Disclaimer: Digimon no me pertenece.


Dream High

Comienza la batalla


Mimi Tachikawa se encontraba en una de las cabinas de los baños de la escuela cambiándose a su ropa de baile, esta consistía de unos mallones de licra color morado y un lindo hoodie rosa. Le resultaba muy incómodo tener que cambiarse en ese lugar, esa era otra razón por la que ya le urgía conseguir su dormitorio. Terminó de ponerse sus tennis y salió del lugar en dirección al salón de baile, donde serían las prácticas con la profesora Fujioka.

Iba caminando por los pasillos de la academia y se detuvo en el área de los casilleros, buscando el de Sora con la mirada. Avanzó unos cuantos pasos más y lo encontró, quedándose parada frente a este por unos segundos.

- Debo hacerlo… - se dijo así misma.

Sacó el amuleto de uno de sus bolsillos y lo apretó fuertemente con su mano. Fijó sus ojos color chocolate en las rendijas del casillero y comenzó a deslizar el pendiente entre estas.

Estuvo a punto de dejarlo caer dentro, pero se arrepintió rápidamente y lo sacó, envolviéndolo con fervor entre sus dos manos.

- No, aún no… - susurró. – Sólo un poco más. -

Yamato, quien se dirigía también a las prácticas de baile notó que la chica estaba frente a un casillero que no era el de ella, sosteniendo de nuevo ese collar que ya le había visto antes. Iba a hablarle, pero Mimi parecía muy metida en su propio mundo.

- Necesito que la suerte esté de mi lado por más tiempo… - dijo la castaña acercando el pendiente a sus labios.

- Oye… - la llamó el rubio.

- ¡Ah! – exclamó Mimi guardando el amuleto con rapidez en el bolsillo de su hoodie. - ¿Qué quieres? –

- Nada, sólo me dirigía al salón de prácticas. – dijo comenzando a caminar. - ¿Vienes? –

- Vamos. –

::

- Profesor Kido, que bueno que llegó. – exclamó un hombre barbudo mirando al peliazul desde su escritorio. – Tome asiento. –

Joe Kido se encontraba en la oficina del nuevo director de la Academia YG, el señor Yano. Estaba nervioso y no entendía por qué lo había citado. Caminó a paso lento hacia el escritorio del mayor y se sentó en una de las sillas que estaban frente al mueble, ante la mirada divertida de este.

- La razón por la que lo llamé es para hablar de sus queridos alumnos especiales. – comenzó a hablar.

- ¡Ah! Ellos están muy bien, se han acoplado a las clases y… -

- Espere, déjeme hablar a mí. – lo interrumpió. – Yo más que nadie pude notar que esos tres jóvenes no tienen el mismo nivel de los estudiantes que sí pasaron las audiciones. –

- Creo que… aún es muy pronto para sacar esa conclusión. – respondió el peliazul.

- Yo sólo digo lo que vi con mis propios ojos. – exclamó el señor Yano. – Y como director de la academia tengo que tomar las riendas sobre este asunto. –

- ¿Las riendas? – preguntó Joe. ¿A qué se refería con eso?

- Usted entenderá que los estudiantes especiales aun no están listos para los escenarios. – dijo el mayor. – Es por eso que me tomé la libertad de asignarles solamente materias teóricas. –

Joe Kido abrió los ojos de par en par, estaba a punto de decir algo, pero el director continuó con lo suyo.

- Y no sólo eso, no podrán tomar clases con sus otros compañeros. Sus alumnos tendrán un salón aparte para que se les dé la atención que necesitan. –

- Pero… -

- Ya hasta le puse un nombre: "Clase especial." – exclamó el director soltando una sonora carcajada.

- ¿Eso no sería como decirles que son diferentes a los demás? ¿No sería como decirles que mejor se rindan? –

- No, no… por supuesto que no. – dijo el mayor. – Ellos estarán aprendiendo las bases del canto y del baile, usted mismo les dará las clases. No tendrán ningún otro profesor, a excepción del señor Izumi, que les impartirá la materia de inglés. Entienda que es como una etapa de preparación. –

- Pero señor… no creo que sea justo cuando todos sus compañeros sí tienen clases prácticas. –

- Sus alumnos deberán entender que ellos ya no son sus compañeros independientemente de que estén en el mismo semestre. Irán paso a paso. – dijo manteniendo una sonrisa arrogante en su rostro.

Joe simplemente apretó los puños y lo miró con seriedad, recordando las palabras de Wada Kouji.

"Será una dura y larga guerra para ustedes."

"El director Yano va a llenar su camino de obstáculos; pero yo en verdad creo que usted puede ganar."

- Le deseo mucha suerte, profesor. – dijo el director. – Ya veremos después si sus alumnos tienen lo que se necesita. Pero por ahora, puede retirarse. –

El peliazul simplemente asintió y se dio la vuelta para salir del lugar.

Definitivamente, la batalla había comenzado.

::

Todos los estudiantes de primer ingreso se encontraban ahora en el salón de baile esperando a la profesora Fujioka, que aún no llegaba. Algunos estaban haciendo calentamientos y otros simplemente platicaban. Mimi estaba realizando estiramientos con las piernas, muy concentrada en lo suyo, hasta que se vio interrumpida por una pelirroja y dos chicas que venían detrás de ella, esa rubia francesa y la chica de extravagante cabello morado.

- Será mejor que me lo devuelvas. – exclamó Sora en voz alta, llamando la atención de todos en el aula.

- ¿Eh? No sé de qué estás hablando. – respondió Mimi sin prestarle mucha atención.

- Mi amuleto de la suerte. Sé que tú lo tienes. –

- No inventes cosas, Sora. Yo no lo tengo. – dijo la castaña.

Taichi y Yamato observaban en silencio la escena a lo lejos muy atentos, al igual que el resto de los estudiantes, sólo que estos ya habían comenzado a murmurar entre ellos.

- Lo curioso es que desapareció justo después de que me atacaste. – exclamó la pelirroja.

Mimi giró los ojos.

- Piensa lo que quieras, yo no fui. – respondió dándose la vuelta.

Pero justo antes de que comenzara a caminar, Sora la tomó del brazo con fuerza y la hizo voltear.

- ¡Obviamente fuiste tú! – gritó. - ¡Devuélvemelo! ¡Es muy importante para mí! –

- ¡Ya te dije que yo no lo tengo! – exclamó Mimi zafándose del agarre. - ¿Porqué querría yo algo tan tonto como un amuleto de la suerte? -

- ¿Enserio no lo tienes? – intervino Catalina. – Entonces supongo que puedo revisar tus bolsillos. –

La francesa rápidamente se abalanzó contra Mimi dispuesta a meter sus manos a los bolsillos de esta, pero inmediatamente fue detenida por los fuertes brazos de Yamato.

- Devuélvele su amuleto. – dijo el rubio mirando a los ojos a Mimi.

- ¡Ya dije que yo no lo tengo! – exclamó la castaña. – No sé cuantas veces lo tengo que repetir para que entiendan. –

Yamato suspiró y con un movimiento rápido sacó el collar del bolsillo del hoodie de Mimi; para sorpresa de todos.

- Esto te pertenece. ¿Verdad? – preguntó el rubio mostrándole el pendiente a Sora.

- ¡Sí! – exclamó la pelirroja tomándolo. – ¡Es mi amuleto!

Mimi abrió los ojos de par en par ante lo que acababa de suceder. ¿Quién rayos se creía que era ese rubio? Sus orbes color chocolate ahora miraban a Yamato con cierto desdén reflejado. ¡Él no tenía derecho alguno de hacer lo que hizo!

- ¿Entonces sí lo robó? – susurró Daisuke.

- Quién lo diría, es una ladrona. – dijo Catalina.

Sora seguía observando su preciado pendiente con tanta emoción que por poco se olvida de la situación en la que se encontraban. Se puso el collar en su cuello, donde pertenecía, y miró a Yamato.

- ¡Muchas gracias! – dijo con una sonrisa. - ¡En verdad aprecio lo que hiciste! –

- Tú… - exclamó Mimi dirigiéndose a Yamato.

- Conmigo no juegues. – respondió el rubio. – Tú no eres así. –

El ojiazul estaba a punto de darse la media vuelta cuando de la nada recibió un puñetazo directo en el rostro que casi lo tira al suelo. Había sido Taichi Yagami, quien lo miraba furioso aún con el puño levantado.

Todos, incluyendo Mimi, se exaltaron al instante, no esperaban tal acción por parte del chico.

Yamato inmediatamente se recuperó del impacto y le devolvió el golpe al castaño con el doble de fuerza, haciéndolo sangrar del labio inferior. No pasó ni un segundo y ambos ya se encontraban peleando ante los gritos de todos sus compañeros.

Sora miraba perpleja la pelea entre ambos chicos. ¿Por qué Taichi se había abalanzado hacia ese rubio? ¿Habría sido por Mimi? …No, eso no podría ser, o por lo menos ella no quería creerlo. No podía ser posible que el único chico que le había llamado la atención en toda su vida tuviera sentimientos hacia su rival. Porque eso era Mimi Tachikawa, su rival, y definitivamente no permitiría que ella se lo quitara.

Taichi estaba a punto de dar otro golpe cuando llegó la profesora Fujioka, quien al ver lo que sucedía, entró como bala al salón.

- ¿Qué creen que están haciendo? – gritó la mayor.

Los estudiantes inmediatamente se dispersaron en silencio, dejando en medio del aula a ambos chicos aún sujetándose de la ropa.

- ¿No piensan soltarse? –

Taichi y Yamato se miraron mutuamente y suspiraron, soltándose con lentitud. La profesora giró los ojos y caminó unos cuantos pasos para quedar frente a los dos.

- ¿Se puede saber que hacen en este salón? – preguntó.

- ¿Eh? – exclamó Taichi.

- Su clase no es aquí. –

- Y si no es aquí, ¿dónde más? – preguntó Yamato.

- En el salón del sótano. A partir de hoy los estudiantes especiales no tomarán clases prácticas, se irán a lo que llamamos "Clase especial." –

- ¿Qué está diciendo? – habló Mimi, que se encontraba tras ambos.

- ¿Nadie les avisó sobre esto? – preguntó la mujer.

- Es que no entiendo, ¿qué es la clase especial? – preguntó Taichi.

- Es donde los van a preparar para poder tomar posteriormente sus clases de baile y canto. – explicó la mayor.

Los tres chicos se miraron confundidos entre ellos por unos segundos hasta que Mimi desvió la mirada con notable molestia en su rostro. El resto de los estudiantes los observaba con ojos de pena, a excepción de una muy sonriente pelirroja, quien sólo veía a la castaña mientras sostenía su amuleto con fuerza. Al fin las cosas estaban regresando a la normalidad, por lo menos para Sora.

::

- ¿Entonces vamos a estar atascados aquí? – preguntó Mimi con evidente coraje. – Esto ni siquiera está acondicionado para ser un salón de clases, sólo tiene 5 pupitres, un pizarrón viejo y muchísimo polvo. –

Y así era. El salón designado para la clase especial parecía más una pocilga. Estaba lleno de polvo e incluso unas cuantas telarañas, los pocos pupitres que había en el lugar estaban rayados y el viejo pizarrón lucía sumamente desgastado.

- Y no olvides mencionar que nos apartaron de la sociedad. – intervino Taichi. – Estamos en el sótano. –

- Lo siento chicos, yo… - habló Joe. – Es que no puedo hacer nada contra el director por ahora, nosotros debemos demostrarle que sí podemos subir a un escenario e incluso superar a los alumnos regulares. –

- Pff… alumnos regulares. – bufó Mimi. – Odio este lugar. –

- Tranquilízate. – dijo Yamato. – Quejándonos no vamos a llegar a ningún lado. ¿Crees que yo habría venido hasta acá de haber sabido que las cosas serían así? – hizo una pausa. – Claro que no, pero ya estoy aquí y ahora sólo queda esforzarnos. –

Mimi lo miró con indignación. ¿Acaso Ishida pensaba que ella le volvería a hablar después de la humillación que le hizo pasar? Ni loca, así que simplemente le volteo la cara y miró hacia el pizarrón.

- Bien, por ahora no hay mucho que hacer… - dijo el profesor. – Este día me encargaré de organizar la teoría que debo enseñarles y mañana mismo empezaremos con las clases. –

- Hmm… - exclamó Taichi desganado. – No puedo esperar… - había evidente sarcasmo en sus palabras.

- Bien, yo me largo de aquí. – dijo Mimi caminando hacia la puerta.

- Espera Mimi, ¿a dónde vas? – preguntó Taichi.

- Obviamente a reclamar mi dormitorio, es lo que he tratado de hacer durante todo el día. –

- Deberían ir todos juntos. – intervino Joe. – Mientras más sean, más les harán caso. –

Mimi giró los ojos y salió del salón seguida por Taichi y Yamato. Los tres caminaron por el largo pasillo oscuro hasta que llegaron a unas escaleras y subieron por ahí para llegar al primer piso de la escuela.

Siguieron a su paso y en silencio avanzando por los alrededores de la academia, el ambiente entre los tres estaba algo tenso y ninguno realmente tenía ganas de hablar. Subieron dos pisos más y al fin llegaron a su destino, la oficina del director.

La castaña estuvo a punto de tocar la puerta cuando fue detenida por la voz de una mujer.

- ¿Qué creen que hacen ustedes aquí? –

Era la profesora Ari Suou, que los miraba con cierto desdén.

- Venimos a hablar con el director. – explicó Yamato. – No nos han asignado nuestros dormitorios. –

- Esos asuntos no se tratan con él. – respondió la mayor. – Yo soy la encargada de asignar los dormitorios, y que bueno que vinieron, ya tengo sus llaves, síganme. –

La profesora se dirigió hacia un escritorio que estaba en ese mismo lugar, justo en frente de la oficina del señor Yano; tomó asiento y con una llave abrió un cajón del mueble, de donde sacó tres tarjetas, eran llaves electrónicas.

- Tomen. – dijo la profesora entregándole su respectiva llave a cada uno. – Su habitación se encuentra en el tercer piso del edificio B, es la 3-Z. –

- Espere. – exclamó Mimi tomando su llave. – El edificio B es para chicos. ¿Cuál es mi habitación? –

- Oh… ¿Acaso no me di a entender? – preguntó la profesora. – Su habitación es la 3-Z. –

Mimi enseguida volteó a ver a Taichi y seguidamente a Yamato como buscando alguna explicación lógica, pero ambos lucían igual de confundidos que ella.

- No creo entender… - dijo al fin la castaña. - ¿Los tres estaremos en la misma habitación? –

- ¡Bingo! – exclamó Ari Suou.

- ¡Está loca! – bufó Mimi exaltada. – Es por eso que hay dos edificios, uno para mujeres y otro para hombres. –

- Lo sé, pero deben entender que ustedes son alumnos especiales y llegaron después de tiempo, ya no hay habitaciones libres. Tienen suerte de que ese cuarto que sobró cuente con tres camas. – explicó la mayor despreocupadamente.

- ¡No puedo estar en un edificio exclusivo para chicos! – continuó Mimi exaltada. - ¡Exijo que me dé un dormitorio en el edificio A! –

- No estás en posición de exigir, Tachikawa. – respondió la mayor.

- Pero es muy razonable lo que ella está pidiendo, profesora. – intervino Yamato. – No tiene sentido que una chica duerma en la misma habitación que dos hombres, eso no es sano. –

- No será sano para sus mentes perversas. – dijo la mayor. – Pero les advierto que en esta academia esas conductas no son toleradas. –

- ¿Eh? – exclamó el rubio. ¿De qué conductas estaba hablando esa loca mujer? – Lo que quiero decir es que ella debería tener su dormitorio con las demás chicas. –

- Pero ya les expliqué la razón, no hay más dormitorios. El edificio A está sumamente lleno, la mayoría de los cuartos son de tres camas y ya están ocupados, recuerden que hay más mujeres que hombres en esta academia. –

- ¿Y entonces que sucederá con las próximas generaciones? – preguntó Mimi casi gritando. – ¿Se van a quedar sin dormitorio porque ya no hay? –

- Es por eso que ya se están construyendo más pisos en ambos edificios, pero es un proyecto que quedará terminado hasta dentro de 4 o 5 meses, aproximadamente. –

- Ah… - suspiró la castaña. - No puede ser posible, yo no puedo dormir con estos dos. –

- Oh, claro que es posible. – dijo la profesora con una sonrisa. – De hecho, ya deberían de ir para allá a acomodar sus pertenencias. –

- Tiene que ser una broma… - exclamó Mimi.

- No lo es, y será mejor que te hagas a la idea. –

::

Ya pasaba de la media noche y Mimi se encontraba recostada en la cama de su dormitorio mirando hacia el techo. Ese día había sido de lo peor, todo había salido mal, absolutamente todo.

- Y hasta el baño tendremos que compartir… - suspiró.

El dormitorio era bastante espacioso, tenía la forma de un gran rectángulo. Del lado derecho yacía una cama individual, que ella había proclamado como suya, y del lado izquierdo se encontraba una litera, donde ambos chicos ahora se encontraban durmiendo, Yamato abajo y Taichi arriba.

Además contaba con dos mesitas de noche a la orilla de cada cama y con un lindo escritorio de madera frente a estas. En las paredes había fotos artísticas de bailarines y cantantes y una gran ventana que daba vista hacia patio de la escuela, que para dicha de Mimi, estaba justo al lado de la que era su cama.

Lo único que le molestaba, además del hecho de dormir con dos hombres, era el baño. Claro, era lindo, hasta tina tenía. Pero no podía soportar el tener que compartirlo con chicos, en especial porque ella toda la vida había tenido su espacio personal bien definido.

- Detesto este lugar… - dijo entre susurros. – Detesto mi vida… -

Ladeó su cabeza un poco y sintió como una lágrima se deslizaba por su mejilla. Rápidamente la limpió con su mano, pero no sirvió de mucho, ya que ahora sus ojos color chocolate se encontraban soltando senderos de lágrimas que parecían interminables.

Giró su cuerpo completamente hacia la ventana y se acurrucó, sollozando. Genial, de nuevo se encontraba llorando, llorando de toda la impotencia, coraje y tristeza que estaba sintiendo. No lograba entender cómo fue que su vida cambió en un abrir y cerrar de ojos, no lograba entender porqué todo siempre parecía estar en su contra.

Cerró los ojos con pesadez disponiéndose a dormir. Sus lágrimas aún caían, pero no le importaba, lloraría lo necesario, ya que ante todos debía mostrarse fuerte, como ella siempre había sido. Tenía mucha suerte de que ambos chicos estuvieran dormidos, ya que no soportaría que la vieran tan débil y vulnerable.

Pero lo que no sabía es que unos ojos azules la observaban con tristeza al otro lado de la habitación. Era Yamato Ishida, que tampoco había podido dormir y había estado escuchando los sollozos de la chica durante toda la noche. Quería hacer algo… sentía que debía hacer algo para consolarla, pero en el fondo sabía que la chica necesitaba ese momento para ella, para desahogarse y sacar todos sus pesares.

Ya mañana sería un nuevo día, un nuevo día para seguir luchando por sus sueños.

Las horas pasaron rápidamente y el sol ya se había asomado en la ciudad de Tokyo. En la habitación de los estudiantes especiales apenas se podía percibir ruido alguno, sólo se escuchaba el sonido del agua de la ducha golpeando el suelo de la tina.

Un somnoliento Taichi Yagami abrió los ojos con lentitud a la vez que se tallaba uno de estos con el antebrazo. Todo seguía difuso y cuando al fin pudo ver con claridad notó como la puerta del baño estaba cerrada, alguien se estaba duchando seguramente. Al ver que la cama de Mimi yacía tendida, se sentó y asomó su cabeza a la cama de abajo, pero Yamato ya no estaba ahí y su cama también estaba impecable.

- Hmmm… - exclamó a la vez que se estiraba de brazos. - ¿Qué hora será? –

- Las ocho y media de la mañana. – respondió una voz femenina, era la de Mimi, quien se encontraba sentada en el escritorio cepillando su cabello aún húmedo.

- ¡Ah! – se exaltó. - ¿Porqué no me levantaste? ¡La clase empieza en media hora! –

- ¿Y qué importa? – replicó la castaña. – A nadie le molestará si llegamos tarde, de todos modos somos los únicos en nuestra clase. –

- ¡No lo decía por eso! – exclamó Taichi bajando de la litera de un salto. - ¡Si no me apresuro no alcanzaré a desayunar! –

Mimi simplemente giró los ojos y siguió con lo suyo.

- Supongo que ahora debo esperar a que Ishida termine. – dijo el chico recargándose en la pared al lado del baño. – Ojalá no tarde demasiado. –

La chica ignoró las últimas palabras del castaño y se levantó de su asiento dirigiéndose a la puerta de la habitación.

- Me voy a desayunar, nos vemos en el salón. –

Y sin más, salió del lugar cerrando la puerta tras de sí. Taichi observó la última acción de la castaña y suspiró. ¿Cómo es que las facetas de Mimi Tachikawa podían ser tan espantosamente distintas? Estaba frustrado por el hecho de que a veces parecían llevarse muy bien y de repente todo volvía a ser como en un principio.

Aunque bueno, realmente no eran amigos. ¿O sí? La chica no era de mostrar mucho sus verdaderos sentimientos y de esa manera era imposible averiguarlo. Pero él no se rendiría, se había propuesto acercarse más a Mimi y lo iba a lograr.

- Hmm… ¿Cuánto tiempo más puede tardar Ishida? – exclamó mirando hacia la puerta del baño, que aún yacía cerrada. – Debo comenzar a levantarme más temprano. –

::

Mimi ahora se encontraba en la cafetería de la escuela sentada en una mesa al lado de una de las ventanas del lugar. Se había servido waffles con miel como desayuno y los comía lentamente, mirando con notorio desinterés el paisaje que la ventana le mostraba: el patio de la academia.

Lucía sumamente aburrida y pensativa. Estaba a punto de dar un bocado más cuando un frío líquido cayó sobre su cabeza, mojándola por completo. La chica inmediatamente alzó la mirada y se encontró con una alta rubia que la miraba divertida, esa molesta francesa cuyo nombre no recordaba.

Era jugo de naranja lo que ahora goteaba sobre su cabello y rostro, y sabía perfectamente que esa tipa se lo había derramado apropósito.

- ¡Lo siento! – exclamó Catalina con voz fingida. - ¡No iba fijándome y derramé todo el jugo sobre ti! –

- ¿Qué rayos te sucede? – gritó Mimi levantándose de su asiento. - ¿No ibas fijándote? ¡Es más que obvio que lo derramaste sobre mi cabeza apropósito! –

- Bueno, es que te vi tan sola y pensativa. – dijo la rubia con un toque de arrogancia en su tono de voz. – Creí que tal vez estabas tramando tu próximo robo y quise sacarte esos pensamientos. –

- ¿Robo? – claro, no recordaba que había quedado como una ladrona frente a todos. – No soy esa clase de persona, ¿Pero sabes qué? Me importa muy poco lo que tú pienses de mí, así que aléjate de mi vista. –

- La que debería alejarse eres tú. – exclamó la rubia. – Ya si no te vas de la escuela, mínimo ve a lavarte el cabello, porque déjame te digo que es un asco, jajaja. –

Mimi frunció el ceño y apretó los puños, estaba sumamente molesta. Le hubiera gustado darle la contra a la francesa, pero la verdad es que si no lavaba pronto su cabello, quedaría pegajoso y duro, cosa que ella no podía permitir.

Así que sin más, se dio media vuelta y salió de la cafetería para dirigirse a los sanitarios más cercanos.

Una vez ahí, abrió el agua de uno de los lavabos que se encontraban en el lugar y con una mano introdujo su cabello al chorro de agua que este soltaba para comenzar a lavarlo. Se entretuvo jugando con su melena por unos cuantos minutos hasta que al fin la sintió libre de pulpa de naranja. Lástima que el olor no se iría dentro de un buen rato.

Salió del sanitario y revisó el reloj de la pared, eran ya casi las nueve de la mañana, su clase iba a empezar en cualquier momento y se supone que debía apresurarse, aunque ciertamente no le importaba mucho.

Siguió andando a paso lento y en el camino se cruzó de frente con dos estudiantes, ambas eran chicas de la que se supone debía ser su clase. La castaña desvió la mirada y se hizo a un lado para poder pasarlas, pero justo cuando se interceptaron, una de ellas se fue contra Mimi empujándola fuertemente con su hombro, haciendo que esta se estrellara en la pared.

- ¡Jajaja, bien hecho! – le dijo su compañera mientras ambas seguían caminando, ahora ya dándole la espalda a Mimi. - Se lo tiene merecido. –

- Lo sé, una ladrona como ella no debería estar aquí, mira que robarle su amuleto a Sora sólo porque ella no tiene buena suerte… -

- ¡Es tan arrogante y a la vez patética, pareciera que atrae la mala suerte! –

Las jóvenes seguían burlándose en voz alta a la vez que se alejaban de Mimi, que seguía recargada en la pared mirándolas con incredulidad. ¿Qué estaba pasando? ¿Ahora toda la academia se había puesto de acuerdo para molestarla?

Dio un prolongado suspiro y cerró los ojos para tratar de calmarse, personas como esas no valían la pena.

Reanudó su camino hacia su salón de clases, estaba goteando del cabello y su brazo izquierdo le dolía, puesto a que sobre el cayó todo su peso cuando esa tipa la había empujado. Estaba a punto de llegar a las escaleras que daban al sótano cuando un huevo le pasó por en frente, haciendo que se detuviera en seco.

- ¿Qué rayos? –

La chica volteo a la dirección de la que el huevo había venido y abrió los ojos de par en par al notar que había varios estudiantes con uno en sus manos y claras intensiones de lanzarlo contra ella. Miró de reojo hacia las escaleras, aún estaban lejos y si corría la iban a alcanzar, podría decirse que estaba acorralada.

- ¡Aquí no queremos ladronas! –

Exclamó una chica de cabellos color azabache levantando la mano donde tenía el huevo, preparándose para lanzarlo; todos los demás chicos imitaron la acción de la pelinegra, apuntando directo hacia Mimi. Definitivamente atrapada. La castaña por reflejo se cubrió la cara con su antebrazo y bajó la cabeza, esperando el impacto.

Fue extraño, porque aunque no los sintió, sí había logrado escuchar a la perfección como varios huevos se habían estrellado. De pronto unos fuertes brazos la rodearon por completo ocasionando que abriera los ojos y levantara el rostro para ver de quien se trataba.

Clara fue su sorpresa al ver a Taichi Yagami protegiéndola con su ancha espalda y recibiendo el impacto de cada huevo que estaba siendo lanzado.

Tan pronto la avalancha de huevos se terminó, toda la multitud salió corriendo con rapidez en dirección a los salones, se escuchaban divertidos y triunfales a la vez que se alejaban del lugar, dejando solos a Mimi y a Taichi.

- Imbéciles, me las van a pagar… - susurró el chico observándolos aún sin soltar de su agarre a Mimi. – Lo bueno es que no pasó… -

Pero dejó de hablar cuando notó que la cabizbaja chica temblaba entre sus brazos y comenzaba a sollozar débilmente, cosa que lo alarmó de inmediato.

- ¡Oye! – exclamó tomándola de ambos brazos y separándola un poco. - ¿Estás bien? –

Mimi sólo asintió, mas no levantó el rostro.

- No se saldrán con la suya, le diremos al director, y si él no hace algo, yo mismo me encargaré de darles su lección. – dijo Taichi.

- ¡Ya no lo soporto! – exclamó Mimi cerrando los puños. - ¡Este lugar es un asco! –

Taichi la tomó de la barbilla para hacerla levantar el rostro y así poder mirar esos ojos color chocolate que tanto le gustaban, pero que ahora estaban siendo opacados por lágrimas.

- Oye, eso es lo que ellos quieren, que te rindas. – la consoló el castaño. – Y aunque no te conozco lo suficiente, sé que lo que menos deseas es complacerlos. –

- Pero aunque tú o el director hagan algo las cosas no van a cambiar, ellos me seguirán acosando y molestando como lo han estado haciendo toda esta mañana. -

- Ya se les pasará. – respondió el castaño. – Y no te preocupes, yo trataré de estar ahí para defenderte. -

- No te necesito, Taichi. – replicó Mimi secamente a la vez que se alejaba del chico y se limpiaba las lágrimas con su dedo índice. – Y será mejor que vayamos a clases de una vez, seguro el profesor ya está ahí.

- Lo que digas… - exclamó Taichi sonriendo a la vez que giraba los ojos. – De todos modos pienso que fue bueno que se me hiciera tarde, si no, estaría ya en el aula y no habría podido evitar el ataque de los huevos. –

¡Era cierto! Por un momento olvidó que el chico había recibido toda la avalancha. Rápidamente tomó al castaño de los brazos y le dio la vuelta para revisar su estado. Era peor de lo que pensaba, todo el saco de su uniforme estaba bañado en clara de huevo.

- ¿Tan mal quedó? – preguntó Taichi ladeando la cabeza para poder ver a la chica.

- No te preocupes, yo lo lavaré esta misma tarde. – respondió Mimi. – Por mientras deberías quitártelo. –

- ¡Ah! No es necesario, yo puedo lavarlo. –

- Dije que YO lo lavaré, no discutas conmigo. –

- Bien… - respondió el chico aun manteniendo su sonrisa. – Y creo que ya pasan de las nueve, hay que apurarnos. –

Mimi asintió y comenzaron a caminar en dirección a las escaleras. Taichi la miró de reojo y le entristeció un poco ver el semblante de la chica; lucía abatida, fastidiada y desanimada. El castaño sonrió débilmente y suspiró.

- ¿Sabes Mimi? – exclamó a la vez que la miraba.

La chica lo volteo a ver sin mucha expresión en el rostro.

- Adoro el olor a naranja. – dijo sonriente, regresando su mirada al frente para continuar con su camino.

La castaña detuvo su andar y abrió los ojos de la impresión al escuchar las palabras del chico. Llevó una de sus manos hacia su largo cabello y tomó un mechón para acercarlo a su nariz. Definitivamente, aún olía a naranja. Levantó la vista y notó que Taichi aun seguía caminando hacia las escaleras.

Soltó su mechón de cabello mientras una delicada sonrisa se dibujaba en sus labios. No entendía como un comentario tan simple la había hecho sentir mejor, pero lo cierto era que el mal humor le había desaparecido casi por completo.

- ¡Hey, niña arrogante! – la llamó Taichi desde las escaleras. - ¿No vas a bajar? –

- ¡Ah! – exclamó Mimi. – Claro… -

Dicho esto, la chica comenzó a correr en dirección al castaño. Seguramente la clase ya había empezado y el profesor Kido estaría muy frustrado con tan sólo un alumno presente; aunque bueno, eso realmente no le importaba.

::

Mitad del día ya había pasado y ahora los alumnos especiales se encontraban tomando su primera clase de inglés, a cargo del profesor Koushiro Izumi, un hombre que seguramente apenas estaba alcanzando los treinta años de edad. Tenía un aspecto juvenil y corto cabello rojizo levemente alborotado.

- So, you'll have to learn these verbs for the first vocabulary test, let's repeat them. – exclamó el pelirrojo. – Deny, DENY. – repetía una y otra vez.

Los tres chicos lucían aburridos y abrumados mientras el profesor seguía anotando cosas en el pizarrón.

- Give up, GIVE UP. – decía el mayor en voz alta sin darle la cara a los chicos. – Lose, LOSE. –

- Ehm… mister. – exclamó Yamato.

Koushiro dejó de escribir y se tornó completamente para observar al rubio.

- No tienes que hablarme en inglés, chico. – dijo el mayor. – Después de todo, esta clase es de relleno. –

El rubio asintió.

- Sigue siendo una materia de todos modos… - hizo una pausa. - ¿No podría mejor enseñarnos otra clase de palabras? –

Taichi y Mimi voltearon a ver a Yamato desde sus pupitres. Él tenía razón, su vocabulario de inglés consistía solamente en palabras de perdición y negación.

- Pero estas son las que vienen indicadas en el cronograma… - replicó el profesor.

- Creo que nos haría mejor escuchar algunas palabras positivas. – dijo Yamato.

Koushiro rápidamente entendió lo que el chico quería decir. El director ya le había explicado el caso de la nueva "clase especial" y la verdad es que le parecía muy injusto.

- No dejen que esto los desanime, muchachos. – dijo el mayor. – Ustedes deben seguir esforzándose. –

Los tres chicos suspiraron y volvieron a sus cuadernos para seguir anotando lo que estaba escrito en el pizarrón. Después de todo no tenía sentido quejarse, ya que había sido el mismo director quien los había puesto en esa penosa clase especial.

El día resto del día transcurrió a la normalidad y la noche rápidamente llegó a la ciudad. Taichi y Yamato se encontraban en su dormitorio sin hacer mucho y sin dirigirse la palabra, el rubio estaba sentado en la orilla de su cama tocando el bajo con un semblante tranquilo. Mientras el castaño simplemente miraba el cielo estrellado desde la ventana, estaba relajado gracias a la suave música de su compañero de habitación.

Sabía que en ese preciso momento Mimi se encontraba lavando su saco del uniforme en la lavandería del edificio, se había ofrecido acompañarla, pero la chica le había respondido que prefería estar sola, y bueno, con lo terca que era, no había podido convencerla.

Siguió metido en sus pensamientos hasta que el sueño comenzó a apoderarse de él y decidió irse a la cama, pero justo cuando iba a subir, algo en el cielo llamó su atención. ¡Había comenzado a nevar! De inmediato se alejó de su cama para pegarse completamente a la ventana.

- ¡No puede ser! – exclamó Taichi. - ¡Está nevando! –

El rubio dejó de tocar y lo miró extrañado.

- Ehm, sí. - respondió. – Es muy común en invierno, por si no lo sabías. –

- ¡No es eso! – dijo el chico mientras corría a ponerse sus tennis. - ¡Dejé mi moto estacionada a un lado del edificio! ¡Si le cae mucha nieve se va a estropear! –

- Para eso está el estacionamiento techado, no debiste dejarla aquí. – dijo Yamato. – Pero bueno, será mejor que te apresures y la muevas de lugar. –

- ¿Qué crees que estoy haciendo? –

Taichi tomó su abrigo y salió con rapidez de la habitación. Corrió por todo el pasillo y bajó las escaleras a una velocidad impresionante, si su moto se descomponía no se lo iba a perdonar, había sido un regalo de su padre, el único que le había dado en muchos años.

Al fin llegó a la entrada del edificio y salió de este aún a paso rápido sin importarle que todos esos copos de nieve le cayeran encima. Aceleró su andar justo antes de doblar en la esquina del lugar y al hacerlo sus ojos de abrieron de par en par ante lo que veían.

No lo podía creer, era Mimi. La chica había cubierto su motocicleta con cobertores y ahora se encontraba tratando de ponerle varios paraguas abiertos encima para impedir el paso de la nieve.

- Mimi… - susurró Tai muy para sus adentros.

La castaña parecía no haberlo escuchado, pues seguía tratando de que los paraguas se quedaran quietos sobre la motocicleta en vano, ya que se caían constantemente. La chica levantó un paraguas rosado del suelo y lo puso en la parte de en frente de la moto, causando que el que estaba enseguida se cayera.

- ¡Agh! – gritó Mimi con frustración.

Recogió ahora el que se había caído y lo regresó a su lugar, ocasionando que los otros dos paraguas que cubrían el vehículo cayeran inminentemente al suelo. Por quinta ocasión.

Taichi sonrió enternecido al ver la escena.

- ¡Ya basta! – exclamó apretando los puños. - ¡Me rindo, no se puede! –

Se agachó para recoger uno de los paraguas, y justo cuando lo iba a tomar, una mano se le atravesó y lo agarró primero que ella. Mimi levantó la mirada y al ver de quien se trataba, se paró inmediatamente.

- Hace mucho frío aquí afuera. – dijo Taichi levantando el paraguas para cubrir a la castaña. – Te podrías resfriar… -

- Sí, ya iba para la habitación. – replicó Mimi sacudiéndose la nieve de su abrigo.

- ¿Y todos estos paraguas? – preguntó el chico.

- Son míos, tengo de casi todos los colores. –

- No me refería a eso, yo lo decía por… - hizo una pausa. – Bueno, creo que mi moto sobrevivirá la noche gracias a ti. –

La chica simplemente desvió la mirada ante el comentario del castaño.

- Deberíamos subir. – dijo el chico. – Vamos. –

Taichi comenzó a caminar en dirección al edificio, pero fue detenido por el débil agarre de la mano de Mimi. El chico ladeo el rostro y notó a la castaña sujetando su abrigo por la espalda, lo que hizo que se girara completamente para quedar de frente.

- ¿Qué sucede? – preguntó Taichi.

- Yo... bueno… - comenzó a balbucear en voz muy baja. – Es sólo que… -

El castaño la miró extrañado, no era muy común ver a Mimi titubeando al hablar.

- Quería agradecerte por… lo de hoy. – dijo cabizbaja. – Por defenderme de esos chicos, la verdad es que habría quedado deshecha si tú no hubieras llegado… -

Taichi sonrió ampliamente al escuchar a Mimi decir esas palabras, aún recordaba cuando la había ayudado la primera vez en el metro y esta se había negado rotundamente a agradecerle, de hecho, nunca antes la había escuchado agradecerle a nadie. Ahora lo confirmaba, los huevos en su uniforme habían valido totalmente la pena.

- Además te quería pedir perdón por cómo me he portado contigo… - continuó la chica. – No eres un fastidio como dije la otra vez. -

- Hey, tranquila… no me lo tomé muy enserio. – dijo el chico aún con una sonrisa. – Y no me lo agradezcas, siempre he creído que los amigos deben ayudarse mutuamente. –

Mimi no respondió y de nuevo desvió su mirada. ¿Amigos? Nunca lo había pensado de esa manera, y lo más extraño era que la idea no le molestaba.

– Oye, ya deberíamos subir. – exclamó Tai, sacándola de sus pensamientos. – Está helando y no va a dejar de nevar. –

– Ah, sí. – replicó Mimi asintiendo. – Pasemos por la lavandería primero, creo que tu uniforme ya se terminó de secar. –

– ¡Gracias! Aunque a la próxima no te molestes, yo habría podido lavarlo. –

– No empieces, Taichi. – respondió la chica. – Harás que me arrepienta de haberlo hecho y soy capaz de lanzarle huevos yo misma para que así puedas lavarlo tú. –

– ¡Hey! – exclamó el castaño. - ¡No me refería a eso! –

Mimi giró los ojos y soltó una risilla. Definitivamente Taichi Yagami podría llegar a ser un buen amigo suyo.

.

.

Un nuevo y reluciente día se asomaba por la cuidad a la vez que las actividades en la Academia YG comenzaban. El suelo estaba completamente cubierto de nieve por la ventisca de la noche anterior y el clima, a pesar del frío, resultaba muy agradable.

Los estudiantes especiales ya habían ido a desayunar y ahora se encontraban en su clase de inglés con el profesor Koushiro, como lo harían a partir de ahora durante las primeras dos horas de su periodo escolar.

Mientras eso sucedía, el profesor Joe Kido se encontraba en la entrada de la academia hablando por su teléfono celular, en su rostro se reflejaba genuino nerviosismo y hasta un toque de preocupación, al parecer alguien no le estaba dando buenas noticias.

– ¿Es sobre Mimi? - respondió el peliazul y guardó silencio mientras la otra persona hablaba. - ¿Urgente? -

Joe miraba de un lado a otro, como cerciorándose de que nadie lo estuviera observando.

– Está bien, señor Arukawa. - replicó asintiendo. - Lo veré mañana a esa hora. Adiós. -

El peliazul colgó la llamada y guardó su teléfono en su saco a la vez que se acomodaba las gafas con su dedo índice. Miró hacia el cielo y dio un largo suspiro.

– ¿Que querrá este hombre? - dijo para si mismo. - No creo que sea nada bueno... -

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Pasó la mañana, después el medio día, y en un abrir y cerrar de ojos ya era la hora de la comida en la Academia YG. Todos los estudiantes comenzaban a dirigirse hacia la cafetería mientras los alumnos especiales seguían en el sótano, preparándose para subir.

Los tres chicos se encontraban sentados en sus pupitres ordenando sus mochilas con pesadez en sus movimientos. La primera en terminar fue Mimi, quien rápidamente se levantó de su asiento y comenzó a caminar hacia la puerta del salón.

- Hey, Mimi. – exclamó Yamato levantándose también. – Tenemos que hablar, ¿vas a seguir ignorándome todo el tiempo? –

Mimi ladeo un poco la cabeza y lo miró de reojo. ¡Por supuesto que lo seguiría haciendo! No tenía intención alguna de dirigirle la palabra. Así que sin más, simplemente le volteó la cara y salió a paso rápido del salón.

- Oye… - habló Taichi, quien ya se encontraba tras el rubio. – Yo tengo algo que quiero hablar contigo. Vamos a la cafetería. –

El ojiazul simplemente lo miró confundido y suspiró. Tomó su mochila y salió del salón seguido por Taichi. Subieron las escaleras y caminaron varios pasillos hasta que llegaron a su destino, la cafetería de la academia, que ya se encontraba sobrepoblada de gente.

- Mira, podemos hablar por allá. – dijo Taichi señalando una mesa en la esquina que, para su suerte, aún se encontraba sola. – Vamos. –

El rubio siguió al chico hasta la mesa y se sentaron el uno frente al otro. Ahora Taichi se encontraba callado y Yamato lo miraba con insistencia. No esperaba que él fuera quien iniciara la conversación, ¿O sí? Pero no tuvo que esperar mucho, ya que el castaño comenzó a hablar.

- Discúlpate con Mimi. – dijo sin más. – Si lo haces, yo me disculparé contigo por golpearte. –

Yamato arqueo las cejas al escuchar las palabras del castaño.

- ¿Pero de que se supone que debo disculparme? –

- No finjas que no lo sabes. La expusiste como una ladrona en frente de todos. – exclamó Taichi mirándolo con desaprobación.

- ¿Te refieres a eso? – respondió Yamato. – Mi intención no era exponerla, lo hice para que se diera cuenta… -

- ¿Cuenta de qué? –

- Ella no necesita un amuleto de la suerte, y en el fondo lo sabe. – respondió el rubio. – Sólo aquellos que no creen en sí mismos necesitan respaldarse con cosas así. –

- Pero es que… -

- Ese tipo de cosas no van con ella. – interrumpió Yamato. - No necesita nada de eso para brillar, yo la he visto hacerlo con mis propios ojos. – dijo recordando aquella vez que la escuchó cantar por primera vez. - Si alguien no le daba ese impulso, nunca se iba a dar cuenta de que su talento no depende de un objeto sin vida. La suerte la hace uno mismo. –

- No se trata de talento solamente, tiene que ver con su padre. –

- ¿Con su padre? – preguntó el rubio con cierto interés.

- Justo cuando tenía ese pendiente, su padre la llamó por teléfono. – explicó Taichi. - Si hubieras estado ahí viendo lo feliz que se puso, no habrías sido tan desconsiderado con ella. –

Yamato desvió la mirada y permaneció en silencio.

- Ella podrá parecer muy fuerte y dura en el exterior, pero la verdad es que es una chica dulce y frágil. – continuó el castaño. - ¿Te sientes bien contigo mismo al verla tan devastada? –

Yamato estuvo a punto de responder cuando se vieron interrumpidos por el estridente sonido de un altavoz, que venía justo del escenario al centro de la cafetería.

- Soy Mimi Tachikawa, de la clase especial. –

Todos en el lugar habían dejado de comer y ahora miraban intrigados a la chica que tenían frente a ellos. Incluso Yamato y Taichi no parecían comprender del todo la situación. ¿Qué hacía Mimi allá arriba?

- Mira… es esa chica arrogante. – exclamó Miyako. – Sí que le gusta llamar la atención. ¿Verdad, Sora? –

La pelirroja simplemente asintió a la vez que miraba a Mimi con un semblante de fastidio. ¿Qué era lo que estaba tramando ahora? Le molestaba el simple hecho de tener que escucharla, pero lo que más le daba coraje era que absolutamente todos los estudiantes que se encontraban ahí habían dejado de hacer lo que estaban haciendo para ponerle atención a la castaña. Incluso ella misma.

- La razón por la que estoy aquí parada frente a todos ustedes es para decirles que ya no voy a tolerar la manera en la que me tratan. – exclamó la castaña aún con el altavoz. – Se las han ingeniado para hacerme la vida imposible, pero ya no más. ¡No soy una ladrona, ni mucho menos una persona sin suerte! –

- ¿De qué hablas? Todos vimos que tú tenías el pendiente de Sora, es obvio que lo robaste porque tú sólo atraes la mala suerte. – dijo Daisuke, quien se encontraba en la misma mesa que Sora y Miyako.

- No lo robé. – replicó Mimi. - Ese amuleto pertenece a las personas con verdadero talento, y fue por eso que llegó a mí. –

Sora frunció el ceño ante las palabras de la castaña.

- Yo no necesito de nada de eso para tener suerte, mi talento no depende de ese collar. – continuó la chica. - Y se los voy a demostrar en la prueba de canto de la próxima semana. –

- ¿Y cómo se supone lo vas a probar? – preguntó Catalina con una sonrisa altanera.

Mimi le sonrió de la misma manera y devolvió su mirada al frente.

- Voy a conseguir una mayor puntuación que la de Sora Takenouchi. – dijo con voz firme.

- ¿Acaso se volvió loca? – preguntó Miyako mirando a la pelirroja. - No tiene posibilidades de ganarte… -

- De hecho, creo que esa prueba no debería ser aplicada a la clase especial, ya que no llevan la materia de canto. – exclamó Ken. – Lástima que sea un requisito de la Secretaría de Educación Artística. -

Mimi ignoró los comentarios de los chicos y prosiguió con lo suyo.

- Y eso no es todo. – continuó a la vez que le subía el volumen al altavoz. - Si logro conseguir una mayor calificación a la de Sora… - hizo una pausa y los miró con decisión. - Todos tendrán que pedirme perdón y nunca más se volverán a meter conmigo. –

Yamato, quien la miraba desde lejos, sonrió al escuchar las palabras de la chica. Taichi simplemente la seguía observando con los ojos abiertos de par en par. –

- Creo que ahora sí se le zafó un tornillo. – dijo Daisuke. - Ni siquiera puede prepararse para las pruebas. -

- No le hagas caso, Sora. – intervino Miyako. - Ni en sueños podría obtener una mejor calificación que tú, no te olvides que eres quien tiene el amuleto. –

Sora miró de reojo a la pelimorada y luego devolvió su vista hacia Mimi, observándola con desdén.

Todas las personas en la cafetería ahora se encontraban murmurando a excepción de dos chicos que estaban al fondo del lugar, observando fijamente a la joven que yacía sobre el escenario.

- ¿Puedes creer lo infantil que es Mimi? – preguntó Yamato a Taichi, con una sonrisa. – Pareciera una chiquilla obstinada. –

El castaño dejó de ver hacia el escenario para dirigir su mirada al ojiazul, quien seguía sonriendo.

- Sin embargo, esta es la verdadera Mimi Tachikawa. – continuó Yamato. – La chica decidida y fuerte que yo conozco. –

Taichi estaba perplejo, sin habla. Bajó un poco la cabeza y luego devolvió su mirada hacia el frente; grande fue la sorpresa en su rostro cuando notó que ahora Sora se encontraba de pie sobre su mesa a punto de decir algo.

- Y si yo obtengo una mayor puntuación y te gano… – exclamó con fuerza la pelirroja. - ¿Qué planeas hacer? –

- Entonces admitiré que soy una ladrona y que tengo mala suerte. – respondió Mimi con firmeza. – Y además, podrán seguir tratándome como se les plazca. Cualquier cosa que hagan, la voy a aceptar. –

Sora sonrió satisfecha ante las palabras de la castaña, a lo que Mimi le respondió con una sonrisa aún más grande.

- Pero no te preocupes, Sora. – exclamó con altanería. – Yo definitivamente ganaré esto. –

Sin duda alguna, la batalla había comenzado.


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Notas de la autora:

Woops, este capítulo fue uno de esos que tuve que cortar para que no estuviera tan extremadamente largo D:! Les juro que no me doy cuenta y de repente ya son 10,000 palabras. ASDF. PERO EN FIN, ya está terminado! Y la parte que le corté se quedará para el próximo cap!

Y bueno... ¿Qué les pareció este capítulo? Creo que tuvo bastante Michi para mi gusto D:! Y no es que no me guste, pero prefiero el Mimato (Sólo lo soporto porque adoro a Taichi, es un amor!) Y sí, yo también habría pensado que Matt fue muy malo al descubrir a Mimi en frente de todos, pero al final ya vieron que tenía sus válidas razones, él sabía que si no le daba un impulso a la chica, esta nunca se iba a dar cuenta de que ella puede sola y no necesita de nada de eso para brillar. Aunque bueno xD! Igual y nuestro Yama pudo haber sido más discreto, haha, pero cada quien hace las cosas a su modo y ahora Mimi no quiere verlo ni en pintura.

¿Y que opinan del reto que le puso a Sora? ¡Oh, sí! A ver que pasa. La verdad pienso que fue lo correcto que se armara de valor y enfrentara a la bola de bullies. Ella pudo haberse quedado llorando, pero NO, decidió ser fuerte y ponerlos en su lugar. ¡Y AH! Ya vieron que los puse en el mismo dormitorio XD! Hehe, por más absurdo que suene, saben que nos conviene!

Y si viven en México, como yo, tal vez les pareció gracioso lo de la Secretaría de Educación Artística (SEA); hahaha, no estaba muy inspirada y necesitaba un nombre que sonara importante y nacional (?) y como olvidar nuestra querida Secretaría de Educación Pública ~

PERO BUENO, ya ya, dejaré de escribir, me emociono con las notas de autora! Y ya saben, les quiero agradecer mucho por el apoyo brindado y sus lindos reviews :)! Enserio me pongo muy feliz al leer cada uno de ellos. ¡GRACIAS! Gracias por escribirme, gracias por leerme, gracias por ponerme en favoritos, por ponerme en alerta. ¡Por todo! Ahora sí, me retiro chicos! El próximo capítulo ya está listo, tal vez se los traiga antes de la semana, hehe, eso podría depender en parte de ustedes :D! ¡Los quiero! No se olviden de dejarme un RR! Ya saben que me harían muy feliz y además, no pierden mucho tiempo ~ ¡Vamos lectores invisibles, ustedes también!

¡Un beso!
Atto. Rolling Girl
aka: Gravi ~