Parte VI Final

Respira en mí, hazme real…

Y un día ya no sentiré más este dolor…

Pandora se quedo mirándolo, completamente desconcertada por las palabras que él había esbozado, seguía llorando y temblando, la verdad no sabia si había escuchado bien o solo eran sus deseos mas profundos que le hacían una cruel jugarreta, cerró los ojos para escapar de la mirada atormentada del chico. Terry pudo apreciar el miedo y la sensación de perdida en ella, de decepción y vergüenza, era evidente que pensaba que estaba haciendo esto por lastima, pero él no lo sentía de esa manera, solo quería ayudarla… necesitaba ayudarla y no quería ahora cuestionar porque lo hacia, simplemente se concentro en hacerle entender que no había nada equivocado en esto.

- Pandora mírame – Le pidió en un susurro, ella negó con la cabeza, sin abrir los ojos.

Terry subió sus manos en una caricia lenta hasta llevarlas al cuello de la chica, mientras sus ojos se paseaban por el rostro pálido y hermoso de ella, con suavidad deslizo sus dedos entre las hebras castañas, sintiéndola temblar y dejar libre un suspiro, despacio se aproximó al rostro de Pandora y rozo sus labios con los de ella, un toque tan leve como el viaje de una pluma en una suave brisa, justo así se movieron los labios de él sobre los de ella. Pandora se congelo ante el gesto del joven, sus labios temblaron y sintió como su corazón latía lentamente, sus brazos caídos a cada lado de su cuerpo, se mantuvieron exactamente igual, no se animo ni un solo instante a tocar a Terry, las lagrimas colmaban de nuevo sus ojos y los mantuvo cerrados para no dejarlas libres, mientras sentía que él no le daba tregua, las caricias en su cuello y nuca continuaban, sus labios suave y tibios presionaban ligeramente, persuadiéndola de participar de este intercambio que estaba desboronando todos sus cimientos de a poco pero con contundencia, sin poder evitarlo dejo libre un suspiro y él aprovecho eso para deslizar su lengua por entre los labios de ella y hacer su invasión mucho mas profunda, ella dejo libre un jadeo mientras sus manos viajaba a la cintura de Terry para apoyarse en esta y no caer cuando sintió sus rodillas doblarse ligeramente; él la estaba seduciendo, era evidente, pero no era esto lo que ella deseaba… no así, no de esta manera.

- No… - Susurro sacando fuerzas para separarse de él, pero este no se lo permitió.

- Deseo que veas que quiero esto… no lo hago por lastima Pandora – Dijo mirándola a los ojos y bajo una mano por la espalda de la chica, mientras la pegaba a su cuerpo y buscaba sus labios una vez mas, con mas decisión esta vez.

- Para… por favor… yo no puedo… - Esbozo ella tensándose pues sentía que su cuerpo comenzaba a ser presa de un exquisito calor que la turbaba, esa era la reacción física a los estímulos que él le brindaba, pero su corazón no podía obviar su verdad y su verdad era que ella no podía olvidar que su corazón era completamente de Arthur y que tener a Terruce no seria lo mismo, este no la amaba, su corazón también pertenecía a otra mujer, engañarse no era la salida a este laberinto de dolor y soledad en el cual se encontraba, había imaginado esto, si, claro que lo había hecho, pero no de esta manera, ella deseaba que él la recordase, que la amase… quería a Arthur, no a Terruce – Pensaba mientras el castaño seguía besándola - ¡No, basta! – Exclamo colocándole las manos en pecho para alejarse de él – No lo entiendes, no entiendes Terruce, no es esto lo que yo deseo… creí en algo que es imposible, me enfrasque en un sueño… pero ya es tarde, es demasiado tarde, tú no tienes por qué fingir algo que no sientes, ni que ofrecerme algo que no esta en ti darme… - Decía cuando él la interrumpió.

- Perfecto, entonces has lo que tengas que hacer para conseguir lo que deseas… te aseguro que lo que puedas darme es mucho mas de lo que tengo hasta ahora, por si no te has dado cuenta mi vida es un desastre, un calvario… ¿Puedes cambiar eso Pandora? Bien entonces hazlo, porque es lo que deseo, yo también deseo con desesperación salir de este abismo donde me encuentro – Confeso mirándola a los ojos.

- No tienes ni idea de lo que me pides Terruce, esto no es tan sencillo, ni siquiera sé si pueda hacerlo… traer a Arthur no es solo invocarlo y hacer que tome posesión de tu cuerpo, nunca lo he hecho y no sé las consecuencias que pueda tener sobre ti… - Explicaba y él la detuvo.

- Lo hiciste el otro día… con esa visión, tú hiciste todo eso dentro de mi cabeza – Esta vez fue ella quien lo interrumpió.

- Si, pero no es lo mismo… yo puedo contralarlo porque soy quien lo maneja, el espíritu de alguien mas esta completamente fuera de mi alcance, nunca lo he hecho, siquiera he intentado comunicarme con él… me da miedo lo que pueda ocurrir – Menciono con lagrimas.

- ¿Acaso no fuiste tú la que hace minutos me dijo que jamás se quedaría en un rincón a lamentarse por lo que perdió? – Pregunto con toda la intensión de acorralarla.

- Eso es muy distinto y lo sabes… ¿No ves lo que arriesgas? – Inquirió desesperada.

- ¡No! Veo lo que puedo ganar… mujer ni siquiera tus poderes, ni los años vividos, ni toda la experiencia y el amor que le tienes a Arthur, te han liberado de lo indecisas que ustedes pueden llegar a ser… quieres tenerlo a él, pues aquí estoy yo dispuesto a hacer que lo tengas ¡Tómalo! – Exclamo mirándola a los ojos.

- ¡¿Por qué haces esto?! – Pregunto mostrando cuan presionada se sentía.

- Porque sé lo que es pasar días y días pensando… en todas esas cosas que nunca dije y que debí, torturándome con cada beso y cada caricia que no brinde, que me guarde por estúpido… en todas las veces que me calle esos "Te amo" que ahora me muero por decir – Contesto con la voz ronca – Y si debo obligarte a afrontar todo eso que llevas dentro y vencer tus miedos para que puedas tener la conciencia en paz y le entregues a Arthur eso que sientes le debes, lo hare – Sentencio y sin darle tiempo acorto la distancia entre ambos, le rodeo la cintura con los brazos, sujetándola con fuerza y la beso.

Pandora fue golpeada con fuerza por esas sensaciones que se desataron dentro de su cuerpo ante la actitud del castaño, sintió derretirse entre sus brazos, bajos sus labios, en ese delicioso vaivén que su lengua marcaba dentro de su boca, él la llevaría a la locura, como podía jugar con sus emociones y sensaciones de esta manera, no era justo esto que hacia, no podía pedirle esto, pretender que aceptase de buenas a primeras traer el espíritu de su esposo para que lo poseyese y… ¿Después qué? ¿Qué haría una vez que tuviese a Arthur nuevamente frente a ella? ¿Acaso Terruce no temía que una vez ella tuviese entre sus brazos a su amado, a lo mejor no quisiera dejarlo partir de nuevo? – Se cuestionaba en pensamientos y sin saber a ciencia cierta que la llevo a tomar una decisión, se separo de él para hablar.

- Lo haremos… lo traeré… solo espero que Dios cuide de ti, porque no sé hasta donde podría llegar yo – Le hizo saber mirándolo a los ojos.

- Confió en ti – Fue lo único que le respondió el castaño mostrándole una sonrisa, que intentaba ocultar el miedo que sentía.

- No lo hagas… no en esto – Susurro sin desviarle la mirada.

- No importa… cualquier cosa es mejor que lo que vivo ahora te lo puedo asegurar y si con esto puedo estar bien y ayudarte, me sentiré complacido – Menciono mirándola, un minuto de incomodo silencio se apodero del lugar hasta que él hablo – Y bien ¿Qué debemos hacer? – Esta vez su voz tembló, pero intento disimularlo.

- Terruce… Terruce… ¿Cómo podría convencerte para que desistas de esto? – Pregunto perdiéndose en el azul zafiro que mostraban los ojos de él.

- No existe manera alguna que lo hagas, y solo estamos perdiendo el tiempo – Contesto, apenas había caído en cuenta que la mantenía abrazada, pero no la soltó.

- No seas tan impaciente… - Decía cuando él la detuvo.

- Yo no tengo siglos para esperar ¿Lo recuerdas? – Inquirió con media sonrisa.

- No lo he olvidado un instante… solo quiero que estés seguro de esto – Respondió.

- Lo estoy… además ya he estado en la piel de otros, soy actor… - Decía y ella lo detuvo.

- Esto no es igual Terruce, ni siquiera se le acerca a lo que haces sobre un escenario, aquí te perderás completamente, ya no serás tú sino Arthur quien domine todo a tu alrededor… ni siquiera podrás ser un espectador de lo que él hace o dice… ni tampoco de lo que siente, las emociones también serán de él… ¿Entiendes eso verdad? – Lo cuestiono de nuevo.

- Si… lo hago y es precisamente lo que deseo, él podrá darte lo que esperas, lo que anhelas… eso que yo no puedo lamentablemente, tendrás tú despedida si así lo deseas Pandora – Indico pegando su frente a la de ella – Podrás liberarte de todo eso que te aqueja… ojala yo pudiese hacer lo mismo, no rechaces esta oportunidad, no le temas a lo que pueda suceder… un amor como ese que él te tuvo no conoce de odios, ni reproches, tampoco de finales – Susurro.

Ella asintió en silencio al tiempo que sus ojos se humedecían de nuevo y sus labios temblaron por contener las emociones que la recorrían, dejo libre un suspiro que no pudo retener y se abrazó a Terry con fuerza, se sentía tan frágil y pequeña en este momento y a él tan protector.

- Debes venir conmigo… es mejor que vayamos hasta mi casa, si Arthur despierta aquí se le hará extraño este lugar y eso puede perturbarlo, lo mejor es que lo haga en un ambiente familiar para él… para que este calmado – Menciono con voz tranquila, después de un rato.

- Bien… dame unos minutos para vestirme por favor – Pidió separándose de ella, sentía miedo pero también deseos de arriesgarse a esto.

Pandora camino hasta el ventanal para darle espacio a Terry, podía sentir cierta tensión en él, pero ya no había en ella la fuerza suficiente para alejarse de este lugar y no tener que ir a un terreno mas peligroso, jamás imagino tener una oportunidad como esta, su plan era enamorar al chico e ir poco a poco haciendo renacer la esencia de su esposo en él, pero ahora saber que podía tener a Arthur casi por completo la llenaba de emoción y expectativa, no podía dejar de temblar de solo imaginarlo; estaba sumida en sus pensamientos cuando Terry hablo.

- ¿Has estado todo el día a mi lado verdad? – Inquirió mirándola. Ella asintió en silencio volviéndose a mirarlo, él dejo libre un suspiro y continuo – Cuando estaba en el baño y se cerró la puerta ¿Fuiste tú? – Pregunto de nuevo y su voz mostraba claramente el reproche. Ella emulo el gesto que hiciese un minuto atrás y desvió la mirada. – Ya veo… y supongo que todo lo que sentí después fue debido a ti también… - Decía cuando ella lo interrumpió.

- Lo siento… de verdad, no quería perturbarte – Se excuso mirándolo.

- Hiciste mucho mas que perturbarme Pandora, solo espero que recibas tu merecido cuando Arthur te tenga enfrente – Menciono con un hermoso brillo en los ojos. – Ahora date la vuelta, creo que ya has visto lo suficiente –Indico haciéndole un ademan. Ella abrió la boca para refutar pero la cerró de inmediato sonrojándose y se volvió hacia el ventanal.

- No es de caballeros hablar de esas cosas – Susurro mirando a través del cristal.

- No es de damas espiar a un hombre mientras se baña – Acoto él vistiéndose.

- ¡Yo no te expíe mientras te bañabas! Cerré la puesta desde este lugar, puedo hacerlo… - Se defendió sin mirarlo.

- ¿No me viste cuando salí del baño molesto por lo que habías hecho? – Pregunto, colocándose una chaqueta, afuera seguramente estaba fresco.

- Yo… no contestare a esa pregunta – Dijo mordiéndose el labio, sintió su cara calentarse.

- Ya lo has hecho Pandora… - Menciono acercándose a ella, busco su mirada – No sabia que las brujas podían sonrojarse – Agrego divertido.

- ¡No estoy sonrojada! No puede pasarme y no me llames así por favor – Le pidió, viéndolo.

- Estas más roja que una cereza madura, te queda bien, siempre estas tan pálida ¿Cómo deseas que te llame? ¿Hechicera, adivina, duquesa, mi lady? – Inquirió con una hermosa sonrisa.

- Hacia mucho que nadie me llamaba duquesa como acabas de hacerlo – Contesto sonrojándose de nuevo.

- Debo deducir por tu sonrisa que así te llamaba Arthur – Dijo mientras sonreía, esto le hacia falta, le había ayudado a relajarse - ¿Hacia cuanto que no bromeaba con alguien de esta manera? – Se pregunto en pensamientos.

- En ciertas ocasiones…- Esbozo en un murmullo, se alejó de él sintiendo que una vez mas su cara se prendía en llamas – Y ya no me sigas haciendo ese tipo de preguntas, no sabias que aun conservabas esas costumbre de divertirte a costa del pudor de las damas – Menciono sin poder evitarlo, vio como la sonrisa de él se congelo.

- Solo lo hice con una mujer… al parecer sabes mucho de mi vida – Indico y de inmediato una sombra se poso sobre él.

- Sé mucho mas de lo que imaginas Terruce… por eso quiero que estés seguro sobre esto que vamos a hacer, no todo esta perdido como piensas… créeme – Susurro mirándolo a los ojos.

- Continuemos con esto por favor Pandora – Pidió esquivando la mirada de la chica mientras caminaba para tomar las llaves de su auto.

- La terquedad y el orgullo, fueron seguramente rasgos que heredaste de Arthur – Susurro ella, pero él la escucho perfectamente.

- No, las herede de mi padre… y este seguro de mi abuelo, es un rasgo muy Grandchester, así como eso de ser desgraciados en el amor… Ven, vamos – Indicó abriendo la puerta.

- Viajaremos a mi modo… ven – Menciono ella y al ver que él seguía en el mismo lugar, dejo ver una sonrisa y camino para tomarle la mano – Te prometo que estaremos bien, además quieres que sea rápido, si viajábamos en tu auto estaremos allí casi al amanecer, mientras que si lo hacemos en mis condiciones solo nos llevara unos minutos – Agrego mirándolo.

- Bien, dije que confiaba en ti y eso precisamente hare - Él dejo libre un suspiro y tomó la mano que ella le ofrecía, se encaminaron hasta el gran ventanal.

Pandora abrió las dos hojas con un movimiento de su mano, sin siquiera tocarlas, él dejo libre un jadeo de sorpresa pero de inmediato retomo su postura impasible, ella dejo ver media sonrisa, salieron a la cornisa, el castaño no podía evitar temblar, aunque el edificio no era muy alto, estar parado en un espacio de cincuenta centímetros y a veinte metros del suelo, no era algo para estar relajado, ella le mostro una sonrisa para relajarlo, se coloco de espaldas al vacío, apoyando apenas la punta de los pies en el borde del capitel, le extendió los brazos. Él trago en seco y con lentitud le dio primero una mano, cuando estaba a punto de soltarse para darle la otra, Pandora lo jalo rodeándolo con sus brazos y se lanzo al vacío.

- ¡Santo cielo! – Grito Terry aferrándose a ella con fuerza y cerrando los ojos, al tiempo que sentía que caía en picada y rápido, demasiado rápido para su tranquilidad, pero de pronto sintió que su cuerpo se hacia mas ligero, como si florara, sin embargo no se animo a abrir los ojos, temía lo que encontraría de hacerlo.

- Te perderás una vista hermosa de la ciudad si no abres los ojos – Esbozo y su voz vibraba por la risa contenida.

- No te preocupes, no estoy muy interesado en ella – Dijo con prisa mientras sentía la brisa alborotarle el cabello y golpear su cara.

Ella dejo libre una carcajada y deposito un suave beso en los labios del castaño, que tenia el cuerpo tan tenso que podía quebrarse en cualquier instante, como esperaba eso hizo que él se relajase un poco, en eso también se parecía mucho a Arthur… siempre que estaba tenso ella lo mimaba, lo llenaba de cariño y él se relajaba, su amado esposo y este chico eran tan parecido, no solo en lo físico, sino también en las emociones… si en realidad fuesen la misma persona, si al despertar de esto Terruce sintiese dentro de su ser ese amor que le prodigaba su esposo, si la mirara como hacia Arthur… si ella también pudiese mirarlo a él de igual manera, era un chico extraordinario, la hacia reír, era tierno y considerado, entregado a aquello que lo hacia sentirse bien, incluso a sacrificarse por los demás… - Creo que ya sé porque amas a la enfermera, sus almas son afines, ambos tienen sentimientos hermosos – Pensaba cuando sus ojos captaron la inmensa mansión enclavada en los riscos que entraban abruptamente en el océano.

- Hemos llegado… - Susurro al oído del chico.

- ¡Gracias a Dios! – Exclamo aliviado, aunque tenia los ojos cerrados, pudo sentir como poco a poco su cuerpo se hacia mas pesado, y solo pasaron segundos cuando sus pies se posaron en algo solido, dejo libre un suspiro e intento erguirse pero sus rodillas temblaron.

- Si deseas puedo llevarte en brazos – Susurro ella divertida al ver que él permanecía estático en el mismo lugar.

- ¡Por supuesto que no! No hace falta esto bien… es solo que… - Decía al tiempo que abría los ojos y se detuvo para ver la majestuosa vista.

El océano se abría ante ellos, como un manto negro que era bañado por la luz de la luna, el cielo despejado de nubes se mostraba ante sus ojos colmado de estrellas, millones de ellas adornándolo, el rumor de las olas estrellándose contra los riscos y la suave brisa que movía sus cabellos, todo en este lugar parecía… distinto, de otro tiempo, incluso de otro siglo, se volvió a mirar y la estructura tras su espalda complementaba el paisaje a la perfección, lucia como aquellos castillos a donde su padre alguna vez lo llevo, en el norte de Inglaterra.

- Si Arthur despierta aquí… se sentirá como en casa – Susurro ella al ver que él detallaba el lugar, se acercó hasta las puertas de cristal que dividían la extensa terraza donde había llegado, de la casa - ¿Deseas ver el interior? – Pregunto con una sonrisa amable.

- Claro me encantaría… solo una cosa, la próxima vez viajaremos a mi modo – Señalo levantando el dedo índice, ella dejo ver una hermosa sonrisa y asintió.

Entraron al lugar que se encontraba en penumbras, ella movía las manos hacia un y otro rincón de la estancia y las lámparas de velas se encendían iluminando todo el espacio, igual lo hizo la chimenea, los leños en esta comenzaron a arder con vigor colmando el lugar de una calidez muy acogedora. Terry estaba totalmente maravillado ante los poderes y el desenvolvimiento de la chica, si hasta esta mañana alguien le hubiese dicho que seria testigo de algo así, sin reparo alguno lo hubiese tildado de loco, pero ahora presenciándolo con sus propios ojos, no podía mas que intentar mantener la boca cerrada para no demostrar tan abiertamente su asombro; eso por mencionar lo que hacia Pandora, pues si hablaba de la casa, ciertamente parecía haber sido ambientada para montar una obra de la segunda década de 1.700; justo el año en el cual su familia había sido asesinada, esto le causo un poco de pena al castaño, pues era evidente que ella aun deseaba vivir en este espacio de tiempo, aferrada a todo aquello que le recordase cuando fue feliz junto a sus seres queridos.

- Bienvenido – Menciono ella con una sonrisa amable, invitándolo a tomar asiento en un sillón de terciopelo rojo granate con elaborados bordados en hilos dorados – Por favor Terruce, toma asiento, ponte cómodo… este solo es un lugar de paso, no tengo mucho que ofrecerte, creo tener un poco de brandy, coñac, vino… son los que pueden durar mas tiempo sin dañarse – Agrego un tanto apenada y nerviosa, nunca había traído a un desconocido a este lugar, en realidad solo habían estado en el, Hazazel y Gardiel.

- Estoy bien Pandora, descuida… es un lugar hermoso – Contesto observándolo.

- Es solo de paso… hace mucho tiempo que no llamo hogar a un lugar en especifico, me he dedicado a vagar por el mundo, solo conservo el castillo de Lancaster… pero tampoco vivo en este, demasiados recuerdos que aunque hermosos siempre terminan doliendo, sin embargo no puedo venderlo, lo he intentado un par de veces, incluso donarlo… pero algo mas fuerte que yo me lo impide – Esbozo sin saber que decir, le resultaba fácil hablar con él, pero desde que entraron a este lugar la situación había cambiado, la tensión en ambos era mas palpable, quizás porque sabían lo que ocurriría.

- Comprendo… - Menciono mirándola con ternura.

Después de eso un incomodo silencio se apodero del lugar, sus miradas se buscaron y se quedaron ancladas la una en la otra por un par de minutos, tal vez mas; Terry deslizo sus ojos por el rostro de la chica, aun los de ella mostraban las huellas del llanto, su mirada aunque brillante no lucia feliz, podía percibir dudas y hasta miedo en esta, no era para menos, pero no quiso prestar mucha atención a eso, continuo con sus mejillas, estas tenían un ligero rubor que la hacia lucir tan hermosa, como una muchacha completamente normal, se acercó a ella llevando una mano para acariciar su rostro con suavidad, un movimiento totalmente espontaneo e inocente, había algo en Pandora que lo atraía muchísimo, sus ojos, las pocas sonrisas que había logrado ver, sus labios… tenia unos labios realmente hermosos y extraordinariamente dulces, tan suaves, esos mismos que lo tentaban a perderse entre besos, sabia que todo esto quizás era producto del poder que ella ejercía, de la magia que la envolvía, o tal vez era como le había dicho la esencia de su esposo que ciertamente habitaba en él y solo estaba dormida, después de todo lo vivido esta noche… la verdad no le resultaba tan increíble – Pensaba mientras su dedo se deslizaba por el pómulo de la chica.

- ¿Sucede algo? – Pregunto ella temerosa, mirándolo a los ojos.

- No… nada – Contesto negando con la cabeza sin dejar de mirarla - ¿Cómo pretendías despertar la esencia que dices llevo dentro de mi, esa que pertenece a tu esposo? – Inquirió.

- Yo… la verdad no lo sabia a ciencia cierta, cuando te conocí pude sentir de inmediato que algo nos unía, tus reacciones me demostraron que era así y la primera noche que pase en tu casa todo se hizo mas fuerte aun, mientras te observaba dormir me llenaba mas de certezas, pensé que si conseguía que te enamoraras de mi… con el tiempo podrías reconocerme o que quizás yo podría llegar a amarte como ame a mi esposo, que podía depositar todo ese amor que se había quedado dentro de mi pecho en ti… la verdad no tenia un plan en especifico, no quería utilizar mis poderes sobre ti Terruce, solo… deseaba que te enamoraras de mi – Respondió mirándolo a los ojos y después esquivo su mirada, sintiéndose apenada.

- No te hubiese sido difícil lograrlo Pandora… eres una mujer muy hermosa… - Decía cuando ella se volvió para mirarlo y lo interrumpió.

- Me hubiese sido imposible Terruce… en primer lugar tu novia, Susana Marlowe… la maestra de la manipulación, apenas te deja respirar, es tan asfixiante, tan patética – Se detuvo al ver que él se tensaba – Lo siento… de verdad pero es lo que pienso de ella, entiendo porque estas a su lado, puedo que tengas razón en sentirte en deuda por lo que hizo, pero de allí a resignarte a una vida sin amor… sencillamente no es justo y menos amando a alguien mas, ese… ese hubiese sido el gran obstáculo que me hubiese tocado sortear para enamorarte y contra ese dudo mucho que hubiese podido, he sido egoísta muchísimas veces… lo soy en este mismo instante, le estoy robando a la mujer que amas la posibilidad de compartir una vida contigo… - Él intento hablar pero ella levanto la mano para pedirle continuar – Si esto sale bien… quiero que me prometas algo y no puede ser una promesa vacía, ni hacerla para complacerme, debes cumplirla – Le dijo mirándolo a los ojos.

- Sabes bien que no puedo hacerlo, lo que sea que desees de mi si tiene que ver con… - Se interrumpió, no quería siquiera mencionar su nombre en este momento.

- Prométeme que la buscaras y no la dejaras en paz hasta que la hagas escuchar todo lo que tienes guardado aquí dentro de tu pecho – Le pidió llevando una mano hasta el corazón del chico mientras lo taladraba con los ojos, como era de esperarse él esquivo la mirada de ella – Terruce… esto es un pacto, tú me ayudas y yo te ayudo… confía en mi por favor, no dejes que la vida te aleje de aquello que amas, yo no tengo nada de lo cual arrepentirme, le di todo lo que había en mi a Arthur y sin embargo siento que me faltaron miles de cosas por entregarle y decirle… no quiero ni imaginar lo que sentirías si algún día llegas a perder a Candice, sin haberle dicho cuanto la amas – Indico con seriedad.

- Pandora… lo que pides no es… - Su voz se quebró, el dolor de imaginar perder a Candy definitivamente fue como un cuchillo lacerándole el corazón, sus ojos se llenaron de lagrimas.

- Esta bien, cuando el momento llegue harás lo correcto… quieres que yo tenga mi oportunidad y sea feliz… bien yo también te daré la tuya, ahora vamos que se nos hace tarde – Menciono con determinación colocándose de pie y le extendió la mano con una sonrisa.

- ¿Y si mi felicidad ya no estuviese donde crees que esta? – Pregunto mirándola a los ojos, mientras tomaba su mano y la acariciaba con suavidad - ¿Has pensado en eso Pandora? ¿Si todo ha cambiado… si descubro que mi corazón ya no le pertenece a…? – No termino la pregunta, estaba confundido, pero sobre todo deseoso de terminar con el infierno que llevaba tres años viviendo, si ella le brindaba una salida ¿Por qué no tomarla? – Se cuestiono.

- Cuando puedas decir su nombre sin sentir que este te quema los labios, entonces tendrás las respuestas a esas preguntas, antes no harás nada inventándote mil excusas para no pensar en ella… Terruce yo sé lo que tu corazón siente y puedo asegurarte que nada ha cambiado… por el contrario se ha hecho mas intenso… ¡Por favor no me hagas continuar con esto! Es como pedirle a mi esposo que no renuncie a otra mujer, no es para nada cómodo, mejor acompáñame, es hora de empezar – Menciono intentando parecer natural.

- ¿A dónde vamos? – Pregunto colocándose de pie, dejando el tema de lado, ella no lo dejaría en paz de continuar, y la verdad no deseaba seguir atado a esos recuerdos y ese sentimiento sin sentido, el tiempo había pasado y ya nada era igual… nada.

- A mi habitación… voy a hipnotizarte y necesito un espacio tranquilo… también debes cambiarte de ropa, intentare que Arthur llegue hasta ti mientras duermes, todo debe parecer lo mas cercano al momento en cual nos encontrábamos cuando nos separamos, le diré que ya hemos llegado América… solo espero que todo esto funcione y él no recuerde la emboscada, ni todo lo que ocurrió después – Le explico mientras subían las escaleras, su voz sonaba distinta, nerviosa y su cuerpo también mostraba una clara rigidez.

Él se mantuvo en silencio para no hacer este momento mas incomodo, entraron a la habitación y si el salón y la terraza parecían del siglo XVIII este lugar, lo hacia un mas, la inmensa cama en el fondo, escoltada por cuatro pilares de manera finamente tallados, las sabanas de satén y seda, rojas, blancas y doradas, un escritorio con un montón de papeles y un tintero donde descansaba una pluma, la iluminación era brindaba por candelabros con decenas de velas, las pesadas cortinas seguían el mismo estilo, así como los demás muebles dentro de la alcoba; su mirada se paseo por cada rincón y nuevamente se sentía en otro tiempo, en otro lugar, muy lejos de su realidad.

- Terruce… - Lo llamo la chica para captar su atención, él se volvió a mirarla – Esta bata… era de Arthur, su favorita… logre recuperarla cuando regrese al castillo, habían colocado todas nuestras pertenencias en el sótano, claro excepto las joyas, esas las tenían ellos… siempre viajo con las cosas que mas le gustaban a él, es una manera de tenerlo cerca, así como algunos juguetes y prendas de Brandon, son las únicas cosas que me quedan de mis dos amores y no me separo de ellas… ¿Puedes usarla por favor? – Pidió entendiéndose, su voz de nuevo estaba ronca y los ojos humedecidos.

- Por supuesto… - Contesto tomándola, se acercó a ella y le deposito un beso en la mejilla – Todo estará bien Pandora… - Susurro mirándola a los ojos, ella asintió y le indico donde podía cambiarse, él se encamino hasta el baño.

Entro a este y lo primero que lo recibió fue su reflejo en un enorme espejo con marco dorado, iluminado por las velas de los candelabros lucia distinto, pero en el fondo sabia que seguía siendo quien era y… por lo menos lo seguiría siendo por unos minutos mas, sus manos temblaron y de inmediato la certeza de lo arriesgado que era todo esto lo golpeo con fuerza, alejo esa idea de su cabeza con rapidez, ya no podía negarse y además no quería hacerlo, algo dentro de él le pedía que hiciera esto y era precisamente lo que haría, no había punto de discusión; comenzó a despojarse de su ropa y cuando estuvo a punto de salir de la habitación recordó que su ropa interior no era ni de cerca parecida a la que se usaba en 1.700, sin pensarlo mucho también se la quito, la doblo y la coloco donde había escondido las demás prendas, se suponía que Arthur no debía ver nada fuera de lugar. Sus ojos captaron de nuevo su imagen en el espejo y cada vez se notaba mas lejano de quien era, la seda de la bata era muy hermosa, negra, con algunos hilos de plata en el cuello y los puños, digna de un duque… - Pensó con media sonrisa - ¿Qué pensaría mi padre si supiera que el famoso duque de Lancaster era idéntico al bastardo que tuvo con Eleonor Baker? ¿Qué de una manera bastante peculiar yo fue duque antes que él, incluso que mi abuelo? – Se pregunto mostrando media sonrisa, pero esta estaba cargada de dolor y resentimiento, se acomodó el cabello un poco, ajusto el cinturón de la bata, respiro profundamente y salió con paso seguro.

Pandora se encontraba observando a través de la ventana, con el relicario entre sus dedos, sumida en sus pensamientos, se había cambiado, ya no llevaba el vestido, ni la capa que usaba hasta hace minutos, ahora su figura estaba cubierta por una delicada dormilona de seda blanca, seguramente era una de esas prendas que había recuperado por el modelo, mas recatado que los de estos tiempos, pero con un toque de sensualidad que la hacia lucir muy provocativa, la verdad no sabia porque esta mujer lo tentaba de esta manera, no quería darle mas vueltas a eso que giraba dentro de su cabeza, pero la idea de haber sido en otros tiempo verdaderamente Arthur Gallagher cobraba fuerza a cada instante que pasaba en compañía de ella… y si eso era así… quizás fuese una fortuna haberla encontrado de nuevo.

- ¿Estas lista? – Pregunto Terry a su lado, mirándola.

Ella se sobresalto, no lo había sentido llegar y cuando sus ojos se posaron en la figura del joven envuelta por la bata de Arthur, sintió como todo su cuerpo fue estremecido con fuerza, sus labios temblaron, sus ojos se iluminaron y se llenaron de lagrimas, él era idéntico a su esposo, incluso el cabello… así lo llevaba cuando lo perdió, no lo había cortado por la presión en la cual vivían desde hacia meses y la noche de su escape, se había rasurado, quedando exactamente igual a Terruce; cuando al fin salió de su embelesamiento asintió en silencio y le indico la cama.

- Por favor, siéntate… en la cama, intenta relajarte – Su voz no pudo ocultar la cantidad de emociones que la recorrían, no lo miraba a los ojos.

- Bien… creo que tú también deberías seguir ese consejo, están tan tensa que temo puedas quebrarte – Menciono intentando sonar divertido, aunque su voz también estaba ronca y sentía su corazón latir con rapidez, se encamino hasta la enorme cama en un extremo de la habitación, iluminaba por el fuego que ardía en la chimenea llenando de calidez el lugar y la luz de la luna que se filtraba por las puertas de cristal que cubrían casi una pared, estas seguramente daban a alguna terraza con vista al mar.

- Gracias por preocuparte por mi… estoy bien, pero si necesito que estés tranquilo Terruce, toma bebe esto – Pidió entregándole una copa de plata, con detalles en oro. Él la miro un poco dudoso y después poso su mirada en el líquido rojo que llegaba a la mitad, seguidamente subió los ojos para verla de nuevo.

- ¿Qué es esto? – Inquirió sin recibirlo – ¿Es alguna especie de pócima, hecha con alas de murciélago, cabezas de gatos y corazones de algún tipo de ave exótica? – Pregunto una vez mas levantando una ceja, esta vez su voz no sonó tan relajada.

- No… - Respondió ella riendo – No es nada de eso… tranquilo, no te hare beber nada preparado con animales, nunca he hecho una pócima parecida… es solo oporto, a Arthur le gustaba mucho, siempre tomaba una copa cuando se iba a la cama – Explico mirándolo.

- Bueno en ese caso… muchas gracias – Indico recibiendo la copa y llevándosela a los labios, le dio un gran sorbo degustando el exquisito sabor del mismo, la verdad era delicioso, lo termino y le regreso la copa a ella, esta espera lo estaba matando, quería que esto comenzara ya, la ansiedad hacia estragos en su interior, se paso las manos por el cabello para drenarla un poco, viendo como ella se volvía para colocar la copa sobre una mesa cerca.

Pandora sentía un mar de emociones y sentimientos girando dentro de su ser, estaba nerviosa, si lo estaba, muchísimo, pero también estaba emocionada, todo esto era tan contradictorio, tan complejo; se giro lentamente y sus ojos se encontraron con los del castaño, de nuevo un montón de recuerdos llegaron hasta ella golpeándola con fuerza, uno en especial que la hizo temblar, esa primera noche que pasase junto a Arthur, cuando consumaron su amor, todo era tan parecido a aquella ocasión, la expectativa, los nervios, el miedo, los deseos; trago con fuerza y movió su cabeza para alejar todo eso de su mente, no lo pensó mucho y de repente se encontró hincada de rodillas ante el chico, quien se hallaba apenas apoyado al borde de la cama, tomó las manos de él entre las suyas, depositando suaves besos en estas.

- Pandora… - Susurro el joven desconcertado al verla así.

- No tendré como pagarte por esto que estas haciendo… por la oportunidad que me bridas, tener a Arthur de nuevo… ha sido mi mayor sueño Terruce, cada día que hemos estamos separados, no he hecho mas que imaginar como seria tenerlo a mi lado… ahora gracias a ti podre hacerlo… - Respondió en el mismo todo de él, mientras subió los ojos para verlo – Gracias… gracias por esto, gracias… por todo – Agrego con lagrimas.

- No tienes que agradecer nada… me complace ayudarte Pandora, es lo menos que puedo hacer después de todo lo que te ha tocado vivir, permíteme ser útil al menos una vez en la vida… hacer feliz a alguien – Comento con la voz ronca, mientras llevaba una mano hasta la mejilla de la chica para acariciarla con suavidad – Lamento no ser eso que tanto deseas, no esta en mi… yo no soy perfecto como lo era Arthur, no hay nada mas lejos de mi que eso Pandora, no te imaginas cuanto me gustaría tener el valor y la determinación, que él tuvo para luchar por ti y por Brandon… - Decía cuando ella lo detuvo, irguiéndose y colocando un par de dedos en los labios del chico para silenciarlo.

- Tú eres un hombre extraordinario Terruce, tienes un corazón bellísimo, eres comprensivo, tierno, entregado a tus ideales… y tienes mucho mas coraje del que muchos han demostrado, muestra de ello es que estas aquí dispuesto a entregarte a lo desconocido, te estas poniendo en mis manos y apenas me conoces, no creo que exista una prueba mayor de valor que esta, mucho de Arthur esta aquí dentro de ti – Menciono colocándole la mano en el pecho – Solo debes dejar de lado el miedo a amar y dejar que el viento te lleve a donde te tenga que llevar, debes seguir a tu corazón, arriesgarte a escucharlo, hazle caso… la mayoría de las veces sales ganando cuando lo haces – Agrego con una hermosa sonrisa – Recuerda que tenemos una promesa, debes cumplirla… creo que debemos empezar, recuéstate por favor – Indico con voz suave, mirándolo a los ojos.

Él no quería profundizar más en ese tema que había decidido lanzar al olvido hacia tres años, ese que cerró por el bien de todos, respiro profundamente para aligerar la tensión que se había apoderado de su cuerpo, cerró los ojos y se tendió completamente en medio de la cama. Pandora también respiro un par de veces para espantar los nervios que la hacían temblar como una hoja, se sentó en el borde de la cama y llevo sus manos al rostro del chico, apoyando un par de dedos sobre sus sienes, cerró los ojos y comenzó a pronunciar un ritual en una lengua antigua. Terry intento relajarse y dejarse llevar, podía escuchar las palabras de ella y algunas le resultaba familiares, quizás sonaban al latín, aunque él lo hablaba perfectamente, no podía identificar todo el conjuro, decidió dejar de lado su afán por reconocerlo y procuro relajarse, su respiración acompasada y sus músculos completamente laxos le indicaban que esto estaba haciendo efecto, dejo libre un suspiro y seguidamente cayo en un profundo sueño. Ella fue consciente de esto, ya todo había comenzado, el temblor en su cuerpo se hizo mas intenso, dudo unos segundos antes de continuar, abrió sus ojos y los clavo en él, deslizo sus dedos por el rostro del chico hasta llegar a su pecho, justo sobre el corazón, abriendo la bata de seda, respiro profundamente y se decidió a continuar; minutos después sus palabras cesaron, él seguía plácidamente dormido, ella se acomodó acosándose a su lado y apoyo su cabeza sobre el pecho del castaño, pegando su oído allí donde el corazón de este latía calmadamente, un par de lagrimas que salieron de sus ojos, fueron a terminar justo allí, tenia miedo de llamarlo, no sabia que podía esperar, ni siquiera si esto funcionaria, solo había invocado espíritus vengativos, a los que ponía a su servicio para enloquecer a sus enemigos, jamás a uno utilizando este hechizo, sintió que la respiración del chico cambiaba.

- ¿Arthur? – Lo llamo y su voz era apenas un murmullo, se irguió para buscar su rostro. Lo vio mover las pupilas bajos los parpados como si estuviese soñando, se acercó mas a él y le acaricio una mejilla con suavidad, se aventuro a hablar una vez mas – Arthur… mi amor… - Apenas lograba esbozar palabra, se sentía demasiado nerviosa.

Él abrió los ojos al fin, parpadeando para aclarar la visión, movió la cabeza de un lado a otro como reconociendo el lugar, frunció el ceño y dejo libre un suspiro, después busco con la mirada a la chica, quien lo miraba expectante, en completo silencio, sus labios temblaban y sus ojos estaban llenos de lagrimas, él la miro desconcertado por unos segundos y después llevo una mano hasta su mejilla, regalándole una sonrisa.

- Pandora… mi vida… ¿Por qué estas temblando? – Inquirió confundido incorporándose.

- ¡Oh, mi amor, mi Arthur! – Exclamo emocionada y las lágrimas se hicieron presentes al fin, al tiempo que se lanzaba para abrazarlo.

- Hermosa… Pandora ¿Por qué estas así? ¿Qué sucede? ¿Dónde estamos? – Lanzo una lluvia de preguntas mientras la abrazaba con ternura, se movió para quedar sentado en la cama y tomarla en brazos, colocándola sobre sus piernas y haciéndola descansar en su pecho – Pandora mírame por favor ¿Qué ocurre hermosa? ¿Por qué lloras? – Pregunto de nuevo.

- No… no es nada… es solo que estoy feliz… estoy demasiado feliz, te amo tanto Arthur, siempre te he amado, cada instante que hemos estado juntos han sido extraordinarios, me has hecho tan feliz… mas de lo que alguna vez soñé que seria, tú le diste sentido a mi vida, me has dado motivos para continuar, siempre has estado conmigo amor… siempre – Susurraba emocionada, acariciando el rostro de su esposo.

- Yo también estoy feliz… y te amo con toda mi alma… pero ¿Por qué lloras? Sabes que no me gusta verte llorar amor, jure que jamás dejaría que lo hicieras… - Decía cuando ella lo detuvo.

- Lloro de felicidad… esta bien llorar de felicidad, es maravilloso hacerlo… - Mencionaba cuando callo en cuenta que se estaba dejando llevar por sus emociones, se obligo a concentrarse, busco la mirada de su esposo y habla de nuevo - ¿Cómo te sientes? – Le pregunto, intentando ocultar sus nervios.

- Bien… bueno un poco confundido, pero me siento perfectamente ¿Por qué lo preguntas? Pandora te siento diferente mi amor… este lugar… - Una vez mas ella lo interrumpió.

- Estamos en América… logramos salir de Lancaster, viajamos por un par de meses hasta llegar aquí, hace dos días sufriste una caída y habías permanecido inconsciente… apenas despertabas unos segundos y te alejabas de nuevo… ¿Seguro estas bien? – Inquirió adoptado completamente el papel que había ingeniado para no alarmarlo.

- Si, estoy bien Pandora… no recuerdo nada de eso, siento… siento la cabeza como envuelta en una nube, todo esta demasiado borroso y confuso, imágenes que no logro entender… ¿Qué sucedió con los Mahler? – Pregunto mirándola a los ojos.

- Ellos… - La chica esquivo la mirada de su esposo – No sé nada de esas personas Arthur, supongo que siguen donde se encontraban… ya mi tío esta moviendo sus contactos en el Parlamento para que podamos recuperar lo nuestro, no debes preocuparte ahora por ello, solo debes descansar… debes estar agotado – Indico separándose de él y colocándose de rodillas sobre la cama, se disponía a salir cuando el joven la detuvo.

- Estoy perfectamente bien Pandora… - Menciono tomándola por el brazo con suavidad, deslizando sus ojos por el escote de la dormilona de su esposa – Quédate aquí conmigo… no es necesario que busques a nadie que me examine, si es lo que pretendías… solo necesito tenerte cerca, ven acuéstate a mi lado – Le pidió mirándola a los ojos, ella dejo ver una hermosa sonrisa y asintió en silencio acercándose a él, Arthur la rodeo con sus brazos estrechándola contra su cuerpo, deleitándose con la suavidad de su mujer – Siento como si hubiese pasado años sin tenerte así… sin sentir tu calor, ya no puedo vivir sin ti… eso dos días me parecen una eternidad – Susurro al tiempo que se aproximaba para besarla.

Pandora tembló ante el primer roce de sus labios, deslizo sus manos por la espalda del castaño y llevo una pierna para rodear la cadera de él, quien tomó esto como una invitación de su esposa y profundizo el beso, adueñándose de la boca de ella por completo, ahogando el gemido que la chica libero ante la invasión, coloco una mano en la parte baja de la espalda de ella y la aproximo hacia él para acortar la distancia que los separaba. De inmediato la sangre se encendió dentro de sus venas, sus corazones se volcaron en un ritmo acelerado y todo en ellos vibro ante las caricias que comenzaron a brindarse, esas que habían guardado por demasiado tiempo, ella consciente y él sin saberlo, pero con la misma ansiedad que los consumía. Arthur deslizo su mano por el cuello y la nuca de la chica para terminar encerrándola en el cabello castaño, sedoso y abundante de ella, sintiéndola estremecerse mientras su lengua hacia estragos en la boca de su mujer; Pandora imito el gesto de su esposo y llevo ambas manos hasta la cabellera castaña, perdiéndose en esta, entregándole con total libertad su cuerpo a él, el tiempo transcurrido ahora sencillamente parecía nunca haber existido, ella sentía como si jamás se hubiesen separado, como si todo no hubiese sido mas que un mal sueño, sin embargo el miedo latía dentro de ella, en un rincón apartado de su mente, pero allí estaba, advirtiéndole que no podía dejarse llevar, imposible de lanzar al olvido por completo.

- Arthur… amor… mírame – Le pidió entre jadeos cuando él libero su boca para llenar de besos su cuello y acariciar sus caderas. Hizo lo que le pedía tomándose unos segundos para besar con suavidad los labios de ella y mirarla a los ojos, ella dejo ver una sonrisa a la cual él respondió con una cargada de sensualidad y deslizo sus manos por una de las piernas de ella para comenzar a subir el camisón, ella se tenso sin poder evitarlo – Espera… yo… Arthur… - Esbozo sin saber que sucedía, su mente la estaba torturando, no podía desligar a Terruce de su esposo, no habían dudas que era al padre de su hijo a quien tenia junto a ella, pero solo estaba en esencia, este cuerpo seguía perteneciendo al actor y de continuar, seria él a quien se entregaría, no había sospesado esto cuando decidió invocar a su esposo – Pensaba, sin lograr concentrarse en este momento de intimidad que vivía.

- ¿Qué sucede Pandora? ¿En que piensas amor? – Inquirió él deteniendo sus avances, podía sentir que ella estaba lejana, como en otro lugar.

- Yo… no podemos… en este momento, no es adecuado mi amor… yo… - Intentaba explicar cuando él la detuvo, alejándose un poco de ella mientras la miraba a los ojos y se apoyaba en su codo, acariciándole la mejilla.

- ¿Estas indispuesta? – Pregunto besando los labios de su esposa con ternura – Si es así, podemos esperar… creo que resistiré una noche sin hacerte el amor, fue mucho mas tiempo después que nació Brandon… casi termino loco – Indico con una sonrisa que le iluminaba la mirada ante los recuerdos.

- Estoy bien Arthur… pero me preocupa que tú aun estés afectado – Contesto buscando salirse por la tangente, no podía comprender porque se sentía tan nerviosa, porque no solo cedía a esta necesidad que llevaba dentro de su cuerpo y le pedía a gritos darle a su esposo aquello que él deseaba, que no era nada mas que lo mismo que ella había anhelado tanto tiempo.

- Yo estoy de maravilla duquesa… y si me deja puedo demostrárselo esta noche – Expreso con una gran sonrisa, mientras se colocaba encima del cuerpo de la chica, para después darle un beso profundo y extraordinariamente sensual, robándole el alma en ese vaivén que marcaba su lengua dentro de la boca de ella, ahogado gemidos y suspiros.

Pandora sentía que no tenia fuerzas para resistirse a esta avalancha de sensaciones y emociones que Arthur desataba en ella, esa facilidad que la hacia rendirse a él tan fácilmente, se negó a seguir pensando, se negó a perder esta oportunidad de sentir lo que era ser amada, a ser deseada nuevamente, a ser una vez mas solo una mujer que necesitaba sentirse justamente así, a plenitud en los brazos del hombre que amaba… en este momento sentía que poseía un alma y un corazón y quería entregárselos a Arthur, aunque fuese solo una vez mas. Él la insto a hacerle espacio entre sus piernas con un movimiento constante y provocativo de sus caderas, sin abandonar un instante su boca, seguía succionando y presionado sus labios, mientras su lengua se paseaba con cadencia por cada rincón de la boca femenina, pudo sentir como ella se relajaba y se entrega a él, abriendo lentamente sus piernas para mostrarle ese camino al paraíso, no podía entender porque seguía percibiendo esta sensación de no haberla poseía en demasiado tiempo, hasta donde recordaba habían estado juntos… la noche después de la audiencia, en un afán por saber que aun la tenia junto a él, esa noche le hizo el amor con desesperación, con vehemencia, atormentado por la sola idea de perderla para siempre, de no contar con los medios para mantenerla a salvo y a su lado; cuando el amanecer llego ya había tomando la determinación de fugarse y buscar refugio en América hasta que pudiesen regresar o no, eso era lo de menos, no le importaba dejar todo abandonado con tal de permanecer junto a su esposa y su hijo, debía protegerlos, entregar su vida por ellos si era necesario. Después de eso no recuerda mucho mas… había un espacio en blanco hasta este momento, hasta hace algunos minutos cuando despertó junto a ella, quizás se debía al golpe, pero no se lo diría para no alarmarla, después de todo, ahora estaban juntos y lejos de aquellos que quisieron hacerles daño, no valía la pena torturarse con esos recuerdos y mucho menos arruinar un momento como este – Pensaba el joven, besando el cuello de su mujer, dejando que sus manos la despojaran de la delicada prenda de seda que llevaba puesta.

- Arthur… te extrañe tanto amor… - Esbozo ella sin poder evitarlo, perdida en los besos y las caricias que él le brindaba.

- Me alegra escuchar eso… aunque solo fueron dos días – Menciono con una sonrisa mientras deslizaba sus dedos por la piel tersa de su mujer, que se erizaba al contacto, llego hasta la cadera de ella y dejo libre un gemido de satisfacción al comprobar que ella no llevaba nada debajo de la dormilona, su mano viajo hasta el derrier para acariciarlo con posesión, luego viajo a su muslo de nuevo y desde atrás llevo un par de dedos para rozar el punto mas vulnerable en ella, ambos jadearon al instante – Amor mio… eres perfecta Pandora… me muero por hundirme en ti – Susurro contra los labios de la chica, sin dejar de acariciarla.

- Soy toda tuya… para que hagas lo que desees conmigo… ámame hasta que quedemos sin aliento mi vida, dame todo lo que llevas dentro… y recibe, toma de mi lo que quieras… quédate en mi piel, tatúame el alma y el corazón Arthur – Esbozo en el mismo tono de él, mientras sus manos buscaban el nudo de la bata.

Con suavidad comenzó a deshacerlo, retirándola por los hombros, sacándola del cuerpo de su esposo, deseaba sentir su piel, su calor, su olor; sus labios recorrieron el cuello de él, mientras sentía que la estaba llevando al cielo con ese movimiento que sus dedos hacían en su interior, apreciaba sus piernas tensarse, cada musculo hacerlo también, su corazón latía demasiado rápido, su respiración era agitada, los jadeos no se hicieron esperar, pero antes de alcanzar la gloria él se retiro dejándola completamente desamparada.

- Por favor… Arthur… - Susurro al tiempo que llevaba sus manos a los glúteos de su esposo y elevaba las caderas hacia él, presionado para conseguir alivio a esto que le robaba la cordura.

- Lo alcanzaras… junto a mi Pandora – Indico besando la mejilla de la chica y se incorporo para quedar de rodillas en medio de las piernas de ella.

Se quito con rapidez la bata mostrándose totalmente desnudo ante la mirada ansiosa de su esposa, después deslizo ambas manos por las piernas de ella, deteniéndose en sus rodillas unos segundos, regalándole una hermosa sonrisa que lo hacia lucir arrebatadoramente sensual, le abrió las piernas un poco mas y continuo esta vez por la sensible piel interior de sus muslos, sintiéndola estremecerse ligeramente, sus ojos viajaron por la figura de la chica, aun llevaba el camisón y eso le impidió deleitarse con sus senos, pero no por mucho tiempo, con suavidad y decisión al mismo tiempo lo tomo entre sus manos haciéndolo un montón para sacarlo por la cabeza de la chica, atrampando sus labios con lentas y húmedas succiones, solo un instante hasta de hacer que se tendiese de nuevo sobre la cama. Ella ya no era consciente de nada mas que no fuese su esposo, ya no recordaba lo sucedió, ni el odio y el dolor que por tanto tiempo domino su vida, ni siquiera que habían pasado casi dos siglos desde que todo se derrumbo, lo tenia a él, de nuevo lo tenia a él y lo demás sencillamente no importaba; su corazón cantaba de felicidad, su cuerpo vibraba lleno de sensaciones, su alma danzaba colmada de emociones… estaba viva, él la hacia sentirse viva.

Él besaba el cuerpo de la chica con amor, ternura y pasión, sus labios recorrían el cuello, los senos, su estomago, su vientre, al tiempo que sus manos seguían acariciando cada rincón de aquellos lugares a los cuales sus labios no había llegado, procurando no rozar su intimidad para evitar que ella saliese volando sin llevarlo a él, sus labios siguieron su camino hacia el sur de su esposa, tomándola por las caderas la elevo, se dejo caer tendido sobre su estomago y coloca la piernas de ella por encima de sus hombros para después hundirse en ese lugar de su esposa que lo enloquecía, ese de cual nunca se saciaba. Ella dejo libre un jadeo por la sorpresa y la ola de placer que la barrio completamente, cerró los ojos y se aferro con fuerza a las sabanas, hundiendo su cabeza entre las almohadas, se arqueo en un movimiento espontaneo brindándole a él mayor libertad, su cuerpo comenzó a temblar y se pinto de un tenue carmesí, su pecho subía y bajaba muestra de su respiración acelerada.

- Arthur… no puedo mas… por favor… ven conmigo – Rogo con la voz ronca, apenas un murmullo, mientras sus manos viajaban a la cabellera castaña de su esposo, abrió los ojos y la imagen de él completamente perdido en su lugar mas intimo fue como un tornado haciendo girar miles de emociones dentro de su ser.

Con los ojos cerrados y sus labios paseándose por cara rincón de la intimidad de ella, apenas pudo escuchar las palabras de Pandora, cada palpitación que ella le brindaba era un aliciente para continuar llenándola de placer, sumergiéndose en ese exquisito lugar que era suyo, cada espacio en ella era absolutamente suyo, se lo había ganado con amor, con pasión y con ternura, saber que su esposa jamás estaría lejos de él o a merced de otro hombre, lo llenaba de satisfacción y felicidad; abrió los ojos clavándolos en los de ella, quien lo miraba mientras bebía de su centro, eso lo excito aun mas y lo llevo a hacer sus movimientos mas lentos y sensuales, para que ella pudiese apreciar cuanto disfrutaba él de esto que hacia.

- ¡Amor! – Exclamo la chica sintiendo que no podía mas, al tiempo que cerraba los ojos con fuerza, y tiraba de las sabanas bajo su cuerpo.

Él se incorporo con rapidez colocándose de rodillas, elevo las piernas de ella apoyándolas sobre su pecho al tiempo que se hundía lentamente en su interior, sintiendo lo estrecha que estaba, esa maravilloso sensación de sentirse abrigado lo envolvió de inmediato, la calidez y la humedad que le permitía moverse con libertad dentro de su mujer, comenzó a marcar con sus caderas esa danza que los llevaría a los dos a tocar las estrellas, primero lento, muy suave, estremeciéndose junto a ella, llegando muy profundo para retirarse después hasta casi quedar fuera de su mujer y regresar hasta sentir que la llenaba por completo, sus movimientos cada vez eran mas intensos, mas profundos, mas rápidos, la escuchaba gemir y jadear, haciendo que sus deseos aumentase, todos acumulándose en esa parte de su anatomía que era ahora parte de la de su mujer; gotas de sudor caían de sus sienes y bajaban por su espalda, su abdomen se contraía ante cada embestida, no resistiría mucho mas.

Pandora ya no podía pensar, no habían pensamientos coherente en ella que pudiese esbozar, ni siquiera tenia voz, todo lo que podía hacer era sentir y se sentía de maravilla, cada penetración de Arthur era suave y contundente al mismo tiempo, lo sentía llegar tan profundo que todo su cuerpo temblaba y se arqueaba para recibirlo, él estaba aquí con ella, le estaba haciendo el amor, entregándose a ese sentimiento que los había mantenido unidos; no pudo contener las lagrimas que colmaban sus ojos, las dejo correr, estas bajaron por sus sienes para ir a morir en las almohadas bajo su cabeza, humedeciendo sus cabellos que ya se encontraban así por el sudor que la bañaba, abrió los ojos para ver a su esposo.

- Te amo Arthur… te amo… - Susurro mirándolo, le extendió una mano – Ven, abrázame, bésame por favor… - Agrego con la voz ronca, luchando por no romper a llorar.

Él besaba el tobillo de su esposa, manteniendo el ritmo de sus caderas cuando escucho sus palabras, abrió los ojos y los fijó en ella, sintió su corazón contraerse de dolor al ver la pena reflejada en el semblante de ella, estaba llorando… - ¿Por qué lloraba? – Se pregunto en pensamientos y de inmediato deslizo con suavidad las piernas de su mujer a ambos lados, manteniéndose en medio de estas y unido a ella, se tendió sobre su cuerpo apoyándose en los antebrazos, la miro a los ojos y la beso con suavidad en los labios.

- ¿Qué sucede Pandora? Algo esta ocurriendo, dime que es por favor – Susurro y su voz mostraba la pena y el desconcierto.

- Nada… no es nada mi amor… es solo que… me siento un poco abrumada por todo lo que hemos vivido… pero eso ya no importan, estamos juntos… estas aquí conmigo y te quedaras para siempre, ya nada podrá separarnos Arthur, te lo juro mi amor… te juro que estaremos juntos por la eternidad – Contesto acariciándolo, no podía dejar de llorar, aunque luchase por hacerlo, no podía.

- Yo también te lo juro Pandora, jamás te dejare sola… nunca mi amor, te amare incluso mas allá de esta vida… te amare siempre hermosa, siempre – Susurro contra los labios de la chica.

- Hazme el amor Arthur… no te detengas… por favor, hazme volar contigo mi amor, solo contigo – Le pidió abrazándolo con fuerza y busco los labios de su esposo para perderse en estos, para llenarse de seguridad, para saberlo allí junto a ella.

Arthur se dejo llevar y le entrego a su mujer aquello que le pedía, acomodándose se fundió en ella con urgencia, con pasión, con lujuria, dejando libre esas ansias que lo volvían loco cada vez que la tenia bajo su cuerpo, desnuda y entregada por completo a sus deseos, una vez mas sus caderas adoptaban ese ritmo constante que ella acompañaba a la perfección, el roce de sus senos tan suaves, llenos, cálidos, sus piernas que temblaban y lo envolvían exigiéndose cada vez una mayor cercanía, sus labios que lo besaban una y otra vez, seduciéndolo hasta volverlo loco, todo pensamiento coherente lo abandono, comenzó a gemir con fuerza sintiendo como ella lo presionaba. Pandora se lanzo a la corriente y dejo que la arrastrase hasta el mar de emociones y sensaciones placenteras que la mecían como un barco en una tempestad, ese mar era Arthur, él tenia la fuerza de mil mares y la azotaba con todo su poderío, la envolvía, la elevaba, la lanzaba al aire y la tomaba de nuevo entre sus brazos, haciéndola girar en volteretas tan alto que el cielo no era ni siquiera el limite; el orgasmo fue tan extraordinario que su garganta se desgarro con el grito que salió desde lo mas profundo de su pecho, algo dentro de ella se rompió y su alma se libero, ya no había mas frio, ni oscuridad.

Él pudo sentir como ella se iba y aunque se había propuesto hacerlos juntos, su mente aun se encontraba nublada por todas esas sensaciones contradictorias que le produjeron ver a Pandora tan frágil, tan indefensa y aturdida, sentía la necesidad de liberarse él también, pero sus pensamientos le impidieron enfocarse; le permitió que se recuperara del clímax a donde la había llevado el placer, pero mantuvo sus movimientos constantes dentro de ella, sentía que necesitaba mas, necesitaba de esa locura y ese desenfreno que poseían minutos atrás, se incorporo dejándose caer sentado sobre la cama al tiempo que la tomaba a ella por la cintura para colocarla sobre él, sentados mirándose a los ojos, comenzó a besarla con premura, con ardor, sus manos se apoderaron del derrier de la chica para mantenerla allí mientras él la llenaba de nuevo, entrando con suavidad pero llegando hasta el fondo, estremeciéndose una vez mas, jadeando en el oído de su mujer. Pandora se acomodó para hacer que la posición fuese más cómoda, apoyando sus pies en la cama y apenas recargando su peso sobre Arthur, podía sentir cierta tensión en él, se negaba a dejar que el temor arruinara este momento así que creando una barrera entre sus miedos, se entrego a él y a eso que ambos deseaban; comenzó a moverse sincronizándose con su esposo, acariciándole el cuello, la espalda, besándolo con pasión, enredando sus manos en el cabello castaño, gimiendo cada vez que Arthur le acariciaba los senos y cuando movía sus caderas con repentina fuerza, o en este preciso instante que succionaba su pezón con suavidad y constancia, mientras un dedo llegaba a su centro y rozaba ese punto en ella que temblaba a cada roce y la hacia jadear.

- Vuela conmigo Pandora… una vez mas mi amor… ven conmigo – Susurro pegando su frente a la de ella, mientras la miraba directamente a los ojos.

- ¡Si, oh si, Arthur! – Exclamo aferrándose a él con fuerza, mientras temblaba integra, sin aliento, estallando en mil pedazos, sintiendo como la cálida esencia de su esposo se derramaba dentro de ella, como su hombría palpitaba una y otra vez en su interior.

Él atrapo la boca de ella en un beso desesperado, amarrándola con sus brazos, sin dejar de moverse un solo instante, ahogando ese gemido profundo y ronco que desgarro su pecho, cerró los ojos y tembló cuando se desahogo dentro de ella con fuerza, una serie de espasmos que no pudo contar y que lo hicieron sentir que se vaciaba por completo. Un minuto después abrió los ojos parpadeando un par de veces, su cuerpo estaba bañado en sudor, sentía que aun era recorrido por estremecimientos, se sentía débil, agotado, sus músculos laxos, ella seguía besándolo con ternura, rozándole la espalda con los dedos, manteniéndolo aun en su interior.

- Te amo Pandora Gallagher – Susurro buscando la mirada de la chica, tomando su rostro entre las manos y besando los labios con suavidad, apenas ronces.

- Te amo Arthur Gallagher… eres mi vida… eres toda mi vida – Menciono con la voz ronca y después le regalo una hermosa sonrisa, lo abrazo de nuevo con fuerza.

Momentos después se encontraban acostados en la cama, unidos en un abrazo, hablando de su tiempo de novios, de su pasado, de ese que ella sabia que era mas lejano de lo que él imaginaba, no quería pensar en eso pero le era imposible no hacerlo, su realidad no era esta y lo sabia, aunque luchase por aferrarse a esta con todas sus fuerzas, debía dejar ir a Arthur, había hecho una promesa… la había hecho y debía cumplirla. Sin embargo aun quedaba noche por delante y aunque fuesen unas horas, haría que fuesen eternas para grabarlas en su memoria, para poder continuar sabiendo que aun podía salvarse y volver a estar con su familia, debía continuar por ellos.

Las caricias una vez mas despertaron sus cuerpos y ellos se dejaron llevar por la pasión y el deseo, hicieron el amor esta vez con menos premura que la anterior, animándose a participar por igual en este intercambio, esta vez fue el turno de Pandora para recorrer con sus labios el cuerpo de su esposo, para amarlo tal como él lo había hecho con ella, sin cohibirse un solo minuto, entregándole todo porque así lo deseaba. Él se desvivió en ternura para con ella, pero también fue apasionado, dejando libre esa lado salvaje que poseía y que sabia a su mujer le encantaba, sintiéndose poderoso cuando ella le rogaba por mas placer, él apenas se quedo dormido un par de horas, mientras ella lo admiraba embelesada por la belleza de su esposo, quien una vez mas despertaba para amarla y la cama se volvió un mar de sabanas blancas donde sus cuerpos naufragaron mas de una vez.

Los primeros rayos de sol los sorprendieron en la tina, después de hacer el amor y quedar exhaustos, jadeantes y cubiertos de sudor, él sugirió que se bañasen juntos antes de descansar, ella acepto de inmediato pues le encantaba estar hacia con Arthur; con el agua cubriendo parte de sus cuerpos, los ojos cerrados, completamente saciados después de esa noche de lujuria desenfrenada, ahora descansaban, ella apoyando la espalda en el pecho de su esposo, mientras él la rodeaba con sus brazos.

- El agua se puso fría ya… será mejor que regresemos a la cama o terminaremos resfriándonos – Indico él acariciándole el cuello.

- ¿Estas cansado? – Inquirió ella llevándose una mano de él a los labios para besarla.

- Algo… pero ¿Por qué la pregunta duquesa? ¿Acaso tiene alguna idea en mente? – Pregunto en tono sugerente mientras le acariciaba un seno.

- ¡No! – Exclamo riendo – Duque se ha vuelto usted un hombre insaciable – Acoto volviéndose para mirarlo, él solo se encogió de hombros y le regalo una hermosa sonrisa – Mejor vayamos a dormir... necesitas descansar – Indico moviéndose para quedar frente a él.

- Si sigues mostrándome tu cuerpo de esa manera… dudo mucho que te deje dormir en días – Menciono mostrando un brillo intenso en sus hermosos ojos zafiros.

- ¡Arthur! – Lo reprendió pero sonreía, alejándose cuando lo vio acercarse.

Él la atrapo con sus brazos y la beso con suavidad, ahora los dos reían como esos jóvenes que eran, llenos de felicidad y de amor, lejos de todo aquello que pudiese lastimarlos. Al final ella logro convencerlo de irse a dormir, él se notaba agotado y sabia que debía apresurarse a dormirlo de nuevo, antes que el hechizo pasase, esto era solo temporal y no sabia con exactitud si faltaba mucho para que terminase, le dolía dejarlo ir… pero no podía retenerlo.

Se quedo mirándolo por minutos que no pudo contar, aferrándose a cada recuerdo vivido horas antes, dejando que las lágrimas corriesen por sus mejillas, sintiendo que el dolor regresaba de nuevo a ella y esta vez con mas fuerza, sintiéndose completamente perdida, desamparada y vacía, lo único que le daba aliento para continuar era cada respiro de Arthur y ya no lo tenia a él, ya no estaba… no era quien dormía a su lado, aunque lo hubiese sido hace solo instantes atrás, ya no tendría todo aquello que fue suyo, ya ni siquiera era ella misma y no podía hacer nada para regresar el tiempo, para reparar los errores… tampoco podía mantener a su esposo engañado, decir que haría el conjuro indeleble en él era imposible, notaria que todo había cambiado, preguntaría por su hijo… - Se llevo las manos a la boca para ahogar los sollozos mientras temblaba, la realidad ahora era mucho mas cruel de lo que fue antes.

Se coloco de pie dejando al joven profundamente dormido, ya la esencia de Arthur lo había dejado, podía sentirlo, su corazón lo reconocía y podía perfectamente diferenciarlos a uno del otro, Terruce era un hombre maravilloso, pero no era su esposo y por mas que ella desease continuar con esto no podía hacerlo, la ausencia de Arthur era su condena y no había nada que pudiese hacer para evitarla, era el precio a pagar por todo lo que hizo; se coloco el salto de cama y se encamino hacia las puertas que daban a la terraza, las abrió y salió al exterior, una fría corriente de aire la envolvió por completo una vez afuera, sin embargo eso no le importo en lo mas mínimo, no podía enfermarse, no podía morir… no podía ser libre y terminar con todo esto, este era el infierno, este y no otro. Su llanto ahora se hizo mas profundo y doloroso, amargo como la hiel, las lágrimas le quemaban las mejillas… ¿Qué había hecho? ¿Por qué se dejo llevar por un sueño? Ese que ahora se había convertido en una pesadilla – Pensaba mientras su mirada se perdía en el océano frente a ella.

- Creo que es mejor despedirte de tu esposo con este recuerdo, que con aquel que conservabas – Se dejo escuchar una voz tras ella, era Gardiel… su voz era ronca, distinta.

- No deja de ser doloroso… jamás lo tendré de nuevo… me lo advertiste y sin embargo me negué a aceptarlo – Confeso sin volverse a mirarlo.

- Pandora… yo… no entiendo muy bien eso de los sentimientos de los humanos, pero los años que llevo caminando por la tierra me ha demostrado que ustedes se empeñan en anhelos imposibles, luchan sin descanso por alcanzarlos… y cuando lo hacen entonces se lastiman al ver que no eran lo que esperaban, pero tu caso es distinto… has encontrado aquello que deseabas, al menos por una noche… - Su voz se detuvo.

- Una que conservare mientras siga vagando errante por la tierra… no puedo hacer nada mas Gardiel lo sabes, pero me duele saber que todo lo que tuve ya no esta… si tan solo pudiera resignarme como hicieron otras, si mi corazón acallara este amor que me llena y me consume al mismo tiempo… si pudiese olvidar… pero no puedo hacerlo, es algo que me sobre pasa, que no esta en mi, que no puedo controlar… - Su voz se quebró llena de dolor e impotencia.

- Falta poco… muy poco Pandora, has recorrido tanto, no puedes derrumbarte ahora… sabia que todo esto nos traería problemas, no debí dejarte venir hasta aquí y encontrar a ese muchacho, él ha movido demasiadas cosas en ti… si no hubiese existido… - Decía molesto.

- No… no es culpa de Terruce, esto esta dentro de mi Gardiel, soy yo la culpable, es mío el dolor y la condena, él solo… él solo me dio la oportunidad de tener a mi esposo junto a mi una vez mas, jamás tendré como agradecerle… debes ayudarme a reunirlo con esa chica… con Candice, él la ama aunque se lo niegue, esta preso por la obligación que tiene con Susana Marlowe, no es justo que se condene a una vida como la que le espera de seguir con esa maldita manipuladora… de esta me encargare yo, pero con Candice es diferente, no quiero acercarme a ella, puede ser peligroso si Hazazel se entera, lo sabes – Indico mirándolo a los ojos, estos lucían distintos, mas oscuros y opacos.

- Cuidado con lo que planeas hacer con Susana Marlowe, no vale la pena que te condenes por algo que no te incumbe, en cuanto a la chica esta protegida… es un poco absurdo todo esto, me estas pidiendo que ayude a ese hombre a recuperar un viejo amor… después que paso toda la noche contigo y te tomó a su antojo – Menciono con amargura y desprecio.

- No era él… lo sabes, era la esencia de Arthur – Indico ella arrastrado las palabras, no le gusto el tono que utilizo el hombre.

- ¡Era su cuerpo, no olvides eso! – Exclamo dejándose llevar por la rabia.

- ¡Era mi esposo! ¡Al hombre que amo, al único que he amado siempre, tampoco lo olvides tú! – Grito con lagrimas en los ojos y agitada por la rabia.

Un tirante silencio se apodero del lugar mientras ellos se miraban a los ojos en franco desafío, sus respiraciones aceleradas, el rencor que ardía entre ellos los había esculpido en granito, él reprochándole claramente lo sucedió y ella dolida por esos reclamos sin razón que le hacia. Fueron sacados de la elipsis por el sonido de unas palmadas cerca de ellos, sus miradas volaron de inmediato hasta el lugar de donde provenían.

- ¡Vaya! Jamás imagine ver un espectáculo de este calibre… una patética pero impecable actuación Gardiel – Menciono el caballero vestido de negro mientras se acercaba con una sonrisa a ellos y los miraba fijamente.

- Hazazel – Esbozo el ángel entre dientes, clavando su mirada furiosa en él.

- ¿Qué haces aquí? ¿Cómo lograste entrar? – Pregunto Pandora alarmada, sin poder creerlo.

- Como siempre hago mi querida pupila… aunque si lo dices por la cantidad de sellos que colocaste en las puertas y las ventanas déjame decirte que no te sirvieron de mucho… no tienen fuerza si tú no la tienes… y mira que te lo advertí niña estúpida, entre mas cerca estés de lo que eras… mas te debilitas – Indico mirándola con rabia y movió sus dedos ligeramente.

- Yo… - Intento hablar pero comenzó a sentir que sus pulmones se cerraba y su corazón latía lentamente, un latido sumamente doloroso, se llevo una mano al pecho, liberando un jadeo.

- ¡Suéltala! – Grito Gardiel lanzándose hacia el demonio, al percatarse de lo que este hacia.

- ¡Gardiel no! – Exclamo ella recuperando el aire, aterrorizada ante la idea que su amigo pudiese salir lastimado, corrió hasta donde estos se habían estrellado contra una pared.

- Quítame las manos de encima… o te hare pedazos en un abrir y cerrar de ojos - Lo amenazo Hazazel, empujándolo con fuerza.

- Sabes que puedo destruirte con un movimiento, no me provoques miserable demonio – Le advirtió este señalándolo con un dedo.

- ¡Ya basta! Por favor Gardiel… las cosas no pueden ser así, por favor – Le suplico mirándolo a los ojos, mientras lo tomaba por el brazo.

- Así que te has convertido en el nuevo juguete de Pandora – Dijo el demonio con una carcajada – No conocía esos dotes tuyo querida… habías seducido a muchos hombres y los habías destrozado con magnificencia, pero esto… esto sencillamente sobrepasa cualquier cosa – Esbozo en medio de una risotada señalándolo – Espera tengo una curiosidad… ¿Qué piensan hacer con el infante ese que tienes en tu habitación? ¿Lo utilizaras una vez más para que sea la armadura de tu ingenuo esposo o cuando despierte le propondrás hacer un trio contigo y el angelito? – Inquirió con un brillo malévolo en los ojos.

- ¡Cállate Hazazel! – Le grito llena de rabia y esta vez no pudo evitar darle una bofetada.

- No me toques maldita traidora – Le dijo tomándola por las muñecas con fuerza.

- ¡Ya es suficiente! – Exclamo Gardiel empujando al demonio y estrellándolo contra una pared que se resquebrajo, sus ojos se habían pintado de un azul intenso y sus pies no tocaban el suelo, Pandora intento sujetarlo pero su cuerpo era como hierro ardiente y la quemo.

- Vamos… ven y acaba conmigo Gardiel, hazlo y el alma de tu hermosa amada se ira conmigo a lo mas profundo del infierno – Indico de manera triunfante, mientras sonreía tirado en el piso.

El ángel se quedo estático mirándolo a los ojos, lleno de odio y desprecio por ese ser que tenia cautiva a la mujer que amaba, sabia que tenia razón, que no podía acabar con él en este instante, aun Pandora no había liberado su alma de ese pacto diabólico que la mantenía atada a las sombras y la condenaban al infierno.

- Suponía que entrarías en razón… eres tan conmovedor, abandonando tu deber de hacer justicia por mantener a salvo a una simple niña… bueno no tan niña verdad, eso pudiste comprobarlo anoche y tampoco simple, conozco a muchas mujeres que matarían por tener sus dotes… lastima que no pude recrearme tanto como tú – Agrego haciendo su sonrisa mas amplia y desvió su mirada a Pandora quien lo veía asombrada, se encogió de hombros.

- Cállate miserable… serpiente, alimaña… solo te regodeas en sembrar la cizaña – Menciono mirándolo a los ojos con rabia.

- ¿Acaso miento? ¡Por favor, vamos cuéntale! ¡Dile como lloraste anoche como un pobre cabrón mientras escuchas los gritos de placer que ese chico le arrancaba! Claro eso lo hiciste después que dejaras de mirar, apreciando la rabia crecer dentro de ti porque sabes que jamás sentirás algo así, deseando ser el actor, que bajo has caído Gardiel… te mostraste como un vulgar pervertido… - Decía cuando el ángel lo silencio dándole un golpe en el pecho.

- ¡Que te calles te dije! – Le grito empujándolo una vez más y sus ojos estaban húmedos.

- ¿Gardiel…tú…? – Ella no pudo concretar la pregunta, la mirada atormentada del ángel le dio la respuesta, se llevo las manos a la boca para ahogar un sollozo.

- Yo solo… quería cuidarte… no pretendía estar aquí… ¿Crees que soy un masoquista o que me complacía permanecer en este lugar? Mientras tú y ese joven… - Se detuvo cerrando los ojos para sacar de su cabeza los recuerdos que le dolían, respiro para continuar - Mientras dejabas que él desahogara en ti toda esa lujuria que te condenara aun mas… no me quede… - Intento excusarse pero ella no lo dejo continuar, se sentía traicionada, humillada.

- No digas una palabra mas… ninguno de los dos… ¡Esto se acabó! El juego termino y pueden irse y pudrirse donde mas les plazca… no los quiero cerca de mi a ninguno de los dos ¡Esta es mi maldita vida y hare con ella lo que me venga en gana! – Le grito hecha una furia, mirándolos con odio y desprecio, se encamino al interior de la casa con pasos enérgicos.

Los dos caballeros se quedaron allí sin poder hacer nada, no comprendía como ella podía dominarlos de esta manera, ambos estaban dolidos y llenos de rencor por lo sucedido la noche anterior, no solo Gardiel había sido testigo de la entrega y el amor que ella le profesaba a Arthur, también Hazazel lo había vivido y su dolor solo podía aliviarse haciéndole daño a quien encontrara en su camino, pero mejor aun si podía hacerlo a quien la había alejado de él, ya sospechaba la relación de Pandora con otros entes espirituales, pero jamás pensó que seria un ángel y precisamente este, a quien tanto odiaba. Los ojos de ambos la siguieron hasta la puerta, la vieron abrirla sin quiera tocarla y después cerrarla tras ella de igual manera, sin volverse a mirarlos. Se miraron mostrando el desafío y se esfumaron, mas sin embargo ninguno de ellos abandono el lugar, se mantuvieron a la espera de lo que pudiese ocurrir.

Ella entro a la habitación sintiendo completamente devastada, ya no podía confiar en nadie, Gardiel solo se había acercado a ella por una enfermiza obsesión, no pensó en ayudarla sin recibir nada a cambio, tenia unos objetivos muy claros… no podía alegar que Hazazel no nos tuviese, pero en todo este tiempo supo mantenerlos bien ocultos y respeto su espacio, sin embargo ahora los dos habían profanado su intimidad, irrumpiendo en ese espacio sagrado que solo era de ella y Arthur, eso jamás se los perdonaría – Sus ojos captaron la figura de Terruce que descansaba entre las sabanas, estaba profundamente dormido, ajeno a todo lo que sucedió momentos atrás para su suerte - No quería involucrarlo en todo este desastre, debía mantenerlo alejado de sus enemigos. Con esa idea se encamino hasta el lecho, usando sus poderes lo vistió de nuevo con su ropa, susurrando unas palabras en su oído para mantenerlo profundamente dormido, lo coloco de pie, abrazándolo para mantenerlo pegado a su cuerpo, le acaricio el rostro con ternura, pensando que debía protegerlo, era lo único que importaba ahora, lo demás podía esperar, ya vería que hacer con esos dos, una densa neblina los envolvió y segundos después habían abandonado el lugar.

Continuara…