Hace algunos días atrás yo había sufrido un accidente en bicicleta. No quiero hablar de eso, lo único que quiero decir es que había sido algo tan complicado, algo tan delicado y al mismo tiempo algo tan estúpido.
Soy Marinette, pero también soy Ladybug. Cualquiera pensaría que soy algo así como indestructible, incluso yo lo pensaba. Ser Ladybug me hace sentir poderosa, increíble y valiente. Nunca pensé que un accidente podría dañarme, si ni siquiera los akumatizados contra los que peleó lo han logrado.
Mi rostro fue el que sufrió las consecuencias de ese accidente, ahora me veo herida y algo demacrada. Incluso habló distinto, porque mi labio quedó extraño. Tikki siente mi preocupación, nunca me deja sola y me habla de cualquier cosa, me apoya.
No he ido al colegio, tengo reposo. Mis amigos me llaman, pero les he pedido que no vengan. Creo que lo único que me ha mantenido alegre durante estos días ha sido ver a Chat Noir, mi gatito me alegra mucho con sus chistes estúpidos y sus coqueteos.
Pero las cosas cambiaron hoy. Mamá me obligó a salir con ella, necesitaba comprar alguna cosas para la Panadería. Evidentemente yo no quería, podía encontrarme con algún conocido en el supermercado. Pero ella me obligó.
Intentaba esconder mi rostro lo mejor posible.
—No te puedes esconder siempre, Marinette —susurraba Tikki.
—Lo haré hasta que me vea normal.
Siendo Ladybug no tenía problema con mis heridas, el antifaz las cubría un poco. Hablar raro era lo de menos.
—¡Marinette!
Luka se acercaba. Bajé la mirada intentando que no me viera, esto no podía estar sucediendo justo ahora.
—¿Tanto te asusta verme? —preguntó algo confundido.
—No —negué.
Podía sentir la confusión de Luka. Como tenía la mirada baja vi como Tikki me miraba con negación y enojo. Suspire y levanté mi mirada. He derrotado a cientos de villanos, ¿cómo no podría hablar con un chico normal?
Luka me vio y demostró algo de preocupación en su rostro. Yo tomé aire y lo mire fijamente, cosa que no quería.
—¿Qué te pasó? —preguntó demostrando toda la preocupación que sentía.
Yo suspire y le conté toda la historia. Él me escuchaba, hacia preguntas y asentía. Cuando terminé de relatar lo sucedido, me demostró todo su apoyo y me sonrió.
—No tienes que sentir vergüenza, aunque tu rostro se vea raro, sigues siendo linda.
Sabía que mentía, por eso no respondí.
—Además, eres Marinette y eso ya te hace una persona increíble —palmeó mi espalda y se fue. Yo me quedé algo ruborizada, eso realmente había sido muy tierno de su parte.
Recordé a Adrien, él no me había dicho nada en todo este tiempo y eso que estaba al tanto del accidente, pero no me había preguntado nada. Bueno... cada quien sabe lo que hace.
