Disclaimer: todos los personajes pertenecen a J. K. Rowling

Este fic ha sido creado para el "Intercambio de Regalos de la Familia Friki" del foro "First Generation: The story before books"


VI

¿Lo intentamos?

Salieron de San Mungo en un cómodo silencio. Ninguno de los dos se atrevía a decir algo por miedo de romper esa burbuja de felicidad. En cuanto llegaron a Grimmauld Place, Pansy comentó que estaba cansada y subió a su habitación. Harry se quedó mirando las escaleras por las cuales ella había desaparecido, pensando si debía seguirla o debería dejarla sola. Después de unos minutos, pensó que, después del momento tan íntimo que habían compartido hoy, era hora que las cosas cambiaran. Con paso decidido subió hasta el piso donde estaba la habitación de ella y se paró frente a la puerta. Tomó una bocanada de aire y tocó. Sin esperar respuesta, entreabrió la puerta y se asomó.

—¿Puedo pasar?

Ella, recostada sobre la cama, asintió y Harry entró. Pansy se hizo a un lado y él se recostó a un costado. Miró hacia el vientre abultado de ella, levantó la mano para acariciarlo, pero se paró a medio camino, pidiéndole permiso. Cuando ella se lo otorgó, la posó con delicadeza y comenzó a moverla con suavidad. El bebé se movió y él se sobresaltó. Ambos se rieron por la escena y Harry siguió con los movimientos. Poco tiempo después, Pansy cerró los ojos, relajada por los mimos de él. El chico siguió durante más tiempo y cuando pensó que se había quedado dormida, la tapó con la cobija y posó su mano en el rostro de ella, dándole una suave caricia.

—Sabes, Pansy— susurró para no despertarla —cuando entré aquí, venía con toda la intención de decirte algo importante, pero me acobardé. Vaya Gryffindor eh… —hizo una pausa pero sin dejar de rozarle la mejilla con sus dedos — Te quiero Pansy. Me he encariñado contigo, aunque no sé porque, no eres la persona más fácil de tratar —soltó una suave risa —solo quería decirlo. Te quiero.

Sintiéndose satisfecho consigo mismo por habérselo sacado de encima, le besó la frente y se dispuso a levantarse, cuando la voz amodorrada de la chica, lo detuvo.

—Tú tampoco estás tan mal.

Harry sonrió, esa había sido su forma de decirle que le correspondía. Le deseó una buena noche a Pansy y se levantó para dirigirse a su habitación.

—Quédate, Harry.

Sin hacérselo repetir dos veces, volvió a la cama de ella y se deslizó entre las cobijas, permitiéndole a Pansy acurrucarse contra él y con un último beso en la frente, se durmieron.

Cuando Harry se despertó a la mañana siguiente, sonrió al recordar los sucesos de la noche anterior. Pansy aún estaba dormida, abrazándolo, y él aprovechó el momento de paz para observarla. Cuando ella comenzó a removerse, él la despertó con un beso de buenos días.

—Pansy… —comenzó él —estaba pensando que…. bueno, claro que es sí tú quieres, pero dado los últimos acontecimientos, quizás deberíamos… ya sabes…

La chica lo miró confundida.

—Sí… tú… yo… ¿qué dices? —Balbuceó Harry.

—Harry, no voy a hechizarte, así que tranquilízate y habla coherentemente porque no te entiendo nada.

—Lo que quería decir era que… —bajando la voz, añadió —, podríamos intentar tener una relación.

—¿Me estás pidiendo que sea tu novia? —preguntó ella yendo directo al punto.

Él asintió con rapidez, haciéndola reír. Tras fingir pensárselo por un instante, aceptó y Harry no perdió tiempo. Se lanzó sobre ella fundiéndose en un apasionado beso, el primero desde la noche en el Caldero Chorreante. La temperatura de la habitación subió y el beso se hizo cada vez más demandante.

—¿Señor?

Harry se apartó un poco del rostro de ella y miró a Kreacher, que se agarraba las manos y desviaba la mirada hacia un lado, incomodo con la situación en la que había encontrado a su Amo.

—Le han dejado un mensaje desde el Ministerio —tras un gesto de Harry para que continuara, le comunicó el mensaje — le preguntan señor que a qué hora piensa ir a trabajar, que si no aparece en diez minutos en su oficina, van a venir aquí y lo llevarán a base de maldiciones.

Harry pegó un brinco desde la cama, maldiciéndose por haber olvidado que era día de trabajo, se disculpó con Pansy y corrió a su habitación para ponerse el uniforme de auror. La chica se dejó caer sobre la cama con una sonrisa. Podría acostumbrarse a Potter.

Esa noche, durante la cena, Harry estaba pensando si, ahora que eran una pareja, debería pedirle a Pansy de mudarse a su habitación, para así cuidarla mejor. Lo único que lo refrenaba, era que eso se podría malinterpretar, él no quería tenerla en su cama para saciar sus necesidades (bueno, también, pero no era su prioridad) y no quería que ella pensara que le había pedido iniciar una relación solo por eso, en verdad se había encariñado con la chica.

—¿Te pasa algo Harry? —preguntó Pansy al verlo fruncir el ceño.

—Estaba pensando —dijo quitándole importancia.

Cuando terminaron de comer el postre, fueron a la sala para relajarse. Harry se sentó en una esquina del sofá y Pansy recostó su cabeza sobre las piernas de él. El chico le contó de su día, mientras le preguntaba que había hecho ella en su ausencia. Pasaron un par de horas platicando de sus vidas antes de que se cruzaran, conociéndose poco a poco.

—Creo que ya es hora de irse a dormir —comentó la chica, adormilada debido a las caricias que Harry le estaba haciendo en el cabello.

—Está bien, te llevaré —y sin dejarla pensar ni un segundo, la cargó en sus brazos.

Pansy soltó un chillido de sorpresa y le exigió a Harry que la bajara, pero él no la escuchó y subió las escaleras. Al legar frente a la puerta de ella se detuvo, pero no la soltó.

—¿Quieres cambiarte a mi habitación? —preguntó en un susurro.

Ella se quedó pensativa.

—Esta podría ser la habitación del bebé —comentó él.

Harry se estaba poniendo nervioso, Pansy no contestaba y no sabía cómo tomarse ese silencio. Se mordió el labio hasta que ella sonrió y le comentó que era una excelente idea. Soltando todo el aire que había retenido, la llevó hasta su nueva estancia.

—¿Por qué te tardaste tanto en contestar? —le preguntó una vez que se acomodaron en la cama.

—Solo quería dejarte en suspenso un momento —respondió ella riendo, ignorando la mirada indignada de él.