"Si tú me dices ven, yo te mando a la mierda"

'Capítulo 5'

'Inglaterra es a terquedad irracional lo que España es a imbécil redomado'

Inglaterra parpadeó, poniéndose en situación. Miró a España desde el sofá de su casa, observándole sentado en esa postura de espalda tensa y recta, las manos en puños y cara de estar cagándose encima de lo tieso que estaba. El castaño se mordió la boca, miró al suelo, a la tele de la pared, al tequilero, su pies y luego al británico, sacando levemente la puntita de la lengua para lamerse el labio de abajo despacito, temiendo despertar a la bestia.

-España…-advirtió el rubio con cierto tonito cortante de… de estar a punto de implosionar, vamos a decir.- ¿Dónde, me dices, está tu maleta?

-Pues, verás, te vas a reír…

-Lo dudo mucho. Dónde. Está. La. Maleta.

-En mi casa.-le respondió del tirón, preparado para dar un salto y huir por la ventana como un conejo.- Me la debo de haber dejado arriba en el cuarto cuando llamé al taxi, junto con el neceser. Da gracias que cogí el móvil, el cargador y la cartera.-rebufó, enseñándoselos a manos llenas.

-Sí, claro que doy gracias.-siseó sarcástico.- Y en esa maleta estaban todos tus enseres, ¿me equivoco?

-No, no. En ella estaban todos mis… has dicho 'enseres', ¿verdad? Pues eso, no andas mal encaminado.-se encogió de hombros, lanzándole un miradita socarrona un par de segundos después, de esas que molestan.- Deberías actualizarte un poco ese vocabulario, rubiales.

Inglaterra se mordió un carrillo.- ¡Yo soy un caballero! ¡Mis vocablos son impecables!

-¿Y es eso un condicionante para que te hayas quedado atrapado en el siglo XIII, reina mora?-se chuleó el otro, tirándole de las solapillas de la camisa. Inglaterra le soltó un porrazo en el dorso de la mano.-Que genio… Que mal follado estás, hijo de mi vida, sí que te hago falta, sí.

-¡Aquí nadie está mal follado, ni es una reina, ni nada! ¡Salvo la mía, vaya por Dios!-se corrigió deprisa, alzando las manos al cielo e implorando con toda su alma que un pedrusco de hormigón del tamaño de un balón de fútbol apareciera de la nada en el aire y le partiera en dos la cabeza a España porque si no, él iba a subir a por los palos de golf y bien sabía San Jorge que se los iba a reventar todos en la cocorota. - ¿¡Dónde tenías la cabeza para dejarte la jodida maleta yéndote de viaje?!

España le hizo burla abriendo y cerrando los dedos al tiempo que el inglés hablaba, gesticulando con exageración y mirando como un niño con un juguete nuevo la sala del británico. Era de paredes empapeladas a la mitad en verde por la parte superior y un entablillado de madera oscura ribeteada en blanco por debajo; uno que otro candelabro dorado quedaba colgado a variadas alturas y se sentía, si no oprimido, intimidado por las altas estanterías repletas de tomos gruesos, viejos y con un olor a cuero en descomposición para morirse. Con razón tenía el inglés tal pinta de nerd abandonado en una biblioteca, si es que hasta el aroma a soledad se le pegaba.- Vamos, joder, no te enfades conmigo, con las ganas que tenía yo de verte.-le calló, agarrándole de esa deliciosa y provocativa hebilla brillante en su cinturón y tirando de él hacia sí. A Inglaterra le dieron tres micro-infartos de miocardio consecutivos y se puso lívido y colorado al mismo tiempo.- Rubio, te vas a marear como no sepas que hacer con esa sangre, de tanto tenerla para arriba y para abajo. Vas a acabar a franjas como los toldos de las peluquerías.

-No sé qué pretendes, España, pero ahora mismo estoy enfadado contigo.- le recordó con la voz temblorosa, manteniendo estoicamente las manos a los lados del cuerpo y viendo cómo, con todo su salero y buen humor, el castaño estrellaba su cinturón contra la cómoda de la entrada, al otro lado del salón.-He dicho que te estés quieto, maldición.-Ah, pero el listo del ibérico ya había logrado desatascar la bragueta con ese sinuoso y sugerente sonido a pecado prohibido y candente.- Joder, a ti, todo por las malas…

España se sonrió para sí un segundo antes de soltar la carcajada de su vida.- ¡Pero tío, ¿qué haces con esos calzoncillos?!-se descojonó.- ¡Creí que te los había tirado todos! Mira que son feos… ¡Y tenías como diez o así!

-A mí me gusta mi ropa interior, muchas gracias.-le apartó los dedos de la gomilla con un manotazo indignado, subiéndose los pantalones de nuevo a su sitio y pensando en qué rayos tenían de malo sus slips blancos de toda la vida.-No sé qué tenéis todos contra ellos, con lo cómodos que son.

-Bretaña, esos calzoncillos son tan poco sexys que seguro que son culpables del noventa y nueve por ciento de los gatillazos mundiales de las parejas de los que lo usan. Y mira que tú me pones a tono, pero es que son horribles. Te lo digo como amigo y como principal interesado en el asunto: si quieres que el sexo vaya bien, aquí hay que actuar de urgencia. No podemos seguir así.

-Eres un exagerado, joder.-Inglaterra se arregló los bajos muy dignamente y, tras recuperar su cinturón, se sentó en uno de los sofás de la sala. España le dio una mirada insana. Sólo dos minutos después, España estaba en pelotas y a Inglaterra le quedaban los pantalones por las rodillas. Sorprendente la velocidad y presteza española para lo que interesa, porque estaba el británico como una tienda de campaña de oprimido.- Vamos, te queda el puto pantalón, cojones, no lo jodas ahora…-le siseó al castaño, pillándole salvajemente de los pelos.

-No, lo siento.- Y España se alzó de las caderas bretonas y se puso su ropa tan tranquilo, mientras el pobrecillo del inglés se quedaba con un palmo del siete y medio, mirando sin creérselo al hispano arreglarse y quedarse tan pancho como si no hubiera pasado nada.- ¿Qué?

-Me acabas de…-Inglaterra se señaló la entrepierna con obviedad, afligido, sin saber qué hacer con el problema. España se encendió la tele, se cruzó de piernas y se quedó con un gestito de desagrado al ver que estaba en otro idioma, pero pasando olímpicamente del rubio y su asuntillo.-España, ¿qué cojones?

-Lo siento, Inglaterra, pero me obligas a ello.-sentenció España, señalándole el foco de los dilemas.- Tienes que elegir, tío: O los calzones o yo.

-Esto tiene que ser una broma…-España se encogió de hombros.

E Inglaterra decidió darse una ducha fría y coger las llaves para salir de compras.

-¿Es que no puedes ir más rápido? Y vas por el sentido contrario.

-España, ya no sé cómo decírtelo, esto es Inglaterra, se conduce por la izquierda. Y voy despacio porque estamos en zona vial y que tú seas un psicópata al volante no quiere decir que lo seamos los demás.

España se descojonó un poquito, tirándole de una de las patillas del británico y viéndole luchar contra el impulso de soltarle un guantazo para no quitar los ojos de la carretera.

-Que ácido.

-Para.-le exigió el rubio con un siseo.

-¿Qué pare qué?

-Déjame en paz la patilla, joder, me haces daño.- intentó el inocente quitar la cara sin dejarse ningún pelillo en manos del hispano, pero al íbero se le había metido en la pelota que no y ya podía tronar que de aquí no se iba ni dios. Ah, pero eso habría sido si España no tuviera TDA; pero como lo tiene, entre tanto vistazo al sajón se le fueron los ojos al primer botón de su camisa, al segundo, al tercero, al cuarto, al quinto… a la hebilla del cinturón y a la bragueta del señorito inglés. Inglaterra pegó un bote en el asiento y de milagro no se salió del camino cuando España le metió la mano directamente en el asunto, pero el susto y el chillido no se los quitaba nadie.- ¿¡Qué haces?!

─ Tantear terreno, ¿a ti qué te parece? ¿Crees que voy a encontrar algún cofre del tesoro metido aquí dentro?

─ Creo que sabes de sobra que hay ahí dentro, así que suéltame si no quieres que nos caigamos a la cuneta.

─ Eres un exagerado.

─Saca la mano de ahí.

─ Pero si es mío.

─ Una mierda va a ser tuyo. España que nos la damos contra el arcén. Te lo advierto.

─ ¿Vas a estrellar tu propio coche? ¿Tu propio y extremadamente caro coche?

Inglaterra apretó los ojos.- Me doy la vuelta y ni calzoncillos ni leches. Voy en serio.

─ Es un farol.- se descojonó el morenito, lamiéndole la mejilla igual que lo haría una vaca, con salivazo y todo. Al inglés se le pusieron los pelos como escarpias del asco.

─ ¡Cerdo! ¡Ni farol ni nada! ¡Nos volvemos a casa a la de ya!

─ Dios, estás con la regla o algo.- Inglaterra le fulminó con los ojos y España sacó la mano de su pantalón, regresándola a su regazo con una parsimonia que ni un perezoso.- Mozo, estás sufriendo un trastorno de personalidad y no me lo quieres decir, ¿verdad?

─ No; estoy conduciendo y no es momento para estas cosas. Joder, podrías ser un poquito responsable respecto a tus calentones.

─ ¿Yo? Si eres tú el que se pone perraco perdido cuando me tiene cerca.

─ ¡Mentira! Es tu maldita culpa, que vas provocando.

─ ¡No voy provocando! – Se pitorreó el español.- ¡Eres un degenerado, Ru!

─ No me digas degenerado.- protestó Inglaterra.

─ No te comportes como uno.- replicó España con una risa, dándole un apretón amigable en el brazo. Inglaterra torció el morro pero no dijo nada más referente a su presunta y ya comprobada ninfomanía.- Ahí hay un hueco.

─Ya lo he visto. Échate para atrás, que me tapas el retrovisor y no veo.

─ Pero si no viene nadie.

─ Me gustaría cerciorarme por mí mismo, gracias.

España frunció los labios.- No te pongas en plan borde conmigo porque te suelto un tortazo y me quedo tan contento, ¿estamos?

Inglaterra le miró, ofuscado.- ¡No estoy borde!

─ Más que el pico de una mesa.- contradijo España.

─Tú haces comentarios innecesarios.

─ Mis comentarios nunca son innecesarios.

─Son estúpidos.-se corrigió el bretón. España arrugó las cejas.

─Inglaterra que te la llevas.-advirtió.- Me estás poniendo malo.

El rubio se indignó, sacando las llaves del contacto y bajando del auto.- No te estoy haciendo nada. Eres como una nena, que te quejas de todo.

─ No me estoy quejando, imbécil.

─ Estás lloriqueando.

─ ¿Vamos a seguir así todo el día? No quiero tener que aguantarte todo el puto rato tocando los huevos, ¿sabes? Si esto va a seguir, dale al coche y tira para tu casa; ya vendremos otro día que no estés de tocapelotas insoportable.

─ No voy a darle al coche. ¿Qué pretendes hacer en mi casa que no puedas hacer aquí?

─ Hacerme una paja, darme una ducha y dormirme una siesta del copón, para empezar.

─ Oh, ¿atrapado en la rutina? No sabía que fueras un mandril pajillero.

─ A tu lado, o paja o nada. Prefiero la paja triste, porque resulta que alguien-incriminó, mirándole con intención a la entrepierna- no funciona tan bien como debería.

─No me enciendo con interruptor, capullo.-gruñó, acercándose al hispano peligrosamente.- No soy un puto vibrador para que me estés usando todo el rato, salido de mierda.

─ Parece mentira, con la fama de vicioso empedernido que tienes.-siseó España, dando ahí donde sabía que dolía, como las cobras.

Inglaterra había perdido el humor. España realmente lo estaba cabreando.

Es decir, le había comprado al asqueroso castellano un billete de los caros, de última hora, de su propio bolsillo, en dirección a su casa y le había permitido quedarse en su hogar durante la temporada que permaneciera dentro de su glorioso país. Que él sabía que el españolito había hecho lo mismo con él previamente sin pedir nada a cambio, pero que le hubiera gustado, le habría hecho algo de ilusión, que el tipo, conociendo su carácter, al menos le hubiera dado las gracias, como hizo él en su momento. Vamos, que por aparentar un poquito no se muere nadie, ¿no?

Y luego estaba lo otro, lo que acontecía en esos momentos: él sabía de sobra que España le había tirado todos los calzoncillos viejos, pero si se había comprado esos horrendos slip aposta, con intención, y se los había puesto en el baño para molestarle y acabar retozando como descosidos en el sofá de su salón. ¿Y lo de la maleta? ¡Por Dios, como si no le conociera! ¡Si sabía de sobra que se le iba a olvidar algo! ¿Por qué se creía ese capullo que iba a irse de compras con él, con la reputación de consumidor obsesivo-compulsivo que se traía encima? ¡Pero si le estaba haciendo un favor! ¿Qué un favor? ¡Favor de favores! Quiero decir, su cuenta bancaria bailaba sobre una cuerda floja al borde de un precipicio, acojonada por esa salida sorpresiva, y él estaba ahí plantado, apoquinando y asumiendo que, aunque no lo hubiese tenido planeado y menos hubiera albergado la intención, quería a ese descastado. De alguna manera había terminado por encariñarse con ese desastre con patas y quería hacerle algún regalito sorpresa; y el muy hijo de puta sólo se estaba riendo de él continua y constantemente. Y, bien, seamos sinceros: Inglaterra era un tío con mucha paciencia, había logrado criar al niñato americano de los huevos sin perder ningún dedo y eso tenía un mérito de la hostia, pero España estaba empezando a tocarle los cojones muy ampliamente.

─No empieces, España, que la tenemos.

─ ¿Vas a montarme una escenita en el parking de un centro comercial? Estoy acojonado.

─Voy a soltarte una hostia que va a dolerle hasta a tu descendencia, gilipollas.

España apretó los labios y, a fuerza de voluntad, se aguantó como un hombre el soltarle un mamporro a imbécil del inglés que le volara los dientes. Estaba intentando ser amable con él, se estaba forzando como un campeón a mantener algún tipo de charla amigable con Inglaterra, a sabiendas y estando extremadamente agradecido de que le hubieran pagado el boleto del avión y conforme con la compañía que el otro le prodigaba sin demasiadas protestas. Era consciente de que el rubiales no era muy dado a lanzar besos al aire a todo quisqui, pero, ¡tío!, que podía hacer un pequeño esfuerzo para quitarse de encima la cara de 'huelepedo' que tenía tatuada en la jeta, ¡era lo mínimo que pedía!

─Te la estás ganando.

─ Deja ya de joderme con avisos. Si vas a hacer algo, es hora.

─ Inglaterra, no me provoques.

─ Eres estúpido si realmente te dejas provocar por algo así.-escupió con cinismo, burlándose de él en una mueca absurda. Hasta los cojones estaba ya del castellano, vaya por Dios.

─No me busques, que me encuentras.- amenazó en un siseo.

─ ¡Está bien!- se rebotó el británico. Sacó su cartera y de ella una tarjeta de crédito, que le tiró al español a la cara.- ¡Ahí lo tienes, pedazo de subnormal! ¡Hazte las compras tú sólo!

─ ¡No te pongas así, joder! ¡Eres tú el que está de bronca conmigo, no te hagas la víctima ahora!

─ ¿Tú eres tonto o qué rayos te pasa? ¡Te he traído aquí a reponer tu jodida maleta y a comprarte algo, tuercebotas! ¿Es que de verdad pensabas que me iba a importar una mierda que no te gustaran mis calzoncillos? ¡Por favor, España! ¡Haznos un favor a todos y dale al coco!

─ ¡Pues bien! ¡No quiero tu estúpida tarjeta de mierda!

─ ¡Entonces no la tendrás! ¡Y terminarás pobre como una rata!

─ ¡Ya soy pobre como una rata, capullo!

─ ¡¿Entonces por qué demonios no aceptas que te ayude?! ¡Si pago yo, retrasado!

─ ¡No soy un mantenido! ¡Tengo mi orgullo!

─ ¡Venga ya! ¡Pero si llevas chupando del dinero de Europa desde que se te acabó la Edad de Oro!

Y España le soltó un puñetazo en plena boca.

─Eh, que lo siento.

─Vete a la mierda.

─Vamos, Ru; va, perdóname.-España le hizo un cariño en el brazo, mirándole con cara de pena.- Sabes que me pongo muy borrico a veces.

─ No, si ya lo he comprobado. Muchas gracias, España.

El inglés, con cara de mohíno y un carrillo morado e hinchado por el guantazo hispano, le clavó sus ojos verdes sensualmente cubiertos por una densa capa de pelo rubio en forma de cejas. Como si fuera una broma. Como si España no hubiera estado a un newton de sacarle las muelas de su sitio. Había obligado al moreno a llevarle a su casa y darle como quince masajes en los pies y a agasajarle con una fabada asturiana que para qué y aun así, a sabiendas de que el pobre ibérico estaba bastante arrepentido de su arrebato injustificado de violencia suprema, planeaba seguir tratándole a patadas lo que restaba de tarde. Porque, vamos a ver, si se puede abusar, se abusa. La manipulación no se inventó en un día y él, además, era un tipo vengativo.

─ ¿Quieres que te traiga el mando de la tele?

─ No.

─ ¿Una manta?

─ ¿Pretendes que muera recocido?

─ No, no, perdona. ¿Algo más de comer, entonces?

─ ¿Y provocarme un ardor de estómago que me mande de cabeza a la tumba, eh? ¿Esos son tus planes, España? ¿Cómo no has podido matarme a golpes vas a dejar que una úlcera me perfores los intestinos? Bien, muchas gracias, es una forma de morir mucho más simple, reconcomiéndome y retorciéndome de dolor mientras me pudro por dentro. Muy considerado. De verdad.

España suspiró y se dejó caer a su lado en el sillón, apoyando la cabeza en el respaldo y dando por perdido su esfuerzo de entablar una conversación sencilla o, al menos, conseguir disculparse con el irascible británico. A veces pensaba que todos sus esfuerzos eran inútiles.

¡Demonios! ¿Por qué tenía que ser ese estúpido una persona tan compleja? Si él era feliz con alguien simplón, como Italia, por ejemplo; que cantara a su lado por la mañana, se inflara a comer lentejas con chorizo por la tarde y se convirtiera en un capullo de mantas y palabras bonitas por la noche, acurrucado junto a él para dormir. Porque por otro lado, Inglaterra le gritaba cuando salía el Sol, le escupía en la sopa a la hora de comer y le pateaba fuera de la cama y le mandaba al sofá a descansar, si tenía suerte, cuando la luna miraba desde el cielo.

Era un poco triste.

Podemos decir que Inglaterra, por su parte, lo estaba disfrutando. Vamos a ver, le daba pena el pobre español, que le estaba tratando peor que a un perro callejero y eso, pero hacía mucho que no le ganaba una discusión y realmente necesitaba sentirse superior a él por un día aunque fuera, para demostrarse a sí mismo que el ataque de ñoñería que le había dado al comprarle el billete de avión y hacerle todas la chuminadas del mundo realmente sólo había sido eso: un impulso tonto. Que él era el Gran Imperio Británico, hombre, por favor. Si sólo había seis países en todo el globo que no había logrado colonizar. ¡No iba a caer como una nena a besarle los pies al castellano, venga! ¡Muy mal tenía que ir la cosa y muy desesperado debía estar él para perder su orgullo y dejar atrás la fuerte personalidad de hijo de puta que le había caracterizado siempre!

Pero ahí le tenía, despanzurrado en su sofá desgarbadamente, con cara de moribundo, tristón y desangelado. Y le estaba tocando la fibra.

─Está bien.- bufó, dándole un toquecito con el pie en la pantorrilla.- España, que tampoco es para tanto, no te pongas a lloriquear. No te recordaba tan afectado cuando casi me vuelas la cabeza en 1564.

─ En esos tiempos eras un capullo sin corazón. Todo el jodido mundo te quería muerto.-rezongó el español, haciendo cara de asco. Se encogió de hombros.- Si yo iba a tener el sagrado honor de arrancarte la cabeza, no sé por qué diantres debería haberme arrepentido. Te juro que hasta lo estaba disfrutando.

─ No, claro. Estando yo maniatado y encerrado en un camarote de madera podrida, cubierto de cadenas hasta las cejas…

─ Hasta tus gruesas y sensuales cejas.

─Que gracioso.

─ Me esfuerzo en ello.

─ Oh, ya lo veo. Eres hilarante.

─ 'Eres hilarante'… ¡Ñañaña! Sería mejor que te aprendieras algún adjetivo de este siglo, rubiales.

Inglaterra rodó los ojos y dejó que por un lado de su boca se escurriese media sonrisa, como si fuera un regalo bendito sólo para los ojos de España. El moreno decidió darle algo de chance y golpeó con un capirote su mejilla pálida y blancuzca de muerto.

─ ¡Hey!

─ No seas moñas. Dame una sonrisa de verdad, estúpido. ¿Qué ha sido esa mierda?

─ Lo que te mereces por haberme dejado media cara del tamaño de un balón de fútbol, para empezar.

─Eres un pupas.

─ No soy un pupas. Fuiste tú el que se puso histérico cuando se cortó con el folio ese en el dedo.

─ ¡Eh! ¡Venga, eso no vale! ¡Pocas cosas hay que duelan más que cortarse con un folio!

─ Claro.

─ Va en serio.

─ Y yo te creo.

─ Inglaterra, que te la llevas. Mira que te dejo el otro lado de la cara del tamaño de un melocotón como no dejes de meterte conmigo.

─ Te afectas por nada.

─ ¡Deja ya de joderme!

Y vuelta a empezar.

.O.O.O.

Hola. Sí, lo sé, he tardado un millón de años en publicar. No digáis más. Ya me fustigo yo sola.

No tengo mucho tiempo, así que seré breve: NO VOY A ABANDONAR EL FIC. JURADO.

Tengo este verano ─ilógicamente─ súper ocupado, por lo que no esperéis muchas actualizaciones, de verdad que lo siento. Os juro con el corazón en un puño que la que peor lo está pasando soy yo, que tengo mañana un examen de griego y otro de latín. Y son las 00:20 de un domingo. No digo nada y os lo digo todo.

A hethetli, Kairy-Hitsugaya, Kirtasha, Marta1234j, maildekris y Marvelique, muchísimas gracias por comentar, me llenáis la cavidad torácica de amor incondicional y extremadamente fiel. Promesa. Y a gigi, gracias por dejar un review en el cap 2.

Insisto, como carezco de tiempo, dedico el capitulito a mi querida Jelen, que está solita y no le hago ni caso. Sorry me, churrumina, sabes que te amo con todo el jeart 3

Pues eso, si os ha gustado, dejad un review, que me lo merezco por lo mucho que estoy sufriendo. Y si no os ha gustado, pues me da igual: dejáis un review también, no vamos a ser elitistas que está la cosa muy mala.

Capítulo dedicado a Marta1234j.

Jelen, sabes que te quiero.

3

Yatinga.