Este capítulo, valga la pena o no, quisiera dedicárselo a una extraña pero interesante chica cuya inicial es M, y que me ayudó a no fastidiar alguna que otra cosa del relato.

Al igual que en la vida real, cuando no te gusta un regalo, éste también puedes devolverlo =)


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LUZ DE LAS ESTRELLAS

Capítulo 6: Buenas noches

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Gaara comenzó a reírse.

Hinata lo observó con cierta cautela. La situación se había salido un poco de la línea prevista. Definitivamente, mataría a Kiba por aquel impertinente comentario. Aunque debía admitirlo, la osadía tenía cierta gracia. Y también resultaba ciertamente cautivador...

Él había sacado un nuevo cigarrillo. Lo encendió. Le dio una profunda calada, como si quisiera serenarse, y le sugirió con voz apacible:

- ¿Damos una vuelta?

Hinata hizo un gesto de asentimiento mientras lograba situarse al lado del pelirrojo. Comenzaron a andar por el hermoso paseo del parque. Los pájaros cantaban y danzaban alegres. Un suave viento mecía las hojas de los árboles, a modo de nana.

- No sabía que tus amigos fuesen tan graciosos – comenzó él.

- Debes disculparlo – respondió ella-. No creo que fuese su intención ofenderte – aventuró.

- Oh, ¿eso crees? - preguntó con tono burlón el joven-. En todo caso, deberías estarle agradecida – concluyó él.

- ¿Agradecida? - exclamó muy sorprendida Hinata.

- Ya lo creo – dijo mientras soltaba un aro de humo por su boca-. Supongo que es normal proteger lo que uno quiere.

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La morena se había ruborizado. Mucho.

Gaara no la había interrogado más con la mirada. Caminaba más bien cabizbajo, preguntando y respondiendo alternativamente a los comentarios y curiosidades de la joven.

- ¿Entonces ya cantabas a los dieciséis? - le preguntaba ella, fascinada.

- Siempre había alguien dispuesto a dejarte el local. No me pagaban por ello, pero al menos las copas me salían gratis – respondió él.

- Vaya... ¿y cómo fue que te contrataron los de la discográfica? ¿Y cómo conociste a los demás chicos del grupo? - Hinata parecía emocionarse con cada nueva respuesta.

- Éramos un grupo de conocidos. Grabamos una maqueta en un estudio de mala muerte. La enviamos a muchas compañías, y una de ella nos llamó – dijo Gaara, como si fuera la cosa más normal del mundo-. Y de la formación original sólo quedo yo – añadió, sonriendo en una mueca extraña.

- ¿Sólo tú? - se extrañó ella-. ¿Acaso les pasó algo?

- Digamos que... no fueron capaces de seguir mi ritmo.

El pelirrojo sonreía, recordando los inicios del grupo. Habían pasado demasiadas cosas... tantas, que no merecía la pena recordar aquellos tiempos.

Por otro lado, Hinata se asombraba cada vez más. La historia de aquel chico le resultaba fascinante, en todos los sentidos posibles. Para desilusión de ella, él no tenía intención de deleitarla más con sus cosas.

- ¿He satisfecho ya tu curiosidad? - preguntó él, con cierto gesto divertido-. Porque si es así, podríamos hablar sobre ti.

La joven recordó cómo había reaccionado el pelirrojo ante el interrogatorio al que le había sometido en su primer encuentro, en casa de Temari. Al parecer, no disfrutaba hablando de sí mismo, o al menos era la impresión que daba.

- Bueno, está bien... - concedió ella-. ¿Qué quieres saber?

- Todo – confesó Gaara, sin vacilar un segundo.

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La tarde llegaba a su fin.

Los dos se encontraban dando vueltas por el bonito parque, ahora más silencioso. Lo habían recorrido al menos tres veces de principio a fin, pero cada nueva vuelta era distinta y mucho más íntima. Hinata había acabado por contarle casi todo lo confesable de aquellos últimos tres años. Y en verdad, no era mucho.

Su padre trabajaba en una modesta empresa constructora, y su madre era enfermera en el hospital de la ciudad. Gaara había intuido que ambos le exigían bastante a su única hija. La forma de hablar de ellos la delataban. Al menos parecían quererla mucho, lo suficiente como para no querer que un chico como él se le acercara.

El pelirrojo sonrió.

Anochecía mientras la escuchaba hablar de lo mucho que había estudiado los últimos dos cursos. Gracias a eso había sido la primera de su clase, con un expediente impecable. Parloteaba alegremente de lo mucho que le gustaba la universidad y de la encantadora gente que había conocido. Esto último llamó la atención de Gaara, por lo que quiso que la morena resolviera una asaltante duda.

- ¿Acaso sales con alguien?

La pregunta la sobresaltó. Había cortado totalmente el hilo de aquel monólogo, que él parecía disfrutar. La chica se puso un poco nerviosa, pero respondió:

- N-no, para nada – tragó sonoramente saliva-. La verdad, no tengo tiempo para pensar en esas cosas...

- Ya veo. – expuso él, en un tono neutro.

A Hinata su actitud la descolocaba por completo. No sabía por qué le estaba preguntando aquellas cosas... Ni siquiera le había dicho aún si había ido a la universidad a verla expresamente a ella.

Gaara se adelantó a los pensamientos de la chica.

- ¿Tienes algo importante que hacer? ¿El trabajo del que habló el tío aquel, quizás?

- Oh, no, no – negaba con la cabeza-. Ya lo hice hace... bastante – confesó con cierta ¿vergüenza?.

- Como era de suponer – dijo el pelirrojo riendo, más para sí que en respuesta a ella-. Entonces... ¿hay algo que te apetezca hacer? - preguntó, haciendo que las palabras sonasen quizá demasiado sugerentes.

Pero Hinata no reaccionó de forma violenta. Es más, sintió una especie de alegría interna, pues al menos le aguardaba un poco más de tiempo a su lado. Aquella vez, lo tenía muy claro. Por eso se detuvo, lo miró fijamente a los ojos y le preguntó, sonriente:

- ¿Te gustaría mirar las estrellas?

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Eran las nueve.

Los días eran cada vez más largos, pues el inminente verano avanzaba a paso de gigante. Hinata había indicado el camino hacia una pequeña "explanada" del parque, decorada con pinos y otros árboles más pequeños que Gaara no acababa de identificar. Mientras avanzaban, él notó cómo su acompañante daba media vuelta y se dirigía corriendo a algún lugar indeterminado. Ella lo relajó con su suave voz:

- ¡Espera ahí, por favor! - gritaba mientras se alejaba-. ¡Vuelvo en seguida!

Gaara no tuvo más remedio que esperarla. Para que la espera no se le hiciera muy larga, sacó un nuevo cigarrillo de su bolsillo. "Joder, esta chica me acabará matando", pensó mientras reflexionaba en el hábito que había tomado desde que la conocía. Gaara estaba fumando mucho, demasiado quizás. Pero la verdad es que ella lo ponía nervioso, aunque consiguiera disimularlo. A veces lograba dejarlo de piedra. Hinata era realmente sorprendente.

No habían pasado ni cinco minutos cuando una voz a su espalda lo sobresaltó.

- Espero que te guste el chocolate – dijo Hinata entrecortadamente.

Gaara se volteó lentamente, al mismo tiempo que veía a la chica recobrar el aliento, con un pequeño helado en cada mano.

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No sabría cómo expresarlo.

El pelirrojo estaba, ante todo, impresionado. No así ella, que parecía enormemente feliz, más aún después de ver el gesto de sorpresa en el rostro de él. Le tendió uno de aquellos helados, y Gaara lo aceptó tímidamente, como si pensara que todo aquello fuera un truco. Pero no había ni trampa ni cartón.

En silencio y con extremada parsimonia, se dirigieron al lugar que la joven había señalado momentos atrás. Ambos daban pequeños lengüetazos a su respectivo polo, observándose disimuladamente de reojo. Una vez hubieron llegado a una pequeña elevación del terreno, Gaara se acostó sobre la hierba. Hinata se quedó un momento pensando hasta que decidió unirse al joven tumbándose a su lado, a una cierta distancia de seguridad.

Los dos observaban el cielo. Las primeras estrellas habían empezado a dejarse ver en el oscuro telón que los cubría. El silencio reinaba entre ambos. Quizás porque estaban demasiado absortos en sus pensamientos, quizás porque en verdad no lo necesitaban. Lo cierto era que todo era demasiado agradable. El estar juntos, en aquel momento y en aquel lugar. Y ambos lo sabían.

- ¿Sabes? - comenzó Hinata, después de haber limpiado sus labios con un pañuelo, para prevenir cualquier resto de chocolate-. Hace mucho que vengo a este lugar a observar las estrellas.

- Ya veo – dijo Gaara sólo para demostrarle que la había escuchado. De algún modo, estaba totalmente cautivado por las palabras de la chica.

Hinata sonrió. Sus brazos se encontraban extendidos, bordeando su delicado cuerpo. En un momento dado, comenzó a jugar con la hierba con una de sus manos.

- Siempre he querido alcanzarlas, desde pequeña – confesó, ruborizándose levemente-. Creo que en aquel entonces simbolizaban todas aquellas cosas que anhelaba...

Gaara se incorporó un poco. Pasó a apoyarse con un brazo sobre la hierba, mientras giraba ligeramente para toparse con el rostro de la joven.

- ¿Y qué era aquello que deseabas? - preguntó él, sin siquiera disimular su creciente interés.

- En verdad, no lo sé – respondió ella, algo dubitativa-. Supongo que lo único que quería era el mero hecho de perseguirlas... – dedujo ella.

Gaara había clavado sus pies en la hierba, para que le sirvieran de punto de apoyo. Lentamente, avanzó arrastrando un poco su cuerpo hasta el sitio donde se encontraba Hinata. En un arrebato de algo que no sabía cómo definir, colocó sus brazos a ambos lados de la chica y suspendió medio cuerpo sobre ella. Sus rostros se encontraban ahora a escasos centímetros. Clavó sus ojos en los de ella, dibujando al instante una seria expresión en su rostro, e hizo una última pregunta.

- ¿Y ahora? - preguntó muy despacio-. ¿Hay algo que anheles?

Silencio.

La joven que se encontraba bajo su cuerpo observaba sus ojos como si quisiera nadar en ellos, escudriñándolos, intentando descifrarlos. Su rostro mostraba una expresión de desconcierto. Y temblaba horriblemente.

Gaara pensó que se había excedido. Quizás no fuese buena idea haberla presionado de ese modo, pues él desconocía lo que ella pensaba de él. Sin dejar de mirarla, comenzó a retroceder lentamente, cediéndole de nuevo su espacio vital. Lo habría conseguido, si no fuese porque Hinata lo agarró por la harapienta camiseta, atrayéndolo de nuevo a sí misma.

Y le respondió.

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Gaara nunca había besado a una chica. Al menos por iniciativa propia.

Cuando después de un concierto alguna de aquellas mujeres se colaban en su habitación, él simplemente se dejaba hacer. Pero en esta ocasión se sorprendió a sí mismo rozando sus labios con los de Hinata. Saboreando, al fin, el objeto de sus más íntima devociones.

Hinata, por su parte, se encontraba en un trance del que no quería salir. Sentía los fríos labios del pelirrojo sobre los suyos, sin duda debido al helado. Ella había besado a bastantes chicos, eso era cierto. Pero nunca había sentido aquella embriagadora sensación que ahora experimentaba con Gaara. La morena alzó sus manos en dirección al cabello del muchacho y comenzó a acariciarlo lentamente, deteniendo sus dedos en sus orejas durante el trayecto.

El olor de Gaara se impregnaba en el cuerpo de la joven. Era una fragancia salvaje y llena de masculinidad. Ella comenzó a apurar aquella caricia, atando sus manos en la nuca de éste y acercándolo aún más a su boca.

El chico notaba los gestos impulsivos de Hinata. Sin embargo, en el beso sólo participaban sus labios, aunque a veces él notaba la lengua de la joven, vacilante. Él se separó un poco de ella para besar suave y lentamente su cuello. Ella suspiraba cada vez que notaba el contacto con sus finos labios. Percibía una fuerte corriente eléctrica que los envolvía a ambos, como en aquel primer encuentro.

Hinata comenzó a retorcer un poco su cuerpo. Gaara notó cómo la joven volvía a reclamar sus labios. Él se sometió a sus deseos, envolviendo de nuevo la boca de ella en su cálido aliento. Apenas eran conscientes del paso del tiempo; parecían aislados del movimiento del cosmos...

Al menos así lo habrían deseado.

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Los dos se encontraban andando por las solitarias calles de la ciudad.

Gaara había insistido en acompañarla a casa. Hinata, sin siquiera pensárselo dos veces, había accedido a su petición; todo fuese por unos minutos más a su lado.

A veces, durante el trayecto, sus manos llegaban a rozarse, a lo que ambos respondían con una pequeña sonrisa en sus rostros. Estaban exultantes. Aquella era una sensación que querían disfrutar lentamente. Quizás a ninguno de los dos le hubiese importado detener el tiempo en aquel momento.

Cuando llegaron a casa de la muchacha, ambos se vieron obligados a romper aquella lacónica situación.

- Bueno... - comenzó ella-. Supongo que esto es una despedida... – dijo, entristeciendo su mirada.

- Eso creo – contestó él-. Pero antes de que entres, quiero darte algo – manifestó el joven.

Hinata se desconcertó un instante. Poco después notó la presión de sus labios sobre la frente de ella, al tiempo que escuchaba unas dulce palabras.

- Buenas noches, Hinata.

"Sin duda alguna, van a ser buenas", pensó la chica desde la puerta mientras lo observaba marchar.

Antes de perderse por completo en la oscuridad, Gaara le dedicó unas significativas palabras, alzando un poco la voz para que la joven pudiese escucharlo.

- Ah, y la respuesta es sí.

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Gaara había llegado por fin a la posada.

Después de una larga caminata, en la que sólo Hinata estaba en sus pensamientos, decidió ponerse ya con el asunto. Había encontrado a su musa, y su cabeza bullía de ideas.

Cogió papel y bolígrafo. Con pulso tembloroso, aún excitado por todo lo que había sucedido con la joven, escribió con letras grandes en aquella blanca extensión:

"Luz de las estrellas"