OMG DISCULPEN, ANOCHE SUBÍ AQUÍ EL CAPÍTULO QUE NO ERA =O... PERO AHORA SÍ, PROBLEMA ARREGLADO ;)


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Hoy es día de actualizaciones =P

Espero no saturar con mucha lectura a quienes leen mis dos fics, este y flor de cerezos, pero es que últimamente ha habido mucho Sorato *puaj* en la página =O Y eso había que contrarestarlo a como diera lugar *vendetta*

Y ahora bien, para los que sólo leen este fic, quiero empezar pidiendo disculpas por el retraso fenomenal que tuve. En especial pido disculpas a Roww, a quien le había prometido subir capi nuevo antes de irme de viaje pero no pude cumplirle =(. Te dedico este capítulo =D.

No se me ocurrió gran cosa para el título de este capítulo ._. así que le puse el nombre de la canción que utilicé en él =/

Por cierto la canción que usé es de un grupo venezolano llamado Ikarus. Si deciden escucharla en youtube, tengan en cuenta algo: Me pareció que la letra era perfecta para la ocasión, más no así el ritmo, me la imaginé en una melodía más suave... No, no es cierto, no imaginé la melodía, soy terriblemente mala para eso -.-' Pero uds. sí imaginen una suave xD, porque la que tiene como que no cuadra u.u.


Capítulo 6.

Más que tu Amigo.


...

Tai vio como Sora ingresaba al café. Una sonrisa se dibujó en sus labios al verla. Ese día había tardado más de lo normal en llegar. De seguro había tenido cosas que hacer antes de reunirse con él. Al verlo, le dedicó una adorable sonrisa y se apresuró para sentarse frente a él. Se saludaron mientras la camarera se acercaba para tomarles el pedido.

—¿Qué tal tu día? —preguntó él para iniciar conversación.

—Bien. Hoy descubrí que puedo ser una buena ayudante para Cupido… Quizás algún día le quite el empleo —contestó ella seria mientras entrelazaba sus dedos a la altura de la barbilla—. Ya que lo último que supe es que las personas cada vez están más desconformes con su trabajo… Eso sí, no pagan bien.

Tai rió. Era tan agradable hablar con ella, podía parlotear de cualquier tema hasta robarle una sonrisa. Era una de las cosas que más le gustaba de Sora, su facilidad para hacerlo reír.

—Pero si vas por ese trabajo, trata de que sea para después de San Valentín, o vas a saturarte —advirtió.

—Cierto, cierto. Voy a esperar un poco antes de enviarles mi curriculum.

— ¿Y a quién uniste el día de hoy, oh futura reemplazante de Cupido?

En ese momento llegó la camarera con sus cafés. Sora envolvió el gran tazón con sus manos desnudas. Llevaban varios días con buen y agradable clima, ese día era esplendoroso en sí, pero de todas maneras a ella le encantaba recibir el calor del café en sus manos.

—A Mimí y Matt… o eso espero. Sólo lo empujé a que la invitara a salir. Ya sabes, amenazas de muerte, tortura y esas cosas… Lo usual — rió.

No era la primera vez que ella le hablaba de su amiga y su amigo, pero Tai no se había imaginado que entre esos dos podía haber una historia. Interesado por saber más de la vida de su amiga, le preguntó más sobre su historia de celestina, por lo que le contó, sin bromas, lo que había pasado, cómo se había dado cuenta y por qué había animado a su amigo a invitar a salir a su amiga.

—Así que ahora espero la invitación de matrimonio —Tai carcajeó suave ante lo que Sora le decía y luego bebió otro sorbo de su café—. Y bien, cuéntame de ti. ¿Cómo te fue la otra noche? — Preguntó la chica, aunque obviamente conocía de primera mano la respuesta.

La sonrisa que mantenía el moreno en el rostro se desvaneció sin decir adiós y en su semblante reinó la decepción. La pelirroja se inclinó un poco hacia él, con una expresión de preocupación.

—Nada bien. Fui a verla, pero me ignoró monumentalmente... Lo peor es que aun así no puedo sacármela de la cabeza.

—Quizás no deberías ir a verla otra vez —sugirió ella—. Además, no creo que busques alguna relación seria con ella, ¿verdad?

Tai se quedó pensando ante aquella pregunta. Él no sabía bien qué quería al buscar a Rubí. No la conocía, no sabía nada de ella, pero aun así había conseguido meterse bajo su piel y se negaba a salir. No, él no buscaba una novia, ni en ese club ni en ningún otro lado, pero por algo que no entendía quería acercarse a ella, conocerla, descubrir exactamente por qué le atraía de esa manera. Era un deseo irracional y sin el menor sentido, pero ahí estaba, presente. Y lo peor del caso es que cuando no estaba pensando en Rubí, era Sora quién gobernaba sus pensamientos, con su sonrisa cálida y contagiosa, con esa mirada dulce y llena de vida, con su voz tan dulce.

Cuando miraba a Sora y recordaba a Rubí, sentía que en ellas estaba todo lo que, sin saber que lo hacía, buscaba. ¿No sería ideal poder juntar a la bailarina y la pelirroja en una sola mujer? Si así fuera sin duda consideraría la opción de tener novia, tendría lo mejor de dos mundos solo para él.

—La verdad es que no sé por qué la busco. Sólo sé que quiero conocerla mejor. Tiene algo que me llama, me cautiva. Cuando la veo en el escenario sé que no es como las demás que trabajan ahí, ella es diferente.

—Pero es una stripper. ¿No te molesta o algo?

Tai miró extrañado a Sora. Nunca se hubiera imaginado que fuera alguien prejuiciosa.

—No, no me molesta. Es una persona, sin importar lo que haga para ganar dinero.

Sora lo miró fijamente mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro. No todo el mundo pensaba así, no todos eran tan abiertos de mente como el guapo Tai. Para ser sinceros, ella jamás pensó que conocería a un hombre, además de Matt, que no le importara que profesión tuviera la mujer, y que incluso la defendiera. Muchas veces había preguntado a diversos hombres sin tendrían una novia que fuera una stripper y todos decían que como novia no. ¿Para pasar la noche y divertirse uno días? Ningún problema.

Tai era alguien con quien podría estar y contarle qué hacía por las noches para pagar sus estudios, era el hombre perfecto. Guapo, encantador, de mente abierta…

Pero tú tienes novio, —se recordó— aún tienes novio y no puedes ver a Tai con ojitos soñadores.

Exacto. Aún tenía novio y a menos que terminara con él de una buena vez, no podía pensar en Tai de otra forma que no fuera como un amigo.

Y si era amiga de Tai, su deber era alejarlo de algo que no tenía sentido.

—Bueno, si ella no te va a dar más bola, quizás no deberías ir de nuevo a verla —sugirió.

Él se quedó pensando, meditando el asunto. La pelirroja se preguntó qué ideas estarían cruzándose en su cabeza, se preguntó si realmente le interesaba Rubí y lamentó que esa atracción que sentía por su alter ego no la sintiera por ella, por la mujer detrás del antifaz.

—Creo que tienes razón — aceptó él, dando un nuevo sorbo a su bebida — Sea lo que sea esto que estoy sintiendo, no va a ningún lado. Debo sacármela de la cabeza. — Habló decidido.

Sora sintió una punzada en su corazón. Ella sabía que lo mejor era eso, que él se alejara y tratara de sacarse de la cabeza a la bailarina, pero en su interior esa idea no resultaba agradable ¿Quién la entendía?.

Queriendo olvidarse de esas emociones y alegrar a su en ese momento, serio amigo, dio el último sorbo a su café y tiró un par de dólares sobre la mesa, luego cogió la mano de él y lo obligó a ponerse de pie.

— ¿A dónde vamos? —inquirió él mientras dejaba un par de dólares también y se ponía de pie para seguirla.

— ¡Vamos de shopping! —exclamó dichosa y rió fuerte al ver la expresión de asombro de él. — Será divertido, créeme — Le guiñó un ojo.

Sin soltarle el agarre de la mano lo arrastró por las calles de Tokio, hasta llegar a esa vieja tienda que a ella tanto le gustaba. Era una tienda de disfraces y antigüedades, casi olvidada entre los grandes edificios de la ciudad. Mimí era quien se la había dado a conocer.

Tai la miró extrañado, más aún, al ver el lugar al que lo había llevado.

— Ay, por favor, no me digas que nunca has hecho esto de probarte disfraces y cosas antiguas —bufó ella rodando los ojos.

—Pues la verdad no. — la miró en forma relajada, pasando una mano por detrás de su nuca

Ella lo miró con fingido y exagerado espanto, mientras se tapada la boca con una mano.

— ¡Oh, pobre alma en desgracia! Es una suerte que haya llegado yo para salvarte. Esto es algo que debes hacer, al menos, una vez antes de morir —dramatizó y él la dejó de mirar con el ceño fruncido, las comisuras de sus labios se elevaron formando una dulce sonrisa—. ¡Anda, vamos! Esto es divertido — Tomó sus dos manos y tiró de él hacia dentro.

Lo empujó contra una corrida de disfraces y ella se fue a otro lado a buscar atuendos que probarse. Fascinada por todo lo que había para escoger, se llenó los brazos y entró a un probador. A los pocos segundos salió con un disfraz de vampiresa que modeló para Tai, quien aún no escogía ninguno para él.

— ¿Qué opinas? ¿Verdad que me veo perfecta para protagonizar la próxima película sin sentido de vampiros?

Él carcajeó mientras asentía. Sora entró corriendo para cambiarse el disfraz por otro.

—Más vale que para cuando salga hayas escogido un disfraz, ¿eh? —Gritó desde dentro del probador— Y ya sabes a que me dedico en mi tiempo libre, así que no me obligues a esconder tu cuerpo en el río Arakawa.

Escuchó la risa de su amigo y que después se movía. Ella se cambió el atuendo. Eligió uno de Catwoman, con látigo incluido. Cuando salió, su amigo no estaba, pero no tardó en aparecer vestido como monje. Al verlo con esa expresión incómoda y su cara sonrojada, ella explotó en carcajadas. Recién ahí, él la miró y se quedó con la boca abierta al verla en aquel disfraz tan sensual. Sora sintió una satisfacción interior recorrerle el cuerpo al ver la mirada intensa y aprobatoria en los ojos de él. Se percató de un brillo muy similar al que había visto antes en los ojos del moreno, en esas noches en el club.

Ella se acercó moviéndose sensualmente mientras jugaba con el látigo, con la simple finalidad de provocarlo.

—Elegimos disfraces a juego, ¿eh? —dijo cuando estuvo frente a frente, pasándole una mano por el pecho.

Él no pudo hablar, la miraba embobado y ella rió más fuerte.

—Pero el café no es tu color. Quizás deberías buscar algo más pecaminoso, ya sabes, como un ángel o esas cosas —bromeó ella y se alejó, porque mantenerse tan próxima a él comenzaba a afectarla.

Se congeló cuando sintió la mano de él en su cintura, quemándola a través del traje de látex que se ajustaba tan bien a su cuerpo. Por unos segundos su corazón dejó de latir y la respiración se le quedó atrapada al ver la intensa mirada de Tai. Era de esa manera llena de deseo con la que miraba a Rubí, pero esta vez la miraba a ella, a Sora. Y eso la afectó de verdad.

Se alejó de inmediato, sintiendo que las rodillas le flaqueaban.

—Yo… yo también voy a probarme otro disfraz. — Pronunció, intentando no tartamudear.

Prácticamente, se fue corriendo a su probador para elegir algo menos sensual y más gracioso, para aligerar la tensión sexual que había sentido entre ellos segundos antes. Apoyó su espalda contra el espejo y luchó por calmar su respiración. Como Rubí estaba acostumbrada a ese tipo de miradas hambrientas, pero como Sora la cosa era distinta y no sabía cómo reaccionar. Había separado tan bien a su alter ego de ella misma que eran, prácticamente, dos personas totalmente diferentes.

Sacudió la cabeza, decidiendo que no debía darle más importancia de la que tenía. Sólo había sido el disfraz, nada más.

Volvió a salir vestida como Elizabeth Benett y él se había vestido, nada más y nada menos, como Darcy. Ella se rió y olvidó el tenso momento anterior.

—Esta vez sí que no combinamos —sentenció ella con las manos en las caderas.

Él río también.

Durante un par de horas se probaron decenas de disfraces, posaron, jugaron entre ellos y bromearon. Tai cada vez se soltaba más y hacía casi tantas locuras como Sora. Reían a mandíbula batiente y agarrándose las costillas, cuando se dieron cuenta que la tienda estaba por cerrar.

Se despidieron frente a la tienda aún sin perder la sonrisa en sus rostros.

— Muchas gracias por todo, me divertí muchísimo — Le dijo Tai mirándola a los ojos.

— Yo también, otro día lo repetimos — Le sonrió ella. — Hasta luego — y como de costumbre se paró de puntillas y besó la mejilla del chico.

La chica fue directo al club a prepararse… Era hora de dejar salir a Rubí, pero no se sentía muy animada al saber que él no iría a verla esa noche.


..

El timbre del departamento sonó, en señal de que la visita tan esperada había llegado. El rubio dejó los guantes de cocina que había estado utilizando para preparar la cena y corrió hasta la puerta principal para recibir a su invitada. Giró la perilla de la manilla y quedó boquiabierto al ver lo hermosa que lucía Mimí aquella noche.

La castaña llevaba puesto un lindo vestido azul tipo coctel, zapatos de tacón blanco y aretes brillantes, como si estuviera preparada para ir a una fiesta.

— Matt, ay no… Lo siento, yo no sabía cómo vestirme, pensé que… Cielos, debí ponerme el Jean y la remera solamente… Pero no estaba segura de la ocasión — Empezó a parlotear al ver que delante de ella el rubio se encontraba con una bermuda, una playera y zapatos deportivos — Yo… debería regresar a cambiarme.

— Te ves preciosa — La interrumpió — Debería ser yo quien deba cambiarse — Se miró a el mismo. Mientras que Mimí parecía una reina de belleza, el estaba de lo más casual posible.

— Déjalo así — Suspiró — Al menos combinados en algo… Tu playera es azul y tus gomas blancas —Se encogió de hombros.

Luego de superada la crisis nerviosa que tuvo la castaña al ver que no fue vestida de acuerdo a la ocasión el chico la escoltó hasta el comedor, donde retiró la silla caballerosamente para que ella se sentara.

— Espera aquí, traeré la comida — Le dijo gentilmente y se encaminó hasta la cocina en busca del platillo.

La castaña esperaba paciente a que su amigo apareciera, mientras tanto observaba el lugar. El departamento de Matt estaba tan limpio e implacable como siempre, típico en él.

Sobre la mesa del comedor, había puesto dos velas, las cuales al parecer llevaban un buen rato encendidas, ya que la cera de ambas se veía bastante desgastada, además había suficiente iluminación artificial en aquella habitación lo que hacía que el fuego de estas no llamara la atención… Aquello le causó gracia a Mimí.

Matt era un chico sumamente varonil, rustico, frio y con aire de rebelde, eso era precisamente lo que lo hacía sexy. Con el detalle de las velas supuso ella que intentó sacar a relucir en él un lado detallista y romántico, que por lo visto no se le daba demasiado bien, pero… lo que contaba era la intención.

¿Pero para que quería el rubio mostrar un lado detallista y romántico estando con ella? ¿Quizá ella le gustaba a Matt? ¿O era solo su imaginación? Pero ¿Por qué le gustaría al chico? Si los dos eran buenos amigos desde hace tiempo y que ella recordase aquel nunca le había prestado demasiada atención… Todavía la confundía un poco el hecho de estar aquella noche en el departamento de Ishida en una especie de plan de cita.

— Oye Mimí — La castaña salió de sus pensamientos al oír como el chico mencionaba su nombre.

— Dime

— ¿Te importaría si pedimos una pizza? — Preguntó con la mirada gacha.

La castaña se paró de su lugar y fue hasta la cocina donde observó como el platillo que preparaba Matt estaba completamente quemado e irreconocible.

— Lo siento — Habló él detrás de ella — Lo he arruinado todo y no llevas ni quince minutos aquí… Quemé la comida, encendí demasiado antes las velas y tan siquiera me vestí de una manera decente para la ocasión. Supongo que soy la peor cita que has tenido en tu vida — Su mirada seguía baja.

La castaña lo observaba fijamente y luego de unos segundos estalló en risas — Creo que eres muy tierno — Dijo siendo completamente sincera. Luego cayó en cuenta de lo que había dicho y se sonrojó — Es decir, te estás esforzando mucho para que me sienta bien, tú sabes con las velas y todo los demás… ¿Qué tal si nosotros hacemos la pizza? — Cambió de tiro la conversación al sentirse incomoda.

Matt asintió con una sonrisa de medio lado en el rostro y comenzó a sacar los ingredientes necesarios para la preparación de la cena.

Luego de algún rato ambos chicos se encontraba sentados en la alfombra de la sala, comiendo sus porciones de pizza preparada por ellos mismos. Había quedado exquisita, valía la pena mencionar.

Lo mejor de todo es que mientras la estaban cocinado y a medida que la iban comiendo se la pasaron hablando de cualquier trivialidad, riendo y ciertamente divirtiéndose.

— Entonces mi mamá sacó el álbum de fotos de cuando era niña en frente de todo el mundo y — calló al notar algo que llamó su atención — ¿Ahí es donde guardas tu bajo? — Era increíble lo rápido y fácil con lo que la chica podía cambiar de tema.

— Si ¿Por qué? — Preguntó girando la cabeza al sitio que miraba la castaña.

— ¿Tocarías algo para mí? — Pidió emocionada.

— Mmm, no lo sé, tendría que afinarlo.

— Por favor Matt — Hizo algunos pucheros infantiles — Toca algo rapidito, vamos. — Juntó sus manos en señal de ruego.

— Está bien — Suspiró no pudiendo aguantar la mirada de Mimí.

El chico tomó el instrumento y lo sacó de su estuche. Comenzó a mover algunas cuerdas con el fin de afinarlo, para que las notas se escucharan de mejor manera.

— ¿Qué te gustaría escuchar? — Preguntó al terminar con la afinación.

— No lo sé, lo que sea… O espera — Lo meditó dos segundos — ¿No hay nada hecho por ti? Sé que te gusta componer.

No iba a mentirle en eso — Si hay algo, pero… — Su semblante se puso pensativo — olvídalo, no está terminada.

— No importa, con solo un poco basta — Le sonrió animándolo.

El rubio lo pensó unos segundos y luego asintió. Colocó el instrumento entre sus manos y comenzó a tocar una melodía suave para luego cantar.

Espero que no te cause enojo, si hoy te veo con otros ojos… Si notas que me pongo un poco celoso cuando tú hablas con otro…

Había comenzado a escribir esa canción desde hacía algunas semanas. Más específicamente desde que Michael había aparecido en Cabaret y Mimí se le había acercado. Era una canción que reflejaba sus sentimientos hacia la castaña, por eso se lo había pensado antes de acceder a tocarla.

Entiendo que somos solo amigos… pero esto solo pasa contigo… Que me quiero hacer el indiferente, cuando en verdad por ti yo estoy demente…

La castaña escuchaba la melodía prestando especial atención a la letra. ¿Era eso acaso una indirecta hacia ella? No, no podía ser, imaginaba cosas… Era solo una canción que no la involucraba en absolutamente nada.

No me cierres la puerta… Mírame y date cuenta, que mi voz ya no es de amigos… Yo, enserio quiero algo contigo.

¿Qué le pasaba? Por alguna razón desde que Matt había comenzado a tocar su corazón se había acelerado, sobre todo al pensar que aquello podría estar dedicado para ella... Quizá era el hecho de que su amigo tuviera una voz preciosa.

Yo, quiero ser algo más que tu amigo... Disculpa si mi amor te sorprende, es que yo no podía más esconderle…

Con cada palabra que pronunciaba sentía como le sudaban más las manos. Le estaba tocando la canción a Mimí y tenía la impresión de que ella se estaba dando cuenta de para quien iba dirigida la letra.

Si, quizás de mí tú no lo esperabas… Que te dijera cuanto te amaba… No es bueno callar lo que se siente.

¿Cómo hacía para no pensar que era para ella? Si Matt la miraba fijamente a los ojos a medida que cantaba, haciendo que por alguna extraña razón a ella le temblaran las piernas.

Te amo mi amiga y te lo digo de frenteeee.

Al terminar de cantar Matt no pudo separar su penetrante mirada azul de las pupilas color miel de Mimí, quien también tampoco apartaba sus ojos de los suyos.

En ese momento sintió que debía arriesgarse. Después de todo, quien no intenta, nunca gana ¿cierto?

Fue acercándose lentamente hasta los labios rosados de su compañera, la cual no se movía ni un centímetro. ¿Eso era buena señal no? Estaba cada vez más cerca de unir su boca con la de la castaña, pero cuando faltaban solo milímetros para el beso la chica se levantó corriendo.

— Lo siento Matt… Yo… Simplemente no puedo — Se excusó y salió a toda de velocidad del departamento.

El rubio no pudo hacer nada en aquel momento, solo observar como la chica se alejaba a toda velocidad.

Pateó con furia una mesa ratona que había delante de él…La había cagado.


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Notas de la Autora:

* Tai y Sora salieron... Dieron vueltas por el mundo y se divirtieron horrores yendo de shopping.

* Sora le recomendó al morenito no pararle más bola a Rubí, pero le dolió ver que este le hiciera caso ¿Quién la entiende?

* Tai sigue pensando de aquí pa' allá en Rubí, pero también piensa en Sora, y mientras estaban jugueteando en la tienda incluso la llegó a mirar con ojos de deseo =O.

* En la parte mimato del día tenemos que a Matt los nervios lo traicionaron e hizo desastre -.-' Pero a Mimí eso le pareció lindo (L).

* Luego de su comida el chico tocó una canción para la castaña *.* A la que se le aceleró el corazón y le temblaron las piernas =O.

Próxima publicación: Ahora sí, sin falta. Será el próximo viernes.

Agradecimientos: Gracias por leerme y dejarme un lindo y gratificante comentario:

Shaoran, Patroclo, CherryMurder, Stefy, Dan, Roww, Gravi, Shio, Puchisko, Faty, Tai Kamiya, Johita y a mi Leeen bella.