El silencio reinaba en el interior del vehículo. Todavía llovía con intensidad, llenando el cristal de esas perladas gotas y un ruido que relajaba a Sasuke. Ese chico había insistido en llevarle a su apartamento, pero él se había negado por no dejar la moto allí en aquel bar. Al final habían decidido esperar dentro del coche a que la lluvia amainase.
No podía dejar de pensar en que ese chico allí sentado frente al volante y que esperaba con calma le conocía. No sabía de qué o desde cuándo, pero estaba claro que le conocía demasiado bien, puede que incluso mejor de lo que él mismo se conocía. Hablaba de él como si fuera alguien importante o alguien a quien admirase. Hacía tanto tiempo que no sentía que se fijaban en él por quién era que simplemente… se había dejado llevar por esa sensación. Se sentía bien.
- ¿Por qué te casaste? – escuchó ese moreno que le preguntaban.
- Pues… a día de hoy no lo sé – sonrió Sasuke – supongo que creí estar enamorado.
- ¿Creíste?
- Supongo que sí, quizá lo estaba, no estoy seguro, lo que sí sé es que la decepción llegó pronto. Pensé que estaba enamorado de mí, siempre quedábamos, nos lo pasábamos bien juntos, era atento y entonces… después de casarnos… todo cambió.
- ¿Pasó de ti?
- Básicamente. Quedaba con mi padre, con mi hermano, con mi madre… todo por ganarse el respeto de mi padre y acceder a la empresa familiar. Sólo le interesaba el dinero y las influencias. Hasta un policía podría sacar buena tajada si mi padre hablase con los políticos de aquí, podría llegar hasta sargento o más alto, bueno… ahora ya es sargento – se quejó Sasuke –. En un pueblo como éste, supongo que quiere ser el jefe de la comisaría, no sé.
- Lamento escuchar eso.
- Cuando me distancié de mi familia, entonces llegó el divorcio. Él siempre estaba enfadado conmigo, insistiéndome en que volviera a hablarles, todo por sus propios objetivos. Por las noches ni aparecía por casa – se confesó, mirando todavía por la ventanilla cómo las gotas caían – intenté avivar la relación con juegos como los que tenemos tú y yo… creí que le gustaría pero… sólo me llamó "pervertido" y al no conseguir que volviera a hablar con mi familia, llegó el divorcio. ¿Y qué hay de ti? ¿Te casaste alguna vez? – sonrió Sasuke intentando cambiar de tema.
- No, en absoluto. Yo soy hombre de los que sólo pueden enamorarse una vez, pero resultó ser la equivocada – sonrió Naruto.
- ¿Él no te amaba?
- Creo que ni siquiera sabe que existo o si lo sabe… poco hemos hablado. Era… el novio de un compañero mío, de uno de mis amigos y eso está prohibido, ya sabes… no puedes enamorarte de alguien así. Simplemente… dejé pasar el amor.
- ¿Sigue con tu amigo?
- No, ya no.
- Y entonces… ¿Por qué no vas a buscarle?
- ¿Cómo le dices al que ha sido novio de uno de tus amigos que te gusta?
- Tu amigo no te perdonaría, lo entiendo.
- Ya no somos amigos. Hubo algunos problemas – sonrió Naruto – iba contando algunas cosas indebidas de su pareja y… a mí me tenía loco ese chico, aún lo hace, no iba a permitir que siguiera diciendo esas cosas así que le di un puñetazo. No hemos vuelto a dirigirnos la palabra, quizá algún insulto de vez en cuando, miradas… poco más.
- Eres un buen chico – sonrió Sasuke sin poder evitarlo – en el fondo lo eres pese a que estés aquí jugando conmigo a… no sé, a todo esto.
- Nos divertimos y tú parecías necesitar esto.
- Lo necesitaba. Necesitaba sentir que yo era importante y no mi familia. Si ya no es tu amigo… podrías declararte ahora.
- Imposible. Le dejó el corazón tan hecho polvo que es imposible repararlo. Lo único que puedo hacer es observarle desde la distancia y cuidar de él – sonrió Naruto – aunque él ni se dé cuenta.
- Lo dicho… eres un buen tío. Ojala yo te hubiera encontrado antes – susurró Sasuke – quizá no te habrías enamorado de ese chico, quizá… yo no me hubiera casado con él.
- Nunca se sabe – sonrió Naruto – pero supongo que todo habría sido más fácil de haberte conocido antes. Eres muy interesante, más de lo que tu familia te ha hecho creer. No los necesitas, Sasuke. Como te dije, creo que hiciste bien persiguiendo tu sueño y alejándote, aunque tu ex marido no lo entienda, yo sí lo hago.
La mirada de ambos se cruzó pero Sasuke, pese a perderse en aquellos ojos azules tras la máscara, seguía pensando que realmente quería saber quién era ese extraño chico con el que se sentía tan bien. Quizá sentía un poco de celos de que estuviera enamorado de alguien más, alguien al parecer imposible para él. Quizá tenía razón y lo que había entre ambos tan sólo era un juego en el que estaban de acuerdo, uno sin reglas ni obligaciones, donde sólo buscaban el placer mutuo y nada más. No tenía que complicarse más, tampoco es que buscase nada serio aunque reconocía que ese chico tenía algo extraño. De alguna manera, le gustaba y era raro… porque ni sabía quién era.
- Ha dejado de llover – sonrió Sasuke.
- Eso parece. Te acompañaré hasta la moto.
- La he aparcado delante, casi en la entrada.
¡Le conocía! No estaba seguro si en algún momento habría hablado con él, pero estaba claro que ese chico sabía cosas sobre él y quería averiguar qué ocurría allí. Había prometido la primera vez que se encontraron, que no investigaría sobre él, pero era muy complicado cuando empezaba a tener esos extraños sentimientos hacia un desconocido.
No fue difícil colarse en los archivos de la comisaría. Un café a la recepcionista, una elegante sonrisa junto a un piropo y ella misma le abrió la puerta cediéndole diez minutos. Al fin y al cabo, era un bombero, tampoco es que fuera a sospechar nada y menos cuando le planteó que simplemente estaba buscando algo sobre unos datos de un incendio antiguo.
Buscó entre los archivadores de los policías que allí trabajaban el apellido "Uzumaki". Por suerte todo parecía estar ordenador alfabéticamente sin embargo, no encontró ni un "Uzumaki". ¿Era posible que le mintiera en el apellido? ¡Sonrió! Sí era posible. Al fin y al cabo, era un juego.
- ¿Por qué traes esa cara? – preguntó uno de sus compañeros al verle entrar por el vestuario.
- Supongo que porque creí que encontraría alguna pista sobre un asunto y en realidad… no tengo nada.
- ¿El chico desconocido?
- Sí, sobre él. Me dijo su apellido o yo creí que era su apellido. He buscado en los archivos de los policías, sus expedientes, pero no hay ningún "Uzumaki".
- Quizá no es su apellido – comentó su compañero – o quizá… era el apellido de su madre o puede que su madre volviera a casarse y cambiase su apellido, no sé, Sasuke, podrían ser muchas cosas.
- Si es el apellido de su madre, no tendré forma de encontrarle.
- No si adoptó el del padre – sonrió el compañero – no estará registrado en la base de datos. ¿No tienes nada más?
- Que es rubio.
- ¿Sabes cuántos rubios hay en esta comisaría? – sonrió su compañero – porque conozco unos cuantos. Levanto una piedra y salen cinco – exageró un poco, pero consiguió que Sasuke sonriera.
- Ya, ése es el otro problema. No sé quién es… pero creo que lo conozco o al menos él a mí me conoce bastante bien, o eso parece.
En el bar bajo su casa, Naruto esperaba a que su hermanastro llegase. Conocía gente que odiaba a su hermanastro, sin embargo, eso estaba muy lejos de su realidad, él le adoraba pese a que tenía un par de años más que él. A veces… hasta le recordaba un poco a Sasuke con ese carácter tan raro que tenía.
Al verle entrar por la puerta del bar, Naruto alzó la mano para que le viera y pudiera acercarse. Pidió en la barra algo antes de ir con su hermano. Parecía cansado y tenía algunas ojeras, seguramente habría estado trabajando hasta tarde y es que él… trabajaba desde casa en algunos proyectos informáticos.
- Necesitas un café – le comentó con una sonrisa Naruto.
- Y tú dormir un poco, tienes casi más ojeras que yo.
- Pasé una noche algo movida.
- ¿Fuiste a ver el partido?
- Sí, pero no lo pude ver al final – sonrió mientras se rascaba la cabeza y entrecerraba los ojos.
- Eres todo un caso – dejó escapar una ligera sonrisa Gaara - ¿Has hablado con mamá? Quería que fuéramos el fin de semana a comer a su casa.
- Me llamó anoche, pero no podía cogerle el teléfono.
- ¿En qué estás metido ahora?
- ¿Por qué tengo que estar metido en algo?
- Porque tú siempre estás en algún lío. ¿Es un lío de faldas?
- No – se quejó Naruto – bueno, sí… pero es…
- Sigues obsesionado con ese chico que te trae de cabeza.
- Se divorció.
- Y es el ex esposo de tu compañero.
- Al que le di un puñetazo.
- Y por el que estás haciendo papeleo de oficina – le remarcó Gaara – mira, Naruto… eres muy buen policía, pero no puedes ir tan lanzado por la vida, debes pensar las cosas un poco más, todo tiene consecuencias.
- Me da igual hacer trabajo de oficina si consigo estar con ese chico.
- Ya, eso lo sé muy bien. ¿Te ha visto?
- No, he tenido cuidado. Sólo me faltaba que supiera que era amigo de su ex marido, entonces seguro que ya no querría nada conmigo.
- Bueno… amigo lo que se dice amigo, ya no eres – sonrió Gaara - ¿Crees que tienes opciones con él?
- No – dijo muy seguro – su corazón está tan destrozado que creo que no dejaría entrar a nadie en su vida y menos a un desconocido como yo. Ya ha tenido bastante con su ex marido.
- Imagino que su ex marido no sabe que tú estás detrás de todo esto.
- No, supongo que no se lo esperaría precisamente de mí. Me tiene como el fracasado de la recepción – sonrió Naruto – no sabe que me estoy acostando con él. ¿Y tú? ¿Ya tienes algo por ahí o no? – comentó elevando las cejas antes de llevarse el botellín de cerveza a los labios.
- Qué va. Sólo trabajo y más trabajo. No paran de mandarme proyectos.
¡Hermanastros! Sí… eso es lo que ambos eran. Su madre había tenido a Gaara de su primer matrimonio. El muy desgraciado los había abandonado cuando se quedó embarazada, pero por suerte, volvió a casarse, esta vez con un hombre que seguía cuidando de ella y la amaba por encima de cualquier cosa. Gaara, sin embargo, había preferido cambiarse el apellido de su padre por el de su nuevo padre, el de Naruto. Puede que fueran hermanastros, pero ellos se consideraban como hermanos de sangre. Se habían criado juntos.
- Ten cuidado con el asunto de Sasuke – susurró Gaara – sé que te tiene como loco y que lo amas pero… sigue siendo el ex marido de un compañero, no estará bien visto en la comisaría y menos cuando saben que eras uno de los amigos de su marido.
- Lo sé. No debería saber mucho de mí, tan sólo que soy rubio pero somos unos cuantos rubios. Además… no se fijaría en el chico de la recepción, digo yo. Y con el apellido de la mamá no tiene mucho que hacer, mi expediente está bajo el nombre "Namikaze" – sonrió – no tiene nada con lo que descubrirme.
- Aun así, ten cuidado. ¿Hoy tienes libre?
- Sí. Había pensado en pasar por casa de los papás y verles.
- Si vas a ir, entonces déjame que les llame y podemos ir juntos a comer allí. Seguro que les hará ilusión que vayamos los dos.
