Capítulo 6: Mi Amor
Grissom buscó su tuxedo en el closet, lo desempolvó y se lo puso. Hizo el nudo de la corbata con mucho, mucho cuidado, no fuera a ser que olvidara las instrucciones que Catherine le había dado el otro día. Hace cuánto ya que usó ese traje por primera y última vez… no, no el de cuando Ecklie obtuvo el ascenso, sino el otro, el de cuando… el miró el anillo en su dedo y decidió que ese era el que era.
Previamente, el había limpiado y organizado toda su casa, dejándola impecable. Le prestó atención a cada detalle, todo tenía que estar perfecto: desde las sábanas de la cama hasta sus documentos, desde su colección de mariposas hasta la champaña y las dos velas y una orquídea en la mesita de la sala. También se arregló echándose perfume, arreglándose el pelo y dándole forma a su recién crecida barba.
Tenía qué admitir que el había dejado a un lado su cuidado personal desde esa fatídica noche. Su reflejo en el espejo revelaba un hombre que lucía diez años mayor de lo que era con nuevas arrugas, bolsas debajo de sus ojos, una expresión de cansancio y muchos kilos menos que antes. A él no le había importado, hasta ahora. El no quería verse así. El quería verse apuesto, saludable, fuerte, tan joven como fuera posible. Sin embargo, había hecho lo mejor que pudo para verse bien, y lucía tan bien como era posible. Y comparando los resultados con su anterior apariencia, era una gran mejoría.
La noche apenas estaba comenzando, y el estaba tan nervioso como un adolescente a punto de pedirle a una chica que sea su cita en la fiesta de grado, o un novio a punto de recibir a su novia en el alter. Bueno, de alguna manera esta era la misma situación, incluso más definitiva, con repercusiones que durarían para siempre: no habría anulación, no habría divorcio, ni siquiera "hasta que la muerte nos separe". No solo el sabía que no había marcha atrás ni punto de retorno, sino que amaba la idea, lo confortaba. El timbre sonó y el prácticamente voló hacia la puerta, abriéndola con sus manos temblorosas, con la esperanza de que fuera la persona a quien el estaba esperando. Y lo era.
Ambos se quedaron ahí, congelados por un instante. Entonces, el tomó sus manos y la guió adentro, sin romper el contacto visual, y la besó suavemente. Fueron a la sala y mientras el abría la botella de champaña, ella abrió la cajita de madera que estaba al lado. El podía notar que el ver sus propias cenizas la hacía sentir incómoda y nerviosa, así que la ayudó a verterlas en la champaña, y luego agitó la botella.
Hubieran musitado palabra durante toda la noche, pero bajo las circunstancias y con el conocimiento de lo que les esperaba, la palabras parecían fútiles y sin sentido. Además, tenían una eternidad por delante para hablar. Por ahora, tan sólo querían sentir la presencia del otro, bailando lentamente la canción que había sonado la primera vez que ellos bailaron juntos, y bebiendo el licor hasta dejar la botella vacía. De repente, el mundo entero empezó a ponerse sombrío, nublado y difuso y entonces… todo desapareció. Todo lo que conocían, todo lo que podían ver y tocar hace dos segundos, se convirtió en un montón de recuerdos distantes y borrosos. Todo lo que quedaba era sólo ellos dos. Perfecto.
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Los doctores y las enfermeras corrieron de prisa hacia la habitación 205, y encontraron a Gil Grissom convulsionando y rodando por el suelo. Era seguro que había sido envenenado. Llamaron a los paramédicos y mientras estaban tratando de darle primeros auxilios, una enfermera encontró una caja de madera abierta y una botella vacía de alcohol antiséptico. Todos sabían qué solía haber en la caja de madera: las cenizas del dibujo grande, a todo color y hermoso que la doctora Natalie Davis había hecho pedazos el otro día con el fin de forzarlo a mirar hacia la realidad – sobra decir que falló miserablemente. No había necesidad de saber qué había pasado, era obvio por donde se le mirara. Ya no había remedio. Grissom se les estaba yendo, y la misma enfermera que notó la caja y el alcohol, alcanzó a verlo levantar sus ojos al cielo, y oyó sus últimas palabras que fueron un susurro, el suspiro de quien muere sabiendo que encontrará la felicidad del otro lado. "Sara… te ves hermosa esta noche, mi amor".
I
dream of rain (sueño
con la lluvia)
I
lift my gaze to empty skies above (Levanto
mi vista hacia los cielos vacíos allá arriba)
I
close my eyes (cierro
mis ojos)
The
rare perfume is the sweet intoxication of love (El
raro perfume es la dulce intoxicación de su amor)
CSICSICSICSICSICSICSICSICSICSICSICSICSICSICSICSICSICSICSICSICSICSICSICSICSICSI
Bueno, pensé que este sería el último capítulo, pero no me pude quedar con las ganas de hacerle un epílogo…
