Nota: Bruce Wayne es el nombre en Ingles de Bruno Díaz, es decir, Batman. Como notaran cambie el titulo porque "para mayores de 18" no es apropiado, aun a pesar del vocabulario usado aquí.

Capítulo VI: "Alcohol"

Un momento en el que el aire se escapa de los pulmones y se contiene por dos segundos.

Respira.

Salta.

Y olvídate del mundo.

Eso era lo que pasaba por la cabeza de Nicole cuando se lanzaba desde el trampolín para realizar su pirueta mortal. Eso era todo en lo que pensaba y le encantaba. Pues en ese momento ni si quiera el pelirrojo rondaba por sus pensamientos, lo que le daba una sensación de vacía libertad, pero bien, si hay quienes se drogan con quien sabe que porquerías ¿por qué ella no podía mentirse cinco minutos? Y olvidarse de Wally…

Pero ninguna paz era eterna y la voz del aludido llegó, como si fuese el diablo.

"¡Oye, Jinxie!" la interrumpió él. Y ella rechinó los dientes.

-¿Qué quieres Wallace?- respondió con el perfecto tono de agresividad que la caracterizaba. Pues bien, era cierto ¿qué podría querer? Eran pasadas las seis de la tarde, y ella era la única que quedaba en medio del gimnasio. Hasta Slade se había largado temprano.

No había tareas, no había trabajos y el colegio entero giraba en torno al baile de promoción. No, realmente ella no tenía ni la más remota idea de que podría querer él.

-Es sobre el baile- empezó el aludido con cierto titubear en su voz, mientras que el corazón de la peli-rosa se ponía en sincronía con las canciones de Lady-gaga.

-Aja, ¿qué tiene?- le cuestionó ella con fingido desinterés, mientras estiraba el músculo que casi se desgarra, dobla, o Dios dirá que, cuando Wallace la distrajo. Él apenas y la miraba. Se estaba pasando la mano por los cabellos por décima vez y por alguna razón parecía que el uniforme de diario le picara más que una malla de spandex. Nicole se empezó a impacientar.

"¡Escúpelo, Wally!" repitió Díaz, mientras el aire acondicionado del lugar se apoderaba de las gotas de sudor que corrían por sus espaldas. Causándoles una sensación de fatiga mesclada con resfriado.

-Qué si no sabes si Kitten ya invitó a alguien al baile- resopló por fin y amontonando las palabras. Nicole se quedó de una pieza. No, ella no quería responder, no podía, debía de haber una ley en algún lado que dijera que era ilegal hacerla pasar por ese momento.

Tragó saliva. Ahora la que no encontraba palabras era ella, pero como siempre apareció la muletilla.

-Primito- comenzó como uñas contra un pizarrón de tiza- Si mal no estoy, esa furcia piensa ir con el pirómano de Bryan, pero si tantas ganas de saber tienes, tomate cinco minutos en el receso y le preguntas, por qué si se te olvidó, yo no manejo muy buenas relaciones publicas con esa perra.

Dicho eso Wallace se dio por echado y caminó hacia los pasillos. Jinx lo miro irse arrastrado los pies, cerró los ojos y se mordió los labios para no llorar. Maldita era su suerte.

Con toda la rabia que tenía, bien hubiese podido mechonear a todas las porristas, incluyendo a Tara Marvock que de un tiempo para acá, dígase desde que Raven gritó en pleno gimnasio que era una zorra, se la estaba dando de busca pleitos y por ello como que no le estaba cayendo muy bien que digamos. A decir verdad, la única razón por la que no la tenía en su lista negra era porque no tenía el mayor contacto con ella.

Tara era simplemente una de esas chicas que se obsesionaban con ser populares por llenar un vació en sus corazones, quizás por algún problema familiar, no sabía, no le importaba. El punto es que la rubia, ojos azules, brazo de piedra (cómo le decían sus compañeras descerebradas, por ser la más fuerte del equipo a la hora de hacer las pirámides) se estaba ahora metiendo con ella y sus amigas. Y la condolencia que le otorgaba el rencor por el insulto estaba por espirar.

Entre las amigas de Tara, da la casualidad del mal geniudo destino, estaba Kitten que como es lógico, estaba directamente relacionada con Black Fire, ergo, no tenía entonces ella un buen punto de referencia. ¿Y quién puede tener un buen punto de referencia de una chica que copia hasta en los exámenes de educación física? ¡Nadie! Está bien que Nicky no era ninguna santa, pero es que la niña gato al menos podría usar el cerebro de vez en cuando, así sea por mera curiosidad.

Bueno, pero eso no era el punto.

Sinceridad, Nicole, sinceridad, pensó ella encaminándose a las duchas ya que entre tantos pensamientos revueltos no podía seguir entrenando, a menos claro que ella quisiera romperse el cuello y morir en la soledad de la escuela. No era el caso.

Estaba bien que a ella no le cayese en la menor gracia Kitten, pero había que ser honestos la razón por la que la quería mechonear, no por ser retardada con E de estúpida, sino que con esta era la segunda vez que el pelirrojo mostraba cierto interés particular en ella y eso le hacía hervir la sangre.

Por un minuto se preguntó si sería mejor que a Wallace le gustase alguna chica más simpática, más educada y que al menos supiera que dos por dos son cuatro y no catorce. Suspiró. No importaba cuanto quisiera mentirse a sí misma, haciéndose creer que ella era una buena persona y que lo que quería era la felicidad de su primo (seamos sinceros el amor además de ciego, sordo, y retardado; es egoísta), lo cierto es que ella estaba segura de que eso sería mil veces peor.

Wally y santa teresa de Calcuta, daba lo mismo que Wallace y la loba de Shakira. Para el resultado era el mismo porque significaba Wallace con alguien que no era ella. Y hasta estas alturas del partido, cuando ya llevaba el mes con Víctor, la deprimía igual que siempre.

Salió duchada y cambiada del baño sintiéndose medio adormilada por estar limpia entre las calles oscuras. Eran pasadas las ocho ahora, había perdido bastante tiempo, los sonidos de sus pasos resonaban con escalofriantes ecos entre los pasillos y no se veía mucha gente en la calle.

Una sombra masculina se recostaba contra el portón de salida, mientras Nicole arrastraba los pies contra el silbido del viento que cantaba con los árboles de nuez y mango. Ella contuvo el aliento por dos segundos y la sombra se volteó.

Víctor la saludó con vehementes movimientos de sus brazos y Jinx sintió el vacío de la decepción debajo de sus pies. Honestamente esperaba que Wally aguardara a por ella. Pero no era él, y era imposible que lo fuese, porque Wallace estaba escondiendo su cabeza entre las rodillas, detrás del gimnasio del colegio.

-Idiota, Wallace, eso es lo que eres, un Idiota cobarde. Se repetía una y otra vez el pelirrojo contra la palma de las manos, mientras que el moreno y su prima se encaminaban a casa de la última. Todas las noches, diciéndose que le iba a decir la verdad que tenía atorada en la garganta alborotándole la cabeza y el insomnio cada minuto de su miserable existencia, y cuando tenía la oportunidad metía la pata y se doblaba sobre sus talones.

Gruñó.

Sea como fuese no tenía más opción que irse a su casa, porque allí, en medio de la oscuridad sepulcral de la escuela no se podía quedar. Se levantó, se limpió el uniforme y caminó.

El senderó era largo y solitario. Las Luna estaba llena, pero su resplandor plateado no se notaba por la cantidad de luces de la ciudad. Había uno que otro gato perdido dentro de los tarros de basura entre las calles limpias del barrio perfecto en el que sus tíos los habían tenido viviendo por ocho años.

Bufó.

En un mundo perfecto a él no le gustaría la niña con la que había vivido toda su vida. En un mundo perfecto ellos probablemente jamás tocarían sus labios, porque para sus tíos sería horrible, y porque a Nicole le daría asco. En un mundo perfecto a él no le gustaría Nicole. En un mundo perfecto lo que estaba sintiendo lo haría un anormal.

Se detuvo mirando fijamente el suelo y se dio cuenta de que odiaba la perfección.

Luego levanto la vista, y vio fijamente a su novia y a Víctor Stone intercambiando saliva de manera poco ortodoxa. Bien, suponiendo que hubiese algo ortodoxo en el intercambio de saliva. Wallace cerró los ojos con fuerza y maldijo. Había llegado a su casa sin darse cuenta y no estaba psicológicamente preparado para tanta demostración de afecto en el pórtico de su casa; así que sin poder soportarlo más, se dio media vuelta y corrió en dirección a la mansión de su mejor amigo.

Él sabía que iban a ser las nueve de la noche y que seguramente su tía lo iba a descuartizar vivo cuando regresara, o peor, le iba a quitar el internet; pero toda advertencia lógica por parte de su cerebro era inútil. Sólo había una cosa que le importaba ahora y esa era sacarse esa imagen de su cabeza. Así tuviese que tomarse su peso en alcohol y morir luego de una intoxicación.

Mientras tanto, y totalmente incauta, Jinx trataba de salirse de los brazos de los brazos del moreno que cada vez se volvían más posesivos y demandantes. En un principio de la relación, ella sí se había dado cuenta de la fogosidad del moreno, pero ciertamente había querido creer que era mera imaginación suya. Después de todo ella no era precisamente un osito cariñosito, sin embargo con el paso del tiempo, y su fiel apatía, las caricias pulposas de su novio le estaban empezando a asustar más que a sofocar.

Cuando al fin pudo zafarse de él con una excusa barata sobre mesclada entre el periodo, sus padres y algo relacionado con los movimientos de la Luna, Nicole le cerró la puerta en la cara al estupefacto luchador de la escuela de titanes.

Pegada contra la pared la muchacha dejó salir un suspiro pesado, mientras su novio se alejaba de la puerta con ganas de pegarse un tiro. Según Víctor, Jinx sólo se estaba haciendo la difícil; porque era una buena niña, y a pesar de lo que mucha gente pudiese pensar al verla de primera mano, era probable que vivir con un jefe de policía y una evangélica fanática hubiese creado en su mente la dulce idea de que había que evitar el sexo y todas esas cosas malas. Lo que lo hacía a él el malo.

Víctor tenía una agridulce sensación de satisfacción con esa idea, pues era una manera de ver el problema de su relación con una chica que en realidad sí le gustaba, sin herir de a mucho su ego. Pensando en esos temas termino en frente del edificio donde vivía Karen Beecher, su mejor amiga y ex novia. Habían terminado hace unos seis meses, pero por alguna razón siempre era en ella en la primera que pensaba cuando se trataba de hablar profundamente de algo. Víctor no era, después de todo, del tipo verdaderamente hablador. Y hay que diferenciar, el hablaba mierda todo el tiempo, pero sobre cosas verdaderamente importantes sólo hablaba con Karen.

Tocó la puerta tres veces y dio un paso hacia atrás, la luz del departamento se encendió. Como una rutina ya establecida Karen abrió la puerta de su casa, le sonrió con esa sonrisa melancólica que había quedado después de su horrible rompimiento y le invitó a pasar con su típico "hola, luchador"

Nicole por otra parte tenía otra manera de ver las cosas, y por supuesto otras personas con las que quejarse, como Raven y Argent que le comentaban vía Hotmail, sobre los por menores de la vida de Star y Robin, o de Garfield, mientras que ella simplemente insistía por cuarta vez esa semana que quería terminar con Víctor.

Si Wallace ya se estaba tomando su cuarta lata de cerveza con Dick, ella lo ignoraba.

Si Víctor se besaba apasionadamente con su ex novia, no había manera de que ella lo supiera.

Los problemas de su vida parecían insignificantes frente a la pantalla del computador, aun cuando se estuviese quejando de los mismos. El poder hipnótico del aparato era relajante ahora que el reloj marcaba las diez pasadas y estaba sola en su casa. Barry e Iris habían salido desde las nueve, según la nota que encontró en la nevera mientras buscaba el tarro de helado de chocolate, la cual también decía que no se comiera el helado si eran más de las nueve y que llegarían pasadas las tres porque iban a no sé qué reunión de la iglesia para padres.

Jinx se metió la decima cucharada de helado y miro el reloj que marcaba ahora pasadas las once. Se preguntó por primera vez en toda la noche, donde diablos estaría metido Wallace. Se levantó dándose cuenta de que ciertamente era bastante tarde y no había dado señales de vida.

Nicole apretó la cuchara de helado en sus manos y camino en dirección a las escaleras oscuras, en el silencio de la ahora aterradora casa. Nicole detestó haberse pasado las dos últimas horas viendo películas de terror…no, más bien detesto haberse pasado toda su vida viendo películas de terror.

Caminó dos pasos y antes de que tuviese tiempo de pensar el timbre de la casa sonó, haciéndola dar el grito más resonante de que su barrio hubiese escuchado en los últimos meses. El timbre dio paso a fuertes golpes en la puerta, y Nicky estuvo segura de que iba a llorar. Se encaminó lentamente hasta la entrada y aun armada con la cuchara de helado abrió la puerta de sopetón, encontrándose de frente con Dick Grayson en algo parecido a una sudadera-pijama.

-Nicole, ¿Estás bien? Escuche gritos- preguntó Grayson con una expresión de formal preocupación, haciendo a la aludida sentirse increíblemente estúpida. Dick miró la cuchara en las manos de la peli-rosa y contuvo la risa.

-No es por ser descortés contigo, ni nada, Dick, pero ¿qué diablos haces aquí? Son las doce menos cuarto de la noche- dijo ella ocultando su sonrojo mientras tiraba la cuchara del otro lado del recibidor. Dick suspiró y dio un paso hacia atrás para que la muchacha pudiese ver a su primo recostado contra la puerta, semiinconsciente.

-Este idiota se emborracho, gracias a Dios en mi casa, y pues tenía que traerlo entero a su casa- explicó Dick con cierto remordimiento. Después de todo había sido él quien le permitió tomarse las cervezas de la nevera personal de Bruce Wayne, su tutor legal.

-¿Por qué está así?- exclamó con sorpresa y enfado Nicole mientras se arrodillaba junto a Wally quien murmuraba cosas en su borrachera.

-Él dijo que eran penas de amor- mintió Dick de manera lamentable. En realidad Wallace no había dicho una sola palabra, lo que había hecho a Grayson no sólo aterrarse sino conmoverlo lo suficiente como para dejarlo tomar de la manera tan brutal como tomó.

Nicole, que no conocía de a mucho a Grayson, no se dio cuenta de la mentira y asumió que su estúpido primo se había tomado su peso en licor por la idiota de Kitten. Lo cuan lo ayudo en lo más mínimo a la nube negra que la recorría.

-Ah ya veo- fue lo único que salió de la boca de ella y el pelinegro levantó una ceja.

-Déjame ayudarte a acostarlo- ofreció de manera incomoda Dick. Realmente no tenía intenciones de hacerlo, sonaba bastante incomodo y ya había sido bastante difícil arrastrar al pelirrojo hasta la limosina y además de eso hasta la puerta de entrada de la casa. Había hecho la pregunta por mera caballerosidad, porque para rematar se estaba muriendo del sueño.

-No, no te preocupes, yo lo arrastro hasta arriba, igual no es tan difícil- contestó Jinx leyéndole los pensamientos. Aunque con más intenciones de que él se largara para poder dejar de contener las lagrimas de ira que le daba ver a su primo así por otra mujer; que por ayudar verdaderamente a Dick.

Grayson volvió a hacer la oferta a regañadientes y se sintió aliviado de que la muchacha volviera a rechazarlo, entonces con una cortes despedida se encaminó a la limosina, quedándose dormido sobre los cojines apenas cerró la puerta.

Nicole miró el auto marcharse y el olor de la gasolina le dio mareo. Luego volvió a mirar a su primo tirado sobre el tapete que decía: "Dios Bendiga este hogar"

Rechino los dientes.

Sí la irresponsabilidad tuviese una foto especifica en el diccionario de la real lengua española (online) esa sería la de su primo. Solamente a él se le ocurría emborracharse cuando vivía bajo el techo de una cristiana y un policía estricto abstemio. ¿Y por qué? Porque Kitten iba a ir al baile con el vándalo pirómano amante de las arañas de Bryan.

Pero ella no se iba a quedar con la espina, es que debería dejarlo allí tirado en la puerta de la casa para cuando llegaran sus padres de la iglesia.

Algo en su interior se movió. Quiso llamarlo culpa y rezongó. Bien, lo iba a meter dentro, pero si se ponía pesado lo tiraría de cabeza al excusado.

Lo tomó del brazo, y oh por dios, el aroma del alcohol era desagradable. Pero no podía taparse la nariz. Así que simplemente volteó la cara con fastidio, arrastrándolo hasta un poco más adentro de la entrada, cerrando la puerta detrás de ellos con el pie.

-Joder, Wallace, colabora- chillo ella al sentir que su primo no estaba moviendo los pies, haciéndole doblar una de sus piernas por la fuerza que del cuerpo que caía sobre su espalda.

-Jinx- vaciló el adolescente con posibles síntomas de intoxicación, cuando iban por las escaleras. Nicole se lamentó.

-¿Qué?- le espetó ella mientras pensaba con rebosante sarcasmo que no podía haber elegido mejor día que un martes para emborracharse así.

-Jinx, perdóname…- comenzó el muchacho haciendo que ambos cayeran de boca sobre la cama del mismo. Nicole se retorció de rabia con el brazo de Wallace bruscamente apoyado sobre su pecho.

-¿Perdonarte por qué?- exclamó peleando sin aire mientras trataba de liberarse. Wallace presionó más fuerte.

-Perdóname por quererte- insistió incoherentemente el muchacho contra la mejilla de Nicole. Jinx se quedó en una piensa, pero algo dentro de ella le impedía hacer malas interpretaciones.

-Sí, y también te quiero, Wally ahora hazme el favor de quitarte de encima- chilló ella mientras Wallace se reía entre sus bocanadas de aroma a moneda sudada. Nicole volvió a intentar rodarse en la cama, y terminó debajo de Wallace.

Eran las doce y diez de la noche. Y si ignoraba a Wally riéndose sobre sus mejillas, podía escuchar el sonido indescriptible de la nevera funcionando, y el aire colándose por algún lado para recorrer los cuartos vacios de la casa. Suspiró.

-Yo sabía que no me ibas a creer- dijo de pronto el pelirrojo con su voz atolondrada. Nicole volteó la cara con un esfuerzo sobre humano para quedar ahora fijamente enfrente de él, mirando fijamente sus ojos rojos.

-¿Qué no te iba a creer qué?- cuestionó con resignación. Wallace acaricio su mejilla tan torpemente que casi le mete un dedo en el ojo.

-Que te quiero, Jinxie, que te quiero como mujer. Que me muero por besarte, hacerte el amor, llamarte mi novia, mierda, hasta-hasta me casaría contigo- soltó así de sopetón dejando a la muchacha de una sola piensa.

Ok, su artillería se calló. No había manera de que ella pudiese estar mal interpretando eso y mucho menos de que el alcohol fuese alucinógeno. Se acordó del dicho que dice: No hay más honesto que un borracho. Y se mordió el labio inferior con tanta fuerza que se lo partió porque estaba reseco.

-Wallace quítate- le suplicó con la voz entre cortada, pero él sólo se acomodo más sobre ella.

-Nicole, te quiero- repetía mientras su voz se hacía cada vez más tenue y las lágrimas de su prima corrían por sus mejillas como caudales después de lluvia de invierno.

-Dios, ¡esto es muy cruel!- dijo aun en camino a la aceptación la muchacha y Wallace la besó. Fue un beso básicamente horrible, estaba mojado y sabía alcohol, pero en medio de todo eso a Nicole no le importó. No le interesó un bledo porque, joder, puta, y Dios santo, eran los labios de Wallace. Si bien ya no era chicle de mora azul, y él ya no tenía que empinarse para alcanzarle la boca. Pero era él, esos ojos azules mirándola, esos cabellos rojos, esa sonrisa burlona. Borracho o no, por un momento de su vida iba a ser suyo.

No se contuvo más y le devolvió el beso. Mal dado y todo, le despertaba cada nervio de su organismo. E incluso borracho, Wallace no le hacía sentir asco ni fastidio.

En algún momento, Wallace se quedó dormido y Jinx se quedó besándose las mejillas. Al diablo con Víctor, al diablo con Rachel, Argent, Dick y Garfield. Al diablo con el que quisiera pensar que eso era asqueroso, que estaba mal, que eran como hermanos. Dios. TODOS AL DIABLO.

Continuara.

Ok, espero leer sus comentarios, apuesto a que ya están medio feliz porque Jinx ya sabe que Wally la quiere y no precisamente por ser su prima. Bueno, mis lectores adorados, espero que mi manera de escribir les permita sentir las emociones y meterse dentro de la historia.

A todas las que ya me han encontrado en Deviantart, gracias por buscarme, espero ver sus fan arts pronto es un honor que lean y les guste mis historia.