Luces Negras

Capitulo VI - Pasado

Hola como están, yo muriendo de frío por aquí pero en fin eso me da mas ganas de escribir. A ver como decir esto, el sgte. capitulo lo hice para tratar de darles una ojeada al pasado de las chicas, cuando aún tenían sus uniformes de liceo, esto lo hice porque es vital para el desarrollo de lo que se viene y también porque hay muchos huecos que rellenar, con este capitulo espero ser lo bastante clara con respecto a uno de ellos, ¿o dos? bueno no les quito mas tiempo, ¡Buena Lectura!


Años atrás

Faltaba poco para las vacaciones de verano y muchas de las estudiantes ya estaban haciendo planes para cubrir las horas con diversas actividades. Habían quienes tendrían que asistir a sus clubes, sobre todo si pertenecían a uno de los deportivos, las competencias estaban cerca después de todo. Otras, como las pertenecientes al consejo estudiantil, debían asistir a la escuela para programar el presupuesto, coordinar las actividades del año escolar y otras agendas que, a pesar de consumir parte del tiempo de reposo eran vitales para la escuela.
Dichosas aquellas que no tenían ninguna responsabilidad aparte de las asignaciones buenamente dadas por los profesores, aquellas que podían simplemente holgazanear sin temor a horarios, números u otras tediosas tareas que, por ningún motivo deberían formar parte de una vacación bien merecida.
El termómetro subía con cada día que pasaba y ésto propiciaba que todo el cuerpo estudiantil genere el clásico letargo juvenil, se podían ver muchas chicas durmiendo en clases o simplemente mirando a la ventana, tal vez imaginando lo bueno que sería estar en la playa u otro lugar fresco. El último día fue particularmente largo, apenas sonaron las campanas la alegría general se desató y como siempre nadie escuchó las indicaciones del profesor de turno, en los corredores se sentía el jolgorio unísono de las estudiantes e incluso muchos grupos se organizaron para pasar por el centro comercial antes de retirarse, una especie de ritual de fin de curso.
Las cicadas cantaban mas fuerte, uniéndose de alguna manera al clamor adolescente presente en el ambiente, el sol picó desde lo alto consagrándose como único maestro y así, era oficial que las vacaciones de verano habían finalmente comenzado.

Kyouko Toshinou rodó sobre el piso de su habitación buscando la fresqueza que perdió, tenía el aire acondicionado aún apagado y un manga en sus manos. Pasó la mañana de aquella manera, no era muy diferente a otras y aunque la tarea estaba en el mismo lugar de donde la dejo días atrás, la joven prefirió hacer otra cosa antes de que la rutina la consumiera. Se vistió con unos shorts y una camiseta, cogió su mini mochila y salió a la aventura. Luego de visitar a sus kouhai, se vio en la dirección al departamento de su mejor amiga Yui, subiendo las escaleras se sintió algo extraña pues, desde que ambas fueron a parar en diferentes clases la rubia mangaka sintió que la relación con su amiga había cambiado un poco. Era inevitable luego de que la morena aceptó entrar en el consejo estudiantil, luego de ello la veía muy poco e incluso se sentía mas sola que de costumbre, pero Kyouko no admitiría eso aquello abiertamente, sobre todo por que podía imaginar que en un momento u otro los caminos de ambas se bifurcarían inevitablemente.
Sin darse cuenta llegó al timbre y se quedó un momento parada frente a éste, sacudió la cabeza y sonó anticipando una sonrisa a la cámara.

—Soy Kyouko— anunció la joven observando la cara de su amiga del otro lado, Yui no esperaba su visita, no que le extrañase al contrario, estaba acostumbrada a que su amiga se apareciera sin llamar. Le abrió y rápidamente Kyouko se sintió como en casa, le dio la botella de jugo que compro y se dirigió al salón en donde encontró la mesa llena de papeles. La mangaka observó sin mucho interés y se limitó a sentarse.
—Yui-san está adelantando la tarea, como siempre tan diligente— elogió a su amiga sonriendo, Yui alzó una ceja y se arrodilló para posar la botella y tres vasos en ella. La sonrisa de Kyouko se borró casi de inmediato, su expresión cambio por una de curiosidad al observar la cantidad de vasos y de personas en la habitación. Estuvo a punto de decir algo cuando de repente del baño emergió una Ayano Sugiura luciendo fresca, con una sonrisa en los labios hasta que se encontró cara a cara con la rubia mangaka.

—Toshinou Kyouko— dijo su nombre y al hacerlo se dio cuenta que no tenía el mismo impacto en ella como antes, su corazón no se aceleró, ni su rostro se incendió de bochorno como en otras ocasiones.

—¿Ayano?— Por primera vez Kyouko se había quedado sin palabras, algo en su cabeza y corazón le dijeron que estaba sobrando.

—Ayano vino por que estamos haciendo algunos ajustes para el presupuesto del consejo, Kyouko— Explicó Yui cuando vio que su mejor amiga estaba algo sorprendida, la rubia la observó asintiendo sin protestar o decir algo más.

—No te olvides que debemos avanzar los deberes si tenemos tiempo— Ayano acotó sentándose frente a Kyouko, Yui sonrió mientras servía la bebida.

—Es verdad, ¿Tú ya la hiciste Kyouko?— preguntó la morena.

—He tratado pero hace mucho calor— se defendió la rubia, Yui la miró con reproche, siempre era lo mismo pero ahora debía hacerla sola, no compartían la misma clase.

—Debes aplicarte más Kyouko, así terminarás por desperdiciar el verano y corriendo a última hora— Yui dijo preocupada, Ayano observó la interacción de ambas entretenida, era casi fraternal.

Para la Sugiura era entrañable la manera como Yui se comportaba con Kyouko, su paciencia y disponibilidad a pesar del carácter voluble de la mangaka, le hacían sentir admiración hacia ella, fue así que poco a poco estando con ella codo a codo cambiaron sus sentimientos. Ayano sin querer fue acercándose más, descubriendo con los días que especial Yui Funami se volvió para ella, con Kyouko las cosas nunca fueron tan intensas, tal vez por que nunca tuvo una oportunidad para estar cerca de ella, compartir tanto tiempo juntas. Ayano se preguntó si sus sentimientos hacia la mangaka hubieran crecido si los papeles se invertían, se lo preguntó muchas veces pero aquella pregunta se desvaneció el momento en que la relación con Yui tomó un vuelco radical e inesperado.

—¿No me puedes ayudar?
— propuso la mangaka ofreciendo su mejor sonrisa, Yui la miro con algo de pena, la verdad su amiga no tenía remedio.

—No sé si tendré suficiente tiempo para los míos— contestó Yui sonando sincera, Kyouko solo atinó a hacer un mohín que hizo sonreír a ambas miembros del consejo.

—Bueno, al menos dame de comer— la rubia insistió mirándola como un niño caprichoso, Yui alzo una ceja.

—¿Eh?, bueno supongo que ya es hora de comer, haré algo simple para no perder tiempo, Ayano por que no tomas un descanso— sugirió la joven morena.

—¿Estás segura que no quieres que te ayude Yui?— ofreció ella, Yui negó con la cabeza y antes de irse le regaló una sonrisa para asegurarla.

Kyouko no perdió tiempo y se posicionó delante del televisor para continuar su Nanamori Quest, Ayano la observó pero luego decidió ordenar cuanto habían avanzado. Las cosas continuaron así por unos minutos, solo el rumor de cosas moviéndose en la cocina invadió el espacio.

—Ayano, tú y Yui se han vuelto muy cercanas, ¿No?— Vino la pregunta de la rubia, Ayano fue tomada por sorpresa, alzó la mirada para observar la espalda de la mangaka mientras maniobraba los controles del 'Popy Station'.

—¿Por qué lo preguntas?— pudo decir luego de componerse.

—Ahora la llamas por su nombre— dijo Kyouko sonando normal, Ayano sonrió tontamente recordando cuando fue aquel cambio, era verdad pero la manera en que la mangaka lo preguntó fue extraña, casi como si estuviera celosa. No era de extrañarse, Yui y ella se conocían desde el jardín de niños, era normal que tuviera ése tipo de sentimientos.

—Es verdad, bueno llevamos mucho tiempo en el consejo, hubiera sido extraño siendo ambas de la misma edad— Contestó la joven Sugiura, Kyouko presionó los botones con más fuerza pero fue inútil pues su personaje murio en manos del monstruo de turno, dejó los controles y luego volteó a ver a la chica violeta con intensidad.

—¿Es solo eso?— preguntó de pronto, su mirada seria hizo que Ayano se mordiera la lengua sin encontrar las palabras para responder, el silencio no era algo bueno luego de semejante interrogante, si no decía algo pronto entonces Kyouko sospecharía algo, su rostro comenzó a quemar y supo de inmediato que estaba al descubierto.
Pero para su sorpresa, Kyouko comenzó a reír, fue como si la persona de hace un momento se hubiera desvanecido del todo. Ayano frunció el ceño, molesta mas con ella misma que con la rubia frente a ella.

—¡Toshinou Kyouko baka!— acusó ella y se levantó para escapar a la cocina, Kyouko dejo de reír apenas lo hizo y se quedó viendo hacia la puerta de la cocina sintiendo que, deseaba regresar a cuando eran solo ella y su mejor amiga.

El tiempo de verano siempre pasaba como un soplo de viento, la mayoría de estudiantes estaba terminando los deberes aún sabiendo que las clases comenzarían dentro de poco. Yui suspiró poniendo en orden sus cuadernos y carpetas, dentro de ella estaba satisfecha de haber terminado pues así tendría el fin de semana libre, con eso en mente la joven sonrió contenta y tomó el teléfono para invitar a quien dominaba sus sentimientos a salir.
La cita se hizo para la tarde, cuando el sol finalmente cedía sus rayos a la brisa fresca, el tiempo ideal para dar un paseo y disfrutar del tiempo en compañía. Solo que éso era mucho pedir, Yui lo descubrió minutos después cuando salió a ver el correo en su casilla personal, había un sobre con remitente extranjero, la estudiante lo miro por todas partes mientras las mariposas en su estómago comenzaron a volar desesperadas.

"Me aceptaron" murmuró a las cuatro paredes de su apartamento, su rostro era uno que no mostraba del todo la alegría que aquella noticia significaba para su joven vida. La carta permaneció abierta en sus manos por unos minutos, era algo inesperado para ella, cuando mandaron su solicitud hace dos años no esperó que la consideraran del todo y ahora, la habían aceptado.

Todo cambiaría de un vuelco, su vida, sus relaciones con las personas que conocía, consigo misma, luego de la sorpresa vino la alegría que, se apagó casi al mismo tiempo en que su corazón le susurró sus latidos. Yui sintió como una parte de su juventud se detenía en ése mismo instante, como si de una máquina del tiempo se tratase sus sentimientos mas puros se congelaron para pensar racionalmente sus acciones futuras. Si, estaba enamorada profundamente, como uno suele hacerlo cuando es la primera vez cuando todo es nuevo y cada sonrisa, mirada, habla por sí sola. Así sucedió entre ellas, sin palabras, solo con acciones que las llevaron hacia la aventura más sublime de sus vidas. Yui se dio cuenta que debía irremediablemente tomar una decisión, y por mas dolorosa que fuera acabaría siendo la más acertada.

—Has estado muy callada, ¿Pasó algo?— Ayano preguntó sujetando su mano cuando se dio cuenta que no había nadie alrededor.

—No es eso, solo que estoy algo cansada— le dijo sin ánimo de confesar la verdad.

—Podíamos quedarnos en tu casa si no te sentías bien— Ayano la miro buscando sus ojos, Yui sentía que se le estaba acabando el tiempo y la sensación en su interior no hacía más que ponerla nerviosa.

—Está bien, quería salir luego de todo el trabajo, hace bien esta brisa— contestó encontrando el valor para mirarla, Ayano le sonrió y haló de ella hacia una de las bancas acostadas cerca a la riba del río.

Ahí, solo con la brisa fresca que anunciaba el otoño entre las dos, Yui se apoyó en su hombro y cerró los ojos, el nudo en la garganta desapareció al contacto con Ayano y su perfume. La Sugiura se sonrojó por la inesperada posición de Yui pero luego se concentró en aquel momento especial, algo que ella añoró en silencio, como la sensación que provoca el preludio al primer beso.
El primero que se dieron fue en el consejo estudiantil, un día de lluvia eterna, húmedo como pocos pero al mismo tiempo cálido, fue mutuo el cortejo, el avance a pesar de las dudas y finalmente el roce de su mano dándole el impulso para acortar los últimos centímetros. Fue incómodo y torpe, ninguna de las dos tenía la experiencia, ninguna podía comparar aquello con algo pasado, tal vez fue por ello que Ayano sintió todo lo que se dice del primer beso.

Ayano— La voz de Yui interrumpió sus recuerdos haciéndola sonrojar nuevamente.

—¿S..Si?— Yui se sentó de lado para mirarla y Ayano pasó un cumulo de saliva que se formó al observar sus ojos.

—Si yo tuviera que irme lejos, prométeme que no me esperarás— La intensidad en su mirada fue algo que Ayano no olvidaría nunca.

Aquella vez solo se limitó a asentir ante aquella extraña petición, estaba tan sorprendida que no le preguntó el porque de ello. Yui en vez le sonrió y se volvió a apoyar en su hombro, dejo salir un suspiro que escondía gran parte de su pena. Si bien era cierto que su relación no fue declarada como en odas de época, el entendimiento era mucho más fuerte que las palabras, ninguna profesó el amor abiertamente en verso o escribiendo la clásica carta de amor adolescente, no era necesario entre ellas. Y si alguna vez lo dijeron, la otra estaba durmiendo a su costado, una susurraba lo que no podía decir, esperando que sus palabras la alcanzaran en sus sueños.

El inicio de las clases llegó finalmente y Ayano estaba mas que deseosa de volver, no por los deberes escolásticos o por descubrir las nuevas materias que la esperaban, su motivo era afectivo, luego de aquella cita junto al río, Yui no se comunico con ella. Muchas dudas la asaltaron, muchos pensamientos que cambiaban en continuación, no se explicaba la razón pero decidió actuar como siempre, lo último que quería era presionar a Yui por algo que tal vez era una cuestión personal. Para su alivio ambas seguían en la misma clase, el ánimo creció en su pecho y fue con ése espíritu que entro al aula. No paso mucho tiempo para que la morena apareciera lado a lado de su infaltable amiga Kyouko, por un momento Ayano se debatió si vio o no su nombre en la lista de su sección.

—Buenos días— saludó Funami sonriendo como siempre, Ayano encontró su mirada y se sintió relajada.

—Buenos días— respondió de buena gana, Kyouko se limitó a un ademán con la mano y luego ambas se dirigieron a su lugar hasta que la primera campana sonó, Ayano no pudo hablarle como esperaba pero no se desmoralizó y espero.

Las clases siguieron normalmente y cuando llegó el receso fue hasta donde estaba ella decidida a retomar su rutina habitual, Yui se disculpó con ella diciendo que le prometió a Kyouko almorzar con ella que, solo sería ésa vez. Ayano no encontró algo que dijera que estaba enojada por algo, le sonrió como siempre y fue allí que la joven Sugiura se dio cuenta, no dijo nada y decidió nuevamente esperar. Las clases terminaron, como era de esperarse los profesores les dieron las primeras asignaciones del curso, se apoyaron de sus frescas y descansadas mentes para hacerlo, sin ningún ápice de piedad. Ayano se dirigió al consejo como era estipulado, quería estar presente cuando la presidente llegara y delegara las obligaciones, Yui observó cuando ella sin decirle nada salió del aula, sus ojos jamás la perdieron de vista.

Durante la reunión las dos mantuvieron la atención en sus debidas responsabilidades, cada una con sus propios pensamientos, cada una con un conjunto de sentimientos aglomerados, confusos. La presidente dio por terminada la reunión y cada miembro abandonó el consejo de a pocos, Ayano se quedó en su sitio tratando de revisar la carpeta que tenía en frente pues no escuchó ni una sola palabra de Matsumoto. Yui ordenó las cosas dentro de su maleta y luego se le quedo viendo sin saber que decir, seguramente Ayano había entendido algo en su mirada, solo ella podía desnudar sus sentimientos solo con verla.

—Ayano, ¿Quieres que te espere?— se aventuró.

—No tienes que esforzarte Yui, si no me quieres decir que te pasa está bien— su franqueza la sorprendió, fue como sentir una punzada en el pecho.

—No es eso, es solo que...— se atragantó con sus palabras, Ayano se levantó para verla pero Yui no pudo mirar sus ojos.

—No tienes que decirlo, ¿Vamos?— ofreció cogiendo su mano, Yui observó el gesto con ojos empañados, de repente el peso de su decisión la traicionó.

—Lo siento no puedo más con esto— dijo soltando su mano, aquel movimiento brusco no venía de ella, pensó Ayano. Sus ojos ardieron con el dolor que solo el rechazo profesaba, su garganta se cerró y solo se quedó de pie observando a Yui con lágrimas en los ojos. Las dos compartieron un silencio sacrificado hasta que Funami salió casi corriendo del consejo.

—¿Porqué?— Ayano preguntó ahogándose en llanto al ver la puerta cerrarse.

Extrañamente ninguna aclaró el verdadero significado de ésas palabras, tanto Yui como Ayano dejaron que el tiempo decida. La joven violeta estaba desolada luego del exabrupto de Yui, había cambiado todo en menos de un mes y si antes moría de ganas por saber sus razones ahora no tenía más sentido. Yui pensó que era mejor así, de todas maneras ambas se separarían, se debatió muchas veces si decirle la verdad o no, pero al final había seguido con el camino que ella misma eligió. Era eso lo que quería, ¿O no?.

En la escuela las cosas continuaron de la misma manera, ella pasaba casi todo el tiempo libre con Kyouko, escuchando sus bromas y proyectos de manga nuevos. Soportando la visión de Ayano en cada cosa que hacía, en cada chica que veía, una tortura digna de un corazón roto. La fecha de su viaje estaba próxima, el semestre en la academia de arte inglesa comenzaba en unos meses, se preguntó si podría soportar hasta ése día, si Ayano la perdonaría por su inmadurez, por su cobardía. En el consejo Yui habló con la presidente para decirle que debía buscar a otra que ocupara su lugar pues estaba pensando en renunciar, aquellas palabras fueron otra puñalada para Ayano, ¿Dónde quedo la Yui que conoció?. Funami debía poner en orden muchas cosas antes de partir, documentos varios y arreglar su alojamiento en Londres, quería hacerlo ella misma para no cargar a sus padres y de paso para despejar su mente.

En el último mes que le quedaba en Nanamori, Yui casi no iba a la escuela, demasiado absorbida de su próxima partida y buscando una salida a su auto infligida depresión juvenil. Fue un día de ésos que Kyouko llamó a su puerta, hacía tiempo que no se aparecía en su departamento por lo que estuvo contenta de recibirla. La rubia estaba algo preocupada por sus ausencias pero su expresión cambio al ver que su mejor amiga no estaba enferma o fue raptada de marcianos fascistas.

—Toma te los manda Ayano— le dijo entregándole unas separatas, Yui las cogió sintiendo que su corazón galopo dentro de ella.

—Gracias— se limito a decir, Kyouko la observó curiosa.

—Pensé hacer de mediadora ya que Uds. no se hablan más— Kyouko le soltó esa pequeña bomba. ¿Era tan obvio?, pensó Yui. —¿Problemas?— insistió la mangaka, Yui hizo gala de su mejor sonrisa.

—No es cierto, se molestó conmigo por renunciar al consejo pero nada más— mintió y por ello se sintió estúpida e inmadura otra vez. Kyouko asintió por sus palabras. Yui se quedó callada sumida en sus pensamientos.

—Menos mal porque la invite a salir, no me hubiera gustado saber que mi mejor amiga y mi futura novia no se lleven bien— se lo dijo guiñando un ojo, Yui se quedo pasmada, la sangre se le bajó de la cabeza y a duras penas se disculpo con la rubia. Se refugió en el baño y mojo la cara, era de esperarse que suceda una cosa así, ella quería que no la espere, que siguiera con su vida y lo estaba haciendo entonces, ¿Porque le dolía tanto?. No era el simple hecho de que enterarse que saldría con alguien si no que de todo el cuerpo estudiantil de Nanamori debía de ser Kyouko.

"Me lo merezco" se dijo viendo su reflejo empapado de agua y lágrimas.

—Nee Yui, ¿Tienes helado de ron con pasas?—

—Fíjate en el congelador— respondió asegurándose que su voz no tiemble. Yui respiró profundamente aguantando las ganas de quebrarse y llorar, se lavó la cara y salió del baño para volver a la realidad que ella misma había creado.

Presente

—Kyouko, te traje algo de comer con la medicina— La voz de su madre la despertó, lentamente se sentó en la cama y restregó sus ojos tratando de ahuyentar la pereza.

—Gracias mamá, me siento mucho mejor— le dijo sonriendo, la señora de la casa suspiró viendo a su única hija, había pasado tiempo desde la última vez que la atendió como hoy.

—Si hubieras llamado para ir a recogerte no estarías con semejante resfriado, ¿Cómo se te ocurrió venir a pie?— Le dijo preocupada mientras ponía la fuente sobre sus piernas, Kyouko se encogió de hombros.

—No me vas a negar que te sorprendí— trató de defenderse sin mucho éxito, su madre estaba cruzada de brazos sin verse convencida.

—Hoy te quedarás en la cama hasta que te repongas, con el frío que hace no conviene que salgas— le dijo, Kyouko iba a protestar pero lo único que consiguió fue la mirada férrea de su madre mirándola de vuelta.
—Sabiendo que Ayano está aquí, ¿Por qué no la llamaste a ella?— continuo la señora hablando casi con ella misma mientras recogía algunas prendas para lavar, Kyouko escuchó sus palabras en silencio, decidiendo si tomar aquella sopa y quizá borrar la sensación extraña que se posó en su estómago desde el día anterior.

Cuando finalmente la medicina empezó a darle sueño, la joven mangaka se recostó de lado hundiéndose en las mantas hasta cubrir su cabeza. Lo mejor es descansar y dormir, pensó. El sueño junto con la fiebre poco a poco la relajaron y Kyouko espero que sus sueños fueran mejores que aquellos recuerdos del ayer.

El tiempo empeoró como era previsto, los cielos se cubrieron del manto gris que blanqueó la ciudad y la gente desde casa solo podía observar el desarrollo del fenómeno por la televisión. Ayano estaba desde hace horas tratando de comunicarse con su novia pero el continuo mensaje automático de su red móvil la estaba desquiciando, Kyouko tenía el teléfono apagado desde ayer en la noche y la Sugiura no pudo evitar sentirse preocupada mientras observaba el número en su teléfono. Para colmo de males, el tiempo estaba tan frío que el gobernador de la ciudad recomendó salir solo si era para una emergencia y nada más. Ayano se sentía mas ansiosa con el pasar de las horas pero lo único que podía hacer era permanecer ahí comiéndose las uñas y esperando que fuera su novia a llamarle.
Era un hecho innegable que, en situaciones como ésa la televisión local no se tomara la molestia de programar películas o programas entretenidos, aún sabiendo que el noventa por ciento de la población estaba en casa delante a la caja de luz. Parecía que las opciones eran; morir de frío afuera o de aburrimiento dentro. Seguramente afuera será mucho más rápido, pensó la chica violeta. Como escuchando sus plegarias, su teléfono empezó a sonar asustando a la joven que dio un salto olímpico fuera del sofá, ni siquiera vio el número y respondió de inmediato.

"Ayano soy Yui, ¿Estabas descansando?" preguntó la morena desde la otra línea.

"No, es solo que estoy algo preocupada y cuando sonó el teléfono me sorprendí mucho y salió volando" explicó retomando su posición en el caliente sofá.

"Me imagino, pero no te preocupes es solo un resfriado" dijo Yui tratando de animarla, Ayano alzó una ceja en desconcierto.

"¿Estás resfriada?" preguntó

"¿Eh?, No, estaba hablando de Kyouko" le dijo. Ayano sintió que la sangre le bajó de la cabeza en un segundo. Yui del otro lado supo que algo no andaba bien por el silencio de la joven.
"Mi madre me lo ha dicho hace un momento, al parecer llegó ayer en la noche y no dijo nada porque quería sorprender a todos" continuo explicando, Ayano se sintió mal consigo misma por muchas cosas.

"Entiendo, bueno sabes como es ella" dijo algo distraída, Yui sintió la tristeza en sus palabras.

"Lo siento Ayano, seguramente esta descansando y se le paso el llamarte, no te sientas mal" la animó, la Sugiura pudo sonreír un poco por sus palabras.

"Ya, esperaré que el tiempo mejore e iré a verla"

"Si es mejor, si necesitas algo llámame" concluyó Yui antes de colgar, Ayano agradeció y cuando la línea cayó dejo salir un largo suspiro. Estaba preocupada por Kyouko y al mismo tiempo aliviada de sentir la voz de Yui, aquella ambivalencia le estaba causando más confusión.

"Debo dejar de sentirme así, por Kyouko, sí por ella" decidió en silencio.

En su casa, Yui cerró la llamada con un sentimiento reptando hasta su pecho, sacudió la cabeza para liberarse de él, ademán que atrajo la atención de su madre.

—¿Paso algo?— preguntó no pudiendo contener su curiosidad, su hija se sentó viendo las noticias sin muchas ganas.

—Espero que no— le contestó, la señora Funami alzó una ceja no entendiendo su respuesta pero no presiono mas a la joven que ya lucía bastante pensativa.


¿Les pareció incompleto?, a mi si pero como seguiré escribiendo no me preocupo ¬¬. Ha sido pesado el episodio creo, es muy concentrado en Yui y Ayano lo sé, no se preocupen fans de Kyouko, la mangaka saldrá a la luz y de qué manera.

pdta: Popy station, así es el juego de Yui, miren si quieren xD

Conciencia: ...

Autora: ¿Tienes algo que decir?

Conciencia: Solo estoy observándote, eres irritante para ser una simple novata.

Autora: Solo porque estoy de buen humor pasaré por alto esta afrenta. *la autora se levanta con taza de té verde en mano y se acerca a la chimenea*

Conciencia: Prepotente, solo porque actualizó antes. *la conciencia gira la cara ofendida*

Autora: Te puedo escuchar, eres mi conciencia. ¿Lo olvidaste?