Disclaimer: Los personajes de Sakura Card Captor pertenecen a sus debidas creadoras (CLAMP), únicamente fueron tomados prestados para la siguiente historia.


Novio de Alquiler.

Capítulo 6.

Revelaciones.

Aplicó más presión de la necesaria y al segundo siguiente un quejido se escuchó por la habitación.

Rodó los ojos mientras un resoplido hastiado se escapaba de sus labios.

— ¿Se puede saber por qué estas enojada conmigo? —preguntó Eriol en el momento en que ella se giró para cambiar el trozo de algodón por uno nuevo—. No fui yo quien inició el alboroto.

Tomoyo humedeció el algodón y volvió a aplicarlo con fuerza sobre la ceja del inglés. Eriol se quejó de nuevo.

—Si me hubieras dejado decirles la verdad, nada de esto habría pasado —respondió cortante, demasiado dedicada en la labor de limpiarle las heridas como para mirarlo a los ojos.

O demasiado molesta, pensó Eriol al ver con detenimiento el profundo ceño fruncido de la amatista.

Suspiró.

—Te estabas metiendo sola a la boca del lobo —dijo conciliadoramente, en un intento de calmar el tenso ambiente que se acrecentaba con cada minuto que pasaba.

Claro que siendo Tomoyo como era, aquella frase no consiguió relajarla. Todo lo contrario, en realidad, pues lanzó con fuerza el trozo de algodón al cubo de basura y entonces, esta vez mirándolo a los ojos, explotó.

— ¡Yo quería solucionar las cosas! Acabar con esta farsa de una vez por todas —exclamó, agitando los brazos en exagerados movimientos— ¿Y qué es lo que pasa? Vamos y nos involucramos en una nueva mentira. ¡Por todos los dioses, Eriol! ¿Por qué lo hiciste?

El inglés la observó un largo rato sin atreverse a darle una respuesta. Y es que lo cierto era que ni siquiera él estaba seguro del por qué en lugar de arreglar la situación, la había enredado más.

—No quería que te expusieras —dijo al fin en un murmullo. Había sin embargo una nota de incertidumbre que Tomoyo notó—. Si hubiera sido solo frente a tu madre, te aseguro que no habría intervenido, pero el que contaras el secreto ante todos simplemente no parecía correcto.

—Esa era mi decisión. Debiste haberla respetado.

— ¿En serio lo era? —preguntó suspicazmente—. Porque desde donde yo estaba, lucías verdaderamente nerviosa, Tomoyo. Esas personas solo esperan el mejor cotilleo para hablar de él durante meses, inclusive años. He estado en boca de otros y créeme, no es nada agradable. ¿Sabes? Hay una línea muy delgada entre dejar de actuar como una niña y comenzar a ser una idiota.

Tomoyo abrió la boca sorprendida, solo para después formar una tensa línea recta mientras tomaba un nuevo trozo de algodón y lo estampaba con renovadas fuerzas contra uno de los cortes de Eriol.

Él se quejó una vez más, pero pronto una contagiosa y masculina risa inundó la biblioteca, lugar donde se encontraban.

A pesar de la molestia que todavía sentía, no pudo evitar esbozar una ligera sonrisa.

—Tú estarás en boca de todos después de lo que hiciste. Creo que le rompiste la nariz a Ren.

El rostro de Eriol se llenó de una satisfacción hilarante que solo la hizo poner los ojos en blanco. Aquello no era divertido para nada y sin embargo ahí estaba ese hombre, orgulloso por haberse molido a golpes con otro de una forma totalmente incivilizada.

—Es de caballeros responder cuando se les reta a un duelo. Sea éste del tipo que sea —respondió él con ligereza, provocando un rostro de incredulidad en Tomoyo ante su cinismo.

Luego de que Ren diera en efecto, los primeros dos golpes, Eriol había arremetido contra él con sus dos grandes puños, primero en el estómago, luego en el rostro.

El conflicto había sucedido en un parpadear, pues Li y otros dos jóvenes habían intervenido, pero aquellos segundos fueron suficientes para que un reguero de sangre se esparciera y para que Sonomi suspendiera el picnic, bastante furiosa de que sus invitados tuvieran otro tema de conversación que, siendo honestos, era mucho más entretenido que las mismas charlas de negocios de todos los años.

Sin embargo, la situación que les atañía ahora era de otra índole.

— ¿Estas consciente del problema en que nos metiste al decir que estamos comprometidos? —preguntó mientras desviaba la atención hacia el anillo que descansaba en su dedo anular.

Grande fue su sorpresa al descubrir que en realidad, aquel no era un anillo de compromiso, pues donde usualmente existiría un ostentoso diamante, había en su lugar la forma de una delicada florecilla con pequeñas incrustaciones de zafiros. La joya era sencilla, pero bastante sofisticada. ¿Por qué había adquirido él aquel anillo?

—Fue un encargo de mi padre —dijo Eriol dando respuesta a la pregunta que ella no había hecho pero que se había formulado en todo su rostro—. Lo compré ayer que salí al pueblo. El hombre no tiene en qué gastar su dinero y se la pasa obsequiándole cosas a mi madre.

Tomoyo observó de nuevo el anillo durante un momento, sintiéndose extraña al portar aquella joya que no era para ella. ¿Pero qué esperaba? Eriol ya había hecho bastante con comprarle un vestido. Además, un anillo era demasiado comprometedor.

—Tu padre debe quererla mucho.

Eriol soltó una risa y ella se cuestionó internamente qué era tan gracioso.

—En realidad… ellos están separados desde hace varios años —dijo encogiéndose de hombros—. Son de esas parejas que no pueden vivir con el otro, pero tampoco sin él.

Guardó silencio ante aquello, de repente sorprendida al darse cuenta de que, a decir verdad, ese era el detalle más "intimo" que sabía sobre Eriol Hiragizawa.

Y entonces una sensación de pasmo le recorrió el cuerpo entero al descubrir que aquel hombre con el que había dormido, al que había besado, no era más que un total y completo desconocido.

¿En qué había estado pensando todo ese tiempo? ¿Dónde estaba su tan afamada sensatez?

En el retrete, junto a tu dignidad y tu amor propio, murmuró una vocecilla molesta en el interior de su cabeza.

Aun ahora, Tomoyo no sabía exactamente la expresión que había compuesto en esos momentos, solo sabía que de la nada, una cálidas y grandes manos habían acunado sus mejillas y la habían hecho dirigir la atención hacia un par de ojos azules que la miraban con calma y gentileza.

—Oye, no empieces a martirizarte —susurró Eriol con una media sonrisa—. Ya llegamos muy lejos como para volver atrás. Además, luego de esto siempre puedes decir que cancelamos el compromiso por diferencias irreconciliables.

Lo observó unos instantes, reflexiva, mientras sentía el inicio de un incómodo calorcillo en el centro del pecho y cómo éste iba expandiéndose hasta sus mejillas, todo gracias a la indiscreta cercanía de Eriol y al repentino recuerdo del beso que habían compartido momentos antes.

Se disponía a responder aun a pesar de su bochorno, pero el sonido de la puerta siendo abierta no solo le impidió hacerlo, sino que además provocó que Eriol retirara las manos de sus mejillas al tiempo en que componía un rostro de ligera preocupación mientras observaba a la persona que ella tenía a sus espaldas.

Uno no tenía que ser una lumbrera para deducir quién había entrado a la biblioteca.

Pero si todavía tenía alguna duda, el carraspeo de Sonomi Daidouji se encargó de despejarla por completo y de paso, obligarla a hacerle frente.

A lo largo de su vida, Tomoyo había visto la molestia hacer mella en el semblante de su madre infinidad de veces; en ocasiones con los accionistas de la corporación, otras con la servidumbre de la casa y en muchas otras situaciones (hace ya tantos años) con Fujitaka Kinomoto. Pero no obstante, a lo que no estaba acostumbrada, era a que esa molestia estuviera dirigida a su persona como en esos instantes lo hacía. Tomoyo siempre había sido muy buena hija y Sonomi muy buena madre, como para que la nimiedad de un regaño opacara su relación.

Y sin embargo en esos momentos…

—Quiero hablar con mi hija… a solas —declaró Sonomi sin siquiera voltear a ver al inglés. Eriol se tensó de inmediato, pero no hizo ademan alguno de moverse.

—Me temo que eso no va a ser posible, señora —refutó en un tono suave y educado, pero firme—. Soy yo y no Tomoyo, el responsable de lo que sucedió durante el picnic. Por lo tanto es conmigo con quien tiene que descargar su molestia.

Sonomi frunció el ceño, dignándose al fin a ver el rostro del "prometido" de su hija. ¡Aquel muchacho insolente! Se atrevía a contradecirla y además, a decirle qué hacer.

Ciertamente hasta ese momento no había conocido a Eriol Hiragizawa más que por su polémica vida amorosa de hacía algunos años, la cual había sido publicada en varios periódicos y revistas. Además, el hecho de que el nicho de ambas empresas no presentara ninguna relación, tampoco había propiciado nunca una reunión de negocios con la familia.

Pero sin embargo bastaba con ver ese rostro pícaro y sabiondo a través de las fotografías de los artículos periodísticos, para darse cuenta que el hombre era todo rebeldía y todo problemas.

Por eso no había estado particularmente contenta cuando Tomoyo lo presentó como aquel misterioso novio que había conseguido en Inglaterra y que había matado sus propias esperanzas de que su primogénita volviera con el joven Ren.

Fue imposible hablar con ella al respecto los pasados días, pero ahora que se presentaba la oportunidad definitivamente no la desaprovecharía. Además, existía algo en esa relación que no encajaba, no sabía qué, pero había algo, y aquello simplemente no terminaba de convencerla.

Una madre percibe las cosas, se dijo a sí misma, y ante la urgente necesidad de hablar con Tomoyo, fue que alzó el mentón de la manera más orgullosa que pudo, dispuesta a dejar en claro quién era la dueña de aquella casa y por tanto, quién podía dictaminar las ordenes.

Aunque por supuesto, no contaba con la oportuna intervención de su hija.

—Está bien, Eriol —dijo Tomoyo dándole una sonrisa tranquilizadora al inglés—. Puedo resolver esto sola.

El aludido, a punto de refutar aquello, calló de inmediato ante las certeras palabras de la amatista.

No soy una niña.

Luego de aquello, Eriol apenas pudo contener la expresión de resignación y sin otra opción, caminó hacia la salida de la biblioteca, deteniéndose un momento al lado de Sonomi y haciendo una ligera reverencia, gesto que sorprendió a la mujer.

—Mis más sinceras disculpas por lo ocurrido, señora Daidouji. Nunca fue mi intención interferir con su reunión.

Sonomi, orgullosa como era, no respondió, tan solo se limitó a observar fijamente a Eriol, quien no dudó en marcharse.

Ella juraría que había visto un atisbo de reto en su mirada.

No estaba equivocada, el hombre era un insolente.

Mientras tanto, Tomoyo miraba atenta la multitud de emociones que embargaban el rostro de su madre. Para ser una afamada empresaria, Sonomi siempre había sido un libro abierto, demasiado transparente y con un carácter bastante tempestuoso para su propio bien.

Decidida a no alargar demasiado aquella conversación, fue que se atrevió a tomar la palabra.

—Lamento mucho el escándalo que armamos hace rato. Como ya te dijo Eriol, no fue su intención ni la mía el provocarlo —una expresión de verdadero arrepentimiento se cinceló en su joven rostro antes de proseguir—. Si lo deseas, me disculpare con tus invitados hoy en la noche.

Sonomi avanzó unos pasos lentamente, los suficientes para quedar apenas a unos metros de distancia de su hija. Sus rasgos se habían suavizado un poco, pero todavía era posible detectar la firmeza en ellos.

—No me interesa que te disculpes con los invitados tanto como me interesa el que lo hagas con Ren Nakamura.

Tomoyo frunció el ceño ante aquello y Sonomi lo notó, por lo que continuó:

— ¡El pobre tiene una fractura en la nariz! Y sus padres están sumamente molestos con… tu prometido.

—Su nombre es Eriol, mamá —respondió la amatista al percibir el desdén en la voz de su madre al hablar del inglés—. Y él tampoco salió impune; Ren le partió la ceja y el labio. Además… no fue Eriol quien dio el primer golpe.

—Pero si no es solo por la pelea, Tomoyo —agregó Sonomi—. ¿Crees que no me he dado cuenta? En los pasados días he visto como Ren recibió de tu parte un desplante tras otro cada vez que se te acercaba.

Tomoyo se abstuvo de rodar los ojos, pero le fue imposible el no contestar con cinismo.

—Lamento si no lo recibí con los brazos abiertos luego de tantos años. Después de todo, la última vez que lo vi fue cuando cancelamos la boda.

Su madre negó con la cabeza, entre incrédula y… ¿dolida? ¿Decepcionada?

—Aun ahora, sigo sin entender por qué suspendieron su compromiso. Eran la pareja perfecta.

—Lo nuestro jamás habría funcionado.

—Claro que lo habría hecho. ¡Solo mírate, Tomoyo! —dijo Sonomi, señalándola con ambos brazos y haciéndola sentir de alguna forma, expuesta—. Tanto Ren como sus padres están de acuerdo conmigo en que has regresado demasiado… cambiada.

— ¿Has hablado de mí con los Nakamura? ¿A mis espaldas? —preguntó estupefacta ante la desfachatez de su madre.

La misma desvió la mirada apenas un segundo al verse descubierta.

—Ren te hacía una mejor persona, cariño —contestó sencillamente, ignorando la pregunta. Aquello molestó a la amatista—. Siento que no veo en ti a la dulce Tomoyo de antaño. En su lugar hay una mujer arisca, siempre nerviosa y a la defensiva… ¿Ha sido culpa de ese Hiragizawa? Fue él quien te cambió, ¿cierto?

Sorprendida por el rumbo que había tomado la conversación, Tomoyo no atinó a responder nada, consiguiendo que su madre interpretara aquel silencio como una afirmación.

—Claro, ya decía yo que aquella relación era extraña. Hija, si tan solo no rechazaras las intenciones de Ren…

Aquello atrajo particularmente la atención de Tomoyo.

— ¿Cómo? ¿A qué te refieres, mamá?

Un extraño mutismo llenó la habitación de repente. Ella a la espera de una respuesta y su madre un tanto alterada por lo que había dicho sin querer. Al final y dándose cuenta de su error, Sonomi no tuvo otra opción más que seguir hablando, no sin antes soltar un suspiro cansino.

—Me pidió que no te dijera nada —empezó, en un vano intento de ganar algo de tiempo—, pero Ren Nakamura solicitó una entrevista conmigo un par de días antes de que tu llegaras a Japón. Él… quería mi permiso para cortejarte de nuevo.

La revelación le cayó como un gran balde de agua fría a Tomoyo. ¿Qué significaba todo aquello? ¿Ren… cortejarla de nuevo? ¿Luego de lo que le había hecho hacía tantos años? Aquello era una humillación, ¡Un descaro total!

—Tú le diste permiso —no era una pregunta, era una afirmación.

Sonomi asintió sin una pizca de arrepentimiento.

—Sabes que Ren siempre fue de mi agrado, Tomoyo. Sin contar que hay una amistad de décadas entre nuestras familias.

Y eso no era una justificación, se dijo la amatista a sí misma. El que su madre decidiera tan deliberadamente sobre su vida, sin consultarle y siendo ella ya una adulta, le produjo un terrible sabor de boca, amargo y lleno de furia.

—Él tiene una relación con alguien más, mamá —dijo ella, casi escupiendo las palabras. Justo en ese momento, el reflejo del anillo sobre su dedo le llamó la atención—. Y yo… yo estoy comprometida con Eriol.

—El noviazgo de Ren con Aya no es nada serio, todo mundo sabe eso —su interlocutora hizo un gracioso ademan con la mano, restándole importancia al asunto—. Y sobre tu repentino compromiso… bueno cariño, la gente termina y empieza relaciones todo el tiempo. No es nada del otro mundo.

La sencillez y cinismo de su madre resultaban incluso cómicos, pero al mismo tiempo demasiado irritantes. Entonces la realidad de lo que su progenitora esperaba la abofeteó tan fuerte que la hizo abrir los ojos desmesuradamente, mientras escuchaba con atención el último comentario que salía de sus labios maquillados.

—Sabes que solo quiero lo mejor para ti, hija. Y si me lo permites, no creo que Eriol Hiragizawa lo sea.

Y aquello solo confirmó sus sospechas.

Ah, adoraba a su madre, en serio lo hacía, y bien sabía que ella también la amaba con todo su ser. Al final, siempre se habían tenido solo la una a la otra. Tomoyo, la hija perfecta y Sonomi, la madre intachable.

Pero había tenido suficiente de todo aquello y su madre estaba definitivamente mal de la cabeza si creía que ella, con veintiséis años, iba a seguir a pies juntillas todas sus solicitudes, aún más si éstas concernían a su vida amorosa.

Se había estado repitiendo como un mantra las últimas horas que no era una niña y, contrario a sus costumbres, donde se callaba siempre sus incomodidades, esta vez las dejaría bastante claras.

—No voy a volver con Ren, si eso es lo que pretendes que suceda, mamá —dijo resueltamente, viendo directo a los ojos de Sonomi, tan parecidos a los de ella misma—. Y no me voy a disculpar con él tampoco.

La mujer abrió la boca, formando una perfecta "O" que en otros momentos la hubiera hecho sonreír con dulzura, después de todo era un reto dejar a la gran Sonomi Daidouji sin palabras.

— ¿Qué estás diciendo, Tomoyo? —su madre se recuperó de la sorpresa demasiado pronto y ésta fue sustituida por una profunda consternación, casi como si hubiera sido ofendida—. No te eduqué para que actuaras de esta forma tan descortés y caprichosa.

Hizo un esfuerzo para no alterarse, bien sabía que las intenciones de su madre no eran malas y además, ella desconocía en su totalidad las acciones de Ren en el pasado. No obstante, sus comentarios y acciones no eran de mucha ayuda para que conservara la calma.

—No es ningún capricho, mamá; al igual que nosotros, Ren tuvo culpa en lo sucedido y… nuestra relación y lo que sentí por él es parte del pasado, ahora estoy con Eriol, así que te agradecería que dejaras de entrometerte en mi vida.

Aquellas palabras elevaron el nivel de tensión a uno nada habitual entre ambas. La firme expresión de Tomoyo no daba cabida a objeciones y el consternado rictus de Sonomi decía lo que sus labios no se atrevían a formular.

Así, un pesado silencio dio por terminada la charla y ella no demoró un segundo en caminar hacia la salida de la biblioteca, pasando al lado de su madre justo como hiciera Eriol unos momentos antes. Sin embargo y a diferencia del inglés, no fue una reverencia lo que la detuvo, sino las certeras palabras de Sonomi.

—No apruebo ese compromiso, Tomoyo —dijo de forma seca, indicio de que se encontraba o demasiado estupefacta por el hecho de que la contradijera, o demasiado herida del orgullo… o quizá una mezcla de ambas—. Y sigo creyendo firmemente que hay algo extraño en tu relación con Eriol Hiragizawa y todos estos hechos tan repentinos.

Intercambiaron una última mirada antes de que abandonara la biblioteca.

Aquella habría sido la oportunidad perfecta, pensaría Tomoyo horas después cuando estuviera en la soledad de su habitación. Habría sido la oportunidad perfecta para revelarle a su madre la mentira que le había estado carcomiendo la mente los últimos días y que estuvo a punto de decir frente a un montón de desconocidos.

Si, lo habría sido, pero sin embargo… en aquellos momentos lo único en lo que podía pensar mientras se internaba en los pasillos de la mansión Daidouji, lo único que podía sentir, era esa placentera sensación de libertad e independencia.

No había perdido los estribos como lo había hecho anteriormente con Eriol y sin embargo la satisfacción de imponer sus propios deseos por sobre los de su madre era aún mayor que el haberse dejado llevar por los impulsos de la furia.

Cierto que llevaba algunos años fuera del seno materno, pero por primera vez se sentía realmente autónoma, realmente adulta, y aquello, el elevar por fin su propia voz, bien valía el mantener los secretos un poco más… solo un poco más.


2.

No encontraba a Eriol por ningún lado. Luego de la discusión con su madre se había estado paseando por la multitud de salas y estancias de la mansión, dispuesta contarle lo sucedido al inglés, no obstante grande fue su sorpresa al darse cuenta que éste simplemente no aparecía.

Claro que tampoco ayudaba el hecho de que la casona estuviera abarrotada por más del doble de la servidumbre habitual, todos en su desenfreno con los preparativos del evento de la noche, y eso sin contar a los invitados extranjeros de su madre, quienes se habían tomado muy en serio la frase milenaria de "siéntanse como en su casa".

Su última parada había sido el jardín, en donde según indicaciones de una doncella, Eriol había sido visto charlando con unos empresarios.

Una lástima que el jardín estuviera lleno de éstos y que ninguno diera la seña de ser su "novio".

Tomoyo suspiró, dispuesta a volver a la casa, pero la figura de una persona dirigiéndose a ella la hizo desistir de sus intenciones.

Era Sakura.

— ¡Al fin te encuentro! —dijo la castaña con una deslumbrante sonrisa en su rostro cuando consiguió darle alcance. Luego de eso se arrojó a sus brazos y la envolvió en un apretado y cálido abrazo que la tomó desprevenida.

Con todo el ajetreo que había estado teniendo desde que arribara a Japón, apenas si había sido capaz de pasar un poco de tiempo con su mejor amiga. Nunca a solas, sin embargo, pues Shaoran Li no se apartaba de su lado en ningún momento. Un lindo gesto, aunque algo molesto si le preguntaban, considerando que no había visto mucho a la castaña desde que residía en Inglaterra.

—Estoy tan feliz por ti, Tomoyo —continuó Sakura, ajena a las miradas curiosas del resto de la gente que pululaba por los alrededores—. Luego del desastre del picnic no pude darte mis felicitaciones.

La chica se apartó un poco para observar su rostro, aunque la sonrisa se le desvaneció al encontrar una confusión pura en la expresión de la amatista.

— ¿Qué ocurre? ¿No estas feliz por haber anunciado tu compromiso? Todos en la casa no dejan de hablar de eso —colocó el dedo índice bajo su barbilla y alzó los ojos al cielo, en una pose pensativa—. Aunque yo misma estaba un poco sorprendida de que no me dijeras nada antes.

Ahí, Tomoyo se dio un fuerte golpe mental. ¡El dichoso compromiso!

Al final y gracias a la interrupción de su madre, no había llegado a ningún acuerdo con Eriol al respecto. ¿Qué se supone que dirían? Ya de por sí su noviazgo había sido puesto en tela de juicio, no quería ni pensar lo que la gente andaba diciendo sobre la idea de un compromiso. Ellos tenían que ser demasiado ingenuos para creer aquella farsa.

Y todos eran empresarios, por supuesto que no eran ingenuos.

Volvió la atención a Sakura, quien seguía divagando sobre lo mucho que la había estado buscando el último rato y cómo es que se había quedado atrapada en la labor de explicarle a su padre la forma adecuada de colocar el traje que usaría esa noche.

Cuando notó el peculiar silencio de Tomoyo, preguntó:

— ¿Te pasa algo malo? —La observó con una expresión de preocupación creciente—. ¿Y dónde está Eriol? Creí que después de lo ocurrido ambos serían asediados con preguntas sobre el compromiso, en especial de parte de tu madre. Papá dijo que no se tomó muy bien la noticia.

Abrió la boca para responderle, alguna mentira sobre su madre dándoles sus buenos deseos y sobre Eriol haciendo una llamada importante, pero al hacerle frente a los ojos brillantes de Sakura, a su rostro inocente y crédulo, Tomoyo se vio ante la imposibilidad de mentirle a otra persona, especialmente a su mejor amiga. Se dio cuenta que de ser la castaña quien estuviera en su situación, seguramente sería la primera a quien le contaría la verdad, buscando su apoyo y consejo.

Y ella en aquellos momentos necesitaba eso y mucho más.

—Necesito contarte algo, Sakura —el tono apremiante de Tomoyo fue suficiente para que la castaña se dejara arrastrar hasta una de las bancas más alejadas del jardín, rodeada por una multitud de arbustos y rosales que las dejaban fuera de miradas indiscretas.

La joven Kinomoto tomó asiento mientras observaba atenta el ir y venir de la amatista. Ciertamente ver a su amiga tan fuera de su eterna serenidad la tenía bastante desconcertada. Aun recordaba que de niñas solía ser ella la que perdiera los nervios, no Tomoyo, nunca Tomoyo.

La amatista se detuvo de repente notando que como de costumbre, estaba haciendo una tormenta en un pequeño vaso de agua. Giró el rostro hacia la castaña, quien se mantenía en silencio pero que al mismo tiempo demostraba toda su preocupación a través de sus expresivos ojos esmeraldas. Ella era su vieja y mejor amiga, se dijo, su persona más querida en algún momento de la infancia; si había alguien en el mundo que jamás juzgaría sus acciones, esa era precisamente Sakura.

Por eso inhaló un par de veces, volviendo en sí misma y tomando el asiento a su lado.

Cuando habló, lo hizo con la calma que siempre la caracterizaba.

—No voy a casarme con Eriol —dijo sencillamente.

Sakura mostró confusión en su joven rostro.

— ¿Qué dices? Pero si él lo anunció en frente de todos.

Tomoyo hizo una mueca con los labios.

—Aquello no fue más que una mentira para encubrir otra —desvió la mirada de los interrogantes ojos verdes y la posó en las rosas rojas de los arbustos. Nunca habían sido sus favoritas—. La verdad es que… mi relación con Eriol no ha sido más que una farsa, Sakura.

—Una farsa… —murmuró la castaña sin poder creer del todo lo que le había sido revelado—. Pero ayer en el desayuno ustedes parecían tan… unidos, tan enamorados. Y hoy durante el picnic…

—Eriol solo me está ayudando a mantener a raya a mi madre y a Ren —contestó, aun dejando de lado el hecho de que en realidad había pagado para que él la ayudara. El trabajo de Eriol en Agencias Soel era secreto de él, no suyo. A pesar de todo, sonrió dulcemente ante la descripción de Sakura: "tan enamorados". Algo dentro de su pecho se removió un poco pero optó por ignorarlo. No era el momento—. Con un novio de por medio ellos no intentarían nada.

Sakura frunció el ceño. Ella estaba al tanto de los disturbios entre Nakamura y Tomoyo, y también de las intenciones de Sonomi de volver a juntarlos. Todo aquello era tan complicado y se lamentaba porque su amiga hubiera tenido que recurrir a esas medidas. ¿Un novio de mentiras? Eso sonaba a algo que cualquier otra persona haría, pero ¿Tomoyo?

— ¿Por qué no me dijiste nada? hubiéramos podido hacer algo al respecto.

—Fue bastante apresurado. Si llegaba aquí sin ningún plan, mi madre no hubiera perdido la oportunidad de involucrarme con Ren de inmediato. No podía arriesgarme a eso.

—Y sin embargo Nakamura no deja de abordarte.

Tomoyo abrió los ojos con sorpresa al saber que Sakura lo había notado. Ésta simplemente se encogió de hombros.

—Shaoran mencionó lo raro que era que él fuera tan solicito contigo. Sin mencionar que siempre parecía querer golpear a Eriol cuando estaba a tu lado.

—Pues por lo visto hoy no pudo resistir las ganas —respondió la amatista y ambas soltaron una risa que aligeró el ambiente.

—Tú y Eriol hacen una linda pareja. Sigo sin creer lo que me dices, que lo de ustedes no sea… bueno, que no sea de verdad —dijo Sakura con un tono apesadumbrado. Era una romántica sin remedio—. ¿Qué planean hacer? Por lo poco que sé, Eriol no es precisamente una persona que pase desapercibida en los medios.

Dejó escapar un suspiro cansino. Eso era algo en lo que no había pensado.

—Las cosas se salieron un poco de control. Nosotros… no hemos hablado sobre ello.

Estuvo a punto de perderse en sus pensamientos de nuevo, pero la oportuna intervención de Sakura se lo impidió. Tomó una de sus níveas manos entre las suyas y le sonrió de esa forma cálida tan propia de ella.

—Sabes que esta vez puedes contar conmigo, ¿verdad? Te apoyare en lo que sea, Tomoyo.

La amatista le devolvió la sonrisa mientras asentía, sintiéndose reconfortada ante las palabras de Sakura y con un peso menos que no se había dado cuenta que llevaba sobre los hombros.

En medio del agradable momento, se percató de algo a lo que no había querido ponerle atención al principio.

— ¿Dónde está Li? —preguntó curiosa, ladeando la cabeza hacia un lado.

La sonrisa de Sakura flaqueó.

—Yo… lo dejé con papá… y con Touya.

No pudo evitar reír al ver la repentina alarma en los ojos de Sakura. Ella había visto en el pasado la tensa relación que existía entre el hermano de su amiga y el joven chino. Si ellos no se habían hecho trizas aun, era más por el aprecio y cariño que le tenían a la castaña que por otra cosa.

—Seguro tu papá sabrá controlarlos.

—Él ha estado muy distraído con el asunto de la cena —negó con la cabeza, la angustia marcándose en cada una de sus facciones.

—En ese caso, debes ir a ver cómo están las cosas. Dudo mucho que a mi madre le agrade la perspectiva de otra pelea —dijo divertida a modo de respuesta. Se puso de pie y ayudó a Sakura a hacer lo mismo.

— ¿Tú no vienes?

—Quisiera quedarme un rato más. Necesito pensar algunas cosas.

La castaña dudó un segundo, a lo que ella dibujó una sonrisa tranquilizadora.

—Estoy bien, Sakura. Ya has hecho bastante con escucharme.

—Me dirás si te encuentras en problemas, ¿cierto? —cuestionó su amiga, reacia a marcharse. Ella alzó su mano derecha sin dejar de sonreír.

—Lo prometo.

Sakura dio un último asentimiento antes de comenzar a dar los primeros pasos. Ella por su parte, no borró la sonrisa hasta que la castaña no estuvo lo suficientemente alejada.

Comprendía la inquietud de su amiga: era difícil creer en su promesa de pedir ayuda en caso de necesitarla. Prefería arreglar sus problemas sola. Siempre había sido así y eso Sakura lo sabía.

No obstante, en esos instantes existía otra cosa que la tenía a la defensiva.

Se mantuvo en silencio durante unos minutos, respirando el fresco aire que proporcionaban los jardines y contemplando de nuevo los rosales. Cuando habló, lo hizo de forma clara y firme, asegurándose de que la presencia a su espalda la escuchara.

—Según sé, las reglas de etiqueta y buenos modales dicen que escuchar una conversación ajena es de muy mal gusto y educación.

Un chasqueo de lengua fue lo único que obtuvo por respuesta. Aquella expresión infantil la irritó.

Decidió darle la cara a la persona que había estado espiando su conversación con Sakura, y el hecho de que se encontrara frente a frente con la figura de Ren Nakamura no fue ninguna sorpresa. Esto, sin embargo, no impidió que una ruidosa alarma se encendiera en el interior de su cabeza. ¿Qué tanto había escuchado él?

— ¡No fue a propósito! —Contestó, mostrando ambas palmas de las manos en señal de inocencia, no obstante la sonrisa tenue, pero pícara que cubría su rostro gritaba justo lo contrario—. Solo estaba dando un paseo por aquí cuando las escuché. Necesitaba un poco de aire luego de que Aya y mis padres no se me quitaban de encima. Se requiere más que una fractura de nariz para acabar conmigo ¿sabes? Aunque… tu novio tiene buenos puños.

Tomoyo observó la banda blanca que en efecto, cubría la fractura que Eriol le había provocado. Aquello, si tenía que ser objetiva y en contra de sus propios deseos, no mermaba el atractivo de Ren para nada.

— ¿Qué es lo que quieres, Ren?

—Solo hablar contigo, Tommy —se sentó en el lugar de la banca que ella ocupara momentos antes y desde ahí siguió hablando—: No supe nada de ti en mucho tiempo.

—Tu y yo no tenemos nada de qué hablar —dijo ella dando media vuelta de nuevo, dispuesta a volver a la mansión. Claro que las siguientes palabras de Ren la hicieron parar en seco.

— ¿Ni siquiera de lo que dirá tu madre cuando se entere que tu relación con Eriol Hiragizawa es una farsa?

Volteó a verlo y se sorprendió al encontrar esta vez una amplia e insidiosa sonrisa en sus labios. No lo había notado hasta ese momento, pero el Ren serio y correcto del que estaba enamorada en el pasado, había cambiado. Ahora se encontraba frente a un desconocido.

Lentamente giró el resto del cuerpo y a pasos cortos y cautelosos fue a ocupar el sitio al lado del hombre.

— ¿De qué quieres hablar? —preguntó tranquila, sosteniéndole la mirada.

La sonrisa de Ren se ensanchó.

—De nosotros, Tommy. Vamos a hablar de nosotros.


¡Hola otra vez! Aquí presentándoles el nuevo capítulo y yo bastante feliz porque al fin estoy de vacaciones, lo que significa más tiempo para escribir y menos tardanza en las actualizaciones! :D

En los reviews de capitulos pasados, se habló mucho de la inmadurez de Tomoyo y de su actitud infantil, espero que este capítulo haya cambiado un poco el concepto de ella. Va madurando, poco a poco y con mucha ayuda (de Eriol xD), pero ese era precisamente el plan que tenía con esta Tomoyo, con la que me tomé algunas (muchas) licencias.

Muchas gracias por sus reviews, como siempre! Y una disculpa por la respuesta que llegó un mes tarde, sin embargo prefiero contestar tarde a no hacerlo, es mi manera de agradecerles "personalmente" por tomarse el tiempo de leer esta historia :D Gracias también a Pinky's, RIP-MODE, Elanie, Chaos Head, LyS Cosmo, Noir y Airi. Me encantaría poder responderles directamente.

En fin, me he alargado mucho con estas notas. Espero que el capitulo haya sido de su agrado. Nos vemos en la próxima actualización (esta vez no tardara tanto, lo prometo xD) Saludos!.