Holis :3 Lo cierto es que no se me ocurre gran cosa que decir (?) Sobre el capi, que es larguillo y que no es que me parezca súpermegraintergalácticamente genial, no es que no me guste del todo, pero no ha quedado como esperaba/quería e.e Y, meh, parece que a cada capi que escribo, la historia avanza menos, lol. Anyway, espero subir el siguiente rapidito (aunque no lo he empezado), but quizás antes intento acabar Bite me again, para no dejarlo inconcluso, lol (será una mierda, pero una mierda acabada xDDDD ).

Yyyy no sé qué más. Gracias por los reviews y espero que os guste :3


-CAPÍTULO 6: I SHOULD BE OVER ALL THE BUTTERFLIES, BUT I'M STILL INTO YOU-

Danny

-… la comida. Cuando salga lo primero que voy a hacer es irme a un Burger King y pedirme una docena de hamburguesas.

Contengo una risotada, mientras rebusco en los bolsillos de mi pantalón con una mano, hasta dar con el paquetito de tabaco.

-No creo que eso sea nada aconsejable, Jimmy. ¿O quieres pillar una intoxicación alimenticia el primer día de libertad?-bromeo a la vez que extraigo un cilindro del interior del cajetín, llevándomelo a los labios, sintiéndome aliviado con solo tener el filtro en contacto con mi piel. Sé que va a ser el último hasta por la tarde, quizás con un poco de suerte hasta el mediodía si encuentro un hueco para salir a la calle, porque en el estudio no se puede fumar. Por ello, aprovecho estas caminatas de varias calles desde la estación de autobuses al susodicho estudio para meterme un poco de nicotina en el organismo, aunque sea a horas tan tempranas como las ocho menos algo de la mañana.

-Tú no sabes el hambre que paso aquí. La comida es asquerosa. Lleva cinco años siendo asquerosa. Quiero probar algo de verdad después de tanto tiempo.

-Ni que el Burger King tuviera una estrella Michelin…-digo, emitiendo un ruidito satisfactorio al dar con el mechero en el otro bolsillo.

-Bah, lo que sea, quiero que me llevéis al Burger King.-hay una pausa al otro lado de la línea.-¿Vendrán todos los chicos a la fiesta de bienvenida?

Hace la preguntar un poco incómodo, revolviéndose desde la prisión. Tuerzo la boca, colocándome el móvil entre el hombro y la oreja mientras enciendo el cigarrillo, que debido al airecillo que corre se niega a prender. Ahueco la mano frente a la llama, creando un improvisado refugio contra el viento.

-Algunos sí. Pero todos… no creo. Ya sabes, están bastante dispersos… muchos han crecido, han madurado, tienen familia… Y tampoco es que entre mucha sangre nueva con la que reponer la que se va, así que… Los Blackstars ya no son lo que eran.-murmuro al auricular, guardando el mechero y dando una profunda calada al cigarrillo, sujetándolo entre el índice y el corazón.

Entre que Jimmy ha estado en la cárcel, Harry quiere adecentar su vida junto a Izzy y yo he permanecido más tiempo borracho que sobrio, la banda ha ido poco a poco sumiéndose en las sombras. Hay que ser muy idiota para no darse cuenta de que languidece, como languidecen las brasas después de la hoguera. Sí, aún hacemos algún que otro trapicheo y demás, pero no es lo mismo que antaño, vamos, ni por asomo. Además, toda banda que se precie tiene su rival, elemento indispensable para estar orgulloso de ser un pandillero. Pero los Sleeping Dogs dejaron las calles con la desaparición de su líder, así que… Sí, ya, ya, es irónico que llevásemos años peleando por las calles marginales de Londres y que, cuando por fin las tenemos para nosotros solos, ya no nos interese tanto. Es lo que tiene este mundillo, ¿qué queréis?

-Bueno, ya, sí… Creo que todos hemos madurado y cambiado: incluso yo lo he hecho aquí dentro.-hace una pausa, dejando que calen sus palabras. Sí, cambiado, todos y todo ha cambiado… incluso demasiado-Y estamos hechos ya unos vejestorios para andar con estas cosas.-añade la broma, soltando una risa que me suena algo forzada. Yo frunzo el ceño, olvidándoseme reírle la gracia, mi mente divagando, con cierta nostalgia, hacia esa época en la que éramos los reyes de Londres, en la que nos tenían miedo y respeto, en la que la estrella negra en el cuello hacía que se nos hinchase el pecho de orgullo. Ahora solo es un tatuaje más, una mancha negra que lo único que puede ocasionar es miradas curiosas por parte de los demás, llegando incluso a ser molesta en el reflejo del espejo. De hecho, Harry me había comentado hacía unos meses que estaba pensando quitarse la suya, porque ya no le gustaba vérsela en el cuello. Dijo que no se arrepentía de lo que había hecho, y que si tuviera oportunidad de repetirlo, lo haría sin dudarlo; pero que era hora de pasar página. Dijo que todos teníamos que pasar página…

Yo nunca podré hacer eso. Quitarme el tatuaje, digo. Puede que ya no tenga el mismo significado que antes, que no cause la misma reacción en los demás, que ya no sepan lo que significa. Pero para mí sigue siendo importante, no es solo una marca bonita en la piel. Me recuerda lo que fui. Me recuerda los ideales por los que luché. Me recuerda a ese chico que con diecisiete años dejó la escuela para meterse en una banda después de salir del reformatorio y poder así alimentar a su hermana pequeña y a su madre depresiva tras la marcha de su padre maltratador.

Lo sé, lo sé, suena contradictorio que yo, justamente yo, el que tanto pavor le tiene al peso aplastante de los recuerdos, el que encuentra en el alcohol el aliado ideal para que la memoria se vaya difuminando, no quiera deshacerme de una marca que me recuerda tanto a antaño. Y sí que es contradictorio, tantas que a veces ni siquiera yo lo entiendo. Tengo una teoría, sin embargo: el pasado es lo único que tengo. Hacia delante no veo luz por ninguna parte, no veo faro, y a algo tengo que aferrarme para no ser engullido por el mar embravecido, aunque ese algo sea una tabla llena de clavos en punta.

-Me cago en la puta…-farfullo por lo bajo, puesto que sin darme cuenta, al hilo de mis pensamientos, he ido a acariciar la estrella de mi cuello, olvidándome de que aún tenía el cigarrillo en la mano, por lo que me he quemado en la oreja.

-¿Qué pasa?-pregunta Jimmy, y le oigo sonreír.- ¿Te ha visto la acosadora y va a por ti?

Bufo, poniendo los ojos en blanco, frotándome con la mano libre el cartílago chamuscado.

-Harry no se calla nada, ¿eh?-escucho a Jimmy reírse al otro lado.

-Aunque a distancia, seguimos estando compinchados para avergonzarte, ¿recuerdas? Me lo cuenta todito todo.-sé que la sonrisa no ha desaparecido de su rostro, y probablemente sus ojos verdes brillen con picardía.

-Sois amor, de verdad.-suelto, en un tono tan sarcástico y falso que Jimmy se hecha a reír como un poseso.

Dado que Harry me pregunta día sí y día también sobre mi día de trabajo, como una madre pregunta obsesivamente al crío qué ha hecho en el colegio, con quién ha jugado y cuántas veces se ha metido el dedo en la nariz, algo tengo que contarle para saciar su curiosidad, y lo de Dougie no es plan porque sé qué vendría detrás de la confesión.

Así, le había dicho hará un par de días que a la recepcionista, Angie, solo le falta seguirme hasta el baño. Es que, cuando menos me lo espero, ahí está, con una sonrisa en la cara y un ofrecimiento ya sea para ayudarme, para saber qué tal me va o para preguntarme si quiero un café. No me malinterpretéis, Angie me cae bien, es la única que se muestra amable conmigo en esta cárcel de alta gama, pero se hace un poco incómodo para mi persona cuando me llama demasiadas veces 'cariño', o cuando aprovecha cualquier oportunidad para acariciarme los brazos, las manos o la cintura. Coño, el otro día hasta me dio un juguetón azote en el culo. Y seré cortito, pero sé perfectamente que está flirteando conmigo. Yo no es que esté dando muchas señales de corresponder tal jugueteo, pero tampoco quiero ser desagradable con ella, así que temo que mi actitud no del todo pasota le dé alas para ir más y más allá. Lo sé, la única forma de pararle los pies y evitar que se haga ilusiones es que le diga que soy gay, pero aún no he encontrado el momento adecuado para soltarle la bomba. No quiero que le dé un chungo del susto.

-Pobrecillo Danny… Para que te deje en paz ya sabes lo que tienes que hacer.-dice Jimmy, leyéndome el pensamiento.

-No es tan fácil como lo pintas y lo sabes.-doy otra calada, entrecerrando los ojos, divisando ya las puertas del estudio al final de la calle.

-¿Cómo qué no? Mira, tú vas, te plantas delante de ella y le sueltas: no es por ti, es por mí, que resulta que me gustan los penes más que a un tonto un lápiz.

-¡Jimmy, por el amor de Dios!-salto, sonrojándome tanto que debo parecer un tomate con pecas. Menos mal que a estas horas no hay mucha gente por la calle, porque si no hubiera asustado a más de uno con mi exabrupto. Bajo un poco la voz.-N-no lo digas así…

-Pff… ¿es o no es cierto que te gustan?-no contesto, concentrado en expulsar el humo blancuzo por la nariz. Oigo un crepitar al otro lado.-Y¿No hay ningún chico guapo por ahí al que le hayas echado el ojo?

Rechino los dientes, acelerando el paso. Si es que lo sabía. Sabía que al final iba a ponerse pesado como lleva Harry poniéndose esta última semana.

-Oh, ¿también estás compinchado con Harry en esto? ¿Cómo coño os tengo que decir que no quiero una jodida relación?-mi voz suena enfadada, y realmente lo está. Se creen que como llevo dos semanas trabajando, apartado de las sombras y pareciendo progresar, ya vuelvo a ser el Danny de toda la vida. Como si de verdad estuviese progresando… Puede que ya no beba tanto, puede que tenga un trabajo que realizo con más o menos acierto, puede que sonría más, que me ría más, que esté de mejor humor algunas veces, que pase menos tiempo encerrado en mi habitación aislado del mundo que tanto odio, que parezca que lentamente estoy saliendo del pozo. Pero, primero, se debe en su mayoría a que gran parte de mi tiempo libre ahora está ocupado y debido a ello, o bien tengo menos minutos al día para autodestruirme, o bien estoy demasiado cansado al final del día como para pensar; y segundo, eso no implica mejoría ninguna, no implica que por dentro no siga sintiéndome como una mierda, no implica que cada día no me pregunte qué cojones hago levantándome de la cama si todavía me cuestiono tener las razones suficientes para seguir viviendo. Y ahora estos quieren que me pille un novio. Por favor.

-Danny… solo queremos lo mejor para ti.-odio esa frase. La odio con toda mi alma. Me la han repetido tantas veces en los últimos años que ha perdido hasta su significado. ¿Qué sabrán ellos lo que es o deja de ser lo mejor para mí?-Y… tienes que olvidarte de Dougie, no pued…

-Estoy llegando al estudio. Ya hablaremos mañana, para hablar de si el lunes te vamos a buscar o cómo hacemos.-cuelgo el móvil, sin ni siquiera dejar terminar la frase a Jimmy.

Ellos no tienen ni idea. ¿Creen que solo por Dougie? Tiene que ver, no lo niego, pero no es la razón de peso ni por asomo. No quiero tener a nadie más a quien coger cariño y punto. No quiero decepcionar a más personas…

Entro en el estudio con el ceño fruncido, abandonando la colilla rápidamente acabada del cigarro en fuera, mi humor pasado por agua para el resto del día. Me apresuro a subir las escaleras que conducen al piso de arriba antes de que Angie aparezca y ya empiece a ligar conmigo. Ahora mismo no estoy de humor para aguantar algo así. Dadle las gracias a la parejita de oro y su afán de ejercer de Celestina's.

Voy caminando enfurruñado por el pasillo en dirección ya al despacho de Alice cuando paso por enfrente de la puerta del despacho de Dougie, que está entornada. Oigo su voz desde aquí, cosa harto extraña, porque siempre llega más tarde que yo al trabajo.

-Ajá... Sí, para mediados de junio... Es posible que venga algún personaje importante, sí, mi jefa tiene contactos... Vale, muy bien, de acuerdo, volveré a llamar en un par de días para confirmarlo todo... Gracias, adiós...-me aparto rápidamente de la rendija, para que Dougie no tenga posibilidad de descubrirme ahora que ha colgado el teléfono. Con la espalda pegada a la pared, le escucho trastear en el ordenador y con lo que parecen papales. ¿Qué estará ha...?

Sacudo la cabeza; lo que haga o deje de hacer no es asunto mío. Acordamos en esa sala de revelado hace cuatro días que cada uno iba a seguir su camino, buscando que fueran lo más paralelos posible, así que…

Mientras retomo mi camino hacia la oficina de Alice, no obstante, doy vueltas al aspecto que tenía el rubio en la furtiva ojeada que he echado a su despacho: estaba ligeramente desaliñado, el cabello revuelto, los ojos rojos y con ojeras, la sombra de no haberse afeitado presente en su mentón y mejillas. Parecía cansado, como si no hubiera dormido en toda la noche.

Frunzo involuntariamente el ceño, la curiosidad borboteando en mi pecho con más intensidad de la que debería, mi mano golpeando con suavidad la plancha de madera de la puerta del despacho de Alice.

-Buenos d...-empiezo cuando me da permiso para pasar, abriendo la puerta.

-Hoy vas a tener que ocupar el puesto de Angie. Me ha llamado para decirme que le es imposible venir con 40 de fiebre. Su turno empieza en cuarenta y cinco minutos y, como eres más eficiente de lo que jamás hubiera dicho, no te queda nada pendiente por hacer de ayer, y no te he buscado otra cosa que hacer porque ya tienes bastante con ocuparte de la recepción. Te advierto que como me espantes a algún cliente, te corto eso que te cuelga entre las piernas con una cuchara.-el ametralle de palabras me deja con cara de tonto, aún con el saludo en los labios y los dedos enroscados en el picaporte. Alice alza la vista de los papeles que cubren su mesa, una mueca de fastidio deformando sus finas facciones, no sé si por el hecho de que Angie no haya venido, por el halago (más o menos) que me ha hecho, o porque aún sigo plantado como un pasmarote en medio de su amplio y bonito despacho. Apuesto a que por un poco de las tres.- ¿Qué haces aquí todavía? ¿Te doy casi una hora de libertad antes de que te pongas a trabajar y me miras encima con ese careto de idiota?

Vale, hora de salir por patas, antes de que quiera llevar a cabo su amenaza antes de tiempo.

Sonrojándome un poco, balbuceo algo parecido a una disculpa o a un agradecimiento, no lo tengo ni yo claro, y me dispongo a salir antes de que me mande hacer otra cosa para ocupar esos cuarenta y cinco minutos, pero dudo cuando estoy ya desapareciendo por la puerta.

-Mmmm... ¿Señorita Johnston?-mi voz tiembla un poco, pero esta vez no es por miedo (sí, vale, ¿qué pasa? Le tengo algo de miedo a la rubia... Pero si la sufrieseis en vuestras carnes, vosotros también lo tendríais...), sino por la incomodidad y sorpresa de irle a preguntar lo que le voy a preguntar. Por esos sentimientos que se aprietan contra las paredes internas de mi pecho, estoy a punto de morderme la lengua y dejarlo pasar, pero la mirada asesina que me lanza Alice por osar dirigirme a ella sin permiso más insta a continuar.-Eer... ¿Le pasa algo a Dougie? Digo, porque no suele venir hasta más tarde y...-mi voz se va perdiendo poco a poco, mientras me doy cuenta de lo ridículo y estúpido que debo estar quedando. ¿Cómo se me ha ocurrido preguntarle? Ahora se lo contará a Dougie, y Dougie pensará que soy gilipollas porque, a pesar de haber sido yo el que ha insistido en mantenernos separados, ando preguntando por él.

Me voy a ir farfullando un 'da igual' a riesgo de molestar a la jefa, pero Alice contestándome me frena en el sitio.

-Se ha quedado toda la noche preparando lo de los participantes para la exposición de la galería. ¿Por?-no me pasa desapercibida la forma extraña en la que me escrutan sus ojos azules, pero yo disimulo estirando los labios en una pequeña mueca que se hace pasar por sonrisa.

-Curiosidad solo.- respondo, y me despido con una inclinación de cabeza, a lo chapado a la antigua, apresurándome a abandonar la oficina antes de que me pregunte algo más.

¿Por qué he tenido que preguntarle? No puedo callarme y fingir que no me importa, no… Resisto las ganas de darme una fuerte palmada en la frente, y sin saber muy bien por qué, rezo para que Alice no empiece a sospechar que entre Dougie y yo hay, hubo o habrá algo. No sería nada, pero nada bueno para su imagen: al rubio lo tiene en muy alta estima, se le nota que es su ojito derecho aunque su fría pose de dómina mandona le impida exteriorizarlo, y, bueno, a mí… a mí me tiene por inútil, patoso y objeto de torturas; no es que me odie, pero sé que ella de buen gusto sí habría presentado cargos contra mí, y que si hoy estoy aquí trabajando en su estudio es porque Izzy ha intervenido, en favor del descarriado amigo de su novio.

De camino a la sala de la cafetera, mi recién propuesto destino, vuelvo a pasar por delante de la puerta de Dougie, y mis ojos se van solos hacia la estrecha rendija, para captar fugazmente la figura algo encorvada en su silla del rubito, las manos cubriéndole el rostro en una actitud de puro cansancio.

Tuerzo la boca hacia un lado, ralentizando mis pasos un poco, la vocecilla rebelde de mi cabeza instándome a ser valiente y aprovechar para decirle lo que el orgullo de macho herido no me dejó en nuestra última conversación. Quiero ignorarla, pero cambia de táctica y en lugar de señalarme sutilmente la secreta necesidad que sabe que tengo por reconfortar a Doug, me sugiere que mantener una breve conversación con él puede eliminar esas pesadillas que llevo teniendo estos cuatro días.

No es que estos cinco años no haya tenido pesadillas, al contrario, desde la muerte de Lilly raro es la noche en la que mi subconsciente no me atormente en sueños (las veces que he casi perdido la consciencia por ingerir demasiado whisky no cuentan), pero estos cuatro días… son pesadillas diferentes, pesadillas que nunca había tenido. Pesadillas en las que estamos en ese almacén abandonado que quemé, junto a ese infernal hueco del montacargas que cercenó la vida de mi hermana, los dos juntos, uno enfrente del otro. No entraré en detalles escabrosos sobre lo que nos decimos o pasa, pero os sirve con saber que al final de él, Dougie me empuja hacia el vacío, y al final de la caída no encuentro duro hormigón, sino el calor ardiente de unas llamas que no sé de dónde salen.

La agradable idea de dejar de levantarme cubierto en sudor, con lágrimas en los ojos y burbujas de pánico en los pulmones que no se deshacen hasta que compruebo cuatro o cinco veces que mi piel no está dolorosamente carbonizada me acompaña en mi camino al surtidor de cafeína mañanero.

Me sirvo un café con leche cargado, apoyando la cadera en la encimera, y en la más sórdida pero tranquila soledad, me lo voy bebiendo a sorbitos, intentando decidirme.

El tiempo de pensar se me acaba cuando apuro la taza, y aún no he tomado una decisión. Queda media hora larga para que empiece mi nueva encomienda como recepcionista (¿cómo ha tenido Alice una idea tan mala?) y yo no tengo nada que hacer. «Vete a hablar con él. Venga, ¿a qué esperas? Vete, vete, vete, vete, vete…», la puta vocecilla insiste, solo que esta vez las palabras están pronunciadas por una voz femenina, joven, que me hace dar un pequeño brinco en el sitio. No estoy acostumbrado a que sea su voz la que me replique, y duele un poquito en el pecho, pero tiene mucho más peso también que cualquier otra.

Vuelvo a torcer el morro y me giro vacilante hacia la máquina de café, esperando no arrepentirme de esto.

Ya de nuevo en el pasillo, cargado con un café solo bien cargadito que podría resucitar a un muerto, me encamino con pasos inseguros hacia el despacho de Dougie ('despacho de Dougie'… qué raro suena), repitiéndome interiormente la malísima idea que es esto, pero sin dejar de avanzar.

Me quedo plantado frente a la puerta, con la humeante taza en la mano, como tres minutos, sin atreverme a llamar. Oigo hablar a Dougie desde dentro, de nuevo, probablemente con un nuevo candidato para la exposición. Alzo el puño, tragándome el pánico, porque si soy sincero estoy completamente acojonado, la superficie normalmente lisa del líquido en la taza bailoteando debido al temblequeo de mi otra mano.

-Sí… a las dos… Creo que habré acabado para esa hora, sí… Vale, pero debería pasar por casa antes, que llevo unas pintas… Ja, ja, ja, muy gracioso… Entonces, ¿te espero en el restaurante o pasas a buscarme?… -espera, esta clase de conversación no es la que se tiene en el ámbito profesional, ¿o sí? Concentrado en intentar contestar a esa pregunta, no escucho los ruiditos que hace Dougie al levantarse de la silla, y tampoco escucho los pasos que se acercan a la puerta.-Okey… yo también te quiero.

¿Qué?

La puerta se abre, el cuerpo de Dougie logrando evitar el impacto contra el mío por muy poco, aunque del sobresalto, el café salta el borde de la taza, aterrizando en mis dedos y, de tan caliente que está, escaldándomelos. Sin darme cuenta de lo que hago, por un acto reflejo, suelto la taza agitándola la mano magullada, un pequeño gritito abandonado los labios de Dougie cuando, en su caída, el líquido cae sobre su camisa.

-O-oh, joder, lo s-siento.-farfullo rápidamente una disculpa, poniéndome colorado y dejando de mover la mano que me he quemado como si fuera un jodido pollo intentando echar a volar.

Oigo a Dougie sisear, despegándose la tela mojada y caliente de la piel.

-No pasa nada.-dice, con un tono de voz que contradice completamente sus palabras. Me sonrojo más aún, empezando a dar pequeños saltitos en el sitio, muerto de vergüenza.- ¿Qué demonios hacías?-alza la vista, sus ojos plateados escrutándome el alma.

Trago saliva mirando al suelo, a mis pies, esperando que bajo ellos se abra un agujero y me engulla. Si es que sabía que esto no era buena idea…

-Y-yo… Mmm… Nad… Alice m-me dijo… pa-parecías cans-sado… Y-y… yo… pe-pensé que… q-que… q-quizá-ás… t-tú...

-Danny.-me interrumpe él, el ceño fruncido. Aunque… ¿eso que asoma en la comisura de su labio es una sonrisa?

-¿S-sí?-mi voz es un susurro infantil, muy bajito y timidón.

-Deja de tartamudear.

Cierro la boca de golpe, sin saber cómo es que mi cabeza sigue en el sitio y no ha explotado ya con la temperatura que está cogiendo. Hincho los mofletes, y sin mirarle, intento que la voz deje de temblarme.

- Alice m-me ha dicho que te has pasado l-la noche aquí y…Te venía a-a traer un café p-porque parecías agotado.-reto conseguido… más o menos. Voy a callarme, pero 'alguien' me da un empujoncito mental para que acabe.-Y… tengo que hablar contigo.

Un incómodo silencio sigue a mi confesión, y aunque no le estoy mirando, sé que él sí lo está haciendo, que sus orbes de plata se pasean por mi rostro, intentando quizás discernir si soy bipolar o simplemente imbécil.

-Creí que no querías hablar conmigo.-dice en tono ácido.

Me encojo un poco, pero no dejo que lo perciba.

-Sigo sin querer. Pero tengo que hacerlo.-hago de tripas corazón y le miro a los ojos, sintiéndome empequeñecer, algo en mi pecho temblando cual flan, algo en mi estómago produciéndome un intenso cosquilleo, como si me hubiera tragado un puñado de mariposas y ahora estuvieran revoloteando frenéticas.

Podría decir que el gris de sus ojos brilla más hermoso de lo que recuerdo, pero no es cierto: es justamente así como recuerdo sus ojos, tan hermosos que deberían estar prohibidos.

-Recoge esto antes de que Alice se entere, anda.-señala la taza y el café que no ha logrado adherirse a su ropa, yaciendo entre nuestros pies.-Yo voy al baño a ver si logro limpiar el estropicio que has montado en mi camisa… por si acabas rápido.-añade lo último con algo de vacilación, no muy seguro de si dejar caer la oportunidad que me está dando.

Asiento como un maniaco, moviéndome para dejarle pasar.

Ya solo en el pasillo, recogiendo la taza y rezando para que la mancha acaramelada se quite bien de las baldosas cerámicas, obligo a ese ejército de insectos alados que anidan en mi barriga a relajarse, recordando para ello ese 'yo también te quiero' de Dougie al que estaba al otro lado de la línea telefónica y que, sin conocer y sin admitirlo jamás de los jamases, creo que ya odio.

Dougie

Genial.

Simplemente genial.

¿Cómo voy yo ahora a comer a un restaurante con este aspecto? Ya es de por sí mala mi cara, la sombra del sueño y de una noche entera en vela grabada en mis facciones, pero la camisa manchada de café es demasiado. Así no puedo salir a la calle.

Suspiro, humedeciendo otra servilleta de papel y frotando la celulosa contra el tejido, mi mente desviándose por derroteros escabrosos sobre pecosos viniendo a traerme café y, de paso, haciéndome comprobar de primera mano que sigue siendo tan torpe como siempre. ¿Por qué ese gesto cariñoso (el de llevarme café, no el de tirármelo por encima) después de lo borde que fue el otro día? No hay quién entienda a este chico, de verdad… Bueno, hombre. Ya no es un chico, desde luego…

Escucho la puerta abrirse inseguramente, y no me hace falta echar una ojeada al espejo para saber quién acaba de entrar. Sin embargo, la echo, y veo a Danny plantadito a unos pasos de mí, con cara compungida, mordiéndose las uñas.

«¿Por qué no haces algo de utilidad y me ayudas en vez de estar comiéndote los dedos, estrellita?»

Mi propia voz resonando en mi cabeza, su origen cinco años atrás, en ese baño de aquel centro comercial, de ese día en el que Danny me acompañó a cambiar el objetivo de mi cámara que una de nuestras primerizas peleas tan frecuentes, me sobresalta. Recuerdo que le había insistido para que me comprase café, ese que luego me tiré a propósito por encima para que me siguiese al baño y tener algo de intimidad, con el objetivo de continuar con el plan de Ian de conseguir camelármelo. Sí, y casi lo había conseguido, lo tenía atrapado, con mi lengua en su cuello y mis dedos en el botón de su pantalón. Por aquel entonces solo era para mí un objetivo, una misión a cumplir, completamente ajeno a lo que se iría convirtiendo… quizás si lo hubiera sabido entonces…

Bloqueo esos pensamientos duramente, cortante, negándome a darle vueltas al tema de que hubiera pasado si esto o si lo otro. Pensar en ello no va a cambiar nada, y yo no quiero que cambie nada, porque ahora estoy donde tengo que estar siendo lo que soy, y punto, ¿de acuerdo?

-¿Te arrancarás a hablar o tendré que leerte el pensamiento?-rompo el silencio con algo más de crudeza de la necesaria, traída seguramente por lo que he estado pensando.

Danny se encoge, sus ojos fijos en las puntas de los pies. Y yo siento un pinchazo en el pecho. Se le ve tan… perdido. Tan triste. Tan machado… Tan… caótico. Sí, creo que esa es la palabra idónea para describirlo. Lo que pasó en ese almacén de la Sunshine Street cortó los cables que mantenían fijos los elementos de su mundo, sumiéndolo en un caos destructor, incoherente, inestable, irreparable. Es él, pero ya no lo es. Danny es un torbellino caótico de lo que fue, algunos aspectos anteriores aflorando a la superficie de vez en cuando, otros nuevos y oscuros convirtiéndolo en una nueva sombra, vacía, parecida pero diferente.

-Lo siento.-termina diciendo, sacándome de mis elucubraciones. Dejo la toallita en el lavabo, volviéndome hacia él para mirarlo directamente y no a través de un burdo espejo. Tuerzo la cabeza un poco, sin saber muy bien a qué se refiere. Él desvía la mirada de sus zapatos y se atreve a establecer contacto visual conmigo.-Yo… lo siento. Nunca… nunca quise pegarte.-mis ojos se abren un poco más de lo normal debido al asombro de escucharle.-Estaba frustrado y... enfadado... cegado y... se me escapó… Sé que no es excusa, que lo hice y no debería haberlo hecho… aunque las cosas no fueran bien entre nosotros… tú solo querías ayudarme y… y yo te pegué… pero… no fue intencionado.-baja la mirada hacia esa mano que me golpeó, abierta, temblando junto a él.-Te pegué y no tengo perdón, te hice sangrar, a ti… No te puedes imaginar lo mucho que me he odiado, y aún me odio, por haberte hecho eso, tanto que…-cierra la mano, apretándola en un puño tan fuerte que sus nudillos se vuelven blancos. Vuelve a mirarme tras unos segundos.- Y yo… quería que lo supieras… Cuando te fuiste, te busqué, estuve semanas buscándote para decírtelo, pero desapareciste del mapa, y supe lo que significaba, supe que se había acabado... No te estoy culpando, en el fondo sé que la culpa fue toda mía… -desde aquí, veo como sus discos de zafiro se aguan, la respiración atascándoseme en la tráquea.-Y… tenía miedo… miedo de que pensases que soy como mi padre… o… no sé…-parpadea rápidamente, frotándose la frente con los dedos.-Sí, solo quería que lo supieras, ni siquiera busco que me perdones, yo no lo haría, pero… eso, necesitaba disculparme.

Con la mano misma mano, deja su frente y se la pasa por los ojos, restregándolos con fuerza. Vuelve a esquivar el contacto visual, como un cervatillo asustado. Yo no sé muy bien qué decir ahora, lo cierto es que no me esperaba esto, no sé, pensé que se iría disculpar por su actitud de gilipollas de hace unos días, o por… no sé, no me esperaba que saliera con estas.

Ante el pesado silencio que se establece entre ambos, decide darse la vuelta, y salir del baño, como si ya hubiéramos acabado.

-Espera, Danny.-le llamo, incapaz de dejarle marchar sin decir nada. Él ha hecho un esfuerzo tremendo por decirme lo que seguro le lleva escociendo mucho tiempo, así que lo menos que se merece es una contestación. Sin embargo, finge que no me oye, y sigue andando, así que tengo que adelantarme para agarrarle de la muñeca antes de que alcance la puerta.-Espera.-ahora sí, se frena, mis dedos rodeando la articulación delicada pero firmemente. Se niega a mirarme, torciendo el rostro hacia el lado contrario, y yo aprieto los labios. Qué difícil es cuando se pone cabezón… -Jones. Mírame.-no obedece, lo que me hace emitir un gruñido frustrado.

Y me exaspera tanto su falta de colaboración, que termino rodeando la parte baja de su rostro con la mano libre, girándolo bruscamente hacia el mío, logrando así que quedemos frente a frente, mirándonos directamente los ojos… tan cerca… Los míos toman vida propia y, desobedeciendo mis órdenes de mantenerse cuadrados y en guardia frente a las oscuras pupilas de Danny, deciden bajar por sus mejillas, encontrándose con esos labios ligeramente entreabiertos, desiguales y rosas, algo húmedos por la saliva al habérselos relamido… Por mi cabeza pasa la estúpida pregunta de si seguirán sabiendo tan bien como antaño.

Y me imagino lo que sería olvidarme de que he quedado a las dos con Jeremy para comer, que va a venir con Jakie y que puede que vengan también Tom y Giovanna; de que estoy en el baño del estudio en el que trabajo, en el que ambos trabajamos; de que han pasado cuatro años, de que ya no estamos juntos, de que me pegó, de que le dejé, de que Lilly murió, de que Ian huyó, de que él ya no debería producirme cosquillas en el estómago. Me imagino lo que sería olvidarme de todo eso y, simplemente, besarle, o seguir mirándole así, sintiéndome hundir en esos dos pozos de en medio del océano mientras él se hunde en los míos, como solíamos hacer algunas veces, en las que solo permanecíamos el uno junto al otro en la cama, respirando juntos, mirándonos a los ojos, transportándonos a un hermoso universo en el que nada dolía, en el que nada hacía daño, en el que nos sentíamos amados, comprendidos, acompañados, lejos de todos los demonios que a lo largo de los años y meses se habían ido subiendo a nuestras espaldas.

Y, por un microsegundo, lo deseo, deseo con fervor poder olvidarme y volver a ser solo Danny y Dougie, Dougie y Danny, sin pasado y sin futuro que pudieran determinar lo que era o no correcto hacer ahora.

Pero no es tan fácil olvidarse de todo, no hay una goma mágica o una varita que al agitarla haga que todos nuestros deseos se cumplan. Y yo sigo recordando que he quedado con Jem y con Jake, que estamos en el trabajo, que ya no estamos juntos y que no puedo besarle, y me repito que esas mariposas de mi estómago están solo confundidas y buscan confundirme a mí también.

-Disculpas aceptadas.-susurro al final, sujetándolo solo unos segundos más antes de soltarlo, al hacerlo, las yemas de mis dedos rozando su piel en lo que casi es una caricia.

Danny me mira con cara un poco ida, y me pregunto si por esa cabecita con rizos habrán pasado los mismos pensamientos que por la mía mientras estábamos tan cerca. Sacudo la cabeza: eso ya da igual.

Doy dos pasos hacia atrás, alejándome más del pecoso, esperando que al aumentar la distancia, más que entre nuestros cuerpos, entre nuestras almas, deje de tener la sensación de estar perdiendo el control. ¿Por qué Danny siempre me descoloca del todo? Eso no ha cambiado mucho…

Un nuevo silencio llena el espacio entre nosotros durante más de dos minutos, en los que yo vuelvo a frotar mi camisa, que ya no quema, sino al contrario, está fría debido a la humedad del agua con la que mojo la mancha.

-Será mejor que vaya a trabajar, solo me quedan diez minutos libres.-ahora es Danny el que rompe el silencio, y yo asiento, sin alzar la vista de mi tarea.

No se mueve, sin embargo, y parece que va a decir algo más, porque le oigo abrir la boca. Nada sale de su garganta a pesar de ello, y pronto escucho sus pasos alejándose y, esta vez sí, saliendo del baño.

Suspiro, apoyándome en el lavabo, bajando la cabeza. Me froto un poco la cara, intentando despejarme, y no solo del cansancio de no haber pegado ojo en toda la noche.

Joder…


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