de sus años de escuela, era ahora su compañero en la misión de proteger a Severus; y para terminar de completar un raro binomio, era su nueva pareja en el cuerpo de Aurores; paradójico, el aristocrático y engreído Draco Malfoy depositó la administración de los pocos bienes que se libraron de la expropiación, en manos de la viuda Narcissa Malfoy, que luego de años a la sombra de Lucius mostraba por primera vez, quizás en toda su vida, la verdadera naturaleza de su personalidad como una bruja hábil y poderosa y como una mujer fuerte y segura de sí misma. Lejos de la máscara de desdén y falsa superioridad; al parecer lejos del negativo influjo de su marido, dejaba de ser una persona aparentemente sumisa y mostraba su verdadero yo, empezando por buscar a su hermana Andrómeda y reestablecer los lazos fraternales con ella, y con el último descendiente de la familia Black: Teddy Lupin. Una vez convencido de la competencia de su madre dentro del mundo de los negocios, Draco solicitó su ingreso a la fuerza; y lo hacía bastante bien; atrás había quedado el muchacho engreído y cobarde; ahora él también era un hombre, un sobreviviente; y al igual que Harry había tomado como compromiso personal encontrar a Granger.
En el cambio operado en Draco era fundamental su mala experiencia como mortífago, la guerra, estar lejos de la influencia de Lucius, los nuevos amigos; y sobre todo una rubia loca, que estaba más cuerda que todos: Luna. Mientras cuidaban de su padrino, la había conocido mejor y enamorarse de ella fue inevitable, le fascinaba la forma inocente y a la vez profundamente sabia con que la Ravenclaw enfrentaba la vida, desde lo más trivial hasta lo más complejo. Le cautivó su mirada, su sonrisa, y hasta sus delirios con animales que nadie más que ella veía; y le admiró hasta límites insospechados su habilidad como pocionista y sanadora, logrando convencerla de que tendría un gran futuro como medimaga; siendo ésta una de las principales razones para que la chica estuviera por concluir su residencia en San Mungo; con las mejores calificaciones en años, y con la oferta de ser la nueva jefa de la Sección de Venenos y Antídotos del hospital mágico. Pero aun cuando él estaba seguro de amarla, no se consideraba digno de hablarle de amor a una criatura tan pura e inocente como Luna Lovegood. Su pasado como mortífago, aunque fracasado, le pesaba; y a pesar de que su madre se había encargado de deshacer el ridículo compromiso matrimonial con Astoria Greengrass que pesaba sobre él desde antes de su propio nacimiento, no encontraba ni el valor ni la dignidad para pedirle a Luna que se casara con él.
Por su parte, en un consultorio de San Mungo una chica rubia y menuda miraba por la ventana; había amanecido trabajando, y estaba tomándose un descanso; pensaba, y no en cualquier cosa, pensaba en un auror rubio y de ojos grises; a quien ella amaba; pero pensaba que él solamente la veía como una amiga y nada más. Divagaba la chica pensando en que el aristocrático Draco Malfoy, a pesar de casi haber caído en la ruina y de su pasado forzoso en las filas de Voldemort; jamás se fijaría en una muchacha como ella. Había aprendido a conocerlo mientras cuidaban a su ex profesor, eran ya cuatro años en los que forzosamente debían convivir; y donde aprendió a conocer otros aspectos de su personalidad que la fueron cautivando. Suspiró derrotada y empezó a llenar el informe de su turno para irse a casa; al apartamento que hace dos años compartía con Harry Potter y Draco Malfoy en el Londres Muggle.
Mientras tanto, en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, dos brujas observaban a un mago durmiente, que poco a poco despertaba, aturdido.
Minerva, ¿dónde estoy? Y sobre todo ¿qué haces tú aquí?
Severus, tengo demasiadas cosas que explicarte, pero es mejor que descanses, no es el momento adecuado para revelaciones. Andrómeda se encargará de ti, por favor acata sus órdenes.
Lo último que Severus Snape recordaba de McGonagall era que lo retaba a duelo y lo atacaba frente a todos en el Gran Comedor, antes de iniciarse la Batalla de Hogwarts; poniéndolo en un predicamento, dado que no podía dejar a los Carrow ahí, así que se jugó en ese momento la última carta, y mostrando sus innegables dotes como duelista, hizo rebotar los hechizos de Minerva para que golpearan a los mortífagos, para luego irse; dado que a pesar de todo lo que se decía de él, era un caballero y consideraba a Minerva lo más parecido a una amiga en muchos años. En su mente rebotaban las ideas y las preguntas, ¿por qué Minerva era tan políticamente correcta con él? Al parecer lo había estado cuidando, pero, ¿Por cuánto tiempo? Se palpó el cuello, la herida estaba totalmente cicatrizada, eso llevaba mucho tiempo, años quizás. Otra intriga que rondaba en su cabeza, era: ¿qué hacía Andrómeda Tonks a su cuidado? Sabía bien que era medimaga y que se había especializado en venenos y antídotos, pero que jamás había ejercido. No podía recordar nada luego que entregara sus recuerdos a Potter en la Casa de los Gritos, y se despidiera de su amada Hermione, no sabía que había pasado con ella, de su estado físico podía deducir que llevaba al menos un año ahí. En tales cavilaciones estaba cuando llegó su cuidadora y le hizo tomar varios viales de pociones que para él eran desconocidas; vaya sí que debió pasar mucho tiempo para que el mejor pocionista de Europa no pudiera distinguir una poción. Unos minutos más tarde, luego de mucho pensar en los pros y contras, se atrevió a preguntarle a Andrómeda.
Andrómeda…, su voz se escuchaba mucho más grave de lo habitual, sería por el tiempo sin uso, pero necesitaba que alguien le explicara que pasaba, y no había nadie más cerca.
Dime Severus, ¿necesitas algo? ¿te sientes mal?
No, no es nada de eso; sólo deseo que me expliques que ha pasado y cuánto tiempo llevo aquí.
Bien Severus, creo que será algo largo de explicar.
Durante más de dos horas, estuvo refiriéndole con detalle la forma como había llegado hasta ahí, así como las únicas personas que conocían el secreto, enterándose que para toda la Comunidad Mágica estaba actualmente redimido, con Orden de Merlín en primera clase, reconocido como héroe de guerra y oficialmente muerto desde hacía más de cinco años.
Andrómeda, ¿tú sabes del paradero de Hermione Granger?
Severus, todos los que nos hemos autollamado tus guardianes, conocemos la verdad; todo lo que sabemos de ella es que tras la batalla pasó por Gringotts en tu cámara y desapareció para siempre, por más que Harry y Draco la han buscado, hasta en el mundo muggle; no la encuentran. Nadie sabe si está viva o muerta.
Estas últimas palabras fueron suficiente para que regresara a la cama y guardara silencio, ¿de qué le servía haber vivido si no la tenía a ella? Hubiera preferido morir, a sentir el dolor de perderla y decidido a eso, y usando sus dotes de occlumante se encerró en sí mismo, de tal manera que dejó de escuchar y sentir lo que pasaba a su alrededor en una especie de coma mágico auto infringido.
Cuando Minerva regresó a la habitación, Andrómeda no pudo explicarle con exactitud lo que pasó; y mucho más tarde, cuando la red floo se activó revelando a una muy cansada Luna acompañada de dos aurores, es que empezaron a sacar conclusiones acerca del porqué Severus había decidido morir en vida; y la respuesta tenía nombre y apellido: Hermione Jean Granger.
En ese momento, Harry y Minerva decidieron revelar el último secreto a los demás guardianes: Severus no sólo se había casado con Hermione, sino que habían engendrado un hijo en medio de la búsqueda de horrocruxes cuando ella escapaba a recibir instrucciones y reabastecer los suministros mágicos; aunque dónde y cómo lograron verse en medio de la guerra, era un secreto que solamente ellos conocían.
Con la información compartida, Draco quedó pensativo por unos instantes, en su mente astuta de serpiente, se estaba formando un cuadro operativo sobre los pasos a seguir para traer de regreso a su padrino, en el cual la pieza clave eran Granger y su hijo. Hacía mucho tiempo que el rubio había dejado de lado sus ideas acerca de la pureza de la sangre, aun antes de ser obligado por Lucius a enlistarse como mortífago; y debía reconocer, aunque nunca lo hubiera dicho en voz alta que admiraba a la chica, porque tenía la fuerza para defender sus convicciones desde su más tierna infancia, cuando él mismo sólo era arcilla en manos de su padre; igual que reconocía su inteligencia y su poder como bruja, rivalizando únicamente por el mago al que él más admiraba, su padrino Severus Snape.
Y así, aparentemente de la nada, la idea llegó:
Potter, debemos encontrar a Granger y a su pequeño murciélago;
Todos en la habitación miran a Draco con reproche, pero al parecer eso a él ni le inmuta, como si resbalara por su brillante piel de serpiente.
Si no me vean así, estoy al tanto de como llamaban los estudiantes, especialmente tu Potter y tu amigo pelirrojo idiota a mi padrino.
Perfecto Malfoy, ¿y qué brillante idea está formándose en tu rubia cabeza? Yo casi apostaba que nunca habías estrenado tus neuronas.
Harry sonrió, a pesar de todo lo amigos, compañeros de apartamento y pareja de trabajo que eran; él y Draco jamás podrían evitar insultarse mutuamente.
Bien Potter, a diferencia de ti, yo nunca tuve una Granger que se tomara el trabajo de pensar por mí. La clave para hacer volver a mi padrino radica en tu amiga y su hijo; así que la tarea número uno para todos nosotros será encontrarla, así tengas que destacar a todos los aurores de Gran Bretaña; y yo tenga que gastar hasta el último de los galeones que me quedan.
Draco, mira, yo llevo cinco años buscándola, y no la he encontrado, aun viviendo en el mundo muggle, al parecer nadie sabe nada, nadie la conoce.
En ese diálogo tan fraterno, todo lo fraterno que pueden ser una serpiente y un león, nadie había tomado en cuenta a Luna, quien como siempre había asimilado mucho más de lo que la gente pensaba y ya había encontrado su propia forma de resolver el problema.
Chicos, creo que si me ponen atención podría darles una idea.
Así fue como decidieron contactar a una vieja conocida de la Orden del Fénix: Arabella Figg; además de varios detectives privados muggles, que presentarían ante la señora Figg sus hallazgos, ella a su vez informaría a Minerva de cualquier avance o hallazgo relevante.
Esta fue el inicio de lo que sería una búsqueda exhaustiva para dar con el paradero de la bruja más brillante de su generación; contando incluso con la participación del Cuerpo de Aurores y el aval del Ministro de Magia; bajo el pretexto de que era una heroína de guerra de la que desconocían su destino y que era indispensable para la reconstrucción de la nueva sociedad mágica.
