VI: Agosto
Miércoles 2 de Agosto
Mamá estuvo prácticamente corriendo por la casa durante todo el día. Buscaba ropa, toallas, pantuflas y otras cosas. A eso de las seis de la tarde, entró a mi habitación y me distrajo del libro. Debí abandonar Rayuela por un momento.
¿Ni siquiera vas a preguntar por tu padre? Me dijo desde la puerta. Esperé un tono de reproche, de rabia, pero sólo escuché a la tristeza y la decepción brotar de su boca en forma de palabras.
La miré. Tenía los ojos mucho más opacos, con enormes ojeras, parecen bolsas bajo los párpados. Deberías dormir un poco, mamá, le dije sin querer responder a su pregunta. No puedo, me contestó secamente. Cómo podría dormir sabiendo que tu padre está como está.
Intenté comprenderla y ponerme en su lugar, pero no pude. Cuando se trata de mi padre, no hay catarsis, ni aunque mi madre fuera quien sufre más.
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Jueves 3 de Agosto
Ayer me quedé solo y mi madre no volverá hasta mañana. Debí ponerme a cocinar, tampoco me quedó tan mal, pero no se compara con la mano de mamá, así que no me di el lujo de invitar a nadie.
Aproveché de estudiar un poco, avanzar en la tesis. Y recalco en "poco", qué diablos. Me quedé dormido de inmediato. Hoy andaba con cara de muerto en la Universidad, pero Nowaki no dejó de sonreírme. Salimos a caminar luego de clases, y aprovechando la racha, vinimos a mi casa.
Fue perfecto, aunque me avergüence admitirlo. Por su cortesía, comimos juntos, conversamos, reímos. Me costó un poco al principio, lo reconozco. Nos conocimos un poco más, fue como dar un paso adelante, y una especie de trato surgió entre nosotros. Un agradable trato, un convenio implícito. Fuimos a mi habitación, donde todo lo demás pasó a segundo plano. Hicimos el amor, y él me aseguró que era la primera vez que lo hacía. Por supuesto yo no le creí, y no sólo por ser el tipo de persona que es, sino por sus movimientos, su infinita gracia. Fue como si nos conociéramos de memoria desde hace mucho tiempo, y me gustó. Cuánto me gustó, cuánto lo quiero.
Se lo dije entre besos, donde la luz ya no alcanzaba a llegar y donde la sombra nos abandona. No había lugar para lo que nos pertenece, pero que no podemos tocar.
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Viernes 4 de Agosto
Akihiko reniega que tiene un dolor en el pecho. ¿Tienes miedo a quedarte solo? Le pregunto. No, me dice, tengo miedo de que él se quede solo. No lo estará, le replico; se está preparando para compartirlo todo con alguien, y no sé por qué me vienes con cuentos de que no te importa que esa persona no seas tú.
Lo importante es que él busque su felicidad, no importa dónde la encuentre. Estoy dispuesto a vivir con esta cruz. Lo miro sin terminar de entenderlo. La gente se equivoca, es algo que nos hace humanos. Pienso que nadie puede hacerlo más feliz que yo. Y quién sabe si al final soy yo quien estoy metido en la mentira en vez de él.
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Domingo 6 de Agosto
Fui al hospital, Nowaki me acompañó. Nunca en mi vida vi un apoyo semejante en nadie, aunque no lo necesitara. Mi madre estaba en la sala, al lado de mi padre, con la mano amoratada entre las suyas. Tenía marcas de pinchazos en la cara exterior.
Jamás pensé que te vería aquí, me dijo mamá. Pensé en decirle que yo tampoco, pero no dije nada por consideración a papá. Una bastante normal que no se esperaría nadie en una situación como esa.
Miré a mi madre a la cara, ella volvió a mirar a mi padre. Parecían comunicarse con los ojos, y sólo con los ojos. Nowaki puso su mano en mi hombro, me sonrió sincero. Si no quieres estar aquí, podemos irnos, me dijo. Qué tontería que él me diga eso en vez de yo decírselo a él, pero las contradicciones superan a las expectativas.
No, le dije, quiero quedarme. ¿Me harías el favor de esperarme afuera? Le susurré. Él asintió con la cabeza y salió. Miré a mamá, hizo lo propio. Y tuve miedo cuando me quedé solo con papá, él sin siquiera poder hacer nada. Me senté a un lado de él, donde mi mamá estaba antes, pero no le tomé la mano, ni lo miré, ni le hablé, y no me mostré triste ni molesto, sólo estuve allí, a su lado, acompañándolo.
Cuando papá sonrió y se quedó dormido, supe que eso bastaba.
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Lunes 7 de Agosto
No quería preguntarle a Akihiko sobre Takahiro, ni nada que tuviera que ver con él, así que fui personalmente a preguntarle cuándo se casaba.
Me dijo que a fin de año. Ya veo, dije. ¿Por qué? Y la sonrisa arrogante y odiosamente ingenua me hizo arder por dentro. ¡Porque mi mejor amigo está hecho mierda y daría hasta su cabeza para evitar que te alejaras de él! Pensé, pero sólo formé una mueca asqueada y me di la vuelta. Curiosidad, escupí.
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Miércoles 9 de Agosto
Nowaki vino a visitarme luego de sus clases. Traía unos libros de medicina bajo el brazo y se veía cansado. Le ofrecí un té, el cual no duró mucho en la taza. Hiro-san, ¿me prestas tu ducha? Me preguntó. ¿Mi ducha? ¿Para qué? Respondí descolocado. Nowaki rió unos segundos y me miró como quien mira a un niño que erra de ingenuo. Pues para lo que sirven las duchas, y se encoje de hombros.
No me pude poner más rojo. Adelante, le dije. Le di el permiso por inercia, o porque no quería que se diera cuenta, pero no me resultó. Tan ensimismado estaba en mirar hacia otro lado que no me fijé cuando me tomó del brazo y me besó. Te echaba de menos, Hiro-san. Miento si digo que no me gustó oírlo decir eso. Sonará un poco sádico y egoísta, pero me gusta que me eche de menos, que piense en mí todos los días, que cuando lo haga suelte una sonrisa, que venga a verme de sorpresa.
Que me desvista en tiempo récord y me lleve a la ducha junto con él.
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Jueves 10 de Agosto
Le dije a Akihiko que el hecho de que Nowaki y yo hayamos llegado juntos a la Universidad fue una mera e increíble (literalmente) coincidencia. No me dijo nada, sólo que se alegraba por mí. Sé que es sincero conmigo, lo fue cuando me dijo eso, pero no todo en él es alegría. Todavía duele, y yo no puedo decirle nada al respecto, ni siquiera acompañarlo con una frase cliché para que la carga no sea tan pesada. ¿Qué frase frívola se le puede decir a alguien que tiene sentimientos encontrados?
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Sábado 12 de Agosto
Mamá me dijo que fuera al hospital con ella hoy. Llamé a Nowaki por teléfono y le dije que me acompañara. Es raro, pero desde que estuve con papá en el hospital (no, incluso antes, cuando me encerré con él en su habitación), ya no me resulta indiferente su estado. Ahora me incomoda. No se lo he dicho a Nowaki, ni a mamá, ni a nadie.
Llegamos a eso de las una de la tarde. Mi padre estaba durmiendo. De inmediato mamá se alistó para entrar y yo, por inercia, la imité. Nowaki me tomó la mano y me arrastró al pasillo. Miró a ambos lados y me besó. En lo más profundo de mis pensamientos, su gesto me dio risa, pero pronto lo alejé dispuesto a entrar. Él no me siguió.
¿Quieres que vaya contigo, Hiro-san? Me dijo. Sí, respondí. De inmediato se puso esa bata azul estéril para entrar conmigo.
Papá había despertado, y sus ojos me asustaron. Me reconoció a mí y a mamá, pero no a Nowaki. Lo quedó mirando unos segundos con gesto indiferente, como reparando ahora y no antes en su presencia y preguntándose qué hacía él ahí. Entonces mi madre pareció reaccionar también, estando demasiado pendiente de mi padre como para fijarse en el detalle.
Hiroki, ¿quién es él? Preguntó mamá. Miré a Nowaki, pero él no me miró. Parecía bastante consciente de la situación. ¿Podemos hablar de eso en casa, mamá? Le pregunté con la voz nerviosa. Sin que se dieran cuenta, Nowaki tomó mi mano. Me sentí aliviado, se la apreté como si me aferrara a ella. Anhelé abrazarlo y quedarme en su pecho, lo extrañé allí y en ese instante, como un arrebato. Mamá no dijo nada, pero con su silencio me lo confirmó. Volvió a tomar la mano de mi padre, más amoratada que nunca.
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Domingo 13 de Agosto
Ayer llegamos del hospital a las diez de la noche. Mamá quiso venirse temprano por lo que debíamos hablar. Volvió a preguntarme lo mismo mientras miraba a Nowaki con gesto neutro, como buscándole algún defecto para echárselo en cara.
Respiré hondo y me armé de valor. Su nombre es Nowaki y… es mi novio.
Mamá parpadeó despacio, demasiado cansada como para opinar o decir algo. Ya veo, soltó. Sonrió amargamente y subió las escaleras para ir a dormir, despidiéndose de Nowaki desde arriba. Escuché que la puerta de su habitación se cerraba y Nowaki, casi automáticamente, me abrazó.
No sabía qué demonios decirle y sólo me dejé abrazar, anhelándolo de nuevo. Lo necesité otra vez, pero antes que joven y lo menos posible impulsivo, soy respetuoso. Lo despedí en la puerta de mi casa y él se fue. Me quedé mirándolo mientras se iba, y entré a mi casa, ya dispuesto a ir a dormir.
Abrí la puerta de mi habitación y escuché a mamá llamarme. Estaba afuera de la suya manteniéndose inmutable en su posición, con los brazos cayendo a ambos costados a cuerpo muerto. Sus dedos se movían nerviosos y blancos, despacio, como buscando tocar algo.
Te veo mucho más contento, me dijo. Me alegro por eso. Y volvió a entrar.
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Lunes 14 de Agosto
Mamá no me criticó mayormente, y de hecho parece no importarle en lo más mínimo. Por un lado me conforma, pero siento que es como una bomba de tiempo, sólo basta que se lo diga a papá y la situación se tornará insostenible. Mi padre no es de esos que antes de cualquier cosa, se pone en la situación de quien es más afectado. Comprendo que es decepcionante que yo, siendo hijo único, no me vea en la condición de hacer heredar lo que es nuestro, y también comprendo que fuera de todo convencionalismo, idea o tradición, la felicidad del sujeto está sobre todo lo demás. Se trata de libertad, supongo, o tal vez de ser un desdichado. Un desdichado libre. Me parece suficiente, no suena mal. No me interesa ser feliz lejos de quien más quiero. Nowaki me hace feliz y un desdichado.
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Miércoles 16 de Agosto
Son las cuatro de la mañana, estoy escribiendo en unas hojas sueltas que encontré en el escritorio de Nowaki, mañana las pasaré en limpio.
No tengo sueño, y lo retorcido es que motivos para estar cansado me sobran. Acabo de tener uno de los momentos más felices y apasionados de mi vida y envidio cómo es que Nowaki duerme como un tronco a mi lado. La sábana se le resbala del torso cada tanto, tiene la piel demasiado suave, cosa que me estresa. Se nota cansado y con un poco de ansiedad, y no lo culpo, su carrera es una de las más difíciles y más aún si está en segundo año.
Su ceño se frunce cuando no lo estoy tocando, cuando no nos rozamos, cosa que me hace sonreír enternecido. Lo tengo tan cerca que me aterra que pronto se aleje de mí. Lo siento tan mío y me siento tan suyo que llega a asustarme, y no quiero salir de esta cama donde sólo hay espacio para él y para mí, donde hasta lo más simple, el toque más tímido y la mirada más casual se carga de calor.
Y entre sueño me sonríe, porque sabe que soy yo. Está conmigo, aquí y ahora, sin saber cuánto significa para mí.
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Jueves 17 de Agosto
No fui a la Universidad hoy, y me quedé en casa de Nowaki mientras él iba a clases. Son las tres, en quince o veinte minutos debería estar aquí.
En la mañana se despidió de mí con un beso en la frente. No estoy seguro de eso, pero es grato pensar que esos pasos que escuché a las siete y media de la mañana mientras estaba medio dormido, eran los suyos. Luego vino la brisa fría cuando su cuerpo se alejó de mí rápidamente para irse. Después el silencio, un ruido seco de un vaso contra el suelo, unas cuantas frases en su tono que me mencionaron entremedio y finalmente la puerta sonando. Después otro silencio, el que no he roto desde entonces.
Y entonces mi celular suena. Es Nowaki, con una frase tras los dedos allá en la salida de la universidad. Te extraño, Hiro-san. Qué innecesario me resulta que haga eso, pero mientras más innecesario es, más ridícula es mi sonrisa.
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Sábado 19 de Agosto
Akihiko me pasó a buscar a casa para ir a tomarnos algo por ahí. Dijo que necesitaba compañía, y yo me pregunté qué cara me habrá visto. No te ofendas, me dijo. Olvídalo, respondí, para eso están los amigos.
Me miró con gratitud, una bastante disimulada y que a ojos de otra persona sería una totalmente frívola. Akihiko esconde muchas cosas en sus ojos, me pregunto por qué no me llamaron la atención como los de Nowaki.
Debe ser porque me gusta más el azul.
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Domingo 20 de Agosto
Papá entró en coma. Mamá no quiere resignarse. Dice que es como morir antes de tiempo, de apoco, como si uno fuera acercándose voluntariamente a su propio fin.
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Lunes 21 de Agosto
No comprendo a mi madre. Si bien intento hacerlo, sigo pensando que se contradice. La gente que lo hace tan seguido me desespera y, particularmente ella, también me apena. Me conmueve hasta el punto que no puedo evitar demostrarlo delante de quién sea, cosa que me irrita, paralelamente, claro. Y como sean las cosas, es ahora, en este mismo momento, que se dio cuenta de lo que significa resignarse ante algo así. Nunca se lo esperó, supongo; y la sorpresa, la carga de los años, los lazos emocionales y el amor (no sé si es ello o la simple costumbre de estar juntos), son mucho más fuertes que la resignación. La mente se endurece y el corazón se ablanda con el paso del tiempo, y hasta hace algunos meses, era inminente que algo malo le ocurriera a mi padre, pero mamá seguía viéndolo como algo lejano y, por qué no, imposible. Incluso sé que todavía no puede creer que papá está enfermo y que no hay nada que ni ella, ni los médicos y mucho menos yo, podamos hacer. Y supongo que si mi padre despierta será para despedirse y ahora no lo hará antes de tiempo.
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Martes 22 de Agosto
Akihiko está triste. Luego de las únicas dos horas de clases que tuve, me reuní con él. Mientras yo quería ir al grano, respondí con fastidio las preguntas que me hizo, referente a mi padre. No me molesta que lo haga ni que aparentemente se preocupe, pero sí que quiera rehuirle al tema en concreto por el que me citó. Qué diablos, si se le nota a leguas que lo hace para hacer tiempo o no sé, no querer enfrentarse a sus propias dudas.
Dime qué es lo que te ocurre, le pedí sorbiendo mi vaso de jugo. En realidad, nada; me dijo. Resoplé frustrado, no por ser frívolo, sino porque Akihiko me apenaba lo suficiente cuando lo único que buscaba era compañía.
Dijo que me envidiaba, yo no pude poner una peor cara. ¿Tú a mí? ¿Y por qué? Pregunté descolocado. Porque tienes todo lo que quieres, o al menos todo lo que necesitas. Te recuerdo que mi padre está enfermo, en coma, y que mi madre me conmueve de una manera terrible cada vez que la veo. Lo sé, pero no me refiero a eso, Hiroki, estoy hablando de Nowaki.
Ah, cierto, Nowaki. Maldita sea, Nowaki. Envidio que cuando quieras puedas ser lo suficientemente egoísta para no compartirlo con nadie más, me dijo mientras en algún punto de su voz, ésta se quebraba. Yo me sonrojé por saberme tan predecible, pero luego preferí pensar que era una forma de decir lo que a Akihiko le dolía tanto.
De todos modos, esto que te está pasando con Takahiro sigue siendo culpa tuya. Akihiko me quedó mirando mientras yo me cruzaba de brazos. No tienes idea de lo que estás diciendo, Hiroki. Claro que sí; te conozco, así que no me vengas con cuentos. No voy a poner en riesgo mi amistad con él porque yo quiero algo más, eso sería exigir demasiado. Usami Akihiko, estás siendo demasiado considerado con quien no se lo merece.
El ambiente se tensó así que preferí quedarme con eso, y por lo visto él también. Inclinó la cabeza y se pellizcó el puente de la nariz con los dedos, completamente fastidiado. Supongo que me pasé un poco y me desubiqué, si todo lo que Akihiko quería era pasar un buen rato y yo termino comportándome así.
Ya, está bien, lo siento; pero me enoja que tengas que soportar esto. Sentí inmediatamente que mi cara se coloreaba. ¿Eh? Me miró. Pues que tengas que recibir pan cuando te estás muriendo de sed.
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Jueves 24 de Agosto
Necesito verte, Hiro-san. Fue lo primero que leí cuando vi mi celular al despertar. Tenía clases a las once de la mañana, así que no me apresuré demasiado en levantarme. Mamá estaba en la cocina, todavía en pijama, y sus ojos estaban demasiado llorosos como para querer saludarme. Salí inmediatamente, sin que ella se diera cuenta. Estoy seguro que verme le hace mal, por lo menos ahora.
Me reuní con Nowaki en la Universidad cuando yo salí de clases, a las doce y media, justo su mismo horario de salida. Conversamos un rato en las áreas verdes poco concurridas a esa hora, cosa que el idiota no desaprovechaba y me robaba un beso cada tanto. Me miraba y sonreía cuando yo ponía cara de enojado. ¡No te rías! Lo siento, Hiro-san, pero me encanta cuando te enojas.
Qué cursi puede llegar a ser cuando quiere, me desespera, y al mismo tiempo me hace sentir tan seguro que no quiero hacer otra cosa más que abrazarlo para que no se aleje de mí nunca más. Quisiera ser más sincero con él cuando estamos juntos, como en ese momento lo estábamos, sobre la hierba y con unos cuantos cuadernos sobre Medicina que, se suponía, debían ser estudiados en ese momento y no ignorados; que me alcance para algo más que un ceño fruncido y una boca torcida. A Nowaki no parece importarle, porque creo que ha aprendido a conocerme lo suficiente. Cuando dieron la una con treinta minutos, Nowaki me avisó que debía volver a clases. No me gustaba la idea, pero no me quedaba otra. Me pasó las llaves de su casa para que lo esperara allí a las siete. Quiero estar contigo hoy, y esta noche también, Hiro-san; te extraño.
Se fue a paso tranquilo, y como no tenía nada más que hacer, me retiré. Cuando llegué al departamento me encerré de inmediato, yendo a parar a su habitación y lanzarme a su cama que, sin ser mía, me pertenece. Con gesto tonto acaricié las sábanas, olí la almohada y la abracé con posesión. Me irrita que cuando lo veo, lo extraño de inmediato, y me dio miedo cerrar los ojos para que después al abrirlos me encontrara en su habitación sin él a mi lado. Amanecer solo es más común, más habitual en mi casa, en mi propio espacio. No es tan pesado, pero en este precioso lugar no sería lo mismo.
Eran las seis y media cuando me levanté, luego de debatirme entre hacerlo y no hacerlo, y fui a la sala. Me quedé frente al ventanal, de espaldas a la puerta principal, durante el resto de la media hora. Mirar el cielo desde un par de metros más arriba da la idea de que fuera más alcanzable. Entonces escuché la puerta abrirse, unos pasos silenciosos hasta mí y unos brazos rodearme. Su aliento me chocó en el cuello. Me alegro de que estés aquí, Hiro-san. Eché mi cabeza hacia atrás, y mi garganta se estiró lo suficiente como para dejar salir las palabras atoradas y la dicha contenida, pero me mantuve en silencio. Su mochila fue abandonada en el suelo, su bufanda corrió la misma suerte. Sus manos se entrelazaron con las mías sobre el vidrio, y yo no pude haberme sentido mejor en toda mi vida. Qué espectacular se sentía su respiración detrás de mi oreja, sus labios sedientos y los míos ya a punto de hacer explícito lo que ambos deseábamos. Me solté de sus manos, volteé a verlo a la cara y di un brinco sobre él para colgarme de su cintura, abrazándome a él con brazos y piernas, devorándole la boca. Para qué seguirme negando si ya lo necesitaba hasta el punto de dolerme, de quemarme en carne viva. Nowaki dio unos pasos hacia atrás por la inercia y de inmediato me acarició. Al fin, lo que tanto había esperado, extrañado. Qué conmovedor cuadro. Avanzó con un poco de torpeza hasta su habitación (nuestra, ya es nuestra) y me hizo el amor, sin nada más dicho y hecho que un saludo, un beso y unos pasos torpes.
Y la verdad, qué más podría pedirle sino. Soy feliz con sólo saberlo durmiendo a mi lado, no preciso nada más que eso. Y si voy más allá, me basta con saber que por ahí respira, sueña y siente, y sobre todo que me extraña.
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Viernes 25 de Agosto
Desayunamos juntos, conversamos de su vida y la mía antes de conocernos. Yo me explayé mucho más que él incluso cuando Nowaki parece ser mucho más nostálgico, cosa que me deprime, porque vuelvo a pensar irremediablemente que me estoy amargando solo. Me dijo que vivió sus primeros años de vida en un orfanato, que teniendo tres años un matrimonio sin hijos lo adoptó y le pusieron el apellido que conserva hasta hoy: Kusama. Me habló de su madre y su padre y de la decisión de no darle un hermano. Dijo que ella era infértil, y constantemente la escuchaba decirle a su marido que se sentía menos mujer que cualquier otra, como si estuviera incompleta. Él sólo la abrazaba entonces, la arrullaba hasta que se olvidaba de esas ideas tan crueles, además de recalcarle que con ella era feliz, que con el hijo era feliz y que no cambiaría su vida por nada.
Pero al poco tiempo, él murió. Un accidente en la carretera desde Osaka hasta Tokio, dejando al modesto Mitsubishi reducido a escombros de latas. A pesar de ser ella tan joven, jamás volvió a casarse, hasta hoy.
Cuando le dije a mamá que quería estudiar medicina, se alegró tanto que no supo qué decirme. Me abrazó lo suficiente como para yo abrazarla también, acariciándole la espalda y dándole las gracias por todo lo que había hecho por mí, sin yo quizás merecerlo. Hiro-san, luego de irme del lado de la persona que más me ama en el mundo, creí haberme sumergido en un exterior demasiado frívolo, hasta que apareciste tú. Por eso valoro, hasta el punto de necesitarlo, que me ames como dices hacerlo. ¿Podrías decírmelo ahora?
Tomó mi mano, por instinto me sobresalté y casi la retiro, pero por un algo desconocido no lo hice. Lo miré a los ojos, me sonrió, me sonrojé, cerré los ojos y fruncí el ceño. Es siempre el mismo círculo vicioso cuando nos miramos y hay obstáculos de por medio, cosa que detesto. Hiro-san… Me insistió, me revolví incómodo en la silla y tomé un sorbo del té. Yo… t-te amo.
Me sonríe, satisfecho con ello. Gracias, Hiro-san. Da exactamente tres caricias más a mi mano con su pulgar y se toma el café de una vez, se pone de pie, toma su chaqueta y mochila, se acerca a mí besándome los labios. Nos vemos, que tengas un buen día; me dice luego. Adiós, le respondo con la voz seca, y sigo el camino que trazan sus pies desde la cocina hasta la puerta principal.
Yo me quedé otro rato, me fui a casa a eso de las nueve de la noche, habiendo llegado Nowaki a las siete y media a su casa. Nos quedamos un rato en el sofá dormitando, yo sobre él, y no me hubiera ido hasta el próximo año de no ser porque mi madre me llamó con la voz atorada por la ansiedad en la garganta.
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Sábado 26 de Agosto
En la mañana, antes que escuchar cualquier cosa trivial, como un saludo o los huevos freírse en la cocina, fue mi madre diciendo que papá había salido del coma.
Qué bien, dije sin mirarla y continuando con el pan. Hiroki, ¿Qué pasa? Pregunté todavía evitando verla. ¿No vas a decir nada más?
Entonces levanté la cabeza y lo único que se me vino a la mente fue intentar sonreírle. Por alguna razón, sentí que era un gesto de sinceridad, como una confesión. Me alegro de que haya despertado, mamá; terminé diciendo. Ella se quedó conforme, lo suficientemente satisfecha como para que sus ojos volvieran a brillar un poco y sus mejillas adquirir color.
Tienes un tema pendiente con él, me dijo de pronto. ¿Pendiente? Sí. Tu novio, Nowaki.
Me atoré con el arroz, una de las peores cosas que me han sucedido en la vida. ¿Y qué quieres que le diga? No va a entenderlo; sentencié con determinación y un poco molesto. Reaccione como reaccione, es tu padre y merece tu respeto, no es correcto que le ocultes cosas.
Él nos ocultó cosas también, que no se te olvide. Y no has sabido entenderlo, hijo.
Suspiré. Mi madre había metido el dedo en la llaga sin ningún tipo de consideración.
Tu padre no vivirá mucho más. ¿Y es correcto decirle que a su único hijo le gustan los hombres? ¿Que no tendrá descendencia? Hay demasiados factores influyentes, no sólo la confianza y el respeto.
Mamá volvió a agachar la cabeza, mirar su taza de té y a ahuyentar el poco de vitalidad que le devolví por soltar un poco de consideración. Cuando la levantó, volví a ver a la misma mujer triste y melancólica de hace algunos meses.
Dime que al menos lo pensarás. Por favor, trata de entender, de ponerte en su lugar.
Una de las cosas que más me cuesta es precisamente eso. Soy igual a mi padre en ese sentido. No sé cómo debería sentirme.
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Domingo 27 de Agosto
El tema de hablar con mi padre me aterra. No me entenderá, y si lo hace, me lo echará en cara por el resto de sus días y los próximos años, cuando ya no esté físicamente con nosotros. Y por más que sea un tema que me afecta directamente, sigue pareciéndome raro haberme enamorado de un hombre. Y si yo aún no logro entenderlo, cuando soy yo a quien le está sucediendo y me está transformando, mi padre se escandalizará y quizás puede pasar algo mucho peor que un coma que dura siete días exactos. La consciencia me va a torturar para siempre y terminaría en un manicomio.
En fin. Decírselo no me traerá nada bueno, no decírselo deterioraría aún más a mi madre. Por primera vez en mi vida, no puedo pensar con la cabeza fría.
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Martes 29 de Agosto
Ayer fui con mi madre al hospital. Papá no volverá a casa por ahora, y si lo hace, será cuando ya esté desahuciado. Me lo dijo el doctor, sin ningún tipo de consideración. Habrá tenido un mal día y no tendrá tiempo para ser considerado.
Entré a la sala con todo ese plástico fino estéril. Papá apenas abre los ojos, y sus brazos y manos están casi negros por los múltiples moretones. No puedo evitar sentirme miserable, como si mi subconsciencia quisiera estar a la par con él. Mi madre se sienta a su lado, en la misma silla, esa que ya es prácticamente de su propiedad. Yo me quedo de pie al otro lado, pero apenas mamá empieza a sollozar, corro hacia ella. Mi padre levanta las comisuras de los labios en un intento macabro de sonrisa.
Y me da lástima. Pero el resentimiento de desconfianza sigue latente. No puedo decírselo todavía, no cuando intenta reconciliarse conmigo, aunque le cueste tanto mover los músculos. Le duele parpadear, le duele que los ojos le lloren, le duele no poder hacer expresiones. A mí me duele mirarlo y no poder hacer nada.
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Miércoles 30 de Agosto
Avanzaba en mi tesis cuando mi madre entró a mi habitación tocando la puerta. La miré y le dije que pasara, ella lo hizo. Se sentó en la cama y me quedó mirando mientras yo seguía con lo mío, así que no fueron más de diez segundos los que pasaron para que me sintiera incómodo.
¿Piensas hablar con tu padre? Me preguntó directamente. Detuve mis manos y abandoné el portaminas sobre el escritorio. Mamá, decírselo no va a cambiar ni arreglar absolutamente nada.
¿No te interesa volver a confiar en él? Ya confío en él. Me quedó mirando con cara de fastidio. No me mientas, hijo, por favor. A mí no vas a engañarme nunca. Detesto reconocerlo, pero tiene razón, así que me quedo callado. No, mamá, no confío en él. No puedo hacerlo cuando él no pudo. Y así como me pasa a mí, él no va a ponerse en mi lugar.
Me rasco la cabeza y el pelo se me desordena hasta niveles extraordinarios. Ella se levanta de la cama y me peina mientras se ríe. Ni cuando eras niño te peinaba, murmura.
Yo sonrío un poco, medio nervioso. Hijo, estás cometiendo el mismo error de tu padre. La miré hacia arriba sin entender. Él guardó silencio por el miedo a las reacciones, ¿no? Tú estás haciendo lo mismo. Dices que hubiera sido mejor que él hubiese confiado en su familia, tú estás confiando a medias. Por favor, no esperes hasta que ya no puedas aprovechar una oportunidad para acercarte a tu padre, ni aunque sea de esta forma. Nada en esta vida, Hiroki, pasa por simple casualidad.
Me ordena el pelo un poco más y abandona mi habitación. Me sonríe desde la puerta. La cabeza me da mil vueltas y las ideas me asechan. Todavía no se me enfría el cerebro.
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Jueves 31 de Agosto
Mamá dijo muchas cosas con pocas palabras ayer, y en todas tiene razón. Pero no puedo dejar de imaginarme a mi padre recibiendo una noticia así sin reaccionar a la defensiva. Ya me lo imagino mortificándose y diciendo: Mi hijo es un marica. Qué denigrado, idiota y paranoico me siento. No podría estar pasándome algo peor. Estoy seguro que si no estuviera enfermo y se lo dijera, reaccionaría como todo un Hombre y ahí sí me daría la paliza de mi vida. Terminaría quizás en donde.
Y no puedo, no quiero arriesgarme. Es suficiente con que mamá lo sepa, si ya es lo único de mi familia que me va quedando, papá se irá, nos abandonará, le arrancará el corazón a mi madre. Entonces yo diré que mi padre fue un desconfiado de tal calaña que ni siquiera confió en su familia.
Rayuela es un libro de Julio Cortázar. Lo mencioné porque... porque sí.
Yay! lo hicieron! tuvieron su primer encuentro amoroso en este cap OMG estoy tan feliz!
Este es el capítulo más largo hasta la fecha. El próximo vendrá lento pero seguro. Este fic es un capricho inmenso, a ver cuándo atacará la inspiración.
Adoro escribir las escenas pícaras desde la perspectiva de Kamijou. Lo imagino todo sonrojado escribiendo en un diario de vida xD un amor con patitas, la verdad. Y bueno, Nowaki tampoco se hace el tonto, ¿no? La idea es que Hiroki tome un poco más la iniciativa y de que Kusama no pueda negarse hace de esta pareja algo exquisito.
¡Muchas gracias por leer!
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