¡Buenas noches! como han estado?

Lamento mucho la demora, pero aquí está!

Supongo que vieron el capitulo de Free! yo estoy con sentimientos encontrados. Mi pobre Mako, siento que le romperán el corazón.

Bien no tengo nada más que decir!

Muchas gracias por todos los comentario!

Sayuki Yukimura, a tu comentario... La verdad es que sí fue con intención y mucha, no lo pude evitar.

Perdonen mis errores!

Disfruten de su lectura!


Rin caminaba concentrado mirando hacia el cielo para poder orientarse pero a veces su vista se veía interrumpida por las copas de los árboles y también su concentración por culpa de una terrible molestia que no lo dejaba en paz.

—Oye Rin ¿Por qué tienes dientes de tiburón? —Preguntó por enésima vez el adolescente de ojos oceánicos.

— ¿Quieres dejarme tranquilo? Estoy tratando de concentrarme —El pelirrojo estaba aguantando sus ganas de gritarle al otro nadador— ¿Por qué no sigues el ejemplo de Makoto y te quedas callado?

—Está bien, pero ¿Por qué tienes dientes de tiburón?

— ¡No lo sé, nací así! —Rin dijo exasperado, su paciencia estaba siendo probada por Dios y estaba reprobando— Además mi madre siempre me ha dicho que mis dientes son especiales.

—Haru deja de desquitarte con Rin, él no tiene la culpa —Lo regañó el más alto— La culpa fue mía.

—No lo fue, sólo te asustaste —Haruka tomó ambas manos de Makoto y le habló suavemente, jamás de los jamases culparía a su amor, incluso si este fuera culpable de un asesinato.

—Haru… —Y en un instante, el par de novios se vio envuelto en su burbuja de amor con hermosos colores rosas, arcoíris y unicornios. Rin quien miraba la escena rodeado de oscuridad, fantasmas y monstruos, sintió nauseas al presenciar algo tan asquerosamente empalagoso; esos dos eran más dulces que el azúcar en su más puro estado y aunque no lo admitiera, se sentía algo abandonado.

— ¡¿Qué fue eso?! —Gritó supuestamente asustado el tiburón, rompiendo así la burbuja de los otros dos nadadores.

— ¡¿Qué cosa?! —Makoto miró por todos lados en pánico. "Victoria" pensó Rin.

—Creo que fue sólo mi imaginación —Le sonrió al chico que temblaba detrás de Haruka quien lo miraba molesto.

Siguieron con su caminata por aquel bosque de los tormentos, el camino lo lideraba Rin que estaba haciendo todo lo posible para poder guiarlos devuelta al camino correcto, pero se le estaba haciendo un poco difícil, ya que su adolorido cuerpo le estaba pidiendo a gritos que descansara, Makoto no estaba en mejor estado que Rin, apenas podía soportar el dolor de su espalda y ni qué decir de toda la ansiedad y el miedo que estaba cada vez más en aumento. Tal vez el único que estaba en buen estado era Haruka, pero tampoco estaba del todo bien, ya que aún le dolía su estómago aunque era de forma leve.

Nagisa, Rei y Aiichiro buscaban por todos lados al trío de nadadores, uno más desesperado que otros dos, pero los tres con la misma preocupación, ya había pasado una hora desde que empezaron su búsqueda y no tenían ninguna pista del paradero de sus amigos. Gritaban sus nombres con la esperanza de una respuesta pero lo único que se escuchaba en esa oscuridad era el desquiciante silencio, la mala fama de Aokigahara hacía que los nadadores tuvieran pensamientos nefastos de los que de inmediato se arrepentían por pensar en algo así. La penumbra se hacía más y más abrumadora, la luz de la luna y la de las linternas eran las únicas que penetraban débilmente la negrura de aquella noche, puede que el bosque estuviera al lado de un volcán pero el ambiente era tan frío que calaba hasta los huesos; la exploración por esa selva de terror y desconsuelo se hacía cada vez más extensa y difícil. Al estar a oscuras, el pequeño pingüino no pudo ver unas raíces que sobresalían del volcánico suelo y tropezó con ellas, hubiese caído directamente a él si un brazo alrededor de su cintura, afirmándolo fuertemente no lo hubiera atrapado.

— ¿Estás bien? —Preguntó Rei preocupado, el adolescente de lentes no se dio cuenta de lo cerca que estaba su rostro del más bajo.

—Rei-chan… —Sus alientos prácticamente se mezclaban de lo cerca que estaban, Nagisa sintió que su ritmo cardíaco aumentaba de forma desenfrenada— Estoy bien, gracias —Rápidamente el rubio se separó de su amigo. Rei se dio cuenta de lo que había hecho y desvió la mirada avergonzado, por primera vez, alguien le agradecía a la oscuridad por ayudarlo a ocultar su notorio sonrojo.

—Debes… Tener más cuidado —Se ajustó las gafas y continuaron con su búsqueda.

Ai había notado toda la situación, obviamente no pudo ver el sonrojo de ambos muchachos, pero pudo sentir una pequeña chispa entre ellos, no dijo nada por supuesto, no quería perturbar las cosas, si algo iba fluir entre esos dos nadadores debía ser de forma natural, al menos así sucedió con él y Rin. Recordó la primera vez que pasó algo entre ellos, era una noche en la que no podía dormir, daba vueltas y vueltas en la cama sin lograr conciliar el sueño; Rin se dio cuenta de esto y asomó su cabeza para comprobar lo que sucedía con él, le había dicho que era por un mal sueño. Esa fue la primera vez que compartió una cama con el tiburón, pero no fue la última.

—Ya no puedo más —Rin se sentó apoyándose en un árbol, el frío hacía que su cuerpo le doliera aún más.

— ¿Te encuentras bien? —Makoto miró inquieto a su amigo, él mismo apenas podía soportar las punzadas en su espalda.

—Sólo necesito descansar un poco —Suspiró, necesitaba un poco de agua, ya que su garganta estaba bastante seca.

— ¿Qué hay de ti? —Haruka era suspicaz y sabía cuándo Makoto ocultaba algo— ¿Te duele algo?

—No te preocupes, estoy bien —El chico de cabello oliva le dio una dulce sonrisa, pero no convenció al mayor.

—No me mientas Makoto —Haruka le dio una mirada severa al más alto.

—No lo hago.

—Revisa su espalda —Rin desde un principio supo que Makoto había sufrido un gran golpe en la espalda.

— ¡Rin! —El chico de orbes esmeralda se quejó con el pelirrojo por haberlo delatado. Haruka hizo caso a las palabras del depredador y sin previo aviso levantó la camiseta de su novio, descubriendo su espalda— ¡Haru! —Haruka miró el horrible moretón que cubría parte del lado derecho de la cintura de Makoto, dirigió su mirada más arriba encontrándose con dos grandes rasmillones que ensuciaban esa hermosa piel.

—Makoto… —El pelinegro deslizó sus dedos por la espalda del menor y no pudo evitar tocar ese gran hematoma que era el que más le provocaba dolencia a la orca, al hacer presión en él, Makoto no pudo evitar soltar un gemido de dolor.

— ¡Haru no lo toques! —El nadador más alto se apartó de su novio cubriéndose la espalda.

—Lo siento —Haruka se disculpó en un suspiro y luego miró al pelirrojo— Tu también estas herido ¿Verdad?

—Oh no, gracias, no quiero que me revises —Pero Haruka al parecer no escuchó— ¡Oye qué te pasa!

—Cállate.

Ahora que Haruka comprobó el estado de los dos nadadores, debía decir que era bastante deplorable, definitivamente era un milagro que ninguno haya terminado con un hueso roto y pensar que habían caído de un barranco ¿Qué hubiera pasado si la altura fuera mortal? Esos dos adolescentes, definitivamente no se estarían quejando de su dolor ya que sus voces estarían apagadas y se unirían a la suma de víctimas de Aokigahara. Se quedaron otra hora más sentados, congelándose y rogando que toda esta pesadilla tuviera de una vez un final, pero parecía que la vida no quería apiadarse de ellos. Retomaron su caminata y no lo hicieron porque ya no les dolía el cuerpo a los dos nadadores lastimados, lo hicieron por el agobiante frío que los estaba atacando, necesitaban estar en movimiento para no sentirlo de forma tan desgarradora. Haruka tenía su mano entrelazada con la de Makoto a la que le daba suaves caricias con su pulgar, los tres estaban en absoluto silencio atravesando el bosque cuando Rin se detuvo en seco, el tiburón no era una persona miedosa y no le temía a la oscuridad, pero sintió un gran escalofrío que recorrió toda su espina dorsal. Quería creer que era su imaginación, que era una mala jugada de sus ojos o que su mente le estaba haciendo pasar un rato desagradable. El depredador podía ver a la distancia, una figura, tal vez humana, no lo sabía bien por la negrura de la noche, pero perfectamente podía distinguir que esta figura, estaba colgando de una rama, como si fuera un ahorcado.

— ¿Por qué te detienes? —Preguntó el delfín mientras sentía que el agarre del menor se hacía más fuerte.

—No… No es nada —Rin respiró hondo y decidió cambiar el rumbo— Vamos por aquí —Los otros dos adolescentes lo iban a seguir pero Haruka dirigió su mirada hacia donde estaba mirando el tiburón hace un instante.

—Algo se está moviendo —El pelinegro agudizó su visión para ver mejor.

—¿Dónde? —Makoto instintivamente soltó la mano del más bajo y se escondió detrás de él— Allá —El delfín apuntó hacia donde el chico de orbes rojizas había visto la figura.

—No lo tomes en cuenta, continuemos —Por ningún motivo el depredador quería quedarse a investigar qué era lo que se estaba moviendo. El chico orca a pesar de su miedo, no podía despegar su mirada de donde le señalaba su novio, él pudo ver que la supuesta figura parecía a la de una persona moviéndose como si le faltara el aire, su mente sacó conclusiones de que tal vez se trataba de alguien que había venido a este bosque para terminar con su vida pero en una última instancia se arrepintió y ahora luchaba para mantenerse con vida.

—Tal vez… Es alguien que necesite ayuda —Dijo Makoto en un hilo de voz, provocando que los dos nadadores lo miraran.

— ¿De qué hablas? —Rin le habló de forma severa al chico de preciosos orbes esmeralda— Sea lo que sea, te aseguro que no necesita nuestra ayuda.

—Pero Rin… ¿No lo ves? Puede estar muriendo —A Makoto le horrorizaba la idea de que una persona podría estar rogando para que la ayuden a salvar su vida y él no hacer nada al respecto.

—Estoy de acuerdo con Rin —Los atemorizados bosques se encontraron con los tranquilos mares— Es mejor que sigamos caminando —Haruka iba a tomar nuevamente la mano del adolescente de cabello oliva entre las suyas, pero este no lo dejó.

—Lo siento —El chico orca no era tan egoísta como para seguir caminando ignorando el sufrimiento ajeno— Yo no puedo estar tranquilo si… —Pero cuando el hermoso muchacho miró nuevamente hacia donde estaba la dicha persona, palideció al no ver absolutamente nada. Makoto no lograba entenderlo, aunque hiciera los mayores esfuerzos posibles, no lo lograba, y es que esto parecía un infierno, un calvario del que no podían escapar.

—Makoto relájate, puede que no fue real lo que vimos —Claramente el chico hidrofilico estaba muy preocupado por su esposo, hasta ahora, la orca ha tenido mucha resistencia a todos los sustos que se ha llevado, pero sabía a la perfección que el menor ya estaba en los límites de sufrir una crisis de pánico.

El pequeño pingüino se frotaba los brazos para poder mantenerlos calientes, la búsqueda de sus amigos se había prolongado por dos extenuantes horas, y él no tenía ánimos ni siquiera para sonreír. Si algo les pasaba a los tres nadadores, que también eran sus amigos de la infancia, no se lo perdonaría nunca, después de todo, esta fue su idea. Habían caminado sin descanso, no tenían ningún rastro de aquellos adolescentes, parecía que se los había tragado la tierra; esto era desesperante, muy desesperante. Llegaron a un punto donde la cinta amarilla terminaba y comenzaba un camino en donde nada era seguro, se quedaron ahí parados, sin saber muy bien qué hacer; tal vez si esta hubiese sido una situación distinta, Nagisa estaría muy emocionado por caminar de noche a través del bosque de los suicidios, pero lo único que estaba sintiendo ese chico, era una profunda preocupación.

—No es seguro seguir —Decía Rei, él también estaba muy preocupado como todos, pero terminaría siendo un verdadero desastre si ellos se perdieran también— Creo que lo mejor es pedir ayuda y… Continuar mañana.

— ¡No podemos hacer eso! —Ai miró suplicante a ambos adolescentes— ¡Debemos seguir buscándolos!

—Yo también quiero seguir buscándolos Ai-chan —Nagisa desvió sus orbes rosados del suelo para encontrarse con los de Aiichiro— Pero sin alguien que sepa, adentrarse más acabaría por ser un suicidio.

— ¿Entonces qué haremos? —El chico de hebras plateadas parecía agobiado, el rubio lo entendía, porque uno de los que estaba perdido era su novio.

—No lo sé —Nagisa miró a Rei para ver si este tenía algún plan, una solución o algo, pero ni él sabía qué hacer.

— ¿Qué están haciendo por aquí? —Los tres adolescentes se voltearon a ver quién les hablaba y se encontraron con una grata sorpresa al darse cuenta de que se trataba de un guardabosque.

—Necesitamos ayuda —Se acercó el rubio al hombre que debe haber estado rodeando los cuarenta años— Nuestros amigos están perdidos, hemos estado buscándolos por todos lados.

—Por favor ayúdenos a buscarlos —Rei hizo una reverencia haciendo que los otros imitaran su acción. El guardia los quedó mirando un instante antes de soltar un suspiro.

—Takeshi, ¿Estás ahí? —Habló el hombre por radio.

—Congelándome —Contestó una voz, se escuchaba como si fuera la de un hombre joven.

—Escucha, tenemos trabajo, unos adolescentes están perdidos… Otra vez.

— ¿De nuevo? Ya perdí la cuenta de cuantos se han perdido esta semana ¿Cómo se llaman?

—Haru-cha… Digo, Haruka, Makoto y Rin —Decía Nagisa sintiéndose algo extraño de llamar a sus amigos sin sus apodos.

— ¿Son chicas? —Preguntó la voz que venía del radio.

—No, no lo son —Sonrió algo nervioso Ai.

—Escuche —Rei se dirigió al guardia— Nosotros buscamos por toda la zona que está rodeada por la cinta amarilla y no había rastro de ellos, tal vez ellos se adentraron aún más.

— ¿Por qué se alejarían de la zona de seguridad? ¿No saben que es peligroso? —Dijo el hombre algo aburrido, al parecer había tenido este tipo de conversaciones muchas veces.

—Puede que se hayan caído por aquel barranco —Dijo la voz del otro guardabosque— Nos ha dado muchos problemas últimamente, Deberían de poner unos carteles advirtiendo que tengan cuidado.

—Se lo diré al jefe.

— ¡Oye no me quites mis ideas!

—Busca en el sector norte, yo estoy en el sur. Nos reuniremos en una hora, ya sabes dónde.

— ¡Copiado! Deberíamos apostar para ver quien los encuentra primero.

—Sólo dedícate a buscar —Sin más que decir, el guardia corta toda comunicación— Vamos, nos adentraremos, permanezcan juntos y por ningún motivo se separen, nosotros ni siquiera estamos en la orilla de este mar de árboles.

— ¿Cómo es que sus radios no tienen interferencia? —Preguntó el rubio curioso.

—Señal satelital —Respondió simplemente el guardabosque.

—Espero que lo encontremos —Ai suspiró, al menos se sentía un poco mejor ahora que los estaban ayudando.

—Descuida, lo haremos. Por lo general, siempre terminan dando vueltas por el mismo lugar.

Y ahora con ayuda de los guardabosques, los tres nadadores reanudaron la búsqueda de los otros muchachos. Ahora entendían por qué no recomendaban pasar la zona de la cinta amarilla, el camino se hacía mucho más denso y complejo, la cantidad de árboles aumentaba ocultando la luz de la luna y provocando que la oscuridad fuera aún más oscura, si es que se podía. El cuerpo del pequeño pingüino temblaba del frío, el chico mariposa se pudo dar cuenta de eso y como el caballero que era, se sacó su chaqueta y la puso sobre los hombros del más bajo; Nagisa compartió una mirada con su amor secreto, este le sonrió dulcemente provocando que el rubio se sonrojara. El frío dejó de ser tan desgarrador para aquel pingüino.

Makoto respiraba lentamente, si su respiración estaba calmada, su mente también lo estaba. Decidió por ignorar cualquier ruido, cosas o lo que sea, que fuera extraño, era lo mejor. Iba tomado de la mano con su amor cuando este se detuvo, el chico orca miró preocupado a su novio al escuchar que este se quejaba. Haruka abrazaba su estómago fuertemente mientras cerraba los ojos, las horribles punzadas de dolor se les estaban haciendo insoportables, el pelinegro se arrodilló ya no pudiendo mantenerse de pie ¿Por qué le tenía que pasar esto ahora?

—Haru… Amor que te pasa —Makoto se acercó a su novio quien le pellizcó la nariz— ¿Haru?

—No me llames así —Lo regañó el mayor en un susurro con un leve rubor en sus mejillas— Menos frente a Rin.

—Muy tarde, ya escuché —Le dio una sonrisa burlesca.

— ¿Es tu estómago otra vez? —El más alto ignoró la reprimenda del delfín, puso una mano sobre la panza del chico y comenzó a sobarle— ¿Quieres que te lleve en mi espalda?

—No, te dolerá más —Decía el chico de ojos oceánicos refiriéndose al gran moretón y los rasmillones.

—También puedo llevarte como princesa.

—No —Haruka se negó rotundamente ser cargado así, su hombría tenía orgullo después de todo. La caminata continuó con Rin llevando a Haruka en su espalda, ninguno de los dos estaba feliz por este hecho, pero el pelinegro realmente no podía caminar por el dolor. Makoto caminaba al lado mirando preocupado al delfín, este le transmitía a través de sus hermosos mares que no se preocupara, que estaba bien y él le respondió con una dulce sonrisa. Su burbuja de amor con colores rosas, arcoíris y unicornios los volvió a envolver haciendo que el mundo en el que estaban, dejara de existir completamente, su lenguaje de miradas era el idioma oficial en esa burbuja donde el aire que se respiraba era compuesto solamente de amor y dulzu…

—Si termino con lumbago va a ser tu culpa Nanase —Se quejaba el tiburón, que se encontraba en su mundo oscuro con monstruos y fantasmas.

—No te pedí que me llevaras —Refutó el pelinegro.

Siguieron discutiendo así por unos veinte minutos, estaban tan ensimismados en su pelea que no se percataron del lugar al que habían llegado. Los tres adolescentes se encontraron nuevamente con los árboles marcados, estuvieron dando vueltas otra vez. El tiburón algo cansado, bajó al pelinegro de su espalda y cayó rendido, no importa cuanto lo intentara, no lograba encontrar el camino de vuelta, lo pensó seriamente; tal vez lo mejor sería continuar mañana, con la luz del día.

—Algo se acerca —Dijo el chico de orbes oceánicos, los dos nadadores dirigieron su vista hacia donde indicaba el delfín y vieron una luz que se acercaba a los lejos. Rin se levantó rápidamente, Haruka que se estaba apoyando en Makoto, sintió como su novio se tensaba por completo. La luz ya no estaba tan lejos, ahora se encontraba a sólo unos tantos metros de ellos.

— ¿Por qué mejor no nos vamos? —Sugirió el chico de cabello oliva, pero Haruka no lo dejó moverse.

—Esperen —Haruka entrelazó su mano con la del menor para darle más tranquilidad. Los tres adolescentes se quedaron rodeados de un silencio mortal, sólo sus respiraciones podían oírse y entonces, la luz que veían ahora muy cerca, reveló la realidad.

—Ustedes —Decía un guardabosque alumbrando con su linterna a los nadadores — ¿Cómo se llaman?

—Gracias a Dios —Suspiró Makoto sintiendo que le quitaban un gran peso de encima— Mi nombre es Mako…

— ¿Son los chicos que tienen nombres de chicas? —Interrumpió el guardia, era algo joven con una mirada amable y voz suave, pero ronca.

—Bueno… Tenemos nombres de chicas pero —El hombre le hizo una señal a Makoto para que se callara.

—Miwa-san, encontré a tus chicos perdidos —Decía el guardabosque por radio.

—Entendido, reunámonos en el punto de encuentro —Se escuchó la voz del otro lado.

—Bien —El joven iba a cortar la comunicación, pero después se arrepintió— Esto significa que gané la apuesta.

—Nos vemos en 15 minutos —Dijo el otro hombre cortando inmediatamente.

—Cielos, ¿Por qué es tan serio? —Se quejaba el guardia para después poner atención a los adolescentes— ¿Se encuentran bien muchachos?

— ¡Muchas gracias! —El precioso adolescente de hermosos orbes esmeralda se acercó al joven y le entregó la más dulce y bella sonrisa que ese hombre haya visto en toda su vida. Instantáneamente tuvo un flechazo con aquel lindo niño que le estaba sonriendo— No sabe lo aliviado que me siento.

—Descuida —Le devolvió la sonrisa— Sería una tragedia si un chico tan lindo como tú se perdiera, me sentiría muy mal.

Haruka no tenía ninguna expresión en su rostro, pero por dentro estaba ardiendo en un mar de lava llamado celos, no podía creerlo, simplemente no podía; hasta en situaciones como estas Makoto no paraba con su coqueteo. Rin sólo rodó los ojos, esto era común, desde que eran pequeños el chico orca atraía a las personas, tanto niñas como niños, aunque ahora parecía atraer más a hombres que mujeres. Los tres adolescentes siguieron al guardabosque, este mantenía una muy amable conversación con el chico de cabello oliva; este le explicaba todo lo sucedido, desde que se cayeron de un barranco hasta todos los fenómenos que sufrieron, el guardia confortaba al menor diciéndole que todos esos extraños sucesos tenían explicación. Haruka estaba siendo cargado por el tiburón nuevamente, no podía dejar de mirar a su novio, unas enormes ganas de besarlo frente a ese guardia lo carcomían haciendo incluso, que su dolor de estómago pasara a segundo plano.

Su agotadora caminata terminó cuando se reencontraron con los otros adolescentes, Ai no esperó un segundo en ir a abrazar a Rin quien le devolvió el novio a la orca. El chico de hebras plateadas no podía estar más feliz de volver a ver a su depredador; Nagisa se acercó a los otros dos abrazándolos también y disculpándose por haberles hecho pasar todo ese mal rato, el infierno se había acabado o eso creyeron cuando en ese momento, algo se movió entre los arbustos. El mayor de los guardabosques sin ningún rastro de miedo, se dirigió hacia los arbustos para ver lo que ocurría, Nagisa miró expectante mientras que el resto sólo esperaba que no pasara nada; unos segundos después, apareció el guardia arrastrando de la mano con él, a dos chicos de unos catorce años o menos.

— ¡Por favor Miwa-san no se lo diga a nuestros padres! —Decía uno de los chicos.

—Ustedes… Fueron los que asustaron a estos chicos ¿Verdad? —Preguntó el guardia que se llamaba Takeshi. El silencio y las caras avergonzadas delataron al par— ¡Lo sabía!

—Entonces… Los árboles —Rin miró a los dos chicos haciendo que estos se intimidaran por su intensa mirada.

—Fuimos nosotros —Confesaron.

— ¿Y la sombra? —Ahora era el turno de Makoto.

—También…

—Eso significa que la silueta que vi…

—Sí —Afirmaron penosamente a las palabras de Ai. Los adolescentes no lo podían creer, habían sido engañados por dos chiquillos todo este tiempo.

—Así que… ¿Ustedes fueron los que me susurraron al oído? —Los dos niños se quedaron mirando ante la pregunta de Makoto, provocando que este se inquietara.

—Nunca hicimos eso —El chico orca tenía un tic en la ceja, si no fueron esos niños, entonces ¿Quién fue?

—No mientan —Los regañó el hombre mayor.

— ¡No mentimos Miwa-san! ¡Hicimos todo lo demás pero nunca nos acercamos a ninguno de ellos!

—De igual manera, no tienen que andar asustando a la gente así —El guardabosque más joven les dio una mirada molesta, no era la primera vez que esos chicos le causaban problemas— Ahora discúlpense con Makoto por haberlo asustado —Apuntó al nadador de espalda— Bueno… Y también con los demás… Si es que quieren —Dijo esto último en un susurro. El hermoso adolescente de orbes esmeralda podía sentir la mirada acusadora de su novio.

Así la tragedia había terminado, los dos chicos se disculparon con los nadadores por todo lo sucedido, Makoto no pudo averiguar quién o qué cosa le susurró, pero no quiso darle más vueltas al asunto. Los guardias los guiaron hasta donde se encontraba su tienda, como estaban preparados para todo tipo de casos, curaron ahí las heridas de Makoto y Rin. Decidieron por quedarse a dormir en el bosque, para el muy pesar de la orca; se despidieron del par de niños y los guardabosques, el más joven con una estúpida sonrisa dedicada sólo a Makoto, provocando más celos en el delfín.

— ¡Bien, vamos a dormir! —Dijo Nagisa con su ánimo recuperado mientras entraba a la carpa, esta era de doce personas así que cabían los seis perfectamente.

Haruka suspiró sintiendo la mano de Makoto enredarse con la suya, le dio un leve apretón, esto no significaba que sus celos habían desaparecido, tenían una conversación pendiente acerca de las tendencias a coquetear de la orca, pero por ahora, sólo quería disfrutar de él. Compartieron una mirada por unos minutos, no se dijeron nada y aun así se entendían a la perfección, el pelinegro esbozó una pequeña sonrisa, dedicó una última mirada al mar de estrellas que tenía encima de él y tirando de su novio, entró a la tienda para unirse a los demás adolescentes. La travesía por Aokigahara, llegó a su fin.


Qué les pareció? espero les haya gustado!

nos leemos en el prox.

Hasta entonces, se despide su servidora.

Airi.

¡Muchos kissus llenos de amor virtual!