*Este fic está publicαdo únicαmente en FαnFiction. net y en Wαttpαd*

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Disclaimer: Tanto Resident Evil como los personajes pertenecen a Capcom.


Agradecimiento especial a mi Beta Reader: Stacy Adler. ¡Muchísimas gracias, Mire linda!

N/A: Las escenas retrospectivas están escritas en cursiva, además de que cuentan con «» (comillas) al principio y al final del recuerdo.


Capítulo 6. Bomba de tiempo.


Washington, DC.

Se apresuró lo más que pudo, tenía que estar en la agencia lo antes posible. Toda la información que Jake le facilitó hacía un momento en aquella habitación de hotel, era de suma importancia, no podía dejar pasar eso y menos ahora que el mercenario decidió ir a Polonia por cuenta propia; tenía que entregar esa información y con ello lograr que Jake no se hiciera cargo de todo eso él solo. No obstante, quería saber si Leon estaría de acuerdo con no comentar nada al agente de seguridad nacional. Ella no tenía idea de lo que debía hacer respecto a su propia agencia, sólo sabía que tenía que ir cuanto antes a Nueva York y poner al tanto a la B.S.A.A.

«¡Maldición!»

¿Por qué las cosas tenían que ser tan difíciles?

Tal vez era ella quien estaba complicando todo. Tan sólo debería dirigir su par de pies hasta la oficina de su superior y entregarle la información de una buena vez, pero claro, su maldita paranoia, producto de lo ocurrido con Derek Simmons en el país oriental, le gritaba en su fuero interno que mejor mantuviera esa información únicamente para la agencia que estaba a cargo del hermano de Claire Redfield. Odiaba tener que ser tan insegura, pero qué demonios pasaría si Henry Andrews resultaba ser como Simmons, qué pasaría entonces si ella le facilitaba toda la información.

«¡Maldición, maldición, maldición!»

Necesitaba hablar con Leon forzosamente.

Se adentró al establecimiento, ya no había nadie deambulando por ahí. Los pasillos estaban a oscuras y muy pocos ruidos se dejaban escuchar. Era tarde y estaba consciente de todo el tiempo que pasó fuera de sus funciones, esperaba que Hunnigan o que el mismísimo agente de seguridad nacional no se aparecieran en ese mismo instante o realmente pagaría las consecuencias del incumplimiento a sus obligaciones. Claro que, el pequeño momento que tuvo oportunidad de pasar junto a Jake, jamás lo cambiaría por nada. El mercenario aún no se iba a Polonia y ya lo extrañaba.

Entró a la oficina, aquella que compartía con Leon y Helena. Observó todo al interior esperando encontrar al agente, pero sólo una pequeña lámpara alumbraba el escritorio de la de apellido Harper, quien se encontraba sentada trabajando con su ordenador. Cerró la puerta a sus espaldas y suspiró cansada; el rubio ya no estaba ahí.

—¿Y Leon? —Se apresuró a averiguar.

—Hace como media hora que se fue —respondió sin despegar la vista de la computadora.

—Mierda —masculló por lo bajo.

Seguramente se había largado ya a su departamento. Ahora tendría que ir hasta ahí; no podía seguir perdiendo tiempo. Se acercó hasta su propio escritorio, tomó su chaqueta y algunas llaves que estaban encima de la mesa. Justo en ese momento recordó que también tenía que ir lo antes posible a Nueva York y platicar con Chris Redfield, pero no podía hacerse cargo en ese instante de todo.

—Mierda —rechistó nuevamente, en seguida dirigió sus orbes hasta la otra integrante de la oficina —. Helena, tienes que ayudarme —pidió preocupada.

La Harper notó aquel preocupado tono de voz y resopló cansada. Desvió su atención del ordenador hacia la rubia; Sherry lucía tan intranquila, pero aunque quisiera ayudarla, ella ahora mismo tenía demasiado trabajo, el suficiente para saber que en toda esa noche no dormiría para nada. Todo gracias a la dichosa reunión que tendría el presidente de los Estados Unidos con los gobernantes del país europeo.

Sherry se dio cuenta de la poca disposición que tenía Helena hacia su petición, así que se acercó hasta ella y colocó ambas manos sobre el escritorio de la castaña, esperando lograr convencerla.

—Por favor, Helena. Necesito que me ayudes.

—Sherry…

—Te prometo que jamás volveré a pedirte nada —insistió al borde de la desesperación.

—¿Qué es? —Suspiró rendida.

—Necesito ir mañana a Nueva York a primera hora. —Enseguida la castaña exhaló con fuerza.

—¿Necesitas que te cubra o que te consiga un boleto para el tren de las siete?

—En realidad preferiría un vuelo, necesito estar lo antes posible.

—¡¿Qué?! —exclamó sorprendida —. Sherry, ya es demasiado tarde. ¿Crees que voy a conseguir un vuelo a primera hora? —La rubia juntó las palmas de sus manos en un gesto de súplica, y Helena no hizo más que bufar exasperada—. No te prometo nada.

—Gracias, Helena, sabía que podía contar contigo.

—Haré lo que esté en mis manos y en cuanto tenga una respuesta te marco al móvil.

La única hija del matrimonio Birkin se acercó hasta ella y la abrazó repentinamente, le estaba haciendo un enorme favor. Helena fingió respingar ante la cercanía y luego sonrió divertida, le pidió que se largara de una buena vez y que la dejase trabajar, Sherry asintió de buena gana y luego se marchó de ahí para ir en busca de Leon.

No podía quitar la mirada de encima a la hoja blanca que sostenía. Se hallaba asustada. Alguna vez en su vida deseó tanto que ocurriera lo que estaba pasándole justo en esos momentos; sin embargo, sabía muy bien que ese no era el tiempo correcto y tal vez ni siquiera fuese la persona indicada.

Una semana atrás recibió aquel papel que le dejaba en claro su estado actual. Al enterarse no evitó alegrarse, pero después recordó todo lo que sucedió en su vida los tres últimos años y el panorama de su futuro no era muy alentador. Lo más probable es que el agente gubernamental ni siquiera estuviese interesado en ella de una forma más profunda. Su relación había sido casual hasta esos momentos, ¿por qué tendría que cambiar su forma de verla de un día a otro? Él tal vez sólo quería estar con ella de la forma en que lo habían hecho durante esos tres años, sin ningún compromiso de por medio. Y ella no podría obligarlo a quedarse con ella bajo ninguna circunstancia.

«Washington, DC. Octubre, 2011.

La luz del día que ya lograba filtrarse entre las cortinas de la ventana de su habitación, le obligaron a abrir lentamente los ojos. Sentía los parpados pesados y unas inmensas ganas de seguir durmiendo, pero era tarde y tenía que levantarse. Fue hasta el momento en que decidió ponerse de pie que sintió el peso de un brazo rodeando su cintura, por un momento olvidó que no había pasado la noche sola. Trató de girarse con calma, esperando no despertar a su acompañante; afortunadamente, su compañero se movió entre sueños, liberándola pronto de su agarre.

—Perfecto —musitó, en tanto se sentó sobre el borde de la cama.

Se levantó de su lugar y se dirigió directamente al armario, buscando entre los cajones ropa interior y algo que ponerse encima. Él seguía dormido. ¿Cuánto tiempo permanecieron despiertos?... Mejor aún, ¿cuántas veces a lo largo de la noche hicieron el amor? No tenía idea de cómo sentirse al respecto. Él era su amigo, al menos lo fue hasta el día de ayer en que decidieron que ambos se veían mejor sin ropa. Ocurrió en un abrir y cerrar de ojos; jamás esperó que eso pasara, pero se dio y ya no tenía marcha atrás.

Suspiró, pasando una de sus manos por su ligeramente alborotado cabello. Tomó la blusa de tirantes color celeste que recién sacó de sus cajones y la pasó por encima de su cabeza. Necesitaba una ducha, pero ahora era más importante tener una taza de café muy cargado entre sus manos. Amarró su cabello en su típica coleta y enseguida salió de la habitación, dejando al agente gubernamental aún en profundo sueño.

Él abrió sus ojos, tallándolos en el proceso. Observó todo a su alrededor, comenzado por fijarse en el lado de la cama que ocupó la pelirroja, mas ella ya no estaba ahí. El dulce aroma a manzanas que desprendía el cabello de Claire fue remplazado por el olor del café recién hecho; no tuvo mayor remedio que intentar espabilarse pasando ambas manos por encima de su rostro. Cuando se levantó se dio cuenta de que su ropa se encontraba encima de una silla, seguramente Claire la dejó ahí, pues bien recordaba que las vestimentas de los dos no quedaron precisamente dentro de la recamara cuando comenzaron con su provocativo y sensual juego.

Todo sucedió de una forma tan increíblemente rápida, tanto que aún le costaba creer que Claire y él pasaron la noche juntos. Recordó el momento exacto en que se adueñó de los labios de ella, la grandiosa sensación que tuvo al ser correspondido con el mismo ímpetu. Sería difícil olvidar todo lo que sintió cuando recorrió cada parte de su cuerpo, cuando ella le acarició llenándolo de una pasión indescriptible. No se conformaron con sólo una vez y, a decir verdad, aún no estaba satisfecho, quería más. El simple hecho de recordar lo que hicieron, le hacía desear más de eso. Tiempo atrás imaginó cómo sería estar con Claire, cómo sería compartir un momento tan íntimo con ella, pero sólo se quedó en eso, en ideas un tanto descabelladas en donde la involucrada principal era su mejor amiga. No obstante, ese deseo que estuvo tanto tiempo latente, ahora había salido a la luz y con energía desenfrenada.

Salió de la habitación y siguió el exquisito aroma del café. Iba sin camisa y descalzo, sus jeans era lo único que llevaba puesto. Aquella, la imagen de un hombre irresistiblemente atractivo.

—Buenos días, agente —pronunció la pelirroja con una ligera sonrisa en la cara.

—Vamos, puedes hacer más que eso. —Tomó asiento en una de las sillas del comedor.

—Pues entonces hola, Leon. —Sonrió una vez más y dejó un par de tazas de café sobre la mesa—. Lo lamento, pero es todo lo que puedo hacer.

El agente, no conforme todavía, se levantó del lugar y se aproximó hasta ella. La acercó lo suficiente a él, la asió de forma posesiva por la cintura y sin dudarlo llevó sus labios a los de ella. Claire no tardó en corresponder a su llamado, pero el rubio se separó antes y luego sonrió satisfecho.

—Así está mejor.

—¿Qué se supone que fue eso? —averiguó divertida—. ¿Somos una pareja de recién casados acaso?

—No, pero me hace sentir mejor respecto a nuestra situación. —Soltó, mientras volvió a sentarse.

Claire parpadeó un par de veces luego de escuchar aquello.

Un tanto impresionada, se sentó frente a él.

—¿A qué te refieres exactamente? —inquirió, sin quitarle la mirada de encima.

—A lo que pasó anoche —habló, encogiéndose de hombros—. Escucha, ya sé que no es momento para arrepentirse, Claire, y sinceramente no lo hago. Somos adultos, pero sobre todo, somos amigos. No quiero perderte… ¿lo sabes, no?

La menor de los Redfield seguía confundida por todo lo que Leon le decía. Reafirmó el hecho de que eran amigos y eso sólo quería decir que él no estaba interesado en ella de otra forma, de la manera en que a ella le hubiera gustado.

Lo observó con atención, preguntándose internamente si para él no significó absolutamente nada lo que ocurrió la noche anterior. Estaba claro que no quería dejar de ser su amigo y aquello le afectó más de lo que esperaba.

—Sí… —respondió al fin, dirigiendo la mirada hacia la taza de café».

Washington, DC. Julio, 2014.

¿Cuál era el verdadero problema con Leon?

Al principio creyó que su problema radicaba en el compromiso. Pues aquella mañana, luego de su primer encuentro sexual, él le dejó en claro que quería seguir siendo únicamente su amigo, que no quería perder su amistad. Ella le permitió eso, después de todo, tampoco quería perderlo como amigo. Se siguieron viendo, pero su relación jamás pasó de ser simplemente eso. Se comportaban como los amigos que siempre fueron frente a los demás, y detrás de la puerta se convertían en amantes. Y siempre le pareció que Leon estaba muy cómodo con esa situación.

Sin embargo, después se dio cuenta de que el verdadero problema de Leon tenía nombre y apellido. No hacía falta que el agente le contase todo lo que sucedía con su vida, era demasiado fácil saber las cosas que le afectaban. Una mujer, una espía; era Ada la que tenía el poder de atraer a Leon como ninguna lo había hecho, como ni siquiera ella logró hacerlo. Cuando se dio cuenta de eso, trató de ponerle fin a su extraña relación, pero, lo que ya ocurría entre ellos era mucho más fuerte, algo de lo que le costaba demasiado trabajo desprenderse. ¿Qué se suponía que tenía que hacer cuando el muy imbécil ya se había metido hasta la más profunda membrana de su ser, cuando se dio cuenta de lo estúpidamente enamorada que estaba de él?

Se apresuró lo más que pudo, el maldito elevador estaba ocupado y su única opción eran las escaleras. Rogaba porque Leon estuviese en su departamento y porque Helena le consiguiera ese vuelo. Sentía tantas cosas encima y estaba segura que no era culpa de la chaqueta que llevaba puesta. Así era su vida, el ajetreo siempre formaría parte de ella porque esa fue su elección…, una elección que reflexionaba profundamente en ese instante.

Llegó hasta el piso en donde se situaba el departamento del rubio, no se detuvo a pesar de que a sus pulmones ya les hacía falta un poco de oxígeno. Al llegar frente a la puerta, tocó el timbre en repetidas ocasiones, esperando que en cualquier momento saliera el agente con esa cara de fastidio que siempre ponía cuando se le ocurría despertarlo de esa manera. Pero nada, la puerta no se abría y la cara de malhumorado todavía no aparecía en escena.

Suspiró frustrada.

No le importó; por mucho que ya estuviera al tanto de que Leon no se encontraba ahí, con excesiva fuerza comenzó a golpear la puerta con los nudillos de su mano derecha; quería desquitar su furia con algo y la puerta fue la indicada en esa ocasión para pagar la factura. Ya estaba tan desesperada que lo único que se le ocurrió hacer, fue patear con vigor la entrada del departamento.

Con suma rapidez sacó su teléfono de la chaqueta y comenzó a marcar el número del dueño de aquel departamento. Esperó algunos segundos antes de que el aparato la mandase al buzón de voz. Maldijo en voz baja.

Llevó su mano derecha hasta su cabello. Seguramente estaba con Claire.

«¡Demonios!»

—Estúpido Leon —farfulló.

No podía ir a la casa de Claire, eso sería perder más tiempo y a decir verdad no estaba segura de lo que esos dos estarían haciendo en esos momentos. Era importante hablar con Leon, pero no quería ser la culpable de una bochornosa interrupción. Sabía mejor que nadie que Leon y Claire se frecuentaban desde hacía tiempo, también sabía que su relación no era la de unos simples amigos, porque aunque ellos no habían mencionado nada aún, era bastante obvio que no sólo se tomaban de la mano cuando nadie los veía. En fin, ella tenía la culpa, después de todo si no hubiera llegado tarde de su reunión con Jake, hubiese podido explicarle las cosas al agente.

Resignada, salió del edificio.

Leon entró a la casa de la pelirroja llevando consigo un par de bolsas en las manos. Rastreó el lugar con la mirada en busca de Claire, pero no la encontró por ninguna parte; seguramente ya estaba recostada en su cama. Dejó caer las bolsas encima de la mesa del comedor y enseguida se retiró la cazadora colocándola sobre una de las sillas. Era bastante extraño que no tuviera ganas de hacer nada más, sólo quería estar con ella. Así ya eran las cosas, cuando salía del trabajo lo primero en lo que pensaba era en ir a ver a Claire o invitarla a su departamento. Por eso en ese momento para él sería bueno sentarse con la activista en el sofá y ver una película hasta que ambos se quedasen dormidos, o tal vez después de la cena ir a la cama y quedarse platicando. No importaba lo que hicieran realmente, lo único que deseaba hacer, era quedarse con ella esa noche.

Caminó por el pasillo y vio la luz encendida del que suponía ser el cuarto de estudio. No dudó ni un instante y abrió la puerta siendo lo suficientemente cauto. La encontró cerca del librero observando con atención algo que sostenía entre las manos. No quería asustarla llamándola de repente, en lugar de eso, prefirió caminar con sigilo hasta colocarse detrás de ella y tomarla cariñosamente por los hombros.

—¿Qué haces?

La Redfield menor dio un respingo y de inmediato guardó el sobre blanco entre las hojas de uno de los libros que sujetaba en las manos.

—Joder, Leon. ¿Por qué no llamas a la puerta? —Recriminó con tranquilidad, apretando contra su pecho el par de libros.

—No pensé que te asustarías tanto. —Se encogió de hombros.

—Como sea. ¿Qué haces aquí?

La menor de los Redfield avanzó con los textos entre las manos, salió del estudio y se dirigió directo a la sala. Leon la siguió de cerca. No adivinaba lo que sucedía con la pelirroja, pero se le veía bastante nerviosa. No le agradaba cuando ella actuaba de esa forma, nunca le decía nada y eso le hacía mortificarse más. Ciertamente esperaba algún día ser merecedor completo de su confianza.

—Traje algo para cenar —comentó de inmediato, pero la pelirroja lucía muy distraída—. ¿Me escuchaste, Claire?

—¿Disculpa?

—¿Qué te pasa?

La activista se puso aún más ansiosa. Para Leon no pasó desapercibida la manera en que ella abrazaba contra su pecho ese par de libros. Intentó quedar mucho más cerca de la pelirroja, sin embargo, la mujer retrocedió con un movimiento torpe que le hizo tirar ambas obras.

Los dos se agacharon de inmediato para recoger los ejemplares.

Uno de los libros, muy convenientemente el que llevaba en su interior el sobre, quedó abierto, revelando así lo que ella trató de ocultar.

El agente gubernamental no vaciló a la hora de tomar el sobre entre sus manos.

—Laboratorio George Washington. —Leyó las palabras enunciadas en color azul, enseguida se giró para mirar a la Redfield—. ¿Qué es? ¿Estás enferma? —averiguó preocupado.

—Eso…no te pertenece, Leon.

El aludido se levantó aun observando el sobre, intentando adivinar lo que venía escrito en su interior. Ese sobre le pertenecía a Claire, no había duda, su nombre estaba escrito en él. No quería pensar en nada malo, pero el simple hecho de tener una hoja perteneciente a un laboratorio ya le preocupaba. ¿Claire estaba enferma? Si era el caso, ¿qué tenía?

Claire también se levantó y se cruzó de brazos. Sólo esperaba el momento en que al rubio se le ocurriera abrir el sobre. En el preciso instante en que él leyera lo que decía la hoja del interior, tal vez todo acabaría. No se atrevía siquiera a imaginarse a Leon lejos de ella, ¡por dios!, lo quería, lo quería tanto. Era muy estúpido que a esas alturas estuviera aceptando lo que realmente sentía por él, pero en verdad lo amaba. A decir verdad, lo amó desde la primera vez que compartieron la cama.

Para el completo asombro de la pelirroja, Leon le devolvió el sobre. Claire parpadeó un par de veces, y dudosa lo tomó.

—¿No vas a…?

—No, tienes razón. —No quería presionarla, si ella quería contarle entonces lo haría—, no me pertenece.

«En realidad sí te pertenece», pensó la pelirroja.

Claire tragó saliva, él tenía que saberlo y de todas formas se enteraría tarde o temprano. Tan pronto como pensó en eso, le extendió el sobre de vuelta. El agente observó con atención la acción de ella. Le preguntó con la mirada si estaba segura y ella asintió impulsándolo a tomar el jodido sobre de una buena vez.

Bien, si esa era su decisión, entonces no la cuestionaría.

Sacó la hoja que venía dentro y comenzó a leer con mucho cuidado. Muchos términos médicos se enunciaban ahí, y aunque tuviera muy poco conocimiento sobre la jerga médica, comprendía bien lo que eso quería decir, pues varias cosas entrelazadas le hacían deducir el diagnóstico.

Y no podía creerlo…

Dejó de leer y de inmediato guio sus orbes hasta encontrarse con las de ella.

Ambos se miraron en silencio.

—¿Estás…? —Comenzó nervioso—. Estás embarazada. —Afirmó en un susurro.

Claire no tenía la menor idea sobre lo que Leon estuviese pensando en esos momentos, pero por supuesto que causó gran impacto en él. La vida real no era como la ciencia ficción y jamás lo sería; esos films en los que solían sacar a una pareja en extrema alegría al enterarse de que serían padres, eran puro cuento. No podía esperar que Leon la tomase entre sus brazos y la levantase del piso mientras le mencionaba lo hermosa que era y lo excelentes padres que llegarían a ser para sus hijos. No, eso jamás pasaría entre ellos y mucho menos cuando él quizás hubiese querido hacer eso con otra persona. O al menos eso era lo que ella creía.

Podía distinguir el estado de aturdimiento de él, no había mencionado nada aún y estaba segura que ese debía ser un signo para comenzar a preocuparse. Lo vio caminar lentamente hasta el sillón y tomar asiento, todavía sosteniendo el sobre del laboratorio.

—Ahora lo sabes —musitó, en tanto caminó hasta él y tomó asiento a su lado.

Le era un tanto difícil creer que eso estuviera pasando, y con mayor razón luego de que estuvo meditando en el trabajo la idea de formar una familia y con ella. Comprendía la noticia a la perfección y no negaría que se sentía descolocado, no obstante, lo que no lograba entender era por qué demonios Claire no le había dicho nada al respecto en esos días. Desde hacía tiempo pasaban más tiempo juntos, así que la pelirroja no tenía como pretexto el hecho de que no se veían.

—¿Por qué no me lo dijiste antes? —demandó con un deje de molestia.

La Redfield se rascó el codo un tanto confusa.

—Bueno, no es como si me hubiese enterado hace un mes.

—Tiene fecha de hace una semana, Claire. —Levantó la voz—. Por favor, ¿no pudiste mencionarlo?

Aquello fue un duro golpe para la activista, quien jamás esperó que Leon reaccionara de esa manera. Claro que no esperaba que sucediera lo que veía en las películas, pero tampoco esperaba que él le hablara así. Se sentía realmente herida, y podían ser las malditas hormonas o lo que fuera, pero ya sentía ese peculiar y molesto nudo en la garganta.

¿Qué le ocurría a él? De todas formas ni eran nada formal, su relación no existía en verdad.

—¿Podrías dejar de actuar como si fuéramos una maldita pareja? —Soltó de repente, levantándose con brusquedad del sofá.

—¿Claire, qué…? —inquirió, sintiéndose aún más aturdido.

—Sólo quiero que dejes de fingir que esto te importa —murmuró, mientras se dirigió hasta su habitación.

Leon también se levantó del sofá y comenzó a seguir el camino recorrido por ella. La actitud de la pelirroja lo tenía conmocionado, incluso podía sentir la rabia correr por sus venas. Lo único que quería saber era por qué mierda Claire no quiso decirle nada, y lo que venía a empeorar la situación era el comportamiento que ella mostró cuando él descubrió el sobre; la menor de los Redfield no quiso mostrarle los resultados de principio y eso sólo quería decir que no estaba en sus planes comentarle nada de su embarazo.

—¿Y quién dice que no me importa? —cuestionó en cuanto estuvo dentro de la habitación con ella.

—Sólo olvídalo, ¿de acuerdo?

—¿Por qué no querías que lo supiera, eh? —Se acercó lo suficiente a ella y la tomó por el brazo—. ¿Hay un motivo especial para que quisieras mantenerlo oculto?

—¿De qué demonios estás hablando, Leon?

—Sabes de lo que hablo. No me dijiste nada en toda la semana y hace unos minutos no querías mostrarme el sobre, ¿cuál es la razón? —Se sentía al borde de la desesperación—. ¿No soy yo el padre de tu hijo? ¿Es eso?

Tarde se dio cuenta de lo que dijo. No hubiera querido ser así de brutal, sin embargo, toda esa situación ya lo tenía bastante alterado. Bien, entendía que Claire y él no llevaban una relación común, pero el simple hecho de imaginarse que ella hubiese estado con alguien más, le hacía hervir la sangre hasta un punto que jamás llegó a experimentar. No quería imaginarla con alguien más, no. Ella era suya y sólo suya. Pero el que ella le ocultase su embarazo, le hacía crear estúpidas ideas paranoicas.

—Es increíble —susurró dolida, mientras se sentó sobre la cama.

—Claire…

Se aproximó a ella e intentó tocarla, no obstante, la pelirroja se resistió totalmente a ello.

—¡Suéltame! —Exigió.

—Claire, yo…

—¿Quieres saber por qué no te dije nada? —Soltó con ironía—. Si no te dije nada es porque te intereso sólo como una amiga, Leon, porque me queda claro que no soy lo suficientemente buena para ti, porque…porque sé que no me amas y lo peor es que quizás jamás llegues a hacerlo. —Se le quebró la voz; tenía ganas de llorar—. Sólo vete.

Se sintió como un completo idiota. ¿Tanto daño le había hecho a Claire en todo ese tiempo? No cabía duda que actuó de la peor forma con ella. Él jamás hubiera querido que las cosas sucedieran de esa forma, su intención jamás fue dañarla y hacerla sentir menos cada vez que buscaba refugio en ella. Pero tarde se estaba dando cuenta que hizo las cosas mal, tarde se daba cuenta que en verdad la lastimó. Y quizás no era únicamente su culpa, pues los dos eran parte del mismo resultado, pero entendía que Claire fue sólo lo que él quiso que fuera todo ese tiempo, y ella lo aceptó por la simple razón de que realmente lo amaba.

Trató de acercarse a ella. Estaba llorando y le dolía demasiado verla tan afectada.

Se acomodó a su lado y la pelirroja ya no se opuso a su cercanía. Leon supo que ese era el momento indicado para reducir el diminuto espacio que aún los separaba. Pasó su brazo por encima de los hombros de Claire y la atrajo hacia él con calma. La menor de los Redfield se dejó hacer y no evitó tomarlo con fuerza, apretándolo lo suficiente contra ella para sentirlo tan cerca como le fuera posible.

—Lo lamento —susurró, recargando su mentón sobre la pelirroja cabeza—; si hay alguien que no es el indicado para el otro, soy yo, Claire.

—Si no lo fueras, no me habría quedado tres años en el mismo sitio.

El agente gubernamental jaló de ella con sumo cuidado, logrando que ambos se recostaran sobre la cama. Los dos se veían frente a frente sin decir nada en absoluto. Las mejillas de Claire estaban sonrojadas debido al llanto de hace unos minutos; él podía verse reflejado en sus ojos azul celeste, era capaz de verse con ella a su lado y eso le hacía sentirse como en casa. Ahora estaba completamente seguro que no quería estar en otro lugar diferente, quería estar justo en donde estaba ahora, con ella.

Pasó un mechón de cabello rojizo detrás de su oreja, al tiempo que acercó su rostro al de ella. La besó con ternura, mientras con el dorso de su mano acarició su mejilla. Su pulgar se encargó de sacar las lágrimas que aún estaban en el pómulo de femenino. Claire llevó su mano hasta su cintura y lo acarició con lentitud, después sólo se separó de su boca y buscó refugio en el cuello de Leon; él simplemente se dedicó a sostenerla con fuerza.

Nueva York.

—Capitán, una agente de la DSO pide hablar con usted —informó en cuanto entró a la oficina de su superior.

Tanto Chris como Jill, quien ahora estaba ayudando a su pareja con algunos papeles, se miraron entre sí un tanto confundidos. No esperaban la visita de nadie proveniente de esa agencia.

—¿Quién es? —inquirió de inmediato

—Es la agente Birkin.

Ambos ex –S.T.A.R.S. volvieron a mirarse.

—Hazla pasar.

Sherry agradecía que Helena hubiera conseguido ese vuelo a primera hora para Nueva York. Lo malo de la situación es que no pudo comunicarse con Leon en toda la noche. Ahora tendría que hacer todo por su cuenta, dejando de lado las posibles consecuencias que sufriría dentro de la DSO, en primer lugar por dejar sus funciones y en segundo por estar ocultándoles información verdaderamente importante. Y en cuanto su agencia se enterase de ello, con seguridad pagaría un precio alto.

Pero aun así no le importaba en absoluto. No permitiría que esos infelices de Neo-Umbrella se salieran con la suya, así como tampoco permitiría que Jake se hiciera cargo de todo. Tenía que ayudarlo de alguna forma, y la B.S.A.A. era su única respuesta.

—Puede pasar —mencionó el soldado, sosteniendo la puerta de la oficina.

La rubia no esperó más tiempo y se adentró a la oficina un tanto alterada. No podía dejar de pensar en el destino de Jake. Cualquier cosa podría pasar cuando el bioterrorismo era el principal inmiscuido en el asunto. No quería pensar en lo que harían con el mercenario si lo llegasen a encontrar dentro de sus instalaciones en un intento por deshacerse de una buena vez de ellos.

—¿Sherry? —preguntó el Redfield mayor en cuanto la vio entrar de esa forma tan repentina—. ¿Te encuentras bien?

Jill observó con atención a la joven agente de la DSO. No la conoció hasta ese momento, únicamente escuchó hablar de ella en anteriores ocasiones. A pesar de no saber cómo era ella, sabía que algo malo estaba pasando por la expresión que traía en el rostro.

—Chris, necesito de tu ayuda.

—¿Por qué no te sientas y me dices qué está pasando?

—No…No —habló titubeante—. Tienes que ver esto.

La pendrive que Jake le dejó a Sherry, le fue entregada al responsable de las instalaciones de la B.S.A.A. en Nueva York. Chris la tomó confundido, pero enseguida la conectó en su ordenador de escritorio. Jill se aproximó a su pareja, también estaba curiosa por saber lo que estaba pasando.

Los dos agentes pertenecientes a la organización anti-bioterrorista, observaron con rabia todo lo que estaban leyendo. Era difícil creer lo que estaban viendo, y no querían ni imaginarse lo que sucedería si todo eso resultaba ser cierto. Eso no podía estar ocurriendo, ese maldito tenía que estar bien muerto…no podía tratarse de alguien igual a él tampoco, era prácticamente improbable.

—Es imposible —musitó Jill, mientras dirigió sus orbes hasta la otra integrante de la oficina.

Chris también dirigió su mirada hacia Sherry un tanto incrédulo, pero la rubia le aseguraba en silencio que todo lo que leyó hace unos instantes era por completo cierto. La agente de la DSO sabía que él tenía que comenzar a organizar a todo su equipo y no podía dejarle lugar a las dudas, tenía que hacerlo consciente de todo lo que estaba en juego con ese sujeto estando a cargo de Neo-Umbrella. La B.S.A.A. podría hacerse cargo de lo que estaba ocurriendo en Polonia en estos momentos.

—¿De dónde sacaste esto, Sherry?

—Me lo dio Jake Muller —respondió seria.

Jill sabía quién era ese muchacho por lo que Chris le contó acerca de él cuando lo encontraron en Edonia y luego más tarde en China. Sabía que ese chiquillo mercenario era el mismísimo hijo de Albert Wesker y mentiría si dijera que eso le tenía sin cuidado. Enterarse que ese niño estuvo a punto de matar a Chris por cobrar venganza, le hacía enfurecer a niveles insospechados. Jamás permitiría que nada ni nadie se metiera con los seres que más quería, y si Jake Muller se atrevía a hacerlo, ella misma estaría encantada de acabar con él.

Sherry observó la cara de ambos agentes de la B.S.A.A., y le quedaba lo suficientemente claro que quizás Jake no era del agrado de ninguno de los dos. Ahora temía que ellos dudaran de la información que leyeron en la pendrive.

—Jake encontró eso en las instalaciones de Ucrania. —Se apresuró a aclarar.

—¿Y qué hacía él ahí? —averiguó con desconfianza el capitán del equipo Alpha.

—Ha…ha estado haciendo cosas por él mismo. —Tomó asiento en la silla frente al escritorio—. Quiere acabar con todo esto.

Chris soltó una pequeña risa sardónica, lo cual provocó que Sherry se pusiera aún más ansiosa. El hombre de prominentes músculos se resistía a creer en ello; muy seguramente era culpa de su padre, pero ese niño no le agradaba para nada. Lo que le hacía gracia es que el chiquillo buscase terminar con todo cuando su padre fue el principal impulsor de toda la desgracia; bastante irónico para su gusto.

—No me digas —soltó con sorna—, ¿busca redimirse acaso?

La agente de la DSO no esperó que el hermano de Claire dijera eso, así que casi de forma automática endureció sus facciones.

—Jake no es Albert Wesker, Chris. —Miró con atención al hombre y en seguida guió sus orbes hasta Jill, quien se mantenía de brazos cruzados y con un gesto indescifrable para ella—. Jake no es el responsable de todo lo que hizo Wesker…, pero si eso es lo que piensas, entonces no tuvo ningún caso que viniese hasta aquí para pedir tu ayuda,

Se levantó de forma abrupta de su lugar, manteniendo en todo momento el gesto endurecido. Tomó su bolso y se dirigió de inmediato a la puerta de la oficina bajo las atentas, pero muy serias miradas de los dos ex –S.T.A.R.S.

Sin más, salió de ahí completamente indignada.

Chris y Jill se miraron entre sí con mesura. Les costaba demasiado trabajo creer en la veracidad de la información que Sherry les llevó, más aún cuando la información provenía de Jake Muller, ni más ni menos que el hijo de Albert Wesker.

—Hay que investigar esto, Chris —habló Jill, rompiendo el silencio.

—Sí…

Fue todo lo que dijo antes de volver a leer desde el comienzo todo ese informe que aparentemente era de Neo-Umbrella. Tenía que asegurarse de que lo que decía ahí no era una mortal trampa para llevarlos hasta Polonia y acabar con ellos. Tenía que ponerse en marcha, porque si todo eso resultaba ser cierto, entonces estarían en graves problemas si dejaban que el tal Alex Wesker continuara avanzando con su jodido proyecto.

...

Se sentía verdaderamente mal. Lo sucedido en la oficina de Chris la colocaba en una posición complicada. Jake se había largado muy temprano al país europeo creyendo que la B.S.A.A. estaría ahí tan pronto como ella le diera la información a quien siempre fue el principal enemigo de Albert Wesker. Pero eso no iba a pasar en esos momentos y no estaba segura si llegaría a suceder. Chris desconfiaba de Jake, y bien pudo darse cuenta que él no era el único; Jill también desconfió y hasta creyó verla enfadada. Si ellos no creían en el mercenario, con dificultad acudirían a Polonia; quizás antes harían sus propias averiguaciones y no tenía idea de todo el tiempo que podrían tardar haciendo eso.

Jake estaría solo hasta entonces.

Miró el boleto de avión que tenía en su mano derecha para regresar a Washington, en seguida cambió el objetivo de su vista, dirigiéndola hasta una enorme pantalla que marcaba la hora exacta en esos momentos.

Ya eran las once de la mañana.

Sabía que se encontraba en medio de una gran plaza, donde la gente caminaba de un lado a otro generando una gran aglomeración, sin embargo, ella se sentía sola; no sentía a nadie a su alrededor. En su mente se estaba llevando a cabo una gran batalla por tomar la mejor decisión. Si no regresaba a Washington en esos momentos, recibiría una sanción, y probablemente sería la destitución; pero si no ayudaba a Jake, él difícilmente podría salir vivo de Neo-Umbrella.

Podía sentir el «tic- tac» del reloj en sus oídos; todo eso se convirtió en una jodida bomba de tiempo.

Miró una vez más su boleto de avión.

Suspiró con profundidad. Sabía lo que tenía que hacer.


Considero que esta vez no tardé tanto para colgar el capítulo. Y ya que me he puesto las pilas con este fic, quizás pronto esté listo el siguiente capítulo. Quizás...quizás...quizás... xD

Ya saben que les agradezco un montón el apoyo que me dan. Gracias por seguir este fic y por agregarlo a sus favoritos, también mil gracias por sus valiosos comentarios... ¡Muchísimas gracias a todos todísimos! xD

Ary Lee: Hola, hermanita linda. Ya estoy de vuelta con este "fics"...al fin *suena el coro de los ángeles* Jajajajaja no es cierto, ni es para tanto. Por supuesto, que los lectores se enteren que tú presionaste para que colgara el capítulo anterior xD Me sentí como en uno de esos programas televisivos en donde la gente va y cuenta lo todo que le pasa a medio mundo xD Pero nada, gracias por presionarme, hermanita :') Cierto, tú sabes muchas de las cosas que van a suceder en este fic y por supuesto que me has ayudado un montón con algunas ideas, pero no andes soltando spoilers Jajajaja. Y tengo que decirte que Frederic va a ser alguien que fastidie mucho este fic, pero tú no te preocupes, él tendrá su merecido (ups, ya me estás pegando esto de los spoilers xD). Respecto al Shake, pues nada, ya llegará el momento en el que ese par se de su tiempito a solas. Te amodoro muchísimo, hermanita. Gracias por dejar siempre esos lindos y hermosos reviews.

anamariaeugenia: Hola, linda! Jajajaja lamento haber hecho el pasado capítulo corto, ya he estado poniendo todo mi esfuerzo por hacerlos un poco más larguitos xD Espero que este no haya quedado tan corto y que te haya gustado. En este cap ahora sí quise meter Cleon y el que viene también tendrá una buena dosis de esta pareja. Sin embargo, espero de verdad que esta historia te siga gustando, pondré todo de mi parte para sacar el siguiente capítulo pronto, también el de Volverte a ver. En serio mil, mil gracias por todo el apoyo que le has dado a mis fics. Nos leemos pronto, te mando un gran abrazo.

Stacy Adler: Mire! Supremacía te extrañó muchísimo :') Jajajajajaja morí con lo del beteo cambiado xD En serio, ni te preocupes, Mire; eso suele pasar, a mí no me ha pasado, pero suele pasar xD Jajajajaja nah, sí me ha pasado, y lo que es peor, fue enviando un mensaje de texto a la persona equivocada, creo que me puse de mil colores cuando me fijé bien a quién se lo envié. Jajajaja ahora sí, regresando al fic: te cuento, se viene un momento Shake tremendo...no creo que sea para el siguiente cap, pero se viene, se viene (literal y metafóricamente...ok, olvida eso xD). Me entusiasma muchísimo que me digas que estoy creando bien a Alex Wesker, aunque realmente sólo me estoy basando en la personalidad de Albert pero más ruda xD Jajajaja mil gracias por hacer revisión de este capítulo y por dejarme ese review tan lindo. Te quiero muchísimo! :)

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¡Mil ocho mil Gracias!