Y como es de esperarse, aquí viene la descarga de responsabilidad ;) Nada es mío, los personajes son de la maravillosa Stephanie Meyer y la historia es de la autora LyricalKris, yo solo traduzco.

Y no podía faltar el agradecimiento a mi compañera de batalla Erica Castelo. Gracias por acompañarme de nuevo en esta nueva traducción y por tus consejos para mejorarla xoxoxo


Capítulo 6

No era como si Edward no hubiese escuchado nunca los chismes sobre Bella por la corte. Como le había dicho a ella, hizo su deber el observar a la gente.

Había algunos, como él, que miraban a Bella con lástima. Cuando llegó a la ciudad capital, ella no era nada más que una niña inexperta. Él la admiraba incluso entonces. Podía ver que la situación la sobrepasaba. Por supuesto que sí, tenía catorce años y no había viajado mucho fuera de las puertas de su ciudad natal, Rainfall. Sin embargo, a pesar de sus evidentes nervios, mantenía su cabeza en alto y, en esos primeros días, no permitía que nadie la menospreciara.

Él siempre se sintió preocupado por el compromiso de ella con su sobrino. El muchacho tenía una vena de crueldad de más de un kilómetro de ancho. Sin embargo, Edward no estaba en posición de protestar por la unión, así que hizo lo que pudo por guiar a Felix, aunque poco bien le hizo.

Luego, todo este sórdido desastre. Su padre estaba muerto, y ella era la única que quedaba para responder por los pecados de su familia. Se le había arrebatado su libertad de elección, y la luz se desvaneció de sus ojos.

Pero los humanos no eran conocidos por ser racionales o compasivos, y aunque había muchos que miraban a la chica con ojos amables, había incluso más que estaban muy felices de desquitar sus frustraciones en ella. Las palabras subversivas del padre de ella habían desatado una guerra que llevó al reino a una gran agitación, y los volvió sedientos de sangre. Fue la razón por la que vitorearon cuando el rey hizo arrastrar a Isabella en medio del salón del trono. Sus hijos estaban muriendo, sus futuros eran inciertos, e Isabella era la única ahí para pagar por ello—su dolor por el de ella. Como si al escucharla gritar lo bastante fuerte, ellos quedarían saciados.

Ahora, Edward estaba en una escondida esquina con Carlisle, escuchando a dos excelente ejemplos de humanidad que ignoraban que estaba detrás de ellos.

"Esa pequeña perra olvida quién es en estos días. Caminado por el castillo como si fuera intocable."

El otro se burló. "Probablemente lo es. Ese cobarde esposo suyo no tiene las agallas para ponerla en su lugar."

"Si él tuviera un mínimo de lealtad, lo demostraría."

Otra burla. "Si tuviera algo de lealtad, no lo llamarían cobarde, ¿o sí? No. Esa jovencita tiene todo el poder en esa relación, y ella también lo sabe."

La mano de Carlisle en su brazo fue lo único que evitó que Edward les mostrara a esos perros qué tan cobarde podía ser. Pensó que tal vez unas puñaladas por la espalda les vendría muy bien a sus lenguas sueltas, y él vería si saciaba su sed de sangre.

Con un bufido, Edward se volvió a sentar y tomó un largo trago de su ale. "Debería darles algo de su tamaño para molestar."

Carlisle sacudió su cabeza. Aunque había calmado a Edward, sus ojos estaban resplandecientes y su mandíbula tensa. "Te garantizo, mi amigo, que ellos son los cobardes. Si fueras a desafiarlos, pondrían el grito en el cielo."

Edward se quedó callado, mordiendo el interior de su mejilla mientras pensaba. "Ella no estará a salvo aquí incluso conmigo, ¿verdad?" Preguntó en voz baja.

"¿Alguno de nosotros está a salvo con el rey en el trono?" Carlisle suspiró. "De alguna forma, está más a salvo. Como la hija de un traidor a la corona, por derecho, es digna de ridículo y vergüenza." Sus labios cayeron, mostrando lo qué pensaba de eso. "Como tu esposa, esos cretinos solo podrán decirlo a tus espaldas. A la hija de la Casa Swan no se le debe ningún respeto. Pero ella ya no es la hija de la Casa Swan, o al menos, ese no es su título principal." Carlisle asintió en la dirección hacia donde se habían dirigido los dos chismosos. "Tenían razón en una cosa. Su porte es más digno estos días. Es la esposa de un lord, y debe andar con el orgullo que eso implica. Hacer otra cosa sería un insulto para ti. A la lady de Casterly Port se le debe respeto, y ella lo sabe. La esposa del custodio de las monedas tiene toda la razón para mantener la cabeza en alto."

"¿Pero?"

"Pero ella es tu esposa. Recuerda que estamos hablando claro ahora, mi lord," dijo Carlisle, la compasión notable en sus ojos. "En definitiva, creo que tú y Bella como individuos se complementan el uno al otro, y es posible que descubras dentro de unos años, que tu matrimonio no es otra cosa más que uno feliz. Sin embargo, por ahora, con el futuro del reino incierto, siendo una Swan y una Masen la pone en una posición excepcionalmente vulnerable. Además de aquellos incluso en la capital que desprecian a tu familia, tu padre ahora la ve como suya. Suya para ordenar y controlar justo como ve a todos sus hijos, como peones. Y tu padre, como tú bien lo sabes, es más peligroso cuando cree que sus peones no se están comportando como deberían."

"Y eso es sin tomar en cuenta al rey," dijo Edward, en ese momento más para sí mismo. "Sigue creyendo que está bien jugar con Isabella. Lo que le hizo el día de nuestra boda." Sacudió su cabeza. "Hasta ahora he sido capaz de mantener a mi esposa a mi lado en la cena y otras ocasiones donde de otra forma podría encontrarse acorralada."

Se enderezó en su asiento y miró a Carlisle del otro lado de la mesa. "He sido negligente en mi deber para con mi esposa. Es peligroso para ella estar aquí."

Carlisle le ofreció una pequeña sonrisa. "Eso no es nuevo. Ha sido peligroso para ella aquí… Bueno, en realidad, desde que el viejo rey murió y le dejó el trono a Felix. El poder se le ha subido a la cabeza de la forma en que no lo hizo cuando era solo un muchacho. Incluso sin las acusaciones del padre de ella, Isabella no habría tenido una buena vida como la reina de Felix."

"Ella está bajo mi protección, y eso debe significar algo. No, Carlisle. He sido negligente. Es cierto, puede que no pueda enviarla con su querida familia, eso sería traición. Pero puedo sacarla de la capital, ¿no es así?"

Carlisle inclinó su cabeza, estudiándolo por un largo tiempo. "Tu padre no lo permitiría."

"Isabella es mi esposa; no suya. Y una vez más, he fallado. Estoy, como lo has dicho, bajo el control de mi padre. Soy su hijo, y por consiguiente su peón para mover en el tablero como guste. Isabella, sin embargo, me pertenece a mí. Él cedió su control sobre ella cuando nos unió."

Carlisle no parecía complacido, pero asintió lentamente. "¿Qué tienes en mente?"

~O~

Por supuesto, Edward estaba muy consciente que la influencia de su padre tenía un gran alcance. También tenía espías por todas partes. Por consiguiente, se movió tan rápidamente como pudo, tratando de hacer los arreglos para su esposa antes de que Aro fuera informado de ellos.

No lo bastante rápido. Estaba en una bodega en los muelles, buscando en los libros de registro barcos que pronto zarparían, hacia dónde se dirigían y por quién estaban capitaneados cuando la voz de su padre lo interrumpió.

"¿Qué crees que estás haciendo, Edward?"

Edward cerró sus ojos brevemente y contó hasta diez. Abrió sus ojos de nuevo y continuó con su tarea. "Intento coordinar un pasaje seguro para Isabella." No tenía sentido mentir y en todo caso, no lo necesitaba. No estaba haciendo nada malo.

"¿Pasaje? ¿A dónde?"

"A casa. A Casterly Port, por supuesto." Tomó una respiración tranquilizadora e intentó sonar apacible. "Ha pasado mucho tiempo desde que nuestro hogar ha tenido una señora, después de todo. Jane se fue cuando era más joven de lo que Bella lo es ahora. Será algo bueno."

"Ella no dejará esta ciudad," Aro dijo llanamente. Se escuchaba aburrido.

Edward cerró la bitácora con fuerza y se volvió para enfrentar a su padre. "¿Es mi esposa prisionera, padre?"

El labio de su padre se crispó. "No seas ridículo. No veo grilletes en ella; no que alguna vez los haya tenido."

"Pero no puede irse."

"¿No me digas que ahora tengo que informarte la mejor manera de proteger a tu esposa? ¿Crees que es seguro enviar a Isabella Swan sola cuando su hermano se hace llamar un rey por su propio derecho y lucha por su propio trono?" Aro se burló. "¿Quieres que la retengan como prisionera por un rescate o peor? ¿Ejecutada como un alarde de justicia ya sea contra su hermano o contra nosotros?"

Edward se estremeció. "Qué poco piensas de mí, padre. Hay algunos en quienes confío para escoltarla a salvo."

"Aquí está más segura." Aro inclinó su cabeza. "Eres un muchacho inteligente, Edward. Habría creído que toda una vida de observar sería suficiente para enseñarte lo que es propio y lo que no en un matrimonio. Sin embargo, soy tu padre. Te guiaré de la mano como un niño si lo requieres. Pero te digo ahora, no eludirás tus deberes. No rechazarás a tu esposa, y no la abandonarás."

Edward se le quedó mirando a su padre. "¿Abandonarla? ¿Rechazarla? ¿Me he perdido de algún acontecimiento en la guerra, padre? ¿Casterly Port ya no es nuestro hogar? ¿El hogar de Isabella?"

"Su hogar está al lado de su esposo. Tú resides aquí por el momento. Tú hogar es aquí en Volterra."

"No sería el primer esposo que envía a su esposa a mantener su hogar en buenas condiciones."

Los ojos de su padre se endurecieron furiosos. "Antes que nada, Casterly Port todavía es mío, y no será dirigido por el capricho de una muchacha de diecisiete años fuera de control. En segundo lugar, puedes estar seguro que ninguno de los que hablas enviaron lejos a sus esposas hasta que sus hijos primogénitos nacieron sin incidentes."

Edward estrechó sus ojos. "¿De eso se trata, de nuevo? Tenemos una larga vida por delante, y tengo tiempo suficiente para tener hijos con ella."

Aro lo miró fijamente, con clara incredulidad en su rostro. "¿Estás loco? ¿Has perdido el juicio? Tengo problemas para entender qué está mal contigo. El propósito de tomar una esposa es extender tu linaje, lo que debería ser no solo tu deber sino tu orgullo. Aunque, créeme, desde mi posición, procrear hijos es un trabajo ingrato." Sacudió su cabeza. "En qué tierra de fantasía crees que estás viviendo, no estoy seguro. En esta tierra, un hombre toma una esposa que le dé hijos. No hay espera. No habrá espera."

Su padre respiró para tranquilizarse y apuntó con un dedo su rostro. "Te lo he dicho antes, muchacho, no me obligues a tomar acción. Estoy harto de escuchar tus quejas. Estás casado, y harás lo que es propio. Si envías lejos a tu esposa, haré que la traigan arrastrando de vuelta. Haré que la golpeen por huir, y haré que te den de latigazos por abandonarla." Se acercó a Edward. "Pruébame. Ve si no lo hago."

Edward no pudo hacer nada más que ver a su padre alejarse furioso. Aunque sabía que de alguna forma validaba el punto de su padre que estaba actuando como un niño, no pudo contenerse de arrojar al suelo las bitácoras y salir furioso hacia otra dirección.

~Bella~

Solo cuando Bella estaba a la vuelta del pasillo hacia su habitación se permitía bajar la guardia. Dejaba caer sus hombros y algo de su fatiga aparecía poco a poco en su rostro. Frotaba sus sienes, agradecida de no tener que sonreír y mostrar una actitud recatada por una hora o algo así.

Estaba considerando tomar una siesta, pero cuando finalmente llegó a su habitación, fue atacada por Angela. "Excelente, mi Lady, llegó. Mire." Se escuchaba emocionada. "Mi lord le ha traído un extraño regalo."

En efecto, tendido sobre la cama de Bella estaba un atuendo. Un atuendo de hombre—pantalones y un chaleco hecho de cuero delgado. Una correa. Era sencillo pero limpio, y se veía lo bastante pequeño para quedarle. Tal vez era un atuendo de un niño. ¿Un adolescente?

Bella miró a Angela. "¿Qué significa esto?"

Sus ojos estaban amplios. "No lo sé, mi Lady. Mi lord me dejó instrucciones que le dijera que se vistiera y cómo arreglaría su cabello."

"¿Mi cabello?"

Angela asintió. "Él llegará pronto. Vamos a apresurarnos."

Todavía confundida, Bella se puso el atuendo. Estaban sueltos pero le quedaban bien. Aseguró la correa con firmeza en su cintura. No discutió cuando Angela la llevó a sentarse y empezó a cepillar su cabello. Angela ató su cabello en una apretada trenza y luego la recogió encima de su cabeza para que no estorbara.

Angela acababa de poner la última horquilla cuando se escuchó que tocaron a la puerta la cual se abrió en seguida. Edward había explicado que no era que no quisiera darle privacidad. Simplemente, los esposos no tocaban a la puerta de sus esposas.

Bella se puso de pie, sus mejillas encendiéndose. Aunque él fue el que le había dado la ropa, aún se sentía extraño. Cuando los ojos de él recorrieron su cuerpo de arriba abajo, ella agachó su cabeza. "Debo verme ridícula."

Edward le ofreció su mano, y cuando ella la tomó, levantó la vista. Él sonrió, y ella podía jurar que incluso bajo la tenue luz de la habitación sus ojos danzaron. "Tú harías que un simple saco se viera encantador, Isabella. La belleza está en tu naturaleza."

Ahora Bella se sonrojó por muchas razones diferentes, y una extraña sonrisa tiró de la comisura de su boca. Ella la cubrió con su mano libre. "¿Tienes alguna aventura planeada para nosotros que necesite que no use un vestido?" Para sorpresa de ella, su tono sonó casi en broma. Lo miró, esperando no estar en problemas.

En todo caso, la sonrisa de él se hizo más amplia. "¿Una aventura?" Metió la mano de ella en la curva de su brazo y abrió la puerta. "Me temo que no. Creo que una verdadera aventura requeriría que vayamos un poco más allá de lo que lo haremos."

"Eso no es necesariamente así. Mi abuela solía decir que cualquiera con imaginación puede tener una aventura en cualquier momento." Ella sonrió, recordando. "Por otro lado, a ella se le conocía por mirar al vacío en las fiestas. Muchos pensaban que era sencilla. En realidad, era una mujer bien instruida con un gusto por los chistes indecentes. O eso supuse. Cuando contaba uno cerca de mí—ya que estaba muy pequeña cuando murió—mi madre se escandalizaba."

"¿Y tú, lady Isabella?" Edward se veía y se escuchaba divertido. "¿Es eso en lo que piensas cuándo estás muy callada? ¿En aventuras?"

Bella pausó, preguntándose si debería ser honesta. Pero si él no tuvo problema con verla vaciando su vino en la copa de Sir Alistair, probablemente no le parecería mal. "Romances," confesó, mirando a sus pies.

A menudo inventaba historias de miradas a través de la habitación, de apretones de mano que duraban demasiado tiempo.

"Oh," dijo Edward, alargando la palabra. "¿Romances escandalosos?"

Incapaz de contenerse, ella soltó una risita—un sonido pequeño y breve. "Y clandestinos."

"Bueno, me encantaría escuchar de esos romances escandalosos y clandestinos, esposa, pero temo que hemos llegado a nuestra destino." Abrió una puerta e hizo un gesto con su mano. "Después de ti."

Como en la mayoría de los castillos, había habitaciones olvidadas hace mucho tiempo que no tenían un verdadero uso. Esta era una de esas habitaciones. Estaba vacía salvo por algún mueble metido en una esquina. La luz se filtraba, pero alguien, probablemente Edward, había esparcido velas alrededor de los bordes de la habitación.

Bella se volvió hacia atrás a su esposo a tiempo para verlo inclinarse a agarrar algo que estaba apoyado contra la pared. Ella jadeó, y sabía que sus ojos debían haberse iluminado al mismo tiempo que sonrió. "¿Hablabas en serio?"

Él le ofreció una espada. "Por supuesto. Soy un hombre de palabra."

"No fue mi intención ofenderle, mi lord."

"Y no lo hiciste. Toma." Se acercó y puso la espada en la mano de ella. Mantuvo su mano tomando la de ella por debajo al moverse para ponerse detrás y a un lado de ella, lo suficientemente cerca que ella podía sentir su calor contra su espalda. "Ahora, lo primero que hay que saber es que en el manejo de la espada todo depende del equilibrio. Si tú no tienes equilibrio, tu espada solo servirá para trabajar en tu contra. Muy pronto terminarás sobre tu bonita parte trasera."

Bella se sonrojó pero se rio disimuladamente. Ya estaba sin aliento, emocionada, y se obligó a respirar profundo. Tenía muchos deseos de ser una buena estudiante.

"Una buena espada tiene un buen equilibrio—el peso de ella es igual a lo que tu mano puede aguantar." Él quitó su mano de la suya, aunque continuó lo bastante cerca para poder murmurar en su oído. "¿Sientes su peso?"

Bella cambió su postura y flexionó un poco su brazo, tratando de encontrar una posición cómoda. "Es más pesada de lo que imaginé."

"Sí. Tu brazo se hará más fuerte, pero ya ordené una espada hecha especialmente para ti. Es más ligera que esta, y muy afilada."

"Escuché que ese es el punto." El labio de Bella tembló. "Literalmente hablando."

Él se rio entre dientes, y el sonido bajo envió un escalofrío por la columna de Bella. Jadeó bruscamente, y sacudió su cabeza rápidamente para disipar la extraña emoción que la había invadido. Una vez más, se obligó a concentrarse. Su esposo le estaba haciendo un gran favor, y quería mostrarle qué ágil estudiante podía ser.

Por la siguiente hora, él le mostró cómo posicionar su cuerpo. Él puso una mano en su espalda baja y colocó su brazo en su lugar. Suavemente empujó con su piel el de ella para ampliar su postura. El pecho de él estaba pegado a su espalda y guio su mano en una estocada, todo mientras le hablaba con voz baja y dominante al oído.

"Excelente," dijo cuando ella le mostró las posiciones que le enseñó. "Muy bien, Isabella. Eres muy ágil."

Le gustó que él se veía muy complacido con ella y redobló sus esfuerzos incluso cuando su brazo comenzó a doler y temblar. Él había tenido razón respecto al equilibrio. Varias veces tuvo que enderezarse, dar un traspié o ampliar su postura antes de caer de bruces.

En una de esas ocasiones, al dar un paso hacia atrás saliendo de una estocada, perdió el equilibrio. Abrió sus brazos, incluyendo el que tenía la espada.

"¡Huy!" Edward gritó, quitándose del camino.

Bella trató de enderezarse, acercando el brazo con la espada, y solo consiguió empeorar la situación. Se escuchó un fuerte repiqueteo cuando la espada cayó al suelo, y Bella gritó cuando empezó a caer.

No golpeó el suelo. En vez de eso, se encontró envuelta en el abrazo de Edward. Él había rodeado su cintura con un brazo y la pegó a él de forma que las manos de ella se extendieron en su pecho. Ella lo miró fijamente, atónita y sin aliento. En un instante, el aire cambió. Era intenso y cargado, como fuego y estática. Ella lamió sus labios.

El movimiento atrajo los ojos de Edward de los de ella más abajo, y su mirada permaneció ahí. En un movimiento del que ella no se percató antes de ya haberlo hecho, inclinó su cabeza hacia arriba. Sintió el calor de la exhalación de él, y entonces sus labios estaban en los de ella.

La cabeza de Bella dio vueltas, y el latido de su corazón parecía enviar fuego y relámpagos por todo su cuerpo hasta los dedos de sus pies. Fue solo que no supo qué hacer con la emoción que la invadió entonces. Él encendía en ella un deseo que nunca había conocido. Sus manos subieron por el pecho de él para enredarse en el cabello de su nuca. El cuerpo de él la envolvió, y aun así a ella le parecía que no estaba lo bastante cerca.

Segundos. Pasaron largos segundos, y sin embargo, desaparecieron en un instante. Él rompió el beso con un suave gimoteo. Sus ojos estaban cerrados. Bella se quedó quieta, no muy segura de qué haría si se permitía moverse. ¿Se escaparía de su abrazo? Probablemente no. Tenía el extraño presentimiento que si se movía, sería para volver a inclinarlo hacia su boca, y eso parecía…

¿Inapropiado? ¿Incorrecto?

No. Ninguna de esas cosas.

Edward suspiró y descansó su frente contra la de ella. Levantó sus manos para acunar el rostro de ella y besarla nuevamente. Este beso fue desgarradoramente gentil y fugaz. "Nos echarán de menos en la cena, Isabella."

"Bella," dijo ella, sorprendida de poder hablar. Como estaban las cosas, su voz se escuchó débil y sin aliento.

Él abrió sus ojos y tomó las manos de ella en las suyas. "¿Qué?"

Ella bajó la vista a su pecho un momento antes de reunir el valor. Le parecía imposible que esto pudiera ser algo bueno. "¿Me llamarías Bella? Lo prefiero así."

Él sonrió, levantando su cabeza para mirarla a los ojos. Levantó sus manos unidas y rozó su nudillo sobre su mejilla. "Bella." Aclaró su garganta y dio un pequeño paso para alejarse de ella, dejando caer una mano, pero manteniendo la otra firmemente en la suya. "¿Nos vamos? Tenemos que cambiarnos antes de la cena."

Bella asintió. De forma extraña, se sentía como si pudiera flotar de vuelta a su habitación.

Al vestirse para la cena, ya no pudo contener sus pensamientos. Se le ocurrió que en algún momento esa noche había dejado de preguntarse si la amabilidad de Edward era algún juego elaborado hecho para destruir su alma de una vez por todas. Ahora, no podía evitar preguntarse si realmente podía tener la poca felicidad que había florecido en su pecho.

La felicidad, había aprendido hace mucho tiempo, era algo peligroso de tener.


Awwww, ¡se besaron! Lento pero seguro, poco a poco Edward se le está ganando. Pero por si a algunas les quedaba duda y no vieron lo que dije en el primer capítulo, esta historia está basada en GoT o Juego de Tronos, así que sin duda, ustedes como Bella están esperando a que algo suceda, y Edward también, por eso quiso llevarla a un lugar más segura, pero una vez más Aro tenía que echarle por tierra sus planes :( al menos, al enseñarla a defenderse le está dando algo para mantenerse a salvo. Pero, ¿será suficiente? Ya veremos. Espero que hayan disfrutado del capítulo y me encantaría que me lo dijeran con un review, recuerden que sus reviews es el único pago que recibimos por el tiempo dedicado a su diversión. Y no requiere mucho de ustedes, más que unos minutos de su tiempo :)

Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: Mss1-cullen-swan, Marie Sellory, Kabum, LaPekee Cullen, liduvina, JessMel, Merce, berenicegpearreola11, Antonia, PRISOL, Yoliki, EriCastelo, Kriss21, Cristal82, freedom2604, Sully YM, Maryluna, rjnavajas, Lizdayanna, crysty katy, kaja0507, OnlyRobPatti, Paty Limon, Tata XOXO, Marme, Tecupi, Adriu, Pattts, paty mdn, Gabriela Cullen, cary, Adriana Molina, tulgarita, somas, torrespera172, Ali-Lu Kuran Hale, Vrigny, Lady Grigori, alejandra1987, glow0718, Brillo de las Estrellas, carolaap, calvialexa, Pili, lagie, Techu, Liz Vidal, Elizabeth Marie Cullen, Melany, Pam Malfoy Black, Mafer y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo, ¿cuándo? Depende de ustedes.