CAPÍTULO 6: LÍMITE

Los cuatro amigos pasaron el día juntos en el cuartel, continuando Light y L con sus piques habituales.

La semana pasó tranquila, sin percances. El cuartel estaba tranquilo, sólo interrumpido por alguna tontería de Matsuda y las típicas peleas de Light y L.

En una tranquila y soleada mañana, un grito desesperado rompió el silencio. Light, Stella y Leyre se asustaron y fueron corriendo hasta el lugar de dónde provenía. Al llegar a la cocina, vieron al detective junto a todas las alacenas abiertas y vacías.

-Emergencia. Las reservas están bajo mínimos y queda poco para la hora del café. Light, a por café. Leyre, a por azúcar. "Subordinada", a por pastelitos de fresa y limón- ordenó el detective con mucha seriedad, como si se tratase de algo de vital importancia.

-Tú eres tonto. ¿Para eso gritas? Pensábamos que te estabas muriendo- dijo Stella disgustada.

-Muriéndome estaré si de aquí a una hora esto no está lleno de azúcar? ¿O es que queréis repetir la escenita del otro día?- dijo mirando a Light con desdén.

El castaño suspiró con fuerza.

-Vamos a comprar de una vez esos dulces para que se calle- murmuró harto del detective.

Las dos policías asintieron y los tres salieron en busca de los encargos de L. Leyre y Light se encargarían de ir a por el café y el azúcar, y Stella se separó de ellos yendo a por los dulces a una famosa pastelería, quedando en veinte minutos frente a un quiosco que se situaba junto al puente que cruzaba el Río Manzanares.

Stella se dirigía hacia el punto de encuentro un poco antes de la hora, ya que había terminado pronto. Light y Leyre estaban acabando de comprar.

Cuando Stella se apoyó en la barandilla del puente, de cara al agua, un coche paró en la carretera, tras ella. De este bajaron dos hombres vestidos de negro. Ella no se percató de esto y cuando escuchó los pasos que se aproximaban, ya estaban frente a ella, agarrándola con fuerza. El primer impulsó de la chica fue zafarse de ellos, pero solo consiguió que apretaran más su agarre.

-¡Soltadme! ¿¡Quiénes sois!?- gritó la joven policía.

-Somos unos viejos amigos de Erald Coil, al que tú conoces como L- contestaron los hombres trajeados.

Stella intentó apartarse aún más, pero agarrándola con fuerza, la llevaron hasta el coche. Justo antes de obligarla a entrar, Light y Leyre aparecieron apresurados, viendo cómo se intentaban llevar a la chica.

-¡Soltadla!- gritó Light con autoridad.

El chico comenzó un forcejeo con los dos hombres mientras Leyre intentaba apartar a Stella de ellos. Light y Leyre consiguieron alejar un poco a Stella de los agresores, pero uno de ellos al ver la imposibilidad de atrapar a la chica, sacó una pistola de dentro de su chaqueta y disparó apuntando al pecho. Light percatándose de esto, empujó a Stella evitando que la bala diese de lleno en el corazón, pero si atravesó el hombro de la chica, que cayó al suelo por el impacto.

Los dos hombres huyeron enseguida e inmediatamente, Leyre llamó a una ambulancia mientras intentaban que la herida dejase de sangrar.

La ambulancia llegó enseguida y solo podía llevar a un acompañante, por lo que Leyre fue con ella y Light se quedó en la calle dirigiéndose rápidamente hacia el cuartel mientras llamaba a L.

-Dígame... ¿Light?- preguntó al escuchar la respiración entrecortada del castaño.

-L, escúchame, han disparado a Stella. Está de camino al hospital- explicó el chico fatigado.

-¡Cómo! ¿¡Qué demonios ha pasado!? Sólo os mandé a por azúcar- preguntó el detective sorprendido. En su voz se notaba una mezcla de frustración y preocupación.

-¡Y yo que sé! De pronto unos tíos con traje intentaron meterla en un coche y después la dispararon- se explicó Light como pudo.

-Le diré a Watari que tenga el coche preparado. En cuanto llegues, nos vamos- dicho esto, L colgó el teléfono.

Light llegó enseguida al cuartel y junto con Watari, L y él llegaron al hospital. Light llamó a Leyre, que esperaba en la habitación de la chica, aguardando a que ellos llegasen. La chica le dijo el número y planta de la habitación y cuando entraron, Stella ya estaba despierta y charlaba con Leyre serenamente.

Light iba a entrar primero, pero L se adelantó, y corrió hacia su novia que estaba tumbada en una camilla. Besó sus labios y la cogió de la mano.

-¿Estás bien?- preguntó con una mirada atenta.

Ella asintió con una sonrisa, intentando tranquilizarle.

-Sí, sí, estoy bien. Esto no es nada- contestó la chica quitándole hierro al asunto.

-¿Que no es nada? ¡Han intentado asesinarte!- exclamó Light preocupado.

-Tienes razón- murmuró L- Y estoy seguro de que ha sido por mi culpa- concluyó tristemente convencido.

-No, claro que no. Esto no tiene nada que ver contigo- aseguró la chica intentando evitar que su novio se sintiera mal.

-Claro que tiene que ver conmigo. ¿No dijeron nada cuando intentaron secuestrarte?- preguntó el chico preocupado.

-No, no dijeron nada- mintió Stella. Leyre la miró con una ceja alzada, ya que ella sabía la verdad.

Los policías junto con Watari se quedaron en la habitación con Stella, sobretodo L, que no se separaba ni un instante.

Al rato, Leyre sacó al detective de la habitación, ya que aunque él lo negaba, necesitaba un café.

Ambos fueron a la cafetería del hospital y se sentaron en una mesa.

-Cuéntame la verdad... ¿Qué pasó?- preguntó L con seriedad.

-Yo no estaba ahí...- contestó Leyre eludiendo la pregunta del detective.

-Leyre, es por su bien. Dime la verdad, ¿qué pasó?- repitió la pregunta.

La chica suspiró y asintió.

-Stella me dijo que cuando esos dos tipos la cogieron, le dijeron que conocían a Erald Coil- la pelirroja alzó la mirada viendo la reacción de L, que desvió la vista confirmando las sospechas que tenía. Esto no tenía nada que ver con el "caso Kira" y efectivamente la habían intentado secuestrar por culpa de L.

-Pero L, esto no significa que tú la pongas en peligro- Leyre intentó reconfortar un poco al detective.

-Leyre, no quiero que sientas compasión. Esto sólo es culpa mía- respondió cabizbajo- Y no te preocupes, voy a solucionarlo.

Dicho esto se levantó y salió de la cafetería sin esperar a la chica. Ésta dedujo que subiría a la habitación de Stella, pero cuando ella llegó, allí sólo estaban Light y Stella.

Tras firmar el alta, Light llevó a Stella a su casa, pidiéndola que por lo menos se tomase un día de descanso.

A la mañana siguiente, Stella, Light y Leyre fueron al cuartel. La joven policía iba con la venda en el hombro y de vez en cuando se acariciaba la zona algo adolorida, sin poder realizar movimientos bruscos.

-Te dije que te quedases en casa. Como se te abra la herida, vamos a tener un problema- la regañó Leyre con preocupación.

-Estoy bien. Ya casi no me duele- respondió Stella con tranquilidad.

En ese momento entraron en la sala de informes donde L sujetaba algunos de ellos por las puntas. Los chicos le saludaron haciendo que él se diese la vuelta. Leyre y Light tomaron asiento y Stella se acercó a L, que no la había ni mirado.

La joven hizo ademán de besarle, pero este le agarró de los antebrazos evitando siquiera que lo intentase. Este gesto desconcertó a Stella que se sentó al instante.

-¿Podríamos hablar tú y yo un momento a solas?- preguntó cortante, mirando a Light y a Leyre para que saliesen de la sala, los cuales captaron la indirecta al vuelo y salieron.

Se hizo un silencio sepulcral en la sala, sólo roto por la puerta que se cerraba tras ellos.

-¿Qué me querías decir?- preguntó Stella intimidada pensando que la regañaría por el descuido de ayer.

-Quería decirte que hemos terminado. Es obvio que tras lo de ayer, no podemos estar juntos, y aunque pudiésemos, en realidad ya no quiero- soltó impasible, como si le estuviese informando de las últimas novedades del caso. A Stella se le heló la sangre y miró al detective confusa pidiéndole explicaciones- Desde que estamos juntos no ha habido más que problemas, cosa que ya vaticiné y que te advertí.

-Pero no podemos acabar todo sólo por esto. Lo de ayer no fue nada, estoy bien. Además si tanto te preocupa, sólo tienes que poner más seguridad- le interrumpió Stella.

-¿Y por qué iba a ponerte yo más seguridad? Creo que no entiendes bien la situación. Esto estuvo bien mientras duró, ha sido entretenido y nos lo hemos pasado bien, pero no pienso arruinar la investigación y malgastar agentes poniéndolos a tu cuidado. Ya andamos bastante escasos de personal- el detective dejó a Stella sin capacidad para defenderse, dándole a entender que ella no era tan importante para él como pensaba.

-¿Estás hablando enserio?- preguntó la chica con indignación.

-¿Tengo pinta de estar bromeando?- cuestionó con seriedad mirándola fijamente, con unos ojos fríos y huecos, sin brillo- Nunca me han gustado estas situaciones, pero esta vez te voy a ser sincero- anunció- Todo ha sido un juego. En Argüelles me emborrachasteis, luego me diste algo de pena y no pude quitarte la ilusión. Y las siguientes han sido pequeñas apuestas con Light. Desde el principio no quería salir contigo y lo sabes, pero insististe tanto que no supe cómo negarme, pero con lo que pasó ayer, tengo la excusa perfecta... Además, no sólo has puesto en riesgo tu vida, sino también las de dos de mis mejores agentes. Lo suyo es que te despidiese, pero me conformaré con que me dejes en paz- finalizó sin pestañear.

-¿Cómo puedes ser tan cabrón?- preguntó Stella incrédula con la voz algo quebrada.

-Sólo estoy siendo sincero. Yo nunca te he querido, todo esto ha sido un maldito juego y tú no has querido verlo nunca, y yo he sido un cobarde hasta ahora que te lo he dicho a la cara. Ayer me di cuenta de que si te pasaba algo no me importaba. Me preocupé más de que los que te atacaron fuesen personas relacionados con Kira y que hubiesen descubierto mi identidad para matarme- confesó L con total sinceridad.

Stella miró al suelo conteniendo la rabia y notando cómo sus ojos se inundaban, sin poder creer las palabras del detective, que le hablaba con tal franqueza haciendo que le doliese el pecho.

-¿No tienes nada qué decir?- esperó unos segundos la respuesta de la chica, pero no llegó- ¿Qué te pasa Stella? ¿No has oído lo que te acabo de decir?- su voz se alzó como nunca antes lo había hecho- Quiero que te largues, y no te vuelvas a acercar a mí a menos que sea estrictamente necesario- gritó el detective. Los ojos de la chica se humedecieron aún más, apretando los puños con fuerza y recibiendo de lleno los gritos del detective- Pensaba que eras más lista, pero veo que solamente eres otra imbécil más que ve lo que quiere ver- estás últimas palabras las soltó con rabia, lo que hizo que Stella alzase la mirada, manteniéndose firme y con la mano abierta, le dio una bofetada al detective, que giró la cara mientras su mejilla se tornaba roja.

-Tienes razón, sólo soy una imbécil que creyó ver algo que en ti no existía. Sólo eres un cerdo. No te preocupes, que no voy a volver a molestarte. Estás perfectamente a salvo, L- tras decir esto, Stella se dio media vuelta y se marchó de la sala dejando solo al detective.

En la sala de cámaras, tanto Watari como Light y Leyre lo habían escuchado todo, y estaban boquiabiertos, observando cómo el detective se quedaba solo.

Light y Leyre fueron a hablar con Stella, que tenía los ojos enrojecidos de haber estado llorando. Se disculpó diciendo que la herida le había empezado a doler y se marchaba a casa. Al ver a Stella tan afectada, Light sintió una rabia que crecía en su pecho por el estúpido comportamiento de su amigo, y con paso firme, se dirigió a la sala de informes donde L se había sentado adoptando su postura habitual. Su mirada estaba perdida. Light entró a la sala y dio un portazo muy sonoro a su paso.

-¿Me puedes decir qué coño ha sido eso?- preguntó con ira.

L se giró mirándole a la cara, sabiendo perfectamente a qué se refería, aún así se hizo el tonto.

-¿De qué hablas Light?- respondió evadiendo la pregunta del castaño.

-¿Cómo que de qué hablo? Stella acaba de marcharse a casa, pero, ¿tú has oído lo que acabas de decir?- preguntó Light con enfado e indignación.

-¿Nos has estado espiando?- respondió nuevamente evadiendo la pregunta de su amigo.

-Madre mía L, ¿cómo has podido ser tan capullo? Ayer la intentaron matar, y lo primero que haces, es soltarle esas barbaridades, ¿es que no tienes corazón?- murmuró Light confuso.

-Light, lo que yo haga o deje de hacer no te incumbe, además, sólo le he dicho la verdad- contestó L impasible.

-¿La verdad? ¿Te crees que soy tonto? Llevas hablándome sólo de ella durante todo un mes y pretendes que me crea que no la quieres. ¡Venga ya!- exclamó Light sin creer ni una de sus palabras- Si crees que así has logrado algo, estás muy confundido. Sólo acabas de conseguir que Stella te odie, ¿eso era lo que pretendías? No la estás poniendo a salvo- el chico dejó clara su opinión.

-Sí Light, eso era lo que pretendía. Que me odie como nunca ha odiado a nadie, y estoy seguro de que sabes de sobra por qué le hago- respondió L.

-Claro que lo sé, pero alejándola de ti, no vas a conseguir que esté fuera de peligro- reprochó Light.

-¿A no?- preguntó L con ironía- Entonces, ¿es casualidad que en la primera semana en la que salimos la intenten pegar un tiro en el pecho? Entonces, en la segunda semana, ¿Qué pasaría, Light? ¿Y en la tercera? Puedo protegerla una vez, dos, pero no toda la vida. Siempre ha habido una razón por la que he estado solo, ésta es la razón. Yo ya lo había asumido, pero ella me hizo dudar. Fui débil, y esto es lo que he conseguido. Por favor Light, no quiero que hagas esto más duro- la voz de L era casi un susurro, y su mirada hacia rato que se había centrado en unas hojas desperdigadas por la mesa, sin atreverse a mantener la mirada de su amigo.

-L, sólo quiero que recapacites y le pidas perdón por todo lo que has dicho- pidió Light con la voz más calmada.

L negó lentamente con la cabeza.

-Sabes que no puedo hacer eso- contestó el detective apenado, aunque intentando no mostrar sus sentimientos.

-Entonces, ¿piensas dejar todo así? ¿No vas a hacer nada?- preguntó Light sin creer las palabras del detective, mirándole con fijeza.

L se llevó el dedo pulgar a su labio inferior.

-Es la única opción que queda- murmuró casi como si hablase consigo mismo.

Light suspiró sabiendo que no conseguiría nada de él en esa discusión. Cuando el chico se obcecaba con algo, no había quien le hiciera cambiar de opinión. Así que sin decir una palabra más, Light se dio medio vuelta y se fue.

El resto del día pasó sin más incidentes y sin saber nada de Stella. Leyre y Light no hablaron casi nada más con el detective, intercambiando apenas unas palabras.

Cuando estaba a punto de anochecer, todos los agentes abandonaron el cuartel, dejand Watari solos apagando todos los monitores.

Un silencio sepulcral se había hecho en la sala, y Watari observaba a L pensativo, quien se dio cuenta enseguida.

-Watari, sé lo que piensas y quiero que sepas que he hecho lo correcto- dijo L apagando el último ordenador.

-Lo sé... Pero tal vez podrías haber utilizado otras palabras más adecuadas- contestó el hombre con un suspiro.

-Tenía que ser así. Si me odia, todo será mucho más fácil- respondió L con tranquilidad dirigiéndose a la salida y dándole la espalda al anciano.

-¿Más fácil para quién?- esa pregunta de Watari hizo que L parase en seco.

-Watari...-

-Sabes que nunca cuestiono tus actos y te he apoyado en todo, pero puede que esta vez te hayas extralimitado. No estamos hablando de resolver un caso de asesinatos en serie, ni de terrorismo. Estamos hablando de los sentimientos de una joven... Y de los tuyos propios- L interrumpió al hombre trajeado.

-Watari, basta ya...- pidió el detective con seriedad, ya que pensaba que lo que hacía era lo correcto.

Dicho esto, L salió de la sala con paso lento, dirigiéndose a su habitación. Watari se quedó observándole en silencio, realmente preocupado por la elección que había tomado el detective.

Por una vez que L se había enamorado, se arrancaba ese sentimiento como si se tratase de algo sin importancia.

Cuando L abrió la puerta y entró a su habitación, se percató de que fuera había empezado a llover fuertemente, justo una tormenta, lo que menos le gustaba al detective, ya que siempre le traían malos recuerdos. La ventana estaba abierta, y algunas gotas de agua habían llegado al suelo, formando un pequeño charco. L iba descalzo y al pisar la fría agua, le dio un escalofrío. Se acercó a la ventana y tras forcejear un poco con el viento, consiguió cerrarla. Se hizo un silencio completo de pronto, antes roto por el sonido de la lluvia. La mirada del chico estaba perdida, como si en realidad no estuviese ahí. Observaba el encapotado cielo abstraído, completamente hipnotizado. Con esa misma expresión, se dirigió hasta la cama y se sentó de forma normal, derrotado. Los recuerdos de los momentos vividos con Stella en esa habitación, inundaron su mente, pero también llegaron hasta él los insultos que le había dicho la chica, y sus propias palabras, que incluso a él le estremecieron.

Tal vez todos tenían razón, tal vez está vez sí se había equivocado. Acababa de perder a la única persona que de verdad le había importado en mucho tiempo, y lo peor es que el mismo había sido el que la había apartado de su lado, como si se tratase de un estorbo. Stella jamás perdonaría sus palabras, y él lo sabía. Sabía que el orgullo de la chica haría que no volviera a hablarle, ni siquiera a mirarle. L apretó las manos con fuerza pensando en que todos los besos y todas esas miradas no volverían a repetirse jamás. No volvería a hacer reír a la joven, y ella no volvería nunca a acariciarle. Sus manos nunca más recorrerían la piel de Stella y todos los momentos vividos se volverían vagos recuerdos que ella con seguridad intentaría borrar a toda costa. L bajó la cabeza agachando la mirada, y observando sus puños temblorosos, apretados con tanta fuerza que parecía que iba a hacerse daño. Una lágrima cayó hasta uno de sus puños. El detective al percatarse de que estaba llorando, llevó rápidamente la mano a su mejilla, secando las lágrimas apresuradamente. Algunas más comenzaron a brotar de sus ojos, sin obedecer a su cabeza, que le decía que no debía llorar, que todo esto era lo correcto, lo necesario. Su respiración comenzó a agitarse, sin poder evitar ese llanto, pensando en lo estúpido que era por reaccionar de esa forma. Él nunca había mostrado sus sentimientos de esa manera, y ahora se estaba volviendo débil, ella le había vuelto débil. Sintió un nudo en su garganta, y un punzante dolor en el pecho, como su cientos de alfileres lo atravesasen. Sentía como las lágrimas lo ahogaban, sin poder evitar algún sollozo. Seguía intentando retirar las lágrimas sin demasiado éxito, avergonzado por esta actitud infantil. Él no era así, L nunca lloraba. No se arrepentía de sus decisiones, ni se permitía errores, pero parecía que ahora todo se desmoronaba a su alrededor. Escuchó cómo alguien abría la puerta de su cuarto, era Watari, lo sabía, por lo que ni siquiera se giró a comprobarlo. Se tragó todos los sollozos e intentó limpiarse las lágrimas. Watari se puso frente a él, observándole desde arriba. L no pudo alzar la mirada, dejando que su pelo tapase gran parte de su rostro. Watari acarició el cabello del detective con ternura, llevando su mano a la mejilla del chico, secando algunas lágrimas que comenzaban a resbalar por su rostro.

Sin decir nada, el hombre abrazó a L, que comenzó de nuevo con los sollozos. L correspondió al abrazo y estuvieron así largo rato, hasta que el detective se quedó sin fuerzas y cayó rendido.

Al día siguiente en el cuartel, Stella llegó temprano, y cuando se dirigía hacia la sala de informes, se cruzó por primera vez en toda la mañana con L. Ella le ignoró por completo sin mirarle tan siquiera. Light seguía algo enfurruñado con el detective, pero nada grave, por tanto, el día pasó con relativa normalidad, palpándose la tensión entre Stella y L.

La semana pasó prácticamente igual, convirtiéndose los días en monótonos, en simple rutina. Una mañana, Light recibió una carta sin remitente. La cogió, y al abrirla, se dio cuenta de que era la letra de Misa. El chico pensó en tirarle sin leerla, pero al final, por curiosidad, decidió sacarla del sobre y comprobar qué decía.

En el folio ponía lo de siempre, que le quería mucho y que aunque ella estuviese en la cárcel, conseguiría encontrar la forma de volver con él. Light suspiró cansado, y haciendo una bola con el papel, tiró la carta junto al sobre a la basura. El chico se puso su chaqueta y salió de casa, notando cómo ya comenzaba a llegar el otoño. Cuando el castaño se disponía a abrir la puerta de su coche, sintió cómo se le nublaba la mirada, y unos fuertes vértigos invadieron su mente, haciendo que llevase una de sus manos a su cabeza debido al mareo. Una extraña imagen le vino a la memoria. Frente a él, estaba un cuaderno abierto lleno de nombres, y al mirar a su derecha, vio a un extraño ser vestido de negro, de alta estatura, ojos amarillos y sonrisa macabra. Light casi cayó al suelo, sin saber muy bien de dónde había salido esa imagen. Al parecer el desayuno no le había sentado nada bien, y tras recuperarse de la conmoción, cogió el coche y se dirigió al cuartel.

Allí el panorama no era distinto. Stella ahora pasaba más tiempo en las oficinas con los demás agentes, dejando un poco de lado su trabajo junto a L. Cuando Light llegó, Stella charlaba amistosamente con Matsuda y con Leyre. El chico les saludó con amabilidad, acercándose a su novia y dándole un beso en los labios. Light no estaba seguro de si era impresión suya o si de verdad, Stella pasaba demasiado tiempo con Matsuda. El castaño se dirigió a la sala de cámaras esperando encontrar allí al detective, que efectivamente estaba sentado, mirando fijamente un monitor en concreto. La pantalla donde salían Leyre, Matsuda y Stella.

Light se acercó por la espalda de forma sigilosa.

-¿Interesante conversación?- preguntó entre risas y sobresaltando a L, el cual le miró con recelo.

-No los estoy espiando- aseguró el detective.

-No, claro que no- contestó Light con ironía. Al parecer L había llegado a la misma conclusión que él. Stella pasaba mucho tiempo con Matsuda.

En un momento dado, Stella se quedó a solas con Matsuda en la sala de informes.

-Entonces, ¿te apetece ir el sábado al cine?- preguntó el chico con una sonrisa inocente.

-Claro, hace mucho que no voy, con tanto trabajo, no saco tiempo- contestó Stella con la misma sonrisa.

-¡Genial!- exclamó Matsuda eufórico.

Light, Leyre y L escuchaban todo por las cámaras sin poder evitar reírse.

-¿Le acaba de pedir una cita?- preguntó Light riendo incrédulo.

-Eso parece, y lo más gracioso, es que Stella ha aceptado- contestó Leyre sin poder contener la risa.

El único que no sonreía era L, que miraba malhumorado los monitores.

Watari trajo una taza de café que puso frente a L. Este la tomó y sopló antes de beber.

En la sala de informes, Matsuda seguía charlando con Stella.

-Bueno Stella, quería decirte que me caes muy bien, que estamos pasando ahora mucho tiempo juntos...- Decía el chico algo cortado.

Desde la sala de cámaras, L apretaba los puños, escuchando la conversación. Matsuda continuó su charla con Stella.

-Y bueno, me he dado cuenta de que eres una chica muy amable, guapa, inteligente...- el policía siguió enumerando las cualidades de Stella sin saber que el detective escuchaba todo apretando los puños con más fuerza que nunca.

-Y quería... Pedirte...- el chico era tímido- Que si... Querías... Ser mi novia- susurró esto último dejando a Stella anonadada.

En la sala de cámaras, Light y Leyre abrieron la boca con asombro, y L miraba atentamente el monitor como si pudiese atravesarlo y asesinar a Matsuda.

-No creo que diga que sí...- dijo Leyre creyendo conocer a su amiga.

-Es obvio que se negará- bufó L con aparente tranquilidad, dando un sorbo a su café.

Stella pareció pensarse la respuesta, y sabiendo que el detective estaba seguramente observando y escuchando todo, le dirigió una mirada a las cámaras, sonriendo con alevosía.

-Me encantaría ser tu novia, Matsuda- contestó Stella con una dulce y falsa sonrisa.

L escupió todo su café, sin poder creerse lo que acababa de oír y causando la risa inmediata en Light y Leyre.

Matsuda observaba a Stella con los ojos abiertos como platos y una sonrisa ilusionada en la cara.

-¿Enserio? ¿Aceptas enserio?- la ilusión del chico se reflejaba en sus palabras.

Stella asintió sonriendo con ternura.

-Entonces... ¿Puedo besarte?- preguntó el chico con inocencia.

-Claro- contestó Stella viendo cómo Matsuda se acercaba a ella y la besaba en los labios. La chica correspondió al beso acariciando la mejilla del policía.

En la sala de cámaras, L se levantó de su sitio y golpeó la mesa con fuerza, sorprendiendo a Leyre y Light.

-¡Joder!- gritó visiblemente disgustado.

Leyre y Light le miraron sorprendidos, sin haber visto nunca una reacción así en él.

-Es que... Se me ha acabado el café- se excusó el chico saliendo de la sala de cámaras.

Al rato, todos se reunieron en la cocina, viendo aún realmente sonriente a Matsuda.

-¿Y esa cara de tonto que llevas?- preguntó L con burla.

-Es que...- murmuró el chico sonrojado, mirando a los presentes, sin saber cómo decirlo- Estoy saliendo con Stella- dijo con una boba sonrisa en la cara.

Light y Leyre les felicitaron sonrientes, notando cómo un aura negativa empezaba a formarse alrededor de L. El detective se acercó con paso firme a Matsuda, casi parecía que iba a pegarle, y Light se tensó preparado para detenerle, pero en vez de eso, L sonrió a Matsuda de forma macabra.

-Sí, felicidades- dijo dándole una fuerte palmada en la espalda a Matsuda, casi tirándole al suelo- Hacéis una fabulosa pareja- dijo con retintín y mirando a Stella con ironía, la cual se la sostuvo con seriedad.

-Gracias L- contestó Matsuda sonriendo con inocencia, creyendo las palabras del detective.

La tensión en el cuartel cada vez era más notable, casi insoportable. L no paraba de hacerle la vida imposible a Matsuda. Cuando los chicos quedaban por la tarde, después del trabajo, L se encargaba siempre de encontrar tareas extra para el policía, intentando evitar la cita, pero Stella siempre conseguía ingeniárselas para esperar al chico fuera o ayudarle a terminar sus tareas. L se percató de esto, así que una de las veces en las que el detective le había dado a Matsuda unos informes realmente difíciles de resolver, con la intención de que el chico no viese la luz del sol hasta el día siguiente, el detective se percató de que Stella seguía en el cuartel a pesar de la hora, junto con Matsuda, ayudando al policía a resolver dichos informes. Esto indignó a L, ya que a la única persona que Stella podía ayudar, era a él mismo.

Se levantó y se dirigió corriendo a la sala donde se encontraba la pareja.

Entró a la sala y con seriedad comenzó a hablar.

-Agente Escribano, ¿podría explicarme qué hace aquí a estas horas?- preguntó el detective sorprendiendo a la pareja que no se había percatado de su presencia.

Stella iba a responder y Matsuda habló por ella.

-Sólo me estaba ayudando con el trabajo que me has dado...- L interrumpió al policía.

-Tú te callas, no te he preguntado a ti- contestó el detective malhumorado.

Stella apretó los puños e intercedió por su novio.

-No le hables así- dijo Stella con sequedad.

-Los informes se los he dado a ÉL para que los haga ÉL, así que, tú a callar "subordinada"- dijo esto señalando a Stella con el dedo índice.

-No se te ocurra llamarme "subordinada", has perdido ese derecho- terminó de alterar a la chica que alzó la voz enfrentándose al detective.

-Yo tengo derecho a llamarte como me plazca. Soy tu jefe, no lo olvides- espetó L con soberbia.

Stella se levantó de la silla, poniéndose a la altura del detective.

-¿A sí? Muy bien "jefe"- remarcó la última palabra- Me voy- dicho esto, la chica cogió su chaqueta y salió de la sala dando un sonoro portazo.

Matsuda se quedó pálido, viendo la escena sin saber qué decir.

-Creo que la has enfadado- susurró asustado.

L bufó y tras mirar mal a Matsuda, salió tras la chica, con paso rápido. La alcanzó y la tomó del brazo, haciendo que ésta parase en seco y adoptase una mueca de dolor agarrándose el hombro.

-¿Quién te crees que eres para hablarme así?- preguntó muy indignado, mirando a Stella directamente a los ojos.

-Has empezado tú llamándome "subordinada"- contestó la chica desafiante.

El detective se acercó más a ella intimidándola.

-Creo que no lo has entendido- dijo con la voz inquietantemente calmada- Si te quiero llamar "subordinada", te lo llamo- la agarró de los brazos- Si te quiero gritar, te grito- la chico quedó entre la pared y el cuerpo del detective- Y si te quiero besar... Te beso- dijo acercando su rostro al de la joven notando ya el aliento de ella sobre sus labios.

-Ni te atrevas- murmuró Stella intentando parecer amenazante.

A pesar de estas palabras, el detective capturó los labios de la chica con fiereza, dándole a entender que eran solamente suyos. Stella se quedó estática, sorprendida, notando cada roce de la piel del chico contra la suya. Este contacto terminó por relajarla y le siguió el beso, ya que no podía luchar contra el dulce sabor de los labios del detective. Al notar esto, el detective soltó las muñecas de Stella y subió sus manos desde la cintura hasta sus pechos, apretándolos haciendo que la joven abriese la boca emitiendo un suspiro. Stella notó cómo el detective sonreía al ver el poder que ejercía sobre ella, al darse cuenta de esto, Stella quiso separar su boca de la de L, y llevó sus manos al torso del chico empujándole. Este no se apartó, agarrándola con más firmeza, logrando hacerla daño. Ella cerró con fuerza los labios, impidiendo que el detective continuase con los besos. Este con rabia quiso morder el labio inferior de la chica, y ella le propinó una bofetada que giró la cara del detective e hizo que el chico se apartara. Al levantar la mirada, L observó cómo Stella se limpiaba la comisura de los labios y le miraba con una expresión gélida.

-No vuelvas a tocarme nunca más- dicho esto, Stella se dio media vuelta y se largó con paso firme, dejando al detective con la mano en la mejilla, acariciando la piel por segunda vez abofeteada. Tras la puerta, Stella se apoyó de espaldas, perdiendo todas sus fuerzas, sin poder evitar que las lágrimas se derramasen por su rostro.

La semana continuó de forma parecida, L continuaba molestando a Matsuda, y Light parecía más ausente que nunca. No hacía más que tener vagos recuerdos en forma de imágenes de ese cuaderno y el extraño ser que al parecer se llamaba Ryuk.

-Light... Light- le llamó Leyre tocando el hombro del castaño.

Este despertó de pronto de sus ensoñaciones. Se encontraba en el cuartel, y ni siquiera sabía qué hora era. Cada vez estaba más confuso sobre lo que soñaba.

-¿Estás bien Light? Llevas un rato casi sin pestañear- dijo Leyre preocupada.

-Ah, perdona, es que llevo unos días que no descanso muy bien- dijo con una dulce sonrisa- Ya sabes, estar aquí sin ver la luz del sol, es agotador- se excusó Light con voz cansada.

-Necesitas despejarte un poco, ¿quieres venir esta noche a mi casa y vemos una peli?- sugirió la chica invitándole con una sonrisa.

-Me parece buena idea- contestó el castaño con una dulce mirada.

La noche llegó y ambos estaban en el apartamento de la policía. Hicieron unas palomitas y se sentaron en el sofá, tapados por una tupida manta, ya que era una noche fría. Light pasó su brazo por los hombros de la chica atrayéndola a su cuerpo, y ésta apoyó su cabeza en el pecho del castaño, dándole al play. La película era muy larga, y Leyre envuelta por el calor del cuerpo de su novio y la suave manta, quedó completamente dormida. Light sí terminó de ver la película, y tras apagar el televisor, llevó a la chica en brazos hasta la cama. La observó dormir plácidamente y apartó con delicadeza unos mechones que habían bajado por la mejilla de la chica. Tenía suerte de poder dormir tan tranquilamente, cosa que el no podía hacer sin pensar en todos esos extraños recuerdos que se aglutinaban en su mente. Light se tumbó junto a Leyre pasando su brazo por la cintura de la joven, pegando su cuerpo prácticamente al de ella, cerrando los ojos e intentando dormir también.

Se hizo el silencio en la habitación, y ambos parecían profundamente dormidos, pero a la mente de Light volvieron a llegar unas extrañas imágenes, más nítidas que nunca. Se encontraba de pie frente a un agente del FBI, este le miraba con los ojos desorbitados... Light recordaba a esta persona, tenía su nombre en la punta de la lengua, ya la había visto antes... En unos informes. Raye Penber. En las manos de Light, había un cuaderno lleno de más nombres, todos de criminales asesinados por Kira. Involuntariamente, la mano de Light empezó a escribir el nombre del agente. Su mente sólo podía pensar en parar, en no escribir más letras, pero no podía detenerse. Cuando terminó de escribir, Raye se llevó la mano al pecho, cayendo al suelo desplomado, y justo en ese momento, las puertas del vagón se cerraron, percatándose Light de que estaba en el metro. La angustiosa mirada del agente clavándose sobre él, hizo que se le helase la sangre, sintiendo una desesperación que le apretaba el pecho hasta dejarle sin respiración. Quería moverse, quería salir de ese vagón y ayudar al hombre que agonizaba frente a él, pero su figura no se movía, era incapaz de levantar un solo músculo, y eso le frustraba. La situación más desesperada en la que se había encontrado nunca. En ese momento escuchó como alguien decía su nombre. Todo se difuminó a su alrededor, borrándose poco a poco las detalladas imágenes que acababa de presenciar. Enseguida consiguió abrir los ojos y frente a él se encontró a Leyre, que acariciaba su mejilla con preocupación.

-¿Estás bien? Has tenido una pesadilla- afirmó Leyre.

El chico asintió incorporándose levemente con gran esfuerzo.

-Últimamente estoy teniendo muchas, por eso no duermo bien- explicó llevándose una mano a la sien.

Leyre le observó preocupada.

-Estás agotado. Deberías tomarte unos días de descanso- dijo la joven pasando el dedo pulgar por las mejillas del castaño- Hasta te están saliendo ojeras.

-Estoy bien, no te preocupes. Con que consiga dormir un par de días, estaré como nuevo- aseguró con una sonrisa tranquilizadora que no surtió efecto en Leyre. Aún así ella no insistió más y le dio un tierno abrazo reconfortante, el cual Light correspondió, dejando su cabeza en el hombro de la chica, dándole un pequeño beso en el cuello a la joven. Ambos terminaron por dormirse de nuevo, continuando con el abrazo, esperando que no volviesen estas horribles pesadillas.

Al día siguiente en el cuartel, Light seguía analizando el extraño sueño de la noche anterior y buscó en el fichero, comprobando que uno de los agentes del FBI que había muerto a manos de Kira, se llamaba Raye Penber. Justo el agente que había vigilado sus pasos. Si en los recuerdo que acababan de llegarle, él era el autor de ese asesinato, significaba por tanto que él era Kira. Esa idea le revolvió el estómago al instante. No podía ser cierto. El peor asesino que la humanidad había conocido y que Light había perseguido hasta la saciedad, resultaba ser él mismo. Intentó desechar la idea al momento, pero todas las imágenes que estaba recordando, concordaban perfectamente. Se sintió muy mareado y fue al baño sin decir nada. Una vez dentro, se apoyó en el lavabo frente al espejo, agachando la cabeza e intentando recobrar la respiración. La garganta le ardía, y al levantar la mirada frente al espejo, lo que vio no fue su misma imagen, sino una más grotesca. En realidad, sí que era él mismo, pero sus ojos brillaban de forma maquiavélica, y en su rostro se dibujaba una sonrisa perturbadora. Light se apartó al momento, sorprendido por lo que acababa de ver. Se estaba volviendo loco. Su estómago se estremeció, y sin poder evitarlo, vomitó, dejando su estómago completamente vacío. Light empezaba a pensar que se encontraba realmente enfermo, y que todo eso era fruto de los delirios provocados por la fiebre o algún trastorno. Salió del baño aún a trompicones, y volvió a sentarse en su sitio.

De pronto, el móvil de Light empezó a sonar. Era un mensaje. Un agente de las oficinas le pedía que subiese a la siguiente planta. Se levantó con disgusto, y fue hacia las escaleras. Por su parte, Leyre estaba sentada en la sala de cámaras junto a L. El detective seguía observando atentamente las cámaras que apuntaban a Stella y Matsuda. Estaba tan absorto que no se percató de cómo Leyre le robaba una fresa de su pastel.

-L, tengo que pedirte una cosa- le habló la chica al detective. Este la ignoró por completo.

-¿Adónde van?- se preguntó a sí mismo el detective llevándose el pulgar a los labios. Leyre miró el monitor, y vio cómo Stella y Matsuda se acercaban al ascensor.

-Pues parece que vienen para acá, ¿no?- preguntó la chica con obviedad.

-Ah, claro...- susurró el detective acariciando su labio inferior. Leyre creyó ver algo de tristeza en la mirada del detective, pero tal vez sólo fuesen imaginaciones suyas.

-Bueno, te decía que te tengo que pedir algo- el chico se giró prestándole ya su atención.

-Tú dirás- contestó observándola.

-Bueno... Es que Light lleva una temporada muy cansado, está despistado y se queda en Babia constantemente. Creo que necesita un tiempo de descanso, sino terminará colapsando. Ya ni siquiera duerme en condiciones- explicó la chica con preocupación en sus palabras.

-Bueno, yo tampoco duermo en condiciones, y mírame, aquí estoy. No es tan grave- aseguró el detective sin darle más vueltas.

-Pero no todos podemos soportar eso- rebatió Leyre intentando convencer al detective.

-Yo le veo bien...- contestó L mirando cómo el chico bajaba las escaleras, de vuelta a la sala de informes. En ese momento, dio un traspiés y cayó de culo por las escaleras, bajando hasta el suelo.

L se llevó el dedo a los labios con una sonrisa algo exagerada.

-Pues parece que no está tan bien- murmuró con la misma sonrisa.

L sopesó los pros y los contras de que se fuesen sus dos amigos. Por una parte, no quería dejar la investigación sin dos de sus mejores agentes, pero por otra, no le parecía mala idea quedarse a solas con Matsuda y Stella, para poder hacer lo que a él le viniese en gana, sin que sus dos amigos pudieran echárselo en cara o reprocharle nada. Al final, la opción de poder molestar constantemente a Matsuda sin ningún tipo de límite, le convenció, y con la misma sonrisa perturbada, respondió a la chica.

-Tienes razón Leyre. Habéis trabajado muy duro, y os merecéis unas vacaciones- Algo en la mirada de L preocupó a Leyre, pero ésta, viendo que había aceptado su propuesta de las vacaciones, asintió ilusionada. En ese momento, Light entró a la sala para enseñarle a L unos informes.

-Felicidades Light. Te han tocado unas vacaciones- soltó L apresurado, como si quisiese que se fuesen ya mismo.

-Pero, ¿de qué hablas L?- preguntó Light confuso por el comentario del detective.

-Tu novia me acaba de pedir unas vacaciones para vosotros dos, y yo- recalcó el pronombre- Que soy tan buen jefe, os las he concedido. Ale venga, iros a Cancún o adonde os dé la gana. Watari os pagará los gastos. Le diré que vaya sacando vuestros billetes- dijo cogiendo el teléfono a punto de marcar el número de Watari.

-Espera, espera, ¿a Cancún?- preguntó Light impresionado.

-Oye, pues a mí me parece buena idea- dijo Leyre con una sonrisa.

L marcó el número de Watari y este lo cogió.

-Watari, dos billetes para Cancún para mañana por la mañana- pidió L apresurado, queriéndose quitar a los dos agentes de en medio.

-¡Qué fuerte Light!- exclamó Leyre abrazando a su novio.

En ese momento, Matsuda y Stella entraron en la sala, ya que había cambio de turno. Al ver a Leyre tan ilusionada, ambos se quedaron extrañados.

-¿Qué pasa aquí?- preguntó Stella con una sonrisa.

-L acaba de coger unos billetes a Cancún para mañana- explicó Light con una sonrisa.

Stella abrió los ojos como platos, observando al detective con incredulidad.

-¿Nos vamos de vacaciones?- preguntó Matsuda ilusionado.

-Ellos sí- contestó L señalando a Light y Leyre- Vosotros no- informó con seriedad.

-Aaah, jolín...- dijo Matsuda decepcionado- ¿Tú tampoco vas L?- le preguntó al detective.

-No, a mí no me gustan esos sitios. Demasiada sal y arena- dijo con un gesto de asco.

-A nosotros también nos gustaría irnos de vacaciones, ¿verdad Matsuda? Además, si se van Light y Leyre, la investigación tampoco avanzaría mucho. Podemos suspenderla una semana y que L se encargue de todo. Estoy segura de que podrá con ello- dijo Stella con retintín.

-¿Entonces sí que nos vamos a Cancún?- preguntó Matsuda ilusionado.

Stella asintió con una sonrisa burlona mirando de reojo al detective.

-¿Y a vosotros quién os ha dado permiso para ir a ningún sitio?- preguntó L con el dedo pulgar en los labios.

-Si les das permiso a ellos, nos das permiso también a nosotros, ¿o es que tenías algún interés especial en quedarte a solas con Matsuda y conmigo?- preguntó Stella mirándole escrutándole con la mirada.

L la observó sorprendido, viéndose completamente descubierto. ¿Tan evidente había sido?

-Ahora que lo dices... Me han entrado ganas de ir a la playa- evadió la pregunta de la chica, dándose la vuelta y llamando a Watari, pidiendo tres billetes más. Además, sino podía ejecutar su plan en el cuartel, lo haría en el Caribe, pero Matsuda y Stella no se iban a escapar de él tan fácilmente.