Antes de empezar el capítulo debo decirle a dospiesizquierdos que desde aquí, en la distancia que nos separa, le mando un abrazo, uno muy fuerte para tratar de reconfortarla en un momento como este, aunque sé que no es posible hacerlo. Amiga sé que me dijiste que no podrías comentar en un tiempo y entonces caí en cuenta de que no tengo tu mail ni cómo escribirte, así que no queda más que hacerlo por aquí, aunque no lo puedas leer justo ahora, espero que algún día lo hagas y que sepas que estuve pensando en ti y mandándote mucha fuerza desde aquí.


CAPITULO 5:

Por momentos, por largos momentos en realidad, le corroía la culpa, sentía que se había pasado de la raya, que había avergonzado y humillado a Potter, como jamás había creído posible, al mostrarle esos recuerdos, al dejarle ver lo qué estaba haciendo verdaderamente con su vida, más de lo debido. Sobre todo cuando lo veía allí, tendido en la cama, durmiendo. Era lo único que hacía: dormir. Apenas probaba algo de lo que le dejaba para comer, ni siquiera se quería levantar a ver la televisión, ni mucho menos a hacer ninguna de las tareas que le había encomendado en un principio. Sabía, porque lo había leído en los libros que le había traído el medimago Marton, que estaba pasando por una fuerte depresión, una causada por lo que le había enseñado. No había intentado contactar con el medimago Marton porque se sentía avergonzado de su pobre desempeño como cuidador, no había logrado manejarlo ni dos días siquiera.

—Iré a comprar algo de comida —informó hacia la puerta abierta de la habitación de Potter, pero él no dio muestras de escucharlo, seguía sobre la cama, acostado de lado y cubierto hasta casi la cabeza con las sábanas. Draco estaba seguro, porque el medimago le había enseñado el hechizo y porque lo estaba vigilando constantemente, de que no estaba robando pociones para dormir, así que le asombraba la capacidad que tenía para dormir casi veinte horas al día.

Salió del edificio en el que vivían y pensó en conseguir algo de pescado y patatas fritas, algo simple y que tal vez Potter pudiera picotear un poco, le daba miedo que se enfermara por lo poco que comía, pero no se animaba a tener otra confrontación con él, sentía que podía lastimarlo demasiado y le daba miedo hacerlo.

Cerca de donde vivía había un par de restaurantes, los que había estado visitando los últimos días, desde que Potter había caído en esa depresión, escogió el que tenía menos gente y luego de esperar, lo que le pareció a él un largo rato, le dieron una gran bolsa de papel con varias porciones de pescado y patatas.

Se le antojaba tomarse un trago, uno fuerte, pero no tenía ya nada de alcohol en casa, debido a Potter. Se detuvo en la puerta de un bar y miró a ambos lados, supuso que no sería tan raro ver a alguien bebiendo algo a esa hora. El sitio no parecía tan malo, después de todo. Estaba a punto de empujar la puerta cuando algo, o mejor dicho alguien, llamó su atención, doblando por la esquina venía caminando un hombre alto y de cabello oscuro, casi cortado a rapé, sus ojos escrutaban hacia todos lados y Draco no necesitó más que una mirada para reconocerlo: se trataba de Hieb1, uno de los hombres que utilizaba su padre para librarse de los problemas que el oro y las buenas maneras no podían arreglar. Nadie sabía su nombre en realidad, le decían Hieb, era alemán, y no hablaba casi nada de inglés, pero era muy bueno golpeando y aplicando maldiciones que lindaban en lo ilegal. Antes de darle tiempo a que lo notase, se empujó dentro del bar, con la respiración acelerada y el corazón martillándole con fuerza. Si Hieb estaba allí significaba que su padre lo estaba buscando, es decir, que estaba en serios problemas.

—¿Qué le sirvo? —preguntó el hombre de la barra, mirándolo extrañado.

—Un whisky. Solo —respondió rápidamente Draco, dejando un billete en la barra. Cambiaba el peso de un pie al otro mientras el hombre dejaba caer lentamente el líquido dorado en el pequeño vaso.

—¿No va sentarse?

—No.

Draco levantó el vaso y se lo bebió de un solo trago, sintiendo como el calor quemaba su pecho y de alguna manera lo tranquilizaba.

Respiró profundamente, no podía perder más tiempo, debía moverse y…

—¡Rayos! —exclamó, recordando a Potter, solo en su departamento, sin una varita ni ninguna protección, seguramente durmiendo… pero Hieb no podía entrar allí, estaba lleno de hechizos y encantamientos. Pero si estaba tan cerca… No, no podía arriesgarse.

Sin siquiera mediar palabra con el hombre de la barra, que lo miraba cautelosamente, caminó hacia el baño, ni siquiera verificó si había alguien más cerca, en cuanto la puerta se cerró, sacó la varita y se apareció en el departamento. Revisó con la mirada todo el lugar, dando gracias a Merlín por haber escogido un lugar tan pequeño. Luego de eso dejó la comida en el refrigerador y caminó hacia su habitación, la maleta que había preparado casi tres semanas antes estaba ya completamente deshecha, corrió por todos lados, empaquetando pociones, libros y algo de ropa, no necesitaría mucho de ella, pues podría comprar más en el lugar en el que estuviera. O estuvieran, se recordó nuevamente, pensando en Potter. Luego de hacer la maleta la dejó en la sala, y fue hasta la habitación de Potter, éste seguía, ¡oh novedad!, durmiendo.

—Vamos, Potter, arriba —dijo firmemente y sin muchos miramientos, mientras que con la varita hacía que las cortinas de la ventana se descorrieran, la luz llenó la habitación y Potter se movió hacia un lado, enterrando la cabeza en la almohada.

—¡Potter! —llamó nuevamente, jalando con las manos la sábana que lo cubría, lo vio aovillado, abrazándose a sí mismo y tratando de encogerse más aún.

—No tenemos todo el maldito día, es suficiente, tienes que levantarte.

—No quiero —contestó al fin Potter, su voz seguía sonando ronca mientras abría los ojos y lo miraba perplejo.

—No es cuestión de lo que quieras, sino de lo que tienes que hacer, y en este momento te meterás al baño, te darás una ducha y luego te vestirás —ordenó mientras le lanzaba sobre la cama un par de pantalones, una camiseta y unos calcetines.

—Dije que no quiero —suspiró Harry, apartando con una mano la ropa que había caído sobre él y cerrando los ojos nuevamente.

—Y yo que no he pedido tu opinión, si no te levantas, te obligaré a hacerlo, y créeme que no te gustará la manera en que lo haré.

—¿Qué es lo que quieres? —preguntó Harry entonces, al parecer algo vencido y sentándose completamente.

—Debemos irnos, ahora mismo.

—¿Por qué?

—Porque yo lo digo —Draco levantó un poco más la varita, no pensaba contarle a Potter lo que pasaba, ni siquiera sabría explicárselo correctamente sin revelarle su estado de salud; pero sí pensaba que estaban perdiendo demasiado tiempo, tal vez debería obligarlo a vestirse y meterlo en el auto, luego tal vez podría darse una ducha, podría alquilar una habitación en un hotel, o en el Ferry que pensaba tomar…

—De acuerdo —asintió Potter, interrumpiendo sus pensamientos y poniéndose en pie.

Draco se quedó quieto, observándolo caminar hacia el baño y escuchando la ducha abrirse, aún no creyéndose que Potter le hubiera hecho caso.

Potter salió sólo unos minutos después, venía con una toalla envuelta en la cintura, su cabello largo estaba mojado y goteando por todos lados, Draco, que estaba mirando por la ventana en ese momento, tratando de encontrar a Hieb, se giró al escucharlo caminar.

Entonces Potter, sin ningún tipo de pudor, dejó caer la toalla al suelo, mostrándose completamente desnudo, mientras ordenaba la ropa sobre la cama. Draco se dedicó a observarlo, su pecho y su espalda estaban ya sin casi ninguna marca o señal de golpes o mordidas, sólo sus brazos tenían marcas muy pequeñas de los piquetes que se debía haber dado para inyectarse la droga. Estaba delgado, demasiado delgado, sus costillas se marcaban contra su piel y una larga cicatriz se deslizaba por su espalda. Se sonrojó y apartó la vista cuando se encontró con la mirada de Potter.

—Tal vez deberías rasurarte —dijo, simplemente por decir algo, apuntando con la cabeza hacia su barba de varios días, antes de girar nuevamente hacia la ventana, era ya más del medio día y la calle estaba llena de gente y de autos. Su auto no pasaría de ser percibido, aunque en realidad nadie sabía que lo tenía, esperó no llamar demasiado la atención con él.

—No tengo cómo hacerlo —declaró Potter sin mucho interés, mientras se terminaba de vestir.

Draco suspiró, había estado lanzándole hechizos de limpieza durante los últimos días, pero no se había preocupado por afeitarlo, pero ahora lo que más quería era pasar de ser percibido y Potter, con una pinta de naufrago, no lo iba a conseguir.

—Tengo algo con lo que puedes hacerlo… es muggle —dijo, mientras hacía levitar del cuarto de baño de la otra habitación una navaja de afeitar y un frasco de espuma, Potter no pareció asombrado observando a los objetos volar hacia él. —Tiene un hechizo, para evitar que te cortes.

Harry le dio una mirada fastidiada y tomó ambos objetos, metiéndose nuevamente en el baño.

Draco resopló, necesitaban salir rápidamente de allí, pero no creía adecuado hacer que Potter se apurara más, no quería ponerlo nervioso ni alterarlo. Durante varios minutos se dedicó a observar alternativamente la ventana hacia la calle y la puerta del baño cerrada, hasta que Potter, ya completamente afeitado y sin ningún corte, salía por la puerta, su aspecto no había vuelto a ser el de antes, pero definitivamente la falta de barba lo hacía lucir mejor.

—Vamos —ordenó, mientras cerraba las cortinas y se dirigía hacia la salida; tras él, Potter simplemente asintió y lo siguió en silencio.

*O*O*O*

Si es que Potter se asombró del lugar donde se encontraban, no dio ninguna muestra de ello, mientras lo seguía obedientemente por el pasillo hacia el elevador. El silencio entre ellos era bastante pesado, pero Draco por lo pronto se encontraba creando planes en su mente, y la incomodidad con Potter había sido deslizada hacia otro lugar en su mente.

En el estacionamiento del sótano Draco pudo ver la primera señal de vida de en Potter, cuando abrió mucho los ojos, asombrado al ver el automóvil, estacionado de cualquier manera en el medio.

Draco abrió las puertas con el control remoto de la llave y metió el maletín en el asiento trasero, mientras le hacía un gesto a Potter para que se metiera en el asiento del copiloto. Potter rodeó el auto con lentitud, observándolo con detenimiento, antes de acomodarse en el asiento que le indicó.

—El cinturón, por favor —pidió Draco, recordando que llevaba mucho tiempo sin llevar un copiloto.

Encendió el auto y una música estridente llenó el lugar, sintió a Potter removerse en su asiento, seguramente se había asustado por ella, al igual que él. Bajó el volumen al mínimo e hizo tronar sus dedos, antes de activar los hechizos de invisibilidad y de aproximación.

Avanzó lentamente, mientras la puerta de la cochera se iba abriendo, los recibió la luz del sol, el hechizo de enfriamiento fue lo siguiente que conjuró, mientras doblaba por la primera esquina y se detenía frente a un semáforo, mirando alrededor con preocupación, golpeteando con sus dedos el pequeño volante y rogando para que la luz les diera el pase de una vez por todas.

Potter seguía quieto y silencioso, mirando hacia ambos lados, tratando, seguramente, de ubicarse.

—Estamos en York —le dijo, parecía necesitar una respuesta.

—Ah —respondió Potter, luego de eso se apoyó de lado en el asiento, mirando hacia la calle, dándole la espalda y se quedó en silencio.

Draco corrió por las avenidas y calles transitadas, evitando vehículos y luces rojas, hasta que salió a la carretera, donde le exigió mayor velocidad al auto, miraba de reojo a Potter, que permanecía quieto en su asiento, imaginaba que probablemente se había dormido nuevamente, al menos le alegró que no protestara o sobresaltara por la velocidad.

Hizo el mismo recorrido que había iniciado semanas atrás, sólo que esta vez no se detuvo a buscar ningún sitio dónde comer, por el momento sólo tenía en mente salir de Inglaterra lo más pronto posible, luego seguramente ya ambos podrían comer algo.

Cuando abandonó York deshizo el hechizo de invisibilidad, pero no bajó la velocidad.

Potter se removió y pareció despertar cuando ya habían llegado a Newcasttle y estaban avanzando por Howdon Rd, parecía algo confuso mientras Draco hacía girar el volante y entraba por Coble Dene; al fondo se podía ver el muelle y los autos entrando y saliendo. Draco miró hacia el reloj de la radio, casi eran las tres de la tarde, estaba seguro que encontraría un Ferry para esa misma noche.

—¿Qué hacemos aquí? —preguntó Potter, mirándolo por un instante, antes de mirar hacia el frente nuevamente, entrecerrando los ojos por el sol.

—Tomaremos un Ferry —informó Draco, mirando con atención las señales, hasta llegar a la entrada que indicaba "North Shields: Newcastle Ferry Terminal"

Potter pareció querer replicar, pero se quedó en silencio, con las manos sobre las piernas y observando todo de manera curiosa, Draco se dedicó un instante a mirarlo, no parecía contento, sino resignado. Tendría que esforzarse mucho por conseguir que Potter se recuperara.

Nunca había hecho ese tipo de viaje, pero tenía la teoría en la mente, ya había leído al respecto antes, algunos años atrás y aún ahora le seguía pareciendo la mejor opción.

Llegó hasta el estacionamiento y luego de indicarle a Potter que lo siguiera, entró a la estación, miró hacia todos lados y vio que había un Ferry que partiría en sólo dos horas.

—Bien, ese es —suspiró contento, caminando hacia la ventanilla de tickets, pero a medio camino se detuvo y giró hacia Potter, que se paralizó también, mirando alrededor a toda la gente que se movía con rapidez, seguramente pensando que algo más pasaba.

—¿Tu pasaporte? —preguntó preocupado —¿Algún documento muggle de identidad?

—Eh… —Potter pareció dudar un momento y luego negó con la cabeza —, nunca he sacado ningún documento muggle.

—¡Genial! —resopló Draco, mirando a todos lados, hasta que pudo ubicar los baños —Vamos, hacia allá —señaló.

Harry lo siguió en silencio, esquivando personas y maletas, hasta que se metieron al baño, habían unos cuantos hombres allí, algunos lavándose el rostro e incluso afeitándose. Draco resopló enojado, si haría magia necesitaría un poco de calma. Miró hacia el fondo, hacia los cubículos, sabía que no se podría meter en uno de ellos con Potter pues seguramente los de seguridad llegarían antes de que pudiera hacer algo. Luego de meditarlo un poco decidió que se arriesgaría.

—Métete allí —le indicó, hacia el cubículo del fondo. Potter abrió los ojos, algo asombrado, pero igual le hizo caso. Draco se sentía extraño al lado de un Potter tan obediente.

Luego de que Potter se metiera allí; miró hacia ambos lados y susurró un par de hechizos, de pronto todos se sintieron ansiosos por salir de allí, sin ninguna razón aparente, el hombre que estaba a medio afeitar limpió lo que le quedaba de espuma con una toalla de papel y salió dando un sonoro portazo. Draco no perdió el tiempo y susurró un hechizo más, alejando a los muggles.

—Ya puedes salir.

—¿Qué has hecho? —preguntó Potter, mirando alrededor, al notar que ya no había nadie.

—Magia —se encogió de hombros Draco, fijando la mirada en él —. De acuerdo, necesitamos hacerte un carné, y un pasaporte.

—Lo que digas —fue la respuesta de Potter, realmente parecía poco interesado en lo que pasaba alrededor.

—No te muevas —pidió mientras apuntaba con la varita hacia él, si el gesto lo asustó, Potter no lo manifestó, y se quedó quieto mientras Draco capturaba una imagen de él; luego de eso copió el carné de identificación muggle que tenía y también el pasaporte. Era un truco que había aprendido en New York, cuando sus amigos querían irse de fiesta y no los dejaban entrar a los clubes por ser menores de edad. En esos momentos era una gran ventaja ser un mago.

Potter miró casi de manera ausente sus nuevos documentos de identidad, le había puesto James Smith, a falta de imaginación para crear un mejor nombre, tal vez luego se le podría ocurrir qué ponerle.

La compra de los tickets fue simple, así como arreglar todo para pedir la cabina que usarían, tuvo que tomar una doble, pues no se arriesgaría a dejar a Potter solo durante tantas horas; el transporte del auto mereció un poco más de trabajo, pero al fin, faltando ya media hora para abordar, tuvo en la mano todo lo necesario para partir y el auto colocado en la bodega del Ferry.

No perdió tiempo paseando por la estación, entraron al Ferry rápidamente, cargando la maleta pequeña de Draco, y luego se dirigieron a su habitación. Los pasillos eran estrechos, pero al menos aún no había demasiada gente.

La habitación era en tonos marrones, había dos camas, separadas por una pequeña mesa de noche con una lámpara encima. En el medio de la pared había un cuadro con una imagen del enorme Ferry que habían abordado: m.s. Princess of Norway; La habitación estaba separada por una pared de vidrio pavonada, al otro lado había un par de sofás y una mesa de centro, y al fondo un, según pensó Draco, muy pequeño baño.

—Debemos ir a comer algo.

—No tengo hambre —respondió Harry, sentándose en la cama más próxima a la mampara e inclinándose para desatar las zapatillas de deporte que usaba.

—¡Ah, ni lo creas, Potter!, no te dejaré morir de hambre.

—¿Por qué? —preguntó Harry, levantando la mirada hacia él, por primera vez en días parecía haber un pequeño brillo allí, Draco no había pensado jamás en que alguna vez extrañaría ese desafío cuando lo miraba.

—Porque no, así que ni te acomodes, que debemos comer algo, luego daremos una vuelta.

—Puede que me lleves hasta allá, pero no me obligarás a comer.

—Ya, ya —le restó importancia Draco, mientras le indicaba con una mano que se apresurara —empieza a moverte, luego veremos todas tus quejas.

Potter, pareciendo nuevamente resignado, caminó un par de pasos detrás de él, recorriendo nuevamente el pasillo y saliendo hacia el interior del barco; había varios bares, restaurantes, tiendas y hasta un casino. Draco observó todo con detenimiento y finalmente se detuvieron en el Latitude Café.

Rápidamente tomaron una mesa, cerca del fondo, y un mozo se les acercó de manera muy amable, Potter apenas y le prestó atención mientras Draco ordenaba para ambos un par de tazas de té y unos club sándwich.

—Deberás comer —recriminó en cuanto el mozo les dejó todo sobre la mesa.

—Deberé, deberé —suspiró Potter —, ¿En qué maldito mundo paralelo he caído que debo hacerte caso en todo lo que digas?

—En el que tú mismo has creado —recriminó Draco, dejando de lado la taza de té y recordando que pronto tendría que tomar una nueva dosis de poción. Potter abrió la boca para replicar, pero no lo dejó hacerlo —; y si tanto quieres salir de este mundo en el que me tienes que hacer caso, demuestra que verdaderamente vale la pena dejarte libre, que estás sano y recuperado, mientras no me convenzas de ello, no te librarás de mí.

Potter lo observó durante un instante, y luego miró hacia el plato con el enorme sándwich frente a él, Draco podía ver la indecisión en su mirada, y se quedó completamente quieto por lo que le pareció una eternidad, hasta que la mano de Potter, algo temblorosa, se inclinó hacia el plato y tomó una de las mitades, llevándosela luego a la boca y dándole una pequeña mordida, todo eso lo hizo sin mirarlo a él, fijando su vista en el fondo del restaurante, mientras la voz de una amable señorita anunciaba por los parlantes que el viaje hacia Ámsterdam se estaba iniciando.

*O*O*O*

Abrió los ojos con rapidez, su corazón estaba algo acelerado y sentía que empezaba a sudar, estudió con lentitud el techo blanco, no conocía esa habitación, le demoró a su mente un par de minutos recordar que se encontraba en medio del océano, en un Ferry que los llevaría, aparentemente, hasta Ámsterdam. Giró un poco y pudo ver a Malfoy durmiendo en la cama del lado, cubierto con las mantas y totalmente relajado. Suspiró profundamente, su mente no acababa de entender qué había pasado, cómo es que había llegado hasta esa situación.

En silencio, intentando no hacer nada de bulla para no alertar al que consideraba su carcelero, se puso en pie y caminó hasta el baño, aunque era un baño pequeño, demasiado pequeño había declarado Malfoy, no le pareció nada feo, pensó en que nunca había estado en ese tipo de transportes y en que ni siquiera había pensado en que de esa forma se podía llegar al continente cómodamente, es más, meditó mientras habría el grifo de agua y la dejaba caer sobre la loza del lavabo blanco, no había pensado ni analizado nada durante mucho tiempo.

Se mojó la cara y se miró al espejo, había un espejo enorme sobre el lavabo, que le dejaba ver la mitad de su cuerpo, se puso las gafas y se apreció a conciencia, después de mucho tiempo: su cara estaba pálida, nada extraño durante los inviernos aunque, sino se equivocaba, estaban en verano; su cabello le caía casi sobre los hombros, igual de alborotado que siempre; recorrió su cuerpo poco a poco, sabía que estaba delgado, pero no había pensado en cuán delgado hasta ese momento; dudando un poco levantó la camiseta de mangas largas que usaba y se la quitó; su torso demostraba que realmente sí estaba delgado, sus costillas se marcaban bajo la piel, y sus brazos ya no eran tan musculosos como al acabar la guerra, con un par de dedos tanteó su antebrazo izquierdo, ese era su favorito cuando…

Negó con la cabeza, era imposible recordarlo sin sentirse ansioso y no quería sentirse así… llevaba días sin sentirse ansioso, sin sentir ese deseo superior a cualquier otro de meterse un poco más de drogas… llevaba ya muchos días sin percibir ninguna emoción más que la pena infinita y las ganas de perderse en el oscuro mar que ella representaba.

Cerró los ojos y tomó una profunda bocanada de aire, tratando de calmarse, pero ello no ocurrió, a su mente acudió aquel recuerdo, aquella imagen que Malfoy le había enseñado días atrás, ¿o habían sido semanas?, no estaba seguro de eso y de nada realmente, sólo que cuando abrió los ojos se pudo ver, como se había visto más de una vez, sus brazos estaban sangrando, la droga no cabía en sus venas y se desbordaba, impregnada de sangre, resbalando por sus antebrazos hasta sus manos… manos manchadas de sangre. Su respiración se hizo mucho más trabajosa y la voz de aquel tipo: "Hey, Max, aún no es tu turno" rompió el silencio. Asustado se puso rápidamente la camiseta, deseando no mirarse, no verse nunca más, eso estaría bien, decidió, no ver lo que era, en lo que se había convertido. No mirarse ni dejar que nadie lo mirara nunca más.

*O*O*O*

Se removió en su cama, algo lo había sacado del sueño, y abrió los ojos, no se sorprendió al no encontrar a Potter en la cama del lado. Suspiró, fastidiado y se puso en pie, mirando alrededor, Potter tampoco estaba en la pequeña salita, y menos en el baño.

Sabiendo ya que no podría continuar durmiendo si no lo encontraba, se puso un par de zapatos y sacó un abrigo del armario, había comprado un par esa noche, antes de volver a la habitación, y al menos le daría un buen uso. Dudando por un instante, tomó el otro abrigo, el que había comprado para Potter, y lo llevó también, por si es que era necesario.

Casi podía apostar dónde se encontraba Potter, no sentía nada extraño, no había ansiedad ni excitación, por lo que sabía que no se estaba drogando ni teniendo un ataque por la abstinencia a las drogas. Avanzó entre los pasillos, cruzándose con algunos pasajeros más alegres, seguramente volviendo de la discoteca que también había abordo, y continuó hasta que pudo salir a la cubierta; ya habían visto, en su paseo luego de los sándwich que habían cenado, ese sitio, y no le extrañó del todo encontrarlo allí.

Estaba apoyado contra la baranda, inclinado hacia delante, el cabello agitándose por el fuerte viento que corría, su mirada estaba en el horizonte, parecía mucho más relajado de lo que lo había visto los últimos días. Vestía los pantalones vaqueros que le había obligado a usar esa mañana y una sudadera que realmente no debía protegerlo mucho del frío. Dudó un poco entre acercarse o no a él, pero decidió que era mejor abrigarlo un poco.

Cierto que había cenado esa noche pero, después de días de no comer correctamente, sus defensas seguramente estarían demasiado bajas.

Caminó con lentitud hacia él, no queriendo asustarlo ni sobresaltarlo. Potter giró el rostro un poco, la luz de los faroles alrededor iluminaron sus lentes por un instante, antes de que retomara la vista hacia el horizonte una vez más.

—Es mejor que te abrigues un poco —recomendó Draco, sostenía el abrigo con una mano, Potter demoró en contestar, pero finalmente hizo un asentimiento y lo tomó, sus manos se rozaron y sintió lo frío que estaba Potter.

—De acuerdo —respondió Harry, poniéndose el abrigo y mirando nuevamente hacia el horizonte.

—¿Te quedarás mucho rato más? Realmente temo que te resfríes o algo así —suspiró Draco, apoyándose sobre la baranda y dándole la espalda al mar.

—¿Sabes que eso que haces es muy peligroso? —preguntó Potter, mirándolo directamente al rostro.

Draco inclinó la cabeza un poco y lo miró curiosamente.

—Si la baranda se rompiera no tendrías posibilidades de salvarte; caerías al mar y con esta velocidad, sería muy difícil rescatarte.

—Ah… —Draco se apartó de la baranda y giró, mirando hacia el mar y quedando junto a Potter.

—Eso es extremista, no creo que la baranda se rompa.

—¿Quién sabe? —suspiró Harry, no parecía muy interesado en continuar con la conversación.

—Sí… quién sabe —replicó Draco. El cielo estaba cubierto de estrellas, y aunque sólo se podía ver una parte de la luna, la noche no parecía tan oscura. El mar se veía negro, con la espuma blanca alrededor, conforme avanzaban. Entonces Draco se preguntó qué harían al llegar a Ámsterdam, había sacado a Potter a toda velocidad de Inglaterra, pero sin ningún plan más en mente.

—¿Por qué lo haces? —preguntó de pronto Potter, Draco tenía que reconocer que su voz seguía sonando muy baja y cansada, como si el hablar le costara un tremendo esfuerzo.

—Porque sí, ya te lo he dicho —respondió Draco.

—Me refiero a escapar —Potter dejó de apoyarse en la baranda y se giró completamente, para encararlo.

—¿De qué hablas?

—De esto, por supuesto —indicó, levantando las manos y abarcando el océano —, de salir huyendo de tu casa, para luego subirnos a un Ferry, es obvio que estás escapando de algo.

—Tal vez sea así.

—Y yo te estorbo.

—Probablemente —admitió Draco —, pero no por eso te librarás de mí.

—Te estoy generando un gasto y…

—El oro se hizo para gastarse, total, no me lo llevaré a ningún lado cuando muera —interrumpió Draco —, y no me importa que vayas conmigo, no me sentiré tranquilo, ya te lo he dicho antes, hasta saber que estás realmente recuperado.

—Te desconozco —reconoció Potter, volviendo a apoyarse contra el barandal y mirando hacia el mar, Draco lo imitó también —, no pareces actuar como siempre.

—Tú y yo nunca hemos interactuado lo suficiente como para que sepas cómo actúo —negó Draco.

Harry se encogió de hombros y pareció meditar un poco antes de volver a hablar.

—No, no lo hemos hecho, pero aún así sé como actúas, estudiamos juntos por casi seis años; tuvimos suficientes confrontaciones en los pasillos y nos buscamos molestar durante todo ese tiempo, aunque no puedo negar que lo que hiciste antes de la guerra me asombró un poco, creo que algo sí debo saber de ti, y ahora actúas diferente.

Simplemente no te comprendo.

—Yo tampoco te entiendo —admitió Draco.

El silencio se expandió entre ambos, obviamente ninguno quería hablar, ni decir nada que lo pudiera comprometer o hacer ver vulnerable, ninguno estaba listo para hacer ningún tipo de confidencia.

—¿Y a dónde iremos ahora? —preguntó finalmente Potter.

—No lo sé —reconoció Draco, mirando hacia el cielo y la forma cómo iba cambiando de color.

—Ah —Potter se inclinó un poco más hacia el frente, aparentemente dando por concluida la conversación.

Draco metió las manos en los bolsillos de su abrigo, encontró la cajita cuadrada de cigarros y sin pensarlo mucho sacó uno y lo encendió, dándole una larga calada antes de dejar escapar el aire lentamente.

Potter volteó a mirarlo.

—¿Quieres? —ofreció, extendiendo la cajetilla hacia Potter.

—No —Potter negó con la cabeza y volvió su vista hacia el mar —, no me apetece.

—¿Te molesta que lo haga?

—Me da igual —se encogió de hombros Potter.

Draco lo miró un instante, el viento seguía desordenando su cabello, y su piel seguía luciendo demasiado pálida, aún en esa semi-oscuridad.

—Si nos quedamos más rato, podremos ver amanecer, ¿te gustaría? —preguntó Draco de pronto, recordando que no había visto amaneceres desde hacía muchos años, y nunca en un barco en medio del mar.

—Estaría bien —afirmó Potter, mirando hacia el cielo y la forma como todo iba aclarándose cada vez más.

Y entonces Draco recordó el porqué de toda esa travesía, como es que todo había empezado en su mente.

—Hey, Potter —llamó, Harry giró, con una mirada interrogante —, ¿sabías que la Torre Eiffel tiene todo un mundo mágico dentro?

*O*O*O*

El Ferry llegaría a Ámsterdam a las nueve y media de la mañana, lo que les dio tiempo suficiente de desayunar, Potter no lo hizo con mucho ánimo, pero al menos comió un poco más de lo que había estado comiendo en los últimos días, ambos se dieron una ducha y Draco aprovechó para tomar las pociones que debía tomar. Durante el desayuno la cabeza había comenzado a dolerle nuevamente, lo cual lo desanimaba por completo, pues había momentos, pequeños momentos en que dejaba de recordar que moriría, que tenía una enfermedad incurable y esos dolores no eran más que una cruel llamada de la realidad.

Recordó entonces, sentado en la pequeña sala de la habitación, mientras Potter terminaba de vestirse tras la mampara, la segunda visita que había hecho a un medimago unos días después del primer diagnóstico:

Efectivamente, señor, la imagen que le sacaron muestra una glioblastoma multiforme, es un caso muy avanzado, algo extraño, pues usted es aún muy joven, sin embargo, es mucho más agresivo justamente por su juventud.

Draco asintió seriamente, maldiciendo a todos los dioses que alguna vez había escuchado nombrar a lo largo de su corta –nunca le había parecido tan corta- vida.

Gracias, es eso lo que necesitaba saber —respondió, poniéndose en pie mientras la imagen se guardaba nuevamente en la cajita que el primer medimago le había dado.

Necesitaría tomar algunas pociones —recomendó el hombre, levantándose también, Draco pudo ver en sus ojos pena, y eso sólo le dio más rabia.

Ya las tomo.

Bien… supongo que sólo estaba buscando una confirmación al diagnóstico.

Así es —afirmó Draco, guardando el frasco en uno de los bolsillos de su túnica y recordándose que no podía demorarse mucho más tiempo, pues tenía una junta.

Lo lamento —masculló el hombre —, debe saber que no le queda mucho tiempo, que con el pasar de los meses los síntomas irán incrementándose hasta que…

Sí, hasta que no haya nada que los calme —interrumpió Draco. —Lo tengo en claro, gracias.

El hombre asintió, parecía sentirse derrotado ante la frialdad con que Draco le hablaba, pero eso a él no le interesaba en lo más mínimo, y salió rápidamente de allí, esperando no llegar tarde a su reunión.

El pequeño dolor de cabeza que estaba iniciando fue acompañado por el agudo zumbar en sus oídos. Se masajeó las sienes, al momento que emitía un pequeño siseo y cerraba los ojos. Vamos, se dijo, acabas de tomar la poción, no se convertirá en un dolor, sólo es cansancio.

—¿Malfoy? —llamó la voz de Potter. Draco tomó una gran bocanada de aire y abrió los ojos, Potter estaba al lado del sillón, ya completamente vestido con una camiseta de mangas largas y unos vaqueros, aunque iba descalzo.

—Dime —respondió, apretando un poco los dientes.

—¿Estás bien? —preguntó Potter, acercándose un poco más a él.

—Sí —mintió Draco —, sólo un dolor de cabeza que ya pasará, ve a terminar de prepararte, en cuanto el Ferry ancle, saldremos de aquí.

—¿Seguro que sólo es un dolor de cabeza? —cuestionó Potter, inclinando la cabeza hacia un lado y mirándolo con más atención aún. Atención que Draco detestaba.

—Sólo es un dolor de cabeza —repitió, apretando los dientes.

—Estás sudando —Potter pareció dudar un instante, y luego levantó la mano y la puso sobre la frente de Draco —, no tienes temperatura pero tal vez sea buena idea que te recuestes un rato, falta aún más de una hora para que lleguemos.

Draco se quedó quieto, sintiendo la tibia mano de Potter sobre su frente, recién notando que, efectivamente, estaba sudando frío.

—Bien, creo que debo hacer eso, aún puedo dormir un poco —aceptó, en parte para que Potter dejara de observarlo tanto, y también porque suponía que un poco de descanso le haría bien.

Potter se apartó de él un par de pasos y Draco rogó por no sentirse mareado, se puso en pie con lentitud y arrastró los pies hasta la cama, donde se dejó caer.

—Quizá deba buscarte algo de la farmacia —comentó Potter, sentándose sobre su propia cama y aún mirándolo con detenimiento, sus ojos reflejaban algo diferente esta vez, pero Draco no estaba seguro de qué.

—¿Medicina muggle? —suspiró Draco —, no creo que surta mucho efecto en mí.

—Hay medicinas muggles hechas por magos —contradijo Potter —, e incluso muchas de las medicinas enteramente muggles hacen efectos en los magos, para casos pequeños, como un dolor de cabeza.

Draco giró el rostro hacia Potter, extrañándole el tono paciente y calmado que había usado, cierto que su voz seguía sonando baja, pero había algo diferente en ella.

—Si no se me pasa en un rato aceptaré probar algo muggle —aceptó, antes de cerrar los ojos y acomodarse contra la cama, esperando que efectivamente, en un momento más el dolor se alejara.

Cuando abrió los ojos lo hizo sobresaltado por la voz de una mujer por los parlantes, indicándoles que habían llegado a su destino y agradeciéndoles su preferencia por usar el m.s. Princess of Norway.

Se sentó con lentitud, ya no le dolía la cabeza, aunque se sentía algo mareado y cansado.

—¿Te sientes ya mejor? —preguntó Potter, Draco giró hacia él, permanecía sentado en su cama, tenía unos cuantos folletos turísticos de Ámsterdam que habían encontrado sobre la mesa de noche.

—Sí —asintió Draco, apoyando los pies en el piso —, al parecer sólo estaba cansado.

—Supongo que sí —respondió Potter, dejando los folletos a un lado y mirándolo mientras se movía a través de la habitación, camino al baño.

—Estaré listo en un momento —informó mientras jalaba la pequeña maleta de la sala y se metía en el baño.

Los trámites para salir de la terminal internacional no fueron muy complicados, Potter permaneció en silencio a su lado, obedeciendo a todo lo que él decía, hasta que finalmente ambos pudieron meterse en el auto y arrancar hacia las calles de Ámsterdam.

El sol estaba en lo alto, y alrededor todo se veía bastante colorido, anduvieron en silencio por un rato, Draco mirando con atención a todos los lados, tratando de encontrar un lugar en el cual quedarse, pues pese a que tenía ganas de llegar ya a Paris, pensaba que mejor era tomarse ese día y marchar al día siguiente. Además necesitaba pronto encontrar un sitio donde hacer el hechizo que cambiaba el timón de su auto, pues allí todos conducían al revés, el tráfico era distinto a lo que estaba acostumbrado, pero no era la primera vez que conducía en ese sentido, así que era cuestión de mantenerse alerta.

Se admiró de la cantidad de gente que caminaba por las calles, de los diversos canales y puentes, hasta que finalmente se detuvo delante de un gran edificio color ladrillo. Rápidamente un hombre, con el uniforme de portero, se acercó a ellos, Draco bajó la ventanilla y lo miró con atención:

—Goedemorgen2—saludó el hombre, mirándolos cortésmente.

—Buenos días —respondió Draco, lentamente, y mirando nuevamente hacia las puertas del hotel.

—Oh, ¿inglés? —preguntó el hombre.

Draco asintió.

—Puede usar el estacionamiento de abajo —les indicó el hombre, señalando hacia una entrada, a sólo unos metros de ellos.

—Gracias.

En cuanto entraron al estacionamiento encontraron un sitio, no había muchos autos allí. Luego de sacar las maletas, y mirando a todos lados, Draco agitó su varita, el auto emitió un resplandor, que hizo que Potter jadeara y retrocediera unos pasos, un instante después el timón estaba en el lado izquierdo.

—Será más fácil así —explicó Draco, mientras le indicaba a Potter que se movieran hacia el ascensor que llevaba a la recepción.

—Claro —susurró Potter, siguiéndolo lentamente, a Draco le desesperaba que Potter actuara así, pero al menos era mejor que tener que jalarlo y obligarlo con amenazas a moverse.

Se registraron rápidamente, una señorita muy amable les indicó el número de su habitación y la forma de llegar mientras les daba una tarjeta para abrir la puerta, y además les dio un par de mapas y unos cuantos folletos sobre el turismo del lugar.

Draco se dejó caer inmediatamente en la cama, le desesperaba sentirse tan agotado, le hacía sentir más enfermo aún.

—¿Dormirás? —preguntó Potter, estaba apoyado en el marco de la puerta que llevaba al baño. Draco se inclinó un poco para verlo, con sus gafas redondas y su camiseta de mangas largas, jalando con una mano el puño del otro brazo mientras en la otra sostenía con fuerza los folletos turísticos que le había dado la mujer de recepción.

—Sí, lo siento, aún estoy cansado —Potter asintió, pero no se movió de su lugar, lo que hizo a Draco sentir un poco mal —, pero si tú deseas salir…

Potter abrió los ojos, parecía realmente sorprendido. Draco sabía que no podría atar a Potter a su brazo y tenerlo vigilado durante todo el tiempo, es más, en algún momento tendría que dejarlo suelto, y aunque parecía muy pronto, tampoco le podía pedir que se quedara porque él estaba cansado. El libro sobre la depresión, que el medimago Marton le había dado, explicaba que no debía tenerlo encerrado, sino que debía impulsarlo a hacer cosas nuevas, cosas que lo animaran y obligarlo a quedarse allí sería incentivarlo a dormir como cuando estaban en el departamento. Además, recordó, aún no le había escrito al medimago sobre su salida de Inglaterra.

—¿Estás diciendo…? —tanteó Potter, caminando un par de pasos hacia él.

Draco suspiró y se sentó, mejor era aclarar algunos puntos primero.

—Sí, pero no creas que te libras de mí, Potter, tenemos el hechizo de rastreo, así que sabré si es que estás haciendo algo malo, dormiré un poco y luego te alcanzaré para almorzar; en la tarde tal vez podamos colarnos en el barrio mágico para mandar una lechuza.

—¿Barrio mágico? —preguntó Potter, al parecer relegando el hecho de que Draco le había advertido sobre hacer "cosas malas".

—Claro, las ciudades más importantes lo tienen, Europa es el continente con más lugares mágicos… ya sabes —se encogió de hombros Draco, le dio una mirada a los folletos que tenía Potter en la mano —, sólo no… —iba a decir no hagas nada que haga que me arrepienta, pero se contuvo —, no te metas en líos.

—Yo… —Potter miró hacia los folletos y luego hacia la ventana.

Draco suspiró cansado y se metió la mano al bolsillo, rápidamente sacó unos cuantos billetes y se los tendió:

—Toma, usa esto.

—No, claro que no —protestó Harry, luciendo avergonzado, aunque Draco pudo percibir cierto orgullo en su mirada, aunque fue sólo un chispazo.

—Es en caso de que los necesites.

—No los necesitaré.

—No saldrás a la calle sin un poco de dinero muggle. Es absurdo que lo hagas.

—Podría tener mi propio dinero. ¿Lo has pensado?

—Claro… escondido en algún lugar de tu maleta. ¡Ah!, pero si tú no tienes maleta —replicó Draco, poniéndose en pie completamente, realmente necesitaba descansar y Potter se lo estaba poniendo difícil, aunque era mejor que pelearan a que el chico se pusiera a dormir nuevamente.

—Eso es porque tú me arrastraste hasta aquí sin más.

—Entre tus ropas tampoco había nada de dinero.

—Ah… además estuviste revisando mis ropas —bufó Harry, parecía mucho más incómodo.

Draco le dio una mirada más y luego suspiró, tratando de encontrar paciencia, después de todo si había algo en lo que era experto era en las negociaciones difíciles.

—Mira —dijo, acercándose a la pequeña mesa de fondo, donde unas hojas con el membrete del hotel y un lapicero estaban puestas; se sentó y escribió rápidamente, aunque Potter no hizo ningún gesto por acercarse —, prometo no decirle a nadie que te presté dinero, y que cuando tengas la oportunidad, de regreso a Inglaterra, aceptaré la devolución. Puedes llevar la cuenta y todo.

—¿Eh? —preguntó Potter extrañado, caminando finalmente hacia él y mirando su letra y su firma sobre el papel.

—Sí, pero el viaje, la comida y los hospedajes los pago yo, igual no es un gran gasto, iba a hacer el viaje solo de todas formas y tú comes tan poco que casi no cuenta.

—Pero…

—Ahora toma los… —miró un instante los billetes —, los quince euros, que no son nada en realidad, y si quieres ir a pasear, pues te alcanzo luego, si tienes hambre, pide algo en la cafetería del hotel, pero lo que es yo, realmente necesito dormir.

Y dejando los billetes sobre la mesa se dio la vuelta, se deshizo de los zapatos, de los pantalones y la camiseta y, sólo en ropa interior, se metió a la cama; hacía algo de calor y no quería perder más tiempo buscando algún pijama cómodo que ponerse. Luego de acomodar la almohada, cerró los ojos y rápidamente se quedó dormido.

*O*O*O*

Cuando despertó lo hizo tranquilamente, sin sentirse mal en absoluto, sólo por si las dudas se quedó quieto en su cama por un momento, con los ojos cerrados y escuchando el silencio. Abrió los ojos con lentitud y vio que ya era mucho más tarde de lo que había pensado despertar.

En cuanto se puso en pie notó la ausencia de Potter, pero también de los quince euros que le había dejado sobre la mesa, en el papel que había escrito aquel ridículo compromiso, con letra desordenada estaba anotado:

15 Euros, 31 de agosto 2001.

Negando con la cabeza se metió al baño, riendo de Potter, si tan sólo supiera que en realidad nunca le podría pagar…

Se dio una ducha corta y rápidamente se vistió, ya eran más de las tres de la tarde y no tenía idea de dónde estaba Potter o desde qué hora había salido.

En la recepción, la señorita que los había registrado lo interceptó antes que pudiera salir, comentándole que había visto a Potter dos horas atrás, que le había preguntado sobre algunas direcciones y que al fin parecía bastante animado por ir hacia la calle Prinsengracht, en donde se encontraba la casa de Ana Frank, que Potter le había pedido que en cuanto bajase le indicara eso.

Draco, que en realidad no requería que ella le informara, asintió y luego salió a la calle, no se había animado a aparecerse desde su habitación porque era probable que Potter estuviera rodeado de muggles en ese momento.

Miró hacia el cielo azul, completamente despejado y con el sol brillando en todo lo alto y luego hacia las calles transitadas y los ciclistas, que parecían estar por todos lados. No había forma de que caminara todas esas calles que la mujer le había indicado. En cuanto subió al taxi y vio la distancia que había entre el hotel y ese museo, se arrepintió de haberle dado tan poco dinero a Potter, pero había pensado que lo mejor era no tentarlo en una ciudad tan llena de turistas y diversión.

El taxista lo dejó al lado de uno de los canales de agua, delante de una casa de ladrillos, había una gran fila de turistas, esperando por ingresar, miró hacia ambos lados, imaginando la cantidad de tiempo que le tomaría poder entrar y, arriesgándose un poco, caminó de frente hacia la ventanilla de entrada. El hombre que estaba allí le dio una mirada extrañada y desconfiada, pero fue bastante fácil lanzarle un "confundus" y poder colarse.

En el interior había bastante gente también, se quedó quieto por un instante, tratando de concentrarse en Potter, y por fin supo dónde se encontraba.

Recorrió con rapidez la casa, que le parecía un laberinto, con sus paredes amarillas y pasajes estrechos, se detuvo un momento, observando asombrado hacia el librero que escondía la verdadera entrada hacia el hogar de Ana Frank, y luego de agacharse un poco, por fin pudo entrar.

El lugar estaba oscuro, y lleno de gente, admirando las fotografías y uno de los manuscritos, encerrado en un estante transparente.

Se quedó admirando las fotografías de todos los que habían vivido en esa casa, y leyendo algunas de las frases que aparecían en el libro; le pareció un lugar muy triste como para que Potter, a quien trataba de sacar de una depresión, recorriera.

Avanzó por varias habitaciones más, entreteniéndose un rato en una que estaba completamente vacía, a excepción de un gran televisor, que mostraba un video acerca del holocausto.

Cuando por fin salió de allí, desembocó en una cafetería, al lado había una pequeña tienda de suvenires, Potter, ya sin ningún folleto en la mano, hablaba con un chico alto y de cabello claro, que lo miraba atentamente, mientras él jalaba su manga sobre la muñeca, como si la quisiera hacer más larga aún.

Se quedó quieto, mirando cómo Potter negaba con la cabeza y el chico continuaba hablando, no era muy experto en las actitudes de Potter, pero parecía algo incómodo. Pensando que era obvio que el chico no estaba haciendo nada malo y que ya era hora de marcharse, lo alcanzó.

—Aquí estás —exclamó en cuanto se puso a su lado, Potter se sobresaltó y lo miró algo preocupado; el chico con el que hablaba le dio una mirada a Draco y luego se encogió de hombros.

—Sí, ya he terminado el recorrido —explicó Potter, metiendo una mano en su bolsillo, aparentemente guardando algo.

Draco sabía que no se trataba de nada ilegal, nada de drogas o algo parecido, porque de lo contrario lo hubiera sentido por el hechizo. Supuso que tal vez el chico había estado coqueteando con él y al fin le había dado su número telefónico. La idea le hizo algo de gracia y sonrió.

—¿Entonces, no te animas por el libro? —preguntó el chico, en inglés forzado y sonriendo.

—No, no, está bien, gracias —masculló Potter alejándose un par de pasos.

—¿Qué libro? —preguntó Draco, arqueando una ceja.

—Ninguno, olvídalo, vamos ya… seguro que debes querer almorzar.

—El Diario de Ana Frank, por supuesto —intervino el chico, Draco se dio cuenta de que se trataba de un vendedor y que parecía contento porque tal vez la venta no se perdería.

—Ah… —Draco miró alrededor, hacia las estanterías llenas de libros, las camisetas, cuadros y tarjetas; y luego hacia Potter, que parecía más incómodo aún.

—Vamos —pidió nuevamente. Draco asintió e hizo un gesto de despedida hacia el chico, mientras ambos caminaban hacia la salida.

Ya en la calle, ambos caminaron con lentitud, sin ningún destino en realidad, mirando hacia los canales de agua y las casas que había sobre ellos, hasta que Draco se detuvo, a unos cuantos metros de doblar la esquina.

—¿Querías el libro? ¿Por qué no lo has comprado?

Potter se encogió de hombros y miró con más atención hacia un pequeño bote, lleno de personas en la cubierta y que avanzaba lentamente.

Draco se dio cuenta de que probablemente a Potter no le alcanzaría con los quince euros que le había dado, aunque no estaba seguro de cuánto costaría la entrada.

—Si quieres que…

—No necesito que hagas cosas por mí, Malfoy —interrumpió Potter, había más resentimiento en su voz que en la mañana, cuando le había dado el dinero.

—Potter…

—No, no tienes que darme dinero, ni comprarme cosas, ni alimentarme, ni mucho menos querer curarme. No eres mi amigo, ni nadie para siquiera darte las confianzas de querer analizar mi vida.

Y dicho eso se alejó, caminando con pasos largos.

Draco suspiró vencido, y él que pensaba que las cosas con Potter estaban mejorando.

Por un momento más lo vio avanzar por la avenida y luego de una calle más, doblar a la izquierda. Se apoyó en la baranda de metal y resopló, si que para algunos era difícil recibir ayuda. Como él, tuvo que reconocer, que no había dejado que nadie se enterara de su problema, y mucho menos lo compadeciera o ayudara. Aunque con Potter las cosas eran diferentes. Potter estaba en esa situación porque él mismo se lo había buscado; y más aún, él sí tenía salvación.

Dudando un poco, regresó hacia la casa de Ana Frank, se coló por el lado de la cafetería y encontró al chico amable que estaba hablando con Potter, el libro no era tan caro, apenas once euros, pero estaba seguro que la entrada costaba más de cuatro euros. Si Potter no fuera tan cabezota, tendría ya su libro y ambos podrían estar almorzando.

En su rudimentario inglés el chico de la librería, mientras envolvía el libro, le preguntó si él y su novio planeaban quedarse mucho tiempo allí. Draco levantó la mirada, asustado y algo sonrojado, tratando de entender a qué se refería. Cuando el chico le respondió que se refería a Potter, soltó una carcajada, aunque inmediatamente se aseguró de aclarar que no era su novio, pero que no se quedarían mucho más. El chico pareció desalentado por eso. Era gracioso que aún en ese estado de depresión, Potter encontrara la forma de hacerse de fans.

Siguió los pasos de Potter, sólo estaba a un par de calles de allí, apoyado sobre un enorme triangulo color rosa3 y mirando hacia el canal, con los brazos cruzados. Decidido a no hacer que la pelea durara más tiempo, caminó hacia él y se sentó a su lado, Potter no dio muestras de haberlo notado, y Draco miró también hacia el canal, donde unas escaleras llevaban a otro triangulo rosa, similar, pero más pequeño, con flores encima.

—Escucha —dijo, sin dejar de mirar hacia el triangulo rosa y a la gente que se fotografiaba sobre él —, hagamos esto, yo necesito hacer este viaje, y la idea de que alguien me acompañe no me parece tan mala, tú necesitas cambiar de ambiente, ver sitios diferentes… comprenderás que en realidad es un favor por otro.

—Claro —bufó Potter, sin mirarlo aún.

—Nunca te sacaría en cara esto, ni el dinero, ni —dudó un poco antes de continuar, en un susurro —, ni lo de antes.

—Y por supuesto, yo te debo creer.

Draco se quedó en silencio por un momento más, mirando hacia un grupo particularmente ruidoso de chicos, que posaban sobre el triangulo pequeño, mientras una señora les tomaba unas cuantas fotos.

—Tal vez pienses que fui cruel al mostrarte ese recuerdo —empezó a explicar, Potter se removió un poco en su sitio y Draco lo miró de reojo, sus mejillas se habían puesto algo rosadas, sabía que Potter se sentía avergonzado y humillado por lo que había pasado antes —, y que disfruté al hacerlo, pero no fue así, tampoco fue divertido sacarte de ese asqueroso lugar —Draco pudo ver como los dedos de Potter se apretaban más sobre sus brazos, hasta casi quedar blancos —, pero no encontraba otra forma de que te dieras cuenta…

—No quiero volver a escucharlo —interrumpió Potter, con los dientes apretados.

—Ya te dije que no le diré a nadie nada de esto, y me refiero a nada en absoluto, por lo que se refiere a mí, ese recuerdo y todo lo que pasó ha quedado olvidado, no lo mencionaré más… pero aún así quiero que lo recuerdes, que medites sobre eso, que entiendas… —Draco negó con la cabeza, sintiendo que no podía llegar hasta él —. Me haces sentir incapaz ¿sabes?, porque no puedo hacerte ver que si sigues de esa manera, con las drogas y todo eso, podrás acabar muerto muy pronto, que desperdiciarás lo que tienes la suerte de tener: una oportunidad y una vida.

Potter lo miró por un instante, sus mejillas seguían sonrojadas y sus manos apretando los brazos.

—¿De verdad no le enseñarás a nadie ese… —Potter dudó un instante y dejó de observarlo, para mirar hacia los edificios de enfrente —ese recuerdo? —concluyó en voz muy baja.

—No. No lo haré.

Potter asintió lentamente, pudo ver como sus manos se relajaban un poco.

—Pero tú deberás hacer este viaje conmigo.

—Mira, Malfoy, si en verdad crees que podrás analizarme y tratar de…

—No es esa mi intensión —interrumpió rápidamente Draco —. No sé qué es lo que puede haberte sucedido para que terminaras de esa forma, y estoy seguro de que es algo que no me contarás, tampoco te exijo que lo hagas, pero sí que intentes recuperarte, es por eso que este viaje puede ser bueno para ti, porque podrás hacer otras cosas diferentes a permanecer tendido en una cama dejando que la vida se te pase.

—Yo necesito recuperarme, es lo que dices desde que salimos de tu departamento, sin embargo, yo no sé por qué estás escapando. No creo que este sea simplemente un viaje turístico.

Draco suspiró y miró nuevamente hacia el triangulo, maldiciendo no haber traído sus gafas oscuras, pues el sol lo hacía entrecerrar los ojos.

—No estoy escapando, simplemente… necesitaba alejarme de casa —se encogió de hombros cuando Potter volteó al fin a mirarlo —, es complicado, pero… realmente necesitaba salir de allí, alejarme de todos, sólo que ellos no están encantados con la idea de que deje todo de lado por darme un tiempo.

Potter lo miró por un momento, como si estuviera estudiándolo y luego negó con la cabeza.

—¿Me dirás que estás en tu etapa de rebeldía?

Draco sonrió por el comentario.

—Sí, algo así.

Potter no comentó nada más, y por un rato más se quedaron allí, mirando a la gente y los ciclistas pasear, hasta que Draco supo que era hora de marcharse.

—Debemos almorzar algo.

—No tengo muchas ganas…

—Ya, pero igual lo harás —resolvió Draco poniéndose en pie y dejando el libro, envuelto en papel azul, sobre las piernas de Potter, que lo miró molesto.

—Tómalo como un regalo —explicó, antes de que Potter pudiera decir algo —, supongo que leer un libro es bueno para ti, no sabía que te gustara leer.

—No me gusta mucho —admitió tomando el libro y poniéndose en pie —, pero la historia de esa niña parecía muy interesante.

—¿No tiene un final feliz, verdad? —preguntó Draco, mientras comenzaban a caminar en busca de un lugar en el cual comer.

—No, lo cierto es que no.

—No creo que sea el tipo de libro que debas leer, pero si te llama la atención, no tienes por qué dejar de hacerlo.

—Gracias —masculló Potter, luego de un momento más, mientras rompía el papel en que el libro venía envuelto.

—De nada —asintió Draco, sonriendo internamente, mientras señalaba hacia la entrada de un restaurante con mesas en el exterior.

*O*O*O*


Notas de la autora:

1: Hieb: significa golpe en alemán.

2: Goedemorgen: Buenos días en holandés.

3: El lugar donde Draco encuentra a Harry sentado es el Homomonument, es un monumento conmemorativo en el centro de Ámsterdam, la capital de los Países Bajos. El monumento recuerda a todos los homosexuales, gays y lesbianas, que han sido sujetos a persecuciones por su condición sexual. Inaugurado el 5 de septiembre de 1987, tiene la forma de tres grandes triángulos rosas realizados en granito, colocados en el suelo formando los vértices de un triángulo mayor en la orilla del canal Keizersgracht, cerca de la histórica iglesia de Westerkerk. Pueden ver más de él aquí: h t t p : / / e s . w i k i p e d i a . o r g / w i k i / H o m o m o n u m e n t


Comentarios:

Rebeca:

Hola… Vaya, desde Brasil, gracias por leer el fic, me agrada que te esté gustando, y no te preocupes por los errores, que no ofenden, sobre todo si te das el trabajo de dejar comentario pese a que esta no sea tu lengua materna.

Un beso para ti y que tengas lindo día.

Castiel Malfoy
Gracias por tu comentario… pues sí, lo que hizo Draco le abrió los ojos a Harry, y en cuanto a Draco, está entercado con ayudar a Harry, como ya hemos visto en este capítulo.

Un beso y nos leemos pronto, que estés bien

Beloblack
Gracias por tu comentario. Tienes razón, la gente que tiene este tipo de adicciones lamentablemente deja de lado cualquier cosa con tal de mantenerse en el vicio, incluyendo la dignidad, y eso es algo que Draco le ha enseñado a Harry, que tan bajo ha caído por sus adicciones. Harry creo que aún no está preparado para asimilar lo que Draco hace por él, aún está en una etapa de depresión y algo de desconcierto, es un camino largo y duro el que cualquier adicto debe recorrer antes de poder decirse curado, (o al menos superado el problema),
Que tengas una linda semana.

ruka
Hola… qué bueno que te hayas puesto al corriente del fic, me alegra que la historia te esté gustando… ¿Qué le pasó a Harry? Ya veremos, pero como he venido diciendo desde el inicio, una guerra es suficiente para quebrar a muchas personas…

Espero que tengas una buena semana…

Shadow Lestrange
Hola… Muchas gracias por tu comentario. Como dices, Draco tiene un límite, y Harry lo cruzó con ese burdo intento de seducción (º.º), pero eso era necesario, como dices, ahora sabe lo que hace cuando está drogado. Tienes razón, las drogas son algo terrible, cuando una persona ya no puede controlar su adicción y vive pensando únicamente en la forma de conseguir más y más, poniendo en riesgo su vida y haciendo cosas terribles…

Pese a todo, Draco sigue velando por el bien de Harry, ya sea teniendo que enseñarle la cruda realidad o consolándolo cuando es necesario, pese a que no se siente muy bien por la salud o porque constantemente piensa que no está haciendo lo mejor para Harry, está dando su mayor esfuerzo.

Un beso para ti y que tengas linda semana.

kattysakurita

Hola, muchas gracias por tu comentario, ¡por supuesto que tu opinión importa! Gracias por compartirla, me alegra que la historia no se esté poniendo tediosa y que te mantenga con ganas de más.

Un beso y que tengas linda semana.

heva:

¡Hola! Qué bueno que los exámenes terminaron, espero que las notas hayan sido buenas y que tengas unas merecidas vacaciones. Gracias por tu comentario y por leerte todo de un tirón.

Un beso para ti y que estés bien...

Contessa Sophie

¡Amiga! Gracias por tu comentario, y por ser una de las primeras cosas que pensaste en hacer XD.

Bueno, como dices, Draco deja de pensar un poco en su enfermedad cuando está ocupado tratando de ayudar a HArry, es una buena forma de ocupar su mente y, como hemos visto, se está esforzando bastante.

Un beso para ti, espero que estés muy bien, nos leemos prontito...

SARAHI

Muchas gracias por tu comentario, así es, lo de las adicciones es algo muy duro...

Nos leemos prontito, que estés bien.


Muchas gracias a todos por leer…

Un beso y que tengan linda semana

Zafy