CAPÍTULO VI
El Caballero Oscuro
Sentía la ansiedad carcomer su interior, sofocando su respiración.
Acercarse al lugar donde el infortunio de su familia inició era demasiado abrumador para cualquiera, incluso para él.
Poco después de haber sido rescatado de una inminente muerte, los recuerdos de su vida y de ese día en especial regresaron paulatinamente, sin prisa, como si estuvieran torturándolo lentamente y se regocijaran de ello. Se había convencido de que tenía que enfrentar ese lugar para poder empezar una nueva vida sin remordimientos ni pesadumbre, liberar los sentimientos que yacían en su interior y retomar su vida, quería observar por última vez el lugar donde nació, creció… y perdió.
En el trayecto pedregoso había tratado de convencerse de que su decisión era la acertada, que regresar solo significaba poder estar con Hanako. Iba a deshacerse de lo que una vez fue su pasado, pero ahora, frente a la estructura que habían construido sus ancestros no podía perdonar ni olvidar.
El tormento de su pérdida lo persiguió hasta encontrarlo.
Tan pronto como vislumbró el lugar, los sentimientos empezaron a arremolinarse en su interior, resurgiendo con intensidad, reviviendo los acontecimientos ahora y no solamente en sus sueños. La furia pronto se apoderó de él, aunque su semblante permanecía inmutable como siempre lo fue, sin embargo, dentro de él su sangre hervía en sus venas y se sintió tan impotente que deseaba destrozar los vestigios de lo que una vez fue su hogar, mientras los recuerdos de esa fatídica noche regresaban a su mente en una pesadilla diurna, lo atormentaban, asechaban cada vez que podían, aún no comprendía cómo no había caído en la infame locura.
Recordó entonces cómo las estrellas del cielo despejado brillaban junto con la armonización que tocaron los músicos, recordaba la ligera brisa nocturna y la refrescante noche; a Shisui vistiendo elegantemente, sonriéndole, aconsejándole; a Shisui exhausto, con un riachuelo carmín proveniente de su ojo y la tristeza como su aura. Recordaba el prado, los árboles, el día y la noche nuevamente, recordó a su hermano menor… viéndolo suplicante con los ojos ónice vacíos, opacos, sin vida.
Itachi cerró su puño con fuerza, tratando de mantener la furia amarga de su pérdida al margen. Ni siquiera se atrevía a cruzar el prado para llegar al lugar y rebuscar entre los escombros y paredes matizadas en carmín algún indicio del asesino que a sangre fría le quitó la vida a todos y cada uno de los integrantes de su familia o alguna razón más profunda.
El sonido de la grama al ser aplastada por pisadas firmes provocó que sus alterados recuerdos se desvanecieran, olvidándose por ese momento de su pasado y centrándose en lo que había ido a hacer, aunque la finalidad se había retorcido un poco.
―Has logrado venir ―dijo sin dejar de mirar el lugar donde empezó su tormento.
El hombre de complexión fornida lo observaba perplejo con el ceño enmarcado y las facciones duras, sin embargo, recobró la compostura rápidamente y forzó una sonrisa aunque aún aturdido.
―Después de todo, los rumores no han sido del todo ciertos
―¿Así que he muerto en esos rumores?
―Han dicho que todos han muerto ―recalcó―. Aunque nadie se ha atrevido a acercarse
―Tú lo has hecho, llegado hasta este lugar…
Kisame sonrió, mostrando su dentadura afilada que según cuentan es la marca de su linaje que orgullosamente porta, un poco más marcada en él a causa de su afición por sacar de quicio a las personas, llevándose tremendas riñas que terminaban con pedazos de dientes en el piso.
―La curiosidad fue quien me ha llamado, cuando recibí tu carta debo confesar que no lo creí, ¿Por qué alguien habría de utilizar el nombre de un muerto para encontrarse conmigo? ―inquirió fingiendo desinterés y encogiéndose de hombros.
―¿Simple curiosidad?
―Por supuesto, eso y que se trataba del manuscrito de un amigo
―Siento haber hecho un enigma
―Debo decir que fue muy sutil "Kisame, amigo mío necesito de tu ayuda" Sin remitente ni sello aunque debo decir que es tu toque especial ―comentó rememorando el sobre―. El sigilo siempre fue lo suyo. ¡Menos mal que lo he descifrado!
―¡Hmp! ―Itachi sonrió de lado complacido.
Kisame carraspeó observando los estragos que sufrió el lugar, se imaginó lo que fue estar esa noche, presenciar la muerte de sus seres queridos y familiares. Él siempre fue un pez solitario, perder a su familia dolería pero a alguien tan apegado comoItachi debió herirlo profundamente, sobre todo si se trataba de hermano menor.
―¿No has entrado? ―preguntó curioso.
―No
―Itachi ―dijo armado de valor―, ¿Por qué me has llamado?
Itachi suspiró centrando su mente en su única salvación de la eterna oscuridad. Hanako convirtió sus pensamientos en ese momento de melancolía en anhelo y pasión, aunque había algo en ella que no terminaba de comprender, no era la mirada que recordaba, ni el olor de su piel la misma, pero era ella, no podía ser nadie más que ella. Deseaba empezar la nueva vida que anhelada, pero había algo que se lo impedía; tal vez por Sasuke, tal vez Shisui o tal vez no.
Independientemente del hecho de querer una vida sencilla estando al lado de la mujer que amaba, su corazón se había apoderado de lo que temía: venganza. Él se haría cargo que la persona que haya ocasionado esa herida insanable en su pecho pagara. Él mismo haría que sufriera lo que él pasó y solo había una forma de hacerlo y comprendió que para ello tenía que resurgir de las cenizas de su reciente pasado.
―Kisame, te he llamado por una simple razón
―¿Oh? ¿Y cuál es? ―dijo ansioso.
―Necesito que me ayudes a retomar el apellido Uchiha
.
Respiró hondo. Tsukiko comenzó a entrelazar los listones del corsé, cada uno más doloroso que el anterior, nunca se acostumbraría al uso de la tortura estética en la mujer. No la dejaba moverse a gusto, ni siquiera podía respirar adecuadamente. Lo peor siempre fue cuando amarraban los listones, después solo era aguantar hasta que a escondidas los destensaba, sintiendo un profundo alivio.
Se miró al espejo de cuerpo completo y volvió a respirar profundamente sintiendo que el último listón era anudado cuando la figura esbelta de su madre se reflejó en el objeto, con la barbilla en alto y la mirada impasible.
―¿Madre? ―susurró al ver su silueta acercarse.
―Señora ―dijo Tsukiko en una reverencia, haciéndose a un lado para que pasara, dejando sin terminar el nudo de los listones
―Es todo, puedes retirarte
La sirvienta salió de la alcoba con una reverencia, Sakura volvió a mirarse en el espejo mientras su madre desamarraba los listones y volvía a anudarlos fuertemente, como si tratara de moldear sus huesos.
―Escucha bien Sakura, esta noche todo debe ser perfecto ―recalcó halando los listones―. Es tu presentación en sociedad, quizás y puedas conseguir a algún pretendiente de clase
―Madre yo…
―No te atrevas a decir nada Sakura ―su madre apretó con más fuerza los listones dejándola con poco aire y observó su reflejo en el espejo―. Tú harás lo que yo diga mi pequeña
―Madre… ―Sakura se armó de valor para decirlo, era su oportunidad―. Amo a alguien, no pienso contraer matrimonio con nadie quien no sea él.
Mebuki detuvo su respiración, las palabras de su hija rondaban su cabeza y fue cuando de un momento a otro ardió en furia por la indisciplina de su hija menor. No era posible que su acto de desobediencia llegara más allá de los límites conocidos. Por primera vez en toda su vida, Mebuki se vio obligada a alzar la mano en contra de una de sus hijas.
El impacto ardió en su rostro, su madre había utilizado tanta fuerza que ladeó su cabeza.
―Que quede absolutamente claro Sakura, tu harás lo que tu padre y yo dictemos
Sakura subió su mano hasta la zona que empezaba a colorearse en una tonalidad rosácea y volvió a mirarse en el espejo.
―No tienes voz en esta situación al igual que no la tuvo Hanako ―su madre suavizó el tono de su voz―. Tienes que entender que de esta forma siempre se ha hecho y así lo harás tú también
Sakura permaneció en silencio, escuchando sordamente las palabras de su madre. No cabía en su cabeza que no existiera un final maravilloso en donde ella contrajera matrimonio con la persona que era dueña de su corazón. No parecía posible que fuera así.
Su madre suspiró al mirarla por el espejo. Su cabello era pulcramente adornado por unos brillantes que se enroscaban en la coleta que caía en una cascada de caireles rosáceos a su costado. Su mejilla izquierda ligeramente más colorada que la otra.
―Sakura, querida hija haz estado comprometida desde los tres años… ―Sakura ahogó un grito de sorpresa en su garganta y esperó a que su madre continuara―. Desgraciadamente tu prometido falleció hace no mucho por lo que tu padre y yo tenemos que buscar nuevamente a alguien que te convenga
Sus labios tremolaban ante la ansiedad de la verdad, pronto la realización colisionó contra ella.
―Hija mía, no avergüences el apellido de la familia ―fue lo último que dijo su madre antes de salir de la alcoba.
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Desde lo alto la miraban con detenimiento los enmascarados buscando el sobresaliente cabello rojizo sin encontrarlo, bufó decepcionada sabiéndolo de antemano.
Nunca se sintió tan nerviosa como en esa ocasión, en el convento nunca la observaban con tanta admiración, recelos o indiferencia, para las monjas era la pequeña Sakura, inquieta y traviesa, pero para ellos era una Haruno lo cual significaba gran herencia, si, oro, mucho oro.
Una y otra vez todo giraba, viéndose forzada a bailar con los caballeros enmascarados que la invitaban, no podía negarse, no se lo permitían. El asunto del prometido era algo urgente, su madre no paraba de presentarle hombres en un desfile que parecía no tener fin, uno tras otro, tras otro, tras otro y por lo poco que había hablado con ellos, algunos habían viajado desde lejos para la ocasión.
Estaba cansada, quería huir, quería dormir y no despertar más. ¿Hanako pasó por esto también? Pensó. Tal vez su cambio de personalidad se dio a causa de ello.
En medio de la danza una ráfaga sutil de aire llevaba consigo el olor a almizcle. El simple olor la reconfortó y divagó un poco en sus cabalgatas matutinas sin perder la continuidad de los pasos, añoró a Claro de Luna… ¿Almizcle? Recapacitó. No podía ser posible, el establo estaba hacia el lado contrario y lo bastante alejado como para que algo tan sutil como el olor llegara hasta ese lugar.
Fue cuando centró su mirada en la persona frente a ella: Era un hombre vistiendo completamente de negro.
De pronto no solo los hombres sino las mujeres parecían poner interés de igual forma. No entendía que ocurría y por qué todos de pronto se aglomeraron alrededor de las parejas danzando, murmurando palabras inentendibles. Sakura buscaba con la mirada a algún integrante de su familia sin ningún hallazgo. No le gustaba ser el centro de atención, era Hanako la que se encargaba de ello, ella siempre permaneció en el cuidado de su sombra y aun siendo su "presentación", las miradas le pertenecían a Hanako hasta ese momento.
Se sentía intimidada por las miradas.
―Míreme a mi
―¿Disculpe? ―contestó con un hilo de voz consternada.
―Solo míreme ―demandó.
Sin saber la razón, la voz ronca y profunda del hombre la tranquilizaron de una forma que no conocía; automáticamente su rostro se enfocó en los ojos oscuros detrás de la máscara negra de terciopelo que tapaba hasta su nariz.
Lo observó ofuscada al principio, con cierta reserva, sin embargo, mientras avanzaba la pieza musical tuvo la oportunidad de mirarlo detenidamente. Sus ojos apagados de color ónice le recordaban las noches de desasosiego, todo su ser era oscuridad, desde sus cabellos sujetados por un listón hasta los zapatos que vestía y ahora se daba cuenta que era él quien llevaba consigo el olor a almizcle.
Reprimió el impulso de olisquear su aroma casi a regañadientes e indagó un poco en el rostro taciturno del hombre. Sakura ladeó su rostro con curiosidad olvidando completamente en donde se encontraba.
―¿Lo conozco? ―dijo inquieta.
El hombre entrecerró los ojos con el ceño fruncido. Después de un momento contestó.
―No ―dijo simple y secamente.
Así lo haya negado, había algo inquietante en todo, la forma en que sus ojos oscuros se clavaban en su pupila, expectantes, añorantes, confundidos. Todo era tan familiar, como si ya hubiese pasado por esa situación en alguna ocasión…
―Definitivamente lo conozco de algún lugar ―dijo sin darse cuenta en voz alta.
―Lo siento, seguramente me ha confundido
Sakura negó con la cabeza.
―No hay forma de que lo haga
―No insista
Sakura no conocía a nadie más en ese lugar, era una extraña entre tanta opulencia. Era la forma en que fruncía el ceño o la mirada oscura… De repente la luz iluminó el perfilado anguloso del hombre y en ese momento su mente la llevó al establo donde yacía un hombre herido sobre el heno. ¡No! Gritó su interior.
―Hanako… ―susurró inconsciente, mirando sus pies.
Sintió al hombre tensarse bajo su agarre. No podía ser cierto, él no podía ser… Ese mismo hombre prometió regresar, recordó. De pronto se sintió ligera, absuelta del agarre del hombre pero con una opresión en su pecho.
―Espere ―balbuceó en un intento de detener al hombre.
Quería advertirle sobre su querida hermana y el descabellado plan que admitió meses atrás, Hanako lo hizo creyendo que él nunca regresaría, pero él estaba justo ahí, él cumplió su palabra.
¡Dios mío! Regresó a buscarla. Palideció reprimiendo su sorpresa con ambas manos sobre su boca.
―¿Se encuentra bien Señorita Haruno? ¿Quiere que salgamos a tomar un poco de aire fresco?
Alzó la mirada para notar al único hijo de la familia Lee con una máscara blanca estéril sin ningún tipo de adorno. Ni siquiera se había percatado que la música se había detenido ni mucho menos que las parejas bailando se dispersaron.
Tenía que hallarlo de alguna forma antes que él encuentre con Hanako.
Sin contestar a la pregunta formulada se alejó. Las máscaras intoxicaban completamente el salón, era difícil tratar de identificarlo cuando no lo reconocía. Hombres con diversos tipos de máscaras pero ninguna como la de él, ¿Lo habría alucinado quizás? No, aún podía sentir su fuerte agarre sobre su cintura y en su mano, donde la piel estaba desnuda, quemaba.
Sakura estaba a punto de darse por vencida cuando entre la penumbra del balcón ondeaba el vestido color manzana de Hanako, al hacercarse un poco más vislumbró al caballero vestido de negro.
―¡No! ―chilló Sakura, siendo opacada por la música en el fondo―. ¡No lo haga!
Demasiado tarde, había llegado demasiado tarde.
―Mi nombre es Uchiha Itachi
¿Uchiha?
―Mi querida Hanako, he regresado
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Continuará
Hola a todos!
Una disculpa de antemano por haber demorado tanto en la publicación de la continuación pero tuve que salir de viaje y no tiene mucho que regresé así que me puse las pilas y aquí tienen!
Muchas gracias por sus lindos comentarios a ...MarianUchiha, Bregma, Mordoniana...
Agradezco de igual forma a quienes pasan y leen en anonimato y a los favoritos :)
Muchísimas gracias.
Muchos besos, abrazos y apapachos para todos :D
Adiosin!
