Los personajes de Twilight no me pertenecen, y la historia tampoco, es de Cella Ella; solo me adjudico la traducción, la cual la hago con el respectivo permiso de la autora.

¡DISFRÚTENLO!


Capítulo 6

Bella's POV

El vuelo de regreso a New York no fue nada tranquilo. Tuvimos algunas turbulencias que hacían que mi estómago se revolviera aún más, dejándome un sabor amargo en la boca. Desembarqué bajo una fuerte tempestad al comienzo de la noche, y sentí un alivio grande cuando crucé la puerta de embarque y no miré a ningún rostro conocido esperándome. Menos mal, pensé, por lo menos podía irme a casa y olvidar todo lo que estaba pasando conmigo.

Como siempre pasaba, me demoré un siglo en conseguir un taxi en esa ciudad que estaba más caótica que nunca. Las bocinas incesantes solo dejaban que mi dolor de cabeza aumentara, elevándose a niveles casi insoportables. Apenas llegue a casa iba a tomar un buen baño caliente y meterme bajo las mantas por el resto de la noche. Pero sabía que si me quedaba sola iba a empeorar mi estado de ánimo. No, necesitaba de la compañía de alguien. ¿Papá y mamá estarán en casa? Podría muy bien pasar la noche con ellos.

Apenas entré al corredor de mi apartamento, me encontré de frente con Alice y Rosalie esperándome en la puerta. Después de fijarse en mí, me miraron con tristeza y pesar.

―¡Ah, no, por favor, no! ¡No quiero que sientan pena por mí! ―grité cuando Alice intentó abrazarme.

―¿Qué pasó, querida? ¡¿Me puedes explicar por qué Edward está tan de mal humor, y por qué te regresaste en el vuelo antes de lo previsto?!

―¡Edward es un imbécil, Alice, el hombre más ciego y tonto que he conocido en mi vida! Y burro, infantil, absurdo… ―solté mientras intentaba buscar las llaves dentro de mi bolsa. Mis manos temblaban y terminé por tirar todo en el suelo. Mi descontrol solo me dejó aún más irritada.

―Deja que yo abro por ti, Bella ―Rose me impidió recoger las cosas del suelo y suspiré, pasándome las manos por el cabello, bufando de odio.

―¡Tu hermano es totalmente injusto, Alice! ―sisee, sintiendo que mi quijada temblaba por culpa del dolor contenido en la voz―. ¡É-él dudó de mí, dudó de lo que siento por él… dudó hasta de mi amistad! ―Bajé la mirada y miré los cordones sueltos de mis zapatos―. Nunca pensé que él pensara tan mal de mí.

―Edward solo está herido por culpa del plan, Bella ―Rose intentó tranquilizarme, cuando ya estábamos dentro de mi apartamento; Alice fue directo al balcón, con el celular en el oído, dejándome aún más irritada.

Rosalie llamó nuevamente mi atención y siseó:

―Creo que debes darle tiempo al tiempo, deja que Edward se tranquilice y vea que exageró en todo lo que dijo. Confía en mí, amiga, las cosas van a estar bien, vas a verlo.

Solté una risita falsa y me senté en el brazo del sofá, enterrando mi cabeza entre mis rodillas.

―No sé si lograré confiar en alguien, Rose. Confié en ustedes con la relación y ese plan, y mira a donde vine a parar. No solo perdí al hombre de mi vida, también a mi mejor amigo. ―Las lágrimas volvieron a nublar mis ojos y tomé aire fuertemente, intentando detener el llanto―. Acabé estropeándolo todo con esa idiotez del plan de conquista.

Rose se sentó a mi lado y alzó mi rostro junto al suyo, mirándome seriamente.

―¡Hey, hey, hey, muchachita, vamos a parar con eso, ahora! ¡Deja de hacerte la mártir, Bella! La burrada ya fue hecha, ¡¿para qué llorar ahora sobre la leche derramada?! ―Rosalie apuntó un dedo a mi cara y prácticamente gruñó―: ¿Y qué historia es esa de no confiar más en la gente, Isabella Swan? ¡Estás actuando exactamente de la manera en que Edward actuó! ¡Detente con eso, por favor! ¡Sabemos nuestras responsabilidades como amigas, sabemos que nos equivocamos incentivándote con esa ideal del plan, pero también no eres ninguna joven inocente, y cuando aceptaste hacerlo sabías de los riesgos que corrías! ¡Ahora para de llorar porque estoy a punto de tener un síncope por verte tan triste, y eso no es nada bueno, ni para mí, ni para ti, ni para mi bebé! ―Llevó las manos a su estómago e hice una mueca de arrepentimiento antes de tirarme a sus brazos.

―D-discúlpame, Rose, no quería ponerte nerviosa o herirte. ―Besé un lado de su rostro, hipando y dejando que las lágrimas se fueran―. ¡Confío demasiado en ti y en Alice, por el amor de Dios, nunca duden de eso! ―imploré, apartándome y mirándola.

Rosalie roló los ojos y acarició mi cabeza, riendo y limpiando mis lágrimas.

―Lo sé, querida.

Las dos sonreímos, cómplices, y me di cuenta que Alice estaba demasiado quieta, apartada de nosotras, recostada en el marco del balcón del apartamento.

―¡Alice! ―llamó Rose, y Alice hizo un gesto con la mano, sin girarse para mirarnos.

―¿Qué pasó? ―pregunté y Rosalie se encogió de hombros, sin importancia.

Alice se giró hacia la sala y se sentó en el espacio entre Rose y yo.

―¡Listo, ya le dije unas buenas verdades a Edward! ―dijo, pasando el delgado brazo en torno a mi hombro―. Mi hermano es un idiota, no sé cómo tuviste la genial idea de enamorarte de él, Bella.

―El amor es ciego, ¿te olvidas de eso? ―Rose refunfuñó y Alice hizo una mueca de desagrado.

―¿Q-qué le dijiste, Alice? ―Estaba realmente asustada de haber estropeado aún más las cosas.

―Pero en el caso de Bella: el amor es ciego, sordo, mudo y con deficiencia física y mental, ¿no crees? ―Alice me ignoró completamente mientras le respondía a Rose.

―Alice, que hablaste con Edward…

Rose le respondió y, ella y Alice, empezaron una más de sus inmensas discusiones sobre temas sin el menor tacto, y que en nada me ayudaba a sentirme mejor en ese momento. El estrés acumulado ―mezclado con la charla de las dos― inauguró una sesión más de llanto irracional.

―La culpa es toda tuya, por eso… ―la frase de Alice se cortó a medio camino y, ella y Rosalie, se detuvieron apenas se dieron cuenta de mis sollozos, que emergían desde el fondo de mi garganta.

―¡Oh, querida mía! ―siseaban al mismo tiempo, casi estrujándome en una abrazo cariñoso.

―Q-quiero matar a ese idiota ―gruñí con el rostro bañado en lágrimas―. ¡Q-quiero acabar con él, solo mira en lo que me transformé! ¡Estúpida, estúpida, estúpida!

Rosalie haló una almohada y la colocó sobre sus piernas, obligándome a colocar la cabeza ahí; Alice estiró mi cuerpo y, cuando me di cuenta, estaba tendida enteramente sobre el sofá.

―¡Aquí estamos para oírte, amiga! Tenemos la noche entera para escucharte desahogar todo ―Alice me animó e hipé, limpiándome la nariz con la manga de la blusa.

―N-no q-quiero hablar sobre eso ―sisee, enojada.

―Está bien, entonces hablaremos sobre otras cosas ―dijo Rose.

―Tampoco quiero hablar sobre otras cosas.

―¡Entonces nos quedamos calladas, listo! ―decretó Alice.

Las tres nos carcajeamos y comencé a sentir que el llanto paraba.

―Te amamos, Bells, y vamos a estar a tu lado en todos los momentos, sin excepción. Te ayudamos a meterte en problemas, entonces estamos aquí contigo cuando las cosas salieron mal. ¿No fue siempre así? ―Alice me guiño, apretando la punta de mi nariz.

Rosalie me hacía mimos en la cabeza y pronto me comencé a sentir más tranquila, el peso en el pecho ya no era tan insoportable.

―Las amo ―susurré, suspirando alto.

―¿Lista para conversar sobre ese asunto? ―Rose me animó y menee la cabeza, estando de acuerdo.

Y en el segundo siguiente comencé, contando cada pequeño detalle sobre lo que había pasado en el viaje a Miami, a medida que sacaba todas mis angustias y temores, me sentía menos tensa y cada vez más tranquila.

Era muy bueno regresar a casa.

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Edward's POV

Apenas crucé la puerta de embarque me encontré de frente con Jasper y Emmett, esperándome con cara de pocos amigos. ¡Genial, todo lo que más necesitaba ahora era oír leccioncitas de moral de dos idiotas!

―Miren, realmente no estoy con ánimo…

―¡Alice nos pidió que te lleváramos a mi casa, ahora! ―Emm avisó, cogiendo la única maleta que tenía en la mano.

―Pero quiero ir a mi…

―No oses discutir ―Jasper completó, empujándome dentro del Jepp de Emmett, con tanta fuerza que literalmente me tumbó en el asiento trasero.

Gruñí una serie de improperios mientras Emmett salía del aeropuerto y tomaba la avenida congestionada que nos llevaba hasta su casa, a los alrededores de Central Park.

Aún estaba enojado por todo lo que había pasado esa mañana, tenía ganas de golpear la cara de cada uno de aquel bando de cretinos que eran cómplices en la broma de Bella. ¡No podía creer que mi mejor amiga ―esa en quien confiaba ciegamente― me haya visto la cara de bobo a cuenta de nada!

Sentí que el enojo regresaba a mi cuerpo y solté algunos insultos más, esta vez dirigidos a mí mismo. Saqué mi celular del bolsillo y me di cuenta que había un mensaje. Presioné el botón para oírlo y me llevé un susto cuando oí la voz de Alice, tan furiosa que las palabras le salían afiladas.

¡Mira, idiota sin cerebro, si piensas que vas a lastimar a mi amiga estás muy equivocado! ¿Cómo puedes dudar de lo que ella siente por ti, Edward, como puedes creer que Bella quería bromear? ¿Cómo puedes ser tan tonto al punto de creer que Bella sería capaz de herirte, aún más de esa manera? ¿Crees que ella sería tan cruel hasta ese extremo? ¡Si crees eso, entonces no la mereces! ¡No sabes cuánto está sufriendo con todo lo que ha pasado, no sabes cómo estaba cuando descubrió que estaba enamorada de ti!

«Bella estaba desesperada cuando finalmente se dio cuenta que sentía algo más por ti, y estaba muy asustada cuando se dio cuenta que no tenías ni idea de lo que estaba sintiendo. ¿Y sabes cuál fue el gran temor de ella sobre todo esto? ¡Tenía miedo de perder tu amistad, Edward! ¡Hicimos eso por creer que un día podías dejar de ser ciego y finalmente ver a la maravillosa joya que siempre estuvo a tu lado, y que ni al menos tenías noción de que ella existía! Bella se equivocó, sí ―por estar de acuerdo con el plan que Rose y yo maquinamos―, ¡pero fue solo eso! Y claro que debes estar enojado, pero no con Bella, sí conmigo, con Rose, con Emm y con Jazz. ¡El único error que Bella cometió fue haberse enamorado de alguien tan cabeza dura como tú!

El mensaje había acabado hace unos segundos, pero no lograba despegar el celular de mi oído. Las palabras de Alice palpitaban en mi cabeza y era difícil procesarlas. No sabía decir si ahora estaba enojado o aliviado después de aquello, la verdad era que estaba aún más confundido.

Emmett y Jasper discutían sobre cualquier cosa, y me di cuenta que estábamos parados en medio de una congestión gigante. Sin pensar en nada más, abrí la puerta del carro y salí, perdiéndome en el caos que ocupaba kilómetros y kilómetros de asfalto.

Todo lo que necesitaba en ese momento era estar solo para poder colocar mis pensamientos en orden.

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Bella's POV

Los días pasaron agitados después de mi regreso a New York. Era extraño pensar de esa forma, pero estaba comenzando a conformarme con todo lo que pasó. El dolor en mi pecho aún era grande, pero no era tan insoportable.

No había visto más a Edward, parecía haber desaparecido de la ciudad. No frecuentaba más los mismos bares de siempre, no comía en el mismo restaurante al que acostumbrábamos a ir. Estaba más que claro que quería evitarme.

Al principio me sentí muy enojada por su comportamiento infantil, pero ahora, pasadas dos semanas de que habíamos regresado de Miami, comenzaba a incomodarme con eso. Me hacía falta su compañía, extrañaba compartir mis problemas, conversar babosadas con alguien que hablara babosadas, de ir al cine un sábado en la noche, porque no aguantaba un día más metida en un bar llena de humo y bulla, extrañaba mucho quedarme en casa con él, bebiendo vino y llenándonos de porquerías, mientras conversábamos sobre los tiempos de infancia y adolescencia.

Por más que tuviera la oportunidad de hacer todo eso con cualquier otro de mis amigos, sabía que las cosas nunca serian como eran cuando estaba con Edward. Era difícil de admitir, pero él siempre fue mi mejor amigo, aquel con quien podía contar a cualquier hora del día, que me entendía y que me apoyaba siempre. Y ese Edward desapareció de mi vida apenas descubrió el plan insensato que había seguido para conquistarlo. Las lágrimas siempre nublaban mis ojos cuando pensaba en eso, cuando era obligada a admitir que había perdido para siempre a mi mejor amigo.

Estaba en medio del trabajo y por eso me obligué a estar calmada y olvidar a Edward, por lo menos hasta llegar a casa ―que ahora, más que nunca― se había transformado en mi refugio.

Estaba revolviendo mi correspondencia cuando me fijé en una carta de una famosa empresa de publicidad francesa. Hace seis meses atrás había mandado mi currículum para ellos, y después hice entrevistas y test para trabajar en la sede principal, en Paris. Hasta me había olvidado que estaba compitiendo por un puesto, hacía meses que no recibía noticias sobre ese asunto.

Rasgué el sobre y me llevé un susto cuando leí el mensaje escrito en la carta. Había sido aprobada en todos los test y era apta para recibir el puesto en el sector de comunicación de la sede parisina. Tenía solo algunos días para aceptar la propuesta o rechazar el contrato, que sería de un año.

Me quedé un buen rato mirado la carta, inerte en mis manos, mentalmente considerando las miles de posibilidades que surgían frente a mí. La oferta de trabajo era maravillosa, el salario era mucho mayor del que ganaba en mi actual empleo.

Además de eso, ¡viviría en Paris!

Y esa era la gran barrera que aparecía. ¿Estaba preparada para cruzar el océano y vivir en un lugar totalmente diferente? Y lo peor de todo: ¿estaba lista para dejar atrás a mis amigos? ¿Estaba lista para dejar a Edward?

Pero que estaba diciendo, ¿desde cuándo Edward aún hacía parte de mi vida? Además de eso, él ―más que nadie― me había incentivado a buscar ese puesto, aparte, Edward era el único que sabía que había hecho los test y las entrevistas. Y entonces, ¿por qué aún estaba pensando si iba o no a aceptar esa oferta de empleo irremplazable?

El timbre insistente de mi celular irrumpió en mis pensamientos y suspiré, antes de atender la llamada.

―H-hola, Alice.

¡Hola, querida! Solo te llamo para avisarte que vamos a hacer una reunión en la casa de Rose esta noche. Son las semifinales de la NBA y Jazz y Emm están locos con eso. Como Rosalie anda con el embarazo, creí que podíamos pasar la noche juntas, para chismear y…

―¿É-él va? ―mi voz falló instantáneamente.

Sí, Edward está invitado, pero no sé si va. El imbécil está saliendo con una nueva vagabunda y… ―Alice se detuvo apenas se dio cuenta que había cometido una imprudencia, y solté una carcajada ronca, intentando no llorar.

―E-está bien, Alice, tu hermano es libre para hacer lo que quiera en su vida.

Lo siento mucho, Bella…

―No lo sientas, Alice ―interrumpí, mordiéndome un lado de la boca, luchado contra las lágrimas de dolor y rabia que estaban listas para desbordarse―. ¡Te veo en la casa de Rose a las siete! Hasta pronto.

Colgué el teléfono en ese mismo momento, y esta vez me reusé a ser débil. Más que nunca sabía lo que debía hacer.

Cogí la carta frente a mí y el teléfono, y marqué el número de la empresa de publicidad en París, ya sabiendo lo que debía decir. No había forma de volver atrás en esa decisión recién tomada.

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―¡Llegaste a buena hora! ―murmuró Rosalie, abriendo la puerta de su casa y dejándome entrar―. ¡Ah, trajiste donas! ¿Cómo supiste que estaba con antojos de comer donas? ―Cogió la caja de mis manos, haciéndome reír.

―No es muy difícil de adivinar una cosa de esas. ―Me encogí de hombros y miré hacia la sala.

Sentí que mi rostro empalidecía ―como si la sangre se hubiera drenado de mi cuerpo―. Parado al lado de Emm y Jazz estaba Edward, con un vaso de cerveza en la mano y los ojos clavados en la TV frente a él. Parecía muy relajado, disfrutando del juego de básquet, riendo y haciendo bromas al lado de sus amigos.

―Alice me dijo que él no vendría ―refunfuñé hacia Rosalie, que me empujaba dentro de la cocina.

―Sí, también creí que no vendría ―confesó, llenándose la boca con las donas que había traído.

―C-creo que es mejor que me vaya, no va a estar bien…

―¡Nada de eso, Bella! ―advirtió Rose, hablando con la boca llena―. ¡Ya es el momento de que ustedes paren con eso e intenten resolver esa historia como los adultos que son!

Sentí que el sudor comenzaba a humedecer mis manos e intenté disfrazar el nerviosismo, alisando mi falda, y en seguida me quité la chaqueta y la coloqué en una silla.

―¿E-en dónde está Alice?

―Fue a comprar algunas cosas para comer ―siseó Rosalie, chupándose los dedos, después de devorar la caja completa de dulce que había acabado de traer―. Vamos a la sala para ver el juego…

―No, Rose, prefiero quedarme aquí…

Rosalie roló los ojos, impaciente, y me haló de la mano, decidida.

―¿Nunca te dijeron que no discutieras con una mujer embarazada? ―preguntó, arrastrándome fuera de la cocina―. ¡Quédate quieta y obedéceme!

Entramos en la sala y ninguno de los hombres ahí se dio cuenta de nuestra presencia, ya que estaban bastante concentrados en mirar a los jugadores y cada uno de los lanzamientos que hacían.

―¡Miren quien llegó!

―Hasta que por fin Alice… ―Edward paró de hablar apenas se dio cuenta que no era Alice a quien Rosalie se refería. Su rostro se puso rojo como sabía que también estaba el mío en ese momento.

―¡Hey, Bells, hasta que al fin decidiste salir de tu caverna! ―Emmett saludó, levantándose y envolviéndome en un abrazo apretado.

―También te extrañé, Emm ―sisee, riendo nerviosa. Mis ojos se reusaban a apartarse del suelo, consiente del poder que los iris verdes de Edward ejercían sobre mí.

―¿Cómo te va, Bella? ―Jazz me abrazó apenas Emmett me liberó.

―¿Todo bien contigo, Jazz? ―sonreí y después sentí un horrible malestar cuando él se apartó de mí.

Un silencio sepulcral se instaló en medio de la sala y desee abrir un hueco y enterrarme. Mierda, ¿por qué había aceptado esa invitación a cenar con amigos esa noche?

Rosalie se dio cuenta de la incomodidad evidente y quebró el silencio:

―¡Emm, Jazz, creo que deben ayudarme a colocar más cerveza a enfriar! ―¡Pero qué gran ayuda era esa! Cuando pienso que ella iba a sacarme del lio, me mete más en él.

Emmett y Jasper corrieron tras Rosalie dentro de la cocina, y nuevamente el silencio invadió la pequeña sala de la casa. Edward y yo nos miramos por algunos segundos, y agradecí al cielo que él fuera el primero en quebrar el aura de tensión evidente entre nosotros.

―¿Qué tal si te sientas, eh?

Me limité a asentir con la cabeza e hice lo que sugirió.

―Hum… ¿quién está ganando? ―apunté hacia la pantalla del TV, sin mirar a Edward.

―¡Los Knicks, claro!

―Ah, claro. ―Nuevamente el silencio volvió a invadir la sala y comencé a jugar con los hilitos que se escapaban de la blusa que usaba.

―¿Quieres una cerveza? ―Edward una vez más quebró el silencio.

―N-no, gracias. ―Parecíamos dos extraños que habían acabado de conocerse.

Estaba odiando ese ambiente que parecía haberse quedado en la sala. Me levanté de un salto y anuncié:

―C-creo que es mejor que me vaya ―cogí mi chaqueta, que Rosalie había colgado en el perchero al lado de la entrada de la sala e intenté buscar mi bolso, sin tener la más mínima noción de dónde la había dejado.

―Bella, yo…

―Uf, hasta que por fin llego... ―Alice entró en la sala en ese momento, agitada como siempre, pero su euforia cesó apenas se dio cuenta del ambiente pesado entre Edward y yo.

―¿Hace mucho llegaste, Bella? ―preguntó, mirando la chaqueta que tenía en las manos.

―¡S-sí, Alice, y ya voy de salida!

―¿Cómo así que ya voy de salida? ―Alice lo dijo tan alto que al mismo instante, Rose, Emm y Jazz entraron en la sala, enojados.

Solté un largo suspiro y voltee mis ojos hacia Edward, que me miraba indescifrablemente. Desvié la mirada rápidamente, reteniendo las lágrimas de resentimiento que estaban listas a derramarse.

―C-creo que no fue una buena idea haber venido…

―¿Por qué no? ―Alice y Rosalie respondieron, levemente irritadas.

―Ah, por favor, ¡¿a quién quieren engañar?! No debemos forzar una ambiente de amistad y compañerismo que no existe entre algunos de nosotros. ―Mis ojos automáticamente se fijaron en Edward, que tensionó la mandíbula, visiblemente contrariado―. N-no quiero acabar con la reunión de los chicos, no quiero estropear el juego de básquet de ellos, entonces es mejor que me vaya.

―Bella, no tiene nada que ver…

―Bella tiene toda la razón: no debemos forzar un ambiente que no existe más entre nosotros ―Edward finalmente se manifestó, callando a Alice.

Tragué en seco y me mordí el labio inferior con tanta fuerza que temí herirme la piel fina y sensible de la boca.

―¡Ya basta ustedes dos! ―Rosalie gritó y se posicionó frente a la puerta de la sala, impidiéndome salir―. ¡Ya es hora de acabar con esta idiotez! ¡Por el amor de Dios, ustedes son amigos hace veinte años, no hace veinte minutos! ¡Ya tienen la intimidad suficiente para resolver esta situación de forma correcta!

―Rosalie, no quiero hablar sobre eso…

―Bella no pensó en los veinte años de amistad cuando decidió divertirse con ese ridículo plan ―Edward acusó, bastante irritado.

Iba a comenzar una nueva ronda de acusaciones, y no sabía si estaba realmente lista para enfrentar aquello nuevamente. Estaba demasiado estresada para rebatir aquellas injusticias y no tenía la menor gana de hacer eso.

―N-no quiero hablar más sobre ese asunto. Ya dije todo lo que tenía que decir sobre eso, cada uno tiene derecho a sacar sus propias conclusiones y…

―Y ver que solo te querías divertir un poco con el tipo que era tu mejor amigo ―Edward me volvió a acusar, dejándome aún más herida.

―¿Aún crees eso, Edward? ―preguntó Alice, furiosa―. ¡¿Después de todo lo que te dije sobre ese asunto aún eres lo suficientemente bruto para no ver las burradas que estás diciendo?!

―Déjalo, Alice, Edward tiene el derecho de pensar de esa manera, así como tengo el derecho de no pronunciarme más sobre toda esa historia. Acabó, Alice, no tiene vuelta atrás ―decreté, girándome en mis propios pies.

Nuevamente el silencio se instaló entre nosotros y esta vez no tuve la fuerza para soportar toda esa tensión que estaba masacrándome el cuerpo entero. Sentí que las lágrimas se escapaban antes siquiera de que me diera cuenta y limpié mi rostro, tesando mi quijada, intentando parecer segura.

―Nunca escondí de nadie quien era, nunca siquiera hice el intento, nunca fingí ser alguien que no soy. Todos aquí sabían cómo me gustaba divertirme y ser libre para hacer lo que bien me viniera en gana. Sabían también que no me gustaba engancharme con nadie, que siempre preferí no tener relaciones serias ―contesté y traté de continuar, o me iba a quedar imposible, ya que comenzaba a sentir que los sollozos irrumpían en mi garganta―. Pero todos aquí saben cuánto aprecio la amistad de casa uno, sin excepción. Saben que moriría por todos ustedes, que haría todo por verlos felices, que daría todo si eso los hiciera felices. Pensé que todos aquí sabían que eso era verdad, pero parece que las cosas no son así. ―Respiré profundo y alcé los ojos fijándolos en Edward―. Al menor de los errores fui apedreada sin ningún tipo de defensa. Y antes que digan que estoy intentando huir de la culpa, aviso que eso no va a pasar. Me equivoqué, sí. Edward ―ahora hablaba directamente con él, mis ojos lo miraban con decisión―, me equivoqué por creer que ese maldito plan iba a surtir efecto, pero vi que lo hizo de forma contraria. Pero en ningún momento quise herirte, en ningún instante jugué contigo. TODO aquello que vivimos juntos fue sincero, por lo menos para mí. Y todo lo que te dije en esa noche de la lunada, fue solo la verdad. ―Me limpié los ojos con el dorso de las manos y solté un largo suspiro―. Pensé que confiabas un poco más en mí, pero veo que estaba equivocada.

Ninguno tuvo el coraje de pronunciarse después de mi desahogo y aproveché que estaba con las palabras para anunciar la decisión que había tomado.

―Bien, ya que todos están aquí, tengo un anuncio que hacer: hace algunos meses me postulé para un trabajo en una empresa en Francia y hoy recibí las noticias, ¡el empleo es mío! ―Sonreí, intentando parecer feliz, pero los ojos me delataban, derramando algunas lágrimas sin mi consentimiento―. Me voy a mudar en una semana. ―Oí los gemidos de sorpresa y recibí miradas de miedo apenas terminé de hablar.

―Bella, eso es absurdo, no te puedes ir…

―Pero me voy, Alice, y nada de lo que me digas va a hacerme cambiar de idea ―respondí mientras miraba a Edward, que me miraba con una expresión insondable.

Necesitaba salir de allí cuanto antes o iba a derrumbar mi propia franqueza.

―Bella, ¿estás segura que eso es necesario? ―Jasper preguntó y asentí con la cabeza, enfática.

―Absolutamente necesario.

―Pero Bella… ―Rose y Emm murmuraron al mismo tiempo e hice un gesto para que ellos pararan donde estaban.

―Ya dije todo lo que tenía que decir. Ahora debo irme ―cogí mi bolso, que finalmente localicé, recostado en el aparador.

Salí de la casa de Rosalie sin al menos mirar hacia atrás, cerrando la puerta con fuerza, queriendo huir lo más rápido que pudiera. Solo me di cuenta que había empezado a llover cuando oí el chapoteo de mis zapatos de tacón en los charcos de agua esparcidos por la calle. Alcé los ojos y todo lo que logré ver fue neblina y un torrente de agua que masacraba a Manhattan.

Era difícil de explicar lo que estaba pasando en mi mente en ese momento, pero estaba aliviada. Había conseguido despejar todo lo que quería que Edward supiera, ahora sabía que podía seguir mi vida sin arrepentimientos. Nadie podía decir que no había ido hasta las últimas consecuencias en busca de lo que más quería: el amor de Edward. Pero ahora estaba más que claro que eso era algo imposible de pasar.

Me llevé un susto cuando me di cuenta que un carro paraba en medio de la calle y el vidrio de la ventana fue bajado, mientras una figura sacaba la cabeza y gritaba:

―¡Entra en el carro, ahora! ―reconocí la voz instantáneamente, y la ignoré de la misma forma.

Continué caminado por la acera, la lluvia y el viento fuerte chocaban fuertemente contra mi cuerpo, pero no me importaba. La verdad estaba adorando estar ahí, bajo el torrente de agua que desataba el cielo.

―¿Estás sorda o qué? ―la misma voz preguntó, pero ahora estaba mucho más cerca de mí. Giré mi cuerpo en dirección a aquel timbre inconfundible y acabé colisionando con un cuerpo cálido, que pertenecía al mismo dueño de la voz sensual.

―¿Qué quieres?

―Necesitamos conversar ―siseó Edward, halándome del brazo, queriéndome llevar dentro de su estúpido brillante Volvo.

―No tenemos nada que conversar.

―Por favor, Bella ―Edward pidió en una voz atormentada.

Pero ni siquiera ante ese pedido suplicante cedí. Estaba exhausta y todo lo que menos quería en ese momento era conversar, aún más con él.

―Ya dijimos todo lo que teníamos que decir uno del otro, Edward. No confías en mí y no voy a quedarme aquí, intentando hacerte volver a creer. Me cansé de eso, ¿sabes? ―pregunté, halando mi brazo de sus manos, pero él impidió que me apartara.

Las gotas de lluvia que caían en su cabeza salpicaban en mi rostro, haciéndome gotear agua a todo momento.

―¿Por qué aceptaste ese empleo en Paris, Bella!

―¡Porque es lo correcto! No podía desaprovechar la oportunidad de trabajar en una de las mayores agencias de publicidad del mundo…

―Quieres huir, ¿es eso?

―¿Por qué huiría? ―Casi tuve un ataque histérico ante tanta prepotencia.

―¡No puedes irte a Paris, Bella! ―Edward ahora aseguraba mis brazos, sacudiéndome levemente mientras hablaba.

―¿Y por qué no, Edward? ―me enojé, intentando apartarme una vez más―. ¡¿Qué es lo que quieres conmigo?! ¿Ya no te basta con estar tratándome como si fuese nada, de juzgarme como si fuera una cualquiera, ahora decides que puedes darme órdenes? ¿Quién te crees que eres? Dime, no pasas de ser un imbécil, egocéntrico, grosero, burro, ciego, cabeza dura, injust…

Las palabras perdieron el sentido apenas sentí la boca cálida de Edward sobre la mía, apenas nuestros labios se tocaron en ese momento. Sentí un sollozo de impresión surgir de mi garganta y después sentí a su suave lengua deslizarse por mi boca, barriendo cualquier pensamiento coherente que pudiera pasar por mi cabeza.

Con gran esfuerzo me aparté, mi rostro encendido y el corazón latiendo fuera de la normalidad.

―¿Por qué hiciste eso? ―pregunté, la voz estaba alterada por el torbellino de sensaciones a las que mi cuerpo estaba sometido.

―No te vaya a Paris, Bella ―Edward pidió, su frente recostada en la mía, la respiración jadeante resbalando por mis mejillas.

―Dame un motivo, Edward. Te pido solo un motivo ―susurré, sintiendo que mi pecho jadeaba violentamente.

―Bella, yo… yo…

Edward abrió y cerró la boca varias veces y después se quedó callado, mirándome de forma confusa y desesperada. Tragué en seco y comencé a apartarme, sintiendo las lágrimas escurrir por mis mejillas, confundiéndose con las gruesas gotas de lluvia.

―Lo pensaste demasiado. ―Balancee la cabeza y me giré en mis pies, huyendo de Edward como el diablo huye de la cruz.

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―¿Estás segura de quererlo hacer, Bella? ―Alice preguntó mientras caminábamos por los corredores del abarrotado John F. Kennedy Airport, el mayor y más conocido aeropuerto de New York.

―¿Completamente segura, Alice ―respondí, revolviendo mi boso, intentando verificar que no me había olvidado de alguna cosa.

―Te vamos a extrañar, Bells ―Emm siseó y sonreí, y me detuve para abrazarlo.

―No más que yo, puedes apostarlo, Emm.

―¡Hey, ustedes, pueden parar de hacerme llorar! ―Rosalie pidió, sollozando, agarrada a la camisa de Jasper.

Me carcajee alto ante la escena y vi que había llegado la hora más temida. Respiré profundo e intenté controlar el llanto una vez más, necesitaba ser fuerte para encarar esa situación.

―Bien, creo que es hora ―comenté e hice una mueca al darme cuenta que los ojos de Alice brillaban por culpa de las lágrimas que ya estaban comenzando a acumularse.

―Por favor, no quiero que nadie llore, entonces voy a ser rápida con esa cosa de la despedida ―respiré profundo, miré el techo y dije―: hum… ¿por dónde comenzar? ¡Decir que los amo es poco comparado a lo que existe dentro de mí! ¡Son mi familia, mi vida, los mejores regalos que pude obtener! Soy muy afortunada por tener a cada uno de ustedes a mi lado, apoyándome, metiéndome en problemas, haciéndome pasar el ridículo, casi siempre ―solté una carcajada y jugué con el fijo de mi blusa―. Solo tengo que decir que voy a extrañarlos demasiado, a cada uno, ¡y que ni por un segundo siquiera voy a dejar de pensar en ustedes y espero sinceramente que hagan lo mismo!

―¡Oh, querida mía! ―Rosalie rompió en llanto descontrolado y se agarró de mí, con tanta fuerza que comencé a sofocarme.

―Te amor y a ese bebé que está ahí dentro, ¿oíste? ―sisee, tocándole la barriga, que comenzaba a notarse―. Cuida bien de él, ¿está bien?

―Te amo ―Rose susurró y le besé el rostro tiernamente.

Sonreímos y me aparté para abrazar a Emmett.

―¡Cuida bien de mi Rose y de mi sobrino, Osito! ―ordené y él me abrazó en uno de aquellos actos sofocantes.

―Te voy a extrañar, Viuda Negra.

―Yo también, Emm. ―Le di un golpecito en el pecho fuerte y corrí a abrazar a Jasper.

Sin que nadie se diera cuenta, saqué una cajita de terciopelo del bolsillo de mi chaqueta y se lo entregué.

―Amas a Alice, ¿la amas? ―Jasper me miró sorprendido y solo balanceó la cabeza, concordando―. Entonces no pierdas más tiempo, pídele matrimonio, hoy, Jazz, por favor, no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy ―susurré, abrazándolo con fuerza.

―Gracias, Bells, te amo.

―También, querido.

Me aparté de Jasper e intercambiamos una mirada cómplice antes de volver mi atención a aquella que más estaba sufriendo con mi partida.

―¡Por favor, no llores!

―¡No estoy llorando! ―respondió Alice, la voz temblorosa la delataba.

―Ven aquí. ―Halé el cuerpo pequeño al encuentro de mío y le aparté el cabello, mientras llorábamos en silencio.

―Lo siento tanto…

―Shh, ¡no digas más, Alice! ―ordené, limpiando las lágrimas, suspirando y apartándome, solo lo suficiente para mirarla a los ojos―. Las cosas están de la manera en que deben estar, no hay más que discutir sobre eso.

Alice roló los ojos, contrariada, e intentó insistir:

―Pero no me conformo…

―¡Tienes que conformarte! ―Respiré profundo y me pasé las manos por el cabello, suspirando―. Nunca iba a salir bien, Alice ―sisee, llena de pesar.

―H-hablé con él hoy, le dije la hora de tu vuelo. ―Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.

―Él no va a venir ―murmuré enfática.

―¿Cómo puedes estar tan segura de eso? ―Alice preguntó, aburrida.

―Porque sé que es la verdad. ―Solté un suspiro e intenté sonreír, pero no tuve mucho éxito―. Deja las cosas como están, Alice, es mejor para todo el mundo.

El anuncio de mi vuelo solo hizo que mi corazón se oprimiera aún más dentro de mi pecho, mientras mis ojos se nublaban y borraban la imagen de mis mejores amigos parados frente a mí, los sollozos eran el único sonido que conseguía identificar en medio del ruido que llenaba el abarrotado aeropuerto de New York.

―Bien, te dije que él no vendría ―sisee, limpiándome las gruesas lágrimas con el dorso de las manos.

―Bella… ―Alice intentó sisear, pero le hice un gesto con la mano, impidiendo que hablara.

―Está bien, Alice ―respiré profundo y cogí mi maleta, que estaba a sus pies―. V-voy a estar bien.

―Te amo, amiga ―Alice corrió y me abrazó una vez más, besándome el rostro seguidas veces―. Te amo tanto.

―Yo también, mon petit (1) ―sisee y Alice soltó una risita, dándome un golpe en el hombro―. ¡Je vous voir à Paris! (2)

J'adore, mon cher. (3) ―respondió Alice, mientras me apartaba, cogiendo el carrito con maletas que Jasper sostenía.

―¡Los amo! ―sisee, comenzando a apartarme.

Pasé los ojos por cada una de las cuatro figuras paradas frente a mí y no logré contener a la nueva onda de llanto que llegó.

―Bella ―Rose y Alice llamaron y sonreí, entre lágrimas.

Au revoir, mis amores. ―Y me giré, incapaz de continuar mirando aquella imagen tan triste.

Caminé apresurada hasta la puerta de embarque, rezando para mantenerme lo más segura posible. Preferí no mirar hacia atrás, o sabía que iba a encontrar a Alice y Rosalie llorando, siendo consoladas por Jass y Emm. No estaba con ánimo para estar mirando a las parejitas románticas abrazadas. El dolor por todo lo que había pasado entre Edward y yo aún estaba latente.

Ya estaba entregando los pasajes a la encargada cuando sentí que mi cuerpo entero temblaba al oír la voz ronca inconfundible que hacía que mi corazón latiera con tanta fuerza que dejaba a mi pecho adolorido.

―Edward ―el nombre escapó en medio de un sollozo débil que invadió mi garganta.

Me llevé un susto cuando él se paró frente a mí, mirándome con sus ojos verdes, atormentados, bastante jadeante, ya que literalmente había corrido para alcanzarme.

―No puedo dejar que hagas esto, Bella, ¡no te puedes ir a Paris! ―siseó, hablando tan rápido que comencé a sentir que mi cabeza se aturdía.

―Edward…

Cubrió mi boca con su mano fuerte y sentí que mi pecho jadeaba inmediatamente.

―Ahora es mi turno de hablar, Bella. Y por favor, escúchame, prometo ser breve. ―Respiró profundo y se pasó la otra mano por el cabello, visiblemente nervioso―. Vamos, ¿cómo puedo comenzar esta charla? ―preguntó, pensativo―. Solo puedo decirte una cosa: te amo, Bella. ―Se encogió de hombros, retirando lentamente la mano de mi boca―. Siempre fuiste una de las personas más importantes de mi vida, aquella que siempre estuvo a mi lado cada vez que lo necesité. Eras mi confidente, aquella que me hacía reír, que me buscaba pelea cuando lo merecía y hasta cuando no. ―Soltó una carcajada ronca y después su rostro asumió una expresión seria―. ¿Y que hice para retribuirte todo eso? ¡Absolutamente nada! Al contrario, acabé con todo por ser tan ciego, tan bruto e idiota, como tú misma lo dijiste.

«¿Cómo pude dudar de ti, Bella? ¿Cómo pude ser tan imbécil hasta ese punto? ¡Eres la mujer más maravillosa de este mundo, y estuve demasiado ciego para no fijarme en eso! ¡Y ahora todo lo que puedo hacer es implorar para que no te vayas! Te necesito, Bella, te necesito a mi lado como mi amiga, la mujer de mi vida, mi amante perfecta… ¡necesito de cada pequeña cualidad y pequeño defecto que compone a la Bella que amo, a la chica que vi crecer y transformarse en una mujer hermosa que me dejó loco con el menor de los roses! ¡No sé si eso es amor, pasión o cualquier otro sentimiento que no consigo describir, pero sé que no puedo vivir sin ti, Bella, ni ahora ni nunca! Eres la mujer de mi vida, ¿recuerdas?

Edward soltó un suspiro alto, y solo lo miré, con los ojos abiertos, la boca más desencajada imposible. Nos quedamos por un buen tiempo mirándonos y él frunció el ceño, confundido, cuando di un paso hacia atrás, comenzando a regresar a la puerta de embarque.

Edward intentó halarme, pero le hice un gesto para que se quedara donde estaba.

―Te amo también, pero no puedo quedarme más, necesito irme, Edward. No puedo regresar atrás, no ahora.

―Por favor, Bella, no te vayas, te lo imploro. ―Era difícil mantener una postura seria cuando veías al hombre de tu vida llorando ante tus ojos. Pero eso era necesario, era imposible volver atrás a esas alturas del partido.

Por cuánto tiempo esperé por el momento en que Edward me dijera aquellas palabras y ahora no podía darme el lujo de soñar en pasar todo por alto. Tenía responsabilidades, no podía tirar todo por algo que no tenía la seguridad de que saldría bien.

―Te amo ―susurré y sonreí, sin ánimo.

―Bella, no… ―Edward balanceó la cabeza, sin creerlo, completamente desesperado.

Je vous voir à Paris, Edward ―grité y me giré enseguida, corriendo dentro de la sala de embarque, llorando de dolor y tristeza.

Las cosas están como deberían ser y era así que iban a continuar.

.

.

.

Edward's POV

Me quedé un buen tempo ahí, en la misma posición que Bella me había dejado, sin creer que aquello estaba realmente pasando. ¿Entonces era eso? ¿Se había ido?

Sentí una mano pequeña reposar en mi hombro y me giré para enfrentar a Alice, que me miraba con ojos gentiles.

―Lo siento mucho.

―Está bien, la culpa de que todo esto haya pasado es única y exclusivamente mía. Llegué muy tarde y perdí la oportunidad de mi vida de tener a Bella para mí.

―¿La amas, no?

―Sí ―suspiré, pasando las manos por mi cabello, intentando deshacer el nudo estancado en mi garganta.

―No solo como amiga, Edward, ¿la amas como mujer? ―Alice insistió y suspiré una vez más, sin saber cómo explicar aquello.

―R-realmente no lo sé, Alice, pero si quieres saber, ¡eso no importa! El hecho es que estaba dispuesto a todo para quedarme con Bella y quería que supiera eso, pero parece que llegué demasiado tarde.

Alice soltó una risita débil y se giró para encararme.

―¡Nunca es tarde, mi querido hermano idiota! Tienes todo el tiempo del mundo para probarle a Bella que la amas ―Alice respondió, dándome un golpe en la cara. Después, su rostro se transformó con una mueca de curiosidad―: ¿Qué dijo Bella antes de irse?

―No sé ―me encogí de hombros, enojado―, alguna cosa en francés que no entendí, creo que fue: je vous…

Je vous voir à Paris! ―Alice exclamó, dando un salto a mi lado―. ¡Ven conmigo ahora, Edward! ―Me halo de la mano, llevándome hacia una de las muchas compañías aéreas del aeropuerto.

―¿Qué estás tramando, loca! ―pregunté, observándola coger su celular y marcar algunos números.

―¡Hermanito, tienes un viaje a Paris y es para ahora!


(1) mon petit: mi pequeña

(2) Je vous voir à Paris. : Te veo en Paris.

(3) J'adore, mon cher. : Te adoro, querida mía.


OBRIGADA, CELLA ELLA

Bueno, ¿qué tal? Edward es un idiota ¿no? Pero un lindo idiota que intentó rectificarse y YA LE DIJO QUE LA AMA y… este es el último capítulo, falta el epílogo, ¿Qué creen que pasará? ¿Ya creo que lo saben no? Jaja espero opiniones.

MILLONES DE GRACIAS, sus favoritos, alertas :3 por tomarse el tiempo de dejarme un comentario, es un pago absolutamente genial.

Les comento que tengo grupo en Facebook, sí, soy una más :P las espero encantada. Link en mi perfil de FF.

Nos leemos pronto

Beijos

Merce