Lobo de Luna

Advertencia: Sexo, Violencia, Homicidios, Sangre, Suicidio, Drogas, Lenguaje.

Para ti, Dana.

Capítulo 5: Heroína.

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6 Semanas después. Viernes 11:35 p.m. (G.M.T. +3). Moscú, Rusia. Abadía Vólkov.

Hiwatari Kai, varón, Tropa. Un año antes de ser miembro del equipo de acción Rihno, dos años antes de ser su capitán. 12 años.

Ivanov Tala, varón, Tropa. Dos años y medio antes de ser miembro del equipo de reconocimiento Borg. 9 años.

Al fondo están las regaderas, cada una separada por una pequeña pared de un metro de altura. A la entrada del baño común, el enorme espejo frente una hilera de fregaderos y, justo detrás, varias tazas de baño completamente al descubierto.

¿Qué se siente? — pregunta curioso, sus manitas juguetean con su playera. Está sentado sobre la tapa de uno de los WC cerrados.

Rico. — Kai termina de abotonar su pantalón, levanta las manos e intenta peinar sus desordenados cabellos mientras se mira en el espejo — Tengo una idea — gira, enfocando al niño de cabellos rojos — ¿quieres probarlo? — pregunta. Tuerce una confianzuda sonrisa.

No — niega Tala. Frunce el ceño en ofensa — Está mal, estamos en una abadía... — comienza su sermón. Hiwatari rola los ojos.

Este campo de entrenamiento mercenario es todo excepto una abadía, mocoso — retuerce la nariz.

...Lo sé. — Ivanov se levanta — No es un campo mercenario, somos soldados que protegeremos algún día a nuestro país —

Bah, hablamos de sexo, no de la abadía — bufa Kai.

Pero... A lo que me refiero es... —

Siempre me sigues, Tala — interrumpe, avanza hacía el menor, se inclina frente a él y queda a la altura de su cabeza. El de ojos azules pasa saliva — ¿Te pongo nervioso? — pregunta el de cabellos azules.

N... no — niega fervientemente Tala.

Ja, claro — le acaricia los cabellos — eres un niño muy lindo, ya tienes 9 años, ¿No? — pregunta suavemente.

Sí — remueve de sus hebras coloradas la ofensiva mano que lo mima.

Eso que sientes, esa admiración y deseo de ser como yo... Dentro de unos dos años, cuando tengas mi edad, entenderás que es atracción, que es deseo... de sentir un cuerpo como el mío, de permitir que alguien como yo te haga sentir placer —

Eso está prohibido — reclama el de cabellos rojos. Empuja el torso del niño de 12 años.

Sí, prohibido — Kai se levanta — ¿Qué mejor? —

Brinca sorpresivamente. Vladimir saca la jeringa de su brazo al sentir el movimiento en el cuerpo ahora consciente, tiene el tubo lleno de una muestra de su sangre.

— Maldito mocoso, ¿cómo se te ocurre derramar de esa forma la sangre que tanto trabajo nos ha costado mejorar? — Aprovecha la situación y da un certero puñetazo en el blanco rostro.

— Mmh — Tala intenta formar alguna palabra. Lleva su mano hasta el cuello, sus dedos sienten una gruesa venda. Sólo viste ropa suelta de algodón.

— El jefe viene en camino del Teatro Bolshoi. Te van a dar una verdadera golpiza — sonríe el científico complacido.

— Sí, la tuya será peor — amenaza el halcón, quien va entrando por la puerta de la sala de recuperación — Han pasado seis semanas y no lo han logrado poner en forma — se burla.

— Creo que voy a vomitar — menciona el lobo. Comienza a toser estrepitosamente; sus manos aferrándose al horrible ardor de su cuello.

— No se admiten visitas, ¡fuera todos de aquí! — Entran dos enfermeras. La primera intenta encaminar a los visitantes a la salida, la segunda llena un vaso de agua que extiende a Ivanov.

— Igual, ya me iba. — Vladimir sacude su muestra de sangre frente al nuevo capitán Borg, también empuja a la asistente causando que esta caiga estrepitosamente al piso.

— Hmmmff — gruñe Bryan; con el dorso de la mano golpea el tubo con la muestra que el sujeto con bata presume frente a él.

— ¡Cuidado, mocoso! — El castaño utiliza su mano libre, lanza un golpe con el puño cerrado al rostro del adolescente, quien con extrema facilidad lo esquiva. Kuznetzov saca de la parte trasera de su cinturón su cuchilla Fatcat.

La mesa cae llevándose la bandeja metálica con los utensilios médicos y medicinas causando que todo se riegue por el suelo: botes abiertos de los cuales pastillas brotan, un par de jeringas, líquidos de varios colores de frascos anteriormente de cristal. La otra enfermera acompaña a la primera en el piso.

— Largo — sisea el de cabellos rojos, quien detiene el brazo de Bryan en el aire con el cuchillo empuñado, mientras su otra mano sostiene a Vladimir por el cuello de la bata blanca. Mira con odio al castaño y lo lanza hacía la pared de afuera de la sala.

— ¡Si vives es gracias a mí! Mal agradecido — gruñe el científico, al tiempo que se levanta y sale corriendo a tropezones para alejarse por el pasillo.

— Y tú — se gira Ivanov, encarando al halcón — te voy a romper cada maldito hueso... — se tambalea. Las vendas que cubren su cuello y muñecas se tiñen de color sangre. Las enfermeras miran esto, pero no se levantan de donde han caído para atenderle, sólo le miran con ojos temerosos.

— ¡Siempre los Borg causando problemas! Y si no son los Borg, son los Viktor o peor aún, los Alfa — reclama una voz. La cirujana de cabellos negros llega caminando por donde Vladimir ha huido — Ivanov, estuviste muerto por 27 minutos, ¿Podrías comportarte como paciente en recuperación? —

El pelirrojo se desvanece, aún sostiene a Kuznetzov, quien aprovecha para sustentarlo con un brazo, mientras guarda nuevamente su cuchilla fatcat.

— Levántense, señoritas. — Xanae observa a las enfermeras en el piso, junto con el reguero de medicamentos — ¿Ya le dieron la desmopresina? — pregunta.

— No, a… apenas íbamos a– —

— Ya. — Con su pie hace a un lado el desorden del suelo, abriéndose paso hasta la primera camilla — Kuznetzov, tráelo hacia acá — ordena.

— ¿Cómo está? — interroga Bryan. Coloca el cuerpo flácido de Ivanov sobre su hombro, lo carga con facilidad hacia la camilla.

— No sé, yo no le doy seguimiento a los pacientes — replica ella. Abre las sábanas de la camilla — No me da tiempo, apenas puedo atender los casos de emergencias. —

— Siempre me atiendes a mí. — Coloca al chico de ojos azules sobre la camilla. La cirujana abre la puerta de la habitación de medicamentos con una de sus tantas llaves y entra. Bryan puede escuchar el sonido de botellas siendo tomadas y colocadas de regreso en los estantes.

— Tú siempre terminas siendo un caso de emergencia — responde la doctora en jefe desde la pequeña habitación contigua — ¿Cómo sigue esa nariz? —

— Hnmm — gruñe — Te aburrirías sin casos como yo — comenta divertido el halcón, levanta la mano y con los dedos hace presión en la punta de su nariz, en la cual ya no siente molestia alguna

— Tendría menos estrés. — La castaña sale y vuelve a cerrar la habitación con llave.

— Déjeme prepararla — pide una de las enfermeras, ya recuperada, toma el frasco y la jeringa que la cirujana lleva.

— También te puedo quitar el estrés. — Kuznetzov relame sus labios. Las dos jóvenes ayudantes se sonrojaron ante el comentario. La encargada de preparar el medicamento comenzó a temblar de las manos. Xanae suspira vigilando a la aprendiz hacer su tarea con torpeza.

— Eres un asco — balbucea el lobo, quien observa a Bryan con recelo desde la camilla con sus manos colocadas sobre la venda de su cuello ahora teñido completamente de rojo — y ustedes unas malditas prostitutas. — Escupe con desagrado a las enfermeras. Se enfoca finalmente en Xanae quien no evade su mirada como lo hicieron las otras jovencitas.

— ¿Sí? — pregunta la pelinegra, levantando una ceja.

— ¿Puede ser intranasal? — pide Tala — Tiene muchos años que no sentía el dolor... no quiero sentir más, no inyecciones — susurra.

— Fuera chicas — pide al final la doctora, haciendo ademanes con las manos en dirección de la puerta.

— S… sí — responde la primera. Baja la jeringa, ya lista y con su correspondiente tapa, a la mesa del fondo y se apresura a la salida.

— Adiós Bryan — llama la otra muy por lo bajo cuando pasa junto a Kuznetzov.

— Mmm — responde sin interés. La puerta se cerró detrás de las asistentes dejando sólo a tres personas dentro de la sala — ¿Me follé a esas? — pregunta a sí mismo.

— Sí — Tala no deja de mirar a Xanae — y no sólo a ellas — gruñe.

— No, obviamente su calentura desgarró internamente a alguien más. — Xanae toma la jeringa ya lista — No puede ser intranasal, estás sangrando y endovendosa es lo más adecuado — saca una larga y gruesa liga amarilla de su bata — deberás retomar el medicamento para controlar tu hemofilia nuevamente...

— Yo ya no tengo hemofilia — reclama Ivanov.

— Eso no es lo único que ha cambiado; sin embargo, pude ver que tu fuerza sigue siendo asombrosa — le apoya el brazo en la mesa que acaba de levantar y volver a colocar a un lado de la cama, coloca la liga justo en la parte superior del brazo — Boris es quien tiene los resultados de tus análisis, él podrá explicarte tu situación. —

Tala hace una mueca de incomodidad cuando la aguja entra en su piel y sisea cuando el líquido comienza a ser inyectado.

— Tengo cosas que hacer — termina la cirujana — entre el servicio y las enseñanzas a los nuevos doctores no puedo perder mucho el tiempo inyectándote. — Se levanta — Te prepararé paquetes que puedes pasar a recoger diariamente a mi oficina, tendrán la dosis adecuada — tapa la jeringa ya vacía — como cuando tenías 7 años. Procura que nadie te vea. No necesitamos rumores de drogadicción nuevamente. — Lanza los desechos por el agujero en una de las paredes con la etiqueta 'Basura Médicos'. Se para junto a la puerta — No pueden quedarse aquí sin supervisión, vayan a sus habitaciones — ordena.

— Te voy a matar — le informa el de cabellos rojos cuando los dos jóvenes quedan solos en el pasillo, fuera de la sala — Te sentí, me tocaste cuando dormía. —

— Intenté la teoría del beso de la bella durmiente —

— Te dije que eran estupideces — el lobo tuerce una sardónica sonrisa — ¿Ya te aburrieron las mujeres? —

— Ni en tus más fantasiosos sueños. —

— Te voy a matar — repite — lo prometo. — Comienza a caminar hacia los elevadores, dejando solo a su compañero de equipo.

¿Cómo es posible que hayas metido eso? — pregunta el de ojos azules, quien está sorprendido al ver la droga en manos del joven Hiwatari.

Kai tiene una jeringa ya preparada con una sustancia amarillosa. El baño de hombres nuevamente está vacío, excepto por el joven heredero sentado sobre los lavamanos.

Me lo dio Aleksandr. — El de cabellos azules da un par de golpes más a su brazo, donde ya tiene una liga ayudándole a levantar la vena.

Te van a matar si se enteran — Tala cierra la puerta.

¿Cómo es que siempre atinas a venir cuando estoy aquí? — pregunta.

No te sigo — se defiende el menor — Debo medicarme, a las tres de la mañana nadie más está despierto, al parecer sólo tú. —

Y a veces Aleksandr — corrige el mayor. Suelta un quejido satisfecho, finalmente se inyecta — ¿Estás enfermo? — pregunta sin interés.

¿Qué se siente? — cuestiona el pequeño Tala sin responder a la pregunta que le hizo Kai.

Siempre me preguntas eso, Tala — ríe el de ojos rojos — Puedo mostrarte lo rica que puede ser la vida. — Se recarga en el espejo disfrutando del líquido que acaba de meter en su sistema — Piensa en tu mejor orgasmo, multiplícalo por mil y aún no quedas cerca. —

yo nunca he… — Ivanov baja la vista y revisa su caja negra con desmopresina para combatir esa enfermedad que impide que su sangre coagule.

Mmhhh… mejor que cualquier pene del mundo. —

— Mmh — Tala sonríe. La puerta del elevador se cierra. Se coloca justo debajo de la cámara, en su punto ciego, dándole la espalda. Mete y saca la mano de la bolsa de su holgado pantalón de algodón — ¿Qué día será? — se cuestiona.

Sus dedos sostienen una jeringa cerrada y un bote de analgésico. El lobo sonríe y muerde su labio inferior.

— No es heroína, pero ayudará con el dolor — se asegura a sí mismo.

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