Nota de autor: Espero les guste este capitulo, creo que ire subiendo más o menos cada una semana. Gracias a todos los comentarios, me han hecho sentir realmente feliz.

No se olviden de comentar! PD: nuevamente mi novio me ha presionado incontables veces xDD para subir este capitulo.

Lección seis:

-Al mal tiempo, buena cara.

-¡Sakura! ¡Sakura! –Vio como Inokuma se arrastraba para quedar junto a la muchacha.

-¡Shaoran!... ayúdame -Se acercó a ella despacio, la lluvia aun sonaba en el exterior y Kinomoto se extendía en el suelo lánguida, con una posa de sangre cubriendo su cabeza.

Se agachó hasta la altura de ella y corrió un poco sus cabellos, sólo esperaba que no fuese nada. Su rostro pálido, sus labios rosa y sus pestañas oscuras la hacía lucir hermosa… sinceramente lo era, y más aún con su boca callada y sin ese ceño fruncido medio enrabiado y medio polémico que siempre andaba trayendo.

-Llama a tu chofer Inokuma, la sacaremos de aquí. –Demonios, no se debió haber quedado con su profesora de inglés.

El pecho de Kinomoto subía y bajaba con rapidez y la herida de su frente no dejaba de sangrar. Sabía que era superficial pero la sangre era escandalosa.

Estaba equivocado, definitivamente ese día había sido él mejor para traducir esas lecturas, de otra manera no sabía qué habría pasado con ella.

Vio como Inokuma sacaba desesperadamente su celular de entre sus ropas y marcaba los números con demasiadas ansias. Él tomo a Kinomoto por los hombros y la cargó, su cuerpo era calido y despedía un olor dulce… suave. Comenzó a caminar rápido, Inokuma iba tras él sin decir ni siquiera una palabra, estaba asustado, lo sabía, podía verlo en su rostro, porque Inokuma no solía ser así, así de serio. Él era más como un niño que no quería entender que crecer era una cosa inevitable.

-¿Tardará mucho? –preguntó

-No, me ha dicho que venía en unos segundos ¿Cómo… cómo está ella Li? –La lluvia mojaba su rostro mientras caminaba con ella en brazos, y despejaba toda la sangre que había manchado su rostro. La espesa y densa capa de árboles desaparecía a cada paso que daba. Y antes de que siquiera pudieran despegar los pies del pasto, la bocina del auto de Inokuma resonaba en la acera.

-Yano siempre ha sido puntual -le dijo mostrando todos sus dientes medio ensangrentados.

Su chofer algo mayor salió del auto para recibirlo

-He demorado mucho, señor Tetsuya. –¿Tetsuya…? Se sorprendió por un segundo. Los empleados no solían llamarlo a él por su nombre, pero era natural, tal vez el jamás les había dado la confianza suficiente. En cambio Inokuma, Inokuma podía entregar confianza a casi todo el mundo.

-No Yano… de hecho, has estado perfecto –dijo Inokuma mientras se tambaleaba de lado a lado.

-¡Señor Tetsuya! ¿Que le ha sucedido? –su chofer había corrido hasta él y ahora lo tenía tomado desde la cintura.

-Nada Yano, sólo méteme al auto y llévame hasta casa, por favor.

-Pero señor.

-No te preocupes, estoy bien.

Y su chofer por fin obedeció, el se metió en el auto junto a Kinomoto… la recostó en el lado de atrás y esperó a que Inokuma hablara.

-Qué piensas hacer con ella ahora.

-Llevarla a mi casa –dijo ante la mirada sería de Li. Cada vez era más evidente lo mucho que a Inokuma le importaba Kinomoto. -Y tú me acompañaras.

-¿Ah? –De ninguna forma o en ninguna circunstancia él lo acompañaría, había cumplido con sacarla de ahí y ayudarle a él, pero acompañarlos para saber como se encontraba ella o tomar una tacita de te era absolutamente innecesario y él, no podía darse el lujo de ir por la vida haciendo cosas innecesarias. Además porque tenían que meterlo en todos esos entuertos tan complicados.

-Lo que acabo de decir, tendrás que acompañarme.

Lo miró con el ceño fruncido. Ese tipo estaba loco ¿Qué acaso él no tenía nada que hacer?

-Mira Inokuma, cumplí con ayudarte, debo llegar a una reunión y voy cinco minutos más tarde de lo que he estado en toda mi vida ¿No crees que deberías soltarme por hoy?

-No. No dejaré que esto quede así Shaoran, y tú vas a ayudarme…

Demonios… ahora recordaba porque no se había enfrentado antes a Eriol.

-.-.-.-.-.-.-

Si seguía así pronto le crearía una linda zanja al piso de su dormitorio. No había dejado de pasearse de un lado a otro desde que había llegado a su casa, no había comido ni había prendido su notebook, no había ido a la reunión que tenía con su padre y ni siquiera había atendido las desesperadas llamadas de Maho. Estaba realmente nervioso, recordaba el rostro de Kinomoto y algo se le apretaba en el pecho… ¡Demonios! detestaba a esa mujer.

Su celular comenzó a vibrar junto a la mesita que tenía en una esquina de su habitación, era la enésima vez que ese condenado celular sonaba. Caminó hasta él dispuesto a apagarlo… pero de alguna manera extraña el nombre que yacía en la pantalla del celular, hizo que su corazón comenzara a acelerarse. Lo tomó entre sus manos temblorosas, acomodó sus lentes y esperó a que le hablaran.

-Eriol… debemos ir a tu casa…

-No, a mi casa no, los esperaré en la cabaña. Diez minutos más –dijo y colgó. Jamás se había tomado una molestia tan grande pero en ese momento, ver a esos tres y seguramente también a la maldita de Kinomoto era lo mejor que le podía pasar.

Sacó una chaqueta y cerró su puerta, llamó a su chofer y el caminó con paso presuroso hacía la salida.

-.-.-.-.-

La casa de Tetsuya seguía tal cual, no habían cambiado ni un poco de su estructura.

-Te ayudo a llevarla…

-Apenas y puedes mantenerte en pie, tú sólo dime donde debo dejarla.

Sentía como el corazón de Kinomoto latía agitado y como sus mejillas volvían a tener su color habitual. Esperaba que estuviese bien, ese maldito de Eriol jamás se había atrevido a tanto, pero Inokuma tenía razón, esta vez se había pasado de la raya y eso seguramente tenía que ver con la explosiva personalidad de Kinomoto. Pese a eso, sus intenciones de justicia eran bastante limitadas y pelear no estaba entre una de sus posibilidades.

Subió las escaleras de esa gran mansión y esperó a que Inokuma le mostrase la puerta. Pero este venía tan cansado y tan herido que subir esas lujosas y amplias esclareas era toda una travesía.

-La puerta de la derecha, Shaoran. Recuéstala en al cama, enseguida llamaré al doctor. Creo que también llamare a su casa, su padre debe estar preocupado.

-Creo que tu también deberías recostarte –le dijo, al ver que él aun se tambaleaba de lado a lado…

-Yo estoy bien Shaoran, tú tranquilo.

Recostó a Kinomoto con cuidado y el frío se apodero de su cuerpo masculino cuando la calidez de ella se fue alejando. Había peleado contra Eriol y seguramente siguió peleando aún cuando esos tres idiotas se aprovechaban de ella. Solo ella contra toda esa sarta de imbéciles. Era una mujer casi inalcanzable. Concordaba con Inokuma, el tampoco había visto antes a alguien como ella. Definitivamente noble pero estúpida.

Después de mucho discutir obligó a Inokuma a recostarse en la cama que estaba junto a la de Kinomoto y a esperar al medico, mientras se sumía en el más puro silencio ese al que estaba tan acostumbrado.

Habían pasado quince minutos y ese condenado doctor aún no llegaba, se revolvió en esa silla. A este paso no llegarían a ninguna parte. Sintió un pequeño gruñido y se fijó en Inokuma, pero este se había quedado dormido hace un rato. Volvió a escucharlo y por fin se dio cuenta de que era ella quien hacía esos pequeños rugidos mientras se movía graciosamente en esa cama. Se acercó despacio para ver que le ocurría, y descubrió que sus pestañas eran tan espesas, tupidas y largas que seguramente se le hacía difícil pestañear con ellas, o al menos el pensaba eso. Y sus labios rosa, delicados y al parecer suaves de alguna manera le parecían curiosos. Se acercó un poco más y descubrió que tenía pequeñas pecas alrededor de la nariz que la hacían lucir encantadora. Se acercó otro poco y pudo identificar un hermoso lunar bajo su ojo derecho, cerca de su pómulo. Se acercó un poco más y el aroma de ella le dio de lleno en la nariz.

Ella se volvió a revolver en la cama y abrió lentamente sus ojos. Pero al hacerlo se encontró con el rostro de Li frente a frete.

-Kyyyyaaaaa! ¡Estúpido, desgraciado, condenado! ¡Maldito! –sus pequeñas y delicadas manos propinaban y propinaban golpes a la cabeza de un asustado y asombrado Li.

-Kinomoto!, tranquilízate, soy yo… Li.

Y los golpes cesaron paulinamente.

-Que… que demonios sucede. –preguntó Inokuma mientras se rascaba el ojo derecho, seguramente los golpes lo habían despertado.

-Yo… yo.. ¿Dónde estoy? –preguntó ella mientras inspeccionaba con sus ojos todos los rincones de esa habitación.

-Estas… en mi casa ojos bonitos. –Le dijo Tetsuya, al parecer un poco avergonzado. Seguramente no le había dicho jamás que su familia era tan adinerada como la del mismo Eriol.

-Wooooww –dijo ella mientras llevaba su mano derecha hasta su frente. –¿Que… qué me sucedió? ¿Y por qué…esta Li aquí?

Tomó compostura al ser aludido, miró a Kinomoto para explicarle lo que había pasado pero el seño fruncido que esta traía lo hizo sentirse malhumorado.

-¡Que demonios dices Kinomoto! Fui yo el que te rescato de esos idiotas.

Ella lo miró incrédula.

-No sabía… no sabía que ahora el honorable señor Li se dedicaba a rescatar a personas tan humildes como yo.

Inokuma reía tras ellos, podía escuchar al muy desgraciado.

-Creo que estás bien Kinomoto… yo ahora me marcho. –le dijo resignado a que ella jamás le diría gracias, pese hasta había golpeado a unos tipos para salvarla.

Se levantó de la silla en la que hace apenas unos segundos había aguardado a que ella despertara, pero antes de que pudiese salir Inokuma abrió su bocota.

-Shaoran… debemos hablar.

La seriedad en el tono de su voz fue lo único que le impulso a no mover un pie fuera de ese lugar. Pero pese a que se quedo al interior de la habitación no dijo nada.

-Deja que se valla, nosotros…

-No Sakura ¡mírate! ¡Mírame a mí! Eriol esta vez no se detendrá.

Kinomoto descendió los ojos. Intentó levantarse pero seguramente su debilidad la hizo volver a recostarse en la cama.

-¿Estas bien? –le preguntó Inokuma quien inmediatamente y a pesar de todos sus magullones y golpes se levantó con habilidad de su cama para llegar junto a ella.

-Me siento… me siento un poco Mareada.

-No te preocupes, Keitaro no tarda en llegar. Intenta no moverte demasiado, tu cabeza ha sufrido muchos golpes.

-¿Quien… quien es Keitaro? –preguntó ella mientras se volvía a recostar.

-Su doctor. –había decidido quedarse, después de todo la junta seguramente ya se había suspendido por su culpa.

-Sabía que no debías acercarte a mi, Tetsuya. Es mi culpa que estés así ahora… -dijo ella con la mirada en el suelo. Así que podía ser dulce a veces. Una nueva faceta de Kinomoto que veía por primera vez.

-No me importa ojos bonitos, es Eriol quien tiene ese complejo de dictador enloquecido, no tú.

Ella sonrió con tristeza. Seguramente se sentía muy culpable. Pero la verdad es que si ellos no hubiesen llegado en esos momentos, si ellos no la hubiesen ayudado o si quiera si el mismo hubiese decidido irse a esa junta cuando Inokuma le pidió ayuda, no podría perdonárselo jamás.

-Tú… Li, también deberías irte. Déjenme esto a mí, no tienen porque meterse en problemas, yo puedo contra ese idiota de Hiragizawa.

Valla, esa chica era sorprendente. Pretender luchar sola contra Eriol… era toda una osadía, y mejor aún sabiendo ya todo lo que él era capaz de hacer. Definitivamente noble, pero completamente idiota.

-¿Y así es como lo harás Kinomoto? Porque no veo que lo estés haciendo tan bien.

-Tsh!

Le respondió ella con recelo en los ojos.

-No Sakura –negó Inokuma con voz potente. –Shaoran tiene razón, no puedes sola y nosotros ya hemos pasado mucho tiempo soportando a Eriol. Jamás… se había atrevido a golpear a uno de nosotros pero ahora, la verdad es que ahora ya no sabemos de que más sería capaz.

-Pero… ustedes no tienen nada que ver en esto, tú y Li por lo que puedo comprender son casi igual a Eriol. De hecho tú jamás hubieses tenido un enfrentamiento con el si no fuese por mi.

Ella descendió su cabeza y una pisca de comprensión se asentó en su pecho. Ella sobre todas las cosas era muy fuerte y no quería que alguien más saliese lastimado.

-No seas estúpida, a él no le importa. Y yo… como te lo dije antes… jamás e compartido la política de Eriol. –le dijo restándole importancia a todo el asunto pero esa muchacha era terca y seguía resistiéndose.

La puerta sonó y el que hace cerca de tres minutos discutía con Inokuma quien intentaba defender a Kinomoto, abrió la puerta.

-Keitaro… has llegado –se alegró Tetsuya levantándose con dificultad desde su lecho para saludar a su joven medico.

-Ho..hola señorito Inokuma

-Dime Tetsuya por favor, nos conocemos desde hace dos años. –le dijo él sonriente.

-Como desee señor. –dijo el joven galeno, no sin antes recibir una mirada fulminante por parte Tetsuya. Sabía tan bien como sabía que cuatro más cuatro eran ocho, que a Inokuma Tetsuya no le gustaban las formalidades -Para que me llamaba...

-Que no es obvio –le dijo Shaoran, recibiendo una mirada de reprimenda por parte de Tetsuya. Pero no le incomodo. Ese tipo era demasiado amable.

-No tomes en cuenta a mi amigo, el es un poco impertinente. Lo que sucede, es que yo y mi amiga, hemos sido golpeados.

Su amiga… ¿No llevaba ni siquiera un mes de conocer a Kinomoto y ya era su amiga? Que acaso no tenía sentido común.

-Está bien… entonces por favor siéntese.

-¿No preguntaras que nos paso?

-No es mi deber saberlo señorito, yo sólo vengo a ayudarle. No deseo inmiscuirme en sus asuntos.

-Tetsuya, Keitaro, sólo Tetsuya.

El galeno rió y ellos prefirieron retirarse, después de todo, no dejarían que Keitaro hiciese su trabajo con cuatro ojos mirándole. Aunque Inokuma de buena gana se hubiese quedado.

Vio como el hombre de traje se acercaba a ella y los otros dos salían de la habitación.

Procuró sonreír, pese a que sentía un sabor a sangre en su boca y el labio completamente hinchado.

-El señorito es una buena persona. –se sorprendió al escucharlo habar así, después de todo por lo que se había percatado, era muy respetuoso y jamás hablaba primero.

-Lo sé…

-Espero, que sepa lo que el vale, no soportaría otra desilusión.

Otra desilusión…

Ahora si que no entendía pero prefirió no preguntar, había aprendido en un corto tiempo que a veces las dudas podían destapar tormentas de una pequeña ventisca y más aún cuando eran fundadas sobre terceros y ella no quería que Inokuma tuviese otro problema por su culpa, ni que se sintiese incomodo por ella.

-auu –se quejó cuando el medico reviso sus costillas.

-Creo que tienes un par de costillas fracturadas.

¡Costillas! Ella no era tan débil como para fracturarse unas costillas con un poco de movimiento.

-¿Esta seguro? –le preguntó ella preocupada. Y es que en verdad lo estaba, jamás en su vida se había quebrado algo.

-Sí pequeña, reconozco una fractura cuando la veo. Pero será preferible que te hagas algunas radiografias lo antes posible.

Ella descendió la cabeza. Ahora tal vez no podría ir al colegio por unos cuantos días, o semanas y eso asustaría sobre todo a su hermano y para poner las cosas peor aún, Hiragizawa pensaría que ella estaba derrotada.

-Tiene unos ojos hermosos señorita, ya veo porque el señorito Inokuma se fijo en usted. –le declaró el medico mientras le vendaba la cabeza, al parecer tenía una severa herida cerca de la nuca. Gracias a Dios, como había dicho el medico, la herida estaba expuesta y no había formado ningún coagulo.

¿Inokuma se había fijado… en ella? Eso no podía ser, antes lo hubiese creído posible, después de todo se esmeraba para que ninguna parte de su personalidad fuese un poco menos que brillante. Pero ahora cuando se sentía un poco menos ególatra, creía imposible que alguien como Tetsuya, con todo lo bueno que era, se fijase en alguien tan pretencioso como ella.

-Descuida, no hagas caso a lo que digo.

Le puso analgésicos en algunas heridas, le vendó el pecho, le dio una orden para las radiografías y le receto algunos calmantes. La licencia anunciaba una semana de completo reposo. Pero ella no estaba dispuesta a cumplirla. No dejaría que Eriol se saliese con la suya y si llegaba a faltar siquiera un día eso lograría.

Tan pronto el medico termino de decir lo ultimo, tetsuya irrumpió en la habitación.

-Ojos bonitos tus costillas.

Sonrió pese al dolor de cabeza por el rostro compungido de Tetsuya.

-No te preocupes, no pasa nada en realidad. Creo que debería irme antes de que mi hermano se vuelva un ogro.

-Ya lo he solucionado todo. No tienes de que preocuparte.

¡QUE! Hay Dios que haya hablado con su hermano por favor que si lo había hecho de seguro Touya ya estaba camino a la mansión de Inokuma con la sangre hirviendo de furia.

-¿Que… que le han dicho? –Preguntó temerosa mientras una curvatura se formaba en los labios de Li, de seguro debía verse asustada. Se abofeteo mentalmente, porque demonios tenía que ser tan transparente.

Tetsuya rio de buena gana ante su pregunta y luego camino hasta ella con cuidado, seguramente aún le dolía el cuerpo.

-Tranquila Sakura, tu padre ha dicho que no hay problema alguno con que te quedes aquí. Le he inventado una buena mentira –Dijo mientras le sonreía y le giñaba un ojo.

Su cuerpo entero se relajo. Habían hablado con su padre, no con su hermano y eso era un gran punto a favor para su tranquilidad.

-Bien, Shaoran se que te urge llegar a terminar tus labores diarias pero antes de que te vayas necesito que me acompañes a la recepción, hay algo que quiero pedirte.

El rostro agobiado de Li la ponía de puntitas. Porque no podía ser amable por una vez en su vida.

-Juro soltarte tan pronto me des una respuesta.

Li asintió con la cabeza de mala gana y justo cuando ella pensaba seguirlos Inokuma se volvió para hablarle.

-Ojos bonitos, no creo que sea apropiado que vallas con nosotros en tu estado, de hecho sería de gran ayuda que Keitaro te llevará a la clínica para que te hagas esas radiografías que…

Lo miró con cara de circunstancias. Mientras el cerraba sus hermosos ojos por el error. Había estado escuchando tras la puerta todo el tiempo que estuvo fuera.

Le dio un suave coscorrón en la cabeza y se rio con gracia. Inokuma era sencillamente agradable.

-Vamos Inokuma no te esperaré todo el día.

Definitivamente Li era un malhumorado.

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La lluvia afuera era tremenda, y ese maldito chofer parecía avanzar a aun paso de tortuga.

-¡Demonios! –le grito por enésima vez, alterado. Cosa bastante habitual porque ese parecía ser su estado anímico siempre. Cuando las cosas no salían como Eriol Hiragizawa quería, era mejor estar a metros y metros de distancia de él – ¡Qué acaso no puedes ir más rápido anciano!

-Disculpe señor Hiragizawa, pero la lluvia afuera no me permite ver con claridad y si algo le pasara…e

-¡Sólo acelera de una maldita vez Anciano!

Kakurosu suspiró. Llevaba toda una vida trabajando con los Hiragizawa y apreciaba a Eriol a pesar de su horrenda personalidad. No había tenido hijos y a él lo había visto crecer, no había podido evitar encariñarse. Había sido un hermoso y simpático niño hasta los nueve años de edad. Después de eso, había dejado de hablar por seis meses, sus padres lo enviaron a los psicologos más reconocidos de occidente, a los mejores médicos y neurólogos pero nadie pudo decirles lo que ese niño tenía, sin embargo él lo sabía, Eriol estaba solo, se había acostumbrado y ya no quería a nadie más cerca de él.

Media hora más y recién pudo calmar sus ansias. El motor cesó y entonces miles de ideas sobre esos tres compañeros, sobre su victoria, sobre una Kinomoto humillada victimizada y… ¿qué más le habría echo ellos? Él había dado la clara orden de que podían hacer con ella lo que quisiesen pero… no se habrían atrevido a…

Sacudió su cabeza. Y si era así, a él no tenía porque importarle. Ni siquiera le importaban sus más cercanos… ¿Por qué ella lo haría? Rió, que absurdo estaba siendo con todo este asunto, seguramente la tensión lo tenía algo extraño.

Pero… ¿y porque demonios estaba tenso?

Subió las escaleras, su chaqueta y su cabello se habían empapado pero seguramente valdría la pena.

Se agachó y buscó en el tapete su llave, sólo él y Mamoru sabían donde se encontraba.

Entró, la cabaña estaba oscura e inusualmente ninguno de los tres había prendido el fuego.

-Mamoru, Kenshi, Chojiro, -los llamó –Déjenme ver a Kinomoto, quiero disfrutar un poco de esto.

Esperó por unos minutos a alguno de sus compañeros pero nadie llegó y justó cuando iba a comenzar a gritar para que alguien apareciese, descubrió el rostro de Kenshi tras la puerta de una de las habitaciones. Pero nada de lo que vio le gusto.

-Eriol… creo que.

Nada de lo que dijese después de eso podría detener el avecindamiento de ese enfado que destrozaba cualquier cosa a su alrededor.

-No me digas que no la tienen… -le dijo entre dientes mientras se acercaba unos cuantos pasos hacía el y este retrocedía.

-Tetsuya… y Li llegaron y…

No quiso escuchar más. No quería saber como demonios había entrado o donde estaba Mamoru para darle explicaciones, o que demonios había hecho Chojiro mientras todo sucedía, porque la sangre le había comenzado a hervir y tenía que focalizar toda esa ira.

Caminó hasta la puerta y bajó las escaleras. Tenía todos los músculos tensos. Inokuma y Shaoran querían jugar. Esto se estaba volviendo realmente peligroso, pero le gustaba el peligro y esa maldita mujer no lograría salirse con la suya porque ahora tenía muchas más razones para detestarla.

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Había llegado cerca de las seis de la tarde, las radiografias habían confirmado el diagnostico que había realizado Keitaro.

Le había rogado a el señor Keitaro dejarle pagar las radiografías, aunque no tenía dinero podía trabajar para conseguirlo pero que Tetsuya se lo pagara era algo demasiado vergonzoso. Sin embargo, Keitaro aseguró que por ningún motivo Inomuma aceptaría su dinero.

La opresión en su costado dificultaba sus movimientos, y su respiración. La cabeza le dolía horrores y el peso de su cuerpo parecía comprimir cada uno de sus huesos.

Antes de que Keitaro abriera la puerta principal Tetsuya llegó a recibirla en donde estaba, con esa sonrisa que no le abandonaba ni por si acaso.

-¿Te encuentras bien ojos bonitos? Te han dicho algo nuevo en la clínica.

-La verdad es que ha sido casi exactamente lo que ya había dicho Keitaro.

Inokuma le sonrió a un Keitaro que venía apuradísimo. Ese hombre parecía un poco tímido para ser médico y tratar con gente todos los días.

Sakura cojeaba con cada paso que daba, respiraba con agitación y torcía el gesto cuando creía que él no la miraba.

-Vamos, debes descansar ojos bonitos, sino te pondrás malita y no podremos emprender nuestra venganza –Se aseguró de decir con tono melodramático y ella sonreía una vez más. Ella era sencillamente hermosa y mucho más ahora de lo que había pensado el primer día en que la había visto.

-Esto sólo es un pequeño percanse, nada que pueda pasarme me obligará a no golpear a ese imbécil justo en la nariz.

Ella… estaba llena de algo, de algo que llamaba enormemente su atención. Quizás era esa loca despreocupación por el peligro, quizás su personalidad ruda y a la defensiva… quizás el hecho de que era completamente opuesta a…

Se sacudió la cabeza y caminó paso ligero junto a Sakura. Pendiente de cada paso que ella daba, sino hubiese sido por los ojos que había puesto Sakura cuando intentó agarrarla por la cintura y cargarla hasta su habitación ya la hubiese tenido entre sus brazos para que no diera ningún mal paso.

Había dejado a Sakura en sus dormitorios hace dos horas. Dos horas en las que no había hecho otra cosa que planear un rápido movimiento en contra de Eriol. Pasó su mano derecha en su frente con frustracion. Eriol… jamás pensó que podría ser capaz de llegar tan lejos, pero seguramente su comportamiento tenía mucho que ver con ese padre retorcido que tenia.

Subió las escaleras hasta la habitación de Kinomoto para procurar todos sus cuidados. Pero al llegar… se encontró en una habitación con las luces completamente apagadas. El aroma de Sakura se había extendido en toda la habitación. Esperaba que se quedase impregnado por mucho más tiempo.

La vio inmóvil entre las frazadas con su cabello revuelto en la almohada y sus manos crusadas cerca de su rostro. Parecía tan tranquila justo así, tan perfecta en esa inmovilidad, que deseo perturbarla para revolver esa pasividad, porque ella no era pasiva, ella realmente energica.

Se sentó cerca en la orilla de su cama y quito unos cabellos que tapaban su esquisito rostro. Cerró sus ojos casi como si tratase de que no se volviesen a abrir. Por Kamisama, esa chica si que era hermosa, no tenía la sofisticación de Tomoyo, pero había algo en ella que le obligaba a mantener sus ojos pegados en esa piel marmórea, en esas inmensas y tupidas pestañas.

Se recostó junto ella. Sólo quería sentirla un poco más cerca, sólo quería estar con ella unos minutos más. Y definitivamente no estaba acostumbrado a ir en contra de sus caprichos.

Con delicadeza para que ella no despertase paso un brazo por su cintura y se pego a su cuerpo, tan delgado y pequeño. Costaba creer que un cuerpo tan pequeño pudiese armar tamañas revoluciones.

Su cabello tenía un aroma a vainilla, seguramente por el shampoo que le habían dado las empleadas cuando ella quiso bañarse… demonios, su cuello olía a chocolate y su cuerpo era tan calido. Sakura realmente era envolvente. Tan envolvente que no podría levantarse de esa cama con tanta facilidad como había pensado.

Quizas… debía salirse de ahí en ese momento… quizas, no era bueno que sus labios se aproximaran tan estrepitosamente al delgado cuello de Sakura, quisas no debía seguir con todas, estas cosas. El cuello de Kinomoto era suave, y ese aroma a chocolate obligaban a sus labios a buscar un poco más.

Quizas… no debería encariñarse tanto con ella. Después de todo, había dolido demasiado la ultima vez.

Detuvo el roce de sus labios y se alejo unos pocos centímetros de Sakura, sin embargo fue incapaz de dejarla sola en esa habitación e incapaz de alejarse más que aquellos pocos centímetros.