Unos días antes de la boda, Violet se muda a su futura casa. La señora Bougainvillea la recibe con mucha amabilidad. Ella se sorprende al ver que la chica no tiene muchas pertenencias. La señora la pone al tanto de las relaciones de la familia, como parte de su entrenamiento protocolario para la ceremonia nupcial. Violet memoriza la información ágilmente. La señora se muestra complacida. En la noche, Dietfried llega a visitarla al cuarto de huéspedes. Ella dormirá ahí hasta el día de la boda. Él ha tenido que atender varios asuntos y no ha podido llegar a casa temprano, para darle la bienvenida. Ella agradece sus atenciones y le cuenta lo que ha hecho con su madre. Él se muestra satisfecho con sus aprendizajes. Le alivia saber que será una buena compañía en los diferentes eventos sociales, a los cuales debe atender como único descendiente de Bougainvillea. Al cabo de un rato, se marcha.

Al siguiente día, Dietfried espera ver a Violet para desayunar, pero el personal de servicio, le informa que se ha marchado temprano. Él cae en la cuenta de que su casa está muy lejos de su trabajo. En ese sentido, ese día hace todo lo posible para salir temprano e ir por ella a la oficina. Todos los clientes se sorprenden al verlo. Su semblante es bastante llamativo. Las mujeres lo miran de reojo. Es bastante apuesto. Después de que le avisan que su futuro esposo está en la sala de estar, Violet va a su encuentro. Ella lo saluda extrañada. No habían quedado de verse. Ella le pregunta qué sucede. Él le dice que la llevará a casa. Ella le comenta que no debió molestarse. Aún tiene muchos pendientes- Él frunce el ceño y le dice que tiene razón. Seguidamente, se marcha. Violet continua con sus labores como si nada, hasta que anochece.

Al llegar a casa, piensa que todos están dormidos. Sin embargo, nota que las luces del estudio de Dietfried están encendidas. Justo cuando estaba por asomarse a la puerta, él va a su encuentro. Enojado, le pregunta que por qué llegó tarde. Ella le responde que tenía trabajo. Él la mira con desdén y le dice: "Espero que esto no se repita. Debes estar en casa antes de que se ponga el sol". Ella le dice: "Lo intentaré siempre y cuando mi trabajo me lo permita". Él le dice con seriedad: "No me estás entiendo. Como mi esposa debes estar en casa cuando yo esté". Ella lo mira fijamente y le dice: "¿Por qué debería hacerlo? No es una de las condiciones de nuestro acuerdo". Él suspira con cinismo y le dice: "¿Acaso debo explicártelo todo?". Ella lo mira con ingenuidad. Él continua: "¿En qué momento engendraremos a tus descendientes si tu te la pasas trabajando? ¿Cuándo vas a criarlos?". Ella guarda silencio. Él tiene razón. Ella debe organizar de manera diferente su tiempo, de ahora en adelante. Con serenidad, le responde: "Lo siento. Prometo venir más temprano a casa". Él guarda silencio. Él espera que se disculpe por haberlo solo a casa, pero al ver que ella no dice nada más, entiende que, para ella, eso no es algo importante. Esa chica es increíble. No puede darse cuenta de que él está esforzándose por tratarla bien. Decepcionado, le dice: "Vete. No quiero ver tu cara por un buen tiempo". De alguna manera, quiere devolverle su rechazo. Ella acepta sus indicaciones y se marcha a su habitación.