Capítulo 6. Maximoff

No pudieron convencerla.

Con todo el enfado que ello supuso para Clint, que había visto a su mejor amiga morir para nada. Pero eso no era lo peor. Lo peor era ser conocedor de un fin cierto y próximo, ahora que su tercer hijo acababa de nacer, ahora que empezaba a vivir y que tenía todo por delante…

Y en realidad, lo que tenía por delante era un asteroide de más de 400 km de diámetro (casi como el (4)Vesta que orbitaba entre Marte y Júpiter), viajando a una velocidad cercana a los 210.000 km/h.

El Capitán se resistió a pensar que la habían perdido para su causa. Hasta quiso justificar la muerte de Natasha. No había sido un asesinato, la italiana lo hizo semiinconsciente en defensa propia, se repetía.

A eso se le llama negación, y es una de las fases del duelo.

Furia también albergó alguna esperanza concentrada en las amenazas que vertió sobre la profesora, pero a la mínima que ésta las interpretó como lo que eran, no dudó en amenazar ella a su vez. Se sabía poderosa después de comprobar de facto lo que era capaz de perpetrar.

Mas no ejecutó vendetta alguna; no hizo falta, puesto que la dejaron marchar.

Esa mano de cartas estaba cortada. Tocaba buscar a la desesperada.

Tony, que al principio no daba crédito a la verdadera condición de la científica otrora admirada por él, se puso a trabajar a destajo: cálculos, prototipos, aplicación de armas de componente nuclear…

Visión consiguió que recapacitase (este ente siempre tan pragmático). No le quedaba tiempo, eso era un hecho, debía admitirlo. Y precisamente en esos momentos, había algo más importante.

En una ocasión ya estuvo a punto de morir sin despedirse de Pepper, pero entonces JARVIS calculó las probabilidades de salvar el mundo aun pereciendo él; y las había. Aquí, se reducía a un ínfimo 0,01%.

Visión le aconsejó que destinara el resto de su vida junto a ella, que le dedicase sus últimos suspiros a la persona amada.

Y así obró.

Pero Furia no. Él seguía convencido de que existía algún resquicio por el que entrase la luz.

Había calibrado incluso la posibilidad de implicar a Magneto, pero lamentablemente la NASA tardó poco en establecer que la composición del enorme meteoroide era principalmente carbonácea, con escasa porción metálica. Magneto no lo iba a mover una mierda.

Y con la única mutante telequinética de nivel-Omega criando malvas desde hacía unos años merced a un zarpazo de Lobezno, sólo le quedaba una «mejorada» con habilidades similares, mismo nivel… pero sumida en una profunda depresión tras perder a su hermano.

Era un cometido ambicioso, era demasiada presión, mas creía ciegamente en ella. Fe absoluta. Y no falló.

Wanda logró influir en el planetoide, frenarlo y comenzar a desviar su trayectoria.

Nick, Steve, Clint… ¡hasta Tony! no cabían en sí de euforia. Champán borboteando en cascadas.

Mira Scrivani estaba sentada en una sala del aeropuerto esperando a que el avión que la iba a llevar de vuelta a Italia despegase. Leía distraídamente un libro (Regreso a Entia, de Stanisław Lem) cuando lo notó.

Percibió un cambio, un leve alejamiento de la gravedad del objeto que surcaba el espacio hacia ellos. Y francamente, le pareció mal, antinatural, una auténtica intromisión del hombre en el equilibrado devenir de la naturaleza.

De modo que invirtió una gran energía propia en pugnar por que las cosas tornaran a su cauce.

Y cuando por fin el asteroide regresó de nuevo a su rumbo previo, retomó tranquilamente la lectura.