Capítulo 6
Xena no entendía como habían permitido atacar sus alimentos hasta que llegó al lugar de los hechos, apenas observó el terreno y supo que sus soldados habían permitido todo aquello incluyendo el escape de las mujeres por la forma inexperta en la que todo había pasado.
Habían huellas de botas y caballos, en una misma dirección, nisiquiera se molestaron en cubrir sus rastros, solo debían seguir las pistas y encontrarían pronto a las amazonas.
-Quizás sea una trampa Señora Conquistadora, replicó Garzón. - Es demasiado fácil, las amazonas no son tontas.
-No lo creo, esto no fue un ataque planeado, solo el furor de un inexperto quizás unas reclutas sin experiencia. Respondió la morena. - Si nos damos prisa las encontraremos.
Xena subió a Argos y el enorme semental negro corrió hacia las montañas guiado por el rastro torpe de las amazonas, la guerrera tenía su espada lista y la mayoría de sus hombres habían corrido detrás de ella, finalmente tendrían algo de acción y no fueron decepcionados.
A pocos kilómetros de allí, en medio de los árboles, una pequeña tribu amazona se escondía. Habian centinelas entre los árboles, las cuales la morena persivio al instante, por la cantidad de mujeres que habían en los árboles la tribu cercana no debía estar muy poblada, sólo eran un grupo de espías cuando mucho.
La primera flecha se dirigió directo hacia Angus, la cual Xena hizo pedazos con su Chakran antes de tocar al hombre, los siguientes disparos fueron al azar, todos sus hombres los evadieron hábilmente, así que al momento de entrar al bosque dejando atrás el campo abierto, la morena alzó su cabeza para ver a no más de cuatro mujeres saltando rápidamente de árbol en árbol.
Conociendo a las amazonas como lo hacía era inútil seguirlas pues ellas no los acercarían a la tribu, sino al contrario tratarían de hacer que sus hombres se perdieran entre las rocas y los árboles lo más lejos posible de su base, Xena sólo levantó su mano en señal para que se detuvieran.
-Pero Señora Conquistadora, debemos seguirlas, sino escaparan. Grito un hombre en el fondo.
-Seguirlas sería caer en una trampa. Sólo observa y aprende. Respondió la morena.
Y salió disparada de su caballo con un solo salto hasta llegar al árbol donde antes habían estado las mujeres, reviso cada marca entre la madera hasta que encontró el rastro que necesitaba. Y comenzó a correr por los árboles cual amazona, en dirección opuesta a donde habían corrido las mujeres, los hombres del ejército quedaron con cara de tontos hasta que Angus grito:
-Esas amazonas son nuestras, vamos compañeros detrás de la Reina de los Guerreros.
Y la marcha fue a toda velocidad detrás de Xena que se balanceaba cuál simio por los árboles, hasta que hubieron pasado varios kilómetros, entonces la morena sólo se detuvo y de nuevo tocó tierra de un salto con la gracia de una reina.
-Las amazonas están detrás de esos árboles, la tribu se esconde en una fortaleza de madera. Murmuró la morena.
-¿Como debemos atacar Xena? Pregunto Rafael.
-No son demasiadas mujeres. Les superamos quizás veinte a uno. Quiero una entrada limpia, nadie debe morir, necesitamos información.
Y con esas palabras movió su espada hacia el frente dando la orden para atacar. Los hombres corrieron confiados en lo que la morena había dicho y sin duda no se equivocaba. El muro de madera detrás de los árboles no era demasiado alto y habían pocas mujeres custodiandolo. Los hombres rápidamente comenzaron a subir por el, la defensa fue rápida, pero insuficiente, por cada flecha lanzada subían diez hombres más, las mujeres no podían defender aquello.
La morena decidió bajar de su caballo, y camino lentamente hacia el muro, algunos hombres caían a su alrededor como madera seca pero a ella no le importo, una amazona la vio a los ojos y le disparo un hacha enorme la cual la morena sujeto en su mano en pleno vuelo hacia su cara, tiro el hacha y tomó varias lanzas que estaban detrás de ella y las lanzó al muro, construyendo una especie de escalera improvisada hacia donde se encontraban las amazonas.
Sus soldados comenzaron a subir por allí, como acróbatas entrenados. Y finalmente Xena también lo hizo, solo basto tres saltos sobre las lanzas y ya se encontraba frente a frente a una enorme amazona de cabello oscuro que tenía una espada igual de enorme en sus manos y la abalanzó sobre ella, movimientos bruscos y un poco vacilantes, la otra mujer debía esta aterrada.
Xena solo freno la espada de la mujer con la suya, fue un sonido brusco que partió en dos la hoja de la otra mujer, ella sin dudarlo lanzó sus puños contra la morena, pero Xena en dos toques al brazo de la mujer lo dejó inmóvil.
-Bloqueo sanguíneo y puntos de presión, no te preocupes volverás a usar ese brazo. Murmuró la morena antes de darle a dos partes de su cuello dejando a la alta pelinegra inconsciente.
Después de eso los ataques fueron simples, las amazonas eran muy pocas y estaban rodeadas, fueron cada una puesta en medio del patio de entrenamiento, siendo rodeadas por el ejército de Corinto.
-¿Quien está a cargo aquí? Grito la morena.
Pero ninguna de las mujeres respondió. Sólo se miraban unas a otras como si esperaran la muerte que se venía sobre ellas.
-No lo repetire, ¿quién está a cargo aquí?
Hubo un silencio inminente hasta que un quejido de un soldado se escucho mientras se derrumbaba de las filas. La morena se dio vuelta en dirección al ataque y noto a un nuevo grupo de amazonas llegando guiadas por una rubia de cabello rizado y dorado con cara de pocos amigos.
Xena rápidamente tomó su chakram y lo lanzó cortando las lianas de las amazonas enviandolas de un solo golpe al suelo. Las mujeres sin dudar se levantaron, posando sus armas contra sus hombres, pero la morena no estaba de ánimo para eso así que con un segundo ataque de su arma circular las amazonas quedaron solo con espadas partidas en dos.
-¿Quien eres? Pregunto Ephiny.
-Tengo muchos nombres. E, imagino que tu estas a cargo. Respondió la morena.
Xena levantó su brazo para dar la orden de bajar las armas. Sus soldados extrañados obedecieron dejando a todos en el lugar perturbados.
-Si peleas conmigo y ganas, podrás llevarte a todas estas mujeres contigo, nadie les hará daño, es mi palabra pero si pierdes respondieras a mis preguntas. Propuso Xena
Ephiny no entendía que tramaba aquella mujer, pero no tenía opción, pelear con ese ejército sería suicida y ella sabía que podía vencer a cualquier persona así fuese más alta o más fuerte.
-Aceptó siempre y cuando abandones tus armas y pelees limpiamente, respondió la rubia.
Xena sonrió y le dio su espada y su chakram a Angus, después se quito todo el exceso de metal de su uniforme, quedando tan simple como una amazona.
Ephiny tiro su espada, o lo que quedaba de ella, y comenzó la pelea tratando de derribar a la morena de una patada, pero su pierna fue detenida y bloqueada por las manos de la morena. Lo siguiente fue la demostración más impresionante de fuerza bruta entre dos mujeres, Ephiny a pesar de estar en desventaja, se levantaba una y otra vez. Con cada golpe destrozandole los huesos la rubia solo sonreia.
De vez en cuando sus puños alcanzaban a la morena, sobre todo cuando finalmente evadió sus ataques y conecto su puño con toda la fuerza posible sobre la nariz de Xena haciéndola sangrar. Quizás fue la primera vez que algo así le pasaba a la morena.
Cuando la pelea comenzó a extenderse demasiado, la morena no quizo lastimar más a la amazona, sin duda la mujer no se detendría hasta la muerte, y asesinar a alguien con ese talento para la batalla sería un crimen. Así que cuando Ephiny torpemente lanzó otro puño hacia la morena, ella sólo sostuvo su cuerpo herido entre sus brazos.
Los soldados rieron complacidos al ver una vez más a su reina triunfar en batalla, y las amazonas sólo bajaron sus cabezas sabiendo que estarían muertas dentro de poco.
Xena sólo sostuvo a la rubia en sus brazos y comenzó a gritar sus órdenes:
-Tendremos nuestro campamento aquí, las amazonas serán liberadas y traigan al médico, esta mujer no debe morir.
Los soldados pusieron cara de no saber si la morena hablaba en serio o bromeaba, al ver el rostro de Xena unos segundo lo entendieron y corrieron a obedecer, abrieron las puertas y liberaron a las amazonas que estaban aún más confundidas luego los soldados se repartieron para la guardia.
Mientras la morena dejó a la rubia con su médico personal y fue a limpiar la sangre de sus manos y su ropa, respiro profundo, le costó trabajo hacerlo probablemente su nariz estaba rota. Un día largo y pesado pensó para si misma así que salío de allí dejando a Garzón a cargo del lugar con un pequeño grupo de soldados, había ganado la primera batalla.
Ese día sería otro espanto para ella, cada uno de sus comandantes le replicó su decisión de dejar ir a las amazonas y estar gastando tanto cuidado en una de ellas, la morena molesta mando a todos al diablo y amenazó al siguiente que se atreviera a cuestionarla, nadie lo hizo, nunca lo hacen.
Solo quería despejarse, así que al caer la noche se fue con Argos directo al bar, la rubia no estaba entre las amazonas que había visto así que existía probabilidad de que no fuera una amazona y se encontrará de nuevo en ese lugar esperándola. Pero no fue así
