Disclaimer: Los personajes de la saga Harry Potter no nos pertenecen. Esto, desgraciadamente, incluye a Severus. Sin embargo, estamos convencidas de que Severus ya no es de quién le creó, sino de quienes más le necesitamos ;)
Nota de autoras:
Ya estamos aquí una semana más, dispuestas a abriros nuestros delicados corazones y contaros toda la verdad sobre las más que tristes experiencias que hemos compartido con Severus.
Recordaréis que le dejamos bastante ilusionado con una cita "romántica" con una "preciosa" desconocida. En cambio nosotras estábamos casi rozando la desesperación. Está bien, no la rozábamos, estábamos desesperadas en pleno, así que sólo se nos pudo ocurrir llevar a cabo una idea desesperada.
Pero no os entretenemos más y vamos a dejar que juzguéis por vosotros mismos qué os parece la (para nosotras) muy censurable actitud de Severus.
Os esperamos al final del capítulo para intercambiar impresiones.
ItrustSeverus / Snape's Snake
Nuestra más sincera gratitud para NatWizard, Sely Kat, Hareth, Pandora0000, silkie, Herla-King y Lupita. Snape, que nos han obsequiado amablemente con sus comentarios :)
Capítulo 6. La cita
—¡Tenemos que sabotearle la cita! —gritó Itrust, segundos después de que Snape saliera por la puerta de la calle, emperifollado y con dos litros de colonia de hombre rociados por todo su cuerpo—. He memorizado la dirección, sé a dónde va.
—Ay, no sé… a mi me da cosica. El pobre está tan ilusionado que parece un crío con zapatos nuevos.
—Es que lleva zapatos nuevos, se los compramos nosotras, ¿recuerdas? Con nuestros escasos ahorros. ¿Y para qué? ¡Para que se vaya a estrenarlos con una fulana cualquiera!
—Vale, da bastante rabia, tienes razón, pero es que… ya has oído lo que ha dicho. Ni siquiera sabe si ha echado un polvo alguna vez, ¿no te parece muy triste que no sepa algo así?
—Tristísimo, pero también me parece muy triste que hagamos real a nuestro personaje de ficción favorito, le mantengamos bien alimentado, libre de preocupaciones, relajado e impecablemente arreglado y el tío se largue con otra a beneficiarse de nuestros esfuerzos. ¿O no tengo razón, Snake's?
La chica, buscando apoyo en su razonamiento, se giró hacia su amiga, que llevaba un buen rato callada, pero sólo recibió un escueto:
—Mmhh…
—¿Y a esta qué le pasa? —preguntó Corza, extrañada.
—Creo que se ha quedado un poco p'allá con la vena ligona que le ha salido a nuestro amigo Casanova.
—Bueno, a ninguna nos ha hecho gracia, la verdad, al menos a mí no…
—¡Por eso tenemos que estropearle la velada!
—No, eso no nos da ningún derecho a impedir que el pobre se desfogue un poco, al fin y al cabo, acaba de pasar por un trauma terrible y, dadas las circunstancias, se puede decir que lo ha llevado bastante bien. ¿A ti cómo te sentaría que te dijeran que tu mundo no es real?
—Él no tiene ninguna consideración con nosotras, ¿por qué habríamos de tenerla con él? Restregándonos su ligue por la cara, dejando que le llame por el nombre mientras a nosotras nos hacía llamarle por el apellido, diciéndole "preciosa" con todo el descaro… ¡yo quiero que me llame preciosa a mí! —concluyó, dando un pequeño saltito frustrado en el sitio.
—¡Y yo también! —saltó entonces Snake's, con voz áspera, sorprendiendo a las otras dos con su vehemencia—. Me encantaría que lo hiciera, pero eso no va a cambiar el hecho de que seguirá haciendo lo que le dé la real gana. Por eso creo, más que nunca, que debemos devolverle a su mundo. Él no es así, nunca ha sido así. ¿Un Snape ligón? ¿Dónde se ha visto eso? La cosa se nos está yendo de las manos, y tenemos que ponerle fin a esta locura.
—Vale, propongo que le saboteemos la cita y después pensemos en cómo devolverle a su mundo.
—No —la atajó Snake's, antes de que Corza protestara—, no le vamos a estropear el ligue. Dejaremos que… se desfogue, como ha dicho Corza antes —Snake's hizo una mueca de disgusto y, con gran esfuerzo, siguió hablando—. No me hace ninguna ilusión imaginarle con otra, es cierto, pero sería una gran crueldad por nuestra parte no dejarle disfrutar un poco mientras está aquí, sobre todo teniendo en cuenta que, en cuanto podamos, le vamos a devolver a una realidad muy poco atractiva para él, después de lo que ha vivido aquí. Sabéis que nos va a odiar mucho por hacerle esa putada, ¿verdad?
Sus amigas se miraron entre sí, algo acongojadas.
—Estoy de acuerdo contigo —dijo Corza y, tras una pausa vacilante, prosiguió—, aunque, estoy pensando… ¿qué os parecería que le siguiéramos esta noche?
Itrust y Snake's la miraron con los ojos como platos.
—¿Seguirle?
—¿Pero tú no eras la que no quería aguarle la fiesta?
—He dicho "seguirle", nada más —aclaró la chica—. Lo cierto es que tengo curiosidad por saber cómo es esa "preciosidad" que se ha ligado sin que nos hayamos dado cuenta.
—A eso no se le llama curiosidad, se le llama "morbo" —replicó Itrust.
—Lo que sea, ¿lo hacemos?
Las otras dos vacilaron unos instantes. Por un lado, todas se sentían igual de intrigadas por ver cómo se las apañaba el hombre en un encuentro romántico, pero por el otro, no estaban seguras de poder soportar, estoicamente y sin saltarle al cuello con los colmillos por delante, el ser testigos de cómo le hacía carantoñas a otra mujer. No, Snake's estaba segura de que no lo soportaría.
—No, no —dijo, hablando como la voz de la razón—. No podemos hacer eso. Se merece un poco de libertad, ha estado atrapado durante demasiado tiempo en los libros. Dejémosle que se lo pase bien esta noche y aprovechemos que no está para pensar cómo devolverle a su mundo.
Corza suspiró profundamente, resignada.
—Está bien, tienes razón, deberíamos aprovechar el tiempo, ahora que podemos actuar sin disimulos. ¿Dónde está el pen drive?
—Un momento, un momento —interrumpió Itrust—. Creía que ya habíamos decidido no estropearle la noche, ahora sólo estábamos hablando de ir a ver su cita. Y yo, si he de decir la verdad, creo que no voy a poder dormir en dos semanas si no aprovechamos esta ocasión única para verle ligar. Así que vosotras podéis quedaros aquí pensando en ello una y otra vez y sin poder concentraros en nada útil, si queréis, pero yo me voy a la Calle Almendro Florido número 13 a espiar a nuestro mago.
OoOoO
—No sé cómo nos hemos dejado convencer —gruñó Snake's delante del local, sin decidirse a entrar— esto ha sido un grave error.
—Venga, no seas quejica —dijo Itrust, empujando la puerta de entrada sin ningún miramiento—. Sólo vamos a echar un vistazo, nada más.
Las tres entraron en el bar, que estaba escasamente iluminado, y empezaron a inspeccionar las mesas que había a la vista. Inmediatamente, se les acercó un empleado.
—¿Puedo ayudarlas en algo?
—No, gracias, estamos buscando a un amigo —dijo Itrust con soltura, y echó a andar hacia el interior, inspeccionando mesa por mesa.
Era un bar bastante grande y lleno de rincones semiocultos donde parejas consolidadas hacían manitas, parejas furtivas se refugiaban en las sombras y parejas en proceso se miraban, se sonreían e intentaban encontrar un tema de conversación en común.
De pronto, Itrust divisó una cabeza de pelo largo y negro y se sentó rápidamente en la mesa vacía más cercana. Sus amigas la siguieron en el acto.
—¿Qué? ¿Le has visto? —susurró Corza.
—Sí, está ahí, de espaldas. Dos mesas más allá.
Sus amigas miraron a dónde les indicaba y después agacharon la cabeza rápidamente.
—Está solo.
—Sí, parece que su cita se retrasa.
—Señoritas —interrumpió sus cuchicheos el camarero que se había dirigido a ellas al entrar—, ¿han encontrado al amigo que buscaban?
—¿Eh? No, parece que no ha llegado aún. Esperaremos aquí.
—Ejem… —el hombre carraspeó, incómodo— verán, es que, no sé si se habrán dado cuenta, pero este es un local exclusivo para parejas.
Las tres chicas se miraron algo confusas, habían estado tan obcecadas en su objetivo, que no se habían parado a pensar que su presencia allí estuviera fuera de lugar.
—Ehhh… por supuesto, ya lo sabemos —dijo Itrust con rapidez, poniendo un brazo en el hombro de cada una de sus amigas—, ¿y qué piensa que somos nosotras?
El empleado la miró perplejo.
—¿Un… trío?
—Exacto, ¿tiene algún inconveniente respecto a nuestras preferencias sexuales, o tendremos que denunciarle por discriminación?
El hombre frunció el ceño y dijo, no muy convencido:
—No, ningún inconveniente, en absoluto. Y entonces, ¿qué puedo servirles, señoritas?
—Tres cervezas —respondió Itrust, impaciente—, y ahora lárguese, queremos un poco de intimidad, si eso es posible en un local exclusivo para parejas.
El ceño del empleado se acentuó aún más, pero se marchó por fin, dejándolas solas.
—Tía, eres mi ídolo —dijo Snake's—. De verdad, chapó. Me admira cómo te has librado de ese pesado.
—¡Eh, mirad! —saltó Corza—. ¡Severus ya no está solo! ¿De dónde habrá salido?
—Estaría en el lavabo… —dijo Itrust, girándose de golpe para ver a la mujer— vaya, no está mal, ¿no?
—Mmhh… —gruñó Snake's, reticente.
La mujer en cuestión, que estaba de cara a ellas, era de unos treinta años, de pelo rizado y rubio y complexión menuda. Tenía unos ojos almendrados, no podían distinguir de qué color, y vestía un traje verde botella que las chicas pensaron que no podía ser más escotado.
—Pues no, no está mal… —confirmó Corza— de hecho, es bastante guapa. Creía que…
Dejó la frase inconclusa, pero las otras supieron lo que tenía en mente igual que si hubiera acabado de decirlo. "Creía que iba a ser más fea". Para ser sinceras, no entendían el éxito que había tenido Snape. No era un tipo guapo, ni mucho menos; si a ellas les gustaba era porque conocían bien al personaje… a la persona. Entendían las diversas características de su compleja personalidad y le apreciaban por todo lo bueno que había en él y que él mismo ignoraba. Le admiraban por su valentía, por su abnegación, por su lealtad, por su brillantez, por muchas cosas distintas que le convertían en un hombre atractivo a sus ojos. Pero la belleza interior no siempre es visible desde fuera, como ocurría en su caso. Y tampoco se podía decir que Snape fuera la simpatía personificada. Claro que quizás con aquella mujer hubiera mostrado únicamente su cara más amable.
—¿Y ahora qué hacemos? —dijo Snake's, que sentía que su mal humor iba en aumento—. Esto ha sido una pésima idea, no sé por qué te hemos hecho caso —concluyó, mirando a Itrust con aspereza.
—Ahora…
Lo cierto era que la chica ya no se sentía tan segura sobre qué hacer a continuación. Snape y la rubia estaban conversando tranquilamente en voz baja y ellas estaban demasiado lejos para escuchar lo que decían.
—Aquí tienen —intervino entonces el camarero, sobresaltándolas—, las cervezas que han pedido —y a continuación las fue dejando una a una sobre la mesa con tanta brusquedad que el líquido bailoteó peligrosamente cerca del borde de cada copa—. Que disfruten de su intimidad.
Y diciendo esto, dio media vuelta y desapareció por donde había venido.
—No me gusta nada el tonito insolente de este camarero…
—Quizá es que a él no le ha gustado como le has tomado tú el pelo antes… —sugirió Corza, divertida.
—Ya, bueno, pues ¿sabes qué te digo? Que…
—Basta ya, chicas, no hemos venido aquí a discutir sobre el camarero —la interrumpió Snake's, molesta—. De hecho, no sé por qué hemos venido aquí, así que me largo…
—¡Espera! —La detuvo Corza, sujetándola de la muñeca—. ¡Mira, le acaba de tomar de la mano!
La chica miró hacia la otra mesa. Era cierto, Snape había estirado el brazo para atrapar la mano de la mujer en la suya y en ese momento estaba utilizando la mano libre para apartarle un mechón de pelo de la cara y acariciarle seguidamente la mejilla.
—Vale, decididamente, me largo —saltó Snake's, pero justo cuando iba a levantarse de la mesa, Snape hizo lo propio unos metros más adelante y ella tuvo que sentarse inmediatamente de nuevo para evitar que la viera.
Sin embargo, el gesto fue en vano, porque el hombre se dio la vuelta y se dirigió directamente a dónde ellas se encontraban.
—Vaya, vaya, ¿qué me encuentro por aquí? —dijo en tono meloso, apoyando los puños sobre la mesa—. Tamaña casualidad veros por estos lares, señoritas.
—¿Cómo puedes haber ligado, hablando así? —preguntó Itrust, incapaz de contener su lengua.
—¿Y tú cómo puedes ser tan bocazas, después de haber sufrido varias veces las consecuencias de mis hechizos? —replicó amenazadoramente, entrecerrando los ojos. Después, pasando a un tono mucho más susurrante y sedoso, añadió—: Me gustaría saber qué hacen estos tres ratoncitos curiosos tan lejos de casa. ¿Es que acaso no saben que el gato se los puede comer?
—¿Soy la única que ha notado la altísima carga sexual que lleva esa frase? —murmuró Itrust, con un escalofrío.
Sus amigas la fulminaron con la mirada y Snape sonrió con malicia.
—Quiero que sepáis, ratoncitos, que sea lo que sea lo que os traéis entre manos, no vais a conseguir amargarme la noche.
—¡Pues yo quiero que tú sepas, gato malvado, que esto es culpa tuya, por no llamarnos preciosas a nosotras! —saltó Itrust, hablando sin pensar—. ¿Por qué tienes que ir a buscar una mujer a la calle para decirle galanterías cuando tienes tres en casa?
Corza y Snake's se quedaron completamente lívidas, tanto, que si las hubieran pinchado con una aguja, no habría salido sangre.
Snape contempló a la chica estupefacto.
—Así que se trata de eso… —murmuró— estáis celosas —y, como si acabara de caer en la cuenta de algo, prosiguió en tono mucho más irritado—. Claro, ya lo entiendo: habéis traído a vuestro mundo a un personaje que considerabais ficticio y ahora creéis que tenéis algún derecho sobre mí, que tengo que someterme a vuestra voluntad, que soy vuestra propiedad, una especie de… mascota, o algo así, con la que podéis hacer lo que os plazca, ¿no?
—No, no, no es eso… —protestó Snake's, pero Snape no la dejó proseguir.
—Ah, no, por supuesto que no —se mofó—. Quizá pensabais que sería fácil de doblegar, como una marioneta que pudierais mover al son de la música que más os placiera, pero si ése es el caso estabais muy equivocadas. Os habéis confundido de personaje, queridas, si buscabais un esclavo sin sesera deberíais haber invocado a un zoquete como Ronald Weasley o Gilderoy Lockhart y ahora tendríais un maleable muñequito a vuestra disposición.
—Hombre, la verdad es que no me hubiera importado que Ron… —empezó a decir Corza, pero se calló de golpe al ver la iracunda mirada que le dedicó el profesor.
—Permitidme que os aclare una cosa: aquí yo soy mi único amo y no voy a permitir que unas jovenzuelas impertinentes como vosotras me estropeéis la oportunidad de tener una noche salvaje con esta hermosa dama que…
—¿Qué estás haciendo, cuqui? —preguntó con voz de pito la hermosa dama en cuestión, que se había acercado a la mesa, con toda seguridad intrigada al ver a su ligue hablando con tres chicas—. ¿Son amigas tuyas?
Snape se incorporó de golpe y cambió de tono y de expresión a la velocidad del rayo, su voz sonando más sedosa y sensual que nunca.
—Oh, no, preciosa, sólo son mis… sobrinas.
—Ah… —murmuró, algo asombrada— tienes muchas sobrinas, ¿no?
—Tengo muchos hermanos —mintió él con desenvoltura.
—Pues qué coincidencia más mona que nos hayamos encontrado aquí, ¿verdad, cuqui? —dijo la mujer, ilusionada, juntando las palmas de sus manos frente a su pecho—. ¡Es divino cuando pasan estas cosas! ¿Por qué no os sentáis con nosotros y me habláis un poco de Severio? Él es tan reservado… no quiere hablar de sí mismo, hasta ahora sólo he hablado yo.
—¡¿QUÉ? ¡NO! —exclamó "Severio", alarmado—. Quiero decir que… ellas ya se iban, ¿a que sí?
—No, no —dijo Itrust—, creo que… —pero un rodillazo en la pierna por parte de su amiga la hizo callar de golpe.
—Esto… sí, la verdad es que sí —se apresuró a decir Snake's, que no tenía ningún interés en hacer de carabina—. Ya estábamos levantándonos para irnos.
—Pero si aún no os habéis acabado vuestras bebidas… —dijo la mujer, señalando las copas de cerveza aún llenas hasta el borde.
—Bueno, es que… —vaciló Snake's.
—Es que tienen prohibido beber alcohol y acabo de pillarlas infringiendo las normas —intervino Snape, con tono severo—. Voy a tener que hablar muy seriamente con vuestros padres.
—¡Oh, no las delates! —Terció la mujer, amablemente—. Todos hemos sido jóvenes alguna vez, ¿verdad?
—Si se largan ahora mismo de aquí —dijo él, mirándolas a las tres significativamente—, se ahorrarán tener que cargar con las funestas consecuencias con posterioridad.
—Ay, Severio, me encanta cuando hablas así. No entiendo la mitad de lo que dices, pero suena divino.
Las tres amigas contuvieron el impulso de poner los ojos en blanco.
—Bueno, tío Severio —dijo Itrust, viendo que así no iban a llegar a ningún lado—, vistas las "circunstancias", creo que lo mejor es que aceptemos tu trato. Siempre y cuando mantengas tu palabra de que no habrá "represalias" más adelante…
Snape compuso una sonrisa torcida antes de responder, con los ojos entrecerrados y voz profunda y aterradora:
—Oh, podéis confiar plenamente en vuestro tío, desde luego. Ya me conocéis…
Las tres chicas se sacudieron en un escalofrío y se levantaron de inmediato de sus asientos. Era increíble lo que esa sonrisa y ese tono podían hacer con sus nervios.
—Vale, pues… —empezó Corza.
—Sí, será mejor que vayamos pasando… —concluyó Snake's.
—Eh… sí —fue lo único que acertó a decir Itrust.
Y, sin añadir nada más, salieron las tres apresuradamente, deteniéndose sólo lo justo para pagar sus consumiciones.
OoOoO
—Era bastante… tontita, ¿no? —dijo Corza mientras se desplomaba en el sofá, rompiendo el silencio que se había instalado entre ellas desde que salieron del local.
Todas habían pensado lo mismo, pero ninguna se había atrevido a decirlo hasta ese momento.
—Pero parecía agradable —admitió Snake's a regañadientes.
—Sí… —terció Itrust— espero que se lo pase bien esta noche.
Snake's intentó fulminarla con la mirada, pero no le salió muy bien, ya que sus ojos reflejaban una difícil combinación de enojo, tristeza y resignación, y acabó por mirar hacia otro lado mientras se sentaba junto a sus amigas.
—Ya sabía yo que esto era una muy mala idea —dijo con amargura—. Ahora sabemos que su "preciosa" es preciosa de verdad y, encima, parece buena persona…
—Pero es tonta —insistió Corza, levantando un dedo en el aire como para darle más énfasis a su declaración.
—¿Y qué más da? No creo que esta noche vayan a tratar temas muy profundos cuando se revuelquen en la cama como animales —refunfuñó Snake's.
—Temas profundos quizá no, pero profundizar… seguro que sí, ya me entendéis —soltó Itrust.
Sus dos amigas, esta vez sí, le dirigieron una mirada asesina que le hizo tragarse la risa que intentaba asomarse a sus labios.
—No nos lo recuerdes, ¿vale? ¿O es que vas a decirnos que tú no estás rabiosa?
—Sí, claro que sí, pero pensemos en positivo: algo hemos ganado…
—¿Sí, el qué?
—Pues… ehhh… por ejemplo… ehhh… bueno, quizá mejor que miremos el pen drive, ¿qué os parece?
—Nos parece lo más sensato que has dicho en toda la noche —concluyó Snake's, levantándose para coger el lápiz electrónico.
Encendieron el ordenador e inspeccionaron el contenido del dispositivo, con lo que descubrieron que sí, los trozos que Snake's había copiado del tercer libro seguían allí, pero sólo hasta determinado punto de la historia. El último párrafo que hablaba de él era este:
"—¡Cohetes sorpresa! —dijo Dumbledore entusiasmado, alargando a Snape el extremo de uno grande de color de plata. Snape lo cogió a regañadientes y tiró. Sonó un estampido, el cohete salió disparado y dejó tras de sí un sombrero de bruja grande y puntiagudo, con un buitre disecado en la punta.
Harry, acordándose del boggart, miró a Ron y los dos se rieron. Snape apretó los labios y empujó el sombrero hacia Dumbledore, que enseguida cambió el suyo por aquél."
—De modo que le sacamos de allí justo después de la cena de Navidad —dijo Corza—. Pues ya sabemos por dónde empezar.
—¿Sabéis? —dijo Itrust, pensativa—. Esto sigue pareciéndome muy extraño. Si todos los libros han desaparecido porque la autora no los ha escrito, ¿cómo podemos recordar sus títulos y todo lo que pasa allí? Es un contrasentido.
—Eso es lo que pasa cuando juegas a alterar la realidad, todo se vuelve paradójico —contestó Snake's.
—Quizá lo que ocurre es que la autora sí que tiene en su mente la idea de cómo irá todo, por eso nosotras podemos recordarlo, porque en realidad ya está creado en su imaginación, o quizá incluso lo tenga escrito a grandes rasgos en alguna libreta suya, lo que pasa es que como Severus ha desaparecido para ella porque le tenemos nosotras, no puede acabar la novela para publicarla —sugirió Corza.
—Eso es aún más extraño.
—Es lo único que se me ocurre.
—Como sea, da igual —zanjó el tema Snake's—. El caso es que aquí tenemos todos los trozos del tercer libro en los que aparece Severus, con eso podrás escribir algo que le devuelva a su mundo.
—Bien… —murmuró Itrust, no muy convencida— entonces… estamos seguras de que eso es lo que queremos, ¿no?
—No me lo preguntes más o acabaré diciéndote que no, y eso no puede ser —contestó Snake's, con un ligero temblor en la voz.
—De acuerdo… pero si recordáis, llevo un tiempo muy poco inspirada… ¿y si no puedo escribir lo que necesitamos?
—Nosotras te ayudaremos.
—Sí, lo escribiremos entre las tres.
—Pues entonces, ahora que estamos solas, será mejor que empecemos con la historia.
Las otras asintieron y se dispusieron a pensar en cómo empezar a escribir el relato.
OoOoO
Pasaban las tres de la madrugada. Se les había hecho tardísimo y ni se habían dado cuenta, absorbidas como estaban en la elaboración de la historia que las separaría para siempre de Severus Snape.
Llevaban horas escribiendo, borrando, volviendo a escribir y volviendo a borrar. Les había costado bastante decidir por dónde empezar la historia, y también ponerse de acuerdo en todos los puntos que consideraban necesarios para que Snape volviera a su mundo, pero por fin tenían un primer borrador de lo que sería la historia definitiva, aunque todavía no sabían cómo terminarla.
Cuando alcanzaron un acuerdo en otro más de los puntos de discordia, Corza se echó hacia atrás en su asiento, estiró los brazos para desperezarse y bostezó sonoramente.
—Dios, qué cansada estoy, ¿qué hora es?
—Son las… ¡joder! ¡Qué tarde es! Mañana no vamos a dar pie con bola.
—Y éste aún no ha vuelto… —rezongó Snake's.
—Supongo que eso quiere decir que su cita ha ido bien.
—Ggmmff… —gruñó la otra.
—Oye, se me ocurre una cosa… —comentó Corza de pronto, pensativa— si tenemos que devolverle a su mundo, ¿no tendríamos que escribir la historia en inglés?
—¡Sí, hombre! Si piensas que ahora me voy a poner a traducir todo lo que hemos escr…
—No, pero piénsalo. Él es inglés y tenemos que devolverle a su mundo. Cuando ha aparecido en el nuestro, el pobre no tenía ni papa de su propio idioma. Tendría que estar escrito en inglés, ¿no?
Itrust se quedó estupefacta y miró a Snake's, esperando que ella le diera su opinión sobre el tema, pero la chica parecía extrañamente ausente y volvió a centrar la atención en su otra amiga.
—No se me había ocurrido pensarlo así, la verdad —calló unos segundos, reflexionando, hasta que al final, agotada y soñolienta, añadió—: Estoy demasiado cansada para seguir pensando en paradojas y todo eso. ¿Y si nos lo planteamos mañana? De todos modos, aunque decidiéramos traducirlo al inglés, lo mejor sería que primero lo tuviéramos escrito del todo en un idioma que dominemos más, ¿no te parece?
—Mmhh… puede que tengas razón —musitó Corza—. En fin, será mejor que nos vayamos a dormir.
—Sí, supongo que sí —Itrust bostezó también, contagiada por su amiga, expulsó el pen drive donde habían guardado el archivo con la historia y apagó el ordenador.
—Quizá mañana se nos ocurra un final apropiado.
—Eso espero.
—Oye, ¿y qué título le vamos a poner?
—Pues, en honor a nuestro querido profe, podríamos ponerle el que él sugirió…
—¿Eh?
—Sí, hombre, aquello que dijo: "Las formidables aventuras del gran mago Severus Snape", ¿te acuerdas?
Corza rió.
—Ah, sí, es cierto. Bueno, ya veremos, no sé yo si es muy apropiado…
Itrust y Corza se levantaron de sus sillas y se dirigieron a sus habitaciones, pero Snake's se quedó sentada sin moverse.
—¿No vas a dormir? —preguntó Corza.
—Ahora iré, tengo pereza hasta de levantarme.
—Muy bien, buenas noches.
—Buenas noches.
Cuando estuvo sola, Snake's perdió la mirada en la oscuridad de la habitación y allí se quedó, pensando.
Por la mañana, cuando Itrust despertó, ella todavía estaba en la misma silla.
—¡Hostia! ¿Es que no te has ido a dormir?
La expresión en el rostro de Snake's, nada amigable, le indicó que eso era justamente lo que había ocurrido.
—Todavía no ha vuelto —dijo a modo de respuesta, con voz algo ronca.
—Eso quiere decir que la noche ha sido todo un éxito.
—Sí, eso parece.
—No me dirás que has estado despierta todo el rato esperándole.
—Esperándole y pensando.
—Me preocupas, de verdad.
—No, en serio, he estado pensando... si en la historia incluyéramos algo más, ¿se haría real? Real en su mundo, quiero decir... si, por ejemplo, escribiéramos que Severus es dueño de un perro, ¿pasaría a aparecer ese detalle en los libros de Rowling?
Itrust se sentó a su lado, pensativa.
—Qué pregunta más extraña, no sabría qué decir, eso es...
—Olvida lo de que aparezca en los libros. Si conseguimos hacer que vuelva a su mundo con la historia que estamos escribiendo, ¿volvería siendo dueño del perro, independientemente de si se hablara de esto o no en las novelas de la autora?
Itrust miró a su amiga con consternación, como si temiera que hubiera enfermado de repente.
—¿Por qué quieres hacer que tenga un perro?
—¡No quiero que tenga un perro, es un caso hipotético! —Se impacientó Snake's.
—Bueno, pues... es que, de hecho, tampoco podemos asegurar que funcione si escribimos la historia tal y como ocurre en los libros, ¿no?
—Pero si tuvieras que exponer una teoría al respecto, ¿qué crees que sería lo más probable? —Ante el rostro dubitativo de su amiga, Snake's se exasperó—. ¡Vamos! Tú eres la amante de la ciencia ficción, alguna teoría tendrás...
—Está bien, si tuviera que apostar por algo... yo diría que sí, que sería el dueño de un bonito y flamante perro, aunque eso no quiere decir que ese detalle tuviera que aparecer en los libros, porque podría ser una de esas cosas que los autores conocen de sus personajes pero que no encuentran la ocasión apropiada para añadirlo a la novela en cuestión.
—¡Perfecto! ¡Eso es justo lo que quería saber! —gritó Snake's, súbitamente loca de alegría, lanzándose a besar a su amiga en la mejilla, que se quedó estupefacta ante su reacción.
—¿Qué pasa? —refunfuñó entonces Corza, saliendo de su habitación al ser desvelada por los gritos.
—Se me ha ocurrido una idea brillante —dijo Snake's con una radiante sonrisa.
—Ah, ¿sí? —contestó la otra con desgana, frotándose los somnolientos ojos con los puños.
—No sé qué quiere hacer con un perro y con Severus —aclaró Itrust, encogiéndose de hombros ligeramente.
—¿Eh? —preguntó Corza, sin entender nada.
—¡No, no, nada de perros, seremos nosotras! —Intentó explicar Snake's, feliz.
—¿Quieres que Severus sea nuestro dueño? —dijo Itrust sin reparar en lo absurdo de la frase, era evidente que todavía no estaba despierta del todo, a pesar de la algo espesa charla que estaban manteniendo de buena mañana.
—¿Cómo? —inquirió Corza, cada vez más confundida.
—¡Ay, Dios! Mira que eres torpe. Lo que quiero decir es que nosotras iremos a su mundo.
—Nosotras iremos a su mundo... —repitió la chica— ¿te refieres a que iremos a Hogwarts?
—Eso mismo.
—¿Para qué queremos ir a Hogwarts? ¡Lo que necesitamos es enviarle a él, no a nosotras!
—Iremos con él, ¿entiendes? ¡Con él! Nos incluiremos en la historia y así, cuando Severus vuelva a su mundo, nosotras podremos ir también.
Itrust parpadeó un par de veces y después abrió mucho la boca para exclamar:
—¡Pues claro! ¡Qué buena idea!
—Ya te lo había dicho, es una idea brillante, ¿a que sí?
—Desde luego y… ¡ahhh…! Se me ocurre que, por esa misma regla de tres, podemos poner que es un profesor inglés de una escuela de magia Escocesa y que, por tanto, su idioma materno es el inglés. Si lo dejamos bien clarito en nuestra historia podríamos seguir escribiéndola en el idioma que nos apetezca, ¿no? Y me ahorro el coñazo de tener que traducirla después. ¡Es genial!
—Un momento, ¿dices que quieres que vayamos con él a Hogwarts? —repitió Corza—. ¿Pero tú sabes lo cabreado que estará con nosotras cuando se dé cuenta de que le hemos enviado de vuelta allí?
La alegría de sus dos amigas se deslució un tanto ante esta idea, pero no tuvieron tiempo de seguir hablando más del tema, porque la puerta de la calle se abrió de repente y Snape, con la chaqueta sujeta por dos dedos y colgando sobre el hombro indolentemente, la camisa entreabierta y asomando por fuera de sus pantalones, y el pelo bastante más desarreglado de lo que tenía por costumbre, se adentró en la casa con una sonrisa de oreja a oreja.
—Adivinad quién se ha comportado como un campeón esta noche...
—Me voy a la cama, no creo que pueda soportar ver cómo se pavonea así —comentó Snake's en voz baja—, y ahora que sé que está bien, ya podré dormirme tranquila.
Itrust asintió con la cabeza y, mientras su amiga se iba a descansar, se acercó a Snape arrugando la nariz.
—Muy bien, machote, ¿voy a tener que llevarte a la cama o serás capaz de ir tú solito? —dijo, tomándole de la cintura, como para ayudarle a caminar.
—¿Pero qué te has creído? ¡No estoy borracho!
—¿Ah, no? Qué raro, últimamente tienes la costumbre de llegar a casa como una cuba…
—Eso no es cierto. Yo nunca me emborracho, tolero muy bien el alco...
—Sí, sí, eso ya lo sé, siempre dices lo mismo…
—¡Porque es verdad! Y a ver si haces el favor de dejar de toquetearme, que siempre me quieres meter mano. Sé perfectamente que fuiste tú quién me sobó la entrepierna en la tienda de ropa —declaró, apuntándola con un dedo acusador.
—¿Yo? —dijo Itrust con aire inocente, pero sin dejar de rodearle con su brazo—. Ahora sí que veo que estás borracho... anda, túmbate en el sofá, que te tapo con la manta.
—¡Que no estoy borracho! Sólo he bebido una copa en toda la noche y fue en aquel bar donde vosotras tan chapuceramente intentasteis espiarme. Además, puedo arroparme por mí mismo, gracias, no me fío un pelo de ti.
—Hay que ver, incluso después de haber mojado sigue igual de borde —dijo Corza.
—Hay cosas que nunca cambian —confirmó Itrust, encogiéndose de hombros, mientras acompañaba a Snape al sofá.
—¡Ya está bien! No me gusta que habléis de mí como si no estuviera aquí. Y te he dicho que no me tapes, que ya lo sé hacer yo solito... —refunfuñó Snape— por si no lo sabes, estás hablando con un hombre que ha conseguido hacer gozar a su dama tres veces esta noche...
—¿Serías tan amable de ahorrarte esa clase de información, majete? —gruñó Itrust—. Nadie te la ha pedido.
—¿Estás segura de que a eso lo puedes llamar información? ¿O se trata más bien de un farol? —susurró Corza, y tanto ella como Itrust tuvieron que contener la risa que se agolpó en sus gargantas.
—¿Qué estáis murmurando? Sois unas conspiradoras, siempre cuchicheando por lo bajo por aquí y por allá... siempre con secretos. Un día me hartaré y empezaré a usar legeremancia con vosotras, y ya no podréis ocultarme nada. De hecho, no sé cómo no se me había ocurrido antes. Como me toquéis mucho las narices voy a empezar a utilizar unos cuantos trucos con vosotras. Al fin y al cabo, aquí las maldiciones imperdonables tampoco deben estar prohibidas, ¿no?
—Anda, anda. No seas tan malcarado. ¿Cómo puedes estar de tan mal humor después de haber pasado una noche tan estupenda?
—Eso sí es cierto —contestó él, con aire soñador—, ha sido una noche estupenda. Tres. ¿Os lo había dicho? ¡Tres!
—Sí, nos lo habías dicho, pesado. Pero lo cierto es que no estoy segura de que no estés fanfarroneando, ¿sabes?
—¿Fanfarroneando, yo? ¡Yo nunca fanfarroneo! Han sido tres polvos como tres soles. Lo que pasa es que hacia las cinco o así ya no he podido… esto… vamos, que ya se me había agotado la munición. Y entonces nos hemos puesto a charlar.
—¿Has estado hablando con ella desde las cinco hasta ahora? —preguntó Corza, impresionada—. ¿Con lo parco en palabras que eres tú?
—Bueno… en realidad hablaba ella. Yo sólo escuchaba y, de vez en cuando, pegaba una cabezadita.
—¡No me digas que te has dormido mientras ella te hablaba!
—Sólo un poco…
—¿Y ella no se ha enfadado contigo?
Snape se encogió de hombros.
—Creo que no se ha dado ni cuenta, cada vez que me despertaba ella estaba hablando todavía como si nada.
—Desde luego, ¡todos los hombres sois iguales! ¡Incluso los de ficción! ¡Hala! Ahora a dormir, que es muy tarde.
—Sí, la verdad es que estoy bastante cansado —murmuró Snape y, haciendo caso a la chica, se tapó con la manta.
—Vaya nochecita se ha pegado este… —dijo Itrust, cuando estuvo segura de que el hombre se había dormido al fin.
—Pues sí. Y, por cierto, más nos vale acabar de escribir esa historia antes de que a él se le vuelva a ocurrir la idea de leer nuestras mentes, porque sino, lo tenemos claro...
Y, frunciendo el ceño, Itrust no tuvo más remedio que asentir, preocupada.
Nota final:
¿Os podéis creer la completa desvergüenza de Severus? Se está comportando como un auténtico crápula, ¿no os parece? Un sátiro desvergonzado, un salido, un… ¡argh!
Comprenderéis ahora que cuando vimos cuánto había cambiado al estar en nuestro mundo nos empezamos a preocupar de verdad, y estábamos bastante seguras de que teníamos que hacer algo al respecto. ¡Por favor, pero si estaba fuera de su propio canon!
Debíamos solucionarlo, sin embargo, no es fácil tomar una decisión tan importante e irreversible, y todavía no estábamos del todo motivadas para hacerlo. Tenerle rondando por casa, aunque sólo fuera para acabar sofocadas y necesitadas de una ducha fría, tampoco nos resultaba tan incómodo ;)
En el próximo capítulo os espera la siguiente aventura de Severus (nunca mejor dicho).
Hasta entonces os deseamos que tengáis una buena semana. ¡Un abrazo!
