Grado de violencia.

-Media

Capitulo 6: La ley del hielo

Contado por Kagome:

Recordaba una y otra vez lo sucedido con Inuyasha, y no podía creerlo, ahora entendía sus insistentes miradas, el hecho de siempre estuviera molestándome, que cuándo estuviera lejos de él me siguiera, a pesar de no estar muy convencida antes, ahora estaba más que segura, Inuyasha estaba enamorado, obsesionado, encaprichado, o algo así conmigo, pensar en la primera opción me parecía absurda, el tenía a su novia Kikyo, y se suponía que estaba enamorado de ella ¿O no? De todas formas Kikyo era mi amiga, no podía permitir que Inuyasha le hiciera daño por mi culpa, y si yo era la causante trataría de encontrar que era lo que causaba que Inuyasha sintiera de esa manera hacía mí y solucionarlo, ¡Por Dios! ¡Qué dirían sus padres si se enteraban?, ¿Qué diría Kikyo?

¿Las sirvientas de la casa? Seguramente creerían al igual que él que toda la culpa era mía. No soportaría a la Señora Izayoi pensando que luego de haberme dado la oportunidad de trabajar aquí, yo había aprovechado para engatusar a su hijo, a Kikyo pensando que en realidad nunca quise ser su amiga, y sólo la use para llegar a Inuyasha, a la Señora Kaede, pensando que luego de darme su apoyó yo la había traicionado, y a todas las demás chicas comentando que yo era una trepadora o algo parecido, y si eso sucedía seguramente llegaría a oídos de Sesshomaru, y de esa manera él nunca podría quererme, y si todos ellos pensaban que era una mala persona quizá querrían apartar a mis hermanitos de mí…

¡No, no lo soportaría! ¿Y todo por qué? Por el capricho de un muchacho inmaduro.

No sabía cómo pero tenía que sacar de la cabeza de Inuyasha, todo lo se refiriera a mí.

Esa mañana cómo parte de mi nuevo trabajo, tenía que llevarle el desayuno a Inuyasha a la cama, al entrar él estaba despierto, eso no me sorprendió, había aprendido que ese muchacho era demasiado madrugador. Al verme entrar, Inuyasha volteo a verme. Supongo que mi cara no estaba para nada feliz, por que al verme él, bajo la mirada.

-Joven su desayuno-Le dije mientras le ponía la bandeja en la cama- Ahora si me disculpa tengo cosas por hacer.

Inuyasha levanto la mirada de súbito, y casi con desesperación me pidió:

-¡Kagome, espera!, sobre lo que paso ayer, yo…

-No tiene que darme ninguna explicación joven-Le dije siendo totalmente fría-Me retiro.

-¡Kagome!

-¿Desea algo?

Pareció dudar un poco, y me pregunté el por qué.

-No, pero…

-Entonces me retiro-Dije eso y me voltee para salir de la habitación-

-¡Kagome, espera Kagome!

No le hice ni el menor caso y salí de ahí, se suponía que tenía que arreglar su habitación pero cómo él estaba ahí, pase a hacer lo siguiente que seguía en el programa: limpiar el estudio. No tenía mucho de haber llegado ahí, cuándo:

-Kagome necesitamos hablar-Me dijo demasiado serio-

-Lo siento joven, pero no tenemos nada de que hablar-Le dije notoriamente molesta-

-Pero, Kagome…

-Joven, le ruego que me deje hacer mi trabajo en paz-Inuyasha se marcho notablemente enfadado, pero ignore ese detalle-

Cuándo acabe de limpiar el estudio, recordé que aún tenia que arreglar el cuarto de Inuyasha, así que me dirigí hacia ahí esperando que él no estuviese. Tuve suerte al llegar ya que el muchacho no estaba, por lo cuál me dispuse a acabar el trabajo lo más pronto posible; en realidad no era un gran esfuerzo ya que todo estaba casi en perfectas condiciones, sólo tenia que acomodar su ropa y la cama. Me acerque a la cama y empecé a arreglarla, acomode las almohadas y puse nuevas sabanas, después camine hasta el armario y comencé a acomodar la ropa de el chico cuándo escuche de nuevo su voz:

-Deja eso Kagome, no es necesario que lo hagas, es sólo una pérdida de tiempo-Escuche lo que me dijo con irritación y enseguida le conteste:

-Eso no es cierto, y por supuesto que es necesario que lo haga ya que es mi trabajo joven-Le dije esto completamente distante-

-Si-Me sonrío-pero está es mi habitación y me gustan mis cosas tal cómo están, no tengo el menor deseo de que venga una niñita desquiciada a cambiarlo todo. Y también te equivocas ya que tu trabajo es complacerme, y no me complace para nada que me desobedezcas ¿Entiendes Kagome?

-No-Le contradecí completamente fría- y si no te gusta mi manera de trabajar puedes despedirme cuándo quieras-Sé que me pase al decirle eso, y mucho más sabiendo que de verdad necesitaba el trabajo, tal vez ya seria tarde para arrepentirme, e Inuyasha si iba a terminar corriéndome de su casa, pero para mi sorpresa al escuchar eso el joven muchacho se quedo callado, después de largo tiempo por fin musito:

-Bien haz lo que quieras… Pero por otro lado Kagome tu y yo necesitamos hablar.

-¿Hablar? No entiendo no hay razón para hacerlo-Le dije cortante y me retiré de la habitación, ante la mirada atónita de Inuyasha-

Después de esto durante todo el día estuvo siguiéndome a cada una de las tareas que me tocaban y en cada una de ellas yo lo ignoraba, hasta que ya para el anochecer, me encontraba caminando por un pasillo, que estaba demasiado oscuro, sólo los rayos del sol lo iluminaban. Entonces escuché de nuevo esa dulce y angelical voz.

-Kagome, por favor necesito hablar contigo-Voltee a verlo y noté que su mirada parecía suplicante. Entonces me detuve-

-Ya te lo dije no tenemos nada de que hablar-En ese momento su mirada cambió de suplica a molestia-

-Escucha Kagome, no soy de los tipos a los que les gusta estar rogando por atención, y sin embargo contigo lo he hecho-Hablaba con rabia contenida-

Entonces me tomo de la cintura y de nuevo me atrapó contra la pared, en esta ocasión de un corredor, mis ojos se dilataron por el miedo.

-Joven, esto no es el estudio cualquiera podría verle.

Él sonrío y luego dijo:

-Vernos-Replicó-Y lo dudo mucho este pasillo es uno de los menos transitados, las personas pasan por aquí, cada 2 o 3 semanas mínimo.

-Inuyasha, por favor suéltame, me lástimas-Le pedí-

-¿Ahora si te acuerdas de mi nombre no?-Bromeo-¿Y qué te lastimo?, ¿Yo te lastimo a ti? Te detuviste tú a pensar en cómo me lastimaba, cómo me dolía cada vez que me ignorabas. No lo soportaba ¡Era una agonía!

-Eso era lo correcto. Déjame en paz-Le grité-

Inuyasha cerró los ojos y luego me miro.

-¡No voy a hacerlo!, ¡No puedo hacerlo!, ¡No quiero hacerlo!, y me importa un maldito bledo, si está o no bien.

-¡Déjame!-Proteste tratando de salir de aquella prisión que él me había impuesto-

Inuyasha se acerco a mí y hundió su cara en mi cuello.

-Eres demasiado hermosa-Dijo esto cómo un susurro, junto a mi oído, haciéndome estremecer-

Baje la vista con deseos de llorar.

-Déjame, lo único que quiero es que me dejes en paz.

Inuyasha se rió con burla.

-Sabes que no lo haré, y ahora dime, ¿Por que me has estado evitando e ignorando en todo el día?

Baje la cabeza e Inuyasha me tomó de el mentón para hacerme volver al vista hacía él.

-¿Por qué?, ¿Por el beso de la otra noche?,-Lo miré molesta, tal vez para él no era nada, pero para mí, un beso era muy importante, y mucho más mi primer beso-Kagome, eso no era un beso, esto es un beso.

Inesperadamente acercó sus labios a mí cara posándolos sobre los míos con fuerza. Sus labios aprisionaron los míos devorándolos. Del susto abrí más los ojos, los brazos de él se apoderaron de mi cintura y yo me empecé a revolver inquieta entre sus brazos luchando por que me soltará, pero por más que lo intentará no podía hacer nada. Y entré más trataba de luchar contra él, más fuerte me abrazaba. Intente gritar abriendo mis labios, pero en ese momento, él aprovechó para meter su lengua a mi boca, la lengua que acaricio mi paladar me sobresaltó, en ese momento pude sentir en mi boca un extraño sabor, menta; menta fresca, un sabor de menta que no se parecía a ningún otro que hubiese probado antes, los besos de Inuyasha sabían a menta y lo quisiera o no ahora aquél inusitado sabor se expandía por toda mi boca. Intenté golpearlo, pero lo único que logré fue que uno sus brazos abandonará mi cintura para posar su mano detrás de mi nuca, profundizando más el beso, y dejándome completamente inmovilizada. Empecé a llorar, él no podía estar haciendo esto conmigo, ¡No podía hacerlo! Sólo podía sentir cómo sus labios acariciaban los míos, cómo si jamás se cansaran de ellos. El beso que marcaba el muchacho comenzó a volverse más pasional. Entonces solté un sollozo ahogado entre sus labios. Inuyasha abrió un poco los ojos y sólo entonces se percató de las lágrimas que corrían por mis mejillas, y de lo completamente triste que estaba. Se alejo lentamente de mis labios y se quedó viendo sorprendido las lágrimas que seguían bajando por mis mejillas. Sin saber cómo me libere de su agarre.

-¡Te odio!-Le grité y salí corriendo de ahí, todavía llorando-

Contado por Inuyasha:

No podía dejar de pensar en Kagome, y en cómo se comportaría cuándo me viera de nuevo, podría soportar cualquier cosa, pero no que ella me detestara.

Al día siguiente muy temprano como siempre, ya que era muy madrugadora, Kagome llegó a mi habitación, pero nunca antes me había traído el desayuno a la cama. Voltee a verla inmediatamente, por su cara pude ver que todavía estaba molesta conmigo. Y es que realmente sabía que me había comportado cómo un idiota, no tuve más remedio que bajar la mirada.

-Joven su desayuno-Me dijo mientras me ponía la bandeja en la cama, fue entonces cuándo note que ella me estaba llamando "Joven" de nuevo, pero no podía regañarla por eso después de haber sido yo el culpable de esta situación, entonces le escuché decir- Ahora si me disculpa tengo cosas por hacer.

¿Tanto le molestaba mi presencia? No, no podía irse tan pronto, no antes de darle una explicación, que arreglara las cosas.

-¡Kagome, espera!, sobre lo que paso ayer, yo…

-No tiene que darme ninguna explicación joven-Me contesto de una forma que note demasiado fría-Me retiro.

-¡Kagome!-La llamé, por suerte, ella se volteo, pero toda mi ilusión se cortó al oír decir:

-¿Desea algo?

¿Qué si deseaba algo? Por supuesto, la deseaba a ella desnuda en mi cama. Pero ¿que

hacía de nuevo pensando así? Era esa forma de pensar lo que me había traído hasta aquí.

-No, pero…

-Entonces me retiro-La vi voltearse y salir de la habitación-

-¡Kagome, espera Kagome!-Le grité tratando de detenerla, pero ella no me hizo el menor caso. ¡Por Dios!, ¡Kagome, me estaba ignorando!-

No tarde mucho tiempo, antes reaccionar y salir tras ella. Súpose estaba en el estudio, ya que hoy, le tocaba limpiarlo, y además de mi habitación, ella siempre empezaba por los trabajos más difíciles.

-Kagome necesitamos hablar-Le dije tratando de ser serio-

-Lo siento joven, pero no tenemos nada de que hablar-En su voz y en su rostro se demostraba que ella estaba más que molesta-

-Pero, Kagome…

-Joven, le ruego que me deje hacer mi trabajo en paz-Trate de hacer que ella me prestará atención, pero no logré nada, resignado salí de la habitación-

Camine hacia ningún punto en especifico, no comprendía por que su rechazo me dolía demasiado y el que ella si quiera me hablará me importará tanto. Estuve meditando en esto durante horas, sin llegar a ninguna conclusión en realidad. Cuándo por fin me canse de pensar y pensar en lo mismo sin llegar a nada, decidí que tal vez podría ir a mi cuarto y buscar algo para entretenerme y olvidarme de Kagome, por un mínimo segundo. Sin embargo mi mala suerte hizo que al entrar ella estuviese ahí. Kagome estaba acomodando las sabanas blancas de la cama, la observe en silencio, poco a poco mis ojos se fueron entrecerrando a medida que la veía a ella e ideas para nada sanas surgían en mi mente ¡Por Dios! Cómo deseaba tener a Kagome completa sólo por una noche en esa cama que ella hacía con tanto esmero; cómo anhelaba probar, disfrutar de aquél cuerpo que para mi resultaba prohibido, no soportaba esta ansiedad de poseerla y es que realmente con gusto dejaría totalmente desordenada esa cama en este momento. Kagome… Cuánto deseaba amarla, besarla, sentir cómo mis labios serian capaces de comerse los suyos si pudieran, sentir mi lengua dentro de esa pequeña boca, saborear con sumo deleite todo su sabor, abrazarla, recorrer todo su cuerpo, decirle que era lo que sentía… Pero no podía…

Pese a todo tenía que aceptar que Kagome me volvía completamente loco con esos ojos color chocolate tan tiernos, sus mejillas de ese tono rosado que adoraba, sus frágiles y pequeñas manos, el color de su piel, el inconfundiblemente dulce olor que irradiaba su cabello y su diminuto cuerpo, ¡Todo! Estaba harto de tener que contenerme… Pero no tenía otra opción, ella era apenas una niña y además un ángel cómo lo era Kagome no podía estar con alguien cómo yo…

Observe cómo ella terminó de acomodar la cama y se acerco a el armario, la mire durante unos minutos viendo como ella doblaba algunas prendas de mi ropa, no era correcto espiar a Kagome durante cada cosa que ella hiciera, eso era demasiado enfermizo, baje la mirada apenado y regañándome en silencio por hacerlo y entonces finalmente me decidí a hablar:

-Deja eso Kagome, no es necesario que lo hagas, es sólo una pérdida de tiempo-Al escuchar mi voz Kagome volteo a verme-

-Eso no es cierto, y por supuesto que es necesario que lo haga ya que es mi trabajo joven-Ella de nuevo me hablaba de esa manera tan fría, tan distante, y no me gustaba para nada-

-Si pero está es mi habitación y me gustan mis cosas tal cómo están, no tengo el menor deseo de que venga una niñita desquiciada a cambiarlo todo-Le sonreí, hablándole con algo de sarcasmo para ver si lograba descongelar aquella expresión en su hermoso rostro, no me gustaba verla así de seria, esa no era ella, me recordaba a el rostro de Kanna sin expresión o al de Kikyo a quien yo creía demasiado frívola, realmente no comprendía cómo es que a Kagome Kikyo le parecía agradable y lo que menos deseaba es que Kagome terminará pareciéndose a una de esas 2-Y también te equivocas-Le corregí- ya que tu trabajo es complacerme, y no me complace para nada que me desobedezcas ¿Entiendes Kagome?-Confieso que me excedí un poquito en lo que dije, pero Kagome de inmediato me respondió:

-No y si no te gusta mi manera de trabajar puedes despedirme cuándo quieras-Eso me dejo totalmente helado, lo que menos deseaba era que ella se marchará, si pudiera la ataría con cadenas para tenerla siempre junto a mi, pero lamentablemente eso seguramente estaba condenado por la ley; pero es que al decirme aquello ella había pegado justo en mi debilidad, irónicamente ella…-

-Bien-Suspire frustrado, no terminaba de comprender la forma tan simple en la que ella me había derrotado, ¿Así demostraba lo que sentía hacia ella a través de estas rendiciones? Y es que Kagome me provocaba una suma debilidad, no ceder ante ella era casi imposible-haz lo que quieras… -Entonces recordé-Pero por otro lado Kagome tu y yo necesitamos hablar.

-¿Hablar? No entiendo no hay razón para hacerlo-Me respondió fríamente y salio de el cuarto, ¿Porqué ella me trataba así? y lo más importante ¿Porqué me dolía tanto?…-

Durante todo el día estuve tras ella, tratando de que me permitiera hablarle y solucionar todas las cosas, pero lo único que obtenía era el rechazo y la frialdad de parte de la bella muchachita, verla ignorándome me partía el corazón, no lo soportaba, si no podía tener lo que deseaba, al menos deseaba tener sus sonrisas para iluminarme y servirme de consuelo; pero ahora, conforme el tiempo avanzaba, mi paciencia se fue agotando, y ya para el anochecer la encontré caminando por un pasillo demasiado oscuro, conocía ese lugar casi nadie pasaba por ahí, a Kagome le encantaba ponerse en situaciones peligrosas.

-Kagome, por favor necesito hablar contigo-La llamé, me sorprendió que mi voz sonará suplicante, sin embargo, al parecer eso me ayudo porque ella volteo a verme-

-Ya te lo dije no tenemos nada de que hablar-Esa respuesta, rompió toda la paciencia que pudiera haber dentro de mi, y la mire molesto-

-Escucha Kagome, no soy de los tipos a los que les gusta estar rogando por atención, y sin embargo contigo lo he hecho.-Le confesé, sin embargo ella permanecía sin inmutarse, lo que decía que nada de lo que yo decía le importaba, enojado la tome de la cintura de improvisto, y la arrincone contra la pared del pasillo, entonces al fin pude ver su mirada llena de miedo, y en un intento por que la dejará, me dijo:

-Joven, esto no es el estudio cualquiera podría verle.

Le sonreí, adoraba el tenerla completamente a mi merced.

-Vernos -Le corregí-Y lo dudo mucho este pasillo es uno de los menos transitados, las personas pasan por aquí, cada 2 o 3 semanas mínimo.

-Inuyasha, por favor suéltame, me lástimas-Me pidió, me encantaba verla tan indefensa-

-¿Ahora si te acuerdas de mi nombre no?-Le pregunté, con algo de burla-¿Y qué te lastimo?, ¿Yo te lastimo a ti? Te detuviste tú a pensar en cómo me lastimaba, cómo me dolía cada vez que me ignorabas. No lo soportaba ¡Era una agonía!

-Eso era lo correcto. Déjame en paz-Me gritó Kagome, respuesta incorrecta, cerré los ojos tratando de ignorar la rabia y el deseo que se mezclaban en mi interior y ser coherente, pero al estar cerca de ella, la coherencia huía de mí, abrí los ojos y le grite:

-¡No voy a hacerlo!, ¡No puedo hacerlo!, ¡No quiero hacerlo!, y me importa un maldito bledo, si está o no bien.

-¡Déjame!-Protestó ella tratando de huir de mis brazos, eso no lo permitiría, y recordé que Kagome se encontraba totalmente a mi merced, aproveche eso para acercarme a su cuello y oler su dulce aroma, ese mismo aroma que me volvía loco-

-Eres demasiado hermosa-Le susurre en el oído, sentí como ella se estremecía en mis brazos, seguramente presa del miedo y el horror, bajo la vista y pude ver que deseaba llorar-

-Déjame, lo único que quiero es que me dejes en paz-Este comentario me sorprendió, así que a pesar de sentirse mal, trataba de hacerse la fuerte, -

Me reí con burla, así que quería que yo la dejará en paz, eso y el hecho de que me estaba muriendo por besarla, no me permitía respirar, si claro dejarla en paz. Cómo si pudiera hacerlo.

-Sabes que no lo haré, y ahora dime, ¿Por que me has estado evitando e ignorando en todo el día?-Bajo la cabeza para evitar contestarme, pero yo quería conocer la respuesta, y tomé repentinamente su mentón para obligarla a contestarme, pero visiblemente ella no quería contestarme, fue entonces que la respuesta me cayó como un rayo en la cabeza- ¿Por qué?, ¿Por el beso de la otra noche? Kagome, eso no era un beso, esto es un beso.

Sin poder contenerme más acerque mis labios a los suyos con violencia, en ese momento la pasión me embargo y me perdí en la dulzura y suavidad de esos labios color carmesí, llevándome por el deseo que sentía rodee su cintura con mis brazos, y entonces noté que Kagome se revolvía entre ellos y la abracé con más fuerza. Cómo adoraba aquél perfume tan característico de ella, el suave y tenue calor de su cuerpo, así cómo lo frágil que ella podía llegar a ser. En un determinado momento, ella abrió los labios, supuse que para pedir ayuda o algo así, aproveche ese momento, para introducir mi lengua a su boca. Pude saborear su aliento con mi lengua ¡Por Dios! ¡Esa pequeña niña sabía a gloría! Su sabor me fascino era tan dulce, casi cómo si un caramelo se estuviera fundiendo en mi boca y desprendiera miel. Ella intentó pegarme, uno de mis brazos soltó su cintura y se posesiono detrás de su cabeza, forzándola a profundizar más el beso, pudiendo disfrutar aún mejor de su sabor. Ella quedó completamente inmovilizada entre mis brazos. Estaba tan sumido en el sabor de sus labios, y el hecho de que al fin podía disfrutar plenamente de ellos, y es que entre más cálidos sentía los labios de Kagome, más ganas tenía de que esto nunca acabará, quería que ella entendiera mis sentimientos, algo realmente imposible porqué ¡Ni siquiera los entendía yo! Y es que no tenían sentido; pero quería que ella me correspondiera, y el sólo pensar que Kagome estaba enamorada de alguien más hacía que ardiera en celos, hice el beso más duro y pasional a propósito, quería que ella comprendiera todo lo que me provocaba. Fue por eso que cuándo escuché un pequeño sollozo creí estar alucinando, abrí lentamente los ojos y sólo en ese momento me percate de sus lágrimas ¡Ella estaba llorando!, ¡La había hecho llorar! Me aleje a contra mi voluntad de sus labios viendo totalmente sorprendido y sin poder creer las lágrimas que rodaban por sus mejillas. Ella aprovecho el momento para liberarse de mi. Fue entonces cuándo escuche su voz, impregnada de dolor.

-¡Te odio!-Me gritó para luego, salir corriendo de ahí, con las lágrimas sin dejar de correr-

Ahí estaban aquellas palabras que yo no quería oír:"Te odio", "Te odio", "Te odio", esa frase resonaba en mi cabeza, ella me odiaba, y eso no era lo peor, sino que al besarla el deseo se había apoderado de mí. Me dolía el muslo, tal y como si alguien lo hubiera marcado con hierro candente, sentía cómo si el fuego del infierno se hubieran instalado en ese lugar, me maldije a mi mismo al tiempo que intentaba calmar la lujuria que se había apoderado de mi cuerpo.

-¡Maldita seas Kagome! Eres mi perdición, te juro que lo eres…